Hola… Espero que estén muy bien, así como yo lo estoy, sino les doy parte de mi energía, creo que estoy exagerando…
No me pienso alargarme mucho, pero creo que si debo agradecer por el apoyo y disculparme por la tardanza; sin embargo se que ustedes entienden… =)… ahora les dejo la actualización…
Cáp. 17: La Navidad y un pasado
Envolver regalos siempre le habia gustado, pero le parecía mejor si eran para personas que quería.
- No tengo papel – Suspiró la chica mientras buscaba entre las miles de cajas que tenia, las compras navideñas las habia hecho hace algunos días, la vez que habia sido acorralada por los paparazzis sola; habia hecho las compras y las habia llevado a casa del abuelo para evitar que fueran descubiertos y sobre todo uno muy especial - Tal vez alguien tenga…
Salio de su habitación a toda prisa para ir a la habitación de al lado.
- ¡Inuyasha!...despierta – Llamó la chica al verlo dormido entre miles de cajas y papel - ¡Fuego!
- ¿Qué?... ¿Fuego? – Se levantó con premura.
- Jajajajaja, te veías gracioso durmiendo sobre cajas
- Ja, ja – Se puso de pie - Vienes a burlarte de mi o ya no podías vivir sin mi…
- Muy gracioso – Evitó que el chico la tomara en brazos - Necesito…papel… ¿Tienes problemas?
- Si, no se envolver estas cosas, nunca lo he hecho, debí pedir que los envolvieran – Suspiró sentándose en la cama y mirando las cajas.
- No con los regalos, con que me lleve unos cuantos rollos de papel – Apuntó los múltiples que el chico tenia.
- Ahh, no – Que tonto era a veces - Puedes tomar los que necesites pero si me das…
- Gracias…nos vemos – Corrió fuera de la habitación.
- …un beso, ahhh bien Inuyasha manos a la obra – Volvió al suelo donde tenia las cajas y un par de regalos envueltos.
Habia pasado horas y horas y…mas horas envolviendo regalos, ni siquiera habia bajado a la hora del almuerzo, pero era porque debía terminar rápido hoy era noche buena, mañana navidad y abrirían los regalos, pero envolverlos era cosa seria.
- Al menos no son muchas personas – Balbuceó mientras ataba un moño en una caja; pero al menos habia alguien con quien estar, era cierto que desde un tiempo estuvo Miroku pero nunca se celebró la Navidad en esa casa o no al menos del modo que el hubiera deseado, esta seria su primera Navidad, una verdadera - Una vuelta mas y jalas las cintas…vaya que lindo moño, soy bueno en esto… - Sí claro, si fuera bueno no tardaría tanto.
Miro el reloj y eran las 7:00 p.m., ¡Debía apurarse! aun debía pasar por algo, hizo a un lado los regalos que habia comprado, a pesar de que no eran muchas personas habia comprado demasiados, ahora que si lo meditaba era la primera vez que compraba regalos de una manera tan desinteresada, siempre que lo hacia era para alguna aprovechada y siempre salía bien remunerado, aun así no se arrepentía del nuevo cambio.
- Mamá ya vino el abuelo – Avisó la chica sentándose en la barra de desayuno.
- Oh, ¿Y lo llevaste al cuarto de huéspedes? – Preguntó, decorando una tartaleta con frutas.
- No te excedas con la cena mamá – Se robó una fresa - Solo somos el abuelo, Souta, Inuyasha, el joven Miroku, tu y yo…ahh y tal vez Sango
- Lo se…pero nunca esta de mas, es mejor que sobre a que falte hija – Habló su madre mientras buscaba algunas cosas mas; en la cocina a parte de la señora Higurashi estaban otras dos mujeres que ayudaban con la cena - Y en lugar de estar aquí, sin hacer nada deberías organizarte para la cena, son las 7:30 p.m. y es a las 9:00 p.m. así que ve a organizarte
- Esta bien – Salió de la cocina.
Subió a su habitación y entró directo al baño, se daría una ducha antes de arreglarse para la cena, esperaba que todo saliera bien, esta feliz de tener una Navidad al lado de Inuyasha, pues el era una parte muy importante en la vida de ella.
Luego de darse el largo baño y todo por estar meditando acerca de cosas triviales, salió envuelta en una toalla mientras que con otra envolvía su cabello para secarlo, entró al "closet" y busco un lindo vestido que su madre le habia dado para la ocasión. Bien era hora de prepararse para la mejor noche buena y Navidad.
- Aun me parece increíble que se vaya a celebrar Navidad en casa – Habló un entusiasmado Miroku conduciendo - Todavía me parece mentiras cada vez que llego y veo el montón de luces que hay y el árbol y todo… ¿Hace cuanto no celebrabas Navidad?
- No quiero recordar ese tipo de cosas hoy… ¿Si? – Tenía su vista al frente y la respuesta era, nunca - Y mejor mira por donde vas
- Uyyy que delicado
Tomo su brillo labial de un tono rosa y hecho un poco en sus labios, ¡Lista!, ahora si podía bajar para la cena, seguro ya estarían todos reunidos, acomodo una arruga invisible en su vestido; abrió la puerta y se encontró con Inuyasha que se disponía a tocar la puerta.
- Es…tas hermosa – Revisó con la mirada a la chica.
En esta ocasión llevaba un vestido rojo que resaltaba con lo suave y blanca de su piel, que era sostenido de un solo hombro con un broche dorado, era entallado en la zona del pecho y luego caía sutil y ligero hasta mas arriba de las rodillas, tenía su cabellos recogidos con algunos rizos que caían graciosamente, tenia unos tacos no muy altos, dorados y un suave maquillaje, ahh y las mejillas sonrojadas por la atención que el chico tenia el ella.
- Muy hermosa – Reiteró, asiéndola de la cintura - Quedémonos no quiero que Miroku te vea
- Que gracioso, no te libraras de la cena – Aún no entendía muy bien porque a Inuyasha no le gustaba la Navidad pero ella cambiaría eso.
- Esta bien, pero dame un beso – Trató de retener a la chica.
- No, arruinaras mi maquillaje – Intentó salir de sus brazos, pero en realidad no quería - Bajemos… - Lo aferró de la mano, haciéndolo caminar tras ella.
- Ven… - La detuvo antes de bajar las escalas - Quiero mi beso… - Le dio un leve roce en los labios y la atrajo de la cintura, logrando que ella pasara sus manos por el cuello de el y profundizaran el beso aun mas, lo mas probable es que ella se enfadara luego, pero que mas daba, tenia su beso.
- Hasta que bajan – Sonrió con picardía, sentado en la sala con una copa de vino y al lado de él, Sango.
- Pensé que no vendrías – Se acercó Inuyasha a saludar a su amiga.
- Espero no incomodar – Saludó a Kagome afablemente.
- Claro que no – Expresó el actor de mirada dorada para volver a tomar la mano de Kagome y entrelazarla con la suya.
- Buenas noches a todos – Apareció la madre de Kagome - Si gusta pueden pasar a la me…
- ¡Yo abro! – Corrió el hermano de Kagome hacia a la puerta, habían tocado - Inuyasha es…
- Pero que ingrato jovencito eres – Refunfuñó una mujer de avanzada edad entrando a la casa con unas maletas - Y tu también Miroku
Kaede… ¿Qué haces aquí? – Dijeron ambos jóvenes a la vez.
- Al parecer, el jovencito superestrella se olvido de mi, así que yo vine a recordarle – Habló la anciana dejando las maletas y saludando a un Miroku e Inuyasha sorprendidos - Ahhh que bien luce la casa, con tanta luz, me sorprendió verla así, cuando entre pensé que me habia equivocado, ay pero que maleducada soy…mi nombre es Kaede y soy la nana de este malagradecido, y tan bella jovencita ¿Quién es?
- Yo…eh soy Kagome – Respondió la chica algo atónita por la actitud de la anciana, y como que era la nana de Inuyasha, no estaba comprendiendo del todo.
- Oh mas gente, que bien – Se entusiasmó la señora Higurashi - Ya pueden pasar a la mesa…
- ¿Qué? – Farfulló sorprendida la anciana - Oh, no me digas que también hay cena de noche buena, pero que cambios; bueno pero no hagan esperar a la señora adelante pasemos…oh querida Sango estas muy hermosa tiempo sin verte, no tanto, te vi en esa pelicula…
- ¿Tú nana? – Le dijo a Inuyasha que solo suspiraba ¿Molesto?, tal vez.
- Es algo largo de explicar – Contestó - Luego te digo, no dejemos a tu madre esperando
La cena era por demás amena y todo en manos de algunas bromas de Miroku, los golpes de Sango para este, historias del abuelo y por supuesto las anécdotas sobre un pequeño Inuyasha que nadie o al menos no ella conocía y todas por Kaede, quien era la que más habia hablado.
- Oh mi pequeño Inuyasha era tan inquieto, en las noches iba a mi cuarto a imitar las voces de los personajes animados – Comenzó otra grata historia - Cierta vez le dio gripe y pensó que hablaría así de por vida hizo miles de tonterías para quitarse la vocecita, oh y una vez…
- Creo que fue suficiente Kaede – Masculló enojado, Inuyasha; dejó los cubiertos sobre el plato - Todo estuvo delicioso señora Higurashi, si me disculpan – Se puso de pie y se marchó del lugar.
- Ya vengo – Dijo Kagome, saliendo tras Inuyasha - Oye me esperas… ¿Qué paso? – Lo alcanzó antes de llegar a las escalas - No te molestes todos hicimos tonterías de chicos
- Lo sé – Se detuvo cerca del árbol navideño de la casa - No me gusta que diga historias tan graciosas cuando todo era un infierno
- ¿Cómo?...no te entiendo – De que hablaba Inuyasha.
- Nunca nadie lo hace, no te preocupes – Comenzó a subir las escalas.
- Y… ¿No podrías ayudarme a entender? – Le tomó el borde de su camisa negra y lo atajó de nuevo.
- Ayy Kagome, todo fue tan… - No sabia que decir, es mas no sabia si decir, muy pocos conocían esa parte de su vida - Esta vida no es el cuento externo que se vende en las revistas y programas de televisión todo trae su lado oscuro y mi vida siempre fue eso…
- ¿Qué quieres decir? – Él suspiró y se sentó en las escalas, ella lo imitó.
- Mis padres eran algo así como parte de la realeza del mundo del espectáculo, mi padre era el mejor productor y director de cine que jamás se hubiera conocido, todo actor quería trabajar con el, pues hizo las películas mas rentables de la historia; mi madre era por su parte la modelo mas cotizada, la querían en cuanta pasarela se hiciera, y yo fui el mas grande error de sus vidas. Mi padre tenia una gran ventaja de edad sobre mi madre, tal vez tanto dinero la sedujo, no lo se; ella apenas estaba entrando a los veinticinco años y su carrera al igual que la de mi padre estaba en todo su apogeo, un hijo no era lo mejor para ambos y menos el escándalo de un enredo entre los dos, serían la presa de la prensa y eso era la ruina. Intentaron mucho, demasiado diría yo, hasta trataron de provocar…un aborto – Una pequeña sonrisa que noto demasiado melancólica se formó en su rostro - De eso me di cuenta cuando mi padre llego ebrio y con una de sus amantes una…Navidad y me lo gritó a los cuatro vientos. Bien, luego de que el librarse del "problemita" con un aborto no funciono, decidieron que nacería y luego decidirían que hacer conmigo, yo nací y mi madre me dejó con mi padre ella no quería un niño a su lado, así que el me consiguió una nana, Kaede, y ella fue quien me crió, el que yo existía nunca se supo hasta que el murió por…cáncer y sabes que la prensa vuela por buscar noticias y en medio de todo eso, aparecí yo, de mi madre nunca se supo, me entere de ella por Kaede que al parecer conocía la historia, nunca… - La voz se le entrecorto y dio un gran suspiro.
- Tranquilo sino…
- Quiero hacerlo – Aferró mas la mano de Kagome a la suya, ni cuenta se dio desde cuando la tenia sujetada - Era demasiado inquieto, creo que mi padre descanso de mi en cuanto me enviaron a la escuela, pero yo quería que el se fijara en mi, que fuera por mi, que jugara conmigo como lo hacían los padres de los demás niños, pero el nunca estuvo ahí, así que era el niño problema de la clase, estuve internado pero no me soportaban, estuve en cuanta clase de cosas te imaginaras, idiomas, deportes, hasta que llegue a la clase de actuación, fue donde mejor me adapte podía explorar esos lados míos que no conocía, podía liberarme del enojo en un escenario, en un set de grabación, me agradaba; conseguí algunos papeles; comerciales, luego en teatro y televisión; al parecer a mi padre ya no le iba también con el negocio y yo era el que le daba el dinero, el se quedaba con todo lo que ganaba por los trabajos. Muchas veces lo odié y me pregunté porque tenía que ser así, donde estaba mi madre y porque no tenía una familia normal; cuando mi padre murió, por mas frío o macabro que se escuche, me sentí liberado, me convertí en un chico feliz de la vida, decidí hacer proceso de emancipación y pude administrar mi propio dinero, tenía 14 años y me dediqué a mi carrera como actor, luego de un tiempo vino Miroku y me iba relativamente bien, pero vinieron las malas amistades y los malos y reconfortantes vicios, que me hacían olvidar y recordar lo horrible que fue alguna vez mi vida, así que esta pequeña felicidad que tuve se vino al suelo a medida que mi carrera crecía, así que siempre tuviste razón soy una completa farsa que aparenta por fuera, mientras que por dentro es una mie…
- No tienes la culpa de esas cosas – Interrumpió Kagome - No tu, hay personas que actúan sin pensar en las consecuencias, que traerán para los demás y tu padre y tu madre solo pensaron en ellos, tal vez…
- A veces pienso lo mismo, pero no se, me deje influenciar de todo y debí de ser fuerte para no dejar que eso me afectara – Miró su mano entrelazada con la de Kagome.
- Eras un niño al cual le desmoronaron las ilusiones – Ahora entendía el porque del odio con la Navidad, era un época en familia y el nunca la tuvo, ella cambiaría eso - Pero nunca se es tarde…
- ¿Qué dices? – La miró con fijeza.
- Puedes empezar a disfrutar de todo lo que se te fue limitado, que te parece si empezamos por la Navidad – Se colocó de pie jalándolo junto a ella - No es difícil además no estas solo, hay muchas personas que quieren que tu estés ahí, yo quiero que estés ahí – Depositó un beso en sus labios - Vamos…
Entraron al comedor que estaba en completo silencio, al parecer ya todos habían terminado la cena, y nadie se movía de su puesto, vaya que el ambiente estaba tenso.
- ¿Qué pasa se tragaron sus lenguas? – Bromeó para luego regresar a su puesto - Yo quiero postre…
- Claro hijo – Habló la madre de Kagome poniéndose de pie para ir la cocina, con una gran sonrisa.
Hace algunas horas que estaban charlando entre todos en la sala, escuchando las conversaciones del abuelo de Kagome y la anciana Kaede, algunas historias de Miroku y Sango, y todo mientras tomaba café con algunas galletitas que la madre de Kagome habia horneado, todos esperaban con ansias que el reloj marcara la medianoche, hora que daría entrada a la Navidad. El ambiente era por demás relajado, se escuchaban risas; la chimenea estaba encendida y el leve calor era presente, todo estaba iluminado y el árbol navideño daba el toque mágico al lugar.
- No es justo yo quiero esa galleta – Renegó cruzado de brazos.
- Pareces un niño, pero aun así no te la voy a dar – Mordió media galletita de vainilla con chispas de chocolate - Esta bien…te voy a dar
- Ahh – Abrió su boca como un niñito - Gracias…ahora un beso…
- Ni lo sueñes – Lo dejó Kagome para unirse a los demás.
- Mamá, ¿Cuánto falta? – Se sobó uno de sus ojos y un bostezo se escapó de él, el sueño no debía vencerlo.
- Pues… ¡Ya es medianoche!, feliz navidad hijo – Abrazó a su hijo, todos miraron sus relojes…-
- ¡Feliz Navidad Sanguito! – La abrazó y casi la besó sino fuera por el golpe de la chica que hizo reír a todos.
- Pobre Miroku – Susurró Kagome algo sorprendida por el golpazo que habia recibido el joven.
- Espero yo no recibir lo mismo – Se la llevó de la mano, un poco alejada de las demás, luego de que la chica diera el "Feliz Navidad" a los demás.
- ¿Qué pasa? – Preguntó dejándose abrazar por Inuyasha.
- Feliz Navidad… – Le sonrió, jamás pensó que esas palabras salieran de él - …Mi amor…
- Feliz Navidad – Correspondió su sonrisa, y se acercó a él para besarlo.
- Lamento interrumpir tan bello momento – Claro que no lo hacia - ¡Feliz navidad a ambos!
- Si no fuera Navidad te asesinaría – Se separó a regañadientes.
- También te quiero – Lo abrazó luego de hacerlo con Kagome.
- ¡Feliz Navidad a todos y buenas noches! – Exclamó Souta subiendo las escaleras con algunas cajas en las manos, luego de recibir sus regalos de primera; que consistían en su mayoría en juegos de video, y la nueva referencia de consola de videojuegos, de seguro subiría a probarla y no a dormir, pero que mas daba era un niño-
Luego los regalos fueron para la madre de Kagome, que eran cosas como perfumes, algo de joyería, accesorios, un libro de cocina, pues a toda madre le gusta y cosas así, para mamás.
Kaede y el abuelo hacia algunos momentos se habían ido a dormir a sus respectivas habitaciones, cosas de la edad, además ya era algo mas tarde de la medianoche. Mas tarde la madre de Kagome se fue a dormir luego de dar sus regalos para Inuyasha, Miroku, Sango y su hija y luego se fue a la cama, además debía ir a acostar a Souta que de seguro estaría dormido con la consola prendida.
- Gracias Sango – Musitó Kagome mirando el hermoso par de zapatos azules, seguro irían de maravilla con el vestido que su madre le habia dado, ah y el lindo collar que el joven Miroku le habia dado.
Los jóvenes se quedaron un momento mas riendo por cuanta trivialidad se decía, comiendo una caja de bombones de chocolates y bebiendo una copa de champaña, perfecto para la nevada que habia comenzado afuera; época de invierno que habia empezado hacía algunos días. Perfectamente mágico.
- Bien creo que tengo algo para ti – Se puso Kagome de pie y subió a la segunda planta, posiblemente a su habitación.
- ¿Qué será? – Preguntó Miroku mientras todos esperaban el regalo de Kagome para Inuyasha - La señorita Kagome hasta donde sé, estuvo preguntando el posible regalo…
- ¿En serio? – Preguntó sintiéndose halagado.
- ¡Cierra los ojos! – Se escuchó su voz arriba - Bien, estuve preguntando mucho como Miroku te acabo de decir, algo que hayas deseado toda tu vida – Una mirada reprobatoria se posó en el aludido.
La expectativa lo estaba carcomiendo, que seria, ¿Qué quiso toda su vida?, ¡Dios que era!, escuchó un leve suspiro de Sango que fue acallado por Miroku, quería ver pero Kagome lo mataba de seguro
- Feliz Navidad – Dijo, ya sentada frente a Inuyasha, con algo entre sus brazos - ¿Vas a decir algo? – Preguntó al ver al chico que miraba atentamente lo que tenía en brazos la chica y que ni se atrevía a tocar.
- ¿Es…para mí? – Miró al cachorrito de tan solo semanas en brazos de Kagome, la cual asintió ante la pregunta - Puedo…
- Claro que si – Le dio el cachorro de San Bernardo, de color blanco con algunas manchas de color ocre, y que estaba al parecer dormido.
- Es muy pequeño, no…
- No te preocupes, tiene todas sus vacunas, compre las vitaminas de los primeros meses, el resto del tiempo corre por tu cuenta – Informó, mientras el joven solo miraba al cachorro que se acurrucó mas; ahora que recordaba siempre quiso uno, pero su padre nunca lo vio con gracia, odiaba los animales…
- Gracias – Una sonrisa se formó en él, mientras le daba un beso a la chica - ¿Cómo se llama?
- Elvis, como el cantante
- Bien amiguito, bienvenido a casa – Sonrió y le acarició las orejitas al cachorro.
- Buenas noches y cuida a Elvis – Dijo la chica frente al cuarto de el chico - Voy a traerte su camita y…
- ¿Crees que Elvis se podría quedar esta noche en tu habitación? – Preguntó Inuyasha.
- Claro… - Asintió, tal vez no se acostumbraba al cachorro.
Fueron a la habitación de la chica y acostaron al pequeño cachorrito, que simplemente se movió un poco y volvió a dormir, era normal si estaba tan recién nacido que durmiera tanto, era como un bebé de verdad.
- ¿Me acompañas a mi habitación? Quiero mostrarte algo que prepare para ti – Entrelazó su mano con la de ella y fueron a su habitación.
- ¿Qué es? – Sonrió, que planeaba, ya le habia dado su obsequio que la dejo casi anonadada, el lindo collar de diamantes rosas que decía Kagome y tenia un dije de corazón con la letra "I".
Abrió la puerta de su habitación que estaba a oscuras, pasaron la pequeña sala, hasta llegar al cuarto; la chica trato de acomodar la visión para ver algo pero no funcionó, sintió al chico alejarse de ella y encender la luz, finalmente veía todo a su alrededor, pero y… ¿Qué significaba eso?
Continuara****************************
¡Adoro la Navidad!... Y claro los regalos… ¡Ah y lo de la familia!....Jajajajaja. Entrando en materia, espero que haya quedado claro parte de la situación de Inuyasha, pobre Inu… Y algo mas… ¡Hagan sus apuestas!... ¡¿Qué vio Kagome?... jajajajaja… Toca esperar, no hay de otra… Me siento tan mala cuando hago estas cosas… ;)
Bueno espero les haya gustado, déjenme sus comentarios… Un abrazo de oso… Bye…
