Un capítulo con muchos spoilers, si alguien no ha leído el manda y NO conoce el FINAL del la Saga del Futuro, no recomiendo leer este capítulo.
Gracias!
La primera vez que Yamamoto lloró frente a Gokudera… ocurrió a las dos semanas de regresar del futuro.
Todo comenzó una semana después, cuando los Guardianes fueron convocados por Reborn a las afueras de las instalaciones de la escuela.
Todos, excepto Tsuna.
El Arcobaleno fue claro ese día, la lucha contra Byakuran no terminaba con la muerte de él en el futuro o en los paralelos futuros, él existía en el pasado y tenía que ser eliminado por los protectores del Decimo Vongola, se formó un tenso silencio en ese momento pero ninguno replicó. Cada uno conscientemente o inconscientemente sabía que eso de alguna u otra forma tendría que suceder.
Y por acuerdo mutuo dejarían a Tsuna fuera de esto, consientes de que aun no se recuperaba por completo del shock que tuviera el futuro jefe de la Mafia al haber cometido su primer asesinato.
Tsuna aún no tenía el temple para semejantes crímenes.
Pero ¿Quién podía culparlo?
Adicionalmente y solo por la crueldad de la misión el Trueno también fue excluido.
Cuando el Arcobeno les ordenó que podían retirarse, la Tormenta, la Lluvia y el Sol agacharon la cabeza en señal de respeto, solo la Nube y la Niebla se negaron a tal acto.
Reborn arregló todos los papeles y cada Guardián dio una excusa diferente a sus familiares y amigos antes de partir. Yamamoto le dijo a su Padre que se iría a un evento de beisbol fuera de la ciudad, Gokudera se excusó con el Décimo argumentando que tenia trámites que hacer en el país de Italia, Ryohei salió con su eterna excusa de un torneo de zumo a su hermana, Chrome y Hibari nadie supo que pasó con ellos pero esa misma noche que partió el avión hacia Estados Unidos ellos estuvieron presentes.
El viaje fue muy largo y tedioso para el gusto de todos.
Pero para Yamamoto Takeshi fue apenas un respiro…
El Guardián de la Lluvia, luego de unas horas de vuelo, miró por la ventana del avión, debajo de ellos se extendió el imponente océano que reflejó la luz de la luna emanando calma y serenidad
Que más que nunca le hiso falta al beisbolista.
Yamamoto apretó los puños, preguntándose por enésima ocasión si él tenía el corazón para la ejecución que estaban por cometer, pero el recuerdo de su padre y amigos muertos en el futuro hizo a su espíritu estremecer.
Inconscientemente desvió su mirada a su izquierda quien Gokudera estaba recargado en su asiento, con sus audífonos puestos. Y por como movía los labios, susurraba una canción en italiano – cualquiera que esta fuera -
Yamamoto tragó saliva con fuerza.
La muerte de un solo hombre por la de miles.
Volvió a mirar al Guardián de la Tormenta
La muerte de un solo hombre…
Yamamoto cerró los ojos con fuerza y trató de dormir. Aun quedaban muchas horas de vuelo.
.
..
…
Diez minutos después Gokudera abrió los ojos, consiente del escrutinio al que había sido sometido, se quitó sus audífonos y giró su cabeza hacia su derecha.
Frunció el ceño.
Para él, que su vida ya giraba en torno a la Mafia desde el nacimiento, la misión en la que estaban embarcados no le era para nada desconocido, al contrario, habría juzgado mal a Reborn de haber sido de otra forma.
Yamamoto se removió inquieto en su asiento.
Gokudera no pudo evitar tener cierta lástima por su compañero, esta era la primera misión en la el objetivo era matar y para alguien como Yamamoto de corazón alegre y amable… era un golpe muy fuerte.
Desgraciadamente, Gokudera supo que no había nada que él pudiera hacer.
Una vez dentro de la Mafia no podías salir de ella… con vida.
Llegaron un lunes por la tarde a Nueva York, para el jueves por la noche ya habían logrado dar con el paradero de Byakuran.
Y nadie imaginó lo que el destino les deparó. Al parecer, Byakuran no solo tenía el poder comunicarse con sus homólogos en los futuros paralelos sino también consigo mismo en los pasados. Ningún Guardián, ni siquiera Reborn que los guiaba, esperaron enfrentarse a una gran cantidad de Mafiosos seguidores de Byakuran, pero no tuvieron tiempo siquiera de reclamar, ya que en minutos se vieron envueltos en una guerra contra los seguidores de de él y supieron más tarde por explicación del Arcobaleno que todos ellos eran; de hecho, el origen de la Familia Gesso.
Cada Guardián desenfundó su arma
La. Nube. Se. Alejó. Desde la distancia y sin ayuda, atacó a quien se le acercara los dejara vivos o muertos, él solo tenía un objetivo a conseguir.
La. Niebla. Aisló. No permitiendo a nadie salir de su trampa y aunque la chica era ágil, la mayoría del tiempo fue sustituida por su contraparte, quien disfrutó todo el sufrimiento que pudo generar. Al fin que para él, los hombres no eran más que juguetes…
El. Sol. Brilló y deslumbró a cada uno de sus oponentes, pero siendo un elemento generador de vida, no tuvo el valor suficiente de quitarla. No esta vez al menos.
La. Tormenta. Rugió, destruyó y explotó todo lo que se atravesó y como tal solo aquellos que fueran lo suficientemente prudentes para quitarse de su camino pudieron salir vivos de fuerza natural.
La. Lluvia. Arreció, y aunque su fuerza natural era tal que nadie podría controlarla, por esta ocasión se comportó como una lluvia ligera, aquella que apenas se siente pero que aun así es efectiva en su cometido.
Para el sábado por la mañana, Byakuran estaba acorralado contra la pared, frente a cinco Guardianes Vongola, todos con sus anillos ardiendo con su flama. Todos con caras molestas.
Todos con sangre en las manos.
Hibari y Mukuro tomaron sus respectivos turnos, cada uno con cierta malicia en su rostro, cada uno sin remordimiento.
Byakuran cayó al suelo, se incorporó tambaleándose, sonrió afable y aunque él en esta época su anillo estaba sellado, tampoco tenía miedo de morir.
Todo era un juego al fin y al cabo.
Byakuran sonrió un poco más y alzó su mano, con sus dedos retó a que algún Guardián –cualquiera – se acercara para dar el golpe final, queriendo saber quien de aquellos jóvenes tenía más valor, o menos conciencia… igual que él.
Ninguno se movió de momento.
Reborn que estaba a metros de ellos solo entrecerró lo ojos.
El Sol desvió la vista. La Nube y la Niebla alzaron sus respectivas armas. La Tormenta alzó la suya.
Yamamoto miró la hoja de su espada, de esta, unos hilillos de sangre la recorrían, hilillos de sangre al herir a los seguidores de Byakuran.
Sangre de sus enemigos.
Sangre de lágrimas.
Sangre de vidas humanas…
Cerró los ojos y apretó el mango con fuerza.
No había opción de piedad.
Byakuran no la tuvo en el futuro con su Padre.
No podía tenerla él.
La vida de uno… por la vida de todos.
Por la de su familia, de sus amigos, de Gokudera…
Yamamoto alzó su espada en alto y dio un paso al frente… pero un brazo lo detuvo, miró sobre su hombro como Gokudera lo detenía con fuerza y negaba lentamente
- "Todavía no" –
- "¿Por qué?" - La Tormenta sonrió de medio lado –
- "Eres demasiado noble y cabeza hueca como para condenarte al infierno… aún no es tu turno" –
Yamamoto no respondió. No le dio tiempo. En un ataque que sino fue coordinado pareció serlo, la Nube, la Niebla y la Tormenta atacaron y terminaron con lo que habían comenzado
Byakuran dejaba de existir.
Llegaron un martes por la noche al aeropuerto de Nanimori.
Ninguno dijo nada en el viaje de regreso.
Ninguno dijo nada al llegar a Japón.
Ninguno dijo nada al abordar el taxi personal que los llevaría a su casa.
Yamamoto abrió la puerta de su taxi y se subió, alguien lo empujó con poca amabilidad y se sentó a su lado.
- "¿Gokudera?" –
- "Cállate" –
El Guardián de la Tormenta dio instrucciones al chofer y le dijo la dirección de su departamento. Durante veinte minutos reinó el silencio, llegaron a las afueras de la casa de Gokudera, bajaron y el taxista partió de inmediato.
- "¿Gokudera?" – Volvió a preguntar tímidamente Yamamoto, incómodo miró las calles que conocía de memoria, pero que las sentía tan diferentes.
Corrección, él era el diferente
El italiano sacó de entre su camisa un cigarro y lo encendió. El beisbolista lo observó con detenimiento durante varios segundos… la persona que estaba ahí a su lado seguía siendo el Gokudera que conocía, de mal genio, gritón, histérico, gran inteligencia y aunque lo negara… de gran corazón…
Y sin embargo…
Se le hacía tan distante, tan diferente…
Las imágenes de sangre regresaron a su mente.
Todo le hacía creer que nada volvería a ser igual.
- "Quédate aquí" – Dijo Gokudera cuando Yamamoto dejó de mirarlo – "Y si te mueves un solo centímetro te meteré una dinamita por donde te aseguro no te va a gustar" –
Yamamoto asintió y por poco y sonrió con la amenaza.
Gokudera subió con maleta en mano y el Guardián de la Lluvia aprovechó para sentarse en las escaleras de la entrada, tragó saliva con fuerza, inhalo aire varias veces, pero ni aun así pudo evitar que las lágrimas empezaran a caer por su rostro una tras otra.
El olor a sangre. El a olor a muerte lo perseguían a donde quiera que fuera.
Aun podía sentir la sangre tibia escurrir por el mango de su espada, los gritos de las personas heridas.
Y la risa de Byakuran segundos antes de morir.
Morir.
.. Eso todos lo sabían y más aún, él ya lo había demostrado en la pelea del futuro y contra Asari Ugetsu.
Él no mataba… pero si había visto morir y no había hecho nada
Recordó vagamente que el niño de nombre Reborn le dijo que él tenía el talento para ser un Hitman, un asesino. Apretó los dientes con fuerza.
Si, podía ser hábil con la espada.
Si, podía entender rápido las situaciones en una batalla
Si, podía deducir los puntos débiles de sus enemigos
Si, él podía hacer muchas cosas y más. Pero…
¿Valía la pena?
Su mente decía que si pero su conciencia no estaba de acuerdo…
Gimió limpiándose la nariz.
Gokudera regresaría en cualquier segundo
No quería que lo viera llorar.
- "Idiota" – Dijo el Italiano al llegar a su lado y tenderle un pañuelo limpio – "Eres un gran idiota" – Volvió a repetir pero más suave –
Yamamoto desglosó una sonrisa triste y más lágrimas cayeron de su rostro
- "Ya no es un juego ¿Verdad?" –
- "Nunca lo fue" –
- "No me gusta" –
- "A casi nadie" –
- "¿A ti si?" - Silencio – "¿Gokudera?" –
- "Este es mi mundo Yamamoto" – Contestó después de unos segundos – "Y no conozco otro, todo lo hacemos por la familia, por el Décimo y por los que nos rodean, todos somos la Familia Vongola y por ellos y por nosotros tuvimos que hacer esto" –
Yamamoto sonrió triste, haciéndose mil preguntas a la vez – y con un muy cercano dolor de cabeza – la familia… sus amigos, su padre y todos lo que conocía.
La muerte de uno, por la vida de otros
- "Se…" – Continuó Gokudera una vez más – "… Que esto no es fácil para ti, nunca es fácil la primera vez" –
- "¿Se volverá sencillo después?" – El italiano por toda respuesta se sentó a su lado -
- "Si te sirve de consuelo, piensa en las personas que quieres y o que querrás seguirán con vida… Toma" – Sacó de entre su pantalón una fotografía. La misma fotografía que Gokudera encontrara en el libro de física -– "Me la traje de nuestro viaje del futuro" –
- "¿Pero…?" -
-"¡No preguntes!" – Gruñó – "Observa la foto, eres tu… con una sortija de matrimonio, tú vas a ser feliz Yamamoto, muy, muy feliz, lo que pasó ayer fue solo fue una prueba, uno de las muchas que habrá, pero al final saldrás adelante, no te derrumbes antes de empezar… o puede que te arrepientas y nunca conozcas con quien pasarás el resto de tu vida" –
- "¿Pero…?" -
-"¡Te dije que no preguntaras!"- Gokudera se levantó y se sacudió el pantalón, miro su reloj – "Solo piénsalo, quédate con la foto, te sirve más a ti que a mi" – Dio la media vuelta – "Si quieres puedes quedarte en mi departamento y dormir unas horas y luego ir a tu casa, tu padre estará feliz de verte" –
Gokudera se marchó y Yamamoto se quedó viendo la fotografía varios minutos más – con varios 'Peros' en la cabeza – Ladeó la cabeza, ahí, él se veía feliz… con una sonrisa radiante, smokin negro e increíblemente alineado – algo que veía así mismo imposible – y ese anillo… parecía de oro, pero tenía tintes rojos
Qué extraño – Pensó e imaginó rápidamente a Gokudera portando la otra argolla matrimonial…
- "haha que tonterías pienso" – Se dijo pero la idea se quedó gravada en su corazón, que sintió, volvió a latir -
Aun tenía un Destino que cumplir.
- "¡¿Vas a venir o qué demonios?" – Gritó una voz conocida desde uno de los pisos de aquellos departamentos –
Yamamoto sonrió, se levantó y estiró los brazos sobre su cabeza sintiéndose repentinamente más liviano, se tomó su tiempo para limpiarse las mejillas con la manga de su chamarra, dio media vuelta y lo alcanzó.
Uh, un capítulo bastante, bastante difícil de escribir, al menos para mí, quería exponer que el ser Mafioso (uno más cercano a la realidad) no solo son llamas de voluntad y cajas, también son muertes y decisiones difíciles, que para unos chicos de 14 años de vida pacífica no debe ser sencillo de asimilar (o no debería serlo XD). Como dije al principio, está lleno de spoilers o.o espero no haberle arruinado a nadie la historia.
Gracias!
