Abrió los ojos furioso, tenía todo el cuerpo adolorido y el sonido del teléfono no hacía sino intensificar el martilleante dolor que amenazaba con reventar su cabeza, quiso ignorar el insistente sonido y continuar durmiendo pero este no cesaba, así que maldiciendo a quien se encontrara del otro lado de la línea estiro su brazo y levantó torpemente el auricular, esperando, por el bien de quien lo llamaba, que se tratara de algo importante.
- Moshi moshi – dijo de mala gana y arrastrando las palabras.
- Espero que ya hayas cumplido con lo que te ordené – dijo una profunda voz, haciendo que el albino abriera sus ojos completamente.
- Yo… la verdad es que… – trató de responder Yashiro, pero fue interrumpido.
- No pudiste – dijo cortante, una profunda y sensual pero potente voz de hombre – ¡Te atreviste a fallar! – le recriminó sin ocultar la ira que sentía – ¡Te encargué este trabajo porque se suponía que podrías hacerlo! – continuó hablando.
- ¡No fue mi culpa! Kusanagi… – una vez más trató de hablar el albino.
- ¿Kusanagi? – la mención de Kyo pareció llamar la atención del extraño – ¿Qué tiene que ver él en esto? – preguntó esta vez con voz cargada de desprecio.
- Apareció de repente… me venció… y se lo llevó… – dice recordando la manera tan fácil en que el Kusanagi le había arrebatado al pelirrojo.
- Mmmh… ellos se odian probablemente termine tu trabajo – comenta más para sí mismo que para el albino.
- No lo creo… Kusanagi parecía muy preocupado por él… – dice Nanakase recordando el comportamiento del castaño.
- Siempre tan asquerosamente noble y preocupado hasta por sus enemigos – comenta una vez más refiriéndose despectivamente al Kusanagi – No me importa lo que tengas que hacer pero… ¡Quiero a Yagami muerto o quien pasará a mejor vida serás tú!, ¡¿Te quedó claro? – ordena el misterioso hombre colgando el teléfono sin siquiera esperar la respuesta del joven Nanakase quien ante estas palabras palideció completamente.
Yashiro puso en su lugar el auricular, ¿Cómo es que las cosas habían llegado a ese punto? Desde un principio sintió que no debía hacer tratos con un hombre como ese, pero la ambición, el orgullo y su odio por el pelirrojo habían sido mucho más fuertes que su sentido común y ahora enfrentaba las consecuencias: o se apresuraba en matar a Yagami o el muerto sería él. Estaba molesto con aquel hombre, con el entrometido de Kusanagi, con el maldito Yagami, pero por sobretodo consigo mismo, si hubiese aprovechado de matarlo cuando lo tenía a su merced nada de esto estaría pasando, ¡Pero no! Tenía que ceder a sus instintos y tratar de violarlo, aunque si era sincero, eso era algo que había deseado desde la primera vez que vio a ese endemoniado pelirrojo y de no ser por Kusanagi lo hubiese conseguido, por culpa de ese bastardo había perdido la oportunidad de hacerlo suyo para luego matarlo y ahora tendía que pensar en alguna forma de acercarse al pelirrojo para eliminarlo, ¿Pero cómo? seguramente Yagami ya no volvería a bajar la guardia, además de seguro querría vengarse de él por lo que hizo. Repentinamente los ojos de Yashiro comenzaron a brillar maliciosamente, él no era el único que odiaba a Yagami tal vez podría conseguir alguna ayuda extra si sabía a quienes acudir.
Habían pasado largos minutos y Seiji aun lo mantenía firmemente abrazado, había tenido una horrible pesadilla, no… no se trataba de una pesadilla sino de una terrible realidad, había despertado aterrado y sin poder reconocer donde se encontraba, tampoco se dio cuenta de que alguien estaba a su lado hasta que lo tocó y lo abrazó, esto le hizo sentir aún más miedo, miedo al repentino contacto, miedo a ser tocado por un extraño, miedo… a ser violado nuevamente, miedo a… Kyo. Sin embargo una conocida voz lo tranquilizó permitiéndole así ubicarse y darse cuenta de en brazos de quien se encontraba, se sintió seguro ya que sabía perfectamente que Seiji sería la última persona del mundo que se atrevería a hacerle daño, pero aun así no podía evitar que su cuerpo temblara.
Por su parte, Seiji no podía ocultar su preocupación por el pelirrojo, acariciaba suavemente su cabello, podía sentir a Iori temblando entre sus brazos y esto no hacía sino angustiarlo aún más, había visto las marcas en su cuerpo, la sangre en su entrepierna, sabía muy bien lo que le había ocurrido y estaba seguro de que a Iori le costaría mucho trabajo llegar a superarlo, si es que algún día lo hacía. Quería acabar con sus propias manos con el maldito que se había atrevido a tocarlo.
El peligris no paraba de recriminarse por no haber estado con Iori cuando lo necesitó, por no haberlo protegido, él sabía perfectamente lo que era pasar por eso, lo había vivido en carne propia muchas veces, era algo que jamás podría olvidar, algo que lo acompañaría por el resto de su vida. Una vez más la imagen de su amigo se había vuelto borrosa, nuevamente estaba llorando, ¿Era por lo ocurrido a Iori o por sus propios fantasmas? Nuevamente los rostros de aquellos hombres volvían a su mente, el miedo, la desesperación, la impotencia… el odio, pero no, tenía que enfocarse en el presente, en Iori.
- ¿Te sientes más calmado? – preguntó suavemente limpiándose disimuladamente las lágrimas, no quería preocupar a Iori con sus traumas.
- Un poco… – respondió Iori completamente desganado, pero disfrutando de las suaves caricias en su cabello, Seiji tenía la habilidad de hacerlo sentir en paz y tranquilo, aun a pesar de la situación por la que estaba pasando
- ¿Quieres hablar de lo que sucedió? – preguntó una vez más Seiji, no lo presionaría pues había aprendido que eso era lo peor que podía hacer en una situación así. El pelirrojo por su parte solo se limitó a mover la cabeza negativamente, no se sentía preparado para hablar de ello.
- Está bien – volvió a decir suavemente el joven ninja, esperaría a que se decidiera a hablar por sí mismo.
Pasaron algunos minutos más en silencio, cada uno completamente centrado en sus propios pensamientos, sin embargo de pronto Seiji se apartó un poco de Iori, quien lo miró sin entender que era lo que ocurría. Por unos momentos el peligris se perdió completamente en los ojos de Yagami, su mirada había cambiado, antes tenía un brillo especial …algo único, que lo había cautivado desde la primera vez que se vieron, sin embargo ahora sus ojos eran opacos, su mirada parecía más bien la de un muerto, le dolía profundamente verlo así.
- ¿Seiji? – la voz del pelirrojo lo trajo de vuelta a la realidad.
- Iré a prepararte algo de comer – dijo Seiji sonriéndole dulcemente y acariciando su mejilla.
- No quiero comer, no tengo hambre – se negó Iori, en esos momentos no quería nada.
- No me importa, estás herido y aun tienes algo de fiebre, debes alimentarte – replicó el ojiazul remarcando sus últimas palabras. Iori simplemente desvió la mirada, no quería discutir y menos por algo tan trivial como la comida.
- Bien, volveré en un momento, descansa – dijo finalmente Seiji acomodándolo en la cama para luego salir de la habitación.
Una vez sólo, los pensamientos del joven volvieron a dar vueltas una y otra vez en lo ocurrido, trató de ponerse en pie pero aún le dolía demasiado el cuerpo, se sentía mareado y sin fuerzas, lo mejor sería descansar como le pidió su amigo. Pero tan pronto se recuperara buscaría a Kyo y a Nanakase y los haría pagar con sangre lo que habían hecho, jamás los perdonaría.
El joven caminaba por las calles completamente deprimido, la lluvia que caía mojaba su cuerpo, sin embargo el no sentía frio en absoluto, o por lo menos no se daba cuenta, en su mente se repetía una y otra vez la escena presenciada hacía unas horas atrás, aquel chico de cabello gris cargando a Iori y llevándoselo, ¿Quién era? ¿Acaso se trataba de esa persona a quien tanto llamaba el pelirrojo durante sus delirios? No tenía la más mínima idea pero sin importar quien fuera sentía que lo odiaba como a nadie por arrebatarle a su Iori.
Su Iori… por supuesto, pensó con amargura el joven, de seguro en estos momentos Yagami lo estaría odiando más que nunca y muy probablemente estaría ideando mil y un formas de hacerlo sufrir antes de matarlo, y esta vez no lo podía culpar ya que se lo tenía merecido, si solo las cosas se hubiesen dado de forma diferente… pero ya no había marcha atrás.
Llegó prácticamente convertido en sopa a su departamento, se sentía pésimo así que simplemente se quitó la ropa dejándola caer descuidadamente por la habitación y se metió a la cama, quería dormir y olvidarse de lo que había sucedido, quería olvidar la forma tan cruel como había lastimado a quien más amaba en el mundo, quería olvidar que ahora Iori lo odiaría con toda su alma, quería olvidar a ese tipo de cabello gris que se lo había llevado, sin embargo la cama estaba impregnada con el olor del pelirrojo, se aferró a la almohada como si de eso dependiera su cordura, la culpa lo estaba matando.
- Perdóname Iori… – susurro quedamente como si el pelirrojo estuviese junto a él y así sin siquiera darse cuenta se quedó profundamente dormido.
Había pasado ya varios días desde que Seiji llegara con un malherido Iori a su departamento, tiempo en el cual ninguno de los dos había salido para nada. El pelirrojo aun guardaba reposo y se negaba a ser visitado por ninguna clase de médico, argumentando que ya antes había sufrido heridas peores que esas y había sanado perfectamente sin la intervención de ningún médico, y esta vez no sería la excepción, Seiji por su parte se había mantenido a su lado en todo momento, no se atrevía a dejarlo solo ya que aunque Iori aparentaba estar más tranquilo, en más de una ocasión había despertado asustado en la noche además de que había momentos en que se quedaba contemplando el vacío sin decir palabra alguna, sin contar que hasta el momento se había negado a decir quien fue el sujeto que lo atacó, pero el ojiazul tenía fuertes sospechas de que se trataba de Kusanagi sólo esperaba que Iori se lo confirmara y en ese preciso momento Kyo sería hombre muerto. Parecía como si el pelirrojo se lo estuviera tomando con mucha calma, sin embargo tanto Seiji como él sabían que no era así, pues interiormente se sentía destrozado por lo ocurrido.
Seiji se encontraba preparando algo de comer mientras Iori descansaba en su habitación, al principio el pelirrojo había tratado de negarse a comer sin embargo no podía discutir mucho con su joven ninja, además estaba seguro de que Seiji sería muy capaz de meterle la comida por intravenosa si era necesario. El sonido del timbre interrumpió el rutinario silencio en que se había sumido aquel departamento durante los últimos días. Justo en el momento en que el joven ninja se disponía a ir a ver de quien se trataba oyó como la puerta se abría e ingresaba alguien al departamento, no necesito preguntar para saber de quien se trataba, solo había una persona parte de él que tenía llave de aquel departamento.
- Hola… ¿Hay alguien aquí? – preguntó la voz de una chica.
- En la cocina – respondió el peligris mientras bajaba la llama del horno y verificaba que todo iba bien con la comida.
- Se suponía que Iori debería haber ido a la mansión… ayer – dijo la muchacha apareciendo por el umbral de la cocina, su voz no expresaba molestia, solo algo de preocupación, su apariencia era muy delicada y frágil, aparentaba tener unos dieciocho años y media aproximadamente metro sesenta de estatura, sus ojos eran de color rojo al igual que su largo cabello.
- Iori esta… – Seiji no sabía que decirle a la chica, no la quería preocupar – Bueno él… – continuaba titubeando mientras su mente corría a toda velocidad tratando de pensar en algo, sin embargo una figura atrás de la chica cortó todo lo que fuera a decir.
- Estoy perfectamente, sólo olvide ir, no es para tanto – dijo el pelirrojo con total naturalidad sorprendiendo completamente al ninja.
- ¡Hermano! – dijo la chica girándose para lanzarse a los brazos del joven pelirrojo quien la abrazo instintivamente haciendo una mueca de dolor tan sutil que hubiera pasado a desapercibida para cualquier persona excepto para el par de jóvenes que se hallaba en ese momento con él – ¿Qué te paso? – pregunto la chica apartándose rápidamente de su hermano ante esta pregunta algunas imágenes de esa fatídica noche volvieron a su mente paralizándolo momentáneamente.
- Tuvo una pelea algo difícil y sus heridas aun no sanan por completo – respondió rápidamente el peligris al ver la tensión en su amigo.
- ¿Fue Kusanagi? ¿Cómo te sientes? ¿Te duele mucho? ¿Necesitas algo? – inicio la joven su avalancha de preguntas expresando completa preocupación por su hermano mientras lo llevaba casi a rastras al sillón donde lo sentó.
- Shiori… – trataba de protestar el pelirrojo pero su hermana no prestaba atención a sus palabras.
- No deberías estar de pie ¿Por qué no me lo dijiste? – seguía hablando la chica.
- ¡Shiori que no soy un niño! Ya me siento bien – se quejaba Iori ante las atenciones de su hermana, mientras Seiji miraba la escena bastante divertido, siempre era lo mismo, la chica tendía a preocuparse casi en exceso por su hermano, cosa que al pelirrojo le desagradaba, odiaba angustiar a su pequeña hermana, aunque él se comportaba exactamente igual con ella.
- ¿Lo dices en serio o es solo para tranquilizarme? – pregunto la chica sin creer completamente las palabras del mayor.
- ¿Tú que crees? – pregunto a su vez el muchacho esbozando una tranquilizadora sonrisa, solo para ella. Seiji se alegró al verlo, desde que lo encontró en la cabina telefónica Iori parecía estar sumido en una especie de tristeza y angustia permanentes, por unos momentos pensó que no volvería a ver una sonrisa así en el rostro de su amigo, aunque no podía evitar preguntarse qué tan sincera esa aquella sonrisa.
- Bueno… dejémoslo así – respondió la chica demostrando claramente que no estaba muy convencida de las palabras de su hermano, pero no quería presionarlo, lo conocía muy bien como para saber que sin importar como se encontrara realmente él trataría de mostrarse bien ante ella para no preocuparla.
- ¿De qué me perdí? – preguntó ahora el pelirrojo cambiando completamente el tema, la chica lo miró por unos momentos sin comprender a que se refería pero rápidamente entendió.
- Bueno, después de aburrirme esperando a que llegaras, me dedique a hacer los preparativos para la fiesta, ya solamente faltan los toques finales – informa tranquilamente la chica.
- Bien yo me encargo de eso – dice Iori acomodándose despreocupadamente en el sillón.
- ¿Estás seguro? – pregunta la chica.
- Sí, te dije que ya estoy bien, no es para tanto – vuelve a decir Yagami buscando inconscientemente con la mirada alguna cajetilla de cigarrillos sobre la mesa o algún mueble, sin embargo al mirar a su hermana todos sus deseos de fumar se esfuman, no frente a ella, piensa con resignación – Aunque aún no sé para qué tomarnos tantas molestias por algo así – continua hablando para desviar su atención y no pensar en aquellos tubos de papel rellenos de delicioso tabaco, llevaba varios días sin fumar cortesía de su "enfermero" quien le había arrebatado todas las cajetillas alegando que en su estado no era sano.
- ¡No digas eso! – lo reprende la pelirroja – Es el cumpleaños de papá – agrega con voz más suave y dolida, no le gustaba que su hermano se expresara de esa forma, aunque sabía perfectamente que no lo decía en serio, lo conocía muy bien y estaba segura de que aunque lo demostrara poco, o derechamente no lo demostrara, él quería mucho a su padre aun a pesar de todas las discusiones que acostumbraban tener.
- Está bien, está bien, no te pongas así tampoco – trata de calmar las cosas.
Desde la cocina Seiji podía oír la conversación de los hermanos Yagami y no podía evitar divertirse ante su comportamiento, Iori siempre terminaba cediendo ante su hermana, ¿Qué dirían los demás peleadores del KoF si lo vieran así? Aunque, no podía evitar a la vez, preocuparse por Iori, a pesar de lo que le sucedió hace solo unos días, se comportaba como si nada frente a ella, aun cuando estaba seguro de que su amigo estaba destrozado por dentro, era sorprendente la capacidad que tenía el pelirrojo para fingir, pero ¿Sería suficiente para engañarla? Lo que más le había pedido hace algunos días era que nadie se enterara de eso, especialmente su hermana ya que no quería darle preocupaciones, suficiente tenía ella con sus propios problemas, por otro lado hasta ahora seguía negándose a decirle quien lo atacó. No tenía caso preguntarle por eso, definitivamente tendría que esperar a que él decidiera hablar por sí mismo, se dijo el joven con resignación mientras ponía en una bandeja una taza de café para Iori, otra de té verde para Shiori y un vaso de jugo de naranja para él, junto a algunas galletas para llevar a la sala.
- Ya envié las invitaciones y hasta el momento más de la mitad de los invitados me ha confirmado su asistencia – hablaba la joven completamente ilusionada.
- ¡Ah! Qué bien – fue la escueta respuesta del mayor.
- No seas así hermano, no todos los días papá cumple cuarenta años – lo regaña de nueva cuenta.
- Qué suerte no – dice sarcásticamente volteando para mirar por la ventana, ella simplemente ignoro el tono de su voz.
- ¡Incluso el tío Kentarô vendrá! – dice la chica completamente emocionada, pero un fuerte ruido de algo rompiéndose interrumpe la conversación. Seiji se encontraba de pie en el umbral de la cocina mientras la bandeja que traía estaba en el suelo, su rostro estaba algo pálido.
- ¡Seiji! ¿Estás bien, no te quemaste? – pregunto Iori junto al ninja, ¿En qué momento había llegado a su lado? No lo había notado.
- Sí, estoy bien – responde el muchacho con una tranquila sonrisa, sin embargo Iori pudo notar un leve temblor en el cuerpo del peligris.
- ¿Estás seguro? Te vez algo pálido – agrega la chica acercándose también.
- Sí, en serio, solo se me resbaló la bandeja, a cualquiera le pasa – vuelve a decir para restarle importancia al asunto – Iré a buscar algo para limpiar esto – dice entrando rápidamente a la cocina.
- Pero a ti no te pasan este tipo de cosas – dijo Iori en voz baja.
