Damned, que bajonero que es atrasarme tanto, pero el tema es que tengo mucha, pero mucha paja de ponerme a escribir, XD, a lo que se sumaron mis estudios, ya tuve el primer parcial de análisis( un 9), y el FIRST de ingles, esperemos a ver qué onda eso, mientras intentare terminar este fic para julio, porque honestamente me parece que ya perdí mucho tiempo haciéndolo, y con lo poco que me costo de tiempo hacer este capítulo ni bien empecé, me parece que podre hacer los capítulos rápido si le pongo onda, que es difícil( me estoy endeudando en todos mis fics por perder el tiempo).

Ah, y yo les digo Pokemons, pero no sé si es Pokemones.

Disclaimer: Los personajes de Pokemon no me pertenecen.

El mundo clama por una solución a sus problemas, pero la mayoría de los seres humanos tienden a ignorarlos y centrarse solo en lo que tienen a la vista.

¿Disfrutar lo que se tiene o esforzarse para que otros lo tengan?, Una gran pregunta.

Pero en este momento, la mente de Boston se encuentra totalmente fuera de estos pensamientos.

Han pasado tan solo unas dos semanas desde que el cayo a este mundo, y a intentado aprender lo más posible sobre las extrañas criaturas que lo habitan, los Pokemons.

Aunque todavía seguía viviendo en lo del Profesor Rowan, honestamente sentía mucho miedo cada vez que lo tenía cerca, así que solía pasar más tiempo con Lydia, claro, la chica tenía solo 12, pero no era su culpa si en ese mundo los niños crecían más rápido.

Lydia tenía con su familia una granja de Miltanks, un tipo de Pokemon.

Si, Miltanks, Boston aun se preguntaba si realmente las personas de ese mundo razonaban lo que significaba ese nombre, mas aun teniendo en cuenta el aspecto de vacas que los Pokemons en cuestión tenían, aunque ninguno de los humanos por allí parecía saber siquiera ingles…, o lo que era una vaca, yendo al caso.

En si no eran exactamente como las vacas, principalmente porque eran casi totalmente rosas, y solían andar sobre las patas traseras, aunque de vez en cuando rodaban rompiendo todo a su paso, lo que los volvía ridículamente peligrosos.

Por lo poco que había aprendido, Boston sabía que los Pokemons poseían miles de formas, y poderes muy extraños, a veces útiles, y otras no tanto.

También conoció lo que eran las Pokebolas, pequeñas bolitas que almacenaban a los Pokemones en forma de energía, para que luego las personas los usaran en peleas de estilo deportivo.

Boston odiaba los deportes de combate, pero se intereso por el mecanismo, igual todos sus intentos por comprenderlo fracasaban estrepitosamente una y otra vez.

La geografía del mundo también le era extraña, parecía un mundo muy paradisiaco, con países en infinita paz, aunque supuestamente sufrió guerras en el pasado, pero todo parecía ser un sueño en comparación con lo que era ahora.

En ese momento, el científico se encontraba en una mala situación, ordeñar a uno de esos Pokemon, que junto con el resto de su parecido a una vaca, también tenían ubres. La tarea era sencilla para Lydia, pero claro, ella no tenía el cuerpo débil de Boston.

La chica solo reía mientras veía lo que parecía una competencia entre dos mentes nulas, aun cuando una de las dos de hecho tenía un doctorado.

—Tracy —lo llamo una voz que bien podría haber sido tomada como la campana salvadora que terminaba la pelea, de no ser porque quien la portaba no era otro que el Profesor Rowan, y si lo llamaba seria por algo importante.

— ¿Si?, Profesor —respondió Boston intentando disimular que tenía mucho miedo, aunque sin éxito.

—Tengo algo importante que decirte, acompáñame —en cuanto Lydia amago para seguir a los dos científicos, Rowan se dio vuelta con firmeza. —Tu quédate aquí, Lydia.

Ya esta, estaba muerto, estaba realmente muerto, Boston sabía que su mentira no iba a durar demasiado tiempo, de hecho, dos semanas ya era mucho, al menos esperaba haber armado un plan para entonces, pero no, estaba tan interesado en los Pokemons y todas las locuras de ese mundo extraño, y ni se preocupo por nada mas, al menos sabia que aquí no había pena de muerte, aunque podrían hacer una excepción con él.

Al llegar al laboratorio, Rowan colgó lentamente su saco, si quería irritar a Boston, lo estaba logrando.

—Bien, no quiero que te des falsas esperanzas —dijo el científico de la manera más alegre que podía, o sea, no muy malhumorado. —Pero parece que lo encontramos.

— ¿Eh? —dijo Boston sin comprender, hasta que vio lo que estaba en una mesa.

Un Mundo irreal capitulo 3: "Todo está bien".

Lo que estaba acostado en la mesa, con algunos asistentes del Profesor curando unos pequeños raspones, era un Pikachu inconsciente, el primero que había sido visto en Sinnoh desde la llegada de Boston.

Este se acerco y palpo el pelaje del pequeño Pokemon, que abrió los ojos, y pareció tener algo similar a una sonrisa en su pequeña carita.

—Si —dijo Boston mientras las lagrimas de felicidad caían de sus ojos. —Estoy seguro que es el.

—Sin lugar a dudas una alegría, pero hay alguien más que quiere hablarte.

Eso fue más sorpresivo para Boston, todos los asistentes de Rowan dejaron la habitación llevándose al Pikachu con ellos, mientras una persona salía de una esquina.

Vestía como científico, pero no parecía uno, tenía un rostro muy afable en contraposición con el de Rowan, además de que carecía de bigote, lo que marcaba más su sonrisa.

— ¿Cómo te llamas?, Chico —pregunto sin dejar de sonreír, lo que lo hacía más raro.

—Soy Tra… —estuvo a punto de responder Boston.

—Hablo en serio —de repente el rostro cambio y ya no parecía para nada contento.

—Yo…

—No te prejuzgaremos —era curioso, pero Boston estaba seguro de que esa persona estaba sonriendo de nuevo, aunque no pareciera tener sentido.

—Boston, Boston Grant.

—Y cuéntame, Boston, ¿De dónde vienes?

Boston no sabía qué hacer, era obvio que ambos científicos ya suponían algo acerca de su verdadera identidad, tal vez Rowan había notado que su biología era diferente a la de los demás humanos.

Así que conto todo, desde el primer detalle hasta el último, su trabajo, el uso de Pokemons para la guerra en su mundo, su decisión de destruir el portal y de viajar en el proceso, deseando no terminar muriendo por todo eso.

Una vez que hubo terminado bajo la cabeza sabiendo que las cosas no podrían seguir bien luego de eso, pero para su sorpresa sintió una palmada en el hombro, y al levantar al rostro, vio al científico que le había preguntado sonriendo más que nunca.

—Perdona mi actitud —le dijo afablemente. —Pero tenía que lograr que nos dijeras todo, me llamo Oak.

—No lo puedo creer —dijo Boston con ojos desorbitados, ese nombre era el que figuraba en todos los libros que leía para referirse al mayor experto en Pokemons del mundo, pero todas las fotos eran viejas y lo mostraban muy joven. —Me encanta su trabajo, he leído todo lo que he podido, ¿Pero por qué no publica desde hace tanto?

—Solo digamos que Rowan no está muy de acuerdo con mis últimos trabajos —le respondió con una sonrisa.

Todo parecía ir demasiado bien, y Boston se dio cuenta que eso no tenía sentido. — ¿Qué va a pasar ahora conmigo?

—Bueno —comenzó Oak rascándose la cabeza mientras pensaba. —Ya estás en nuestro mundo, así que todo lo que puedes hacer es quedarte, Rowan me dijo que eras muy dedicado a los estudios.

—Pero hice mucho daño —continuo Boston mientras pensaba en la curiosa confianza que las personas de ese mundo parecían tener.

—Comprendemos lo que es trabajar por obligación —le dijo Oak con cara de tristeza compartida. —Eso sí, convendría convocar una reunión por teleconferencia con los demás científicos —Oak noto que Boston tenía el miedo grabado en los ojos. —No te preocupes, solo informaremos, no creo que este en poder de nadie hacer algo para solucionar el problema.

—Preferiría que salieras afuera —dijo Rowan firmemente. —Te informaremos cuando termine la reunión.

Boston obedeció, y ni bien la puerta se cerró detrás de él, la tristeza invadió el corazón de Oak.

—No le dijiste que estuvieron desapareciendo Pokemons nuevamente estas dos semanas —le dijo Rowan sin cambiar su temple.

—El ha sufrido demasiado, luego lo hablaremos.

Boston en el jardín miraba el cielo, tan similar al de su mundo, pero menos polucionado, lo que no era más que otra justificación a lo que pensaba, este lugar era como un paraíso para él, sin guerras, hambre ni desconfianza, un mundo perfecto.

Vio algo que volaba entre las bandadas de Pokemons voladores, al principio pensó que se trataría de algún Pokemon que no había visto antes, pero noto que era algo diferente.

Claramente estaba hecho de metal, y no era cualquier cosa hecha de metal, era una unidad AX-44 de infantería, la mejor arma terrestre para el combate que existía en su mundo.

Nunca había visto que pudieran volar, y menos había visto uno de ellos en ese mundo que no parecía tener ejercito.

Pasaron unos pocos segundos para cuando noto que el gigantesco armatoste volaba hacia él a gran velocidad.

Intento correr, pero la caída de la maquina lanzo una onda lo suficientemente grande como para levantarlo del suelo unos metros.

La unidad se irguió, con unos cuatro metros de altura, era impresionante, similar a un humano en forma, poseía dos brazos a la altura del pecho armados con miles de ametralladoras a los costados, y dos poderosas tenazas que podían cortar casi cualquier cosa, todo pintado de un color azul opaco, especialmente este parecía tener sus años de batallas, ya que la pintura estaba en bastante mal estado.

Sin embargo, algunas cosas no concordaban, Boston recordaba que las unidades eran un poco mas chicas que eso, y esta no tenia cabeza, a lo que se sumaban dos extraños propulsores en la espalda, probablemente lo que le permitía volar al usuario.

Lo único que importaba en ese momento, es que el gigantesco robot seguro estaría ahí por él, e intento correr.

Mal, la unidad estiro su brazo como si fuera un elástico, otra función que Boston desconocía, y agarro con su tenaza al científico de la cintura, acercándolo hacia el pecho del robot.

Mientras Boston intentaba resistir sin éxito, el pecho de la armadura robótica se abrió, mostrando a su usuario, este era calvo, y tenía varios implantes metálicos en su cabeza, incluyendo un respirador artificial en su boca, si se le sumaba el hecho de que no parecía tener ni brazos ni piernas, y que su pecho era cruzado por cables, no era algo muy parecido a un humano, pero Boston pudo reconocerlo, era la persona que menos esperaba ver allí, el general Wade Cole.

—Hola, Boston —llego a decir con esfuerzo a través del respirador. —Al fin he venido por ti.

Continuara…