La noche
La família entera había ido a visitar a la hermana de su madre, la tía de los dos pequeños, ella vivía en la linde del bosque porque era un poco especial, no le gustaba estar con la gente, era un poco antisocial, solo había aceptado que la visitará su hermana porque quería ver a su nueva sobrina, la bebé, según su hermana, más linda que vería nunca, estarían allí una semana.
Cuando llegaron la mujer de unos veinticinco años abrió la puerta de la modesta cabaña.
-Hola hermanita-Dijo la otra mujer, que sostenía un bulto en sus brazos.
-Hola, Phamela, ¿es esta mi sobrina?
-Si, quieres tenerla.-ella asintió con la cabeza-Mira Ana, ella es tu tía Penélope.
-Ejem-un falso estornudo sonó de un poco más abajo.
Un niño de pelo color canela, ojos marrones y de unos cinco años miraba a su tía sonriente, aún cogido de la mano de su padre, a quien se parecía más bien poco.
-Vaya Remus, sí que has crecido, la última vez que te vi eras así de pequeñito- dijo poniendo su mano a una altura exageradamente baja.
-Normal, tenía tres años.-rió el pequeño.
-Pero pasad, no os quedéis afuera.
Las pocas veces que se veían estaban llenas de alegría, Penélope no era una mala persona, simplemente necesitaba estar sola, pero eso no significaba que no quisiera a su familía, el estar sola la mayoría del tiempo le permitía recibirlos mejor cuando los veía.
La casa no era muy grande, pero cabría perfectamente, después de enseñarles los cambios que había hecho, salieron a una pequeña excursión a la montaña, Remus jugó con su tía todo el rato, él era un niño muy alegre, totalmente diferente a la mujer, pero ni siquiera ella podía resistírsele, estuvieron jugando al escondite, a volar la cometa, y más tarde fueron al rio a bañarse.
Al llegar a la casa cenaron y los niños se durmieron, ahí fue cuando los adultos empezaron a hablar en serio.
-Penélope,-empezó Phamela-la verdad es que la razón que nos trae aquí no es presentarte a Ana.
-Queríamos pedirte -continuó el hombre-que cuidaras de Remus y Ana por un tiempo.
-¿Qué es lo que pasa?- empezó a inquietarse la visitada.
-Veras, Louis- dijo Phamela señalando a su marido-se ha metido en un problema, la cosa es que atrapó a un mortífago y ahora los demás quieren venganza.
-Sí, habíamos pensado en huir, pero no nos parecía buena idea arrastrar a los niños, así que pensamos en dejarles en un lugar seguro.
-Y dónde estarían más seguros que aquí, con su tía.- Añadió Phamela.
-Tengo que pensarlo-contestó la otra.
Penélope se levantó y se fue a su habitación, estuvo pensando toda la noche, ella sabía que no era la persona más indicada para encargarse de sus sobrinos, pero sabía que su hermana tenía razón, era el lugar más seguro para ellos, además ella los quería, el pequeño Remus le hacía sentir que en cierto modo era normal, se sentía un poco como el abuelo de Heidi.
A la mañana siguiente les indicó que lo haría y ellos sin más se fueron, no esperaron a que los niños se levantasen para despedirse, eso enfadó un poco a Penélope, pero sabía que era lo mejor.
Cuando Remus despertó lo primero que hizo fué preguntar por sus padres.
-Han tenido que irse por trabajo- le mintió su tía-me han dejado a cargo de vosotros.
-¿de verdad?-al pequeño se le ilumino la cara- genial -le encantaba estar con su rara tía.
En ese momento Ana empezó a llorar, Penélope la cogió, la zarandeó, le miro el pañal, pero nada, no paraba.
-Tiene hambre- informó Remus.
-¿Y qué come?
-Solo teta de mamá.
-Genial.-dijo la joven-tendré que ir al pueblo a por algún sustitutivo muggle.
-¿Porqué no haces magia?- la tía se quedó sorprendida.
-¿Tu madre no te ha dicho que yo soy una squib?
-No-el niño se quedo sin palabras.
-Bueno, de cualquier forma me voy al pueblo, volveré mañana por la mañana, ve dándole un poco de agua de vez en cuando, así aguantará.
-Vale, dijo él.
El día de Remus fue muy duro, su hermanita no paraba de llorar, el no paraba de darle agua, pero no servía de mucho, hacía las cinco de la tarde, los lloros pararon, Remus sonrió y fue a dejarla en la cuna que sus padres habían dejado allí, fue entonces cuando se dio cuenta de que no respiraba, la niña estaba muerta.
Remus se sintió fatal, no podía evitar pensar que era culpa suya, que no había sabido cuidar bien a su hermanita, no quería volver a ver a su tía o a sus padres, así que, aún con lágrimas en los ojos salió de la casa en dirección al bosque, empezó corriendo, sentía como la brisa chocaba contra su piel secando las nuevas lágrimas que derramaban sus ojos, pero no tardó en cansarse y empezó a caminar.
Llevaba caminando unas tres horas, hacía frío, ahora se arrepentía de haberse ido, al menos en la cabaña estaría caliente, trató de regresar, pero se dio cuenta de que estaba perdido así que optó por buscar un refugio, cuando por fin lo encontró en una cueva, se acurrucó sobre sí mismo, la llantina pronto cesó para dar paso al sueño, mientras afuera caía la noche dejando al descubierto una preciosa luna llena.
Penélope llegó a la casa aquella misma noche, recordaba más largo el camino, pero al parecer no lo era, aún así estaba cansada, supuso que lo que sucedía es que había corrido por que no le gustaba la idea de que sus sobrinos estuviesen solos.
-Remus-llamó, ninguna respuesta, vio a la niña todavía en la cuna, cayada.
-Hola pequeña- le dijo aunque sabía que no la entendía- cuando despiertes ya tendrás comida.
Le dio un beso en la frente y la notó fría, "no", pensó, "no puede ser"- comprobó el latido, la respiración, el pulso, nada.
-¡Remus!-gritó desesperada, recorrió toda la casa, el niño no estaba.
Salió al exterior a tiempo para escuchar un aullido feroz.
"Por favor" pensaba, "que Remus esté bien, al menos que el esté bien"
Se lanzó al bosque en busca del niño, no sin antes coger su escopeta.
No sabía qué era lo que la había impulsado a adentrarse en el bosque pero supo que no había sido una mala intuición cuando escucho un pequeño grito, sin duda la voz era la de su sobrino, corrío como nunca antes había corrido y no tardó en escuchar otro grito, éste mucho más cercano. Ella respondió gritando el nombre del niño.
Remus se despertó al oír un aullido no demasiado lejos de donde él estaba.
"lobos" pensó y se encogió sobre si mismo temblando de miedo.
Otro aullido, este mucho más cerca de donde su posición, se encogió aún más escondiendo su cara entre sus rodillas.
De repente todo estaba en silencio, demasiado tranquilo, un golpe de aire caliente pasó sobre su cabeza, el niño levantó la mirada para ver una cabeza peluda sobre la suya, un instante después su cuerpo se vio empujado al suelo por unas robustas patas, gritó con todas sus fuerzas mientras intentaba defenderse. Las garras se clavaban en sus brazos, algunas alcanzaban su cara, se clavaban como agujas envenenadas. Había conseguido inmovilizar la cabeza de la bestia colocando un brazo bajo su cuello, pero las patas seguían moviéndose, el animal dejó caer todo su peso sobre la pierna doblada del niño, lo que hizo que el último lanzara un nuevo grito, éste de dolor.
El grito fue contestado por otro.-¡¿REMUS?- era su tía.
Al oírla el pequeño se relajó un poco, y eso dio la oportunidad al lobo de zafarse de él, por fin libre el cazador lanzó su cabeza hacia atrás, y al estar el niño aún protegiéndose el rostro con sus brazos atacó a otra zona, mordió a su presa en el abdomen, un nuevo grito de dolor salió de la garganta del chico, y a continuación un disparo, Penélope no había acertado pero el animal se alejo.
La mujer corrió hasta donde estaba su sobrino, él no podía moverse, era como si hubiese quedado paralizado.
-Remus,-le llamó- tranquilo, ya ha pasado todo-dijo ella aunque su voz no parecía nada convencida el niño no pareció notarlo.
Él quería decirle que no era así, que notaba algo que le desgarraba por dentro, que rompía cada una de las partes de su cuerpo, pero no podía, no podía mover nada, sentía dolor, quería gritar, no podía.
La mujer lo cogió en brazos, con suma delicadeza y lo llevó hasta la casa.
