He aquí otro momento para estos dos!
Saludos!
La primera vez que Yamamoto vio desnudo a Gokudera. No fue como lo tenía exactamente planeado
Había pasado una semana de aquel 'beso' que compartieran. Y Gokudera se había vuelto un completo arisco.
Tsuna, en un momento de descanso le preguntó al espadachín si sabia el por qué del cambio tan drástico de su auto nombrado 'Mano Derecha', ya que para que cuando él llegara a la cabaña que usaban de comedor común todos los Guardianes y que Gokudera no saliera gritando su típico 'Décimo' era porque algo muy extraño pasaba con el Italiano
- "No… estoy seguro" – Contestó Yamamoto sin su típica sonrisa –
Tsuna abrió la boca también para preguntar qué pasaba con Yamamoto pero no hubo tiempo, justo cuando todos estaban a punto de cenar, el Arcobaleno Verde apareció en escena con sus múltiples robots y destruyó todo a su paso.
Ryohei, Hibari y Chrome fueron separados en un grupo mientras que Tsuna, Lambo y Reborn terminaron en otro.
Yamamoto quedó solo, sacó su espada de su funda y haciendo uso de toda su habilidad destruyó a cuanto artefacto de metal se le atravesara, no estuvo consiente de cuánto tiempo paso entre una destrucción y otra, solo se dio cuenta de que ya estaba anocheciendo y no veía la hora de que aquella locura terminara
¿Qué demonios quería esta vez ese lunático?
Un árbol se partió a la mitad a cientos de metros de donde él estaba y vio alarmado llamas rojas emerger de entre los arboles
Llamas de Tormenta
Yamamoto corrió tan rápido como sus piernas y el follaje se lo permitieron, llegó hasta la orilla de un enorme lago congelado y ahí, rodeado de varios robots Gokudera peleaba con su Sistema C.A.I.
- "¡Gokudera!" –
- "¡Tsk! ¡No me molestes!" – Respondió dando un salto para evadir un proyectil. El espadachín también tuvo que saltar cuando fue atacado por varias bombas, alcanzando a evadir dos de ellas pero una tercera de la que se no percató se acercó peligrosamente hacia él - "¡Quítate idiota!" – Gritó empujando a Yamamoto fuera del área.
Una fuerte explosión y una onda expansiva sacudió toda la zona
Cuando el humo se disipó, el Guardián de la Lluvia solo pudo ver horrorizado como un enorme hoyo se abría paso entre lo que alguna vez fue tierra y desesperado buscó con la mirada donde estaba Gokudera.
Su corazón se detuvo.
Gokudera había salido arrojado contra el lago, donde particularmente el hielo estaba más delgado.
El hielo con la fuerza del impacto terminó por romperse y el italiano cayó al agua.
Agua por debajo del punto de congelación.
- "¡GOKUDERA!" – Yamamoto sacó su caja Vongola e invocó sus tres espadas cortas y su espada larga. El beisbolista estaba enojado terriblemente enojado y en menos de tres minutos, cada robot, androide o lo que sea que fueran estaban completamente demolido - "¡GOKUDERA!" - El beisbolista no lo dudo, corrió hasta el hielo y con la llama de su anillo convirtió el hielo circulante en agua. Dejo caer sus espadas y se zambulló tan profundo como pudo.
El frio le caló hasta sus huesos.
Eran como agujas clavándose en cada centímetro de su piel.
Nadó con todas sus fuerzas hasta el Guardián de la Tormenta, quien estaba en estado semiinconsciente y con esfuerzo lo obligó a salir completamente a flote, sus músculos se entumecieron pero aun así se las arregló para nadar con él hasta la orilla.
Gokudera tosió tan fuerte como pudo al sentir el aire llegar a sus pulmones
- "¡Oi! Gokudera ¿Me escuchas?" –
- "Hn" –
- "Rayos" - El Japonés miró hacia su alrededor. Ninguno de sus compañeros estaba cerca, las explosiones habían cesado pero no sabía en qué circunstancias –
Yamamoto gruñó e ignorando su propio frio cargó a su compañero entre sus brazos, con cuidado pero lo más rápido que pudo se fue corriendo entre el bosque.
Lo mejor era ponerlo a salvo primero.
Escuchó una rama crujir, sostuvo a Gokudera con su brazo izquierdo mientras que con el derecho blandió su espada a centímetros del intruso
- "¡Hey!" – Ryohei dio dos pasos hacia atrás – "¡Eso estuvo cerca, AL EXTREMO cerca!" –
- "¡Sempai!" - Parpadeó y bajó su arma – "¿Qué haces aquí? ¿Cómo están los demás? ¿Y Tsuna?" –
-"Ah, por eso te buscaba, pero antes…" – El Guardián del Sol se acercó a Gokudera y sacó su bisturí de su caja Vongola, de la punta de este salió una flama amarilla con la que empezó a curar al Guardián de la Tormenta – "Me mandaron a buscarlos a ti y al cabeza de pulpo. Todos están bien, algunos con mas heridas que otros, pero en términos generales bien" - Frunció el ceño – "Ese loco escapó… " –
- "¡Ah!" – Gokudera gimió y se removió entre los brazos de Yamamoto, pero este no lo soltó -
- "Listo" – Dijo Ryohei cuando terminó de curar sus heridas -
- "¿Por qué no despierta?" – Miró preocupado el rostro del italiano, se semblante se veía estresado y no dejaba de temblar. Ryohei se cruzó de brazos.
- "Puedo deducir que de todos, fue quien tuvo más heridas, el cabeza de pulpo tuvo mala suerte…" –
- "No fue mala suerte…" – Susurró Yamamoto – "¿Y las cabañas están bien?" – Ryohei asintió dudoso – "Me llevaré a Gokudera a nuestra cabaña" –
- "Adelántate, yo les diré a los demás" -
Yamamoto no contestó solo tomo al Guardián de la Tormenta entre sus brazos una vez más y corrió hasta su cabaña, abrió la puerta de una patada y apretó la mandíbula. Su cuerpo le dolía horriblemente.
Gokudera gimió una vez más cuando un escalofrió le recorrió el cuerpo entero.
El beisbolista tan rápido como su cuerpo entumecido le permitió caminó hasta la chimenea y dejo a Gokudera lo más cerca posible, se fue hasta la recamara del italiano y busco toallas secas junto una muda de ropa seca, sin embargo, con todo el dolor de su alma, tuvo él que cambiarse primero de ropa, sabía que si él también entraba en hipotermia no podría ayudar en nada.
Regresó al lado del italiano y lo primero que hizo al estar a su lado fue quitarle su ropa.
Bueno, en realidad, eso fue lo primero que PENSO que debía de hacer.
Pero…
Una sensación extraña lo invadió.
Tenía que quitarle la ropa a Gokudera
TODA la ropa
Eso incluía… bueno… incluía…
– "Ya…ma…mo…to…" –
- "Gokudera, ¿Me escuchas?" – Pregunto preocupado pero no recibió respuesta -
Y se armó de valor.
Una a una, fue quitando la ropa de Gokudera hasta llegar a la interior, todos los colores se le subieron al rostro al beisbolista cuando lo dejo completamente desnudo.
Yamamoto solo pudo tragar saliva fuertemente
Gokudera era realmente hermoso. De piel blanca y suave. Cuerpo delgado pero atlético.
Sacudió la cabeza con fuerza. Ahora ya no sentía frio, sino todo lo contrario….
Con las toallas, secó el cuerpo del italiano, lo vistió dando una última y rápida mirada del cuerpo de su compañero, que sabía, no volvería a ver así durante mucho tiempo.
Cuando terminó de cambiarlo. Gokudera tembló.
Yamamoto se mordió el labio con fuerza ¿Y ahora que hacía?
La chimenea crepitó y el beisbolista acercó el sillón de la mini sala a la chimenea y acostó a Gokuera ahí, busco todos los cobertores de la casa y uno a uno se los puso encima
-"Yamamoto… "-Volvió a susurrar el Guardián de la Tormenta entre sueños –
- "Aquí estoy" – Respondió sentándose a su lado – "No me he ido a ningún lado" - El Guardián de la Lluvia acarició el rostro del italiano, aun estaba frió. Miró a su alrededor pensando que hacer
Usar el cuerpo humano es una buena fuente de calor…
Yamamoto brincó, esas palabras las había dicho Gokudera en alguna clase de Biología… hace ya muchos meses, miró a su compañero y nuevamente se mordió el labio.
Su mano descubrió los cobertores y en un arranque de repentina vergüenza se acostó al lado de Gokudera con todos los colores rojos en su rostro, atrajo el cuerpo del italiano a su propio cuerpo y lo abrazó.
El olor del italiano inundo sus sentidos
Qué bien se sentía
Yamamoto restregó los brazos del italiano para infundirte y calor y enredó sus piernas con las de él.
Deliciosamente bien
Gokudera suspiró y dejó de temblar, su cuerpo empezó a calentarse y Yamamoto sonrió enternecido, llevo sus manos hasta el rostro del otro Guardián y lo acarició. Sonrió al ver a Gokudera dormir tan pacíficamente, casi le hacía creer imposible el horrible carácter del que era dueño el italiano. Pero bueno, esa era una de las tantas cosas que le gustaban de él.
Yamamoto se acercó solo un poco y le robó otro beso de la comisura de sus labios.
Lo abrazó sin lastimarlo y se dejó llevar por el sueño que comenzaba también a invadirlo
Ese viaje, aun todos los problemas.
Estaba siendo, el mejor de su vida.
