Capítulo 4:
Cuando asoman las cosquillas
Como auroras de aire y fuego
El amor comienza
Ya habían pasado varias semanas desde que Harry Potter, "el niño que vivió", destruyese al mago más tenebroso y malvado de todos los tiempos. Los magos y brujas de Inglaterra, junto con los de otras partes del mundo, intentaban recomponer su vida y volver a la normalidad. Las cicatrices que habían quedado de la guerra poco a poco se iban cerrando, incluidas las de la familia Weasley.
Todos ellos, aun con el recuerdo de la guerra presente, intentaban volver a la vida normal, si es que alguna vez la habían tenido, pues muchos de ellos no conocían su vida sin Voldemort. Aun así, el ánimo no flaqueaba, y aunque les costaba superarlo, poco a poco volvía a aparecer sonrisas en la cara de todos ellos.
En la de todos menos en la de cierto pelirrojo que aunque volvía a sonreír, todo el mundo sabía que jamás volvería a ser el mismo después de perder a la mitad de sí mismo.
Era una cálida tarde de mediados de agosto. Había tanto silencio que La Madriguera parecía vacía, aunque había cuatro personas en ella. Harry y Ginny estaban sentados en el sofá de la casa rodeados de un montón de libros.
- No entiendo por qué Ron se ha librado de estudiar hoy y yo no... –decía Harry con el entrecejo fruncido y aburrido.
- Porque él ha estado estudiando toda la semana sin parar y tú no. –le contestaba Ginny mientras pasaba las hojas del libro que tenía en las manos.
- Pero Ron sólo estudia para poder tener una excusa y estar cerca de Hermione sin levantar sospechas de que están juntos. Y la verdad es que no entiendo por qué no le dicen a tu familia que están saliendo juntos...
- ¿Acaso tú si le dirías a la mía que sales conmigo? –le dijo ahora mirándole a él con la cabeza ladeada.
- Eso es diferente y tú lo sabes. Si Ron lo dice no irán todos tus hermanos detrás de Hermione para matarla, en cambio detrás de mi sí.
- ¡Venga ya! No seas tan exagerado... es cierto que son bastante sobre protectores conmigo, pero no te matarían. –Harry puso cara de aliviado. –sólo te tendrían que ingresar en San Mungo, nada más...
- Gracias por los ánimos –dijo sarcásticamente.
- De nada –le dijo contenta y le dio un pequeño beso en los labios para luego volver a su lectura.
- Bueno, de todos modos esto no viene al caso. Explícame por qué para un día que estamos solos en La Madriguera estamos aquí estudiando...
- No estamos solos, Ron y Hermione están dando una vuelta por el jardín.
- Entonces como si estuviésemos solos... Tus padres están en la tienda con George y tu hermano y Hermione están ocupados seguro...
- Da lo mismo si estamos solos o no. Tienes que estudiar Harry.
Harry suspiró y se puso a leer. En el fondo sabía que Ginny tenía razón. Tenía que estudiar y aprovechar la oportunidad que la profesora McGonagall y el ministerio les habían dado. Todos los estudiantes de séptimo año podrían estudiar para un examen especial de EXTASIS a principios de septiembre, y si quería aprobarlo tenía que ponerse las pilas. Después de todo, aunque estuviese comenzando a implicarse en el mundo de los aurores, no podría ser uno oficialmente hasta no haber hecho sus exámenes finales. Y en el fondo le alegraba, no quería que su posición de "salvador del mundo" le ayudara también en esto. Pero con Ginny al lado, la cual llevaba una pantaloneta vaquera muy corta y una camiseta de tirantes muy pegadita a cuerpo, no había quien estudiase.
- El problema es que no me puedo concentrar. –decía Harry resoplando.
- ¿Por qué no? Si estamos solos. No hay nadie que nos interrumpa.
- ¡Por eso mismo no me concentro!
Ginny sonrió. Le encantaba hacerse derogar y que fuese Harry el que fuese a buscarle a ella.
- Pues da lo mismo que estemos solos. No vas a lograr hacerme cambiar de opinión. –decía Ginny negando con la cabeza.
Harry vio como ella volvía a posar su mirada en el libro. Tenía muchísimas ganas de besarla, de abrazarla, de tocarla... pero ella se empeñaba en estudiar. Sí, el examen era muy importante y lo hacía por su bien, pero es que nunca podían estar solos en casa, y para una vez que lo estaban él tenía que aprender estúpidas recetas de pociones. Además, entre que los Weasley aun no sabían nada de que su pequeña hija se besaba por los pasillos a escondidas con su "hijo adoptivo" y que después de la última batalla todo el mundo estuvo muy deprimido no habían tenido verdaderamente tiempo para estar los dos solos.
Suspiró de nuevo. Ginny podía estar pasándoselo bien, pero prefería quedarse metida en casa con la tarde tan buena que hacía sólo por estar con él. Tenía suerte de estar con ella. Era más de lo que alguna vez podría haberse imaginado y encima, preciosa. La contempló mientras leía. Hasta así era hermosa. Con su larga cabellera pelirroja cayéndole delicadamente por los hombros y con ese gesto que tenía ella de morderse el labio inferior cuando estaba pensando, que hacía que Harry se volviese loco.
No pudo soportarlo más. Se acercó a ella y cogió el libro que tenía entre las manos para tirarlo contra el suelo. Ginny lo miró sorprendida. Se acercó a ella más aun, la agarró por la cintura, e inclinándose encima de ella, empezó a besarla. Ginny no se hizo esperar y le respondió el beso. Entrelazó sus brazos alrededor de su cuello y empezó a acariciarle el bello de la nuca.
Ginny terminó de echarse en el sofá y dejo que Harry hiciese lo mismo encima de ella. Seguían besándose, como si los hubiesen pegado con cola y no pudiesen despegarse. Harry levantó un poco la cabeza y la miró. Ella le sonreía. Tenía los labios rojos y se había puesto colorada por el calor que hacía y por tener tan cerca a Harry. Harry le devolvió la sonrisa. La amaba, hace tiempo que no podía negarlo. Es más. No quería negarlo.
- Te quiero.
Ginny se quedó callada. Esas palabras le habían sorprendido. Harry no solía mostrar sus sentimientos muy a menudo y menos expresarlos con palabras.
- ¿De verdad?
El chico asintió con la cabeza, cuantas menos palabras menos ocasión de meter la pata.
- Es bueno saberlo.- Le dijo con una sonrisa.- Y ahora a estudiar.
Acto seguido le dio un fugaz beso y se deshizo de sus brazos, sentándose de nuevo en el sofá y cogiendo otro libro.
Harry se quedó callado, serio, sin poder reaccionar. Esperaba otro tipo de respuesta a su declaración de amor…
- ¿Ya?- La pelirroja le miró sin entender.- ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
- ¿A qué te refieres?
- Bueno… yo… acabo de decirte que te quiero y… ¿no me dices nada?
- No, si yo…
- No sé, esperaba otra cosa.- Harry se cruzó de brazos ante la mirada atónita de su novia.- ¿Qué te parece un "yo también te quiero" o un "y yo a ti"? Incluso un "gracias".
- ¿Me lo estás diciendo en serio?
- Bueno…
Lo cierto es que Harry llevaba un tiempo queriendo decirle esas dos palabras a Ginny y esperaba una respuesta un poco más efusiva por su parte.
- La verdad es que sí.
- Harry, ya sé que me quieres, y no hace falta que me lo digas para que lo sepa.
Sabía que Ginny tenía razón, pero por una vez, esperaba palabras bonitas que expresasen sentimientos.
- Pero si lo que quieres es que te diga cuanto te quiero…- Comenzó a decir mientras se acercaba a Harry lentamente, pronunciando las palabras con la mayor pausa posible.- Yo te lo digo.
Una pequeña sonrisa se asomó en el rostro de Harry, pero este enseguida volvió a fingir enfado. Ginny le acarició, recorriendo su cara de arriba abajo con la llema de los dedos.
- Porque te quiero, Harry. Más que a nada.
Miró a su novia a los ojos, luego a la nariz, las pecas, la boca… y se acercó a ella para besarla…
- Ya me parecía a mi.- Rió separándose justo antes de que sus labios se juntasen.
- ¿A sí?- Preguntó la chica impaciente por recibir su beso.- ¿Tan seguro estabas?
- Bueno… si la hermana de tu mejor amigo se pone roja nada más verte y mete el codo en el plato de la mantequilla… te planteas algunas cosas.
- Eso fue porque de pequeña era muy torpe.
- Y no hablemos ya de tus dotes poéticas…
- Pues si tan evidente era tardaste mucho en reaccionar.
Ginny le si ola espalda, fingiendo ahora ella estar enfadada.
- Ya sabes que yo soy de entendimiento tardío.
- Ya…
- Ginny…
Ella seguía sin hacerle caso, con la mirada perdida en algún punto del salón y haciendo oídos sordos a las llamadas de Harry.
- Ginny, vamos… Ginny…
Pero la chica no pudo contestar, porque Harry se echó encima suya y comenzó a hacerle cosquillas mientras ella reía como una loca.
- Harry ¡Basta!
- Di que me quieres.
- No, ya no… ¡Harry!
Ginny continuaba retorciéndose de risa bajo los musculosos brazos de Harry, que la apresaba mientras la torturaba en una sesión incontrolada de cosquillas.
- Di que me quieres o no paro.
- ¡No! Para por favor…
- Si no lo dices, no.
- ¡Vale, vale! Lo confieso.
Harry paró y la miró expectante, con una sonrisa burlona en la cara.
- Te quiero.- Ginny se incorporó unos segundo para darle un beso.- Te quiero mucho.
- Y yo a ti.
Comenzó a besarla y esta vez no había tonterías ni interrupciones que lo parasen. Necesitaba tenerla cerca, tocarla, besarla… Y una oportunidad como ese día no se presentaba todos los días. Se apoyó mejor en cima suya, encajando su cuerpo en el de ella y disfrutando del contacto de la piel. Ginny seguí besándolo con pasión y en la mente de Harry sólo había una imagen: Ginny riendo. Riendo como hacía segundos atrás, como reía cuando pasaban toda la tarde juntos en el lago del colegio, como reía cuando gastaba una broma a Ron… Como no la había visto reír desde hacía demasiado tiempo. Y si las cosquillas eran la solución perfecta para poder empezar a volver a ver a la Ginny que recordaba, alegre y divertida por los pasillos de Hogwarts, se las haría cada día. Porque por algo se empezaba…
Pero ya habría tiempo para las cosquillas más tarde… Ahora era momento de besarla. Nunca se cansaría de hacerlo. Recorrió la pierna de la chica con la mano acariciando su muslo hasta llegar a la cintura, donde comenzó a subir más arriba, decidido pero despacio, para llegar a la "Tierra prometida" por debajo de la camiseta.
"Ploofff"
Se escuchó un ruido.
Ron tenía que aprender a hacer menos ruido y molestar menos.
Harry y Ginny se incorporaron, esta última con la intención de fulminar a su hermano con la mirada.
Pero no era Ron a quienes se encontraron en el hueco de la chimenea recién llegados vía Red Flu contemplando un panorama poco esperad con los ojos como platos…
- Señor Weasley, señora Weasley…
"Vamos Harry, piensa algo rápido, quizá no te hayan visto…"
Los dos se levantaron del sofá lo más rápido que pudieron y con las caras más rojas que el pelirrojo más pelirrojo de todo el linaje Weasley.
- Esto… esto no es lo que parece…
Ginny rodó los ojos ante la frase de su novio.
"Que frase tan original… Por si había alguna duda, tú las has borrado…"
Hola a todos!!
Siento mucho haber tardado en escribir pero me fui de vaje con el colegio a París y e estado mala (bueno, sigo con catarro...) así que este capítulo es el resultado d emis delirios por haber estado en la capital del amor y... por la fiebre XD Espero que os haya gustado y... muchas graias las personas que me dejan un review con su opinio, sugerencia, crítica... se agradece muchísimo de verdad. Y nada, a seguir dejando reviews.... jajaja
Un beso a todos y hasta el próximo cap!!
