Descubrimientos

El hombre miró a su hijo y comprendió que ya no volvería a ser el mismo, con un poco de suerte se parecería al antiguo Remus, pero no sería él, un ataque en el que estás a punto de morir y presenciar la muerte de su hermana le dejarían marcado para siempre.

-¿Cómo te encuentras?-le preguntó.

-Bueno, me duele todo, pero se me pasará.-contestó con una sonrisa claramente forzada.

-Podemos curarte rápido con magia, te llevaremos a San Mungo.

-No hace falta papá, de verdad.

-Cariño, mírate-le dijo su madre-vamos a llevarte quieras o no.

Se despidieron de Penélope, ella se sentía fatal por el niño.

-Cúrate rápido-le dijo a Remus mientras le daba un beso-Quiero verte pronto de nuevo corriendo felizmente.

-Hermanita, en San Mungo están los mejores medimagos de Inglaterra, no te preocupes más por Remus.

-Está bien, cuidaos, y volved pronto.-les dijo mientras desaparecían, sin embargo no recibió más noticias de ellos.

Aparecieron de nuevo en el hospital y hablaron con la recepcionista. Después esperaron donde les indicaron con más gente. Los demás pacientes observaban al magullado niño que reposaba en una camilla invisible creada por sus padres.

-Sr. Lupin, es su turno- por fin llamó la enfermera.

Los adultos cogieron al niño y entraron en la sala.

-Tengo entendido que quieren una aceleración de cicatrización.-dijo el médico.

-Así es-afirmó Phamela.

-Debería ver el estado del chico para decidir cuál es la necesaria.

Los padres asintieron y el medimago empezó su trabajo. Al cabo de diez minutos volvió a hablar con los adultos.

-Bien, aquí la tienen, dentro de una semana debería estar cuidado.-les entregó un frasco con un líquido morado-si no es así avísenme.

Los Lupin regresaron a su residencia de Londres, era cierto que aún les perseguían, pero en esos momentos solo querían cuidar a su hijo y protegerle. La casa estaba oscura, Phamela fue a abrir ventanas y demás.

-Tómate esto Remus- su padre le tendió el frasco.

El niño lo tomó de un sorbo.

El tiempo pasaba, sus padres casi no le hablaban, parecía que se culpaban de lo que le había pasado a su hijo. Paso así la semana indicada por el doctor y Remus no había mejorado nada, así que fueron de nuevo al hospital, le tomaron muestras de sangre y le enviaron de nuevo a casa.

El tiempo seguía pasando, los padres discutían a menudo sobre el tema de su no recuperación, el padre defendía que le había pasado algo que impedía que la magia funcionase sobre él, la madre seguía pensando que el medimago había confundido la medicina, mientras tanto seguía sin haber noticias del hospital, así llegó a cumplirse el mes del ataque. Aquel día Remus sentía mucha hambre, sus padres no paraban de darle de comer y hacia media tarde él niño empezó a quejarse de dolor.

-¿Qué te pasa?-le preguntó su madre.

-Es igual que aquel día,- se quejó el entre jadeos, el dolor era insoportable- algo me desgarra por dentro.

La suerte, o la casualidad, quiso que en ese momento llegase una lechuza del hospital, Louis cogió la carta y la abrió, lo que leyó le dejó sin habla.

Estimados señores Lupin:

Lamentamos informarles de que la muestra de sangre que tomamos de su hijo Remus ha revelado que es un hombre-lobo, por este motivo la magia curativa no le afecta, esperamos esta carta llegue a tiempo para que puedan tomar medidas.

Les saluda cordialmente:

La dirección

Pd: debido a nuestra cláusula de confidencialidad este dato no será revelado a nadie sin su consentimiento.

Finalmente el señor Lupin consiguió retomar el control sobre sí mismo.

-Phamela-llamó a su esposa.

-¿Qué sucede Louis?

Por toda respuesta él le entregó la carta, al leerla, la mujer empezó a sollozar, mientras tanto el hombre había estado consultando un calendario.

-No, no es cierto.-negó ella-tiene que ser un error.

-Hoy hay luna llena, voy a encerrarle, solo por si acaso.-dijo él levantándose.

Se dirigió a la habitación de su hijo, el estaba jadeando de dolor, lloraba.

-Papá-dijo al verle-Quédate conmigo esta noche.-le pidió.

-No puedo-le dijo con los ojos inundados, cogió la llave de la habitación que estaba en la mesita de noche-Te veré por la mañana-le dijo.

Salió y cerró la puerta con llave.

-PAPÁ.-gritó el niño.

El hombre sintió el dolor de su hijo y el suyo propio, era insoportable.

Tanto Louis como Phamela se mantuvieron despiertos toda la noche, ella lloraba con cada uno de los aullidos que venían claramente del piso superior, él, simplemente la abrazaba, intentando que sus sentimientos propios no se desvelaran.

Mientras tanto el lobo, que momentos antes había sido Remus, golpeaba y arañaba con furia, pero sin fuerza, pues también el lobo estaba herido.

Con la salida del sol cesaron los golpes y aullidos, todo tranquilo, por fin, el matrimonio se decidió a ir hacia la habitación del niño, la llave giró y se abrió la puerta, Remus dormía tranquilo en el suelo, sin ser consciente de lo que había pasado por la noche, sus ropas estaban rotas y el cuarto destrozado.

-Mi bebé-lo cogió la mujer, aún llorando, el hombre se acercó a ella y puso sus manos sobre los hombros de ella-¿Porqué?¿Porqué Louis? Dime porqué.

-No lo sé.-contestó.

El niño abrió los ojos y vio los rostros desconsolados de sus padres y el estado del cuarto.

-¿Qué ha pasado?-preguntó con voz adormilada.

Sus padres le miraron y notó en ellos una reacción extraña, parecía miedo, pero ¿por qué le iban a tener miedo a él? Unos instantes después esa expresión desapareció y regresó la de desconsolación.

-¿Tenemos que decírselo?-preguntó Phamela a su marido con lágrimas en los ojos.

-Sí.-le respondió con cara de seguridad, luego se dirigió a su hijo-Remus, lo que te atacó no era un simple lobo, era un hombre-lobo.

Remus siempre se había sentido fascinado por las criaturas mágicas, por eso comprendió rápidamente lo que sucedía, le había mordido un hombre-lobo, ahora también él era uno.