Perdonen por la tardanza en actualizar :), pero aki estoy ya con el siguiente capítulo
.
Time After Time
Capítulo 3
Las Infancias
.
El reloj caminaba lentamente, el sonido de sus manecillas inundaba la oficina haciendo que el silencio (pesado por la propia condición de su naturaleza) se extendiese como un maldito cáncer entre los ocupantes de aquella pieza. Lentamente una mano blanca y delicada fue moviéndose hasta reposar los largos y delgados dedos sobre otra palma considerablemente más gruesa, misma que terminó por sostenerle, apretando levemente alrededor de las falanges con el propósito de hacer notar su presencia.
Un suspiro de la garganta delicada.
Daban las doce del lunes, y la puerta se abría con un chirrido metálico propio de las bisagras de metal que ya eran casi tan ancianas como el resto del edificio.
Hubo un juicio desde el momento en que los finos zapatos italianos dieron el primer paso dentro, eso es lo que nadie quiso ver en aquél instante, la fricción de la tela tiesa y blanca que constituía su bata médica hacía otro sonido desesperante para los angustiados oídos que seguían tan inmóviles como el total de aquellas dos patéticas figuras. Sobre sillas de piel. Con los ojos ahora fijos en el hombre que se sentaba en una enorme silla ejecutiva al otro lado del amplio escritorio de caoba, justo frente a ellos.
Se acomodó los lentes con un simple movimiento y abrió la carpeta metálica, releyendo por enésima vez los puntos esenciales del caso, así como los nombres de las dos personas frente a sus pupilas… el apellido… las relaciones.
— Señores Marcus… — Sacudió la cabeza ligeramente, casi como si entendiera y compartiera su pena — Antes que nada quiero presentarme con ustedes, mi nombre es Radamanthys de Wyvern, y soy quien lleva el caso de su hijo —
Los labios de Marín se abrieron como teniendo la intención de decir algo, ante el peso de sus ojos fijos en los rasgos del moreno, deduciendo así la corta edad que debía poseer el hombre frente a sí.
— No se preocupe, señora, si bien no soy un anciano, puedo asegurarle que a mis treinta y seis años soy muy capaz de hacerme cargo de este caso. No solo soy el director general de este hospital que es por mucho el mejor en que pudieron internar a su hijo, sino que mi especialidad es precisamente en psiquiatría infantil y juvenil. Créanme, su hijo está en buenas manos. — La mujer asintió intentando confiar en sus palabras — Bien, he de decirles que muchos médicos querrán hacerles dudar de mi compromiso con este caso, diciéndoles que soy el director del Instituto Nacional de Psiquiatría, y que por ello no podré atender como es debido a Aioria, y si bien es verdad que ostento ese cargo, igualmente estoy directamente relacionado con el Instituto de Psiquiatría infantil, y de hecho hace no demasiado era allí donde fungía como director general, quiero decirles que mi compromiso con Aioria es intenso, y desde este momento él será mi prioridad, tienen mi palabra como doctor y especialista que daré todo de mi para el caso, mi compromiso no es con los cargos burocráticos, sino con los pacientes, y es precisamente eso lo que me ha llevado al puesto que ostento, el deseo y entendimiento de mi deber, que es, finalmente, ayudar a cuantos jóvenes me sea posible a retomar el hilo y camino de sus vidas, Aioria no solo es un caso para mi, señores Marcus, es un individuo, un joven que tiene toda una vida por delante, y mi interés principal es poder brindársela, por lo cual les pediré que trabajemos juntos por Aioria, y sobre todo, tengan plena confianza en acudir a mi si tienen alguna duda con respecto a la evolución de su hijo, o mi forma de proceder, ¿de acuerdo? —
Ambos padres asintieron levemente, entre confundidos y agradecidos ante las palabras del sobrio rubio que nuevamente fijó sus ardientes ojos en los papeles, destazando nombres y motivos, trazó un camino del padre a la madre y en retroceso, buscando el lado exacto por el cual colarse tangencialmente al asunto que le interesaba.
— Aioria… ¿Va a reaccionar? —
— Bueno, esperamos que lo haga. — Al ver el efecto de sus palabras en el rostro delicado de la madre se reprendió — Es decir, aún no he encontrado lo que originó su ataque en primer lugar, hace falta realizar algunos estudios y comenzar formalmente con la terapia, hasta que no tengamos un diagnóstico, no podemos determinar si esto será duradero, o no… —
— ¿Y permanente? — La voz de Seiya cortó el aire como una daga de plata. — ¿Podría ser permanente? — Radamanthys carraspeó antes de mirarles nuevamente
— Escuchen, les hablaré con total honestidad, en este momento no puedo aventurarme a lanzar diagnósticos, sería irresponsable de mi parte, sin embargo, efectivamente, hay un gran número de casos en los cuales los pacientes jamás regresan. —
— Dios santo… — Los ojos de la madre de cristalizaron
— Pero, personalmente, yo no catalogaría a Aioria bajo ninguno de esos perfiles. — Soltó un suspiro — Señores Marcus, el caso de su hijo es especialmente extraño, como les dije antes, no he encontrado el detonante, y eso es porque no he podido encontrar un momento o situación claros que pudieran afectar la sique de su hijo — Tomó aire — Es por eso que les hice llamar, el expediente aún está incompleto, y quiero que trabajemos juntos, necesito que me relaten cualquier cosa sucedida en los días cercanos al ataque y que me hablen punto por punto del día anterior y amanecer propio del instante de detonación. —
Ambos padres asintieron levemente, los labios de Seiya se abrieron para comenzar el relato, pero en seguida la enorme mano del rubio le silenció, una llamada entraba, sacó el minúsculo aparato y leyó el número… sacudió la cabeza, Pandora, Apagó el aparato sin contestar la llamada, y nuevamente sus ojos ambarinos se colocaron sobre la faz del castaño.
— Además debo agregar, que si hay algún antecedente de depresión, explosiones de carácter, o demás actitudes, no solo en Aioria, sino en miembros de su familia, no descartando por supuesto, antecedentes de enfermedades sicológicas o siquiátricas, es importante saberlo — Soltó otro suspiro — Ahora, disculpen la interrupción, los escucho. —
---- 0 ---- 0 ---- 0 ----
— Yo sí creo que hay algo más. —
La súbita declaración no hizo sino aparecer una sonrisa en el rostro del mayor… le parecía estúpido, pero no dijo nada, simplemente rió para sus adentros mientras el otro chiquillo continuaba con su perorata acerca de por qué quería ser monaguillo a partir del mes entrante, en una capilla cercana al Pedregal de San Ángel, no le sorprendía la petición, ni tampoco la zona, su primo siempre había sido el mismo idiota pusilánime que ahora se mostraba… él dio otro trago a su malteada, mientras sus ojos cielo hacían un rápido barrido por toda el área circundante, su padre aún no había llegado.
Apretó los puños tanto como la mandíbula, en otros tiempos y circunstancias habría soltado a llorar desconsolado ante la falta paterna, sobre todo en lunes. SU, día… pero ahora ya estaba acostumbrado a las fallas, y una parte de él siempre había sabido que terminarían por arrancarle incluso el lunes.
De una u otra manera.
Con todo, buscó con la mirada los ojos de su madre, y la encontró a prudente distancia, cerca de una larga y delgada mesa donde de vez en vez les daban uno u otro Martini, charlaba con su tío, un tipo elegante, entonces sonrió de nuevo, él sí que le agradaba, seguramente de estar escuchando la plática en su mesa (organizada y apoyada por su arrogante, mocha, y santurrona esposa) ya habría terminado con tantas tonterías.
Soltó un suspiro mientras apoyaba un codo en la mesa, estaba mortalmente aburrido, a su alrededor pasaban meseros tras meseros ofreciendo distintos tipos de bocadillos, algunos salados, otros dulces, todos igualmente petulantes y deliciosos. El jardín era perfecto, las mesas, los arreglos, los invitados.
Como siempre en aquella casa.
Finalmente se cansó de escuchar por enésima vez lo bondadoso que era el padre Alfonso, (él cual, Shaka sestaba seguro, distaba mucho de ser un santo) y se puso de pie, en seguida una mano delgada se aferró a su brazo haciéndolo volverse solo para encontrarse con los entornados y penetrantes ojos de su "tía"
— Ehhh —
— ¿A dónde vas Shaka? —
— Ah… por allá… — No señaló a ninguna parte
— No, no, jovencito, eso si que no, tu madre no anda por aquí, y ya sabes que no puedes caminar solo… —
— Si puedo caminar solo — Se soltó de la forma más educada que le fue posible — Tengo una enfermedad neurofísica, no estoy lisiado ni estúpido, tía… —
— ¡Jovencito! ¿Con esa boca besas a tu madre? — Shaka enarcó una ceja — Escucha, cariño, no puedes andar por allá solo, si quieres ir a los juegos Mü puede acompañarte. —
— Ash… mamá ¿otra vez? — El pelilila hizo una mueca de fastidio — Shaka siempre anda queriendo ir a otros lados, y yo ando platicando, mejor que se quede… —
— Tía, de verdad que puedo ir solo — Estaba exasperándose — Siempre voy solo a todos lados —
— No, no, jovencito, ¿y si te da un ataque? — Sus ojos se ladearon momentáneamente hacia los demás ocupantes de la mesa — Es que mi sobrino padece de epilepsia —
El rostro de Shaka se compungió en una mueca furiosa y avergonzada, detestaba las miradas que se posaban sobre él como si fuera una clase de fenómeno o lisiado… no lo era, nunca lo había sido… no necesitaba la lástima de nadie.
— ¡¡¡¡¡SAORI!!!!! —
Justo detrás de ella llegaba la pelinegra que no pudo menos que tomarla del brazo con fuerza obligándola a girar para encararse, sus ojos destilaban ira contra la mujer de su hermano, misma que le regresó el gesto con una media sonrisa taimada… ellas dos nunca se habían llevado nada bien, incluso mucho antes de la boda, la pelinegra buscó separarlos en más de una ocasión, intentos que terminaron definitivamente cuando la pelilila anunció que estaba embarazada. Entonces Aiacos simplemente se casó con ella.
Con todo, la actual señora Giménez—Cannet sabía muy bien que la mujer más importante en la vida del ojisangre era, y siempre sería, su hermana.
— Mi hijo puede ir a donde se le antoje, no necesita supervisión de un niño menor —
— Disculpa, cuñada, simplemente buscaba cuidarlo, es decir — Y su mirada se afiló — Tú te estabas divirtiendo, y como su padre no está, alguien tenía que hacerlo… —
Los músculos de la madre de Shaka se tensaron ante la mención de su esposo. Pero era una mujer con clase, una dama en toda la extensión de la palabra, así que simplemente sonrió y asintió levemente, casi como si agradeciera un gesto que más bien había sido una cachetada con guante blanco.
— En ese caso, Saori, te lo agradezco, pero no es necesario… —
— ¡Hey! —
Una voz grave interrumpió la disputa que había creado un silencio en la mesa que ahora ocupaban las dos féminas , el hombre de cabellera azabache ase acercaba a pasos presurosos para tranquilizar las cosas, conocía el carácter volátil de ambas mujeres, y lo que menos deseaba era una escena.
— Vamos, vamos, ahora tengo a las dos mujeres de mi vida reunidas, me gustaría tomarme una foto con ustedes, ¿Qué dicen, preciosas?, no todos los días cumplo treinta y seis ¿cierto? — Aiacos sonrió a ambas mujeres, dedicando una disculpa en sus ojos a Pandora y una advertencia a su esposa
— Claro, Aiacos — Saori le dio un beso en la mejilla — Pero lo prudente sería esperar a que Radamanthys llegue, ¿no lo crees?, claro, a menos que no vaya a venir por que esté… ocupado… —
Y sucedió, Pandora retiró la mirada mientras Shaka se aferraba a ella observándola fijamente con sus dos pedazos de cielo muy abiertos. No era que a ellos les fuera vital celebrar el cumpleaños de Aiacos Giménez—Cannet, no era tampoco que nunca antes hubiera faltado a algo, era justamente lo contrario, la ausencia prolongada y repetida hasta el cansancio por aquél hombre al que ambos amaban tanto.
— No es necesario Saori, pero ambos te lo agradecemos… — Nuevamente era la hermana quien guardaba compostura — Si llega seguramente será muy tarde, y no quisiera que mi hermano mayor se perdiera de la luz de las seis de la tarde, es la mejor para tomar estas fotos —
— Está hablando mi hermanita la artista — Rió sinceramente
A partir de ese momento, transcurrió con mayor ligereza, había quedado muy claro que Pandora no estaba dispuesta a arruinar la celebración de su hermano por tonterías, lo que ella consideraba tonterías… ¿y que si Radamanthys lo había olvidado una vez más?, seguramente nos ería la última, era mejor comenzar a acostumbrarse…
Solo lo sentía por Shaka, si Radamanthys no llegaba tampoco a la casa, entonces no habría cena, ni partido de ajedrez, no había nada sino la soledad que ahora experimentaba el pequeño Wyvern, esa que le hacía encogerse al mirar a los otros niños acompañados por sus padres, los mismos niños que en secreto le despreciaban, no se atrevían a mostrarlo por su tío, pero lo hacían… y él no dejaría de usar una máscara de frialdad y arrogancia para no terminar llorando… como lo hacen los niños.
Porque Shaka era un niño.
Uno con bastantes desilusiones, pero infante al fin y al cabo. En aquellos días, cuando su tío aún hacía alegres fiestas en el Pedregal de San ángel, rentando costosos jardines, fuentes, música por todos lados, escanciando vino sin privaciones, cuando aún se festejaba con sonrisas sinceras, verdaderas, cuando aún creía de alguna forma que las cosas se iban a arreglar, a pesar de tratar de convencerse diariamente de lo contrario, en esas épocas Shaka aún era un niño, uno que quería a sus padres desesperadamente, uno que ya comenzaba a admirar a Aiacos más que a su propio padre. Un niño.
Pero los niños crecen, se amargan. Y en aquellos tiempos, cuando aún hubiera podido arrancarle sonrisas sinceras, Radamanthys de Wyvern no notó que su hijo ya comenzaba a dejar de serlo, poco a poco, que a los trece comenzaba a amargarse, a los trece iba perdiendo la confianza y la figura paterna, a los trece ya hacía máscaras para su cara.
Era un niño. Uno en desaparición y desahucio interno.
Y ya casi sentía rabiar en su interior cuando una mano se cerró alrededor de la suya haciendo que sus ojos se alzasen ligeramente para posarse sobre una sonrisa protectora y divertida que le hacía saber que todo iba a estar bien, porque él siempre conseguía que de alguna forma las cosas se arreglaran.
— ¿Qué dices si tu eres mi pareja en ese juego de basquetbol? —
— ¡Pero papá! — Mü se puso de pie de un salto mirando furibundo a Shaka
— Ah, vamos, Mü, a ti n te gustan los deportes y eres bastante malo — Sonrió con diversión ante el puchero de su hijo — Pero al rato si quieres jugamos, ahora quiero ganar y necesito a un buen estratega en mi equipo… — Le apretó el hombro — ¿Qué dices sobrino? ¿Les enseñamos lo que es bueno? —
— S… si… tío —
Secretamente, el niño mascullaba un gracias, sin reparar tampoco en el agradecido semblante de su madre, que estaba clavado en su totalidad sobre los ojos rojos de Aiacos.
---- 0 ---- 0 ---- 0 ----
Un detalle se compone de muchas cosas, ideas, su detalle en aquellos instantes era, quizá, el silencio, sin embargo, inmerso en un mutismo contagioso, releía ajeno al texto los párrafos que él mismo escribía una y otra vez, garabateando signos y letras sin diálogos armados, tan solo una pafranela de formas gráficas, delgadas, redondas, hechas a tinta. Del otro lado era observado, una sonrisa se escondía detrás de la mano del doctor, observaba cada acción, los gestos inexistentes, el sonido ausente.
— Esto es una maldita pérdida de tiempo. —
Ni siquiera puso atención en las palabras del pelirrojo, estaba absorto en los cambios sutiles que ofrecían el comportamiento del adolescente hincado frente a una baja mesa de madera, apoyaba los codos, paraba, parecía observarles con mirada ausente, y luego regresaba a la maquinal labor…
— Malita sea, Radamanthys… ¡Deja de perder el tiempo! —
— Basta, Kamus, y por favor no alces la voz. —
— ¿No vaya a escucharme? — Sonrió de lado, desestimando la posibilidad — Escucha, no es que me moleste, pero repito que es una maldita pérdida de tiempo, estos casos son… —
— ¿Son qué? —
— Una verdadera estupidez, ni siquiera los necesitas para engrosar tu currículo, ¿Qué más lejos quieres llegar?, y esto no es tan impresionante… —
— No se trata de currículum. —
— Si claro, supongo que le observas día a día por el puro placer de ver el tiempo congelarse lenta e inertemente. —
— No podrías entenderlo — Anotó unas cifras, o quizá letras
— ¿Qué tanto haces, de cualquier forma? —
— Comunicándome, Kamus, me estoy comunicando… —
— Dioses, a veces temo que tú mismo te estés volviendo loco, ¿sabes? —
— Bueno, dicen que los siquiatras estamos locos, ¿no? —
— Entiéndeme —
Posó una mano sobre el hombro del rubio que finalmente dejó la carpeta sobre una mesa y se ladeó para mirar significativamente los ojos de tormenta que poseía el pelirrojo, ambos permanecieron así unos segundos, hasta que finalmente Kamus se abrazó al pecho de Radamanthys, aspirando el aroma de su cuerpo… sonriendo…
— No es que me moleste, sino que te admiro — Aferró la bata entre sus dedos — Eres el mejor, y por mucho, y hay gente que realmente te necesita, Radamanthys, personas que necesitan tu genio para encontrar arreglo en sus vidas, vidas que son necesarias a los demás, porque tienen un peso real… y la posibilidad de cura está allí… o aquí — Besó su cuello — En tus manos —
— Kamus… —
— Tú y yo sabemos que muchos niños ni siquiera necesitan una maldita terapia, sino atención, y los que la necesitan, tarde o temprano, con la madurez, recaerán… ¿Por qué no esperar a esa madurez para resolver las cosas definitivamente? — Le miró con suma intensidad — Además, ambos sabemos que este chico probablemente no tiene cura, y si la tiene no es nada que tenga que ver con nosotros —
— Pacientes que realmente me necesitan… —
— Así es… —
— ¿Cómo Alexis? — Le tomó por la cintura — Escucha, Kamus, un hombre como yo, que ha vivido, lentamente le va perdiendo fe a la gente, a la humanidad, si te soy sincero, este mundo, este país y esta sociedad me parecen una gran mierda, pero porque nosotros, la gente que habita aquí, no tiene los huevos para hacer algo al respecto… — Le tomó por el mentón — No tenemos el más mínimo valor… — Suspiró — Solo he encontrado algo que valga la pena en los niños, para mí, cuando maduran y recaen sobre sus pasos, es porque finalmente se han echado a perder, como todos nosotros, dejan de ser niños, y en la adultez, solo se puede ser basura — Soltó una risa amarga — Míranos a nosotros como ejemplo, somos una maldita mierda… engaño a mi esposa con su mejor amigo — Rió con sorna y falta total de vergüenza, mientras el pelirrojo evitaba sus ojos — Lo peor es que no me importa, pero lo que quiero decir con esto, Kamus, es que los adultos me importan lo mismo que nada, no tienen arreglo, no tienen compostura, la mayoría están enfermos por débiles y porque se les da la gana… no me interesa ayudarles… pero ellos — Ladeó el rostro — Uno aún puede hacer algo por un futuro prometedor, por algo que puede valer la pena —
— Eres un romántico… pero a veces creo que no ves más allá —
— ¿Y qué hay que ver? — Sonrió de nuevo — ¿Acaso crees que no entiendo lo que pasa en el mundo?, comprendo también tus palabras, mi adorado Kamus… comprendo tu punto de vista, pero honestamente no comulgo con esas ideas… la enfermedad en alguien como Alexis es perversidad pura, y en mi opinión, alguien como él ni siquiera merece el privilegio de estar respirando… — Le soltó por un instante — ¿Para qué ayudar a alguien como él? Como ellos… no me interesa, por mi que se queden en sus traumas, y se pudran en su inmundicia… no tengo nada que resolver —
— Es gente que te necesita, y deberías tener ética —
— Ética es la que demuestro con ellos, con chicos que aún tienen una posibilidad de cura, un futuro, un por qué… —
— Parece que nunca podremos entendernos. —
— No en lo que respecta a estos temas. —
Ambos guardaron silencio un instante, entonces el pelirrojo se alzó sobre sus puntas alcanzando los labios del rubio, compartiendo ambos un íntimo beso que se perpetró en sus lenguas, buscando extender una sensación placentera por todos los nervios conectados al punto de su boca. Beso. Enrolló los brazos alrededor del cuello grueso que poseía Radamanthys, y se pegó al cuerpo que nuevamente le sostuvo con firmeza, casi soltó un gemido para inmediatamente recordar el lugar en que se encontraban.
Soltando ambos el agarre al mismo tiempo…
— A veces pienso que… —
— No pienses, ese es tu principal problema… Tú no eres un intelectual, y no deberías intentar comportarte como uno… —
— Hoy era la fiesta de Aiacos… —
— ¿Eh? —
— ¿No lo recuerdas? — Casi soltó una carcajada — Vaya, pues yo me excusé diciéndole a tu esposa que no podía asistir por un paciente, pero estoy seguro que a ti se te olvidó incluso que hoy es Lunes, y más que tenías cita en el Pedregal de San Ángel para celebrar el cumpleaños de tu cuñado —
— Diantres… —
— Que te diviertas con tu comunicación, Radamanthys, a ver si él puede darte un concejo para evadir la furia de Pandora, porque créeme, no va a irte nada bien —
Abandonó la pieza dejando al otro hombre perplejo… luego soltó una risa baja al tiempo que sacudía la cabeza, regresando su total atención a Aioria, caminó algunos pasos tomando de entre las manos del castaño una hoja en la cual escribía, dándole a continuación otra en restitución de la primera… recorrió los garabatos con sus ojos, decorando una media sonrisa su semblante, mientras intentaba relacionar sucesos con símbolos.
— Tienes razón, amigo mío, es una verdadera arpía — Rió con ganas — Pero lo cierto es que… no se puede vivir sin Kamus. —
Aioria no respondió, no dijo nada.
La ausencia de comunicación se debía en gran parte a la vacuidad de sus ligamentos, no intentaba relacionarse con un entorno que de momento le parecía agresivo, pero no era estúpido, escuchaba, entendía, sabía, conocía el movimiento de sus dedos alrededor de la pluma, sobre el papel, comprendía el rededor que se cernía sobre él con tipo de jaula.
Aioria estaba consciente, pero ausente. Eso no le convertía en un mueble incapaz de razonar, sino en alguien con dificultad momentánea para expresar un pensamiento. Un sentimiento.
Pero sabía, comprendía el dolor, la expectación a du alrededor, con todo, no estaba listo, estaba cansado, muy cansado, no quería abrir las puertas para que entrasen ideas ajenas, menos con las suyas tan revueltas y mezcladas… había necesidad de un detonante interno, algo que iniciara la correcta reacción en cadena para aceptar que estaba allí, y el allí era el rededor, y el rededor era una vida conectada a la suya. La misma. Complejo.
Había vuelto a él el momento más difícil que pudo observar alguna vez, de alguna forma podía mirar las manos de su madre alrededor de algo que no identificaba correctamente, solo sabía que ella lloraba y él la sostenía por el rostro… Explicaciones, las había escuchado a esa edad y súbitamente se había remitido a ellas, ¿por qué? ¿Qué vio?, antes o en ese momento, no estaba seguro, en lo más mínimo.
Pero la voz agrietada de un alguien seguía sonando en su cabeza mientras ella lloraba y gritaba Secreto, muchos secretos, que hay historias familiares que no es bonito contar, y decididamente alguien allí contenía una caja siniestra de funestas consecuencias, en caso de ser abierta, propagada la inmundicia que se extendía en su cabeza.
El remolino de su memoria buscaba un término en forma de embudo, algo que ayudara a desanudar la mente, y aquellas ideas que tan duro se la estaban mordiendo… recordaba también un golpe y más llanto… muchas cosas que quizá no debió recordar pero súbitamente parecían mezclarse con pedazos de realidad intentando trazar un plan perplejo alrededor de muchas existencias, la propia, las ajenas, las cercanas, la lejana.
Él aparecía como el más terrible detractor de la sonrisa. Y si acaso existía, no era para la benevolencia que ayudase a su casta, por el contrario. No quería pensar, porque el pensamiento confunde, y finalmente nos lleva a la cruel necesidad de explicarlo, y hablar también sobre ideas y verdades, muchas de las cuales él mismo no estaba seguro. Labios alrededor de una vara. Vara golpeando el rostro. Dolor. Mucho.
Sacudió la cabeza soltando un grito que hizo a Radamanthys fijarse con más atención en él.
— ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!! —
El grito se propagó por la pieza mientras aventaba todo lo que había sobre la baja mesa de madera que había servido como soporte a su desahogo… el psiquiatra le observó mientras respiraba alterado y comenzaba a llorar… se acercó a él sosteniéndole por los hombros mientras se movía furioso, como un poseso que intenta liberarse…
— Shhh, basta Aioria… ¡Basta!, estoy aquí… soy Radamanthys, tu doctor… estoy aquí, no estás solo, yo voy a ayudarte… —
No había respuestas, pero comprendía… y en su estado catártico de inerte ausencia supo que su necesidad le llevaba a derramar amargas lágrimas, y dejar que alguien, sin escuchar las razones de las mismas, las enjugara desinteresadamente.
---- 0 ---- 0 ---- 0 ----
Tercer capítulo!! como siempre, espero sus comentarios, y nos veremos pronto, en otras letras.
Leto.
