Bajo Juramento.

Señor escribano:

Que la vida se me escape,

Si falto a mi palabra;

Si en su cama caigo;

Si olvido que estoy bajo juramento.

Bajo juramento. NOMICA.

En sus oídos, las aves cesaban su trino y el viento enmudecía su aliento.

En un instante, dejó de ver a las dos figuras que avanzaban en dirección a él para vislumbrar oscuridad: la pura y avasallante oscuridad.

El mundo a su alrededor desapareció, abandonándole en medio del palpitar acelerado de su propio corazón.

Trunks hubiera dado algo más que su vida por desaparecer del tiempo ajeno en que se entrometía, y de cualquier otra era o espacio en que se tuvieran indicios de su existencia.

Complacido de momento por el temblor que sacudía al cuerpo del muchacho, Vegeta paró en seco su paso frente a él.

-¿Quién eres, y de dónde vienes?- pregunto el príncipe en el tono más autoritario. Ni su baja estatura ni las prematuras entradas mermaban su altivez.

Trunks sintió que las piernas se le doblaban, victimas del pánico, y que su cuerpo le traicionaba en redondo: ni su boca se abría; ni sus parpados cerrados le obedecían; ni su mente le hablaba; ni la voz consejera de su madre se escuchaba…

-¡Te estoy hablando, idiota!- espetó Vegeta mientras alargaba su brazo con la clara intención de asir al jovencito por la chaqueta oscura que vestía.

Trunks se percató de los movimientos rápidos que su padre efectuaba. Indefenso, contrajo los parpados, esperaba que el agarre sucediera en cualquier momento.

Incrédula por el nivel de estupidez egocéntrica con que Vegeta se regía, Bulma interpuso su antebrazo entre la mano del noble saiyajin y el cuello del muchachito desconocido.

Vegeta se dio cuenta de la intromisión de la mujer hasta que su oído le dijo que lo que crujía no podía ser, ni en broma, el cuello de un súper saiyajin.

Asustado, el príncipe corrió su mirada hacia el rostro de la peli-azul.

-Nadie te llamo.- articulo Vegeta a modo de excusa.

-Lo sé.- respondió lentamente Bulma con los ojos repletos de agua.

Trunks abrió despacio los ojos, con el corazón en calma por escuchar la voz dulce de su madre. Sin embargo, su tranquilidad desapareció en el momento en que vio que el antebrazo naturalmente pálido de su progenitora iba volviéndose morado.

La culpa hizo un hondo hueco en su pecho.

-¿Se encuentra bien?- interrogó, como cualquier niño, esperando una respuesta falsa que le reconfortara.

Bulma sonrió tristemente al sentir compasión por él: un fantástico guerrero capaz de acabar con tres movimientos a Freezer, y quien aún así moriría fulminado bajo el genio de Vegeta.

El príncipe clavó su mirada, velada de ira, en los ojos claros de Trunks.

-¡Dime inmediatamente tu procedencia!- exigió el noble saiyajin, enfurecido por haber lastimado a la mujer en lugar del chiquillo.

Las pupilas de Trunks se dilataron impresionadas. "Ése" que le hablaba no podía ser el padre dulce con el que había soñado, tampoco era el hombre del que su madre hablaba enternecida. Incluso, distaba mucho de ser o parecer un hombre: "Ése" era "El Diablo."

-No puedo.-contesto con voz de varón- No puedo decirle quien soy. Le ruego que no me insista, majestad.

Vegeta quedó repentinamente desconcertado. ¿Cuánto tiempo hacía de la última vez en que alguien le había llamado majestad sin son de mofa? Hacia tanto… tanto que había olvidado lo que se sentía…

Bulma vio de reojo la desesperación de Vegeta por articular una frase coherente.

-Y entonces ¿qué quieres?- cuestiono tranquilamente, la peli-azul.

Trunks negó con la cabeza.

¿Cómo podía defenderlo? ¿Por qué no lo dejaba ahogarse en su propio silencio?

Bulma se percato de que el muchachito censuraba, con los ojos, sus acciones. Eso era algo que no toleraba de absolutamente nadie. Ella era dueña de su vida y de lo que hacía con ella, tanto si se equivocaba como si acertaba.

-¿"No" qué?- interrogo a la defensiva- ¿Tampoco puedes decírnoslo? - recriminaba olvidando por completo sus intenciones iníciales, y de que en su mente había llamado "desagradecido" a Vegeta- Si querías pasar desapercibido te hubieras quedado donde estabas.

Las manos del príncipe punzaban, impacientes, por no poder sacarle la verdad a golpes. Y curiosamente, en "donde estaba" era lo de menos. Lo importante sería en "donde (y como) estaría," después de que le pusiera las manos encima…

Trunks pensaba en lo mucho que le hubiera gustado "quedarse donde estaba": Entre ruinas, pero lejos de los ojos obsidiana que le herían como puñales; y dibujando entre sueños la supuesta "hermosa historia de amor" entre su madre y su padre, que en realidad era solo el abrazo de dos egos, quizás gemelos.

-Solo vine para hablar con el Señor Goku- pronuncio quedamente y contando mentalmente las letras que usaba para hablar.

-¡No está!- informó Vegeta

-Lo sé, pero llegara dentro de tres horas. Después de hablar con él, me retirare.-contesto Trunks sencillamente.

Bulma examino de arriba a abajo al jovencito, intentando encontrar algo que pusiera en evidencia su identidad. No vio nada aparte de lo evidente: era un saiyajin. En una segunda inspección descubrió un logo que le resultaba completamente familiar, quizás ese niño estuviera registrado con nombre, apellido y dirección en la nomina de la corporación Cápsula y ella aquí, rogándole por tres palabras. En un acto automático, volteo a ver la hora en su reloj.

De súbito recordó que lo utilizaba con fines distintos: al fin ce cuentas era una brillante inventora.

La peli-azul se acerco lo más que pudo al muchachito

-Espero que nos disculpes, no era nuestra intención incomodarte. Buena suerte con Goku- concluyo dándole dos palmaditas en el hombro.

Vegeta sonrió de medio lado, satisfecho por la astucia de la fémina, y comenzó a caminar lejos del resto de los peleadores.

Bulma bajo la manga del vestido que usaba, ocultando su antebrazo amoratado. Pensó que era solo cuestión de horas para salir de todas sus dudas.

Las "malditas" tres horas eran una tortura para Piccolo. Ya no encontraba en donde posar los ojos para dejar de escuchar las conversaciones "idiotas" de los otros guerreros. Y se preguntaba, apretando la quijada, a donde "demonios" se habían ido tantas horas invertidas en la meditación…

Todo hubiera sido más fácil si Vegeta hubiera puesto en práctica las "grandiosas habilidades" de verdugo que se auto-adjudicaba. Ah, pero no podía. Piccolo se decía a sí mismo que el príncipe sanguinario de los saiyajines se reducía prácticamente a nada frente a Bulma.

Una sonrisa socarrona se dibujo en su rostro, preguntándose si Vegeta ya se había dado cuenta de lo inútil que era por culpa de una simple mujer terrícola.

Goku no podía creer que estuviera entrando en la atmósfera de su querida Tierra. Todo lo que había experimentado antes le parecía proveniente de otra vida o de un sueño, lo único cierto era que estaba llegando a su hogar. Ah, hogar dulce hogar.

"Que bonita bienvenida." pensó al sentir la presencia de todos sus queridos amigos alrededor del lugar donde aterrizaba.

Ansioso por la lentitud con que la puerta de la nave se abría, Goku golpeteaba el piso con su bota en clara señal de impaciencia.

Con los ojos brillantes de alegría, observaba como todos habían cambiado: Gohan era mucho más grande de lo que recordaba; Piccolo, Tien, Chiaotzu, Krillin, y Puar no habían cambiado en lo absoluto; Yamcha se había cortado su larga melena de nuevo; y Bulma lucía muy bonita con todo ese cabello. Divertidamente pensó en que la peli-azul debería de decirle a Krillin la marca del shampoo que utilizaba.

El súper saiyajin busco a Vegeta. Lo vio a lo lejos, con los brazos cruzados y con el semblante serio de siempre. "Pero si el también ha cambiado" sentencio Goku en su mente al verlo vestido con una camisa rosa. No pudo evitar ensanchar su sonrisa.

-Allá hay un muchacho que quiere hablar contigo- anuncio Bulma señalando hacia la piedra en que Trunks se encontraba sentado.

-Ese muchacho asesinó en unos minutos a Freezer, papá.- comentaba Gohan, admirado de que alguien fuera, tentativamente, más fuerte que su papá

-¡Querrás decir segundos!- corregía Krillin batiendo el cabello del pequeño semi-saiyajin.

Goku abría los ojos admirado, ante las afirmaciones de su hijo y su mejor amigo.

-¿Ustedes creen que quiera pelear conmigo?- preguntaba el súper saiyajin con la emoción de un niño

Tien Shin Han se encogió de hombros, con Chiaotzu levitando tímidamente a su alrededor.

-¿Y Vegeta no quiso pelear con él?- cuestiono Goku lleno de curiosidad.

-No. Pero seguramente le dio miedo porque él no es un súper saiyajin.- afirmo Krillin, a sabiendas de que la presencia de Goku garantizaba un magnifico seguro de vida.

-En cambio aquel jovencito sí es todo un súper saiyajin- opino Yamcha, guiñando un ojo y soltando una sonora carcajada para festejar su broma. Sus comentarios no fueron bien recibidos en oídos de Bulma, quien fingió ignorarle.

-Como sea,- anuncio Goku- iré a hablar con él y después les cuento todo lo que me diga.

Todos asintieron de acuerdo.

Goku se dirigió al encuentro con el desconocido.

Extasiada, la concurrencia vio como iniciaban lo que parecería un combate. Las murmuraciones comenzaron a desprenderse de las bocas, al igual que las premoniciones con respecto al ganador: que si aquel por ser más joven, que si el otro por tener más experiencia, que si sería todo un mero saludo, que si aquel circo era alardeo…

Las suposiciones en supuestos quedaron cuando ambos guerreros frenaron sus movimientos para charlar, como un par de viejos amigos.

Y ahora la curiosidad se coronaba en medio de quienes en perpetuo silencio aguzaban, inútilmente, los oídos.

Hubo un momento en que a Piccolo, se le fueron los colores del rostro y el sudor comenzó a perlar su frente. Todos estaban tan concentrados en sus imaginaciones, que nadie se molesto en preguntarle: "¿acaso acabas de sufrir una impresión fuerte?".

El muchacho subió a su nave y partió en un acto que Vegeta califico de "impune".

Se acerco al grupo que rodeaba a Kakarotto, con la sola intención de tener un adelanto de la misteriosa conversación.

Bulma escucho con cierto escepticismo la noticia que Piccolo, en calidad de vocero (dada la cortedad de memoria de la que Goku hacía gala), transmitía. Porque aquel cuento de los androides podría habérselo dicho a ellos sin mayor problema. Era la obligación de ese jovencito informar de algo así, en especial a su príncipe, y porque en nada tenía que ver su identidad.

La peli-azul se felicitó a sí misma por las precauciones que había tomado.

Luego, sintiendo su antebrazo más y más adolorido, hubo de quedarse a atestiguar la novedosa técnica de Goku; quien para hacer todo más creíble hasta les llevó los lentes del Maestro Roschi.

Cuando todos se distrajeron en las anécdotas y bromas en que acaban los reencuentros, Bulma dijo adiós para regresar a su casa.

Vegeta ya no estaba allí: típico.

Era de madrugada cuando volvió a la mansión.

Al entrar en su habitación se percato de que la mujer lo esperaba sentada en la orilla de la cama, con el semblante cansado. Su otrora blanquísimo brazo, herido y amoratado, metido en un cabestrillo color azul.

Sintió el impulso de pedirle disculpas por hacerla esperar tanto o de preguntarle "¿si le dolía demasiado?"; o de sentarse a hablar con ella respecto a lo mal que se sentía por no ser aún un súper saiyajin; o de confesarle lo mucho que la había echado de menos en el espacio, y jurarle que nunca se volvería a ir lejos porque le costaba trabajo comer lo que no era cocinado por ella, sanar las heridas que no eran curadas por ella, o respirar el aire que no olía a ella…

Nada salió de su boca. Mucha cortesía de su parte era el ya no reprocharle su presencia (no solicitada) en su alcoba.

-¿Quieres oír la conversación que tuvieron Goku y ese otro súper saiyajin?- ofreció Bulma con voz fatigada.

-¿Ya la escuchaste?- pregunto Vegeta

-No, te estaba esperando.- confeso la heredera con un suspiro.

-Entonces vamos.- apuró él, encaminándose a la puerta

Tomaron asiento en la mesa que estaba en el centro del laboratorio de Bulma.

Vegeta miro a su alrededor preguntándose si la mujer era capaz de encontrar las cosas cuando las necesitaba, en medio de ese mar de herramientas y armazones de vehículos que parecían a medio desmantelar o a medio armar, todo era cuestión de percepción.

La cinta comenzó a correr después de que Bulma sirviera dos tacitas de té.

…"mis amigos me han dicho que eres extraordinariamente fuerte, que has derrotado a Freezer y a su padre en apenas unos instantes y sin esfuerzos" decía la voz de Goku amortiguada por un zumbido.

"Si, gracias. Pero las cosas no tenían que haber sido así, la verdad es que hice mal mis cálculos. Llegué con mucha anticipación. La verdadera razón del viaje es informarlo de lo que acontecerá"

"Bien, pues dímelo."

"Dentro de tres años, el doce de mayo a las diez de la mañana, en una isla del sur, aparecerán dos androides programados para asesinarlo. Sin embargo, usted habrá muerto de una afección al corazón para ese tiempo."

"¡No, no me digas, y yo que quería pelear con ellos!" la voz de Goku exclamando entusiasmado saturaba las bocinas

"Todos los demás guerreros morirán" vaticinaba Trunks con serenidad.

"cuando dices todos… ¿te refieres a todos?"

Vegeta y Bulma negaron con la cabeza en un movimiento gemelo.

-Kakarotto idiota.- mascullo el príncipe sorbiendo el contenido de su tacita.

"Si señor, todos: el señor Vegeta, el señor Piccolo, y en consecuencia el resto de guerreros. Usted sabe que si el Señor Piccolo muere, las posibilidades de revivir son absurdas"

"Eso es una lástima" se lamentaba Goku, con esa calma tan característica.

"Por eso, mi madre se esforzó en construir la máquina del tiempo en la que he viajado para advertirles y pedirles que entrenen duramente, y para entregarle una medicina capaz de curar el mal que sufrirá su corazón"

"¡Cuanto alivio!, si me lo hubieras dicho antes no me habría asustado- mencionaba Goku entre evidentes risas.

"Ahora dime quien eres."- peticionaba Goku.

Por la bocinas salía el claro sonido de alguien aclarándose la garganta.

"Me llamo Trunks, ya lo sabe, vengo del futuro."

"Es un bonito nombre, Trunks; pero yo quiero saber cosas de ti: como ¿Quién es tu familia? Y ¿Por qué puedes transformarte en súper saiyajin? ¿Quién te enseño a pelear? Porque peleas muy bien, déjame decirte…" podía escucharse como Goku se quedaba sin aire por hacer un montón de preguntas atropelladamente.

Después de un largo silencio, en el que solo se escuchaba un zumbido intermitente, volvió a oírse la voz del desconocido que ahora se llamaba "Trunks."

Las dos gentes que estaban sentadas alrededor del aparato, como si fuera una sesión espiritista, se quedaron sin voz y sin aliento y sin sangre caliente.

Les fue imposible reaccionar lógicamente, quizás porque el viento aulló como un lobo endemoniado; o por que el cielo se resquebrajó como un espejo partido por el reflejo de un ser proveniente del inframundo; o tal vez porque un frío sobrenatural se coló en la habitación.

Lo cierto es que fue culpa de la mano helada que tanteó ambos pechos, buscando extirpar los corazones, que se dijera lo que allí se dijo:

-¡Eso nunca sucederá!- vaticino él viéndola a los ojos a través de la cortante oscuridad.

-Amén.- contestó ella llevándose la mano sana al pecho.

Sentía que algo le faltaba ahora que estaba bajo juramento.


Muchas gracias por sus reviews, espero que les haya gustado este capitulo. Los capitulos se iran haciendo un poquito mas largos conforme transcurra la historia y la capacidad de mis manitas. Tratare de actualizar los viernes, me acomoda mejor. Como siempre un titipuchal de Gracias pa la señorita Miriam Puente (Esplandian) que me regala su tiempo y su paciencia beteando. Au revoir. Que Dios los cuide y los bendiga. NOMICA.