- ¡Mierda me quede dormido! – exclamó Kyo al abrir repentinamente los ojos, habían pasado solo una o dos horas desde que había dejado a Iori sólo en su habitación, estuvo cuidando de él todo el día ya que la fiebre iba y venía, y con ella los delirios donde le pedía que se detuviera, que ya no le hiciera daño, y aun que Kyo trataba de hacerle reaccionar, Iori llamaba y le pedía a alguien que lo ayudase. Si bien Kyo se sentía mal, apenas soportando su cargo de conciencia, porque era su culpa que Iori se encontrara en ese estado, el hecho de que éste llamara a otra persona lo hería profundamente, ¿Acaso Iori ya tenía a alguien?, ¿Quién era esa persona?, ¿Quién era Seiji? Eran las preguntas que se hacia el joven moreno mientras dejaba a Iori descansando en su cama.
Se levantó rápidamente del sillón y se encaminó hacia su habitación pero algo le pareció muy extraño ya que no recordaba haber dejado la puerta abierta, así que se apresuro a entrar y fue cuando se quedo sin aliento ya que la cama se encontraba completamente vacía, su primera reacción fue desesperarse, lo busco en el baño y el resto de las habitaciones pero no aparecía por ningún lado, definitivamente Iori se había ido sin importarle en lo más mínimo su estado. Luego de unos momentos reflexionó, en las condiciones en que se encontraba Iori no podía haber ido muy lejos, lo mejor sería salir a buscarlo pues afuera la tormenta azotaba con más fuerza que nunca así que tomo la primera chaqueta que vio y salió corriendo rumbo a las escaleras, con algo de suerte lo encontraría por los alrededores.
Una vez en la calle trató de que su instinto lo guiara, de ser Iori probablemente desearía ir directamente a su departamento, así que enrumbo hacia esa dirección mientras pensaba en como rayos lo iba a traer de vuelta ya que lo más seguro era que se resistiera, ¿Como lo iba a enfrentar después de lo que pasó? ¿Cómo demonios iba a poder mirarlo a la cara ahora? De seguro en estos momentos lo odiaba con todas sus fuerzas, pero bueno cuando lo encontrara pensaría en algo. De pronto pasando por el parque algo llamó su atención en una cabina telefónica, se acercó un poco pero manteniéndose oculto y lo que vio lo dejo paralizado, no sabía cómo reaccionar, se trataba de Iori quien era abrazado por otro joven, muy hermoso por cierto, sintió que su interior se rompía en mil pedazos y que los celos lo corroían, trató de moverse e ir hacia ellos y apartarlos pero sus piernas no reaccionaban, vio como este chico levantaba entre sus brazos a Iori quien parecía inconsciente y se dirigía a un vehículo, solo cuando el motor encendió Kyo pudo reaccionar y correr hacia él pero ya era tarde, el vehículo se alejaba rápidamente dejándolo solo en medio de la calle observando como éste se alejaba mientras por sus mejillas corrían incontables lágrimas las cuales se confundían con la lluvia que no paraba de caer.
- Iori perdóname… – susurro suavemente como si el pelirrojo pudiera escucharlo.
***
El auto se detuvo en el estacionamiento del edificio y Seiji descendió rápidamente, dando la vuelta para bajar a Iori quien aún permanecía dormido volvió a tomarlo entre sus brazos manteniéndolo arropado con la frazada y se dirigió hacia el ascensor donde no sin un poco de dificultad presiono el botón del piso veinte que era donde el pelirrojo tenía su departamento, mientras lentamente subían Seiji observaba al joven entre sus brazos, su cabello estaba húmedo, sus ojos fuertemente cerrados, podía notar como su cuerpo no había dejado de temblar, su rostro estaba cubierto de sudor y aun tenía problemas para respirar, lo mejor hubiese sido llevarlo a un hospital pero sabía perfectamente que Iori los odiaba y no tenia deseos de discutir con él por eso.
- Nn…Kyo… – dijo de pronto Iori haciendo que las sospechas que tenia Seiji crecieran, era posible que Kusanagi tuviera algo que ver con el estado de Iori, ¿Pero que pudo haber sucedido entre ellos? ¿O es que acaso Iori fue atacado por otra persona? Él tenía muchos enemigos y además esta no era la primera vez que llamaba a Kyo en sus sueños. El ascensor se detuvo suavemente abriendo sus puertas y sacando a Seiji de lo profundo de sus pensamientos, avanzó por el largo pasillo alfombrado hasta el departamento de su amigo, y con algo de esfuerzo logró abrir la puerta entrando sin detenerse hasta llegar a la habitación donde lo recostó cuidadosamente en la amplia cama. Ahora lo mejor sería cambiarle esa ropa húmeda y limpiar sus heridas así que se dirigió al baño para llenar la tina con agua tibia así de paso le bajaría un poco la fiebre, volvió a la habitación y comenzó a desnudar a Iori cuidadosamente pues no sabía exactamente en qué condiciones se encontraba, por lo que notó anteriormente era posible que tuviese una o más costillas rotas pero tampoco podía estar seguro. Con mucho cuidado le quitó la gabardina, ya había notado que esa no era su ropa pues la que usaba la otra noche era diferente, luego siguió por la camisa y fue entonces cuando sus ojos se llenaron de lágrimas, su torso y cuello se encontraban cubiertos de golpes, rasguños, mordidas y otro tipo de marcas, definitivamente no había sido una pelea, al observar sus brazos notó quemaduras en su piel y las heridas que ya había visto en sus muñecas. Se sentía furioso pero lo mejor era mantener la cabeza fría de momento así que procedió a quitarle el pantalón y fue cuando todas sus dudas fueron apartadas, si es que aun las tenía, pues hasta ahora se negaba a creer lo que desde hacía un rato le gritaba una y otra vez su instinto, rastros de sangre manchando su entrepierna, ya no había duda alguna, apretó sus puños fuertemente sintiéndose impotente ¿Cómo era posible que alguien le hubiese hecho eso a Iori? ¿Cómo era posible que no hubiese estado ahí para protegerlo? Algunos recuerdos de su infancia volvieron a su mente para atormentarlo una vez más, sin embargo no era momento para dejarse llevar así que levanto a Iori entre sus brazos una vez más y se dirigió a la tina donde con sumo cuidado lo sumergió hasta la altura del cuello, por lo visto alguien, tal vez su agresor había tratado algunas de sus heridas pero eso no era de importancia, no se comparaba al daño causado, eso Seiji lo sabía a la perfección. Suavemente con ayuda de una esponja comenzó a limpiar el cuerpo de Iori y a retirar los rastros de sangre que aun permanecían en su piel, mojó también su cabello y rostro para que la fiebre descendiera aunque fuera un poco, de pronto la imagen del pelirrojo se volvió demasiado borrosa fue entonces cuando se dio cuenta de que las lágrimas resbalaban por sus mejillas sin ningún control. Continuo así por aproximadamente unos veinte minutos aseando cuidadosamente a su amigo luego fue por unas toallas las cuales coloco en la cama para que esta no se mojara, también busco algo de ropa para vestirlo, Iori no era fanático de usar pijama pero eso no era indicio de que no tuviera por lo menos uno, y estaba seguro de que tenia uno así que revolvió el armario hasta que lo encontró, era el que le había regalado Shiori hace algún tiempo, de satín afranelado y de color rojo italiano era muy bonito aunque Iori prefería dormir solo con ropa interior y alguna camiseta, decía que era más práctico y cómodo, sin embargo con sus actuales heridas era mejor el pijama abotonado al frente que hacerlo levantar los brazos y ocasionarle más dolor tratando de ponerle la camiseta, así que dejo la ropa en la cama y fue a buscar algunas vendas y medicinas para curar sus heridas, una vez hubo reunido todo fue en busca del pelirrojo al cual deposito con cuidado en la cama y comenzó a secar para luego curarlo y vestirlo lo más rápido posible, si bien con el baño la fiebre había bajado un poco decidió darle un antipirético para asegurarse, finalmente lo recostó y cubrió con las mantas para que pudiera descansar.
***
Era un día esplendoroso, el sol brillaba en lo alto e invitaba a recostarse en el césped disfrutando de su cálido abrazo, el parque rebosaba de vida con jóvenes haciendo deporte o simplemente jugando con sus mascotas, ancianos disfrutando de las cosas buenas de la vida y niños pequeños jugando y corriendo de un lado hacia otro sin ninguna clase de preocupaciones más que divertirse y compartir con el resto, pero un niño en especial, un pequeño pelirrojo a sus cortos seis años de edad ya tenía otra clase de preocupaciones, a pesar de estar disfrutando de aquel tranquilo día tendido bajo la sombra de un árbol no podía dejar de pensar en lo que le había dicho su padre hacia tan solo unos días atrás, llegaría un día en el que él tendría que tomar su lugar en la lucha contra sus enemigos y matar a alguien, esa idea no le gustaba para nada, si bien desde muy pequeño practicaba artes marciales con su padre, realmente detestaba la violencia innecesaria y el hecho de matar le aterraba, ¿Cómo podían hablar de quitarle la vida a una persona así como así? El sabía que su clan los Yagami no se llevaban nada de bien con los Kusanagi y prácticamente desde que nació había visto como su padre salía a encontrarse con Kusanagi y siempre regresaba en muy malas condiciones, ¿Acaso querían que el siguiera con la misma tradición? A él no le interesaban las peleas su sueño siempre había sido el ser músico, pero ahora… no sabía qué hacer y tampoco podía negarse, eso haría enojar a su padre lo cual no sería nada bueno.
De pronto unos gritos lo sacaron de sus pensamientos se oía como niños peleándose, decidió ir a investigar de que se trataba más por curiosidad que por cualquier otra cosa mientras más se acercaba los gritos eran cada vez más claros, al llegar vio como cuatro niños de unos ocho o nueve años agredían a una pequeña niña tal vez de su edad o menor, no pudo soportar esa injusticia y sin pensarlo dos veces decidió interferir.
- ¡Ya basta! – grito al momento en que se interponía entre la niña y un puñetazo, recibiéndolo de lleno en el rostro.
- ¿Qué te pasa enano acaso tú también quieres jugar? – pregunto el que lo acababa de golpear.
- ¿Y a esto le llaman jugar? – pregunto en un siseo apenas conteniendo su ira.
- Por favor no te metas en esto – le dice preocupada la ¿niña? quien no apartaba las manos de su pecho.
- Valla, eres un niño – dice el pelirrojo al darse cuenta de su equivocación – Tu quédate tranquilo yo me encargo de ellos – le dice con una sonrisa mientras lo hace a un lado y se pone en guardia – Y ahora… ¡Juguemos! – grita mientras se lanza a atacar a los otros niños, no le gustaba pelear, odiaba la violencia pero tampoco podía soportar esa clase de injusticias, cuatro niños más grandes y fuertes golpeando a uno más pequeño e indefenso, eso era algo que no podía dejar pasar y en menos de cinco minutos aquellos abusivos huían llorando en busca de sus madres.
- Vamos a ver si ahora les quedan ganas de golpear a niños más pequeños – comenta mientras los ve correr – ¿Estás bien? – le pregunta ahora al niño que acababa de defender.
- Si, gracias – responde este ya más tranquilo.
- Me llamo Yagami Iori – se presenta el pelirrojo – ¿Y tú? – pregunta mientras saca un pañuelo de su bolsillo para limpiar con mucho cuidado el rostro de aquel niño, el cual era muy hermoso, realmente no le avergonzaba haberlo confundido con una niña pues a simple vista lo parecía, tenía unas facciones muy finas y enormes ojos azules de largas pestañas, además su cabello el cual era de color gris muy claro, era largo hasta llegar a los hombros.
- Kuzuki… Seiji – vuelve a responder, ahora un poco sonrojado ante el gesto de Iori y porque este se le había quedado mirando fijamente.
- ¿Y porque te golpeaban? – pregunta recordando a aquellos abusivos.
- Por esto – dice separando las manos de su pecho y mostrándole un pequeño gatito blanco que tenía oculto entre sus ropas – Querían jugar a lanzarle piedras – dice acariciando el pelaje del animal.
- Es muy bonito, suerte que lo protegiste – le dice sonriendo tiernamente y acariciando al gatito.
De pronto todo se volvió confuso para Iori, comenzó a soplar un fuerte viento y la oscuridad los rodeó, un intenso dolor se apoderó primero de su pecho y luego del resto de su cuerpo, Seiji comenzó a alejarse y por más que Iori llamaba su nombre este no volteaba hasta que desapareció por completo, no podía moverse el miedo y la desesperación comenzaron a hacerse presentes, cerró sus ojos tratando de apartar el dolor pero fue inútil, al abrirlos nuevamente se encontraba en una habitación desconocida pero a la vez familiar sus manos inmovilizadas tras su espalda el dolor no cesaba, olor a alcohol, de pronto el rostro de Nanakase y al siguiente ya no era él sino Kyo, Kyo recorriendo su cuerpo con lascivia, dolor dentro y fuera de su cuerpo, más miedo y desesperación, Kyo poseyéndolo de la peor manera existente y el rogándole que se detuviera, llanto, él llorando mientras Kyo lo embestía una y otra vez sin ninguna consideración, Kyo…
- ¡¡HAAAAA!! – grito al abrir sus ojos mientras las lágrimas caían una tras otra, su cuerpo cubierto de sudor y temblando cual hoja al viento, el miedo aun presente en su interior, así como la mirada lasciva de Kyo presente en su mente.
- ¡¡Iori!! – Seiji entró rápidamente a la habitación al escuchar el desesperado grito de su amigo, lo vio sentado en la cama con los ojos muy abiertos, la respiración acelerada, llorando y con autentico miedo reflejado en el rostro – ¿Iori? – lo volvió a llamar pero esta vez un poco más despacio, sin embargo Iori parecía ido, como si aun estuviese dentro de una pesadilla, se acercó a él muy lentamente no quería asustarlo aun mas, posó su mano en la mejilla de Iori notando como este se tensaba completamente y en un rápido movimiento lo abrazó.
- ¡¡NO!! – grito Iori, temblando y tratando de apartarlo.
- Tranquilo, ya paso… era una pesadilla, Iori mírame soy yo… – decía tratando de calmarlo mientras lo sostenía firmemente aunque teniendo consideración con sus heridas – Soy yo… soy Seiji mírame – continuaba diciendo a la vez que Iori parecía reaccionar.
- Se… Seiji – dijo finalmente reconociéndolo y correspondiendo el abrazo – Seiji – volvió a repetir esta vez con un dejo de ansiedad en la voz.
- Ya paso, ya paso tranquilo – repetía una y otra vez el joven sin entender ni dejar de sorprenderse por la reacción de Iori, quien poco a poco parecía ir calmándose.
