Bueno, al fin tras no sé cuantos meses el segundo y último prologo de este fic ha llegado, anduve muy colgado por muchos temas personales por aquí y por allá, y no tuve todo el tiempo para escribir que quería, pero como me voy a ir de vacaciones mañana, y no vuelvo en 10 días, quise ponerme las pilas para al menos subir otro capítulo de esto a tiempo, y debo decir que este fic me está gustando mucho hacerlo, el tiempo colgado me sirvió para planificar como terminarlo y eso, acá terminan los dos prólogos, pero la verdadera historia solo da inicio, por fin tendremos a Ash y compañía, y empezare a llamar a los Pokemons por sus nombres correctos y no las burradas que invento Boston, cuando vuelva de las vacaciones intentare mantener un ritmo más veloz.
Disclaimer: Los personajes de Pokemon no me pertenecen.
Los helados bosques de Rusia esconden algo más terrible que simples animales…, esconden humanos, viles criaturas diseñadas solo para arrancar la vida de sus semejantes, y de cualquier otro ser vivo que se cruce en su camino, todo por el vil poder.
La estación general de prueba de armas número 44 no es más que un ejemplo de lo que los humanos pueden hacer, no es el máximo ejemplo, pero no se queda atrás, las maquinas que han salido de aquí han seguido rumbos diversos, pero todas desembocaron en la guerra, y en lo posible, al exterminio del enemigo, pero ahora, iban a sufrir un arma diferente a todas las que habían diseñado antes.
—Señor —dijo uno de los oficiales, refiriéndose a su general, el sudor cubría su rostro causando que sus lentes resbalaran por su nariz. —Se ha detectado algo extraño en el radar.
El general se acerco, sus 20 años en la fuerza le habían permitido conocer bien las indicaciones básicas de los radares, la tecnología podía incluso determinar la forma y el tamaño de las amenazas, pero nunca había visto algo así antes.
— ¿Acaso esto es una broma? —pregunto, no disfrutaba de algo por el estilo, justamente su actitud ante las cosas así causaba que nadie le hubiera hecho alguna en años.
—No, señor, el radar funciona correctamente —el oficial menor cada vez sudaba mas. —Nos ataca un…, dragón gigante.
A bastantes metros de la base un dragón de color rojo claro pasaba sobrevolando los disparos de las torres de defensa menores sin problemas, era bastante gordo por lo que sorprendía que pudiera volar, y esgrimía dos cuernos en la parte de atrás de su cabeza, y una llama en su cola, de vez en cuando lanzaba bolas de fuego de su boca que destrozaban todo a su paso, parecía tener una serie de cables en su espalda.
—Parece… —el oficial dudo de decirlo. —Que esquiva todo con facilidad, y aunque sea imposible, la temperatura que genera el fuego que sale de su boca es cercana a los 200 grados.
— ¿Es eso posible?
—Esto demostraría que sí.
—MMM, preparen el cañón de iones, tendremos que usarlo.
Eso fue una sorpresa para todos, nunca ningún ataque los había llevado a usar esa arma, la defensa perfecta, capaz de destrozar una bomba atómica en picada átomo por átomo y no dejar radiación alguna, solo que con la desventaja de que un disparo dejaría sin energía a toda la base.
El disparo fue certero y directo, el dragón no pudo siquiera darse cuenta antes de que su cuerpo quedara esparcido y desapareciera.
La base se encontraba a oscuras, los sistemas de seguridad iluminaron todo con una tenue luz blanca.
—Los sistemas totales volverán a funcionar en una hora aproximadamente, señor.
—Bien —el general miro a sus soldados. —Ya sé que no pudimos saber ni que paso aquí, pero estamos vivos, y eso es suficiente para sentir que…
—Se-Señor —el oficial de operaciones volvía a sudar mientras señalaba el radar.
El general por primera vez perdió su rostro serio y abrió la boca. —Que Dios se apiade de nuestras almas —fue todo lo que llego a decir.
Un ejército de dragones igual que el anterior, se acercaba más y más.
Un mundo irreal prologo 2: "Adiós, fue mi error".
Un pequeño pez rojo nadaba con dificultad, sus ojos grandes y desorbitados expresaban sus pensamientos nulos, parecía tener una corona en la cabeza, aunque no tuviera la más mínima realeza, sumado a dos largos bigotes, dando un aspecto que realmente demuestra que la naturaleza tiene un sentido del humor bastante insultante.
Una extraña sierra se acerco al pez, y empezó a rajar su piel lanzando chispas, sin embargo no parecía hacerle daño.
Boston observaba todo desde el otro lado de un vidrio, y hacia anotaciones en una computadora, aunque no lo consideraba algo necesario, tendía a hablar en voz alta mientras anotaba.
—Bien, el Magikarpa número 53 rescatado demuestra resistencia bastante elevada en su piel, comparable a la del resto de la especie, el acero templado no parece marcar diferencia en… —se escucho un leve ruido bastante asqueroso y Boston se cubrió la cara con la mano intentando no vomitar. —Cambiando, el acero templado…, si parece ejercer diferencia.
Definitivamente esto no le gustaba a Boston, en tan solo 3 semanas, el gobierno lo había subido al puesto de científico en jefe mientras siguiera trayendo animales de esa extraña realidad paralela y no trabajara en otra cosa.
La mayoría de las cosas que llegaban eran similares a las ratas o peces terrestres, pero de vez en cuando aparecía algo inesperado, hasta el momento 3 animales habían interesado a los generales.
Los Volcanos, dragones de color rojo que lanzaban fuego de su interior, a Boston le hubiera encantando estudiar sus sistemas digestivos para entender ese proceso, pero la ferocidad de los animales los obligaba a tenerlos encerrados y manejarlos mediante controladores neurales.
Serpientes de acero, gigantescas bestias larguísimas hechas de metal, pero que seguían siendo seres vivos, excavaban mejor que cualquier maquina diseñada.
Y los Krakens, Boston no apoyaba ese nombre, los Krakens eran similares a pulpos en la mitología griega, en cambio, las serpientes marinas azules gigantes de enormes fauces que el traía no se parecían en nada.
Por más que los datos del ADN de esas bestias estaban agregadas a la máquina para traer de ellos principalmente, como venían en pocas cantidades, Boston insistía en estudiar los seres más simples y comunes, entre ellos los Magikarpas, como él les decía, no parecían tener nada a su favor, pero había algo interesante, su cadena de ADN estaba incompleta, los análisis habían demostrado que Pika, que era el nombre que Boston le puso a la rata amarilla eléctrica que trajo originalmente, actualmente encerrada, también presentaba esa irregularidad, pero no a tan grande escala, además todos los animales presentaban similitudes genéticas, tan maravilloso, tan…
—Inútil —Boston se dio vuelta y vio que el general Cole lo estaba viendo directo, y movía las manos entre las maquinarias pasando cerca de los Magikarpas acumulados.
— ¿Perdón, Señor?
—Dije que es inútil, dejamos bien en claro que no era necesario ni conveniente que siguiera estudiando a esos inútiles pescados.
—Mire, sé que no lo entiende, pero estas especies tienen mucho en común, al estudiar una simple como esta podríamos determinar muchos puntos de las otras, y entender su fisiología…, además no son pescados, son peces, señor.
—Me da igual como funcionan —el general subió el tono de vos. —Me importa que funcionen, y estas cosas no lo hacen, espero que le quede claro, no lo dejare pasar otra vez.
El general toco un botón bien conocido, el había mandado ponerlo en las zonas de contención de animales, y el agua donde nadaban los Magikarpas aumento su temperatura enormemente dañando a los animales que fueron muriendo uno a uno.
Boston no soportaba eso, los animales no tenían derecho a sufrir de esa forma para ser transformados en armas, y todo era su culpa, tantos sufrirían, y no había forma de detenerlo.
Fue entonces cuando Boston vio que uno de los Magikarpas lentamente iba brillando, se quedo asombrado por el hecho, nunca había pasado algo así, y reviso los registros de ADN, la cadena se estaba completando frente a sus ojos, pero había algo raro, el estaba seguro de haberlo visto antes, en unos segundos comparo los registros…
El ADN del Magikarpa…, se había vuelto el de un Kraken.
La explosión fue gigantesca, millones de soldados llegaron rápidamente para socorrer a Boston, el registro fue sencillo, un Kraken había aparecido a través del portal, pero la falta de anotaciones acerca de la transportación de uno causo dudas.
Y era tarde, quisiera o no, la información del cambio en el ADN fue registrada, y los Magikarpas fueron solicitados, los datos lo corroboraban, su número era grande, y al ser sometidos a estímulos demasiado peligrosos, algunos se volverían Krakens, la cantidad de muertos sería enorme, pero era mucho más barato eso que capturar Krakens recién sacados del portal, lo que significaba menor cantidad de soldados muertos y daños en la infraestructura, y más ataques marítimos a bases enemigas, en un mes o dos, el mar seria suyo.
Y Boston se sentía peor que antes, aunque los animales fueran usados, a grandes rasgos garantizaba que sobrevivirían, pocas armas humanas podían matarlos, pero la cantidad de Magikarpas que serian destrozados sería enorme, aunque sus estudios habían demostrado mucha resistencia, no sería la suficiente.
¿Pero qué podía hacer?, Si destruía el portal, lo someterían a torturas hasta que creara otro, o al menos que copiara las notas necesarias, y otros científicos se encargarían de ello, eso no era la salida.
¿Y el suicidio?, No, era muy miedoso para matarse, además no quería hacerlo, tenía que haber otra manera.
Finalmente le llego, era algo mucho más arriesgado que cualquier otra cosa, podría colocar bombas de tiempo para destruir el portal, pero antes de que explotaran, programarlo a la inversa, y pasar a través de él, no sabía que le esperaría del otro lado, pero sin lugar a dudas seria asombroso, aunque seguramente mortal, pero no tenía nada que perder.
Sea como sea, no podía realizar el viaje solo, necesitaba algo, necesitaba a alguien mejor dicho, alguien a quien casi habría destruido.
Ni más ni menos que Pika, desde que lo trajo a este lugar, lo habían encerrado en una cámara especial, tal vez por el daño que causo, sumado a su aspecto adorable, consideraron que sería una pérdida de tiempo trabajar en el, así que Boston solo tuvo que hackear el sistema de la celda para que se abriera, tuvo dudas, no habría vuelta atrás luego de eso.
Pika al sentir que se abría la puerta empezó a generar electricidad, pero reconoció a Boston, este lo había salvado al final de su escape, además, notaba bondad en el, por lo cual no lo ataco.
—Bien, Pika, vamos, te llevare a casa —Boston no sabía que tanto Pika lo entendería, pero los animales que había estudiado parecían tener una inteligencia superior a la de los animales de su tierra y entender parte del lenguaje humano.
Pika fue hacia él, pero lo paso de largo y empezó a correr por los pasillos.
Boston estaba bastante asustado, no quería dejar a Pika, pero si se iba muy lejos correría el riesgo de morir, vio como doblaba en una esquina al final del pasillo, y no le gusto.
Esta zona no tenía muchos guardias, los sistemas de defensa se activaban en caso de problemas, como Pika era muy pequeño y no había hecho nada agresivo no se habían activado, además, no reaccionarían contra Boston, al menos eso creía él, pero este lugar cambiaba las cosas, era la sala del Volcano rebelde, una verdadera bestia de poder irrefrenable, tanto que no se la había podido controlar para manejo, y se la había guardado a la espera de tecnología mejor, ese animal podría incluso se la pieza necesaria para terminar la guerra en un día, o dejar a los enemigos tan inutilizados que unos pocos ataques más terminarían todo, pero no había manera de controlar su ira.
Boston estaba completamente asustado cuando ingreso a la sala, el Volcano estaba atado por las cuatro patas con cables electrificados y llevaba un bozal tapando su boca, pero en este momento no estaba actuando agresivamente, sino que miraba con ojos lagrimosos a Pika, que lo abrazaba también llorando y miraba a Boston.
— ¿Es,… tu amigo? —la mente racional de Boston no llegaba a comprender lo que pasaba, pero se acerco al sistema de seguridad, su tarjeta de científico seria lo suficientemente válida para anular los sistemas de encierro, ¿Pero sería lo correcto?, La pregunta llego 5 segundos tarde a su mente, y ya los había apagado.
El Volcano rompió las cuerdas, que habían perdido su electricidad, con una facilidad asombrosa, el Bozal se había soltado, y se acerco lentamente a Boston, que aun no siendo religioso, empezó a rezar.
Una larga lengua roja lo lamio llenándolo de baba, el dragón ya no lo miraba con furia, sino con alegría.
—Je, que bonito —dijo Boston, y entonces saltaron todas las alarmas del lugar, los sistemas de defensa no atacarían a algo pequeño como Pika, ni a un científico como Boston, pero el Volcano era algo diferente.
Antes de que Boston reaccionara el Volcano lo subió a su espalda junto con Pika y voló a una velocidad sorprendente destrozando cada arma que intentaba atacarlo.
—Lo van a descontar de mi salario —Boston a duras penas entendía lo que pasaba y tenía unas ganas de vomitar terribles. —Espera, dobla aquí, el portal esta en esta sala.
El Volcano pareció entender, y doblo rápidamente, los sistemas de seguridad no estaban dentro de la sala, así que hasta que llegaran los soldados no tendrían problemas, Boston estimo 5 minutos, así que se apuro en programar la abertura en el portal, y su posterior destrucción.
—Bien, está todo listo —Boston miro lo que dejaba detrás, tal vez por el ultima vez, vio a Pika y al Volcano, luego al portal, y solo dijo. —Vamos —y los 3 saltaron adentro.
Lo que hubiera allí, cambiaria toda su vida para bien o para mal.
Fin del prologo.
Epilogo: Al día siguiente, Wade Cole se movía entre los restos de lo que había sido su mayor arma, mientras los trabajadores intentaban encontrar elementos recuperables.
Uno se acerco al general. —Señor Cole, lo tenemos.
Le dio un pequeño cubo negro, Cole sonrió con malicia.
—Ese inútil de Boston Grant, creía que dejaría las cosas totalmente en sus manos, pero no soy idiota, ahora, el modulo central del portal sigue intacto, y haremos uno más grande, esta vez…, nosotros iremos a elegir las bestias que queramos, JAJAJAJA.
Continuara…
