Advertencia: Lemmon.


La primera vez que Gokudera se escondió literalmente de Yamamoto fue un día soleado cualquiera.

Muy, muy soleado.

Eran los primeros parciales de su tercer año en la preparatoria, acababan de empezar y los alumnos estaban como locos estudiando y preparando sus tareas atrasadas.

Todos detestaban esas fechas… o casi todos.

Gokudera estiró los brazos por detrás de su cabeza mientras caminaba por los pasillos vacios, infló el pecho orgulloso porque ese día hizo gala – una vez más - de su gran inteligencia… y muy poca paciencia, ya que tan pronto como terminó su examen de cálculo vectorial, en tiempo record de 30 minutos, se levantó con el ceño fruncido de su asiento, aventó las hojas de respuestas a la cara del profesor y con mochila en mano salió del salón sin decir palabra alguna.

Y sin permiso.

Salió de las instalaciones de la Preparatoria de Namimori y una fuerte ola de calor le dio la bienvenida, masculló entre dientes una maldición, observó a su alrededor. La preparatoria había sido construida a las afueras de la ciudad y usando una ingeniosa arquitectura, esta estaba rodeada de un bosque que tenía varios senderos por los cuales se extendían algunas bancas para los agotados y sufridos alumnos que siempre alegaban que tenían derecho a un merecido descanso.

Caminó hasta su asiento favorito, aquel que solía compartir con el Décimo y con el idiota de Yamamoto y tan pronto como se acercó una parejita que estaba ocupando el mismo lugar se levantó rápidamente y como pudieron saliern corriendo fuera del lugar.

Gokudera sonrió para sus adentros. Él se había encargado de que su fama de pandillero se conservara aun en la preparatoria, y gracias a esto, siempre el Décimo – y en general todos los de la Familia - tenían un lugar tranquilo en donde poder almorzar.

Miró su reloj.

2.45 pm

- "Tsk" – Chasqueó la lengua exasperado y es que se suponía que terminando los exámenes había quedado de esperar; al idiota que tenía algo así por novio, precisamente en esa banca para irse juntos a su casa, pero sabía que Yamamoto tenía su prueba de Algebra y muy seguramente se tomaría las 2 horas y media para hacer el dichoso examen - "Y apuesto a que no termina" -

Lo que significaba que el Guardián de la Lluvia no se aparecería por ahí sino hasta las 4 de la tarde.

Con suerte.

Estiró una vez más los brazos, tenía tanto calor que lo único que se le antojaba era echarse bajo la sombra de un árbol a dormir.

Un tintineo lo alertó.

Miró de soslayo hacia donde un grupo de estudiantes se aglomeraron. Se cruzó de brazos y se acercó recordando que por lo regular no se permitía que los vendedores ambulantes traspasaran los límites de las rejas de la escuela, pero en los días de exámenes se les daba una concesión especial y los vendedores podían ofrecer sus variadas mercancías a todos los alumnos que salían de sus correspondientes pruebas.

Gokudera se paseó aburrido entre los diferentes puestos que ofrecieron desde los populares mangas para los siempre fanáticos japoneses, muñecos, flores, artículos de joyería para las mujeres y algunos cuantos puestos trían comida chatarra.

El italiano estuvo por darse a la vuelta cuando el mismo tintineo se volvió a escuchar, giró la cabeza hacia su derecha donde una señora repicó una pequeña campana que estaba atada a un carrito de helados

Fríos y deliciosos helados.

Enarcó una ceja.

Miró a su alrededor precavido.

No. El Guardián de la Lluvia no estaba ni remotamente cerca

Una vena pulsó en su frente.

¡Pero en qué rayos pensaba!

Con pasos fuertes se acercó hasta la afable señora

- "Me da uno y que sea doble" - Gokudera refunfuñó para sus adentros mientras recibía un barquillo con dos bolitas de helados encima y volvió a gruñir.

Y es que el Guardián de la Tormenta tenía un serio problema con ese postre en particular… Un grave y serio problema. Y el origen de ese problema tenía por nombre del imbécil, idiota y estúpido tipo llamado Yamamoto Takeshi

¿Y por qué?

Ocurría que cada vez que el Guardián de la Lluvia veía a Gokudera comer ese postre, no podía evitar el observar al italiano deslizar su lengua por el barquillo de arriba abajo, ni evitaba mirar como lamía suavemente la punta de la cremosa y dulce crema, mas aun, tendía a sonrojarse siempre que el Guardián de la Tormenta inconscientemente mordía la galleta de tal forma que lo obligaba a tragar saliva con dificultar y sin ya reprimir sus instintos se prendía como burro en primavera y decididamente arrastraba en todas las ocasiones a Gokudera al primer lugar que se le antojara para hacerle el amor salvajemente.

Era su fetiche

- "Aquí tiene" –

- "Gracias" –

Gokudera pagó el postre y le dio un discreto lengüetazo.

Delicioso

¡Y es que últimamente hacia tanto calor!

Y él sin poder comer helado

¡ARG!

A veces se preguntaba cómo podía soportar a Takeshi en días como esos.

Sus mejillas se colorearon.

Bueno… aceptaba que en el último helado que comiera, ambos habían terminado solos en el salón de artes manuales y vaya que lo habían disfrutado. Y Mucho.

Se volvió a llevar a la boca el postre y miró preocupado como se empezó a derretir y no tardaría mucho en convertirse en agua si seguía en ese condenado lugar por más tiempo.

Se pensó un segundo en regresar a la banca donde esperaría a Yamamoto pero frunció el ceño.

No. Si quería comerse su postre en paz, tendría –muy a su pesar -que esconderse de él. Cerca estaba el Auditorio y a esa hora y en esos días estaba completamente vacío y era un lugar fresco, sonrió satisfecho, dio una miraba rápida a su alrededor en un vana esperanza de que tal vez su pareja estuviera por ahí, y es que conociéndolo, muchas veces el friki del beisbol tendía a desesperarse y a dejar a medio contestar sus exámenes de matemáticas.

Sin rastros, el italiano caminó hasta la puerta de Auditorio, la abrió con un puntapié y un aire fresco lo recibió, estaba casi en penumbras, la única luz que se percibía se colaba por unas ventanas superiores colocadas en el techo para ayudar a la ventilación, dejó la puerta entre abierta y se sentó en una de las últimas filas. Volvió a probar su helado y se le quedó viendo unos segundos desde la punta inferior del barquillo hasta la otra punta suave de la crema.

Una idea pervertida acudió a su mente.

Oh, él sabía muy bien lo que pasaba por la cabeza de su novio cada vez que lo veía comer ese postre.

Lo sabía muy, muy bien.

Y es que Yamamoto a pesar de tener la cabeza llena de aire, si tenía una imaginación muy hiperactiva que le hacía figurar el helado como una parte muy 'interesante' de la anatomía de su novio.

Una sonrisita llena de maldad nació en la comisura de sus labios y con una pasmosa lentitud 'imaginó' la misma escena que seguramente Yamamoto tenía en su cabeza cuando lo veía a él… así que dispuesto a dar 'vida' a su fantasía, sacó su lengua y con cuidado recorrió la suave crema desde la base hasta la punta del mismo dejando un rastro de su saliva en el proceso, cuando llegó a la punta le dio un suave y sugestivo mordisco… relamiéndose los labios con el sabor dulce que se había quedado impregnado en ellos.

Volvió a repetir la operación dos veces más en diferentes partes, teniendo cuidado de siempre dejar un camino marcado de saliva, luego y sin previo aviso engulló toda el helado en su boca, deslizándolo suavemente por su lengua y lo volvió a sacar.

Sonrió complacido.

Atacó de nuevo, esta vez dándole solo lengüetazos al azar llevándose pequeñas porciones de la suave crema por aquí y por allá.

Abrió la boca y de un mordisco mordió la orilla de la gallera, un trozo se rompió y lo comió tranquilamente, algunas gotas cremosas se deslizaron por la lateral del cono y con su dedo índice recogió las escurridizas gotas, se llevó el dedo hasta su boca sugestivamente deleitándose con su sabor.

Dos, tres mordidas más y el cono del helado estuvo casi terminado.

Una lástima - pensó. Había sido toda una experiencia, ahora solo le quedaba la base en forma de punta entre sus dedos, se relamió los labios y abrió la boca para comer el último pedazo cuando escuchó el ruido de una garganta tragar algo con dificultad.

Gokudera frunció el ceño molesto, se giró en su asiento dispuesto a mandar al demonio a quien hubiera osado el interrumpirle.

Pero se quedó de una sola pieza

Ahí, a unos metros Yamamoto lo veía con los ojos muy abiertos, cara completamente roja y labios entre abiertos.

-"Oh, Gokudera" -

- "En la madre" – Pensó al ver la mirada pervertida y llena de lujuria de su novio, el beisbolista lo saludó con una sonrisa mezcla diversión y mezcla maldad, cerró la puerta del Auditorio detrás de él y se acercó hasta su pareja, tomó el ultimo trozo de aquella galleta y se la llevó a la boca dejándola colgar entre sus labios, acto seguido se sentó entre las piernas de Gokudera quien se puso completamente rojo al sentir la excitación de su novio crecer en su pantalón -

Muy, muy excitado

- "¿No sabes lo que acabas de hacer verdad?" – Preguntó Yamamoto empezando a mover sus caderas sugestivamente, Gokudera cerró los ojos y gimió –

-"Creí… creí que estabas en examen" –

- "Estaba" – Rió – "Pero como no sabía nada, decidí entregar mi prueba, alcance a verte cuando entrabas aquí… y pude ver todo" – Se acercó hasta el lóbulo de su oreja - "¿Y sabes qué Hayato?" – Murmuró-

. "Ah… ¿Qué?" -

Yamamoto Takeshi por toda respuesta le sonrió

- "¡Fuck!"- Gokudera entre abrió los labios para protestar pero estos fueron atrapados hábilmente por los de Yamamoto, la punta del barquillo que colgara de su boca despareció entre la boca de ambos jóvenes en cuestión de segundos – "Al… to…Ya…" - Masculló y tembló de gusto cuando el japonés pasó su manos por debajo de su camisa – "Condenado pervertido" – Pensó al sentirlo mover su caderas de la manera en como a él le gustaba -

Oh, por todos los demonios

El Guardián de la Lluvia rió entre besos al sentir a Gokudera jadear y de un ágil movimiento se incorporó para sentarse en la silla de al lado, jaló a su novio por el brazo para que ahora fuera el italiano quien terminara sentado sobre él

- "Nos… van… a….ver" – Jadeó enredado sus manos sobre el cuello de Yamamoto mientras el otro se entretenía besando el cuello del italiano -

- "Hn" – Sinceramente a Yamamoto poco le importó el que los vieran o no, su cuerpo y su mente estaban ocupados en otra cosa, volvió a besar a Gokudera quien a pesar de quejarse de que era un lugar impropio, de que los verían y que de serian expulsados, tampoco hiso mucho para librarse de aquellas manos que ya habían desabotonado y bajado su pantalón -

- "¡Yamamoto!" – Gruñó cuando el beisbolista metió su mano entre su entrepierna atrapando su hombría y moviéndola sugestivamente de arriba hacia abajo – "Ma…M-Más…" -

- "¿Se-Seguro?" – Preguntó el aludido con gracia, Gokudera bufó y en una sana venganza rebuscó entre el uniforme y el bóxer del japonés encontrando su excitación, Yamamoto echó la cabeza hacia atrás cuando el Guardián de la Tormenta lo masturbó ágilmente – "Ah… si… así Gokude…" – Gimió más fuerte y Gokudera sonrió complacido aunque pegó un brinco cuando la otra mano curiosa de Yamamoto rebuscó en su trasero preparándolo para lo que sabía muy bien que vendría –

Yamamoto besó con hambre a su pareja concentrándose en quitarle el bóxer, pero el italiano no dejó de mover su cadera, dificultándole la tarea. Sonrió gustoso - así era mejor – que no se lo dejar fácil, pero él tampoco era alguien fácil de vencer, con sus hábiles manos acarició la espalda de Gokudera sugestivamente haciendo que el italiano arqueará el cuerpo y dejara de moverse unos segundos que aprovechó para terminar de desvestirlo y poco a poco fue entrando en el cuerpo del italiano

Gruñeron roncamente.

Gokudera balbuceó algo que Yamamoto no entendió pero cuando sintió al italiano moverse hacia arriba y abajo le siguió prontamente en el ritmo con sus embestidas, los gemidos de ambos Guardianes crecieron en volumen y fueron amplificados aún más por el eco propio del Auditorio.

Ambos sin querer pensaron al mismo tiempo que aquel sonido era excitante.

Gokudera calvó sus uñas en su espalda y el movimiento se incrementó.

-"Ta… ke…" – Estamparon sus bocas en un intento burdo de aplacar de sus jadeos justo cuando un fuerte orgasmo los golpeó sin piedad

Se abrazaron y gruñeron sintiendo vibrar tanto su cuerpo como el de su pareja.

Takeshi dio unas cuantas embestidas más hasta que lentamente se quedaron quietos, ambos respiraron agitados y se acariciaron la espalda mutuamente.

- "Eso… fue grandioso" – Comentó tontamente el Guardián de la Lluvia –

- "Hn" -

A lo lejos la campana que indicó el fin de clases y las cuatro de la tarde sonó.

- "Vámonos" – Ordenó el italiano con voz ronca, tenían que irse antes de que los atraparan… hiso el intento por parase pero Yamamoto volvió a sentarlo – "¿Qué demonios te pasa?" –

- "Tengo una preguntar qué hacerte Gokudera" –

- "¿Cual?" – El aludido enarcó una ceja, la expresión de Yamamoto de pronto fue muy seria pero rápidamente volvió adornarse con una bella sonrisa -

- "Estaba pensado que…" –

- "¿Qué?" –

- "¿No se te antoja de casualidad algún otro helado?" -


Jejejeje Yamamoto es un pervertido! XD Y con este capítulo se termina la primera temporada de este fic, que abarca básicamente desde la secundaría hasta la preparatoria. (aplausos!)

La segunda temporada será cuando entren en la Universidad ya en Italia y sus aventuras en el Mundo de la Mafia. Los capítulos serán publicados dentro de esta misma historia. Solo que… (Sonrojo) me tardaré un poco en subirlos porque toda la historia la he escrito en mi trabajo jijiji y al menos por este mes tendré muchas cosas que hacer. Ya tengo unas cuantas cosas adelantadas pero quiero presentarles un trabajo de mayor calidad, así que por favor les pido paciencia.

Agradezco a todos los que han leído hasta aquí, esperando que aun puedan apoyarme cuando se lance la segunda temporada, nos estamos leyendo!

Yui-3000