Recuperación y reencuentros
Remus se había dormido mientras su tía lo llevaba, ella lo colocó con cuidado sobre la mesa y empezó a hacer las primeras curas, su sobrino estaba vivo, pero su respiración era débil y su latido lento, si no hacía nada era muy probable que muriera.
Poco a poco limpió las heridas, no pudo evitar sentir nauseas al verlas, había múltiples rasguños por todo su cuerpo, algunos muy profundos, y la herida del costado, el lobo le había mordido allí no cabía ninguna duda, le había arrancado parte del abdomen y la sangre brotaba como si fuera una fuente, ningún órgano vital estaba dañado, lo cual era un milagro, pero si no paraba la hemorragia el niño se desangraría, hizo lo que pudo con unas cuantas vendas y volvió a cogerlo en brazos, lo único que podía hacer ahora era confiar en el médico del pueblo, así que se dirigió hacía allí.
Llegó al pueblo con la salida del sol, más rápido que nunca, y se dirigió a la casa del médico, tocó al timbre, una, dos, hasta cinco veces antes de que una anciana le abriera la puerta.
-Oh, la chica solitaria, cuando necesitas ayuda no dudas en venir ¿no?-rió la mujer- pues el médico ha tenido que marcharse al pueblo de al lado, una urgencia.
-Esto también es urgente, no soy yo es el niño.
La anciana se fijó por primera vez en el chico que cargaba, vio la sangre y las heridas. Su expresión cambió a preocupación.
-¿Qué le ha pasado?
-Le atacó un lobo.
-Sígueme- le indicó- ponlo ahí encima-le señaló una camilla.
Penélope así lo hizo, la anciana la quitó las vendas, que estaban realmente mal puestas. Al ver la herida del abdomen no pudo evitar llevarse una mano a la boca.
-Pobre criatura-dijo la anciana-no creo que sobreviva.
-Tiene que sobrevivir-dijo la tía del niño.
-Haré lo que pueda mientras esperamos a que mi hijo vuelva- dijo la anciana y se dispuso a mejorar la situación, se notaba que había sido enfermera anteriormente-llama a mi hijo, el teléfono está en el despacho.
Penélope se fue al despacho y encontró el teléfono, llamó al ayuntamiento del pueblo vecino, como la anciana le había indicado.
-Sí, despacho del alcalde, ¿en qué puedo ayudar?
-¿Podría localizar al médico?
-En este momento está atendiendo al alcalde.
-Por favor, es una cuestión de vida o muerte.-insistió.
-Lo siento señora pero...
-¡MI SOBRINO DE CINCO AÑOS VA A MORIR!
-Ahora mismo le aviso.
-Hola, habla con el doctor Thomas.
-Por favor regrese al pueblo, mi sobrino ha sido atacado por un lobo.
-Tardaré 15 minutos.
-Venga rápido.
Fueron los peores quince minutos de las vidas de Penélope, la anciana y Remus. Sobre todo porque en ese momento el niño despertó de su tranquilo sueño.
-Mamá-suspiró débilmente entre lágrimas.
-Tranquilo Remus,-le dijo su tía cogiéndole la mano-todo saldrá bien.
-Tía,-dijo él mirándola, las lagrimas salían con fuerza-duele.
-Remus,-ella también lloraba-te pondrás bien, eres un chico muy fuerte.
-Tía- susurro el muchacho-¿voy a morir?
-No digas eso Remus, claro que no vas a morir, tu eres muy valiente.- Penélope rompió a llorar, ¿Cómo iba a decirle al niño que moriría si el médico no llegaba a tiempo?
La anciana se acercó, no sabía que decir o hacer, al parecer estaba de sobra en aquella escena, pero ella también lloraba, no lo podía evitar, era un niño, un niño inocente que estaba a punto de morir y ella no podía hacer nada. Los tres permanecieron en silencio hasta que llegó el médico.
El doctor al ver la situación aspiró aire fuertemente y empezó a trabajar, allí mismo, porque no había ninguna otra sala y tenía que actuar con rapidez, Penélope observó toda la cura, no era algo sencillo de ver, así que en cuanto esta acabó y el doctor se puso a hacerle algunas otras pruebas decidió salir afuera y esperar allí, una hora más tarde la llamaron.
-Se recuperará, tardará, pero se recuperará.
-Gracias doctor-dijo la mujer abrazándole-gracias.
-El chico tiene una pierna rota por tres zonas distintas, no podrá volver a caminar hasta al menos dentro de un año, pero eso ayudará a que la herida del abdomen cicatrice antes.
-Está bien.
-Además a perdido mucha sangre, por eso sería mejor que no se le moviera, déjelo aquí esta noche, mañana me encargaré de que lo lleven a su casa, porque es su sobrino ¿verdad?
Penélope asintió con la cabeza.
Regresó a su casa y cogió la lechuza que tenía por si acaso necesitaba localizar a alguien de su familia, ese era el momento indicado para usarla, les envió una carta a los padres de Remus pidiéndoles que volvieran urgentemente, pero sin ninguna explicación, no se sentía con valor de contar algo así por carta.
Se acostó, había sido un día (o noche) duro.
No se despertó hasta el día siguiente cuando llamaron a su puerta.
-Hola-la saludó el médico.-tu sobrino aún duerme, no le despiertes.
Le habían traído en una camilla entre dos hombres.
-No dejes que se mueva hasta dentro de un mes.-añadió él.
-Gracias por todo.
-Es mi trabajo.
Penélope lo acostó en el sofá, pensó que de esta forma no tendría que moverlo tan a menudo, le observaba, parecía tan débil, hacía tan solo unas horas había estado corriendo con él por el campo, y ahora estaba lleno de magulladuras y muy pálido, terriblemente pálido.
Se puso a cocinar y al cabo de un rato Remus despertó.
-¿Tía Penélope?-preguntó.
-Sí, estoy aquí.-dejó lo que estaba haciendo y se acercó a él, se sentó a su la do en una silla y le cogió la mano.
-Lo siento-dijo el pequeño, nuevas lágrimas en su desfigurado rostro-Ana...
-Shhh-lo tranquilizó ella-no fue culpa tuya.
-Le di agua, pero...-su propio llanto le obligó a callar, miró hacia la pared contraria.
-No pasa nada, tranquilo-dijo su tía abrazándolo, a lo que él emitió un débil quejido, por lo que la mujer se apartó inmediatamente.
Él no pudo más, se abandonó a sus sentimientos y empezó a llorar de verdad.
En el exterior se oyó un Puff.
-Ahora vuelvo-le dijo su tía.
Afuera estaban Louis y Phamela Lupin.
-¿Qué es lo que pasa hermanita?-Preguntó ella.
Penélope los hizo sentarse en el cobertizo de la casa.
-Lo siento-empezó-no debisteis confiar en mí.
-¿Qué ha pasado?-Preguntó Louis.
-Bueno, no tenía nada que darle a le bebé, así que bajé al pueblo, dejé solos a los niños, cuando volví Remus no estaba y Ana, en la cuna, ya no respiraba.
-¿Qué?- empezó el señor Lupin-Ana, ¿está muerta?-Penélope asintió con la cabeza, lagrimas en sus ojos.
-Cariño- le dijo su hermana-no te preocupes, Ana estaba enferma, sabíamos que iba a pasar.
-Es cierto-reafirmó Louis.
-¿cómo? ¿y no me lo dijisteis?-se enfado la joven, si Remus estaba como estaba era por lo que le había pasado a su hermana, y ahora resultaba que podría haberse evitado.-¿supongo que a Remus tampoco se lo dijisteis?- ahora ya gritaba-¿sabeis que se culpó de su muerte?
La expresión de Phamela cambió de tranquilidad a pánico por el estado mental de su hijo.
-Pasemos dentro, quiero ver a mi hijo-dijo Phamela.
-Es que no he acabado-insistió la menor, pero la mujer ya había entrado, Louis se quedó y siguió escuchando- Antes he dicho que cuando volví Remus no estaba en casa. Cuando me di; cuenta de lo sucedido pensé que se había sentido culpable y había huido, así que salí al bosque, cuando le encontré estaba siendo atacado por un lobo, no lo pensé, disparé el rifle que siempre llevo, no le di a la bestia, pero le hice huir, Remus estaba vivo pero muy débil...
La puerta se abrió y Remus pudo ver la figura de su madre, ocultó su rostro bajo la sábana, pero eso le hizo quejarse de dolor.
-Remus-dijo su madre situándose a su lado-Escucha, lo que le pasó a Ana…
-Déjame en paz.-le gritó el chico.
-Vamos Remus-pidió ella amablemente-deja que te véa.
-NO-gritó él, pero ella ya había retirado la manta
-Re...remus-repitió con voz temblorosa al ver el estado de su hijo, no es que se viera mucho, solo la cara y los brazos, pero eso bastaba para preocuparla, pues estaban llenos de magulladuras- ¿Qué te ha pasado?-logró articular.
-N..nada- el chico trató de taparse de nuevo, pero ella se lo impidió.
-¿Cómo qué nada?, mírate.-dijo señalándole, de repente pensó que quizás había más y retiró completamente la manta para descubrir el cuerpo prácticamente desnudo de su hijo, su abdomen estaba cubierto con vendas y tenía una pierna completamente escayolada, y la piel visible estaba llena de moretones y rascadas. La mujer lloró, no lo entendía, no hacía más que unas horas que había dejado a sus hijos en perfecto estado y ahora…
-Mamá- dijo él, interrumpiendo sus pensamientos-no llores, estoy bien.
Su madre lo abrazó, llorando desconsoladamente.
El señor Lupin entro en ese momento, el si había escuchado toda la historia.
-Hola Remus-saludó
-Hola papá;- dijo él dibujando una sonrisa, por algún motivo ya se sentía mejor.
