La primera vez que Gokudera sintió celos… pero nunca lo admitió así mismo fue en la fiesta de graduación de la secundaria.
La dichosa fiesta se realizó en el gimnasio de la escuela, un evento magnifico, con luces, sonido y porque negarlo, botellas de alcohol que varios alumnos llevaron de contrabando. Incluso Tsuna no perdió la oportunidad e invitó a salir a Kyoko y aunque Haru no era de la misma escuela se las arregló de alguna manera para poder asistir.
Esa noche, todos se sentaron en la misma mesa para pasar un buen rato, bueno… todos menos Gokudera pasaban un buen rato, ya que él no podía estar menos a gusto con todas las mujeres de su salón – o de otros – persiguiéndolo a donde quiera que fuera para rogarle que bailara con ellas
Yamamoto incluso también más de una vez le insistió en que lo acompañara a bailar, que a él no le importaba que fueran hombres.
- "¡Todos están tan distraídos que ni cuenta se van a dar!" -
- "¡Vete al demonio!"-
Fue la respuesta que dio una y otra vez. Yamamoto se encogió de hombros decepcionado, se levantó y se perdió entre la multitud
Tres horas después Gokudera miro su reloj, ya eran casi la una de la mañana y la pinche fiesta que no veía para cuando acabar.
Sacó de entre su traje una cajetilla de cigarros ya que por muy celebración que fuera los pinches maestros no les estaban dejando fumar dentro del gimnasio, pero eso le valió madres, sacó su encendedor de entre su pantalón, encendió su cigarro y le dio una buena bocanada.
Mejor.
Miró a su alrededor, el lugar estaba saturado de gente y la música estruendosa provocaba que todo a su alrededor vibrara, desde el suelo hasta los vidrios.
Gakudera entrecerró los ojos cuando miró en medio de la pista a Yamamoto bailar con algunas chicas que reconoció como compañeras de ellos. Y gruñó cuando lo vio reír de manera estúpida con algo que alguna de aquellas zorras le susurró al oído.
El italiano bufó y volvió a fumar, durante los siguientes 20 minutos observó y analizó detenidamente a cada una a una aquellas mujeres locas que bailaba con el beisbolista.
Apretó su cigarro con fuerza. ¿Quién rayos se creía ese cretino para distraerse de aquella forma?
¡Debía de estar prestando toda su atención al Decimo y no perdiendo el tiempo en pendejada y media!
Un escalofrió invadió su espalda.
Hablando del Décimo… ¿Dónde rayos estaba?
- "¡Arg!" – Gokudera se quiso golpear ahí mismo, por estar prestando atención al imbécil ese no había vigilado a su adorado Décimo como debía -
Miro desesperadamente hacia todos lados y suspiro aliviado cuando vio a Tsuna platicar amenamente con Kyoko, Haru y Hana, muy cerca de la mesa de aperitivos.
Frunció el ceño. ¡El que debía dejar de estar pensando en pendejada y media era él!
Pero inconscientemente regresó su atención al beisbolista que con gran maestría hizo girar a una muchacha al ritmo de la música.
Uno, dos bailes más
Yamamoto rió y aquella melodía terminó, el Guardián de la Lluvia se disculpó con la mujer en turno diciendo que quería descansar, pero aquella esa…esa… perra, rubia y alta, solo se acercó a él y le dio un beso en la boca.
Y la paciencia de Gokudera llegó a su límite.
¡Eso era más que suficiente!
Estrujó su cigarro y con fuertes zancadas y empujando a cuanta persona se atravesara en su camino, llegó hasta al lado del imbécil
- "¡TÚ!" -
-"¡Go-Gokudera!" - Yamamoto se puso pálido y no tuvo tiempo de decir nada cuando el italiano lo jaló con fuerza del brazo y no lo soltó hasta que los dos estuvieron fuera del gimnasio - "¡Puedo explicarlo!" - Yamamoto abrió la boca pero recibió de lleno un puñetazo que casi lo tiró al suelo de no ser por que dio unos pasos hacia atrás y se apoyó contra una de las paredes. El beisbolista frunció el ceño molesto nuevamente abrió la boca para replicar pero la cerró cuando Gokudera lo agarró con fuerza por la solapa de su camisa y lo acercó para besarlo de tal forma que hizo a Yamamoto gemir de gusto -
- "¡Y que no se vuelva a repetir!" – Dijo el Guardián de la Tormenta cuando rompió el beso, dio la media vuelta, su respiración era agitada y sus mejillas estaban fuertemente coloreadas –
Yamamoto solo puso llevarse una mano a su mejilla adolorida y luego a sus labios que sintió arder
Y pestañeó por varios segundos.
- "Me dolió – Dijo con una gran sonrisa, entendiendo lo que acaba de pasar. Se acercó hasta la espalda de su compañero y lo abrazó –
-"Tsk, esa era la idea" - Yamamoto recargo su mejilla en el hombro del italiano, aspiró su aroma, a lo lejos se escuchó la música del baile –
- "Gokudera… no tienes por qué estar celoso" –
- "¿Quién esta celoso? ¡Lo único que quería era que regresas a la realidad y prestaras atención como Guardián del Décimo! ¡No tienes ningún derecho para distraerte con esas zorras!" -
Yamamoto rio.
Sí, claro
- "Ah, pero si Tsuna está con Kyoko en la barra. ¿Nada malo le puede pasar ahí o sí?" –
Yamamoto volvió a reír y Gokudera se tenso, ¿Ósea que ese bueno para nada de hecho SI estaba poniendo atención?
Arg!
– "¿Bailamos?" –
- "No" –
- "Anda, yo se que tu sí quieres" – Afirmó abrazándolo un más fuerte y meciendo su cuerpo de un lado hacia otro sugestivamente – "¿Si?" –
- "¡NO!" –
-"Por faavooor" –
- "¡Que no!" –
Cinco minutos de silencio
- "¿Entonces sí?" -
- "¿Acaso eres id—olvídalo, si eres un idiota… Si te digo que si, ¿Me dejas de fastidiar?" – Yamamoto asintió y Gokudera se dio la media vuelta, colocó sus brazos alrededor del cuello del más alto, el beisbolista sonrió enternecido y con pasos lentos lo fue guiando en su pista provisional -
La música duro unos dos minutos más y para cuando terminó Yamamoto abrazó con fuerza al italiano, él por respuesta devolvió el abrazo, sus cuerpos aun meciéndose con una música imaginaria.
El Guardián de la lluvia quiso, deseó fervientemente besar a Gokudera ahí mismo, pero supo que su italiano aun no estaba del todo listo para admitir sus sentimientos hacia él, había caricias, gestos y besos (y que buenos besos– pensó - ) pero no dejaban de ser solo eso…
Pero algún día…
Sería el mismo Gokudera quien admitiría que lo que había entre ellos era más fuerte que ellos mismo
Y Yamamoto sabia, que cuando eso pasara
Él sería el hombre más feliz del mundo.
