Capítulo 6:
Y parece una novela hasta el tiempo de trabajo
Y es la música deshielo un teléfono llamando
…
Harto, así estaba. Parecía que el verano pasaba lentamente, que cada segundo era una hora y cada suspiro una eternidad. Sólo quería que todo aquello acabara, alejarse de allí y no volver. No hacer nada le estaba volviendo loco. Se apoyó en su escritorio y vio los periódicos viejos acumulados unos encima de otros y El Profeta de esa mañana todavía sin leer.
Suspiró. Todo era tan complicado… Cómo desearía poder viajar en el tiempo, volver unos meses atrás y revivir los momentos más felices que había pasado en Hogwarts. Pero eso no sucedía así como así, no era como mover la varita ligeramente y que te saliera un hechizo bien hecho. No. Se frotó con los dedos por debajo de los cristales de sus gafas. Estaba cansado, tremendamente cansado aunque no hubiera hecho nada. Tanto pensar en Voldemort, en su plan, en los horrocruxes… le había puesto los nervios de punta. Estaba seguro que por ello le debían haber salido unas cuantas canas de regalo.
Sí, era su misión, lo que debía e iba a hacer. Pero lo que menos deseaba. Conseguir su venganza había hecho que perdiera demasiadas cosas por el camino, y estaba arto de perder. Porque el nunca ganaba y si lo hacía enseguida se lo arrebataban o lo acaba él antes para que lo hiciera otro.
Le pegó una patada frustrada a la papelera que tenía al lado, la que una vez fuera de Dudley, y el ruido hizo enloquecer a Hedwig dentro de su jaula. La miró y sonrió. Su compañera había sido su único contacto con el mundo mágico durante los largos veranos que tenía que pasar con los Dursley, siempre trayéndole cartas de Ron, de Hermione, de Sirius… y en aquel momento, cuando más le gustaría usarla, era cuando no podía. Nunca pensó que alguna vez querría usar a Hedwig como vía de comunicación para entregar cartas de amor. Pero después de todo daba igual, nunca la iba a usar para eso.
Se acercó hasta la cama y se desplomó en ella. Los pies se le salían ligeramente del colchón y la almohada no tenía la sábana que la cubría. ¿Qué demonios habría hecho con ella? Tampoco le importó. Terminó de acomodarse y cerró los ojos. Hacía días que no dormía bien y eso le estaba pasando factura. Estaba demasiado cansado. No dormía bien desde antes de la muerte de Dumbledore, desde antes de que todo cambiar.
Desearía volver a esos días en los que era más feliz de lo que desde hacía mucho tiempo podía recordar. Cuando lo que más entorpecía su sueño era saber cómo lograr que Hermione no le regañara por "molestar" a Ginny en sus estudios.
Una pequeña sonrisa se formó en su rostro al recordar esos momentos. En ocasiones no hacía falta un pensadero para recordar con nitidez algunas cosas…
…
- ¿Estás seguro de que a Hermione le ha parecido bien?
Ginny le miraba alzando una ceja y sonriendo de oreja a oreja mientras le abrazaba por los hombros y con una mano le hacía pequeñas caricias en el pelo. Estar así era verdaderamente gratificante, de pie apoyado en aquel árbol, disfrutando del tiempo y de la compañía de su ya no tan estrenada novia.
- La verdad, preferiría que no nombraras a Hermione cuando te beso.
- Qué bobo eres…- Dijo entre risas hundiendo la cabeza en su cuello.- Ahora en serio, ¿No le has dicho nada no?
- Em…
- Harry…- Le miró acusadoramente, pero se estaba divirtiendo.
- Quise hacerlo, tenía toda la atención, pero luego me entretuve…
- ¿Sí? ¿Con qué?
- Contigo.- Sonrió y volvió a besarla lentamente, saboreando los labios de la pelirroja.
- ¿Sabes que luego va a matarme no?- Le dijo cuando se separaron.- En cuanto vea que no aparezco a la hora prevista por la biblioteca sabrá cuál es la razón.
- De verdad que iba a avisarle que luego te iba a "raptar" pero… eran minutos desaprovechados, entiéndeme.
- Para raptar a una persona hace falta llevársela a la fuerza y… ¿a caso as oído que me quejara?- Harry negó con la cabeza tontamente.- Aunque puede que sea mejor que le diga a Hermione que no quise venir… así el sermón te lo da sólo a ti.
- Oh, muy bonito… muy bonito…
Volvió a acercarse a ella para besarla con una sonrisa en los labios. Y es que cada vez que estaba con ella todo era tan fácil, Podía ser él, divertirse, bromear, besarla, decirle cosas un tanto cursis que esperaba nadie las escuchara… y sentirse a gusto, sin vergüenzas. Era mirarla y relajarse, besarla o tocarla y que sus preocupaciones se fueran de su cabeza. No podía culparle Hermione por querer estar con ella a todas horas.
- Creo que la revolución de los gnomos de 1871 podrá esperar un rato ¿no?- Dijo Ginny mirándole sugerentemente.
- No creo que cambie mucho la historia si la lees dentro de 20 minutos…
- ¿Qué tal 30?
Fue Ginny esta vez la que volvió a ponerse de puntillas y acercar sus labios a los suyos para besarlo. Y no le importaba. Después de haber visto cómo se comportaban Ron y Lavender durante el curso, juró que nunca iba a ser tan baboso como ellos. Y en el verano en La Madriguera, siempre pensó que el nunca sería tan cursi y pegajoso como Bill y Fleur. Pero ahora que esa pelirroja era suya… no podía evitar querer estar con ella las veinticuatro horas del día. Definitivamente el amor atontaba a las personas…
- Además, yo podía ayudarte a estudiar… No es Hermione la única persona que conoces que cursa un año más avanzado que tú.
- Sí, ya… respecto a eso…
- ¿Qué? ¿No te fías de mis dotes como profesor?
- No, de lo que no me fío es de tus conocimientos.- Harry la miró sin entender.- Admite que historia de la magia no es tu punto fuerte.
- Puede que tengas razón… Quizá no sea la mejor idea si quieres aprobar.
- De todos modos gracias por el ofrecimiento, lo tendré en cuenta…
- ¿Para qué?
- Bueno…- Ginny se pegó más a él y empezó a hacerle circulitos con el dedo en el pecho, por encima de la camisa del colegio.- Puedes enseñarme otras cosas… y no me refiero a asignaturas del colegio precisamente…
Harry se puso rojo ante la sugerencia, pero no le importó al notar que las mejillas de Ginny también se habían vuelto ligeramente coloradas y no le miraba a los ojos por la vergüenza al pronunciar aquellas palabras. Llevaban tres semanas saliendo y habían aprendido a besarse de la mayoría de formas posibles. Conocía la boca de Ginny tan bien que casi parecía suya.
- Y… ¿qué clase de cosas puedo enseñarte yo?
La estrechó más entre sus brazos, rodeando más fuerte su cintura, para que supiera que, a pesar de que estaba nervioso, estaba dispuesto a hacer lo que quisiera. Ginny se encogió de hombros y se atrevió a mirarle, todavía un poco avergonzada.
- Tú te has ofrecido a ser el profesor, tú decides.
- ¿Ya tienes tiempo para hacerme un hueco entre revolución y revolución de los gnomos?
- Bueno… puede que te conceda 45 minutos…
Harry sonrió al ver como su novia subía el tiempo de descanso de sus estudios para estar con él. Definitivamente iba a enseñarle un par de cosas.
- Creo que será mejor una hora.
Ginny le miró divertida y se acercó a besarle de nuevo, esta vez sin intención de separarse en un largo rato. ¿Qué más daban los gnomos cuando Harry Potter te estaba besando?
Entonces escuchó el ruido de un teléfono que… un momento, los magos no utilizan teléfonos…
…
Abrió los ojos y se encontró con el blanco techo de su cuarto en Privet Drive, con los pies todavía fuera de la cama, Hedwig armando escándalo y el sonido del teléfono retumbando en sus oídos. Podía tener recuerdostan vividos como ese, pero definitivamente un pensadero donde poder revivirlos era mucho más útil…
