Pero si me da por tardarme, disculpen…

Aquí viene ya la siguiente parte, espero que les guste, lamento no tener mucho tiempo para dejar comentarios individuales a sus reviews, pero voy de prisa jejeje

Espero les guste

Mil disculpas a los que al ver en Personajes principales a Herms y Severus, han creído que es un Sevmione…

Lo lamento, pero creo que ya han notado que no lo es…

En fin

Gracias por leer

Makoto

No me importa qué…

Podía ser el tiempo, podía ser el silencio que la rodeaba, quizá que él no decía nada, quizá que Ron se había sentado a mirarse las manos en un rincón, pero ella, empezaba a calmarse; quizá era un poco tonto decirlo, pero estaba volviendo a su acostumbrada frialdad en el trabajo, a su brillante desempeño médico. Sin saber por qué fue, paulatinamente, hundiéndose en el silencio que acompañaba su trabajo y entre esa tranquilidad, se tomó la libertad de recordar más cosas del Colegio.

Ron en sexto curso, jugando Quidditch y orgulloso por su suerte, novio de Lavender, héroe de su casa; Harry, novio de Ginny, sonriente, enamorado, preocupado siempre por todo, atormentado por el destino y la difícil vida que llevaba; Luna, asombrosamente absurda, inconscientemente lista; Neville, lindo y dulce, fiel y paciente, todos eran algo, todos eran alguien, hoy tenían vidas casi realizadas, hoy eran felices; todos excepto Ron y ella, que habían terminado muertos, uno en su tumba pudriéndose, la otra en un quirófano luchando por salvar a alguien que no lo merecía.

Movió la cabeza lentamente a un lado, acometida por el cansancio del trabajo y volvió a pensar en esos años de Colegio; sin querer veía cuando había sido feliz, cuando la magia estaba en todo, en ella y en unos ojos azules. Sonrió por dentro pensando en el encanto que había tenido en ella, en el amor que por poco tiempo le había sonreído, en la paz de entonces y en el delirio de ahora; volvió sin pensar la mirada a Ron, que había alzado la cara para mirarla.

Mírelo, parece un perro faldero, ¿no va a acariciarle la cabeza?

-Cállese. –Molesta volvió a lo suyo, incómoda al pensar que podía estar dentro de su cabeza y verlo todo.

Muy cierto, puedo verlo todo y ahora que lo veo, me pregunto ¿Por qué nunca le dijo que lo amaba?

-No es de su incumbencia. –Pidió otro instrumento a la enfermera a su lado y solicitó que le secaran el sudor, ignorando lo que decía él.

Pues mía no, pero de él, sí.

Pudo ver que Ron se levantaba e iba hacia ella, con los ojos llenos de lo que reconoció era enfado; cerró los ojos y respiró con fuerza, esperando lo que iba a pasar.

-¿Por qué nunca lo dijiste? –Preguntó pegado a ella, a su mejilla, casi tan cerca que podía sentirlo, sentir su calor, su respiración, ¡Estaba volviéndola loca!, era imposible, un recuerdo no tiene aroma, ¡Un recuerdo no tiene aroma!

-Porque no sabía cómo. –Confesó ofuscada, trabajando más rápido, con más fuerza, tenía que salir rápido de esa habitación, tenía que alejarse de ese hombre pronto.

-Pero si tú siempre has sabido… ¡Lo sabes todo! –Gritó Ron encorvándose más de lo que ya estaba, mirándola con su nariz afilada y sus pecas saltando en su cara.

-No tiene nada qué ver. –Refutó frunciendo el ceño.

-¡Claro que sí!, ¡Tú siempre lo has sabido todo! –Exclamó frunciendo los labios, impotente y obstinado, decidido a no creerle ni una sola excusa. -¡¿Por qué no me lo dijiste?

-No lo sé, no lo sé… -estaba desesperada, casi quería echarse a llorar y enojada le dio la única respuesta que tenía. -…¡No lo sé y no te importa! –Ron se quedó mirándola perdido en la respuesta, mientras ella mascullaba entre dientes. –A usted tampoco le importa, Snape… no vuelva a preguntarme algo así, no tiene derecho a preguntarlo, no es algo que le incumba.

Quiero tener tu fragancia conmigo…

Había algo en Granger que empezaba a incomodarlo más que el hecho de que no quisiera dejarlo descansar, era algo absurdo e imposible, pero que tenía clavado en la mente como una idea fija y constante: se parecía a ella. Era una similitud absurda y rara, una similitud más bien basada en la posibilidad de que ella, hubiera actuado igual que Granger ahora; era la forma en que las dos se aferraban a su amor, la forma como peleaban por seguir, por conservarlo; de alguna forma, era lo que hace una mujer enamorada y eso, las volvía tan parecidas que empezó a doler.

Empezó a recordarla al ver cómo Granger sufría y contenía el dolor en su pecho al tener el recuerdo de Ron cerca, empezó a recordarla al ver cómo sus ojos se llenaban de lágrimas y su mente se nublaba por completo, ahora la recordaba; sus ojos, su voz, su perfume, su figura lejana y a la vez tan propia, había sido una tortura mientras vivía y ahora muerta, era la misma tortura, la misma herida profunda y sangrante. Por más que quisiera fingir demencia, por más que quisiera ocultar que aún sentía, ella era la prueba de que algo de bondad había en su corazón viejo y solo; Granger estaba mostrándole en ella, en su pena, lo que él tanto había pasado y penado, le dio una profunda lástima por ella, sentía pena y si en su mano hubiera estado, la habría matado para aliviarle el sufrimiento, y al pensar así, se dio cuenta que él, era igual.

Por favor.

Desorbitó los ojos al escuchar esa frase, tan suave y queda que el ruido de sus manos laboriosas parecía querer comerse el sonido de su voz, pero la suplica se repitió.

Por favor, Granger, basta.

Su corazón se detuvo, era la primera vez que lo escuchaba pedir algo con amabilidad, con tiento; espantada le volvió la cara al rostro, él no expresaba nada y sin embargo en su semblante había una profunda sensación de tristeza.

Me dejes caer…

-¿Profesor? –Aunque seguía en lo suyo, una nueva sensación extraña la rodeaba, la sensación de estar luchando por salvar a un muerto.

Sólo déjeme morir.

-Profesor yo no puedo hacer eso. –Aseguró dolorida, su voz era igual de fuerte y segura, pero estaba también desolada.

¿No se supone que no hay nada que usted no pueda hacer?

-Esto es algo que no pienso hacer. –Contestó segura, tajante, cortante, si tenía que ser grosera para que lo entendiera, lo sería.

Pero es algo que debería conceder, aléjese, basta de luchar… ¡Déjeme en paz!

-No, usted vivirá. –Afirmó con toda su terquedad, con la decisión en los labios.

Mi deseo es morir, es lo que he elegido, es lo que quiero que pase… ¡Es la conclusión de mi vida y creo que merezco elegirla!

-¡No!, usted merece vivir, usted es una persona que ha sufrido mucho y que por eso necesita seguir viviendo, yo voy a salvarlo. –Estaba convencida de que hacía lo correcto, no iba a perderlo, ahora era un reto a sí misma.

¡Maldita sea, Granger, usted no sabe nada! ¿Qué sabe de mi sufrimiento?, ¿Qué sabe de lo que yo quiero?, ¡No necesito seguir viviendo porque no tengo nada por qué vivir!

-Siempre hay algo por qué vivir. –Cortó de un golpe y de inmediato, la habitación entera le pareció que se sacudía, ante sus ojos, Ron empezó a llenarlo todo, Ron a los once años con la nariz manchada junto a una de las enfermeras, Ron besando a Lavender junto a la puerta, Ron jugando con Harry al ajedrez en la mesa de instrumentos, Ron enfurruñado mirándola sentado junto a su pierna, Ron comiendo con la boca llena empleando el cuerpo de Severus como mesa.

No me obligue a que mi razón se vuelva torturarla… ¡Déjeme morir!... ¡Suélteme!

Colgando en tus manos…

-¡Es que no lo entiende!, va en contra de mí misma, va en contra de mi ética, ¡No puedo perderlo así! –Gritó desesperada, la ansiedad llenaba el lugar entero y las enfermeras y médicos que la ayudaban ya no entendían qué le sucedía, porque pasaba del rojo al pálido, porque parecía apunto de desmayarse.

¡Usted es una idiota, una niña absurda!, ¡Claro que puede hacerlo!... ¡¿No es acaso una Gryffindor?... ¡¿No se supone que es valiente?

-¡Matarlo no es valentía! –Atajó convencida de lo que decía, él carcajeó con gozo, con presunción, con arrogancia.

Eso es ser valiente, ¿Cree que fue sencillo asesinar al único hombre que siempre creyó en mí?, el único que me apreció realmente, el único mentor que he tenido… yo lo maté con mis propias manos… ¡Eso es valentía, Granger!... ¡Sea valiente y acabe conmigo, aproveche que me odia!

-Yo no lo odio. –Refutó consternada, incómoda.

-Sí lo odias. –Ron a su lado, con la boca llena le miraba sorprendido. –Es Snape Hermione, nunca fue bueno contigo.

-Siempre te torturaba, siempre estaba humillándote y buscando pretextos para quitarte puntos. –Comentó el Ron que jugaba ajedrez con Harry, mientras éste asentía con seriedad.

-Mentira… eso no es odiar. –Murmuró para convencerse.

Entonces ¿qué es Granger?

-Es soledad y tristeza, es sentir que no se tiene nada… usted es igual que yo, usted sufre igual que yo… sufre por la muerte de la madre de Harry, como yo sufro por la muerte de Ron. –Contestó segura de que eso lo haría callar, pero se equivocó, él arremetió con más fuerza.

¿Tristeza y soledad?, ¡Ingenua!... ¡Esto es el infierno, no es tristeza, no es soledad!... ¿Acaso nunca quiso que esto pasara?

Todas las imágenes que hasta entonces estaban a su alrededor, desaparecieron, todo en su entorno se volvió oscuro y se vio sola, cuando encontró una luz, vio que era Ron parado al lado de su imagen, ella estaba ahí, él sonriéndole, mientras ella le imitaba enternecida; Ron la tomó por la barbilla y sonriendo la acercó a su rostro, la besó tiernamente y la abrazó contra su cuerpo, Hermione pudo verse a sí misma corresponder al abrazo, fijarse a Ron con todas sus fuerzas, mientras la poca luz le dejaba ver que el abrazo era más profundo, más intenso.

Esto hubiera podido pasar, pero a alguien le pareció innecesario, la vida le quitó esta oportunidad, ¿no es esto el infierno?

Su corazón palpitaba demasiado rápido, era peligrosa tanta tensión en medio de una operación como aquella, pero no podía evitarlo, él la manipulaba con esa ilusión, esa imagen en la que Ron y ella se hundían en lo profundo de sí mismos, como siempre había esperado que ocurriera; el llanto se le agolpó con tanta intensidad que en lo profundo de su mente, se echó a llorar, Ron se despegó entonces de su cuerpo y sonriendo le susurró que la amaba; se estremeció entera, era él diciéndolo al fin, como nunca había podido hacerlo por falta de tiempo y valor; la emoción fue tal que se sacudió entera, apretando sin querer las manos, sacudiendo la única cuerda que lo tenía con vida. Los monitores de todo el lugar activaron sus alarmas, sacándola del trance.

-¡Paro!, doctora es un paro, lo perdemos. –Gritó la enfermera mientras su ayudante metía mano, porque la hemorragia producida por la presión de sus manos era muy intensa; pálida y confundida miró a todos lados, Ron no estaba, Snape no estaba porque se le había resbalado de las manos, se reprendió e intentó volver al trabajo, salvarlo antes que fuera tarde, recuperar lo que, por poco, estaba completamente perdido.