Despertó repentinamente, ¿Cuánto tiempo habría estado dormido? ¿Uno? ¿Dos días? Se sentía confundido y desorientado además un terrible dolor invadía todo su cuerpo, pero al pensar en lo ocurrido anteriormente éste pasó a un segundo plano, el dolor físico era lo de menos comparado con el que llenaba su alma, ¡¿Cómo era posible que Kyo le hubiese hecho eso?! Haciendo caso omiso de los reclamos de su magullado cuerpo se abrazó a sí mismo y acurrucado en aquella cama lloró amargas lágrimas, ¡Maldición! ¡¿Cómo había permitido que las cosas llegaran hasta ese punto?! Kyo… ¡ese desgraciado se las pagaría! ¡Apenas lo viera acabaría con él! Haciendo uso de una gran fuerza de voluntad se levantó de aquella cama, su vista se nubló repentinamente y perdió el equilibrio cayendo a la cama otra vez, por lo visto estaba más mal de lo que pensó en un principio y aparte ¡Tenía fiebre! ¿Pero que importaba eso? ¡Tenía que salir de allí y pronto! No soportaba la idea de seguir en aquella habitación, el sólo recordar lo que allí había ocurrido lo llenaba de ira, amargura… asco, no soportaba todos esos recuerdos que se agolpaban en su mente y menos saber que el responsable de "aquello" había sido ni más ni menos que Kusanagi Kyo, precisamente él, se hubiese esperado eso de cualquier otro pero no de Kyo, ¡Demonios! ¡Y toda la culpa era de Nanakase!... tal vez… no se sentiría tan mal si hubiese sido Nanakase pues ya sabía que ese era un desgraciado capaz de cualquier cosa, pero Kyo… Kyo era diferente… Kyo era… ya no importaba lo que él fuera.
Nuevamente se levanto de la cama pero esta vez un poco más despacio, por lo menos logró mantenerse en pie, ahora tenía que buscar algo de ropa ya que desgraciadamente se encontraba desnudo, llego hasta el armario, no tenía tiempo para decidir así que tomó lo primero que encontró, un pantalón de mezclilla negro, una camisa blanca y una gabardina también negra, se vistió tan rápido como pudo cosa que se le dio un poco difícil debido sus heridas. Una vez listo procedió a salir de la habitación, con suerte Kyo no estaría ya que en todo el tiempo que demoró en vestirse no dio señales de vida, sin embargo al abrir la puerta su rostro palideció y todo su cuerpo comenzó a temblar ya que allí estaba Kyo profundamente dormido en el sofá de la sala, hubiese deseado quemarlo vivo en ese mismo momento, pero se sentía demasiado débil y la sensación de asco se incrementó en su interior así que decido salir lo más rápido y silenciosamente posible, su venganza esperaría.
Llovía a cantaros y llevaba caminando alrededor de quince minutos, si hubiese estado en buenas condiciones, no habría problema pero se encontraba muy mal, ardía en fiebre y cada paso era como una agonía para su lastimado cuerpo, salió tan rápido del departamento que ni siquiera recordó tomar su billetera, incluso dejó su bajo, pero en esos momentos no importaba mucho, revisó los bolsillos de la gabardina y sólo encontró unas cuantas monedas que ni siquiera alcanzaban para tomar un taxi, sólo podía llamar a alguien pero no había ningún teléfono público hasta llegar al parque a unas dos o tres calles de distancia, así que tenía que seguir caminando, era en momentos como este cuando odiaba vivir en la otra punta de la ciudad, "¿habrá despertado Kyo?" se preguntó de pronto, pero al segundo después de que ese pensamiento atravesara su mente un montón de sentimientos se arremolinaron en su interior "¿Por qué diablos tenía que estar pensando en él?" en estos momentos lo odiaba con toda su alma… ¿o no? En realidad no sabía exactamente qué rayos era lo que sentía. Finalmente logró divisar una cabina telefónica ahora el problema era ¿A quién llamar? Mature y Vice estaban de viaje y no estaba seguro de si ya habían regresado o no, su hermana Shiori… no, ella se preocuparía demasiado, sólo le quedaba esa persona, tampoco le gustaba preocuparlo pero no podía acudir a nadie más y además era la mejor opción, así que sin pensárselo dos veces marcó su número y esperó…un tono… dos tonos…
- ¿Moshi moshi? – una suave voz respondió.
- … soy yo – contestó Iori que a estas alturas ya ni siquiera podía mantenerse en pie y resbaló hasta quedar en el piso apoyado contra las paredes de la cabina.
- ¡Iori! ¡¡¿Donde rayos estabas metido?!! ¡Quedaste en volver apenas terminaras de tocar! ¡¡Te he buscado todo el día!!... me tenías preocupa… - pero de pronto un quejido del otro lado de la línea lo hizo callar – ¿Qué te pasa Iori? ¿Estás bien? –
- Seiji… no tengo tiempo… cállate y escucha, me encuentro en una cabina telefónica que está en el parque… cerca del departamento de Kyo… ven a buscarme – su voz sonaba cada vez más débil –… por favor ven rápido… –
- ¡¿Te peleaste con Kyo de nuevo?! ¿Iori?... ¡¡Iori responde!! – pero eso no sucedió, sólo se escuchó el sonido del auricular al caer y luego se cortó la comunicación.
- ¡¡Iori!!... se cortó – se dijo mientras la angustia crecía en su interior y buscaba rápidamente su abrigo y las llaves de su auto – resiste un poco ya voy por ti – decía mientras corría a toda velocidad hasta el estacionamiento.
"¿Que pudo haberle pasado? Nunca lo había oído así" Seiji estaba cada vez mas angustiado por Iori, era la primera vez en todos los años que se conocían que el pelirrojo le pedía que lo fuera a buscar después de una pelea ya que estaba seguro que se había peleado otra vez con Kyo.
Pasaron alrededor de quince o veinte minutos cuando en medio de un chirrido de ruedas se estaciono un vehículo de color negro en las afueras del parque, cosa que se vio bastante peligrosa tomando en cuenta que en esos momentos la lluvia caía más fuerte que nunca, pero por lo visto eso no le importó mucho al joven Seiji, quien descendió segundos después.
Kuzuki Seiji era realmente un joven demasiado hermoso, sus ojos de largas pestañas eran de un color azul cielo y su largo cabello tenía un tono gris muy claro casi dándole toques plateados, se dejaba caer algunos mechones sobre el rostro enmarcando sus delicadas facciones, su piel era muy blanca y su cuerpo se veía bastante frágil y delicado a pesar de medir un metro ochenta de estatura, a simple vista casi parecía una mujer, además la lluvia que caía resaltaba aun mas su belleza y ceñía sus ropas a su cuerpo, las cuales no eran más que una camiseta negra de cuello subido, unos jeans azules, sobre esto un abrigo largo de color blanco y botas acordonadas.
Ya llevaba alrededor de unos cinco minutos buscando al pelirrojo sin poder dar con él y estaba comenzando a impacientarse.
- ¡¿Cuantas malditas cabinas telefónicas puede haber en este parque?! – fue en ese momento que algo llamó su atención, la cabina… dentro una figura inconsciente en el piso y el auricular colgando libremente… corrió como si en eso se le fuera la vida.
- ¡Iori! – lo llamó cuando llegó junto a él, se encontraba sentado apoyado en una esquina de la cabina, con los brazos descansando sobre sus piernas semi dobladas y la cabeza caída hacia un lado apoyada en el cristal y un poco inclinada hacia adelante, realmente parecía que las fuerzas lo fueron abandonando poco a poco hasta quedar completamente inconsciente. No pudo ver su rostro pues estaba cubierto por su cabello sin embargo se dio cuenta de inmediato que Iori tenía dificultades para respirar libremente. Se agacho junto a él y posó temeroso una mano en su mejilla, ¡¡Estaba ardiendo en fiebre!! Alzó delicadamente su rostro y una fuerte punzada atravesó su pecho, ¡Nunca lo había visto tan golpeado! Su cuello y pecho también tenían marcas de golpes y de otro tipo que no quiso interpretar en ese momento.
- ¿Como pudieron dejarte en este estado? – se preguntaba, de pronto al tomar sus manos vio las marcas en sus muñecas – ¡¿Quien fue el maldito que te hizo esto?! – sus ojos se llenaron de angustia, dolor, ira, al pensar en que tal vez no se pudo defender.
- Iori… ¡Iori despierta!... soy yo – lentamente comenzó a reaccionar.
Oía una voz llamándolo, esa suave voz que siempre conseguía tranquilizarlo, y aun que sonara raro para venir de él, lo hacía sentir… seguro, con algo de dificultad logró abrir sus ojos y se encontró con un par de familiares ojos azules que lo miraban anhelante, con una mezcla de angustia, preocupación y alivio de que hubiese despertado.
- Seiji… – dijo Iori con un hilo de voz, al reconocer a su amigo, el cual lo abrazó fuertemente, sin embargo Iori no pudo evitar soltar un gemido de dolor, lo cual hizo que Seiji se alejara rápidamente de él.
- ¿Estás bien? – le pregunto aun que fue más que nada una pregunta de relleno ya que se veía que no era así, sin embargo el pelirrojo bajó la mirada – ¿Iori? – sus ojos parecieron nublarse de pronto, después de algunos momentos, cuando pensó que no recibiría respuesta…
- … No, no estoy bien – decía con la voz quebrada a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas.
Ciertamente Iori no tenía ningún problema con llorar frente a Seiji, se conocían desde hacía muchos años, y no había ningún secreto entre ellos, de hecho aparte de su hermana Shiori, Seiji era el único que conocía al verdadero Iori, al que podía temer, dudar, reír sinceramente y de buena gana, hacer tonterías, jugar e incluso llorar como ahora, aun que eso pasaba muy rara vez.
- ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo esto? – sin embargo Iori no respondía, solo lloraba en silencio, así que decidió no presionarlo, con delicadeza lo atrajo hacia sí hasta que posó su cabeza contra su pecho, y comenzó a acariciar su cabello, consolándolo en silencio como si se tratara de un niño pequeño, tal y como hizo el mismo Iori con él muchos años atrás – Tranquilo, ya estoy aquí – le dice suavemente.
Se sentía sumamente preocupado, sabía que algo andaba mal, Iori jamás lloraría por una derrota, de hecho ni siquiera le interesaban mucho las peleas salvo si se trataba de Kyo. ¿Habrá tenido algo que ver Kyo con el estado en que se encontraba Iori? Lo más probable era que sí, pero… ¿Qué pudo haber pasado?
Lentamente los tranquilos latidos del corazón de Seiji lo fueron calmando, sin embargo aun sentía mucho dolor, tanto en su cuerpo como en su alma, de pronto le costaba mucho trabajo seguir despierto, todo le daba igual salvo Seiji, quería seguir sintiendo el latir de su corazón, su calor, su olor, quería olvidarse de que Kyo Kusanagi existía, de lo que sentía por él, de todos esos contradictorios sentimientos que bullían en su cabeza, de ese bastardo de Nanakase… ahora sólo existía Seiji.
- Tenemos que salir de aquí – dijo de pronto Seiji recordando que Iori tenía fiebre – Estás todo mojado y tienes mucha fiebre, eso no es bueno – le va diciendo mientras se va poniendo de pie y lentamente ayuda a Iori a hacer lo mismo, sin embargo tan pronto estuvo de pie toda la visión del pelirrojo se nubló y perdió completamente el conocimiento, por suerte para él, Seiji tenía unos reflejos muy agudos, y como no, eso era esencial en su trabajo ya que de no ser así hace mucho tiempo lo habrían matado.
- ¡Iori!... perdió el conocimiento otra vez… bueno en este caso creo que es mejor así… – se dice mientras lo carga entre sus brazos como si no pesara nada, pues para ser tan delicado Seiji era bastante fuerte –…se veía muy alterado – reflexiona mientras caminaba en dirección de su auto y la lluvia seguía cayendo, empapándolos a ambos y resbalando por el pálido rostro de Iori.
Depositó con mucho cuidado al joven en el asiento del copiloto y abrochó su cinturón de seguridad, hacía unos momentos que el cuerpo de Iori había comenzado a temblar, por suerte acostumbraba a llevar una manta en el asiento trasero y lo cubrió con ella esperando que resistiera un poco hasta llegar al departamento.
Se subió y emprendió la marcha a toda velocidad, en ese momento pensó que después de todo si era buena idea lo del auto, pues en este momento sería muy complicado llevar a Iori en su moto, estaba enfermo, además llovía y corría demasiado viento, eso sólo lo pondría peor, por su trabajo Seiji consideraba un automóvil como algo innecesario, tomando en cuenta que su Hayabusa era mucho más rápida, sin embargo Iori había insistido hasta que lo terminó aceptando, además no podía rechazar un regalo de su parte, incluso le entregó un teléfono celular del cual las únicas personas que tenían su número eran él y su hermana Shiori, en un principio lo había considerado algo ilógico ya que siendo un ninja esas cosas no eran tan necesarias, pero luego les encontró bastante utilidad, además gracias a esto estaba más en contacto con Iori que era la única persona que realmente le interesaba, ciertamente toda su fidelidad hacia la familia Yagami se reducía a Iori a quien quería más que a su propia vida y por quien se había convertido en lo que era, el mejor ninja del clan Yagami, a Shiori también le tenía mucho cariño y lealtad, pero él era su persona más importante, ese extraño chico pelirrojo que una vez le salvó en todos los sentidos en que puede ser salvada una persona y por quien sería capaz de hacer cualquier cosa.
- ¿Qué fue lo que te sucedió? – Se preguntaba una y otra vez mientras pasaba su mirada de Iori al camino – ¿Quien pudo haberte dejado en este estado? – Tenía el presentimiento de que había sido una pelea y algo más pero no podía imaginar que era realmente, aun que esas extrañas marcas en su cuello le daban una idea pero era algo demasiado terrible y aberrante que no quería sacar conclusiones tan a la ligera, lo mejor sería esperar a que el mismo Iori le dijera que fue lo sucedido realmente ya que de lo único que estaba seguro era de que había sido algo muy malo por el estado en que lo encontró.
- Ya no te preocupes, no dejaré que te vuelvan a lastimar – decía mientras volvía a posar su mirada en el joven – y en cuanto a la persona que te hizo esto…me encargaré personalmente de que pague, ¡sea quien sea acabaré con él! – dice con una mirada llena de furia asesina.
