Wow… mucho tiempo, mil disculpas, pero los exámenes pueden ser agobiantes
He estado leyendo sus comentarios, gracias por darse el tiempo de enviarlos
Espero que el resto de la historia les guste, aunque créanme
Les va a sorprender el tono de las cosas
Saludos!
Makoto
Te envío poemas de mi puño y letra…
-Doctora, estamos listos. –Dijo el médico a su lado, habían estado buscando una arteria de la pierna, que pudiera servir para realizar un injerto al corazón y sustituir las que estaban dañadas; Hermione continuaba trabajando y no hablaba, ignorando lo que le decía, había cosas más terribles en su mente en ese momento.
No se sabía ya ni de quién era tal o cual hechizo, sólo eran rayos cruzando el cielo, por momentos era una lluvia de estrellas, por momentos un sol estallando a su lado; corría atacando aquí y defendiendo allá, la sangre le corría por la mejilla y ya casi no recordaba cómo se había hecho la herida, recordaba las rocas aplastando a todos, caer en medio de la bruma, los gritos de dolor e ira. Podía correr más rápido, podía atacar más, pero temía confundirlo entre el caos, temía que un hechizo de su varita lo golpeara sin querer; cuando lo vio al lado de Luna y Neville, no pudo evitar sonreír, el grito que profirió para llamarlo fue tan desesperado que él se volvió creyéndola herida, bajando la varita, dejándose a merced de todo. ¡Ron!, corrió hasta él, aliviada mientras se volvía preocupado, con la varita pegada a la pierna; sólo eso bastó, alcanzó a verle el cabello inundado de un reflejo verde, una luz helada y los ojos, esos ojos azules que la miraban con preocupación, de pronto se quedaron vacíos y sólo pudo correr a detenerlo, correr a abrazarlo, correr y perderlo.
Pobre romántica Granger, Weasley muerto porque no fue capaz de confiar en que una rata se salva de todo… no, tuvo que ir, porque sólo usted es lista ¿No es así?
Algo parecido al corazón se le atoró en la garganta, latiéndole, ardiendo igual que una braza espantosa y grande; se le nubló la vista y no pudo ver bien sus manos manchadas de sangre, ágiles moviéndose y luchando por salvar a alguien que gozaba con torturarla; apretó los dientes reprendiéndose por tonta, absurda y niña, llorando como si él aún fuera su profesor, cuando ya la magia le importaba un bledo porque no servía de nada.
¡Cierto, qué brillante!, la magia no sirve… mire a Weasley, recuérdelo, ¿Alguna vez hizo por usted, algo que no fuera lo mismo que hacen todos, muggles o magos?, ¿Poesía, cartas, canciones? ¡Lo mismo que cualquier estúpido enamorado! La magia no lo hizo distinto y no la hace distinta a usted.
Fue todo, tuvo que cerrar los ojos, morderse la lengua para no llorar y cuando una lágrima rebelde quiso bajar por su nariz y caer sobre el corazón en carne viva de aquél despreciable hombre, se volvió apresurada a la enfermera a su lado, porque no iba a concederle ni la más mínima muestra de consideración y una lágrima, lo era.
-Sudor. –La enfermera le tendió una mano, con la punta de una toallita le secó el sudor y las lágrimas sin decir nada, mirándola con profundo asombro, con unos ojos que Hermione identificó como lástima y compasión; compasión de una viudez irreal y lástima de una muerte en vida.
Te envío las fotos…
Comprendía muy bien lo que debía estar sintiendo y estaba dispuesto a desgarrar esa herida hasta las últimas consecuencias, con tal de salirse con la suya, con tal de descansar; sonrió para sí mismo y se enfocó en su ataque y las armas que usaría.
¿Todavía lo recuerda, Granger?
Ella estaba ocupada revisando las arterias, salvándolo, la pregunta pareció venirle de la nada, de otro sitio, no recordaba estar hablando con él de tan absorta en su trabajo; cuando el silencio volvió a su cabeza continuó en lo suyo, pensando que era cualquier otro, un hombre había sido encontrado en el abandono y merecía vivir. No conocía nada de él, no sabía quién era y sólo pensaba en que era una vida, un hombre que respiraba, que tal vez tenía familia y que quizá amaba o era amado. Sonrió de mala gana, suspirando en medio de un temblor, ¿Quién lo amaría, si el más cercano era Harry, que apenas lo respetaba y consideraba?
Ya no lo recuerda, ¿Verdad?
Hermione frunció el ceño y su ayudante, que realizaba ahora todos los trabajos, se quedó estático, creyendo que había visto algo mal; ella sonrió mirándolo y lo alentó a continuar sólo con una mirada. Respiró profundo y pasó saliva con fuerza, como para liberarse de una fastidiosa y entrometida cáscara o trozo de algo en la garganta. La operación llevaba más de dos horas, iban lento, pero firmes; entonces rió, él reía en su cabeza y esta vez se vio obligada a poner toda la atención, para saber por qué.
A veces cuando se pierde a la persona amada, lo primero que hace la mente es bloquear su recuerdo… ¿Usted recuerda a Weasley? ¿O ya lo ha olvidado?
No entendió del todo, era cierto que siempre se preguntaba si el que estaba en su mente era Ron pero no tenía sentido preguntar si lo había olvidado, porque no era verdad, antes se olvidaría a sí misma que a él; él era indeleble, imborrable, inolvidable.
¿En serio?
Sintió la imperiosa necesidad de mirarle a la cara y al hacerlo, vio esa figura a su lado, esos pantalones de pana, ese suéter tejido a mano, esas manos pálidas y largas; algo muy dentro le reventó y al alzar la cara para encontrarse con sus ojos azules, comprendió a lo que se refería al preguntar si lo había olvidado: Al verlo ahí de pie ante ella, tan nítido como una fotografía, era tan sorprendente y doloroso como si lo hubiera olvidado; ahora al tenerlo delante recordaba que lo había conocido, amado y relegado de su corazón para dejar de sufrir.
Y así me recuerdes y tengas presente…
Su nariz afilada, sus labios delgados, las pecas sobre la nariz, la frente tersa y las mejillas, las mejillas que al mirarla se inflaban como para hacer aquella cara de confusión de las clases, las tareas, los exámenes; tembló sin poder contenerlo y aprovechando que el joven doctor a su lado hacía todo y las enfermeras ponían atención al procedimiento, se irguió para verlo bien, era Ron, no era otro. Las lágrimas le llenaron tanto los ojos que no podía mirarlo bien, sólo era la mancha roja de su cabeza, de sus cabellos; le tembló el labio, no pudo evitarlo, quiso moverse hasta él, quiso tocarlo, pero sus ojos se clavaron en ella casi con rudeza, casi con reproche.
-¿Me olvidaste? –Exclamó contrariado, como cuando Harry explicaba algo dicho por Dumbledore y él no alcanzaba a entenderlo.
-No. –Le tembló tanto la voz, que él debía haberle comprendido por inercia.
-Parece que no me hubieras visto antes, parece que no me vieras más. –Estaba rojo, apenado, mejor dicho indignado, con esa misma renuencia absurda de cuando se enojaba sin sentido, de cuando parecía dispuesto a ignorarla por pensar que tenía la razón en todo; frunció el ceño poniéndose necio, poniéndose terco.
-No, yo siempre te recuerdo… siempre pienso en ti. –Aseguró temblando, ahora sí tanto que la enfermera a su lado lo notó.
-Piensas en mí pero salvas al viejo horrible de Snape. –Atajó furioso, fue como un golpe de gong, como si la hubiera zarandeado con violencia.
-Ron, él está muriendo… tengo que hacer algo. –Exclamó temblando.
-¡Pero yo morí!, y a mí ya no me recuerdas. –Sus ojos estaban vidriosos e inflando las mejillas se volvió a otro lado, enfadado y orgulloso, como antes e igual que entonces, dolía.
Cuidado, cuidado…
Había sido peor que una sacudida, peor que una bofetada con la mano fría, era un reproche que dolía igual que si la hubiera herido; sintió que algo le presionaba el pecho y por poco suelta un gemido y se pone a pelear con él, a gritar como cuando culpó a su gato de la desaparición de su rata, pero ésta vez mucho más convencida de que era un tonto, un idiota y un bobo; cuando se movió para arremeter en su contra, cuando se despejó la garganta para contestarle, miró de reojo el rostro cetrino y afilado, abandonado y envejecido de Snape y comprendió todo.
Rabió por dentro, estaba cediendo a la peor tortura y el culpable dependía de ella, dependía de sus manos tratando de convencerla de dejarlo morir, de asesinarlo vilmente; se volvió herida hasta las entrañas por el dolo con que actuaba ese infeliz, avispó su mente y lo miró con odio justo al momento en que su ayudante le dejaba espacio para que continuara y las enfermeras se sorprendían de verla tan tiesa y molesta.
-¡Basta, deténgase! –Le dijo con ira usando su mente, gritándole como si estuviera encerrada en una habitación oscura y sola. -¡No juegue conmigo así!, porque incluso usted, maldito desgraciado, tiene derecho de vivir… ¡Cuidado, porque si sigue así juro que voy a hacerle la vida larga, muy larga! ¿Escuchó? ¡Cuidado!
No perderé…
¿Me amenaza, Granger?
-No lo amenazo, le advierto, porque lo haré, ¡No temo hacerlo! –Exclamó desesperada, desencajada y trabajando con ímpetu y seguridad.
Máteme entonces, hágalo y será libre de mí, sólo tiene que dejar de luchar, sólo tiene que cometer un pequeño error, ¿No cree que así como es muy lista para hacer cosas bien, sería igual de lista para ocultar un homicidio? Un temblor de la mano le basta, Granger.
-¡Jamás!, voy a salvarlo, usted va a vivir porque es la mejor forma que tengo para torturarlo… me vengaré salvándolo. –No creía nada de lo que decía, no pensaba tener la fuerza, no creía tener las agallas, pero iba a hacerlo.
¡Niña idiota!, ¿De qué sirve intentarlo?, ¡Dígamelo!, ¿A usted de qué le sirve vivir?, no tiene una razón, no tiene un motivo, ¡No tiene nada!
-Sí, sí tengo… -Hermione se aferró ya a lo único que quizá le daba bríos para seguir de pie luchando, ignorando a Ron que enfurruñado movía gasas en un rincón. -… me queda usted y no lo perderé.
