Sexto pecado: Gula
Solamente la tenía a menos de diez metros.
Y como siempre ocurría cada vez que él la veía, todo a su alrededor quedaba nulo para solo concentrarse en ella.
Odiaba haber sido el cazador cazado, pero más se odiaba a si mismo por lastimarla de la forma que lo había hecho.
Todo había sido porque él no puedo controlarse.
Todo había sido por la ira.
Ahora cada vez que la observaba, cada nuevo sentimiento que afloraba en él aun dejándolo desconcertado, estaba acompañado por el de miseria. Si, porque él se había comportado como un miserable al tratarla de aquella manera.
Él no era el dueño de ella a pesar de haberse sentido traicionado. Y ahora menos que nunca lo seria.
Nunca se intereso por el amor, y de hecho jamás en toda su vida se enamoro, las mujeres siempre fueron alguna especie de objeto para él, a las cueles el cambiaba en lapsos de tiempo cortos. Siempre que alguna era tachada de la lista surgía alguna nueva y mejor conquista.
Pero aun más odiaba el cambio que había dado su vida gracias al destino.
Todo comenzó como un capricho y termino peor de lo que comenzó.
Poco a poco ella se fue abriendo paso en su vida, poco a poco ella empezó a captar su interés hasta el punto de nublar sus sentidos cuando estaba despierto o dormido.
No solo recordaba el trato que él tuvo con ella, sino también sus palabras.
No estaba seguro si algún día sería capaz de olvidarlas, y si él no las olvidaba; ella mucho menos.
No podía culparla en lo absoluto.
Pero a pesar de la culpa, de lo miserable que se sentía con el mismo…Aun la quería para él, egoístamente para él.
Muy en el fondo se resignaba a perderla del todo, muy el fondo su soberbia y orgullo no lo hacían dar el brazo a torcer.
Estaba seguro que iba a terminar volviéndose loco.
-Solamente estoy autorizado para decirte una sola cosa-Afirmo Emmett mientras palmeaba el hombro de su amigo para llamar su atención-Si dejaras de ser tan impulsivo y vieras mas allá de tu nariz te darías cuanta de la cosas
Edward guardo silencio procesando y tratando de entender las palabras del hombre junto a él.
-Ella va a matarme por esto-Murmuro para sí mismo el hombre de ojos azules en un suspiro. ¡Que Dios lo protegiera! Porque de verdad ella lo mataría, primero a Cullen pero después a él; de eso no cabía la menor duda-Se donde vive
Y ante la mención de esas tres sagradas palabras él concentro todos sus sentidos en su amigo.
Necesitaba ese vendita dirección en este momento.
Después de ese día cuando ella se recupero totalmente no hubo palabra de por medio, todo se sumió en silencio. Pensó que tal vez ella le gritaría por su osadía pero nada paso, lo que logro desconcertarlo aun más.
Y por su parte él no encontraba palabras para pedirle disculpas. Tal vez el orgullo y la soberbia seguían en él.
Bella solo se había dignado a mirarlo y él no había podía leer esa mirada en ella.
No solo necesitaba esa dirección sino que también la necesitaba a ella y su perdón.
Tenia que tenerla, sea como sea tenia que tenerla.
Oh por Dios ¿Por qué aun se torturaba con lo sucedido? Y pero aun ¿Por qué siempre que lo pensaba le encontraba a él algún justificativo?
Él no era digno del amor que sentía, se sentía tan tonta…tan estúpida.
Ella tendría que haberse enamorado de una persona como Mike o como Jake. Ese era el tipo de hombre que ella tendría que tener en su vida.
¡Pero no, ella tenía que ser diferente!...Ella tenia que haberse enamorado de Edward Cullen.
Solo había dos posibles respuestas a ese amor que sentía, o ella estaba loca de remate o bien le gustaba los hombres complicados que la hacían sufrir.
La mejor respuesta era la conjunción de ambas.
Y para sumar un malestar más que influiría en su humor cambiante, el clima había cambiado de repente y ahora estaba helando.
Hoy no era su día.
Tenía toda la casa para ella sola, su madre, hermano y padre habían salido. Sus papas a ver a un familiar y su hermano a ver una película junto con sus amigos. ¿Y ella? Prefirió quedarse en casa sola y por qué no también aburrida.
No le gustaba estar sola.
De seguro tampoco podía llamar a Rose para que le haga compañía y hablar de trivialidades porque lo más probable era que se encontrara prestándole toda su atención a su pareja.
Tenía que reconocer que un poco la envidiaba, pero esta era una sana envidia. Estaba feliz por su amiga, pero a ella le encantaría que al igual que su amiga sus sentimientos sean correspondidos.
Ya estaba pidiendo demasiado.
Entonces recordó algo; para climas como estos no había nada mejor que una taza de chocolate caliente. Con esa idea en mente dejo sus libros de texto esparcidos por su escritorio y bajo presurosa hasta la cocina, si mal no recordaba su madre le había dicho que recientemente había comprado chocolate. Un problema menos, pero ahora tenía uno nuevo…encontrarlo.
Su madre lo guardaba bajo siete llaves porque su hermano prácticamente era adicto el chocolate. Por lo menos era una adicción saludable, va dentro de algunos parámetros.
Su búsqueda no tardo más de cinco minutos porque para suerte de ella, y desgracia de su hermano, sabía de memoria los escondites de su madre.
Esperaba que con eso no solo se le pase el frió sino también sus pensamientos.
No sabia cuantos días exactamente transcurrieron del incidente, tal vez unos cinco o seis pero de algo estaba segura. Primero de las palabras de Tanya y luego también de las palabras y ciertos golpes de el.
A pesar de que por este ultimo todavía tenía cierta tonalidad violácea en las zonas afectadas, ella aun intentaba justificarlo.
¿Por qué?
Porque uno siempre justifica a la persona amada.
Ella mejor que nadie sabía que alguien fuera de sus cabales no era consciente de sus actos y mucho menos si estaba bajo la influencia de malas interpretaciones. Había querido explicarle lo del beso con Jake, aunque la verdad es que ella no tenía que excusarse de nada, pero él no le dio tiempo ni siquiera a reaccionar.
Solamente pensó en huir y termino todo vuelto un caos.
Cuando nuevamente el borde de la taza estaba por tocar sus labios recordó que la casa estaba muy silenciosa, algo faltaba.
Y la respuesta llego más rápido de lo previsto, faltaba en la casa Nala, el gata que su mamá le había regalado a ella y a su hermano hacia unos cinco años.
Dejo la taza a medio terminar sobre la mesa y salió de la casa. No tenía que ir muy lejos, solamente caminar unos pasos hacia el árbol mítico que adornaba el templo desde hacía siglos.
Pero al regordete gato de la familia no fue al único que encontró.
Ella paró en seco y él le regalo una sonrisa, muy diferente a las que hasta el momento le había regalado, mientras seguía jugando en su regazo con la graciosa gatita que constantemente maullaba.
No sabía porque él estaba ahí.
-No le gusta lo que le haces-Dijo ella cuando recupero los pensamientos coherentes y el habla de sus cuerdas vocales. Le había costado salir de la impresión.
El no entendió, pero antes de poder preguntar soltó un quejido producto del reciente zarpazo que Nala le proporciono en defensa. Bella rió bajo mientras la gata saltaba del regazo de Ed y corría hasta meterse dentro de la casa.
Ella camino hasta él y lo sujeto de la campera que llevaba puesta, lo jalo con fuerza para que se reincorporara y sin decirle una palabra lo condujo dentro de la casa. Cuando logro que finalmente el cuerpo de él terminara de pasar por el umbral de la puerta, cerro la misma y lo dejo libre mientras corría escaleras arriba.
¿Cómo demonios había llegado hasta la casa de ella?
Bueno no era muy difícil de responder esa pregunta, pero estaba extrañado por el comportamiento de Isabella. Ella lo trataba como si nada hubiera pasado y eso lo hacía sentirse más bajo y miserable todavía.
Mientras escuchaba los pasos de su compaña de universidad en el segundo piso de la casa, se adentro un poco en la misma. Una foto, de las que tenía a simple vista, le llamo la atención. Se acerco y tomo entre sus manos el portarretratos observando nuevamente a aquel hombre de la vez anterior, el mismo al que ella había abrazado con infinita felicidad; aquel hombre de ojos y pelo negro como la noche.
En la foto tanto ella como ese hombre salían sonrientes, ella estaba subida a la espalda de él mostrando su característica sonrisa. La foto no tenía mucho tiempo de seguro; apostaba que era resiente.
Nuevamente se sintió dolido, se sintió traicionado.
La sonora forma en la que ella estaba bajando la escalera lo hizo salir de sus pensamientos, apresurándose a dejar la fotografía en el mismo lugar donde la había encontrado.
Cuando llego nuevamente junto a él trayendo con ella en sus manos un botiquín de primeros auxilios, el rostro de él se encontraba neutro. Como si de verdad hubiera alejado el reciente malestar que había adquirido.
Le juro protegerla y jamás lastimarla, aunque ella no lo supiera. Y a pesar de que por dentro volvía a experimentar los mismos sentimientos, los reprimiría estoicamente.
Prácticamente ella lo obligo a tomar asiento mientras arrastraba una silla y la enfrentaba a él para luego sentarse en la misma. Coloco el botiquín en su regazo y sin más se dispuso a desinfectar la herida en el más profundo silencio.
Ambos podían sentir la incomodidad del momento, casi tan palpable.
No entendía el porqué de su reacción, la herida no era de gravedad; solo era algo leve que se curaría solo. Mil veces ella, su hermano o a su papa pasaban por lo mismo pero ninguno se trataba una herida tan insignificante. Le molestaba que con él eso hubiera pasado.
Su cuerpo actuó dejando que ella simplemente sea una marioneta que observara en primera fila los movimientos involuntarios pero sin poder hacer algo para contrarrestarlos o reaccionar. Fue en el segundo piso de su casa que su cuerpo dejo que ella tuviera nuevamente control sobre él, un momento y lugar muy tarde. Como ya había empezado a actuar tenía que seguir actuando.
Ella se mordió el labio inferior con disimulo mientras terminaba de pasar sobre la piel de Edward el algodón embebido en agua oxigenada. Parecía concentrada en su trabajo, pero las apariencias siempre engañaban.
Ella no tenía un desarrollado sentido del oído, solamente era una mujer normal pero igual ante el inminente silencio que reinaba en la casa podía escuchar claramente la respiración de él. No le gustaba como se estaba sintiendo en lo absoluto.
Al parecer siempre Cullen encontraba algún modo de perturbarla.
La hacía sentirse tan pequeña ante él.
Cada vez que lo observaba lo hacia como una niña a un adulto, esa niña que veía con magnificencia a la persona que le llevaba varios años de edad y que intentaba imitar. Experimentaba un cúmulo de emociones cada vez que estaba junto a él o solo lo miraba de forma disimulada como mil veces algunas de sus compañeras lo habían hecho alguna vez. Mil veces deseo tener la fortaleza de poder entablar una conversación con él, pero es que su carácter y la forma de dirigirse hacia los demás, hasta con cierto desdén, impidió que no solo ella sino varias personas se le acercaran. Era de alguna extraña forma un huraño en algunos aspectos. Era también superior a muchos otros hombres.
Seguramente la superioridad que veía en él era porque estaba enamorada y lo juzgaba con esos sentimientos. Siempre tan ingenua, siempre tan confiada de las personas. Cuando aprendería que las personas no eran lo que en verdad aparentaban.
Ella…ella se había dado el gusto de pensar, aunque sea solo una vez, que el podía fijarse en ella; pero esta vez en una forma seria, en una forma que no represente un juego. No podía negar que actitudes de él la desconcertaban, pero ella dudaba.
Una parte de su cabeza le decía que confiara, que se deje guiar por sus instintos natos que en este caso no le fallarían. Pero la otra, y tal vez la más influenciada con todo lo que tenía que ver con él, le repetía hasta el cansancio que Edward Cullen la veía como parte de un nuevo juego.
Alejo su mano de la de él, no le gustaba el hilo de sus pensamientos y mucho menos la forma en que sus sentimientos se manifestaban a través de los mismos.
Sintió el mundo desmoronarse a su pies, como si con aquella simple lejanía marcaría el comienzo y el final de la relación que el deseaba empezar pero que jamás se concretaría. Todo había nacido por parte de él producto de un juego que jugaba demasiado bien; y aunque el comienzo no era alentador y mucho menos los sucesos que se desencadenaron en el camino hasta este momento solamente podía rescatar una sola cosa. El amor que había tardado de asimilar pero que sentía por ella.
Al ver la tonalidad que habían adquirido los ojos de ella supo que no era tiempo de interponer su orgullo que, aunque sea por primera vez, tenía que reconocer sus descomunales errores y tragarse aquel orgullo que lo hacía en muchos casos merecedor de respeto.
Porque aunque quisiera ser orgulloso en este caso algo nacido del interior de él lo hacia flaquear y mostrarle la verdadera magnitud de su forma de comportarse.
Quería su redención.
Quería por fin tenerla a su lado.
La sujeto del brazo impidiendo de esta manera que ella termina alejándose de él, tenia un cúmulo de emociones en su pecho; tenia tantos sentimientos que eran difíciles de hacérselos saber en ese preciso instante y ella le mostraba con su mirada inquieta puesta sobre la de él que quería saberlos. Nunca fue una persona dúctil con las palabras y por eso prefería mostrar los hechos con evidencias pero en este caso no era momentos de hechos.
Aunque fuese necesario, y también por primera vez, imploraría su perdón. No soportaba perderla. No soportaba otro segundo con aquella culpa que lo carcomía y lo alejaba de ella.
-Perdóname-Murmullo él tan bajo e inaudible que pareció que con aquella simple palabra hubiera tocado y acariciado el alma de la chica. Era como una caria para ella, aquel tono de voz que parecía a punto de quebrarse con tanta facilidad. Jamás había visto esa faceta en él.
Enmudeció de inmediato sin poder apartar sus ojos de los de él que en esos momentos eran como imanes. La obligaban a buscar la verdad de sus palabras en aquel brillo que adoptaron. Seguía teniendo dudas pero…pero era momento de confiar
Para bien o para mal era momento de confiar y tomar valor.
Ella solo se atrevió a regalarle una diminuta y cohibida sonrisa con sus finos labios como símbolo de redención, como símbolo que creía en él.
Deseaba besarla desde aquella vez que su juego se volvió contra él y ahora más que por fin veía cumplido ese pequeño deseo que sin saber había pedido a Dios.
-Perdóname-Volvió a murmurar mientras ahora la tomaba con delicadeza del mentón. No solo tenía que pedirle perdón hasta el cansancio, si era necesario, por su último comportamiento sino por todo lo que había pasado en este cortó tiempo.
Estaba tan cerca de demostrarle sus sentimientos. Estaba tan cerca de poder sentir los labios de ella nuevamente sobre los suyos, estaba…estaba….
-¡Hermana!
Ambos se separaron sobresaltados por el grito. Bella había caído, aun con el corazón latiendo en su pecho desbocado, de la silla en forma estrepitosa para terminar de aterrizar en el suelo. Edward intentaba volver a sentarse en el asiento como hasta hace menos de dos segundos tratando de entender lo que sucedido.
-¿Y bien me explicaras que es esto o no?
Los dos presentes voltearon sus rostros hasta el recién llegado; un joven que no superaba los diecisiete años de edad visiblemente fulminando con la mirada a cada uno de los presentes, especialmente a uno de ellos. Edward levanto una ceja escéptico mientras lo examinada y ella intentaba que los colores no se le subieran al rostro. Esto era mucho para ella.
"Maldito mocoso"
Ahora estaba seguro que estaba cerca de algo…Estaba cerca de lidiar con el hermano de ella.
¡¿Podía tener más mala suerte?!
"Seguro"
Bufo por milésima vez en el escaso tiempo de diez minutos.
Oh si, claro que podía tener mas mala suerte…¡Él era el rey de la mala suerte!
Primero llevaba dos fatídicos días desde aquel beso interrumpidos por el hermano menor de ella, el mismo que conoció en ese momento inoportuno que se atrevió a interrumpirlos a ambos. Ese mocoso con la mirada lo había enfrentado y él no se quedo atrás provocando una reacción en cadena de sentimientos claros en los hombres al proteger a aquello que les pertenece.
Bella podía tener un lazo irrompible con su hermano pero era de él le gustara o no al mocoso, aunque aun no eran absolutamente nada.
Y justamente ese "pequeño" detalle era su segundo problema y dolor de cabeza.
Le fue imposible no marcharse cuando la mirada de suplica que ella había puesto sumándole que se lo había pedido con la misma voz aquel día intentando despejar el reciente e improvisado campo de la batalla que se había formado en el comedor.
¡Ja! Se marcho porque Isabella se lo había pedido no porque le tuviera miedo al mocoso.
Pero volviendo al punto primordial; desde ese día ni siquiera había podido dirigirla la palabra o por lo menos un saludo. Las pocas veces que por milagro de Dios se podía acercar a ella, ya que nuevamente aquel tonto estaba siguiéndola a todos lados como un maldito perro, siempre surgía algo que cortaba por la mitad las palabras en su boca y ella salía huyendo de la escena a una velocidad admirable.
Al parecer era rápida a la hora de escabullirse de las situaciones pero hoy estaba decidido que acabaría con este juego del gato y el ratón aunque el mismo Dios se hiciera presente o la universidad se cayera sobre su cabeza. No importaba cual de ambas cosas sucediera primero porque de igual modo no la dejaría escapar nuevamente.
Cuantos todos se levantaron de sus asientos dando por terminado la jornada de ese día se fijo directamente en ella y en los movimientos que hacia para mezclarse entre el mar de persona que se había formado en un abrir y cerrar de ojos.
Sin pedir permiso o disculpas, como siempre ocurría, se abrió paso entre sus propios compañeros y antes que ella cruzara la puerta del salón y a la vista atónita de ese tonto que siempre la seguía la sujeto del brazo y la arrastro sin importarle las sandeces de aquel estúpido que escuchaba a su espalda.
Apresuro el paso y ella lo siguió sumisa, ya se había cansado de llamarlo para exigirle que la soltara; al parecer los reclamos no funcionaban con él. Bella vio de soslayo las miradas recelosas y hasta desaprobatorias que varias chicas le lanzaban al ver por quien era conducida. El salón donde habían cursado esa materia estaba en el segundo piso y al parecer hoy todos querían salir desesperados de la universidad. A ella le hubiera sido fácil escabullirse, pero con un Edward Cullen que la manejaba como una marioneta y marcaba el paso arrastrándola consigo, era todo menos fácil.
No le gustaba ser el centro de atención y eso la estaba poniendo nerviosa.
Cuando el sol le pego de lleno en el rostro obligándola a cerrar los ojos pensó que ahí se acabaría el martirio. Ella no estaba preparada para verlo a la cara y lo había evitado de la mejor manera posible. Hasta agradeció mentalmente por las interrupciones de Mike cada vez que el quería hablarle. No se atrevía a mirarlo a la cara.
Pero hasta hoy había llegado su huida
-Edward-Ella volvió a llamarlo cuando él se detuvo en seco pero sin voltear a verla. Cada vez la incomodidad en ella era más grande y estaba segura que pronto su voz mostraría ese detalle. Sentía que su nuca se tensaba ante el incomodo ambiente que se formaba y los encerraba a ambos. Estaban completamente solo en algún lugar apartado de la universidad, no le gustaba que él conociera tantos recovecos del mismo-Podrías por favor soltarme-Pidió ella tratando de no sonar molestar pero la verdad es que lo estaba, la idea de que él conociera tantos lugares "ocultos" lo hacia relacionarlo con las relaciones furtivas que todos sabían que tenia.
Fue recién a ese pedido que él pareció acceder y soltarla por fin para voltear a verla aunque no pudo interpretar la mirada que ella le estaba devolviendo. Por lo poco que la conocía estaba acusándolo de algo y al perecer estaba enfadada.
¡¿Y ahora que se debía todo ese teatro que él se armo?! La estaba tratando como si fuera algo de su propiedad y le debía algún tipo de respeto y culto. Faltaba que una persona arrogante como era él, le pidiera que lo venerara y estaba segura que cumpliría con lo que había propuesto.
Hace dos noches hubiera caído a sus pies pero por suerte su hermano sin saberlo llego para salvarla. Y ahora que podía ver hasta qué punto conocía la universidad gracias a las veces que se saltaba la clase fue como si un balde de agua fría la hubiese golpeado.
Había sido una tonta en albergar la remota posibilidad de que él se fijara en ella. Si recordaba la voz con la que le había casi implorado que lo perdonara le daba asco de solo pensarlo.
Cerró los ojos y se obligo a tranquilizarse mientras mandaba esos nuevos sentimientos a algún lugar de su cuerpo para que nunca volvieran a aflorar. Cuando sintió el tacto tibio de una mano sobre su mejilla los abrió de inmediato por la impresión.
-Necesitamos hablar-Susurro él mirándola fijamente a los ojos deleitándola con la suavidad de la piel de ella. Le parecía irreal que ella no intentara alejarse de él como si fuera un maldito bastardo a pesar de haberse comportado como tal-Bella quiero que entiendas que…
Ella solo se dispuso a mirarlo recelosa, nuevamente estaban esos sentimientos aflorando en ella.
-Yo no necesito entender nada ni que me expliques nada-Su voz sonó carente de sentimientos y le parecía tan extraña hasta para ella misma. El detuvo la caricia atónito pero no aparto la mano de aquella zona-¿Me crees tan estúpida como para creer en tus palabras?-Estaba destilando veneno, por primera vez lo estaba haciendo y no intentaba absurdamente justificarlo.
Ella alejo la mano de él-Si quieres hacer algo decente y honrado en tu vida déjame en paz y has como que no me conoces
Contuvo el llanto y fingió el papel de mujer fuerte mientras esa ira que sintiera siguiera corriendo en sus venas. Estaba harta de todos estos juegos, estaba harta de ella misma y estaba harta de él. Se giro sobre sus talones dispuesta a cerrar un episodio demasiado corto y transitorio de su vida.
"Maldita mujer"
No la dejaría salirse con la suya así de fácil.
No entendía esa reacción, pero si las palabras con ella no servía las solucionaría a su modo.
La sujeto nuevamente del brazo y la giro sobre si de un solo movimiento brusco hasta que el cuerpo de ella quedo junto a su cuerpo. Soltó un quejido y lo miro con los ojos abiertos pasmada. No le estaba gustado como el la observaba.
Las masculinas y firmes manos de él apresaron su baja espalda y su nuca dejándola inmóvil.
-Si no entiendes por las buenas entenderás por las malas pequeña
No había estado preparada para escuchar esa confesión y nunca lo hubiera estado, mucho menos cuando los labios de él se estrellaron contra los de ella de forma brusca y casi bestial. La dejo desarmada y sin reacción alguna mientras los labios masculinos se movían presurosos sobre los de ella. Su estomago empezó a cosquillear ante la tibieza y la rudeza de esos labios y ese beso que se negaba con los resquicios de su cordura a responder.
Perdido en la desesperación en la que se veía inmerso al intentar demostrarle a aquella mujer lo cierto de sus palabras, ejerció más presión en la nuca de la misma y se abrió paso con su lengua por entre los labios femeninos para besarla con amplitud.
La fuerza de la joven en sus brazos se agotó.
Toda su cordura, la fuerza de voluntad que había ejercido desde la primera vez que los labios de él rozaron los suyos se escurrió como el agua. Había desea besarlo desde aquella vez. Le rodeo el cuello con ambos brazos y lo atrajo hacia si entregándose a las miles de sensaciones que se formaban en su estomago y mandaban descargas de choque a diferentes partes del cuerpo.
La escucho suspirar de una forma tan mansa y totalmente entregada a las sensaciones que le brindaba, intentando seguir el ritmo de aquel beso desesperado ahora por parte de ambos. El respirar de ambos se volvía pesado y sonoro, embriagados en el pequeño calor que poco a poco creada ese beso en ambos. La atrajo más hacia si, levantándola un poco del suelo y nuevamente marcando el ritmo del beso. Uno lento y sin prisa, dándose el tiempo que al parecer era perpetuo para degustar el increíble sabor que ella poseía.
Había deseado tanto besarla.
Dio suaves y pequeños mordiscos al labio inferior de ella antes de alejarse lo suficiente y dejar caer su respirar irregular y caliente mezclándose con el de ella. Volvió a observarla notando que ella aun tenía los ojos cerrados y se encontraba completamente sonrosada. Los labios de ella entreabiertos y húmedos incitándolo a un nuevo beso como si fueran completamente comestibles para él y solo para él.
Volvió a inclinarse lo suficiente para rozar sus labios con los de ella y pasar de forma desinhibida y lasciva su lengua por ellos antes de volver a besarla con la misma demanda y entrega que la anterior; reafirmando cada palabra dicha por él hace dos noches y dándole a entender que esto no era un juego como ella pensaba.
Cuando volvieron a separarse la abrazo por la cintura y ella se atrevió a mirarlo aun algo turbada por la muestra de aquel cariño y las sensaciones que no cabían en si misma. Noto como se formaba una sonrisa de oreja a oreja de satisfacción y eso logro que el sonrojo en sus mejillas aumentara de sobre manera.
Se escudo en su pecho para no ver su cara y Cullen hizo el abrazo más férreo apoyando su mentol sobre la cabeza de la misma.
-Se que esto no comenzó como tendría que ser pero quiero que sea enserio-Afirmo sin preámbulos depositando luego un beso en aquella cabellera que desprendía un intoxicante perfume a fresias, ese mismo que a él le encantaba. La sintió tensa en sus brazos y la alejo de si para que lo viera nuevamente a los ojos-Se que esto es precipitado y es probable que no me creas pero yo…-Suspiro tomando valor, las palabras se agolpaban en su garganta. Nunca en su vida había confesado sus sentimientos, porque nunca había tenia este tipo de sentimientos. ¡Por Dios no podía costarle tanto!-Maldita sea Bella el punto es que yo….
Ella se apresuro a juntar nuevamente su boca con la de él en una unión que no duro absolutamente nada según el, pero lo suficiente como para ponerle la mente en blanco.
-Solo…solo acompáñame hasta casa-Pidió ella abrazándolo con fuerza y dejando fundirse en aquel calor que el de por si emanaba haciéndola sentir protegida. El ligero temblor con que lo había besado ahora estaba muy lejos. Tenía miedo de escuchar aquellas dos palabras que él quería decirle. Deseaba tanto poder escucharlas pero le era imposible aun no confiar cien por cien en él.
Todo había sido tan surrealista e inverosímil.
Ella se alejo de él dispuesta a comenzar la marcha, algo que se vio totalmente interrumpido porque el volvía a aprisionarla contra su cuerpo. Aunque la tomo otra vez desprevenida el sentimiento de felicidad que sentía en sus brazos era único.
La beso nuevamente consumiendo todo su oxigeno y su aliento.
Le era imposible separasen de ella y de aquellos labios, ahora que los había probado era como una droga.
Era…era como si sus labios fueran el mas exquisito manjar de todos los tiempos y nada mas servido para él.
Bella pestaño varias veces acostumbrándose a esa nueva sensación e intimidad que compartía con él. La sonrisa de Edward la intranquilizaba un poco cohibiéndola.
Era absurdo pero si tenía que compararla el sabor de ella era tan dulce y afrodisíaco como la misma fresa
Él sonrió más ampliamente antes de comenzar a caminar entrelazando su mano con la de ella.
Ahora que lo meditaba bien la gula no era un mal pecado después de todo y mucho menos en estos casos.
Hola como están?
Se que posiblemente me quieran matar y las entiendo me e demorado dmd tiempo en subir el sgt cap. Pero es que he tenido algunos problemas personales que ia se arreglaron felismente & la cosa horrible de la gastritis tmbn es un problema, estoi totalmente fregada con eso.
Bueno como ven algunas cosas se van aclarando y me alegro bastante.
Solo quedan dos Capis mas, ia se que son 7, pero asi lo decidió Lis asi que dos mas y esto se acabara.
Gracias por los reviews y las alertas (: en verdad gracias.
Sean adorables y dejen reviews la historia ia se acaba.
Para las que quieran leer algo divertido, es un fic que me gusta mucho es gracioso y tiene rated M, pero es uno de los mejores, se iama "Noches de Dulce Fantasías " de Tamynna
Les dejo el link:
.net/s/5352676/1/Noches_de_Dulce_Fantasia
Bueno eso es todo chau ablamos las quiero
TefiSong.
