Cuarto pecado: Envidia

Su imagen la tenía tan presente que era como vivir una tortura. No podía quitársela de la mente por mucho que lo intentara, contra su voluntad sus ojos se encargaban de buscarla y pasar la mayor parte del día contemplándola como un adolescente enamorado de una estrella de cine a la cual nunca podría alcanzar.

¿Acaso su amigo tenía razón? ¿Acaso él se había enamorado de ella?

Él no quería saber cuál era la respuesta, se negaba a saberla; y nuevamente la soberbia le ganaba.

Dio un pesado suspiro tratando de aminorar la imaginaria tensión en sus músculos, pero la tensión en realidad se encontraba en sus sentimientos. En aquellos nuevos que él sintió cuando simplemente sus labios se rozaron. Una sensación no antes vivida.

Ya era extremadamente complicado tratar de apartar la imagen de ella, entonces ¿Cómo aria para dejar de sentir la suavidad de los labios de ella sobre los suyos?

Suspiro otra vez hondamente.

Estaba muerto, bien muerto.

La profesora que estaba dando la cátedra se giro para escribir algo en el pisaron, algo que paso por alto completamente. Nunca prestaba demasiada atención a las clases y ahora estaba peor que antes. Tendría que encontrar algún método para por lo menos en las horas que cursaba poder intentar sacársela de la cabeza.

Cinco minutos…

No era un excelente plan ni tampoco el más ingenioso pero por lo menos le servía para estar un poco atento y evitar que su mirada chocara con la de ella. Hasta ahora había logrado apuntar con éxito en su cuaderno bastantes palabras, más de la que alguna vez logro apuntar en toda la carrera ¿Cómo demonios podía aprobar los parciales? Él no lo sabia, de seguro tenía un brillante coeficiente intelectual el cual estaba desperdiciando y él ni enterado, pero mejor así; le gustaba así.

Cinco minutos con treinta segundos….

Y ella se había movido un ápice en su asiento, lo que provoco que sus ojos recayeran en ella como un maldito imán. Apretó la mandíbula y volvió a concentrarse en lo que de verdad requería su atención y era importante. Ella no era importante para él y nunca lo seria, solamente era un juego; el mismo juego que había jugado con una infinidad de mujeres más experimentadas que aquella chiquilla. Estaba seguro que hasta virgen era.

Seis minutos…

Porque lo era, ¿Verdad? …¡¿Verdad?!

¡Pero que le importaba a él si era virgen o no! Como había dicho, a él no le importaba en lo absoluto, solamente la quería como quería a cualquier mujer, solamente…solamente...

¡¿Pero por qué estaba nuevamente pensando en ella?! Él tendría que estar prestándole atención cien por ciento a la vieja esa que poseía más arrugas que la ropa de él. La mujer no era interesante, de hecho casi en todas sus clases se dormía, poseía una voz que lograba hacer morir a cualquiera del aburrimiento. Esa mujer tenía que jubilarse, pero de seguro era una amargada solterona que no tenía a quien complicarle la vida y por eso los torturaba dándoles clases a ellos.

"Jodida mujer"

Siete minutos con quince segundos…

Hasta hora su tiempo venia excelente, dejando el pequeño desliz que le jugó su mente otra vez. No estaba prestándole atención a la clase, pero por lo menos tampoco se lo estaba prestando a Bella. Se estaba entreteniendo contando desde su posición alejada la joyería, si es que aquello podía llamarse así, que tenia puesta la profesora. Ahora entendía porque toda su vida de seguro había sido una mujer soltera y para colmo de males amargada.

Si ya ahora la mujer era horrorosa a los ojos, y que Dios lo condenara si es que exageraba en sus palabras, no se la quería imaginar de joven.

Mejor era que su mente no se le ocurriera hacerle una broma y que terminara imaginándose a la mujer añeja, con eso de seguro borraría el recuerdo de Bella; pero estaba consciente que nunca más podría acercarse a alguna mujer en toda su vida con intenciones nada santas.

Su profesor de derecho no lo había castrado pero estaba seguro que terminaría impotente.

Nueve minutos…

Y no entendió en que momento la profesora lanzo una pregunta, una que él obviamente no escucho, a la clase para que esta respondiera; como era de esperarse ella levanto la mano para que la mujer la autorizara a responder.

Al demonio con todo lo logrado hasta el momento.

Su vista no dejo que pasara por alto el exquisito momento en que ella entreabrió sus labios para formar cada una de las palabras que llevaba la oración. Como podía notar el brillo de sus ojos, de seguro por felicidad, el ver como con cada palabra la profesora asentía con la cabeza. Sus mejillas sonrosadas por hablar ante el silencio inminente que se había hecho luego de lanzar la pregunta a la clase. Como parecía una pequeña niña, como…como…como

-Arrg, maldita sea estoy arto de esto-Dijo sin darse cuanta del tono de voz, y de lo fácil que sus palabras volaron por el salón que era solo adornado por la voz de Bella

Todo se volvió a sumergir en silencio, incluso ella había cayado de forma abrupta ante sus palabras. Obviamente sus compañeros lo miraron fijamente, como si nunca hubieran observado a una persona en su vida, o peor aun; como si fuera un maldito ser del espacio.

La profesora levanto una ceja indignada

-Cullen-Modulo con fuerza en la voz algo a melódica-Retírese inmediatamente de mi clase en este momento-Señalo la puerta de salida con una de sus manos dando a entender la seriedad y gravedad del asunto.

El puso su mejor sonrisa cínica mientras la maldecía por dentro, era una maldita mujer reventada. Levanto las cosas que estaban sobre su pupitre y las guardo con molestia en la mochila de color rojo sangre que llevaba. Se cargo al hombro la misma y bajo aun con la sonrisa en la rostro. No le iba dar el gusto

-Que tenga buenos días profesora-Murmuro son sorna y arrastrando la última palabra, enfrentando el mirar autoritario y austero de la mujer que tenía enfrente; cuando paso a su lado. Ja!, nadie podía doblegarlo, ni mucho menos intimidarlo.

Once minutos y dieciséis segundos….

La profesora le cerro, literalmente, la puerta en la cara

"Maldita vieja amargada"

Y así había comenzado su perfecto y esplendido día.


Emmett le dio una rápida mirada a su amigo, él mismo que se encontraba mascullando maldiciones y haciendo añicos con sus manos la vacía lata de gaseosa recién terminada.

-Pobre lata, ella no tiene la culpa de tus problemas-Soltó el final el hombre un año mayor que él y de ojos azules como la noche. A pesar de estar cursado solo un año más que Edward eso no impedía que fueran amigos, todo lo contrario se conocían desde niños y por casualidades del destino terminaron estudiando la misma carrera. Ed lo fulmino con la mirada y siguió aplastando a más no poder la lata-Eso es un claro síndrome de problema de polleras

¡Oh, por el amor a Dios! Como detestaba los sermones de Emmett, como detestaba cuando él adoptaba una poción de sabio que no tenia, como detestaba que fuera familiar de un dios del sexo –en teoría- ya muerto quien sabe cuánto.

Como detestaba que él, ¡justamente él!, le diera consejos en un ambiente donde era el menos indicado.

Tenía ganas de ahorcarlo y si no se controlaba lo más probable era que terminara preso por asesinato.

Después de ser echado por la profesora y haberlo hecho quedar en ridículo delante de todos, no tuvo otro lugar que salir al patio; a algunas de las mesas que estaban siempre a disposición de los estudiantes. No le fue extraño encontrarse con Emm, esté al contrario de él se había saltado una clase porque el profesor al parecer le había advertido que se venia a su hora a estudiar no a tomar una siesta.

Y conociendo como conocía a su amigo había optado por la opción más fácil, saltarse una clase y dormir a sus anchas.

"suertudo"

-Edward, Edward-Dijo nuevamente Emmett en medio de un gran suspiro al notar la mirada que su amigo le devolvía luego de su anterior y último comentario-Tengo la excelente solución a todos y cada uno de tus problemas

¡Ja! Él mejor que nadie conocía esa clase de "soluciones". Él no se consideraba un hombre casto ni santo, pero su amigo realmente era el primero en la lista que encabezaba todo lo contrario a esos dos términos. Conocía cada una de las mañas de su amigo y sabía lo que implicaban sus palabras.

Pero…pero deseaba con demasiado ahínco poder quitarse de la cabeza a Bella, aunque sea solo por un par de horas. Desea tenerla lejos de él; algo que le resultaba muy gracioso ya que lo que más quería solamente hacia unos días era todo lo contrario.

No sabia el por qué, pero tenia una extraño escozor en el pecho; como si fuera algún mal presentimiento.

Pero al diablo con aquello…él no era una persona supersticiosa

-Claro por qué no-Dijo haciendo un típico gesto de desinterés con el hombro, como si realmente le importara en lo mas mínimo ir o no ir a donde quiera que el lo llevara, pero estaba demás decir que su amigo lo llevaría a algún lado.

Su libidinoso amigo sonrió de oreja a oreja.

Estaba predestinado que su fin de semana seria muy pero muy largo.


Si alguien le hubiera dicho que este seria su grandioso fin de semana, rotundamente le hubiera dicho a Emmett que no.

Le había sorprendido enterarse que su amigo estaba cumpliendo cierto voto de castidad, al parecer una mujer había logrado terminar de "cazar" al lujurioso de su amigo. Tendría que conocer a esa mujer y felicitarla, nunca una llego a lograr algo semejante o estuvo tan cerca de lograrlo.

Por fin su amigo dejaría de ser tan mujeriego y se dedicaría solamente a una sola mujer, aunque él no podía decir lo mismo.

Emmett había desaparecido desde hacia un tiempo en el baño de hombres mientras él se entretenía con una pelirroja de ojos verdes. No le desagradaba aquella compañía femenina que tenia en su boca el amargo sabor a alguna bebida alcohólica fuerte y en sus ropas el fuerte olor impregnado a cigarrillo mezclado con un perfume de aroma dulce, pero tampoco podía afirmar que la compañía de aquella mujer le encantaba.

Era como si no lo encontrara diversión al estar siendo seducido por la pelirroja que ahora se encontraba besando la comisura de sus labios soltando una risa inocente mientras se pegaba mas hacia su cuerpo. Definitivamente aquella mujer lo que menos tenia era de inocente.

Y extrañamente al no encontrar esa inocencia era lo que provocaba que su cuerpo la rechazara. No negaba las caricias que la mujer le proporcionaba pero tampoco las respondía como mil veces anteriores lo había hecho.

El lugar se lleno de una luz verde mientras la música cambiaba rotundamente a una electrónica logrando que las personas que se encontraban en todos los lugares de aquel club movieran sus cuerpos copiando el sonido electrónico incesante.

Su acompañante volviendo a encontrar sus labios moviendo su cuerpo nuevamente contra él para intentar despertarlo de aquel letargo en el que estaba sumido. Edward la alejo con algo de brusquedad cuando volviendo a sentir nuevamente en su boca el sabor amargo de la bebida que la mujer poseía.

-¿Pero que te sucede?-Pregunto ella notablemente molesta y chillando ante la negativa de ese hombre que no había caído en el encanto de su cuerpo ni de sus ojos verdes. Lo miro fijo sin pestañar a los ojos, pero la mirada de él no estaba sobre la suya-Maldito idiota-Lo insulto antes de darse la vuelta y perderse entre la gente, no desperdiciaría su tiempo en un hombre que no valía la pena para nada

Era sumamente consciente que su compañía se había marchado maldiciéndolo, era muy consciente pero él no estaba en este mundo sino en uno muy alejado a donde se encontraba en estos momentos.

De todos los lugares que había en la maldita cuidad jamás pensó encontrarse a una joven como ella en un lugar como este. Ella era tan distinta a todas las otras chicas de su edad y por eso mismo este lugar, al cual su amigo lo había llevado, le representaba una especie de refugio para sus pensamientos; para poder tener la mente en blanco con respecto a ella.

Pero no, al parecer el destino se había ensañado con él y quería que la recordara, que la viera a cada hora del día. Quería que él pudiera tenerla sin tenerla. Maldijo su suerte con resignación.

Bella se encontraba en aquel lugar, más hermosa de lo que alguna vez en estos dos años la vio. Ella tenia una sonrisa viva plantada en el rostro, una sonrisa que dejaba ver lo aniñada que era todavía pese a su edad; observando con grandes ojos cada detalle del lugar como grabándolo en su mente.

A pesar de la música estridente, de la luz ahora violácea que la bañaba a ella dándole una imagen casi etérea y misteriosa; la misma luz que lo bañaba a él y al resto de las persona en el recinto; todos sus sentidos estaban enfocados en una sola persona, en una sola mujer que capto su atención desde que la diviso mezclada entre la multitud de personas en la pista de baile.

Solo Bella podía captar su atención de ese modo conduciéndolo a otro mundo.

Observo cada detalle de ella, como si fuera la primera vez que la veía en toda su vida, como si su vida dependiera de ese instante que le brindaba. ella se encontraba hablando animadamente con una mujer de su misma estatura y rubio atado en una coleta alta, al parecer y por la forma tan desinhibida y familiar de tratarse seguramente ambas eran amigas desde hacía mucho tiempo.

Sonrió para sus adentros al notar el abrazo que ambas mujeres se proporcionaban mientras se balanceaban sobre sus pies de un lado para el otro pero sin salirse del lugar de origen ni un solo paso.

Y entonces algo paso.

La sonrisa que disimuladamente en su rostro se dibujo se borro de golpe como si nunca hubiera existido.

Bella había salido del brazo fraternal de su amiga para luego girarse y esbozar aun más en su rostro aniñado una sonrisa que lo dejo boquiabierto, una sonrisa que nunca antes había visto.

Una sonrisa que no estaba dirigida para él sino para un hombre de ojos color negros como la noche y el pelo lo tenia trenzado a decir verdad tenia muchas trenzas, parecía uno de esos fans de Bob Marley., recordaba el nombre pero no estaba seguro, eran rastas si no se equivocaba

Sintió una punzada en el pecho que se agravo casi cortándole al aire al notar como ella se abalanza sobre aquel hombre en un abrazo. Un abrazo que le fue rápidamente correspondido con la misma fuerza e ímpetu.

Algo embargo su cuerpo, un sentimiento que nunca sintió al notar aquella escena.

Él, él…él quería…

Quería sus sonrisas radiantes.

Quería su ternura.

Quería su confianza.

Quería su cariño.

Quería su amor.

Él quería todo lo que ella representaba y ella a ese hombre le brindaba.

Por primera vez en su vida sentía envidia hacia otro hombre. Sentía envidia de que esté tuviera de una forma tan simple lo que más anhelaba.

Envidia porque él no podía tener su cariño y mucho menos su amor, porque no podía tener nada de lo que Bella era.

Ella beso la mejilla del hombre que aun la sujetaba de la cintura casi levantándola unos centímetros del aire.

Lo comprendió completamente en ese momento.

Sentía envidia porque aquel sujeto tenía el amor de Bella, el amor de la mujer que él quería.

Tuvo que descorrer el rostro para no seguir observando la escena.

Él, el avaro, perezoso y soberbio por primera vez sentía envidia. Por primera vez se había enamorado.

Ahora lo comprendía, ahora lo entendía; por mucho que se negó a admitirlo, por mucho que lucho contra aquel sentimiento ahora estaba en su mente todo más que claro.

¿En que momento su conquista lo había conquistado a él? ¿En que momento él se había enamorado de ella? Nunca había experimentado aquel sentimiento, pero de todas las personas que lo oía cada una de ellas decía que el amor era un juego ambiguo, un juego en el que uno caía preso sin saber en que momento había sucedido todo.

Y eso le había pasado a él.

-Te enamoraste de ella

Él solo se giro sobre sus talones sin notar una mirada chocolate sobre su espalda mientras se perdía entre el mar de personas. Sin notar como su amigo se reunía junto a ese grupo de tres personas. Sin notar el largo suspiro que ella lanzaba al verlo partir.

El amor era un juego impredecible.

-Te enamoraste de ella

Edward solo dejo que la brisa nocturna meciera sus cabellos abriendo al desasosiego de comprender por fin sus sentimientos y de descubrir que nunca podía tenerla, una mujer como ella nunca podría estar con un hombre como él.

Envidia…la envidia le había servido para darse cuenta de sus verdaderos sentimientos, la envidia que aun parecía roerle el cuerpo. Quería entrar nuevamente para sacársela de los brazos.

Quería que ella comprendiera que él se había enamorado. Quería tantas cosas que no podía tener.

"Bella"

Sin mirar atrás se alejo de aquel lugar como si le quemara.

Realmente…realmente envidiaba a ese hombre.

Continuara...

….

Perdonen por demorarme tantos días en subir el capii es que e estado en otras cosas.

Como el bendito Instituto que me metieron para este año hacer un buen quinto.

Les prometo el sgt capi ponerlo el domingo en la tarde cuando regrese (:

Gracias por las alertas & reviews