Wo, esto sí que fue una tardanza, lamento haberme tardado tanto para escribir este capítulo, pero tuve algunos problemitas por aquí y por allá, teniendo en cuenta que comencé a escribir esto a principios de enero, creo que es el capitulo que más tiempo me tomo terminar de todos mis fics, que loco, pero tuve que estudiar casi todo el mes pasado para mi examen de Análisis Matemático, que me fue mal, también tengo que volver a subir todo el material que me sacaron por estar en script editado para que no infrinja las reglas, el capítulo de hoy es en si el principio de lo que va a ser el fic, por fin vamos a tener personajes humanos de la serie, recuerden que cronológicamente esto se coloca luego de que Ash obtenga las 8 medallas de Johto, pero antes de la liga, el fic no va a ser demasiado largo, no he calculado todos los capítulos que hare, pero creo que serán menos de 10 en total, el final ya está pautado y todo, sin más preámbulos, los dejo con el capitulo:

Disclaimer: Los personajes de Pokemon no me pertenecen.

Boston abrió los ojos, y lo que vio fue algo impresionante.

Se encontraba en un bosque, pero no parecía uno normal, todo tenía un color más brillante, y aunque se viera más monótono, cada árbol tenía una textura perfecta, era como si todo eso fuera un simple dibujo hecho realidad de manera perfecta.

Se levanto y palpo lentamente el árbol que tenia mas cerca, se sentía tan bien, tan diferente, tan perfecto.

Sintió pena de no tener nada que le permitiera guardar tan excelsa imagen, tenía sed, así que siguió el sonido de agua que escuchaba.

—Definitivamente esto no es Kansas —dijo con una sonrisa, una referencia simple y fugaz, pero que expresaba lo que estaba sintiendo.

—Kansas —dijo una voz rasposa detrás del, y se dio vuelta rápidamente.

Un mundo hermoso capitulo 1: "Tan parecido, y tan diferente".

Lo que vio fue extremadamente curioso, era un loro, al menos eso era lo más similar que Boston conocía, probablemente un Agapornis Personatus, sus plumas tenían un color azul cercano a celeste en las alas, y verde en su abdomen, su cabeza era de color negro y parecía tener un símbolo musical arriba de ella, lo miraba medio perdido, con unos gigantescos ojos de iris color negro.

Estaba claro que no era un animal común, pero es posible que si lo fuera en ese mundo, al fin y al cabo, Pika tenía la cola similar a un rayo y había notado muchas presencias con similar marca genética durante sus investigaciones, lo más importante en este momento era definir si el animal realmente podía hablar o había sido imaginación suya.

—Me llamo Boston —dijo, y por unos segundos pensó que siendo un científico podría haber dicho miles de cosas más inteligentes.

—Me llamo Boston —repitió el animal sonoramente.

La alegría lleno el corazón de Boston, los loros normales pueden imitar palabras humanas, pero solo cuando las escuchan varias veces, si este animal podía repetir algo que seguramente escuchaba por primera vez, significaba que tenía una capacidad mental comparable a la de un humano y podía entender el funcionamiento del idioma.

— ¿Cómo te llamas? —pregunto con una gran sonrisa.

— ¿Cómo te llamas? —respondió el pequeño loro, y luego empezó a picotearse levantando el ala.

—…, Mira, no me engañas —Boston sentía que el animal le había faltado el respeto. —No puedes imitar lo que digo solo con escucharlo una vez, repito, ¿Cómo te llamas?

— ¿Cómo te llamas?

— ¿Cómo te llamas?

La extraña "conversación" duro unos segundos más, seguramente Boston hubiera perdido todos sus diplomas si alguno de sus antiguos profesores lo hubiera visto en esa situación.

—Nunca había visto a alguien discutir con un Chatot —dijo una dulce voz que paro el "intelectual" cambio de ideas, el idioma era claramente japonés, Boston lo manejaba bastante bien, aunque hubo una palabra que no le quedo clara.

— ¿Chatot? —pregunto dándose vuelta, aunque le pareció que podía ser el nombre del animal.

La que le había hablado era una chica muy linda de pelo azul, parecía de unos 18 años, llevaba un pantalón corto amarillo y una remera negra bastante corta que dejaba al aire su ombligo, tenia guantes sin dedos marrones en sus manos y unas zapatillas deportivas blancas con detalles en rojo.

—Si, ese Pokemon, ¿Acaso no lo conoces? —pregunto con una gran duda. — ¿De dónde eres?

Boston estaba en problemas, no sabía que decir, quien sabe cómo se llamarían los lugares por allí, y no convenía que supieran que provenía de otro mundo, sobre todo si la desaparición de las bestias de ese lugar que él había causado se había vuelto de conocimiento público. —De Kyoto —fue todo lo que dijo, intentando recordar sus conocimientos de geografía de Japón.

—No lo conozco —Boston empezó a sudar, la verdad saldría a la luz — ¿Es parte de la región Kanto?

— ¿Eh?, si, si —afirmo Boston.

—Ya me parecía, no hay muchos Chatots por allí, ¿Es tu primera visita a Sinnoh?

—Si, lo es —eso no era una mentira al menos, pero no hacía que Boston se sintiera mejor que antes.

—Por esa ropa diría que eres un científico, aunque te ves bastante joven.

Ese comentario no cayo demasiado bien, aunque de rostro no lo pareciera Boston ya tenía sus 33 años bien puestos, y su orgullo le hizo marcarlos. —Tengo 33.

— ¿En serio?, Para mí no aparentas más de 20 —aunque Boston siempre pareciera joven, nunca nadie le había dicho una edad tan pequeña, o sea, la chica en cuestión aparentaba 18, y la diferencia de edad era más marcada que esa a simple vista. —Yo tengo 12. —Completo la supuesta adolescente.

Boston pego un grito luego de unos segundos para analizar lo que había escuchado, pero pidió perdón al notar la expresión de la chica, ¿Cómo era posible que alguien se viera así a los 12 años?, ¿Acaso las personas crecían más rápido en ese mundo?, ¿Qué otras diferencias tendrían los humanos entre las dos realidades?

—Me llamo Lydia —dijo la chica alegremente cortando los pensamientos de Boston — ¿Y tú?

—Boston.

—Que nombre tan raro.

Definitivamente la conversación no le estaba cayendo demasiado bien.

—Supongo que si estás aquí es porque vienes a ver al Profesor Rowan.

Boston se repitió en su cabeza una y otra vez que no debía mentir. —Si —pero no sirvió demasiado.

—Parece que te has perdido, JAJA, típico de un científico —Boston llego a la conclusión de que en ese mundo las chicas no parecían pensar antes de hablar. —Sígueme, tengo mi bicicleta por aquí.

Boston siguió a la chica por dentro del bosque, llegando hacia el lugar donde estaba el arroyo, una pequeña bicicleta roja se encontraba estacionada en ese lugar.

Se subió con mucho cuidado, no le gustaban demasiado esos vehículos poco seguros, Lydia se acomodo de manera de poder manejar cómoda sin chocar demasiado con Boston, y empezó a acelerar como una maniática.

No fue necesaria más que una curva para que Boston saliera volando y rodara por una colina.

Lydia bajo rápidamente para ayudarlo, el científico se había hecho unos cortes que sangraban bastante.

—Perdón, pensé que te habías sostenido bien.

Los ojos de Boston daban vueltas.

—Qué raro que te hayas lastimado tanto, parece que tienes la piel muy sensible.

Boston se levanto repentinamente. —Espera, ¿Tú conoces algún Pukemon que lance rayos?

Lydia tardo un poco en responder, abrumada por el exabrupto. —Si, varios, son los Pokemons eléctricos, por cierto, dijiste mal el nombre.

—No importa ahora, dime, ¿Hay algún Pokemon eléctrico que parezca una rata?

— ¿Qué es una rata? —Boston había sido tonto, claramente los animales normales no existían aquí.

—Olvida eso, un animalito amarillo, con mejillas rojas, orejas largas, cola con forma de rayo, dice Pika todo el tiempo.

—Ah, sí, un Pikachu.

—El nombre que le puse no era tan errado, ¿Has visto alguno por aquí?

—No que recuerde, son muy raros en Sinnoh.

—Si ves uno avísame, y otra cosa, los Pikachus, ¿Dañan a las personas?

—MMM —Lydia lo pensó unos segundos. —Se que un Pikachu muy entrenado puede llegar a dañar a una persona de gravedad incluso causándole la muerte, pero en general sus rayos solo causan algunas quemaduras leves.

Ya esta, esa era la pieza que faltaba, por esa razón es que los humanos parecen convivir normalmente con los Pokemons ahí, y porque se había cortado tan fuerte solo con pasto, todo ese mundo estaba adaptado a esas extrañas bestias, los seres humanos maduraban más rápido, y su piel era más resistente que en su mundo, además, cada elemento que perduraba ahí, era más duro, por eso el simple pasto lo había tajeado, que gran descubrimiento.

No siempre los científicos se preocupan por cosas útiles, a veces por cosas banales, y la gente en general no comprende esa alegría, pero la expresión que Lydia había formado en su rostro parecía más de miedo que de otra cosa.

Boston se dio vuelta para ver que veía su compañera, y vio algo así como unas abejas, con las patas un poco más largas, y unos ojos rojos muy lindos y grandes.

—Corre —grito Lydia.

Boston no entendió, está bien que las abejas son muy peligrosas, pero si no se las molesta no atacan, entonces fue, que mirando mejor, noto el hecho de que los insectos no eran chiquitos, solo era que estaban lejos, y se acercaban zumbando a gran velocidad.

Este sería el fin, ya había sobrevivido a demasiadas cosas, calculando el daño que esa cosa le causaría a un humano de esa realidad, no costaba darse cuenta lo que le haría a Boston cuando le clavara su aguijón.

—Staraptor, Ataque Ala.

Un pájaro grande como un halcón apareció volando, tenía las plumas de color gris, con detalles más claros alrededor de su cuello, y varias partes del pecho, salvo por una línea irregular negra que lo rodeaba por el medio, de color blanco, tenía una especie de cresta en la cabeza, cuya punta era de color rojo, al instante sus alas empezaron a brillar, y al golpear a las abejas gigantes, estas escaparon a gran velocidad con algunas magulladuras.

Un hombre de pelo y bigote blanco apareció, llevaba puesto un saco gris, pantalones largos marrones y una camisa celeste, llevaba un maletín en la mano.

Con su otra mano saco una extraña bola mitad roja, mitad blanca, que al instante creció pasando del tamaño de una pelota de golf a algo mayor que una de tenis.

—Staraptor, regresa —dijo el hombre, y un rayo rojo salió de la extraña bola, tocando al pájaro que había aparecido, que al instante se desvaneció.

—Profesor Rowan —grito Lydia que fue a abrazarlo. —Llego justo a tiempo.

—Estaba realizando unas investigaciones por la zona justamente, recuerda que no debes vagar sola por esta región, hay muchos nidos de Beedrells —hablo el profesor, que parecía muy molesto. — ¿Quién es tu amigo?

—Es Boston, un científico, saluda, Boston.

Boston no dijo nada, y solo se desmayo.

Cuando despertó se encontraba acostado en una cama, todas sus heridas estaban vendadas, aunque le seguían doliendo un poco, el mismo hombre que antes se encontraba al lado de él, su rostro demostraba una seriedad que daba miedo.

—Veo que ya has despertado —dijo con una voz que era difícil definir si expresaba enojo o decepción.

—Si —dijo tímidamente Boston.

—Lydia me dijo antes de irse que eres un científico de la región Kanto que vino a verme, ¿Acaso eres el nuevo alumno de Oak, Tracy?

Nuevamente la mente de Boston intento controlarse, y fallo. —Si.

—Lydia me dijo que te llamas Boston.

¿Cómo podía alguien sonar tan afable y dar tanto miedo al mismo tiempo?

—Si, es que Boston es mi apellido —definitivamente la peor mentira que había dicho en su vida.

Pasaron unos segundos muy incómodos, Boston pensó que tal vez serian los últimos de su vida, y se sintió triste de no haberla disfrutado como debía.

—Ya veo, debes venir a buscar información sobre evolución Pokemon.

Ese comentario llego a los recuerdos de Boston, el momento en que el Magikarpa cambio y se convirtió en un Kraken, y dejo de lado el resto de sus pensamientos.

—De todas formas es muy tarde para eso, lo definiremos mañana, espero que pases una linda noche.

Cuando el Profesor se marcho, Boston pudo respirar tranquilo, al menos se encontraba en el lugar que quería, y aunque era verdad que no sabía donde se encontraban Pika o el Volcano que habían ido con él, seguramente tendría tiempo para buscarlos luego, ya sabía que los demás seres como Pika no eran normales allí, así que si uno aparecía seria tomado como algo extraño por los pobladores, y aunque intento definir si los Volcanos serian comunes, le costaba, aunque fueran muy poderosos, es posible que sus flamas no sean muy peligrosas para los humanos de esa realidad, y las señales que había detectado con su máquina eran bastante regulares.

En ese momento, sin embargo, algo mas cruzaba su mente, algo muy curioso, ¿Acaso realmente el profesor no sospechaba nada de nada?, Había dos salidas a eso, la primera era que en esa realidad las personas en ese lugar eran mucho más inocentes y desenfadadas que en su mundo de origen, la otra, un tanto peligrosa, era que el Profesor ya supiera que Boston no era lo que decía ser, en cuyo caso la vida del científico pendía de un hilo y dependía de elementos externos, además, si la desaparición de Pokemons se había vuelto algo conocido, podrían relacionarlo con eso, definitivamente tendría que encontrar la manera de salir de ese lugar y encontrar a sus dos compañeros.

El Profesor Rowan miraba un poco la televisión, cuando noto que había dejado mal cerrada la puerta del cuarto de Boston, se levanto lentamente y apago el aparato, la noticia era clara, luego de 6 meses en los cuales habían parado, las desapariciones de Pokemons habían vuelto, cada vez más pronunciadas.

Lentamente cerró la puerta viendo a su invitado durmiendo en la cama.

La respuesta a la pregunta de Boston…, es la segunda.

Continuara…