Capitulo 11: Mal Augurio
-No puede ser- susurró Demi- Mi padre jamás se involucraría en algo tan horrible como esto, debe de haber un error.
Sith negó con la cabeza.
-No lo hay Demi, lo siento- contestó poniendo una mano en el hombro de la rubia.
-Pero... papá... .
-Estoy con Demi- añadió Alira poniéndose de pie- Hay lago que no cuadra en absoluto. El almirante Gibs nunca hizo mucho caso al parlamento, les consideraba un atajo de politicuchos inútiles y transmitió ese sentimiento a sus hombres.
-¿Quieres decir que les están teniendo una trampa?
-Creo que ellos escondieron la píldora, que se la llevaron para alejarla de esas ambiciosas ratas con toga y que les están buscando.
-Bien- suspiró Kakashi poniéndose en pie- Entonces debemos encontrar ese barco y hablar con su capitan.
-Pero, Kakashi-sensei, la costa es enrome ¿cómo sabremos donde está?- preguntó Sakura.
-Porque no esta en la cosa- contesto Sith abrazandola por la espalda.
-¿Cómo?
-El almirante Gibs tenia un principio por que el guiaba todos sus actos, nada es imposible. Y lo imposible en este caso es que un buque de guerra se esconda en tierra, en lo mas contrario al mar que pueda existir en el mundo.
-El desierto- susurró Sai.
-Bien- suspiró Kakachi incorporándose- Entonces partamos cuanto antes al país del viento.
-¡Que vais a hacer conmigo!- exclamo Mia.
-Pesas demasiado como para que Juugo te cargue constantemente.
-¡No podeis dejarme en mitad de la nada tirada en el suelo!.
-Tienes razón- contestó el ninja copia agachándose a su lado y toqueteando las cuerdas- Mejor te atamos a un arbol para impedir que vayas corriendo a avisarle a tus jefes- añadió atando las cuerdas alrededor del tronco de un árbol.
-¡COMO! ¡DESATADME! ¡NO OS VAYAIS! ¡ME LAS PAGAREIS!- bramó la chica pataleando.
Ignorando a la kunoichi el grupo echo a andar tranquilamente.
Caminaron todo el día parando solo para despedirse de Neji, Kiba, Lee y Shino que habiendo cumplido su cometido regresaban a la hoja.
-¿Podemos parar?- rogó Suigetsu arrastrando los pies- Llevamos andando tooooodo el día y esta empezando a anochecer.
-¡Eres un flojo!- exclamó Karin- el País del viento queda muy lejos, si por ti fuera tardaríamos meses en llegar.
-¡No lo decía por mi bruja!, me preocupo por Alira, la estamos forzando demasiado, mírala que pálida esta.
-Estoy bien- protestó Alira- no me pongas de excusa, y este es mi tono de piel.
-Pues a mi me parece que tienes un poco de fiebre- añadió Suigetsu poniéndola una mano sobre la frente- ¡uf! Un poco dije, estas ardiendo, casi me evaporas.
Kakashi suspiró.
-Busquemos un sitio para descansar, el desierto es traicionero si no estamos al cien por cien se convertirá en nuestra tumba.
Avanzaron un poco más y encontraron un claro cerca de un pequeño lago. Instalaron el campamento y Sith encendió una enorme fogata para cocinar los peces que habian cogido del lago.
-Alimentate bien Ali, tienes que bajarte esa fiebre- dijo Demi pasando a su amiga un pez bien tostado.
-¿No puede hacerlo tu?- preguntó Naruto.
-La mejor forma de bajar la fiebre es un buen baño- contestó Sakura mientras partia trozos de pescado para darselos a Sith.
-¿Puede haber alguien mas empalagoso?- bufó Karin mientras veía a la pareja darse de comer el uno al otro.
-Eres una envidiosa- contesto Suigetsu.
-Callaos- ordenó Juugo cortando la discusión de golpe al ver la cara de asesino en serie que estaba poniendo su jefe.
-Da miedo- susurró el albino apartándose despacito de él.
-Venga Alira vete al algo a bajarte esa fiebre- ordenó Kakashi- no me mires con esa cara.
Alira se puso en pie y fulminando con la mirada a sus compañeros se encamino hacia e lago protestando por lo bajo.
-Ahora vuelvo- susurró Sith la oído de su querida pelirrosa.
Sakura le miro sonriendo y le despidió dándole un tímido beso.
El avatar suspiró mientras recogía la ropa de la morena y la doblaba cuidadosamente dejándola a la orilla del lago.
-¿Qué tal vas?- preguntó sentándose sobre una roca en el centro del lago.
Alira nadó hasta el mirándole enfurruñada.
-Esta helada.
-Bueno en eso consiste- el avatar se inclino para poder poner una mano sobre la frente de su compañera- y está funcionando ya no tienes fiebre. ¿A que te sientes mejor?.
-Tampoco me sentía mal antes, sois unos pesados.
Sith negó con la cabeza.
-Eres una maldita cabezota- contestó mirándola fijamente- ¿y bien?
-Que.
-¿Vas a contármelo?
La morena se apoyo en la piedra cerrando los ojos.
-¿Contarte que?
-¿Qué ha pasado entre el Uchiha y tu?
-No tengo ni idea de que me estas hablando.
-No te hagas la tonta. ¿qué es ese acercamiento y esas confianzas?, no me gustan nada.
-Si te refieres a lo de esta mañana, solo me sostuvo para que no cayera al suelo es lo lógico ¿no?, yo le ayudé a acabar con ese tipejo.
-¿Sólo eso?
-Solo eso.
-¿Nada más?.
-Nada más.
Sith frunció el ceño.
-De acuerdo te dejo tranquila, no tardes te espero para dormir.
-¿Y Sakura?
-No es ella la que tiene fiebre. Además ¿Cuánto hace que no dormimos juntos?
-Desde que teníamos 6 años Sith.
-Pues fíjate la de tiempo que ha pasado.
Alira le observó marcharse con paso tranquilo. Soltando un fuerte suspiro se sumergió del todo. Buceó durante un buen rato hasta que la falta de aire la obligó a volver a la superficie.
-¿Cuánto tiempo piensas quedarte aquí metida?
Alira se giró sobresaltada.
-Es que no conoceis la palabra intimidad?- protestó- ¿Qué quieres?
Sasuke no contestó. De un salto se colocó sobre la piedra que anteriormente había ocupado el avatar.
-¿Qué quieres?- repitió la morena nadando hasta el.
Sasuke esbozó una media sonrisa.
-Deberías salir ya- contestó agarrándole el brazo para observar su mano de cerca- Estas hasta arrugada.
-Estoy bastante relajada.
Sasuke la observó fijamente, la luna se reflejaba en su oscura melena y le daba a la fina y blanca piel mojada una extraña luz.
Cerrando los ojos el Uchiha se llevó la mano a la boca y beso suavemente los delgados dedos, arrugados por el efecto del agua.
-No tardes- añadió despareciendo tan sigiloso como había llegado.
Alira se contemplo la mano durante un instante para después desviar la mirada hacia la luna llena que iluminaba con luz plateada el lago y sus alrededores.
Varios kilómetros al este, otro avatar admiraba la majestuosidad del satélite en todo su esplendor.
Era la primera vez desde que tenía 10 años que era incapaz de dormir, desde el día en que la conoció. El único recuerdo que Saito consideraba importante como para conservarlo, como para cerrar los ojos y revivirlo.
Cuando era niño el mordaz avatar de hielo malvivía en una de las grandes capitales del continente. Vivía y dormía en las calles y aprovechaba sus recién despertados poderes para robar en el mercado.
Un día como otro cualquiera, se había despertado con un hambre voraz. El dia anterior no habia conseguido nada para cenar y esa mañana su estomago protestaba por la falta de alimento.
Con paso tambaleante se dirigió al mercado a ver que conseguia. Tras varios minutos observando a la multitud distinguio una señora de avanzada edad que avanzaba con dificultad debido al peso de las bolsas repletas de alimentos que cargaba. Saito se paso la lengua por los resecos labios y se despeino enmarañado y sucio cabello plateado, era ahora o nunca. Concentrándose todo lo que podia consiguió congelar el suelo para que la señora resbalase con un grito. Aprovechando la confusión el niño salió corriendo recogiendo parte de la comida caida y alejándose lo mas deprisa que podia de alli.
Una vez a salvo, se sento en un callejón oscuro para poder desayunar.
-¿Por qué has hecho eso?.
Saito se giró con brusquedad.
-¿quién eres? Dejame en paz.
-Robar esta mal.
El peliblanco la observo atentamente. Era una niña de más o menos su edad, tenía el pelo largo y negro recogido en una trenza.
-Ya lo se, pero no tengo otro modo para comer- contestó Saito bajando la cabeza.
La niña se acercó hasta el y le ofreció unas galletas que se sacó del bolsillo.
-No es mucho, pero al menos no es robado.
Saito miró fijamente las galletas en la blanca manita de la niña y agarro las galletas tirando la comida robada.
-Gracias- musitó- ¿cómo te has hecho eso?- preguntó señalando la marca ennegrecida de la muñeca de la niña.
-No es nada- contestó la niña ocultando el brazo a la espalda y poniéndose de pie.
Saito la observó dar media vuelta y marcharse. El niño bajo la cabeza entristecido.
-¿vienes?
Saito levantó la cabeza de golpe.
-¿Contigo?- la niña no contestó- Ni siquiera se tu nombre.
-Ayame- contestó la niña echando a andar.
El peliblanco se levantó de un salto y echó a correr detrás de ella.
Saito abrió sus ojos grises de nuevo y miro hacia la cama vacía que normalmente ocupaba su compañera. Cuanto tiempo había pasado desde aquel día y aún recordaba el sabor de aquellas galletas rancias.
Saito y Ayame habían permanecido juntos desde aquel día y juntos se habian unido a Akito y los demas.
Esa misma mañana la omega se habia marchado a cumplir una misión por orden de los jefes de ambas organizaciones y no volvería hasta el día siguiente y su ausencia era la causa del insomnio del peliblanco. Sin estar ella se sentía inseguro, además el calor era insoportable y tenia la sensación de que se iba a deshacer de un momento a otro y que solo quedaría de él un charco de agua medio evaporada.
Saito suspiró apoyándose en el alfeizar de la ventana. Para él el calor sofocante solo era signo de que algo muy malo estaba por llegar. Una noche calurosa era un mal augurio.
