Aceptación
Sus padres le habían dejado solo en el cuarto tras explicarle lo que había pasado, Remus no quería aceptar la verdad, no quería ser el ser monstruoso que le había atacado hasta casi matarlo, no quería que le temieran, y le iban a temer, de eso no tenía ninguna duda, sus padres ya se habían asustado, pero eso seguía sin entenderlo, su padre trabajaba para el Ministerio de magia en el departamento de cuidado y control de criaturas mágicas, su padre sabia tan bien como él mismo que un hombre lobo solo pierde su personalidad humana durante sus transformaciones, no tenía sentido que tuviese miedo de un simple niño, y menos de uno al que conocía perfectamente, a quién el mismo había criado.
Remus quiso incorporarse sobre la cama, pero sus heridas aún no habían cicatrizado. "bueno" pensó "al menos ya sabemos por qué no funcionaba la poción". Al cabo de un rato su madre subió con el desayuno, ya empezaba a acostumbrarse a lo de no moverse, se preguntaba si cuando pudiese levantarse no sería un gordo seboso.
-¿Cómo estás?-le preguntó su madre evitanto el contacto directo con sus ojos.
-Supongo que todo lo bien que puedo estar, pero me gustaría que papá me explicase todo lo que sabe sobre….-Remus no se sentía preparado para decirlo- bueno…mi…nueva condición.
-Claro.-dijo ella, Remus pudo ver nuevas lágrimas en sus ojos a pesar de que ella le evitaba.
-Mamá, ¿por qué no me miras?- acabó preguntando.
-Es que, sé que tendré que volver a mirarte, pero de momento quiero intentar conservar en mi mente el aspecto que tenías antes.
-¿He cambiado?-preguntó el chico extrañado, ella asintió.
-Tu padre dice que es algo común después de la primera transformación.
Acabó el desayuno y ella se marchó, minutos más tarde su padre apareció en la habitación.
-Hola Remus,-saludó-mamá me ha dicho que querías que te explicara algunas cosas.-él sí le miraba de forma directa, es más había una gran sonrisa en su rostro y su tono de voz no era de preocupación, sino jovial, daba la sensación de que estuviese hablando de cualquier otro y no de su hijo. En aquel momento era lo que Remus necesitaba.
-Sí, pero primero acércame un espejo-pidió.
Louis titubeó un poco, pero finalmente fue a por lo que su hijo le había pedido.
-No te asustes, vale, es algo normal dentro de los de tu…-iba a decir clase pero se calló.
-Tranquilo papá.-dijo el niño-solo quiero saber si mi aspecto puede parecer normal, no he visto mi cara desde el accidente.
El padre le tendió el espejo. Remus se miró, y en un primer momento no se reconoció a sí mismo, lo único que quedaba era su pelo, tenía toda la cara llena de feas cicatrices y su nariz estaba torcida, aquello eran las secuelas de un ataque, eso era explicable, lo que ya era más complicado eran los ojos, antaño castaños, que ahora brillaban con un resplandor dorado, no eran humanos, y también notó que sus colmillos eran algo más grandes y afilados de lo normal, se podía ocultar, sí, pero no demasiado, sin duda aquel que le tratase se percataría de ello tarde o temprano.
-Bueno,-dijo finalmente-no me extraña que mamá no quiera mirarme.
Louis se quedó sorprendido ante este comentario, pero se calló, ya hablaría luego con su esposa. Siguieron hablando un rato, su hijo le preguntó si era real todo lo que había leído sobre los hombres-lobo, datos como el tema de la plata y demás, absolutamente todo era cierto, el mismo había revisado la mayoría de los libros como experto en el campo.
Después de la comida Louis y Phamela hablaron.
-Remus me ha dicho que no le miras-empezó Louis, aquella no sería una conversación agradable, pero debían tenerla.
-Pero Louis, ese no es mi Remus-se quejó la mujer- Remus era un chico alegre e inteligente, lleno de vida, no esa vestia salvaje que sufre constantemente.
-¿estás renegando de él Pham?- le preguntó enfadado-no puedo creerlo, simplemente no puedo.-intentando no chillar para que Remus no le oyera pero claramente queriendo hacerlo añadió-Él sigue siendo tu hijo, y te necesita ahora más que nunca.
-Y yo le quiero Louis, creeme, pero sé, como sé que también tu sabes, que no volverá a ser el mismo, de lo del accidente podría haberse recuperado, pero de esto…., es demasiado, él es solo un niño, no lo merece.
-Nos necesita a los dos para volver a sentirse feliz, si cada vez que nos viese le demostrásemos que no pasa nada, que todo va a seguir igual que antes, entonces y solo entonces, podría recuperarse, por eso quiero pedirte que seas fuerte, que continúes como si nada hubiese ocurrido.
-¿En serio me estas pidiendo esto?¿me pides que finja que no siente dolor ahora mismo, un dolor que aumenta cada vez que se transforma? Y no me digas que eso no es así porque le oí esta noche igual que tú.
-Pero con el tiempo lo superará, se acostumbrará a ello.
-Ya, y ahora me dirás que se acostumbrará también al rechazo de la gente, a no tener amigos, y que se resignará a vivir solo. Louis, ¿no te das cuenta?, Remus no podrá ir a Hogwarts, no podrá formar una familia, porque, dime, ¿quién va a querer por esposo a un monstruo?
-Ya has vuelto a tratarle como si no fuera humano.
-Y no lo es, ya no, claro que sigue siendo mi hijo, claro que sigue teniendo la misma personalidad que antes, y claro que sigo queriéndole, pero ya no es humano.
-Remus es humano.
-¿Ah sí?, ¿entonces porque los de su clase están bajo la jurisdicción de tu departamento?, dime, ¿no son los licántropos considerados criaturas mágicas?, criaturas, Louis, el nombre lo dice, no son humanos.
-De cualquier modo,-dijo él con un tono más calmado, tras una larga pausa- Remus sigue siendo tu hijo, como tú misma has aceptado, y sigue teniendo la misma personalidad, sigue siendo el niño alegre e inteligente que criamos, y ese niño necesita a su madre, a la de siempre, no a la deprimida, así que haz el favor de ir a verle, mirarle a la cara, sonreírle, y hablarle como si nada ocurriese.
-No es tan fácil-dijo ella, también calmada.
-¿Y crees que para mí lo es?-ella le miró sin contestarle- no, no lo es, en absoluto, pero es mi deber como padre.
-Entiendo, supongo que puedo hacerlo.-le dijo dedicándole una sonrisa que no llegó a sus ojos, la misma sonrisa con la que subió las escaleras hacia el cuarto de su hijo.
Louis se sentó en una silla de la cocina, sabía que era lo que tenía que hacer ahora, por poco que le gustara, tenía el deber de comunicar el nuevo estatus de su hijo al jefe de su departamento, debía efectuarse el registro y establecer las medidas necesarias para asegurar la contención de (como odiaba decirlo) la criatura. Sabía que si no se hacía esto y se descubría lo que era Remus las medidas serían nefastas, él mismo las había llevado a cabo, y había más que comprobado el daño que puede hacerle la plata a un licántropo, no quería eso para su hijo, yo había sufrido bastante, sabía que estar registrado como hombre lobo no le haría gracia a Remus, pues a pesar de que aquello era confidencial, siguiendo unas estrictas pautas cualquiera podría acceder a ello, pero debía hacerlo por su seguridad, así que envió la carta y llevó a cabo la construcción de un subterráneo donde encerrar al lobo (era mucho mejor expresarlo así, de ese modo parecían dos entes distintos), dos semanas más tarde llegaron los encargados de la evaluación y Remus quedó registrado.
Con el paso del tiempo la vida volvió a una relativa normalidad.
