Para que no os liéis, os pongo el nombre del user que ha escrito cada trozo y el nombre de su pj, cada parte está narrada en primera persona desde la perspectiva del personaje en cuestión, lo que ayuda a meterse en cada uno de los personajes durante la lectura. Voy a postear la introducción y una ronda completa, por lo que intervendrá tanto el narrador como todos los personajes. Esta ronda es más que nada introductoria, donde se darán a conocer a los personajes, su entorno, etc. Como aquí no se pueden poner enlaces, no puedo postear imágenes de algunas escenas ni música aconsejada por el autor del texto para ambientar algunas partes, aunque todo esto está en los textos originales del foro. Espero que disfrutéis leyendo esto tanto como nosotros hemos disfrutado escribiendo ^^.


Parte 1: Night Broken Pact

User: Diosmaka

Narrador

La noche era todo lo que la envolvía, sin ninguna estrella en el cielo oscuro. Lo único que la rodeaba eran las pocas farolas que había en la estrecha calle… y ese extraño cantar que provenía de todas direcciones. – "Hijo de hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en belleza". – Las lágrimas brotaron de sus ojos mostrando la desesperación de la chica, sin entender que pasaba, mientras la misteriosa voz continuaba su rezo – "En Edén estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que llevabas, aderezados desde el día de tu creación."

De repente, las farolas comenzaron a apagarse a su paso, mientras continuaba huyendo, desesperada, de la extraña presencia que notó nada más salir de la estación de Saitama.

La voz no cesaba, esta vez con tono de ira – "Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en tu conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego." - Las luces seguían extinguiéndose a medida que corría, cada vez más aterrada. Al girar una esquina perdió un zapato, aunque no pareció darse cuenta, solo quería escapar de esa situación.

La voz del misterioso orador se calmó, ahora parecía alegre – "Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban." – La joven por fin pudo vislumbrar una figura al final de la calle, bajo una farola.
De golpe, el miedo se esfumó, al fin encontró ayuda. Siguió corriendo hasta que se tropezó y cayó a escasos metros de su supuesto salvador. Pudo ver a un hombre joven, bien vestido con un traje claro. El cabello corto de color platino y las gafas que llevaba le daban aire intelectual. El hombre sostenía un libro negro mientras lo leía en voz alta. La felicidad que sentía se esfumó de repente al darse cuenta que la voz que escuchaba en su cabeza pertenecía a ese hombre.

Mientras intentaba huir de nuevo, el joven prosiguió con su lectura, ignorando la situación de la mujer – "Todos los pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y has desaparecido para siempre."

Con un golpe seco cerró el libro, donde se podía leer "Biblia". La chica, aún en el suelo, temblaba a la vez que, poco a poco, alzaba la vista, viendo como el misterioso sujeto la miraba con una sonrisa sádica en los labios.

- ¿Sabes? Todas estas palabras son totalmente injustas, todas falsas. Esa panda de beatos y aduladores de ahí arriba solo saben que lamerle su gordo culo de mandamás. – el libro ardió de golpe mientras el chico comenzó a acercarse a la aterrorizada joven – Aunque es posible que la culpa sea compartida, así que les pondré a todos en jaque y veremos de que están hechos.

Su mirada cambió, ahora irradiaba ira, maldad, algo que hizo que la mujer gritara de horror. El grito retumbó en todo el vecindario, pero no pareció oírlo nadie, más bien no parecía haber nadie en el barrio.

El misterioso personaje se alejaba seguido de una sombra apenas humana, la cual se relamía, al parecer por algún bocado que acababa de probar.

- Tranquilo chico, cuando llegue la "Luna de Sangre" podréis comer lo que queráis – dijo mientras se quitaba las gafas – Hasta puede que convirtamos este mundo en un buffet libre.

En otro lugar de Japón, una figura se alzaba en lo alto de la Torre de Tokyo envuelta en un manto negro, más negro incluso que la noche que envolvía la ciudad que se extendía bajo sus pies. Parecía observar la Luna, dubitativo y ausente, como si algo en ella estuviera mal. Finalmente, agachó la cabeza mirando las luces de la ciudad de Tokyo.

- Tengo de dejar de preocuparme por nada. – después de unos segundos en silencio siguió hablando consigo mismo - Mejor me pongo al tajo.
Y dando un paso al frente se precipitó al vacío, desapareciendo entre los claroscuros de aquella enorme metrópolis.


User: Kyo

Personaje: Kaito

Los callejones oscuros, el tic-tac del reloj, los susurros entre las sombras, los luminosos ojos de los gatos vagabundos, el sonido de los vehículos que congestionaban las calles, las personas que caminaban despreocupadas por la ciudad, las luces que nunca se apagaban, el olor de la gran ciudad, el aire que golpea la cara, todo eso se percibía desde esta vieja cornisa. La familiaridad de todo aquello me reactiva, es el hábitat al cual estoy acostumbrado, en donde mis sentidos se agudizan, mi mente se expande y donde puedo sentir ese vago sentimiento de seguridad. Aquí es donde pertenezco, siempre me embarga esa emoción cuando estoy en una misión.

- ¡Hey! Mira, ya somos famosos. Nos dedican una portada. – dijo uno de los chicos a mis espaldas. Kintama Keigo, pelo desordenado y rizado, con unos ojos marrones y vivos, efusivo e inexperto, un novato. Pero se percibe cierto potencial, además que tiene una gran actitud, siempre feliz. Somos un poco más felices desde que se unió a la banda.

- Serás pendejo, estamos de encubierto y tú gritando como perra en celo. – contestó el muchacho que se sentaba a su lado. Yoshida Masaru es su nombre. Veterano dentro del grupo, su actitud es igual para todos, excepto para los más antiguos que él. Calvo y con varias cicatrices en su cuerpo, sus ojos de color verde parecen de serpiente, fríos y con la capacidad de atravesarte el alma.

- Pero mira, estamos en varios periódicos después de lo que pasó ayer. Nunca pensé que nuestra popularidad subiría tanto. – insistía Kintama, intentando que el otro leyera.

- ¡Está bien! Sólo deja de joder por un momento, niñato. – de mala gana, Yoshida comenzó a leer en voz alta. – "Los Cuervos atacan de nuevo"
- Bonito título. – comenté

- "Una de las más recientes olas de crimen que han ocurrido en la ciudad de Tokio se debe a la misteriosa banda "Silent Crow" que han operado con total libertad desde hace 2 años. A pesar de los esfuerzos de la policía japonesa para atrapar a estos criminales, el seudónimo de estos maleantes les cae como anillo al dedo, debido a lo silencioso de sus golpes. "Parece que se esfumaran en el aire", dicen la mayoría de los afectados.

Pero el Gobierno intenta tapar estos hechos diciendo que "no debemos caer en pánico por un simple mito urbano". Pero los "Cuervos" han demostrado ser más que una invención de la imaginación colectiva, ridiculizando en múltiples ocasiones a las autoridades que se atreven a desafiarlos. Estos rebeldes han influido a otros grupos que intentan repetir el estilo de sus héroes, incluso algunos más osados dicen pertenecer a la banda, aunque después de ser arrestados lo han desmentido.
Uno de sus últimos golpes fue hacia uno de los profesores del Instituto Tachibana. El maestro se encontraba en un hotel en el momento en que estos malhechores irrumpieron de alguna forma en el dormitorio y lo inmovilizaron con las sábanas de su cama. Los policías irrumpieron en la habitación, ya que una llamada anónima que se realizó dentro del edificio informaba que miembros de "Silent Crow" habían sido avistados en las instalaciones, precisamente en la habitación donde se ubicaba este profesor. La sorpresa de la fuerza policial fue que entro de la habitación, en vez de encontrar a los criminales, encontraron al profesor maniatado y fotos que inculpaban al profesor de tener relaciones sexuales con algunas de sus estudiantes, por lo cual fue arrestado en el momento en que fue encontrado.

Esto nos deja con la interrogante, ¿es realmente esta banda perjudicial para el bienestar de los japoneses? Gracias a la acción de estos pseudo-criminales, se han resuelto muchos casos que habían tenido que cerrarse por falta de evidencia. ¿Son unos criminales que deben ser aprehendidos o unos Robin Hood modernos?".

- ¡Somos héroes! – exclamó Kintama, una vez que Yoshida terminó de leer.

- No seas ridículo, niñato. – lo reprendió Masaru.

- Pero ¿por qué? Hacemos acciones buenas, el mismo periodista lo reconoce

- No confundas las cosas, Keigo-kun. – interrumpí, antes de que pudiese hablar Yoshida. – No somos héroes, no tenemos la intención de serlos. Simplemente nos ganamos la vida, sobrevivimos. Algunos lo pueden aprobar, muchos no, pero eso no quita que seamos criminales. Bájate de la nube y acéptalo, así es como vivimos en Silent Crow.

- Lo sé, Kaito. No tienes que repetírmelo. – dijo Keigo, ofuscado. – Todos los días el mismo sermón…

- Y te lo seguiré diciendo hasta que lo aprendas. Ahora todos callados, acabamos de encontrar a nuestra víctima. – dije.

Se veía caminando a lo lejos, por la calle frente a la cornisa, un hombre de traje oscuro que caminaba nervioso, mirando a todos lados de vez en cuando. Una joven lo acompañaba, vestida sensualmente. Ambos se adentraron en una pequeña tienda abandonada. Esa era la señal.

- Vamos, tenemos que actuar rápido.

Todos descendimos rápidamente, y nos dirigimos con cautela al lugar designado. A pesar de toda la gente que pasaba por el lugar, nadie se percató de nuestra presencia, ni de cómo nos escabullíamos dentro del local. Dentro estaba el hombre del traje, ya sin traje, y con la lujuria impregnada en sus ojos

- ¿Qué?, – exclamó el alterado sujeto, sorprendido el momento menos oportuno - ¿quiénes son ustedes?

- Eso no necesita saberlo, Koizumi-san. – dijo un Keigo, completamente serio. Por eso lo elegí como ayudante, tiene esa capacidad de adaptarse a cualquier tipo de circunstancia a una velocidad impresionante.

- Tiene algo que nosotros necesitamos, y se lo venimos a pedir amablemente – dijo Yoshida, con su típica actitud prepotente.

- N-no sé de qué hablan, no tengo n-nada de valor. Además que interrumpen-n así en un recinto p-privado… - tartamudeó el asustado Koizumi.

- No tienes porque mentir – dijo la chica a su lado. – Toma Kaito, aquí está lo que quieres.

- Gracias, Hikari-chan. Ahora tenemos que volver, sino las cosas se complicarán demasiado. – dije, mientras nos alejábamos dejando anonadado al pobre Koizumi, con unos cuantos Yenes menos, y sin poder saciar sus deseos.

Nos alejamos rápidamente del lugar, atravesando la calle con cautela y escondiéndonos en uno de los callejones. Hikari nos seguía, con su largo cabello azabache al viento.

- Hiciste un trabajo magnífico, Hikari-chan, te ves muy sexy con ese traje. – Asano Hikari, también pertenece a mi equipo. Una sensual chica, con unos ojos tan negros como su cabello. Sus rasgos son casi los del estereotipo japonés, y se molesta cuando se lo hacen notar. Su traje apretado la hace lucir realmente erótica.

- Idiota… - a pesar de eso, se sonrojó.

- ¿Aún no estás de servicio? Porque te pagaría para que… - la frase de Keigo quedó en el aire, ya que a base de golpes Hikari-chan no dejó que la terminara. El resto del camino, Yoshida tuvo que llevárselo al hombro.

- Al parecer llegamos a tiempo. – dije, asombrado.

Al frente sólo había una vieja fábrica que no parecía tener nada de especial. La poca iluminación de la zona no permite apreciar por completo el lugar, aún así se puede percibir el río Arakawa iluminado por las luces del puente. Es un lugar tranquilo, dentro de lo que podemos considerar tranquilo en el mundo del crimen, aunque de noche es una verdadera trampa mortal. Antes de poder acercarme más, unos pasos resonaron en las proximidades, y por reflejos todos nos escondimos entre las sombras y algunos tarros de basura.

- ¡Qué basurero! Me impresiona que tengamos deudas con estos mocosos que casi viven en la mierda. – tronó una voz. Se escucharon unas risas que acompañaron la oración. - ¿Dónde está el jefe de este vertedero?

- Me impresiona que el mismísimo Tarô haya bajado hasta este basurero. Eso quiere decir que ha subido el nivel de la basura o que el "Loto Negro" se ha vuelto cada vez más inútil.

En la zona iluminada se pudo ver al que hablaba, Toshiba Kaoru, uno de los 3 líderes de "Silent Crow", el más problemático de nosotros. Irrespetuoso con todo aquel que tenga un gramo de autoridad y un pervertido que persigue todo lo que posea sombra. De mediana estatura, pero bastante fornido y con una cabellera roja y alborotada. Normalmente vestía, como en esta ocasión, unos pantalones de camuflaje y una camiseta sin mangas. Por el arte marcial que Zillah le enseñó, el atuendo es el más adecuado.

- Veo que trajiste a tus dos amantes para hacer el trato. – dijo, señalando a los dos mastodontes que protegían a Tarô.

- La fama te precede, basura. Es mejor venir preparado, para no caer en una de tus trampas. Pero eso son pequeños detalles, lo importante es si tienes el disco o no.

- Es curioso que lo preguntes, porque la información que nos diste nos llevó a una trampa de la que casi no escapamos, ¿era necesario todo eso?

- Así que no lo tienen… - Tarô sonrió maliciosamente, su plan había salido perfectamente. Lo que él no sabe es que nuestro plan también marcha a la perfección. – Creo que tendré que avisar al jefe, "los Cuervos le han fallado". Incluso puedo ver su futuro, sus restos esparcidos por todo este vertedero mientras los verdaderos cuervos se comen sus restos.

- ¿Quién dijo que no tenía el disco? – rió Kaoru. El celular del yakuza quedó a medio camino, pero sobrepasó el shock rápido.

- ¿Ah sí? Me gustaría creerte, pero debe ser otro de tus famosos engaños.

- No lo es. – lo interrumpí. Me acerqué a la zona iluminada, donde estaba Kaoru.

-¡Hasta que llegaste! Ya creí que me abandonarías, amigo… - con un puñetazo, callé a ese bocazas.

- ¡Que mierda crees que estás haciendo! ¡Por qué siempre complicas las cosas! ¡¿Acaso no tienes cerebro, maldito imbécil?

- ¡Y tú porque me pegas, idiota! ¡Deberías ser un buen amigo y ayudarme, puto!

- ¡Y una mierda! Siempre jodes todo, no puedes pedir que siempre te estemos ayudando. ¡Y deja de llamarme amigo! ¡No soy tu amigo, pedazo de mierda!

- ¡Cállense los dos! Parecen unos niños pequeños, no entiendo cómo pueden comportarse así frente a un cliente. – esa voz conocida, siempre terminaba las peleas con Kaoru. Ya me las pagará, ese cabrón.

- Tachibana-chan – Kaoru corrió hacia ella. Tachibana Reiko, la otra líder de "Silent Crow". Su larga cabellera rubia llegaba hasta sus rodillas, sus ojos verdes perforan tu cerebro, su rostro dulce te enceguece y su seductor cuerpo voluptuoso te calienta. Pero, dentro de esa apariencia, yace un demonio dispuesto a destrozarte hasta que no queden más que los recuerdos de tus cenizas. Además de poseer una inteligencia sin igual, es una de las personas más peligrosas con las que jamás me he encontrado. Kaoru estaba obsesionado con ella. Bueno, sinceramente a mí también me gusta Tachibana.

- Toshiba-kun, eres un idiota. – dijo y lo pateó en el estómago. El pobre Kaoru quedó retorciéndose de dolor en el suelo. Las patadas de Tachibana son extremadamente fuertes. – Disculpe el espectáculo, Tarô-dono. Kaito-kun tiene el disco en su poder, ahora creo que podemos hacer el trato que habíamos propuesto en un comienzo.

Perplejos por el momento, los yakuza no habían hecho movimiento alguno, pero repentinamente Tarô comenzó a reír estrepitosamente. Sus guardaespaldas no saben qué hacer, se nota en su expresión que le tienen miedo al protegido.

- En un principio esperaba que el "Loto Negro" los matara, pero ahora que tengo a los tres líderes de los Cuervos, no puedo aguantar la tentación. No puedo aceptar el trato, Tachibana-chan, aunque quizás tú puedas tener un buen uso como esclava sexual. Takai, Nakai, maten a todos menos a la chica.

- Este fue tu primer error, Tarô – exclamó Reiko.

En ese momento corrí hacia el oponente que tenía más cerca. Antes de que pudiera apuntarme, le arrojé una piedra que había recogido antes. Le acerté en la cabeza, lo cual me produjo el tiempo suficiente como para acercarme. A esa distancia le propiné un codazo al plexo solar, seguido de un codazo a la mandíbula, luego le tomé la cabeza y la golpeé con un rodillazo. El matón cayó al suelo de inmediato, con la respiración agitada y la boca sangrando.

Al otro lado, Kaoru se regodeaba de su oponente vencido, era una mala costumbre que la tiene desde que lo conozco. Al parecer le rompió el brazo al pobre Nakai, ¿o era Takai?, por los alaridos que profería este.

- No nos asustan unas pequeñas armas de juguetes, Tarô. – dijo Tachibana, mientras se acerca al pobre condenado. Está perdido, ahora es cuando sentirás lo que es miedo - Sabíamos que el "Loto Negro" te expulsó hace unos meses, por nuestra causa. Sabíamos que querías venganza y que tu misión era una trampa. Aún así, idiota prepotente, quisiste engañarnos y matarnos. Ahora sabrás que es lo que pasas cuando juegas con cuervos, maldito arrogante.

Mientras Tachibana hablaba, los miembros de "Silent Crow" comenzaron a rodear a los derrotados. Sólo se escuchaban plegarias mientras los chicos se llevaban a los tres a la fábrica abandonada. Cruel destino para el yakuza caído.

- ¿Y para qué quieres el disco, Tachibana-chan? – preguntó Kaoru

- Podemos ganar unos puntos extra con los mafiosos si le damos esto. Según escuché, tiene información muy valiosa. Además, no mandaría a Kaito-kun a una misión sin sentido, ¿verdad? – me guiñó un ojo, maliciosamente

- Tienes suerte, Kaito. Deberías aprovecharla, como yo – dijo Kaoru, mientras manoseaba notoriamente a Tachibana.

- Maldito…degenerado… - Tachibana derribó a Kaoru y comenzó a patearlo en el suelo, con tanta violencia que la sangre comenzó a teñir el suelo.

- T-Tachibana…ya basta… - dije

-No me digas así, Kaito-kun. Dime Reiko. – mis mejillas comenzaron a arder, no podía soportar que Tachibana fuese tan amable.

-Tachibana, R-R-Reiko, me da igual…toma el disco, yo me marcho. – me di vuelta y comencé a irme.

- ¿Nos ayudarás en la próxima misión? – exclamó Reiko.

- Ni lo sueñes, no me vuelvan a llamar. Yo hago lo que se me da la gana, ustedes no me dan órdenes. ¡Hikari, Masaru, Keigo, nos largamos de este basurero!

- Volverás, Kaito-kun. Después de todo, esta es tu familia.

-Tsk… - sin verla me alejé por la misma calle por la que habíamos entrado. Mis mejillas aún ardían, y podía escuchar las risas mudas de mis compañeros. Mientras nos alejamos sólo se pueden escuchar las súplicas de un Kaoru moribundo, que al parecer sigue siendo torturado por Tachiba…por Reiko.

- "En fin" – pensé – "esta es mi disfuncional familia, después de todo".


User: Gettsuya

Personaje: Getsuya Seichiro

Me desperté sin ganas, como siempre, pensando en lo bien que se estaría unas horas más acostado, y más sabiendo que debía ir al instituto. Sin embargo, para mi sorpresa, al levantarme fue diferente, no sabía por qué, pero me embargó un optimismo y una energía absurdamente abundante.

-¡Osu! Hoy será un día divertido, lo intuyo.

Con esta incoherente felicidad me levanté del futón, me vestí con mi típico traje, puesto que en el instituto el uso de uniforme no era obligatorio, y abrí la puerta corrediza de madera, para ver el gran jardín que poseía el dojo. El viento me saludó, era una agradable sensación, aunque los gritos de Sato mientras golpeaba con puñetazos y patadas un tronco clavado en el suelo rodeado de cuerdas, me estropearon el momento.

-¿Tan temprano y ya molestando, Sato-kun?

Él me ignoro y siguió golpeando aquel trozo de madera, que cada vez estaba más desmejorado. Todo lo contrario de lo que parecía él, que si ya de por sí era grande, los músculos hinchados de sangre por el esfuerzo, lo hacían aun mayor.

-Tan frio como siempre –dije ante su indiferencia a mi comentario- en fin, será mejor que te duches o llegarás tarde al instituto, aunque te lo puedes permitir, los castigos de tu padre no son como los del mío. De todos modos, por mucho que entrenes no podrás…

Su mirada asesina interrumpió mi frase. Sonreí. Seichiro Sato, artista marcial con talento que trabajaba duro, incesantemente, además de mi primo y mi principal competidor ante el puesto de jefe de clan. Teníamos una fuerte competitividad, al menos por mi parte, por la suya no estaba tan seguro.

-Preocúpate de tus asuntos y de tu entrenamiento, últimamente no has hecho nada, no me gustaría ganarte tan fácilmente cuando tengamos que enfrentarnos, Getsuya-kun –sí, definitivamente él también la sentía.

Tenía razón, últimamente casi no había entrenado, me sentía raro cuando lo hacía, y sentía que algo extraño pasaría si me esforzaba demasiado, era una sensación… indescriptible.
Volvió a golpear el tronco, produciéndose el ya familiar sonido atronador de sus puños. Realmente era fuerte y además veloz, sin embargo en técnica y reflejos, aun teniendo buenos niveles de estos también, flojeaba más, justo al contrario que yo.

-¿Fácilmente? No creas que… -pero de nuevo, fui interrumpido, esta vez por la puerta corrediza de la habitación de mi padre, que comenzaba a abrirse- mierda, ya debería estar desayunando…

Con una sonrisa desafiante me despedí de él y, corriendo tanto como pude, intenté llegar a la puerta del comedor, donde me esperaba el desayuno desde hacía varios minutos, sin embargo, una persona de prominente estatura apareció de la nada y se colocó ante ella.

-Maldita sea… -susurré-.
-Buenos días.
-Buenos días otou-sama.
-Por la hora que es, supongo que ya habrás desayunado, ¿no?
-C-claro… -respondí, mientras mi barriga se quejaba de la mentira.
-Bien, entonces ve a tu cuarto a coger tus cosas y vete al instituto –dijo mientras, entrando en la sala, cerraba la puerta, desapareciendo de mi vista.
-Lo volvió a hacer, otra vez sin desayuno…-susurré mientras mi mano se iba instintivamente a mi hambriento estómago.

Resignado, volví a mi habitación, cogí la maleta y me marché en dirección al instituto. Al salir me asomé al jardín, seguía entrenando, ahora haciendo flexiones, ¿no pensaba ir de nuevo? Acto seguido, como en respuesta a mi pregunta, su padre y sensei lo vio y empezó a echarle una reprimenda, obligándole a ir al instituto, sin embargo yo sabía que no iría y se quedaría en el primer lugar adecuado que encontrase, para volver a entrenar.

-Yo querría hacer lo mismo. Argh, maldita conciencia…

Finalmente salí, sin ganas, en dirección al lugar donde más se pierde el tiempo, coloquialmente llamado Instituto Kotogawa. Estaba algo lejos, a unos cinco kilómetros, al menos por el camino normal, pero era el más cercano que tenía.

-Getsuya-senseeeeeei –gritó un chico a lo lejos-.

Era Kechiro Seiro, alguien que iba a mi misma escuela y que vivía cerca del dojo. Era un buen chico, dos años menor que yo, lo había conocido este año y se había unido recientemente al dojo como discípulo.

-Ya te dije que no soy tu maestro, así que no me llames sensei, ese cargo le pertenece a Koeguri.
-Bueno, pero tú fuiste quien me inició en las artes marciales y quien intercedió para que pudiera entrar en el dojo, así que en cierto modo sí eres mi sensei.

Eso era cierto, sólo personas extremadamente talentosas podían entrar en el dojo, a menos que tuviera recomendación de algún miembro de los Seichiro, en cuyo caso se le daría una oportunidad al recomendado, trayendo una gran deshonra al recomendador si esa persona no cumplía las expectativas. Yo confiaba en él, había visto que tenía reflejos, buenos instintos (aunque él todavía no lo supiera) y lo más importante, constancia en el entrenamiento, no creo que me fuera a defraudar.

-Bueno, y dime, ¿avanzaste?

Un suspiro salió desde lo más profundo de su ser. Reí.

-No te preocupes, es normal, llevas poco tiempo, recuerda mis advertencias, nada iba a ser fácil, más bien todo lo contrario.
-Y no me rendiré, Getsuya-sensei, entré en el gran dojo Seichiro, trabajaré lo que haga falta para encontrar mi técnica.

Una pasión sin igual brillaba en sus ojos, eran unos buenos ojos, quizás yo fuera joven, pero no iba a dejar escapar a alguien como él por no arriesgarme a recomendarlo, pese a las molestas opiniones de la mayoría de miembros de la numerosa familia Seichiro. Ya tenía 18 años y tal y como dictaban las leyes del dojo, estaba en mi pleno derecho de hacerlo, aunque para sus ojos fuera demasiado joven. Él era un joven interesante, ¿qué tipo de técnica finalmente usaría? Aunque realmente no tenía sentido preguntarlo, puesto que sería una nueva, que aun pudiendo tener características de otras, tendría multitud de diferencias. Aquello era lo que diferenciaba al dojo Seichiro del resto, en este, no se enseñaban artes marciales, ayudaban a que los artistas marciales elaborar su propio estilo, afín a su modo de lucha, y le ayudaban a perfeccionarlo. Aquella era una de las razones por la que nuestro dojo era uno de los más famosos de todo Japón. Estuvimos hablando un poco más por el camino, hasta que llegamos a la parada de autobús.

-Bueno Seiro-san, es el momento de separarnos, nos vemos allí –dije mientras, con agilidad felina, me subía unas rejas y me quedaba encima de estas, buscando otro lugar en el que agarrarme.
-Algún día me tienes que enseñar los atajos que coges –dijo sonriendo.
-Todavía tienes que mejorar mucho para seguir mi ritmo –le respondí mientras, de un salto, lo dejaba atrás.

Cornisas, estrechas paredes, postes, usaba todo lo que podía para atajar camino, siendo también un excelente aunque corto entrenamiento. Un cuarto de hora después, estaba frente al instituto, sudando levemente y con esa extraña sensación que sentía desde hacía poco al esforzarme.

-Qué extraño, nunca me había sentido así, quizás deba contárselo a otou-sama.
-¿Nunca te va a ganar el autobús? –Preguntó una voz a mi espalda, era Seiro, que acababa de llegar.
-Espero que no, si lo hace es mala señal –respondí sonriendo.

Él rió y ambos entramos. Odiaba entrar, significaba seis horas de aburrimiento que a menudo parecían semanas. Y si me ponía a pensar en que Sato estaba entrenando justo en esos instantes, mi interior se revolvía aun más. Últimamente notaba que la diferencia entre ambos se había hecho más grande, aunque no lo quisiera admitir. Pasara lo que pasara, debía entrenar duramente esta misma tarde, no podía dejar que se alejara más de mí. Aunque, aun pensando eso, no sabía si esa sensación me permitiría entrenar sin limitaciones.

-¡Getsuya-kun! –Grito el profesor a mi lado.

Yo me sobresalté, estaba tan sumido en mis pensamientos que no me percaté de su presencia.

-De nuevo le digo que lea el texto de la página en la que nos encontramos.
-S-si claro –dije algo avergonzado, y comencé a leer.

Las tres primeras horas pasaron sin más incidentes. Cuando tocó la sirena para ir al recreo, mi cara se alegró un poco y bajé al patio. Hoy el sol era gratamente brillante, así que me tumbé en un trozo de césped a disfrutar de él. Poco después de hacerlo, una sombra se interpuso entre el Sol y yo, molestándome bastante, ciertamente.

-Te agradecería que te echaras a un lado, seas quien seas –dije sin abrir los ojos.
-¿Tu nombre es Getsuya? –dijo una voz grave.
-Sí, ¿quién lo pregunta?

En ese momento giré la cabeza hacia un lado, aun con los ojos cerrados, esquivando un puñetazo que casi impacta en mi cara. Al parecer eran dos, puesto que otro puñetazo de menor intensidad intentó darme, sin éxito, justo después.

-Se estaba bastante bien hasta que llegasteis –dije levantándome, abriendo los ojos y desperezándome.
-¡Bastardo arrogante! –dijo intentando golpearme de nuevo.

Lo volví a esquivar, era demasiado fácil. No me había equivocado, eran dos, y si mi memoria no me fallaba, no debían ser de este instituto.

-Sería un deshonor usar las artes marciales contra vosotros, creo que vosotros mismos os bastaréis para venceros.

Ellos gruñeron e intentaron seguir dándome. Yo, a través de fintas y ágiles movimientos los fui esquivando, hasta que vi el momento ideal y, realizando un sencillo movimiento, conseguí que ambos se dieran un puñetazo simultáneamente, cayendo al suelo al instante.

-Bueno y ahora, ¿me podéis explicar a qué viene esto?

Uno de ellos me interrumpió al levantarse y propinarme un puñetazo, o al menos al intentarlo, puesto que lo esquivé, golpeándose el puño contra un árbol y soltando un leve grito de dolor.

-Será mejor que lo dejéis, nunca conseguiréis darme.

Ellos me miraron, sin acercárseme, con una sonrisa en los labios. En ese momento sentí un peligro abrumador, lo que me permitió agacharme un segundo antes de que un bestial golpe pasara silbando por encima de mí.

-¿Qué os creéis que estáis haciendo? ¡Os dije que cuando lo encontrarais me avisarais, no que pelearais contra él! –Gritó el recién llegado.
-Lo vuelvo a decir, ¿a qué viene esto? ¿No sois de aquí verdad?

Me fijé en él, era bastante alto y se le veía fuerte, practicaba ejercicio a menudo, aunque lo que más destacaba en él era el bate de béisbol con el que intuía que me había intentado dar y su melena roja. Detrás de él, vi a otras dos personas que tampoco reconocí y, junto a estas, por fin, a caras conocidas, las caras de la banda del instituto a la que derroté unos días atrás. Ahora todo parecía cobrar algo más de sentido…

-What the fuck? Si sólo es un enclenque, ¿acaso tengo que venir a limpiaros el terreno? Os falta todavía mucho para llegar a ser una verdadera banda –dijo el recién llegado, apuntándome con el bate de béisbol mientras miraba hacia atrás, claramente dirigiéndose a las únicas caras que reconocía por allí.
-¿Enclenque? Tienes valor, desconocido-kun –odiaba que me infravalorasen.
-Hey, hey, acabemos con esto rápido, me he enfrentado a miles de charlatanes, no será difícil.

Eso me cabreó más, pero tenía que contenerme, no debía usar las enseñanzas del dojo tan a la ligera. El me embistió con su arma por delante. Era ágil y fuerte, algo que me sorprendió un poco, pero también era impreciso y predecible, ¿realmente quería ganar así? Luchando así no le daría ni a un elefante cojo.

-Aburrido –dije tras unas cuantas embestidas- ya medí tu fuerza. Cinco toques y estarás en el suelo –dije abriendo mi mano y enseñándole la palma- ahora ven a por mí si te atreves.

No usaría las artes marciales del dojo, sólo un combo básico que aprendí por mi cuenta y que en sentido estricto casi no entra dentro de estas. Él, predeciblemente, vino de nuevo. Yo di un ágil paso hacia la derecha y le lancé un puñetazo al costado derecho.

-First hit –susurré.

Se giró donde estaba, aun resentido por el golpe, y lanzó un gran golpe con su bate, tan amplio y potente como fácil de esquivar.

-Second hit –dije al acertarle en el costado izquierdo.
-¡Third hit! –Grité, al impactarle al instante otro golpe en la boca del estómago, no cayendo todavía, tal y como predije.

Él me lanzó una mirada asesina mientras, un golpe inesperadamente rápido, me pasaba rozando. ¿Qué había sido aquello? Eso me descolocó, pero no importaba, todo acabaría ya.

-¡Fourth hit! –Grité, golpeando de nuevo su estómago.

Ahora su cuerpo se había flexionado debido al dolor, dejando mi objetivo, su cabeza, a una distancia idónea. Me decepcioné, creía que iba a ser algo más divertido

-Terminemos, ¡final hit! –Grité.

Y en ese momento, recibí un fuerte impacto en la cara, haciendo volar mi cabeza hacia atrás. ¿Qué había ocurrido? No era yo el que debería estar dolorido. Me mareé un poco a causa del golpe, ¿qué había pasado? Aquello había sido… inesperado. Había perdido levemente el equilibrio y ahora me encontraba con la espalda apoyada en un árbol. Aquel golpe no había sido ni con el bate, había sido un puñetazo.

-Maldita sea… me tuve que poner en serio –se quejó, adoptando una pose algo extraña y tirando su bate al suelo.

Aun atónito y aturdido por la potencia del golpe, intenté reconocer su posición, aquello era… ¡boxeo! Subí mi guardia, todavía algo mareado, mientras lo observaba a mi oponente. Parecía alguien completamente diferente. ¿Realmente era él a quien me había estado enfrentando segundos antes? Sin perder un segundo, vino y me lanzó un golpe que me acertó en la boca del estómago. ¿Qué era aquella velocidad? Técnica, precisión, fuerza, velocidad, todo había aumentado respecto a antes. Sonreí, no era el único que se había estado conteniendo. Lejos de sentir dolor o desasosiego, me emocioné, no había fallado al levantarme, hoy iba a ser un día realmente divertido. Lo siento, otou-sama, pero no voy a poder vencer a este tipo sin usar artes marciales.

-Bien, veo que eres bueno, ¿cómo te llamas, boxeador-kun?

Él me miró con desprecio, aunque luego pareció cambiar su expresión al verme adoptar una extraña postura, que expresaba mi determinación de luchar en serio. Parecía que también se había dado cuenta de que no era tan débil.

-Lavi Terry, también conocido como el Ogro Rojo, líder de los Black Dogs y amigo de quienes golpeaste.
-Pues espero, Terry-kun, que disfrutes de esta pelea tanto como yo –dije, aprovechando la pequeña charla para recuperarme del aturdimiento que había sufrido por el último golpe, y tomando la iniciativa.

Comencé a atacarle al cuerpo, sin embargo, era ágil esquivando, luego seguí con una serie de patadas bajas que intentaron desequilibrarlo, pero tampoco funcionó, tenía un buen juego de piernas. Él por su parte no se quedó a la defensiva, lanzando una par de golpes rápidos que pasaron rozando por mi rostro. Eran rápidos y afilados. Los escalofríos comenzaron a recorrer mi cuerpo aumentando a cada uno que me lanzaba, me encantaba, adoraba esta sensación. Una emoción sin igual me embargó, pero debía tener paciencia, tenía que analizarlo, saber cómo atacaba ya que ya había comprobado cómo se defendía, por lo que ahora me tocaba a mí evadir. La emoción y la adrenalina siguieron subiendo y no pude aguantar más, desvié un golpe suyo que se dirigía a mi cara y fui por su costado, mientras él con un rápido juego de pies se retiraba.
Estaba jadeando, mientras el sudor corría por mi frente. Sentía algo extraño, esa sensación que me había estado molestando durante todo este tiempo y algo me dijo que debería parar. Sin embargo, una nueva acometida suya me hizo concentrarme en la pelea, haciendo que un entusiasmo sin igual supliera a esa molesta sensación. Golpes que pasaban rozando por mi cara, patadas que cortaban el aire a su paso, intentando encontrar unas rodillas que dañar y miles de opciones que tomar en cada segundo, me encantaba aquello, esfuerzo, lucha, superación, todo eso y más significaba una batalla, y esta era especialmente divertida, hacía tiempo que no me enfrentaba a alguien tan fuerte, ya que en el dojo pocas veces podemos enfrentarnos entre nosotros.

-Come on, boy! ¿O es que sólo sabes fardar? –dijo con sorna mi rival cuando vio que, tras un golpe que casi acierta, me había alejado.

No me importó, aquello era bestial, más velocidad, más potencia, más precisión, la emoción crecía en mí por segundos, era algo… simplemente fantástico. Y de repente, entre tanta diversión, algo en mí cambió. Caí de rodillas, aun no habiendo recibido ningún golpe, mientras todo se iba volviendo oscuro. Lo miré, intentando saber que pasaba, pero él no tenía nada que ver. Sentí algo nuevo en mi interior, intenté encerrarlo pero ya era tarde, se había extendido, no sabía lo que era, sólo que era… abrumador. Me empecé a marear y todo mi cuerpo comenzó a dolerme, y en un instante, allí, tirado en el suelo, antes de darme cuenta, perdí la consciencia.


User: Diosmaka

Personaje: Aarjen Van Slosse

Nuestras miradas estaban fijas en las cinco palabras que brillaban en el monitor del ordenador. A mi lado, Ariasu Kimura y Tadao Naniwa se agarraban las manos, presas de un nerviosismo que extrañamente yo también comenzaba a sentir.

-Vamos Aarjen – Tadao estaba a punto de sufrir un ataque de histeria – pulsa de una vez.

Seguí mirando la pantalla como si no hubiera oído nada. Estaba demasiado nervioso. Los últimos tres meses de trabajo, insomnio, café y taurina como sustitutos del agua junto con toda la ilusión y las expectativas del equipo estaban a punto de verse sometidos al estricto juicio de la aplastante veracidad que otorgaba mi mundo, la informática.

Mi ordenador seguía mirándome con su simpático mensaje brillante, "Pulse una tecla para comenzar". Con un ligero temblor en la mano derecha, coloqué el dedo índice sobre la letra S, era mi pequeño ritual estúpido y esotérico, pero era mío así que no pensaba renunciar a él.

-Vamos allá chicos – los miré sonriendo y pulsé.

Inmediatamente miles y miles de líneas de código comenzaron a aparecer en el monitor tan rápidamente que incluso calcular un número aproximado de ellas sería la más inverosímil fantasía que alguien pudiera soñar. Sin embargo nosotros habíamos memorizado el número dos millones ciento setenta y tres mil novecientas veintitrés como si fuera nuestra fecha de nacimiento. Decidí romper el nervioso silencio que se respiraba.

-Ariasu, ve a ver que nos dice el depurador.

La chica corrió a sentarse en la mesa que había frente a la mía y me miró más nerviosa y agitada que antes.

-Por ahora bien jefe.

-¡Genial, genial, genial, genial! – gritó Tadao mientras zarandeaba el respaldo de mi silla.

-Joder Tadao, muérdete las manos, arráncatelas si quieres pero deja de mover la jodida silla.

Tadao paró y ambos volvimos a fijar nuestra vista en el monitor. Más o menos debía haber completado una tercera parte del programa sin ningún problema. Me levanté y me dirigí a la posición de Ariasu, mientras caminaba Tadao se sentó en mi silla acelerado y expectante – "no es para menos" – pensé. Me coloqué de pie tras la silla de mi compañera que me miró de soslayo.

En ese momento dos mensajes saltaron en el depurador captando rápidamente nuestra atención.

"Firewall de SO1 salvado"
"Firewall de SO2 salvado"

-Esto sí que es importante – dije en voz baja.

-¿Qué? ¿Qué pasa? – Tadao preguntó sin apartar la mirada del monitor.

-Acaba de machacar los firewalls – contestó Ariasu.

-¡Bien, joder! ¡Toma esa Microsoft! – exclamó el chico.

Ahora comenzaba lo realmente complicado, más de millón y medio de las líneas de código del programa estaban dedicadas a esta parte. Comprobaríamos si estábamos a la altura de las circunstancias y habíamos estado jugando tres meses con un juguete roto.

"SO1 reemplazado con éxito"
"SO2 reemplazado con éxito"

-¡Sí! ¡Sí! – exclame alzando los puños y con la cabeza inclinada hacia atrás - ¡Dios existe, somos nosotros!

Tadao no pudo aguantar más y corrió desesperado a nuestra posición, tirando una silla y dos archivadores a su paso, mientras una pequeña barra de instalación se rellenaba en la parte inferior de la pantalla del depurador. Cuando esta acabo el mensaje más esperado por los tres apareció en la pantalla.

"SLOS instalado con éxito"

Mientras Ariasu y Tadao se abrazaban como locos corrí hacia mi ordenador y lleno de satisfacción leí la última línea del programa.

"Programa finalizado, pulse una tecla para salir"

Otra vez mi dedo acarició suavemente la S hasta terminar pulsándola. Cuando alcé la vista Ariasu y Tadao se fundían en un beso de los de película. La verdad es que tenían motivos para estar contentos, y la verdad es que yo también los tenía.

-Esta noche os pago un hotel chicos – mi tono de voz fue cortante pero, después de tanto tiempo, ambos sabían que era una broma – vamos a decírselo a Kaito.

Los tres abandonamos el despacho y salimos al hall principal de las oficinas donde una veintena de personas nos miraban como si fuéramos Papa Noel el veinticinco de diciembre. Respiré hondo y traté de mirarlos a todos a la vez.

-Chicos, el SLOS es un éxito – dije finalmente.

Los gritos de alegría ensordecieron mis oídos, todos se abrazaban y saltaban como locos. Cuando me quise dar cuenta Kaito, mi jefe, me apretaba en un abrazo tan fuerte que mi espalda se resintió mientras gritaba poseído por el éxtasis que habíamos creado. Empecé a ver aparecer botellas de champán entre la multitud, y el motivo era muy simple, todos los que estábamos allí estábamos a punto de subir un peldaño en el escalafón social, íbamos a ser lo que la gente normal llama ser ricos.

-Toma campeón – Kaito me acercó una copa de champán, brindamos y me bebí más de media del primer trago para aliviar la resequedad en mi garganta y poder contestar.

-Gracias jefe, ha sido impresionante – bebí el resto de la copa – gracias por toda la confianza que puso usted en mí.

-No seas tonto Aarjen – me reprochó él mientras volvía a llenar mi copa – no te hagas el modesto ahora, eres el mejor – y poniendo la mano en mi hombro se despidió – voy a hablar con el resto.

Nuestra nueva y abultada cuenta corriente se iba a deber al SLOS, el virus informático que acabábamos de crear y que iba a hacer a Apple asquerosamente rica, así que nosotros nos llevaríamos un buen pellizco de la tarta. El nombre se lo había puesto el idiota de Tadao haciendo apócope de mi apellido sumado a que, según decía, SLOS era un desorden metabólico causado por una mutación en un gen del cromosoma humano. Era irónico, dentro de unos dos años saltarían al mercado los nuevos sistemas operativos cuya base era un impresionante ancho de banda y una gran velocidad de descarga que permitía que cualquier aplicación que un usuario ejecutara en su casa fuera a través de internet y se iniciara en uno de los grandes servidores que las compañías multinacionales de informática estaban instalando en todos los países desarrollados. Los servidores de Microsoft y Google iban a experimentar ese mismo desorden metabólico, solo que aun no lo sabían.

-Chicos, me voy a casa, estoy cansado – de un último trago acabé lo que quedaba en mi copa y la solté en una mesita mientras abría la puerta – mañana nos vemos.

-Te prohíbo que aparezcas aquí mañana chico – Kaito empezaba a estar algo ebrio al parecer – Tadao, Ariasu y tú tenéis una semana de vacaciones pagadas, no te quiero ver aquí hasta el próximo jueves.

-Genial, gracias jefe – respondí cerrando rápidamente la puerta tras de mí, no quería que Kaito cambiara de opinión.

Amaba los vagones privados individuales de los trenes en Japón. En particular me gustaba el número cincuenta y tres del tren de cercanías que unía mi edificio de oficinas con la zona de apartamentos donde vivía. Así que, desde el vagón número sesenta y uno, maldije en silencio al malnacido o malnacida que había reservado el cincuenta y tres cinco minutos antes que yo.

-Cuando sea rico me compraré un tren – susurré mientras colocaba mi portátil sobre la mesilla y se conectaba una antena de redes Wifi Realtek 2.0 al puerto USB.

Encendí el ordenador a la vez que sacaba mi PDA del bolsillo. Estaba a punto de comprobar, una noche más, que el mundo no era lo que parecía ser. Me iba a ver envuelto en el manto paranormal, excéntrico y paranoico de mi otro mundo, que… era más complicado de explicar.

Me alegre de ver que en mi cuenta gmail había un nuevo correo de Tomiko Makimachi, ya sé que no debería usar gmail, que era de la competencia y estaba muy mal, pero para Apple el correo privado parecía no existir y yo necesitaba comunicarme con el resto del mundo. Abrí el mail y comencé a leerlo tranquilamente.

"Hola Aarjen, supongo que vas a volver a meterte en líos pero ya me tienes acostumbrada. Han vuelto a preguntar por tu amiga esta mañana en el departamento, esta vez es Tochimichi Nakamura, que al parecer es un pez gordo o semigordo. En fin, a ver si un día de estos me cuentas por qué tu amiga es tan popular.

Un saludo.

P.D. Recuerda que me debes una cena."

-Lo siento Tomiko, la cena no va a poder ser – sonreí ante la nueva noticia – esto me ahorrará mucho tiempo.

Tras una escueta búsqueda encontré a mi nuevo amigo Tochimichi. Sí, era un pez gordo, no demasiado, pero gordo. Al parecer tenía un total de tres compañías por todo Japón y la más importante de ellas estaba aquí, en Kioto. Mire el reloj, aun era horario de oficinas así que no tenía sentido esperar más. El edificio principal de Nakamura Corporation estaba a medio camino hacia mi casa, justo en…

-¡Mierda, mierda, mierda! – empecé a cerrar todo y a recoger como un poseso.

Salí corriendo del vagón buscando a alguien del personal del tren. A lo lejos parecía distinguirse un revisor, junto a la puerta de la cabina. Me acerqué lo más rápido que pude.

-Pare el tren, por favor – dije al revisor.

-Esta usted loco – contesto con desprecio.

Su desprecio fue inmediatamente estrellado contra una pared de tren junto con él mismo, mientras comencé a golpear la puerta de la cabina a patadas, hasta que al final cedió estrepitosamente. Entré en la cabina, los maquinistas me miraban con cara de incredibilidad, como si fuera un enfermo mental lo que tenían delante, en parte llevarían razón.

-¡Parad ahora mismo el puto tren u os arranco el hipotálamo, panda de subnormales! – grite con contundencia.

-No… no se puede parar señor – respondió un maquinista asustado – vamos muy deprisa.

-Joder – miré por la ventanilla y acerté a distinguir que nos acercábamos al rio Kamo - ¡Abra la puta compuerta de salida! – el maquinista se quedó con la boca abierta - ¡Que la abra! ¡Ya! Para eso no hace falta ir despacio.

Tras pensarlo unos segundos el pobre hombre pulsó un botón redondo y rojo. En seguida fui agitado por el viento que entró en el tren a gran velocidad y por los gritos de los pasajeros que asistían a ese espectáculo como si presenciaran un reallity.

-Tome – le tiré a uno de los maquinistas mi equipaje – mándelo a esta dirección y recibirá mil dólares americanos – le extendí una tarjeta con mi dirección - ¡no sea bobo y cójala! - finalmente el tipo alargó la mano hasta coger la tarjeta.

-Adiós – dije – perdonen las molestias caballeros.

Me dirigí a la compuerta justo cuando el tren comenzaba a pasar por el puente que cruzaba el río. El agua tenía pinta de estar muy fría pero así me serenaría un poco, no me vendría mal.

-Vamos tío, a cagarla hasta el fondo.

Salté del tren en marcha y caí al río produciendo un gran impacto.

El tipo de la tienda de ropa se había quedado sin palabras al ver como una persona empapada hasta el tuétano entraba a la tienda, cogía un pantalón y una camiseta, se dirigía al probador y se llevaba puesta la mercancía dejando en el mostrado su otra ropa empapada junto con cincuenta mil yenes sin mediar palabra.

-
Una chica muy guapa estaba en la recepción del edificio de oficinas de Tochimichi, en seguida me acerqué a ella para ver el pequeño porcentaje de posibilidades que tenia de ver al propietario.

-Perdone señorita – comenté con el tono más amable que encontré – me gustaría poder hablar con el señor Nakamura.

-El señor Nakamura está ocupado ahora mismo – ni siquiera alzó la vista para ver quién era – si quiere verlo tendrá que pedir cita y que él le autorice a venir en persona.

-Entiendo señorita – "zorra" pensé – pero da la casualidad de que el señor Nakamura o alguien de su entorno ha realizado unas llamadas a mi departamento de policía esta mañana, al parecer estaba muy interesado en encontrar información sobre cierta persona, y le aseguro que se enfadará mucho con usted si no me deja pasar ahora mismo.

-Llamaré para comprobar – por fin había levantado la cabeza y ahora me miraba con bastante respeto, sabía que la muy idiota no me pediría ni la placa. Todas las secretarias de peces gordos eran iguales.

-Adelante – la insté – llame de una vez, no tengo todo el día.

La secretaria descolgó el teléfono y pulsó un botón. Se mantuvo a la espera unos segundos y después finalmente dijo algo en voz baja que no llegué a escuchar. Al minuto, colgó y volvió a mirarme.

-Puede usted subir, piso veintisiete.

Me dirigí al ascensor sin despedirme para no cambiar mi rol de duro. La subida se me hizo eterna, tenía unas ganas inmensas de volver a mi apartamento cuanto antes. Cuando la puerta del ascensor se abrió vi a un hombre de uniforme que me esperaba.

-Hola señor inspector… - dejó la frase en el aire

-Van Slosse – contesté – inspector van Slosse – "gracias por el ascenso" pensé divertido.

-¿Me permite su identificación?

-Lo siento – pensé en algo rápidamente – se la deje a la recepcionista.

El tipo me miró con desconfianza pero me mantuve sereno y, al parecer, eso acabó por convencerlo de que decía la verdad.

-Está bien, pase por aquí por favor.

El señor Nakamura era un hombre de estatura media, moreno y entrado en carnes, estaba sentado en su mesa con la prepotencia de todo hombre de negocios que se precie, me miró y me invitó a entrar.

-Encantado de conocerle señor Nakamura – comencé con cordialidad – soy el inspector van Slosse.

-También es un placer para mí conocerle, quisiera darle las gracias por haber… acudido tan pronto. Me ha complacido mucho.

-Claro – sonreí mientras me sentaba sin ser invitado a hacerlo – no se preocupe, es nuestro trabajo – me lo estaba pasando genial en mi papel de policía - ¿Cuándo conoció usted a Yumi Takahashi?

-Si me permite usted, señor van Slosse, preferiría no tener que recordar el pasado.

-Entiendo – me levanté y comencé a deambular por el amplio despacho – pero siento insistir señor, soy policía y mi deber es indagar la verdad.

-Lo lamento inspector, tengo que pedirle que se marche. Ha sido una pérdida de tiempo para ambos que usted viniera aquí a…

-No del todo señor Nakamura – interrumpí – he logrado averiguar que usted está interesado por algún motivo en una persona que ni conoce ni conoció, y le aseguro que no me iré de aquí sin el por qué.

-¿Se atreve a venir aquí a amenazarme? – su timbre de voz era mucho más fuerte y grave que antes.

-Sí. Y he de añadir, grandísimo hijo de puta, que no soy policía pero sí que soy la última persona que vi a Yumi con vida antes de que ellos o vosotros la matarais. Así que más te vale ir diciéndome por qué cojones seguís viniendo a preguntar por ella o te ensarto como a un puto cerdo – le lancé una mirada desafiante llena de odio.

Un pequeño rugido salió de su garganta, me miró con unos ojos que ahora eran del color del fuego y siguió hablando.

-Utrum unus invited procul vestri domus dux ni ira rudimentum truculenter quod vacuus misericordia – su piel se tornó negra y sus manos ahora eran garras mientras se lanzaba hacia mí.

Con un puñetazo certero en los ojos frené su acometida y lo hice retroceder. Cuando volvió a abrirlos solo pudo ver como le atravesaba un brazo con una de mis dagas y lo clavaba a la pared. Agachandome hábilmente esquivé un zarpada que intentó asestarme con la otra mano y le arrebaté un pequeño cuchillo que llevaba en la cintura que casi instintivamente clavé en su mano al girarme para colocarme otra vez en vertical.

Inmovilizado como estaba, lo único que podía hacer era patalear y rugir y lo hacía con tanta fuerza que parecía que la pared se fuera a caer. Me acerqué lentamente y con un rápido movimiento su pierna derecha se separó de su cuerpo dejando lugar a una gran cantidad de sangre demasiado oscura para ser humana.

-Pero a veces el invitado es más cruel que tú – repliqué - Bien demonio-san, ahora vamos a jugar a un juego, dime de una jodida vez que buscas y te mato, no me lo digas y te torturaré como a un cerdo.

No hizo falta convencerle de que hablaba en serio, pero su voluntad parecía ser mas fuerte que su miedo a desaparecer, ya me había pasado mas veces, era inevitable en realidad.

Su silencio fue la respuesta que menos me apetecía oír, y eso me sacó de mis casillas. Me acerqué rápidamente y puse mi mano sobre su cabeza tapando su frente y parte de sus ojos. Le estrellé en el pecho un frasco con sangre y comencé:

-Quod vos filius Diabolus persolvo per vestri cruor quod vos victus vestri ianua ut nostrum reign. Pertulit per unus unus dix quod unus unus nox noctis pro ceterus intemporaliter vestri capit inter diffama sins – elevé el tono de voz - ¡Vestri nex quod suus ut vestries ut balbutio intemporus magis vestri forensis quod exigo nun dictatus ut domus du Deus vos Deus!

Un grito salió del desesperado demonio que comenzó a sentir como su existencia dejaba de pertenecerle.

-Amen – concluí.

El demonio que había estado delante de mí ahora estaba desperdigado por toda la habitación como si de una piñata se hubiera tratado. En el suelo, inconsciente, estaba el verdadero señor Nakamura, quizás fuera un grandísimo cabrón pero no tenía nada en contra suya.

Me acerqué a la ventana y la abrí. Me jacté de mi suerte al ver una pequeña cornisa acabada en punta que sobresalía del edificio por encima de mí. Lance una cuerda de escalada que llevaba en la chaqueta. Tenía que salir de ahí ya.

Cuando llegué a mi apartamento lo primero que hice fue actualizar mi web sobre demonología. Me saltó un mensaje nuevo, alguien de Tokio quería conocerme en persona. "Vaya, más trabajo" pensé. Me fui a la web de trenes de Japón, reservé el vagón privado número setenta y dos del tren que salía en una hora hacia Tokio. Me gustaba ese vagón, los sillones eran más mullidos de lo normal, se dormía bien.


User: Crow

Personaje: Lavi Terry

-En un sitio muy, muy lejano, había y hay, un joven tan encantador, invencible, popular, y perfecto por así decirlo, que era, y es tan temido como a un ogro...- Gritos de dolor y golpes se escuchaban a mi alrededor, mientras, agarrando a un chico de mi edad por los tobillos, lo hundía en un río- Can you tell me his name?.

-¿Pero qu-? – el chico, sin poder terminar la frase, se ahogaba cada vez más en el río.

-Oh? Me parece que no he escuchado bien, me podrías decir su nombre?.

-S-Se llama Lavi Terry...- el chico seguía siendo hundido en el río.

-Congratulations man, te has ganado el premio especial!- lo saqué finalmente y, agarrando su cabeza, le clavé mi rodilla en su rostro- ¡Ahora arrodillaos todos ante el gran Ogro Rojo!- una risa intentando imitar a la típica de un villano en las películas y animes surgió de mi boca.

Pero al darme la vuelta no vi nada mas que personas inconscientes y cuatro personas muy conocidas para mi, sentadas en el suelo y recostados en una pared cercana. Uno de ellos era Kaguro Tommy, un chico de color que era un año mayor que yo nacido en Japón pero de padres de diferente nacionalidad, mas alto, con un gran pelo afro y muy esbelto, que estaba jugando con una navaja de abanico. Otro era un chico de mi misma edad, Ito Haroto, mas bajo que yo, pero tres veces mas gordo y fuerte, sabia usar algo de sumo. El tercero era un chico un año menor que yo, Yamamoto Riku, moreno y enclenque, de un metro sesenta mas o menos, pero eso no impedía que fuese útil dentro de la banda, era una especie de informador, buscaba cualquier pista sobre otras bandas que nos interesasen, y en pelea... bueno, se podría decir que no era inútil del todo... Y por ultimo, la persona mas creída y rápida que he conocido nunca, Watanabe Kotaro, un chico rubio tan normal, que nadie diría que era miembro de una banda callejera, pero a pesar de que la gente lo sabia, eso no impedía que tuviera a muchas chicas coladitas por el y que el jugase con ellas como quería, pero en pelea le gusta mucho poner de los nervios a sus oponentes mediante fintas sin usar golpes que no fuesen algo sucios.

-De verdad tenía que soltar todo mi estrés...-dije mientras me estiraba hacia arriba para desperezarme.

-Hey, Aniki- el pequeño Riku se acercó- cual crees que debería ser la siguiente banda?

-Hey hey, por favor...de momento...descansemos por hoy...-el gordo intentaba hablar entre suspiros de cansancio mientras una carcajada se oía a su lado.

-¡Jodido gordo!- Tommy era el autor de esa gran risa-¿De verdad ya estás cansado con solo una banda? Nadie diría que se te da bien el sumo.

-Fuck! ¡Callaos ya!- dije cogiendo un bate de béisbol y golpeándolo contra la pared-Por hoy ya basta, mañana tenemos mas asuntos pendientes, y no asistiremos a clase.

-¿Ha ocurrido algo jefe?- Kotaro por fin hablaba después de haberse peinado a conciencia.

-The fucking Nine Dragons, que no saben ocuparse de sus propios asuntos, y por nuestra amistad entre bandas me han pedido ayuda. Al parecer han apaleado a muchos de sus miembros.

-Que banda mas absurda...-protestaba el afro.

-Ok guys, primero vamos a un bar, que necesito tabaco.

Todos juntos fuimos a Roppongi cuando ya era de noche, un barrio lleno de luces, borrachos por las calles, matones en los callejones ocupándose de los clientes no muy queridos y clubes de alterne, realmente "animado"... Justo en una esquina al lado de un callejón ya "ocupado" había un bar que frecuentaba bastante, entramos los cinco juntos.

-¡Misaki-kuuuun, guapaaaaaa!- nada más entrar, Kotaro ya armaba jaleo saludando a la hija de la dueña que estaba sentada frente a la barra, concentrada en sus propios pensamientos.

-¡Así me espantaras a la clientela maldito presumido!- la mujer tras la barra agarraba por la cabeza a Kotaro y la aplastaba contra la barra, definitivamente nunca cambiará. Ayaka, una mujer mayor que nosotros, pelo de color azabache recogido en una larga coleta y para tener mas de treinta y cinco años, tenía buenos dotes, era la dueña del local, una mujer viuda que cuidaba y criaba a Misaki ella sola, no sabía si le caíamos bien o que, pero seguramente solo nos atendía por ser de los pocos amigos de Misaki, su hija. Misaki se parecía bastante a su madre, en este caso si que se podría decir de tal palo tal astilla, pero solo físicamente, Misaki, al contrario que su madre, era muy callada si no estaba con gente en la que confiaba bastante, quizás fuese por eso que solo nos tuviera a nosotros como amigos y por culpa de nuestra presencia en su vida, ella no conseguía mas amigos. El mismo color de pelo que su madre, los mismos dotes, pero el pelo lo llevaba suelto, con un flequillo recto que le llegaba casi hasta las cejas y una larga melena hasta la cadera, a pesar de parecerse tanto a su madre, podía suponer que sus ojos verdes eran rasgos del padre, probablemente extranjero.

-Hey hey honey, ¿me puedes enchufar la maquina de tabaco, please?.

-Hmpf, está bien, pero sabes que no me gusta que fumes delante de mi hija ¿verdad?-Parecía que a Ayaka le molestase el hecho de que yo fumara.

-Relax please, sabes que cuido de ella como si fuera de mi familia, no te preocupes.-dije intentando calmarla mientras metía unas cuantas monedas en la maquina.

-El día que le pase algo a mi hija, desearás no haberme conocido, no creas que me caéis muy bien.-este comentario borraba mis dudas de si le caíamos bien o no, definitivamente nos odiaba- Dejo que vaya con vosotros solo por su propia felicidad, si ella me dice que está bien con vosotros...

-Vamos mamá, cálmate un poco por favor... Sabes que en el fondo son buenos chicos-Misaki salía en nuestra defensa intentando calmar a su madre.

-A-Aniki, Ayaka me da miedo...-dijo Riku con voz temblorosa-Me voy ya a casa, que además llego tarde, son ya las 22:30.

-Ok, see ya- dije guiñadole un ojo al pequeño Riku- Yo no tardaré en irme a casa, mi padre ya estará borracho y me tocará acostarlo.

-Vale jefe, ya nos vemos mañana al mediodía-todos se fueron antes que yo, y dándole un beso en la mejilla a Misaki provocando que se sonrojara con los ojos abiertos como platos y que su madre me lanzase un vaso que estalló en la puerta, me fui.

Me paseaba por ese barrio, quien iba a pensar que un policía que tenía un rango decente dentro del departamento seria un alcohólico, me daba vergüenza incluso a mi tener un padre así. Pasé por al lado de la Torre de Tokio, y noté que cinco personas mas o menos me seguían, aceleré el paso hasta llegar a un callejón en el cual me pare para dar la bienvenida a mis nuevos amigos.

-Heeeey, que os pasa, tan guapo soy que incluso los hombres me quieren?-dije con sorna sacando el paquete de tabaco y encendiéndome un cigarro.

-Me parece que de nada te servirán ahora tus impertinencias-expulsé una fuerte calada de humo mientras este sujeto con capucha seguía hablando- ¿te acuerdas de la banda que habéis derrotado esta mañana?

-¿What? ¿Esa banda tan débil que solo valía para calentar?- seguía fumando tranquilamente mientras que los cinco personajes encapuchados se enfadaban mas y mas- Déjame pensar... vosotros sois los altos cargos de esa banda...¿He acertado?

Se quitaron las capuchas y se abalanzaron contra mi con navajas y cadenas, sin tirar el cigarro empecé a esquivar todos los golpes, eran muy amplios y fáciles de esquivar, así que con un simple juego de pies bastaba, se ponían nervioso cuanto mas esquivaba sus inútiles golpes, ya entendía porque Kotaro se lo pasa tan bien riéndose de sus oponentes ¡Realmente las caras de desesperación que ponían eran muy graciosas! Una risa se escapó de mi boca y al momento una navajahizo un profundo corte en mi nariz, por la parte del tabique.

-¡¿Que demonios es tan gracioso Gaijin*?-dijo uno entre suspiros de cansancio-¿no entiendes la situación el a que estás? ¡Somos cinco contra ti!

-Yeah, tienes razón, pero, te has dado cuenta que yo no estoy sudando aún y vosotros no podéis mas?-me pase los dedos por el corte- Fuck! Esto va a dejar marca, y sangra bastante...

Debía ponerle fin a este juego, así que no tardé en propinar golpes, uno de ellos fue directo al estomago de uno de los sujetos, que le hizo desplomarse al suelo sin respiración, a otro le hice volar la cabeza hacia atrás de un golpe en el mentón, y los demás a patadas en sitios que se podían describir como "sensibles". Al salir del callejón tiré el cigarro casi acabado adentro, y se pudo escuchar un leve grito de dolor. Después de un corto paseo, llegué a un portal bastante grande que pertenecía al edificio en el cual vivía junto a mi padre, el edificio era bastante grande, con puertas de cristal, metí la llave en la cerradura y me atendió el portero de la finca, saludándome y acompañándome al ascensor. Pulsé el séptimo piso y, dentro del ascensor, empecé a sentir un gran dolor de cabeza, me pitaban los oídos y todo antes mis ojos se descolocaba, cuando por fin llegué a mi destino y al abrirse las puertas del ascensor, ese malestar se fue, no sabia que había pasado, entré en mi casa y pensé que quizás fue un malfuncionamiento del ascensor o algo así, pero en ese momento, al asomarme a la habitación de mi padre, mis preocupaciones eran otras.

-Fuck!...¡Papá! ¿Quién demonios es esa mujer?

-¿Qué? ¿Qué demonios pasa?-mi padre sacó su cabeza de entre las piernas de la mujer

-Maldita sea, porque el hijo tiene que cuidar del padre... tendría que ser al revés, ¡yo borracho y tu cuidándome jodido viejo!.

-No me hables así maldito malcriado!-el viejo se levantó rápidamente de la cama para encararse conmigo.

-¡No me apuntes con eso, joder papá!-me acerqué a la mujer y, cogiendola en brazos junto a su ropa, la saqué de la casa dejándola desnuda en el pasillo.

-¿Qué te crees que haces?-tenia los ojos entrecerrados y unos coloretes con los cuales era fácil decir que estaba borracho-¡me he gastado bastante dinero en esa chica!-empezó a tocarme el hombro fuertemente con sus dedos, empujando un poquito hacia atrás.

-No me toques y acuéstate papá...necesitas dormir old man.

-¿Y si no paro de-un puñetazo lo dejó inconsciente en la cama antes de que acabase las frase.

-Cuando "eso" baje te vestiré, no quiero que te resfríes-fui al baño, abrí el botiquín y dejé unas tiritas preparadas al lado del grifo, me limpié la sangre y volví al cuarto de mi padre- Parece que la el tema se ha calmado...-lo vestí y lo acosté en su cama antes de irme a la ducha.

Con la toalla enrollada en la cintura usándola para taparme casi hasta las rodillas cogí una cerveza de la nevera y acercándome a la ventana, podía ver perfectamente la Torre, me quede un buen rato admirando esa belleza, las luces lo hacían realmente precioso, siempre que la miraba me ayudaba a relajarme, al poco tiempo de acabarme la cerveza y vestirme, me acosté intentando descansar para el asunto de mañana.

El sol entraba por la ventana alumbrando toda mi desordenada habitación, toda llena de trastos por en medio, me desperecé y cogiendo las primeras prendas de ropa y mi chaqueta preferida que vi junto al bate de béisbol metido en su funda me dispuse a salir para llamar a mis compañeros, pero antes me asomé a la habitación de mi padre, como pensaba ya se había ido al trabajo...o al bar. Ya en el ascensor, con miedo de que volviera a pasar lo mismo que el día anterior, ese horrible malestar saqué el teléfono móvil de mi bolsillo y tecleé en la agenda buscando a Tommy.

-Hey Tommy, ¿por donde andas? ¿Has recogido ya a los demás?-dije con prisas mientras abría las puertas del ascensor, aliviado de que no hubiese pasado esa sensación.

-Tranquilo jefe, estamos todos esperándote en las puertas del instituto Katogawa, el dominio de los Nine Dragons.

-Ok, no os mováis de ahí hasta que no llegue, si veis al objetivo esperaos a que yo llegue, no hagáis nada.-Acto seguido colgué sin dejar que Tommy pudiese pronunciar una palabra más.

Tras una larga caminata pude ver a lo lejos, por fin, el instituto Katogawa, no me asombré mucho al ver que Tommy y los demás no estaban en la puerta, no sabia por que, esperaba algo así, pero a pesar de eso no me puse nada nervioso, todo lo contrario "Me habrán ahorrado el trabajo de patearle yo" pensé mientras me encendia un cigarro. Atravesé la puerta, masacrado por miradas de los alumnos de esa secundaria, no tardé en imponerme un poco fulminando con la mirada a los grupos que susurraban y miraban de reojo, no tardaron en apartarse de mi camino. A lo lejos vi a un grupo que parecía algo alterado, en unos céspedes, me acerqué tranquilamente apartando a los miembros de la banda dominante en ese territorio y llegando al lado de Riku y Kotaro.

-Oh, Aniki... estoooo... lo siento, no pudimos detener a Tommy, sabes como es cuando se impacienta...-Riku agachaba la cabeza mientras Kotaro señalaba a donde estaba Tommy, junto a Haroto, "maldito gordo, se a dejado engatusar por Tommy".

-Dont worry boy, tu no tienes la culpa, esto lo arreglo yo ahora- le puse la mano en la cabeza mientras le guiñaba un ojo.

Me acerqué por la espalda de nuestro objetivo sacando el bate y tirando la funda a los pies de Riku y, con la fuerza de mis dos brazos intenté golpear en vano al alumno de Katogawa.

-¿Qué os creéis que estáis haciendo?-odiaba que no me obedecieran mis ordenes-¡Os dije que cuando lo encontrarais me avisarais, no que pelearais contra él!

-Lo vuelvo a decir, ¿a qué viene esto? ¿No sois de aquí verdad?- el chico parecía ser algo duro, pero no para tomárselo tan enserio.

El chico echó vistazo por encima de mi hombro, encontrando las miradas enfurecidas de todos los miembros de la banda a la cual derrotó días atrás.

-What the fuck? Si sólo es un enclenque, ¿acaso tengo que venir a limpiaros el terreno? Os falta todavía mucho para llegar a ser una verdadera banda –dije apuntándole con el bate de béisbol. Me enfurecía tener que hacer el trabajo sucio de los demás.

-¿Enclenque? Tienes valor, desconocido-kun –parecía que le afectó lo que le dije, pero odiaba que me dijesen –kun cuando no tenían ninguna relación conmigo.

-Hey, hey, acabemos con esto rápido, me he enfrentado a miles de charlatanes, no será difícil-escupí mi cigarro mientras bajé el bate de béisbol y empecé a crujir los dedos de la otra mano, sin un segundo que perder le embestí con mi arma por delante, no tuvo muchas dificultades para esquivarlo, sin embargo, seguí, embestida tras embestida, todas sin éxito alguno, ni siquiera le rozaron un poco.

-Aburrido –el chico parecía no tomarme en serio- ya medí tu fuerza. Cinco toques y estarás en el suelo –su palma estaba cerca de mi cara, me entraron muchísimas ganas de romperla y oír sus gritos de dolor, pero me contuve "Estará haciéndose el fuerte" pensé- ahora ven a por mí si te atreves.

Otra vez con bate en mano, fui contra el, y acercándome rápidamente asestando un golpe que no golpeo nada mas que el aire, recibí un doloroso golpe en mi costado derecho mientras al autor de ese golpe susurraba cosas. Me giré donde estaba y otra vez, golpe fallido, dejando lugar a otro golpe en mi otro costado, a partir de ese golpe, no sabia por que, el chico comenzó a gritar cosas como si de un anime se tratase.

-¡Third hit!- y el muy cabrón me golpeó en la boca del estomago, a duras penas me mantuve de pie, tenia que admitir que esos golpes dolían lo suyo, mi mirada llena de odio intentaba afectarle lo mas mínimo en su estado emocional, pero no sirvió y lancé un puñetazo fallido que lo hizo dudar y ponerse algo nervioso.

-¡Fourth hit!- y volvió a gritar, ¿realmente hacia falta gritarle a tu contrincante en su propio idioma la enumeración de tus ataques? Mientras estaba concentrado en mis pensamientos, el me golpeó de nuevo en el estomago, lo cual hizo que me flexionara, casi tocando el suelo con las rodillas.

-¡Final hit!- ya estaba harto de oír su voz chillándome casi al odio, sin dudarlo, un fuerte upper golpeó de lleno su rostro haciendo volar su cabeza, no esperaba que un enclenque así me obligase a usar el boxeo, ni un poco. Eso parecía haberle dolido mucho, perdió el equilibro y segundos después estaba apoyado en un árbol cercano, descansado de mi gran golpe.

-Maldita sea… me tuve que poner en serio – me quejé mientras tirando mi bate al suelo, adopté mi típica pose de boxeo.

El chico aún tocado por ese último golpe subió su guardia mientras me observaba fijamente. Sin dejarle un solo momento de descanso me lancé contra el lanzándole uno de mis golpes mas dolorosos, un simple pero muy útil golpe en la boca del estomago, debería dejarle aturdido durante unos segundos, a pesar de ese doloroso golpe, él sonrió lo cual fue para mi como una provocación.

-Bien, veo que eres bueno, ¿cómo te llamas, boxeador-kun?- ¿"-kun"? realmente me estaba sacando de mis casillas.

-Lavi Terry, también conocido como el Ogro Rojo, líder de los Black Dogs y amigo de quienes golpeaste- me encantaba fardar de mi sobrenombre.

-Pues espero, Terry-kun, que disfrutes de esta pelea tanto como yo –"¡¿-kun otra vez? ¡Se acabó, le arrancaré la cabeza!" pensé, pero mientras me distraía el intentó tomar la iniciativa en el ataque.

El chico era muy rápido, tanto que me hizo usar todo el juego de pies que sabia, patadas bajas, golpes al cuerpo, intentó de todo, pero sin recurrir a golpes sucios, sin embargo todos acababan golpeando a la nada. "Mi turno chico" pensé, intenté golpear su cara, pero desvió mi golpe adentrándose por mi lateral, sin embargo sabia su objetivo, mi costado, no podía funcionar el mismo truco dos veces así que me retiré rápidamente hacia atrás, pero el no flaqueaba, seguía insistiendo en dañar mis piernas.

-Come on, boy! ¿O es que sólo sabes fardar? –dije intentando molestarle tras un golpe que paso rozando su rostro, lo cual causó que se alejara.

Pero de repente, el chico empezó a parpadear demasiado, a desvanecerse, flexionando las rodillas y perdiendo su postura, me miró con alguna clase de esperanza, pero pareció haberle desilusionado y al igual que yo, todos los espectadores se quedaron asombrados, no había pasado nada fuera de lo normal como para provocar un desmayo ahora, Riku rompió todo ese silencio.

-¡Aaah, Anikiiii, lo has matado, asesino!- me giré nervioso por esa acusación mientras que Tommy se reia por lo bajo.

-Fuck! ¡Yo no he hecho nada!- intenté librarme de las acusaciones- Además, Riku, se supone que eres mi compañero- intimidé al pequeño con una mirada de monstruo envuelta en llamas- Da igual, vámonos, no quiero pelear contra alguien tan fuerte en desventaja, como alguno de vosotros le toque un solo pelo a este chico estando inconsciente, es lo ultimo que hace- les advertí con una sonrisa- llevadlo a la enfermería ¡Ahora!- los pandilleros de ese territorio me hicieron caso enseguida, así que me pude ir tranquilo, deseando volver a encontrarme con ese estudiante de Katogawa, realmente muy fuerte.


User: Shana

Personaje: Saori Izumi

"Tilín, tilín"

El sonido de un cascabel fue lo único que logró diferenciar antes de sentir el frio tacto del metal en su cuello que contrastaba con un cálido aliento en su nuca que le susurraba: "sayonara".

No tuvo miedo… no tuvo tiempo de pasar miedo cuando empezó a percibir cómo un líquido de sabor salado le llenaba la garganta sin dejarle emitir sonido alguno. Trató de forcejear, viendo cómo sus vanos intentos no lograban impactar en su atacante. Poco a poco, las cuchillas comenzaron a atravesar su cuello, creando así un camino por el que la sangre brotaba hacia el exterior.

Antes de caer al suelo pudo sentir cómo una mano le arrebataba el dinero y todos los objetos de valor cuando volvió a oír el sonido del cascabel, y todo se quedó oscuro, y quedó en silencio; un silencio eterno…

-…Verás, Saori…- Comenzó a decir mi padre. -En nuestro último viaje a Europa conocimos a un psicólogo…

-¿Un psicólogo?- le interrumpí comenzando a ponerme nerviosa, ¿qué querrían hablar con un psicólogo?

-Pues sí, cariño. Era un hombre muy simpático que conocimos en el hotel; resulta que estudió en Estados Unidos y es una persona muy reconocida allí y…

-Ya vale, mamá. Id al grano.- Mi madre se quedó en silencio y mi padre continuó la conversación.

-Bien, pues resulta que nos hicimos amigos de ese hombre, y le hablamos de ti, y de que no pudimos asistir a tu graduación, y de que ibas a ir a la universidad el año que viene y lo planes que teníamos, y…

-¿Y?- pregunté casi llegando a clavarme las uñas en las palmas de las manos por la fuerza con la que cerraba el puño a causa de la impaciencia y la desesperación de no saber a dónde querían llegar.

-Y… nos dijo que seguíamos un estilo parental indulgente, que no sabemos lo que es, pero no nos gustaba como sonaba. Así que decidimos seguir sus consejos y, con todo el dolor de nuestro corazón- ambos se dieron las manos –debemos decirte que no vamos a comprarte la casa en Tokio, es más, ni siquiera nos permitió darte más caprichos ni regalos, así que el coche será el último hasta tu cumpleaños y el año que viene irás a vivir a una residencia de estudiantes.

-Pero…- no podía salir de mi asombro, ¿era real lo que me estaban diciendo?

-Sin peros, cariño. Sabes que esto nos duele más a nosotros que a ti…

"Piripipi, piripipi"

El despertador empezó a sonar sacándome bruscamente de mi fase rem y haciendo que me sintiera desorientada y confusa. Abrí los ojos con el primer pitido y apagué la alarma; no sabía dónde estaba. Un sudor frío me recorría el cuerpo proporcionando escalofríos a mi sistema nervioso debido a los cambios de temperatura. La húmeda camiseta se me pegaba contra el pecho haciéndome recordar que no me había quitado toda la ropa de la noche anterior.

Miré a mi alrededor, necesitaba situarme. Como supuse, seguía con la camiseta negra, aunque me había quitado el resto de mi atuendo, que encontré en el suelo junto con mis garras. Seguía buscando. Las cortinas estaban corridas, dejando que se colara la luz del sol a través de las ventanas lo que me forzó a cerrar los ojos al no estar acostumbrada aún a la luz. Giré la cabeza para encontrar mi desordenado dormitorio; ya sabía dónde estaba, pero notaba que me faltaba algo… algo que aún no había visto y que, aún sin saber lo que era, lo sentía importante.

Giré cuerpo el cuerpo completo para ver el otro lado de la habitación y me incorporé un poco, notando así el entumecimiento de los músculos por el esfuerzo. Allí, a la derecha del futón doble, logré distinguir varios montones de billetes y algunas joyas muy bien colocadas. Sonreí. Inconscientemente, mi cuerpo se relajó, el dolor de los músculos disminuyó ligeramente, dejando paso a la tranquilidad que haber encontrado lo que buscaba.

Me dejé caer en la cama de nuevo y, tan pronto como llegó la tranquilidad a mi cuerpo, noté un dolor punzante en la mejilla derecha. Me llevé la mano al lugar del que procedía y descubrí un poco de sangre. "Es verdad" recordé, "anoche no fui todo lo rápida que debía… aunque no creo que él cuente nada…" una carcajada hizo que mi cuerpo se resintiera, por lo que me dejé dormir de nuevo.

-Cariño, perdónanos por no haber asistido a tu graduación.- se excusaba mi madre. -Papá te ha traído un regalito.

Mientras me daba un abrazo que no llegué a sentir nunca, mi padre destapaba orgulloso mi primer coche: un Mercedes CLK Grand Edition descapotable en color plateado. Sin la mínima expresión de alegría en mi corazón pero con el orgullo de no dejar que se dieran cuenta de cuánto me dolía su ausencia, les ofrecí una falsa sonrisa que pareció dejarles satisfechos, pues siempre habían pensado que los regalos suplían su falta.

-Genial, papá, muchas gracias, me encanta.- Realmente me encantaba, era mi primer coche y era precioso, pero era suficiente para cubrir el vacío que sentía en mi interior. Él me ofreció las llaves y me invitó a dar una vuelta que no rechacé.

Ya me había acostumbrado a sus viajes de negocios, ya me había acostumbrado a los regalos que precedían a su ausencia, ya me había acostumbrado a su riqueza, ya me había acostumbrado a no depender de sus cuidados para vivir… ya me había acostumbrado a estar sola…

Tras el sonar de cuatro despertadores más (sin ellos me quedaba dormida) me decidí a levantarme del futón. Me encontraba un poco mareada aún, había tenido de nuevo esa pesadilla, y la ausencia de descanso unida al entumecimiento de los músculos debido al ejercicio de la noche anterior evaporaban completamente mis ganas de ir a clase.
Me dirigí al cuarto de baño, necesitaba urgentemente una ducha, además, el corte que me hizo en la cara aún me escocía cuando hacía algún movimiento.

-Tsk…- chasqueé mi lengua frente al espejo mientras me curaba la herida tratando de disimularla. –Esto es lo que te pasa por tener la cabeza en otro lado, Saori… ¡Ah!- un poco de agua oxigenada se introdujo en el corte produciéndome su típico escozor al comenzar la desinfección- cómo se nota que ha pasado algún tiempo desde mi última salida… ¡malditos exámenes!- terminé de quitarme la ropa y me metí en la ducha, no tenía mucho tiempo.

"Me gustaba salir por las noches, pero no como cualquier universitario que sale a beber y a bailar... que también. Pero no, a mi me gustaba salir a robar. Me divertía conocer las reacciones de mis víctimas, observar cómo se desenvuelven en una situación desconocida e inesperada… debería haber estudiado psicología, de no ser porque mis padres no me quisieron pagar la universidad privada y porque no me importaba lo más mínimo estudiar.

- Total, no lo necesito para vivir.- Dije en voz alta mientras me reía con el consecuente dolor en la mejilla.

Por otro lado, me gustaba el dinero, los caprichos, el poder tener todo lo que quiero cuando quiero, y si para conseguirlo debía quitárselo a alguien, eso no iba a ser un problema; esas clases de artes marciales a las que mi madre me obligó a ir no serían desaprovechadas. Además, no podía mantener mi casa tradicional de lujo con jardín "tsukiyama" con el poco dinero que me daban mis padres para vivir en la residencia en la que se suponía que estaba…"

Salí de la ducha con la toalla alrededor del cuerpo justo a tiempo de mirar el reloj y ver que iba a llegar tarde "como no llegue a tiempo me van a matar…" Me dirigí al dormitorio y me vestí a toda prisa parándome solo un segundo para observar mi habitación "ups… será mejor que hoy no traiga visitas" el suelo estaba lleno de ropa, el futón estaba desecho y el dinero, las joyas y las garras no darían una buena impresión de mi… Antes de ponerme las botas sentí una suave caricia en los tobillos.

-¡Nana! Tranquila bonita, que no me voy a olvidar de ti.- Mi preciosa gatita blanca era mi única compañía en esa casa a la que consideraba mi santuario.

El día que compré el inmueble la encontré en el jardín jugando con el agua del estanque y tomando el sol en las cálidas piedras que componen el camino. Salí a espantarla, pero ella simplemente me miró y volvió a tumbarse en la roca. Me gustó mucho la actitud de la gata y, al ver que no se marchaba, comencé a alimentarla, a lo que ella respondía con gratitud. Ahora, mi gatita me estaba recordando que, como cada mañana, debía dejarle la comida preparada.

Le llené el bol y se lo puse en el jardín, entonces, miré el reloj y salí corriendo hacia mi coche; las ocho menos cuarto; desde mi casa a la facultad hay más tiempo del que me queda "mierda". Rápidamente arranqué mi Mercedes y aceleré rápidamente en dirección al campus de Hongo, en Bunkyo, donde se encontraba mi facultad de educación de la Todai.

Estaba acostumbrada a conducir rápido, además, un poco de adrenalina por la mañana siempre viene bien para despertar al cuerpo y la mente. Esquivé los coches saltándome algunas normas de adelantamiento, pero estando completamente segura de que nadie importante me veía. Cogía las curvas casi derrapando, ante la expectante mirada de algunos viandantes que no estaban acostumbrados a un coche como el mío. Me encantaba correr, me gustaba ir rápido porque no te daba tiempo a pensar, debías llevar todos tus sentidos puestos en la carretera, me encantaba sentir el aire en la cara cuando llevo la capota bajada, era una sensación de libertad que difícilmente podías conseguir en otras situaciones.

Apurando los últimos minutos llegué a la facultad: las ocho menos dos y ellas ya estaban allí. "Como no" pensé sonriendo.

-¡Increíble, has llegado a tiempo!- exclamó burlona Shion mientras me hacía gestos con las manos como si no las hubiera visto aún.

Shion era un año mayor que yo, y estaba en mi clase porque había repetido un curso en el instituto, ella dice que por problemas personales, pero nosotras sabemos que fue porque no quiso estudiar. Es la más espabilada del grupo, simpática y divertida, siempre está burlándose de nosotras, aunque sea de broma y le gusta mucho coquetear con los chicos. Es alta, esbelta y de piel clara, aunque es un poco frágil. Tiene el pelo muy largo y rubio, que suele teñir de colores llamativos y siempre lleva como complemento unas orejitas de gata que cambia de color conforme cambie el de su pelo.

-Buenos días, Saori-chan. Veo que te han venido bien los cinco despertadores, ¿verdad?- inquirió Azumi.

Azumi era de la misma edad que yo, una chica tímida y vergonzosa, sobre todo con los chicos, a la que nos costó convencer para que comenzara a juntarse con nosotros. Es muy amable y cariñosa, además, es la empollona del grupo y nos echaba la bronca cuando no estudiábamos o llegábamos tarde a clase (de ella fue la idea de los cinco despertadores).

-¡Sí! Sois las mejores dando consejos, aunque creo que soy la única persona capaz de llegar desde Asakusa a Bunkyo en quince minutos- Todas nos reímos y nos dirigimos a clase con cierta prisa, ya que íbamos a llegar tarde.

Azumi y Shion eran las únicas a las que consideraba amigas en este mundo, sin embargo no eran las únicas con las que salíamos. Las conocí cuando entré en la universidad, Shion hablaba con todos los de la clase y Azumi estaba simplemente en un asiento apartado con un libro entre las manos. Me senté junto a ella y, aunque trataba de hablarle, no logré mantener una conversación con ella, hasta que Shion llegó a donde nos encontrábamos y, simplemente, nos "obligó" a hablar sentándose entre nosotras y no callándose hasta que le contestábamos. Nunca supe por qué se quedó con nosotras aunque conociera a toda la clase, pero me alegro.

Llegamos a la clase de teorías e instituciones contemporáneas de la educación y allí estaban los demás.

-¡Hola, chicas!- nos saludó con su habitual energía Taiki. –¡Saori, has llegado a tiempo!- añadió medio sorprendido y medio burlón; mis retrasos en clase eran ya habituales.

Taiki era el más "friki" del grupo. A todos nos gustaba el mundo de manga-anime y el cosplay, pero él era el que nos guiaba a todos, el que nos informaba de cada anime nuevo, de cada reunión, el que organizaba las quedadas, vamos, el que nos dirigía en ese sentido, por decirlo de algún modo. Era un chico de mi edad, con mucha vitalidad, muy extrovertido y simpático y, sinceramente, el más guapo de mis amigos. Además, era muy amable y considerado, cosa que desconcertaba un poco, pero siempre se agradecía. Era alto y fuerte, algo que nos extrañaba pues se pasaba el día jugando a los videojuegos, cosa que dejaba en evidencia el color claro de su piel. Tenía el pelo castaño con un peinado como el de Kira, el de Death Note. Sí, se lo cortó así queriendo, porque le admira.

A su derecha, ya sentado estaba Kei, que nos saludó con la mano. Era un chico un poco calladito, pero muy simpático. Además, era muy aplicado en clase, lo que a veces aprovechaba para pedirle apuntes (Azumi no me los dejaba porque decía que yo debía tener mis propios apuntes). Es de mediana altura, complexión normal, pelo negro y corto y suele vestir con ropa negra. Es el otro miembro del grupo que tiene coche.

A la derecha de Kei estaban Misha y Saito abrazados y dándose cariño, vamos, como siempre. Ellos eran de la edad de Shion, aunque no negaban que estuvieran allí por las notas, estaban todo el día juntos y no estudiaban, cosa que cabreaba a Azumi que miró hacia otro lado cuando les vio besarse mientras entraba el profesor.

Misha era una chica tranquila y cariñosa, sobre todo con Saito del que solo se separa cuando éste va a jugar a fútbol. Estatura media, complexión delgada y pelo corto de color naranja. Saito era un chico muy simpático, pero no le gustaba nada estudiar (¡menos que a mí, incluso!). No duda en mostrar su amor aunque haya gente delante, tanto que a veces resultan empalagosos. Es alto, atlético y con el pelo rubio y corto.

Azumi, Shion y yo nos sentamos justo al tiempo que el profesor ordenaba silencio en la clase y comenzaba la sesión diaria. Odiaba esa asignatura. Por esa razón siempre me sentaba al lado de Shion con la que me pasaba "cartitas" a modo de conversación sin que Azumi nos viera.

"¿Qué te ha pasado en la mejilla?" decía la primera carta de mi amiga. Ya casi no me acordaba del corte, tendré que inventarme una excusa. "Es una historia muy larga…"


User: Seraph

Personaje: Setoh

La noche. Oscura y reveladora, solo de noche se podía ver lo que se esconde cuando brilla el Sol. Fría para muchos, cálida para nosotros, solo de noche puedo operar con total calma y sosiego. Me encantaba mi trabajo, yendo de un lugar a otro, nunca te aburrías, posibilidad de conocer gente nueva, aunque tampoco es que pudiera hacer mucha amistad con esas personas… yo era el que les arrebataba la vida. Irónico ¿no? Pero esta noche era diferente, el Inframundo estaba algo descolocado últimamente, así que mi misión actual era exterminar. ¿Qué si es lo mismo? No, esta vez el objetivo no era humano. Vamos, en resumidas cuentas, odiaba ser exterminador de demonios. Y, por si se me olvidó decirlo, soy un Caronte.

- Esta misión debería ser para Seth, no para mí – las odiaba, ¿para qué mentir? – No sé por qué sigue durmiendo… maldito vago.

Mi gran capa negra me envolvía de pies a cabeza a la vez que bailaba en el aire mientras iba saltando de tejado en tejado, aunque más que saltar podía suspenderme en el aire, como buen espíritu que era. Los Carontes no somos totalmente demonios, sino que tenemos parte de espíritus, así podemos capturar almas, en lugar de destruirlas o consumirlas. Mientras maldecía mi suerte llegué a una estación de metro, bajo mis pies había varios humanos subiéndose al tren, lo cual me dio una idea.

- Los humanos sí que viven bien – comenté mientras permanecía sentado en el techo del vehículo – Así no tardaré en llegar a Kyoto.

En menos de veinte minutos ya estaba frente a mi objetivo: un gran edificio de oficinas, sede de la compañía Tochimichi. Mi misión era capturar a un demonio que últimamente había ido muy de por libre, ignorando toda norma, humana o no. Este tipo se hacía pasar por el dueño de toda la corporación, Tochimichi Nakamura. ¿Qué por qué había un demonio libre en la Tierra? Bueno, digamos que a veces, mis jefes suelen sacar provecho de las fugas de estos individuos al mundo humano. Este tío, concretamente, nos suministraba información sobre algunos grupos de caza-demonios que pululan por ahí. Pero últimamente el poder se le había subido a la cabeza, y estaba matando a humanos, tanto para alimentarse como para atraer a los cazadores.
- ¿Qué hace? Ya debería haber llegado.

Justo cuando acabé la frase algo me golpeó la cabeza por detrás. Resentido, me giré para ver al culpable, y ahí, mareada, estaba la pequeña Assecla. Una criaturita no más grande que un puño, parecida a un murciélago pero más redonda y con cuatro patitas enanas. En la cara llevaba una máscara de calavera con un solo ojo en el centro. Cuando ya se recuperó del golpe, se levantó y empezó a dar vueltas a mi cabeza.

- A ver, ¿por qué cojones has tardado tanto? – le grité a Assecla irritado.

- ¡Deshi, de deshi des, eshi shishi! – puede parecer un lenguaje incomprensible, pero yo sí la entendía.

- ¡Lo sabía! – empecé a apretar al pobre bicho con mi mano derecha - ¡Otra vez persiguiendo pájaros!

Cuando los dos nos calmamos pudimos centrarnos en los detalles de la misión.

- Bueno ¿Has traído las órdenes? – pregunté mientras Assecla me miraba fijamente.

- Deshi – dijo el animalillo a modo de afirmación – Deshis shi des des, shide de deshi.

- ¿Qué? – una expresión de sorpresa se adueñó de mi cara - ¿Algo extraño? Así que ahora, además de cazar, tengo que investigar… Fabuloso.

Mi destino era el último piso del gran edificio Tochimichi, el número 27. Sinceramente, la construcción imponía bastante, parecía que estuviera hecha de cristal. Saqué mi brazo izquierdo de entre los dobleces de la capa. Mi marca de demonio. El brazo era totalmente escamado, como un exoesqueleto, de color negro, aunque cuando le daba la luz reflejaba un tono violáceo. Con el dedo índice empecé a hacer círculos en el suelo de la azotea en la que me encontraba mientras comencé a rezar.

- ¡Est oris incomparabilis procul incomparabilis prodigium a Coniecto! ¡Quod vestri a servo polus penuriosus species! ¡Governorship cui governorship! ¡Aroculem ut gauged quod non vestri a servo tamen!
(¡Abre de par en par las puertas del Infierno! ¡Que te sirvan los cielos inferiores! ¡Gobierna a quienes gobiernan! ¡Arrójalos a medida que no te sirvan más!)

Al acabar el cántico, un pequeño charco de color negro comenzó a formarse dentro del círculo que estaba dibujando. Lo pisé y comencé a hundirme en el. Al abrir los ojos estaba en mi destino, el edificio Tochimichi, aunque estaba solo, no veía por ningún lado a Asslecla.

- Puto golem… - maldije mirando hacia arriba – Tenemos trabajo. ¿Quieres dejar de jugar?

Al parecer estaba divirtiéndose persiguiendo a un par de palomas que pasaban por allí. Al oír que su amo la llamaba, bajó en picado hasta empotrarse en mi cara. No podía más, me tenía de los nervios. La agarré, la estrujé y la estampé contra el suelo como castigo y venganza por todos los malos ratos que me estaba haciendo pasar. Ya sosegado, me dispuse a continuar mi tarea. Levitando un poco, me descolgué hasta la ventana del despacho del presidente.

- Vaya que si es raro – mascullé observando el interior de la estancia – Parece que alguien se me ha adelantado.

Dentro se podían leer signos de pelea, cristales por el suelo, ropa desgarrada, muebles volcados… y lo mejor, pedacitos de demonio desperdigados por todo el suelo. Para variar, Assecla volvía a la carga. Comenzó a empujar la ventana entreabierta hasta que consiguió abrirla de par en par y colarse en el despacho, una vez dentro fue de lado a lado del habitáculo curioseando todo cuanto podía curiosear. Aproveché para entrar yo también, por fin entendí que Seth no hubiera intervenido, no había motivos para que lo hiciera, no había objetivo al cual cazar.

El silencio sepulcral de la sala solo se rompía por el metálico ruido que producían mis grebas al caminar. Me acerqué al cadáver de mi objetivo, o la mayor parte de él. Entre los trozos de carne habían cristales, como de algún recipiente, seguí buscando hasta que lo encontré: la tapa de un tarro manchada de sangre. Me la acerqué a la nariz para intentar reconocer su origen, pero apenas pude acercármelo a la cara, pues me hizo soltar alguna lágrima, como si de una cebolla se tratase.

- Sangre de ángel, esto no es suficiente para hacer reventar de esta manera a un demonio.

Me quedé pensando un momento, mientras observaba la escena. Era como si lo hubieran inmovilizado. Si era así, podrían haber usado algo más como detonante.

- Assecla, - de inmediato, la diablilla se posó en mi hombro izquierdo – tenemos que recoger pruebas. Guarda esto y envíaselo a los jefes, yo tengo que hacer algunas visitas por la zona.

El golem abrió de par en par lo que parecía ser su boca, más grande que ella misma, tragándose la tapa que le di. Es una función bastante útil de estos animalillos, su estómago es un plano independiente que sirve para guardar cualquier cosa. Como si de salvar su vida se tratase, Assecla salió volando por la ventana. Un ruido se oyó a mis espaldas, provenientes de detrás de una puerta pequeña. Se abrió lentamente, produciendo un rechinar agudo. Cuando terminó de abrirse se pudo ver al auténtico presidente Tochimichi, con la ropa desgarrada por completo, lleno de heridas y totalmente inconsciente en el suelo. Esquivé el cuerpo herido del humano para observar el interior del cuarto.

- Esto es atroz.

Dentro había una especie de cruz invertida, con cadenas donde presuntamente estaba apresado el hombre. Las paredes lucían símbolos paganos pintados con sangre, y, al trasluz de las velas, se pudo vislumbrar una estantería con instrumentos de tortura.

- Normalmente hubiera bastado con sellar el cuerpo de huésped en la cruz, pero este tipo se ha dedicado a torturarlo y a usarlo como conejillo de indias para sus conjuros.

Mi trabajo allí había acabado, del resto ya se ocuparían los "limpiadores", espíritus de menor rango que los Carontes, que, como su nombre indica, se dedican a limpiar de pruebas de nuestra existencia los escenarios de sucesos como este. Apoyé un pié en la repisa de la ventana preparándome para salir de ahí, no sin antes echar un vistazo atrás, y preguntándome qué habría pasado en realidad. Ya fuera de mis pensamientos salté afuera, precipitándome al vacío.

Por suerte los humanos normales no pueden ver a los espíritus como yo, así que podía ir tranquilamente por la calle, mi nuevo destino estaba cerca. Me paré frente a una tienducha de mala muerte de uno de los barrios más demacrados de Kyoto. En el cartel de la fachada, lleno de moho y astillado por el tiempo, se podía leer "Esotérica Mao". Me metí en el callejón buscando una entrada que no fuera la principal, hasta que comprobé que la puerta de servicio estaba abierta. Una vez dentro pude ver, desde las sombras, como un viejo con atuendo chino, terminaba de atender a un par de chicas jóvenes.

- ¿Por qué no les has dicho que ese libro no les ayudará a encontrar pareja? – asalté al anciano una vez se fueron las chicas – Menudo timador estás hecho Mao.

- ¿Pero qué…? – el viejo, casi cayéndose de culo, se giró hacia donde yo estaba, con los ojos desorbitados – Maldito niñato… No me dez ezos suztos… Sabez que ya tengo una edaz.

- Si claro, como si 3.000 años fueran mucho para un demonio – me reí mientras salía de mi escondite.

Mao era otro diablo arraigado al plano terrenal. Su aspecto humano era el de un maltratado viejo, calvo, con los ojos entrecerrados y una larga barba blanca. Era alguien inofensivo y lo único que hacía era llevar una tienda de material esotérico, la mayor parte de totalmente inútil. A veces vendía otro tipo de material, tanto a demonios como a cazadores, así que supuse que estando cerca de la zona del ataque sabría algo.

- Zupongo que no haz venido a comprar – me atacó el anciano ya recuperado del susto – Dime que quierez para poder echarte de aquí.

- Tan amable como siempre abuelo – me quité la capucha dejando al descubierto mi rostro: pelo negro azulado, totalmente enmarañado, piel oscura y unos ojos rojo intenso. Sacudí mis largas orejas, molestas por la presión de la capucha – Tengo unas preguntas sobre algo que pasó esta noche en el edificio Tochimichi.

El viejo Mao comenzó a sudar nervioso mientras intentaba balbucear algo que no me iba a gustar.

- N-no ze nada de ezo Setoh… - tembloroso, sacó de dentro del bolsillo un pañuelo – Aq-qui zolo vendemoz baratijaz a humanos.

- Vamos Mao – poco a poco iba a acercándome al anciano, mientras este se secaba el sudor – Los dos sabemos que conoces a mucha gente, no puedes mantener este negocio solo vendiendo libros viejos y amuletos de latón.

Di una fuerte palmada al mostrador, frente al cual estaba Mao, con mi mano izquierda, en un intento de asustarlo.

- Mao… Mao… - seguía con mi habitual tono de sorna - ¿Quieres que llame a Seth?

- ¿S-S-S-S…Seth? – al oír ese nombre el viejo abría sus entrecerrados ojos – E-e-ez un fa-farol…

- ¿Farol? Verás, me dijo que si te veía te dijera esto: – acerqué mi cara a la suya, mostrando un rostro algo más terrorífico – "Voy a matar a ese viejo. La Absintha que me vendió estaba aguada. ¡¿Cómo se le ocurre venderme esa porquería?"

Antes de que el anciano pudiera articular palabra, una voz femenina nos interrumpió.

- No quiero defender a mi marido, incluso me gustaría ver como Seth lo desmiembra por estúpido, pero él no tiene nada que ver con el asunto de Tochimichi.

Era Yulán, la mujer de Mao. Era una pareja realmente extraña, puesto que ella no tendría más de 500 años. Su aspecto humano era exageradamente llamativo: una figura realmente de infarto, resaltada por el Qipao que llevaba puesto, ceñido a ese cuerpo escultural. Su pelo era totalmente negro, recogido en un moño.

- Fiuuuu – silbé a modo de alago – sigues tan espectacular como siempre Yulán.

- Aún eres un crío, pero puede que cuando el viejo Mao estire la pata y tú crezcas un poco…

- ¡Aún zigo vivo arpía! – se defendió el atacado.

La verdad es que solo era bella en su aspecto humano, no os recomiendo ver su forma real.

- Entonces, ¿tú puedes contarme algo, Yulán? – dije después de dejar de acechar al viejo.

- Bueno, sé que algunos de sus lacayos estuvieron por aquí buscando a alguien. – y después de dudar unos segundos continuó – Ah, y un chico joven, seguramente extranjero. Le vendí algunas cosas no tan… "usuales".

Ahora todo cuadraba, el demonio muerto, el tarro con sangre de ángel… Sin mediar apalabra, me di la vuelta y me dispuse a marcharme. Yulán me detuvo antes de que pudiera cruzar la puerta por la que había entrado.

- Espera, dale esto a Seth a modo de disculpa – la diablesa sostenía una gran tinaja blanca – Es pura, además, es el único demonio que conozco capaz de soportar este alcohol.

- Absintha, se alegrará al verla.

Una vez fuera, cavilé un poco, intentando ordenar las piezas. El demonio que suplantó a Tochimichi estaba tras una mujer, un extranjero lo mató usando Herramientas Negras, eso significaba que tenía conocimientos de Magia Satánica, y si pudo con esa bestia él solo, también quería decir que no era un humano corriente. Normalmente los cazadores de demonios trabajan en grupos, y aún así no es seguro que puedan derrotar a u solo diablo, pero si este chico lo hizo solo…

- Bien, bien… Así que el viejo te ha dado Absintha… y de la buena. - una voz resonó en mi cabeza.

- Seth. ¿Ya despierto?

- ¿Qué quieres que haga? Desde el principio no había misión. Sabes que si no hay sangre no me interesa.

- Lo sé, lo sé – reí mientras me ataba la tinaja de alcohol a la cintura, pero algo pegado a ella cayó al suelo - ¿Un sobre?

Dentro del sobre había una foto, al parecer de la cámara de vigilancia de la tienda de Mao. En ella se veía a Yulán entregando un paquete a un chico de pelo anaranjado, posiblemente el extranjero del que habló.

- Bueno, pues ya tenemos otra pista – dije mientras volvía a colocarme la negra capucha.


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