Saludos Gente…
Antes que nada quiero disculparme por las tardanzas… lamentablemente no tengo excusas... es solo que... ODIO LA FORMA DE SUBIR TEXTOS EN ! :( por ello es que no había actualizado en... ¿dos años? soy un asco u.u... pero bueno, prometo lanzar varias actualizaciones cercanas, si acaso alguien aún lee esta historia ^^Uuu
Dicho lo cual, nuevamente, mis disculpas, y espero que disfruten de este capítulo.
Time after time
Capítulo 5
One more time
El azote contra la puerta dolió. Y mucho.
Soltó un quedo resoplido cuando su aire se vio disparado con violencia fuera de su cuerpo… apenas pudo contener un sollozo al caer sobre sus rodillas sosteniéndose por el abdomen mientras mordía con fuerza su labio inferior… casi un gruñido escapó de sus labios… pero fue reprimido, sus ojos escarlata se posaron iracundos sobre aquél que aún le miraba con los puños cerrados… y sonrió, la cara del otro se deformó en un gesto rabioso cuando su artera sonrisa se ensanchó, victoriosa al saber que había logrado, al menos, molestarles.
Habían pasado muchos años, demasiados.
Y quizá su atacante ya no fuera un estúpido niño, pero igual no era contendiente para él… podía manejarlo con una mano, diez años y una vida dura valían de algo… así que anticipando al puño que pretendía estrellarse contra su cara, le tomó por el tobillo jalando con fuerza hasta escuchar como azotaba sobre su espalda, firme contra el suelo…
Ahogó una expresión dolida, y entonces los puños comenzaron a estamparse contra sus partes blandas, ¿quería batalla?, iba a tenerla, y él no era un ser misericordioso, así que comenzó la golpiza sobre aquel niñato que había pretendido poseer agallas.
Bufaba contra el suelo y movía las manos tratando de defenderse, incluso alcanzaba a colocar algunos golpes sobre el rostro y pecho de quien ahora le mantenía sobre el suelo…
— ¡Aioros! —
El menor intentó precipitarse cuando al observar el curso de la escena dentro del callejón, pero fue contenido por su hermano gemelo, que le sostuvo firmemente entre sus brazos, evitando así que se metiera donde no le llamaban.
— ¡Suéltame Saga!, ¡Van a matarlo! —
— No es asunto nuestro, Kanon — Temblaba al ver como golpeaba al castaño, pero no podía dejar que su hermano se metiera, podría salir lastimado
— ¡Saga! —
El mayor de los peliazules soltó a su hermano y comenzó la carrera al interior del callejón, llegando justo a tiempo, pues ya el mayor había sacado una navaja, le tomó por la espalda sosteniéndole a duras penas por los hombros…
— Saga… — Aioros soltó su nombre con visible gesto de alivio — Te tardaste —
— Ngh, apúrale y has algo, este imbécil está fuerte como un toro… —
El castaño sonrió y comenzó a golpearlo mientras el peliazul le sostenía, mientras Kanon también se acercaba, sin participar activamente en la violencia
— Malnacido… — Otro golpe — Pendejo, ¡Cabrón! — Más golpes — Hijo de tu puta madre… cerdo… ¡maldito! —
— Aioros… — Kanon le tomó entonces para intentar contenerle — Para… vas a matarlo… —
Sus ojos esmeralda estaban abiertos en toda su extensión… y la sangre del peligris ya decoraba el suelo… así que el joven Marcus asintió levemente, mientras Saga soltaba al bulto golpeado que caía sobre el suelo como un saco de papas… sentía los hombros agarrotados por la presión ejercida sobre una espalda más ancha y un cuerpo más fuerte…
Aioros se acercó y escupió sobre su cuerpo con aire despreciativo… los gemelos se miraron el uno al otro con algo de confusión, cuando le vieron salir del hospital, con gesto taciturno ya suponían que algo andaba mal, pero en las dos semanas que llevaban de conocerlo (y vivir parcialmente en su casa) jamás le habían observado perder los estribos de aquella manera…
Incluso estaba sudando.
Los ojos del menor parecían estar interesados en el sujeto que ahora permanecía inconsciente, se acercó lentamente y lo volteó con visible esfuerzo, soltando un jadeo al conseguirlo… lo miró… estaba respirando… y apestaba a alcohol y vagabundeo… seguramente llevaba días sin bañarse, ni siquiera lo habían golpeado tan fuerte.
— Bueno, ya vinimos, ya lo golpeamos… ¿ahora quieres decirnos quien chingados es? —
— Ah… — Aioros miró a Saga, que respiraba un poco agitado — Ese imbécil es… algo parecido a un ex - cuñado… — La ceja de Kanon se arqueó visiblemente
— ¿O sea que tu hermano es de esos? —
— No digas estupideces — Estaba verdaderamente enojado — Es el ex de mi hermana. —
— Ah… — El menor asintió como haciendo gala de comprender algo que sinceramente no entendía ni le importaba gran cosa — Bueno, pues el ex de tu hermana se pasará así un buen rato — Sonrió divertido
— No es gracioso, podrían meternos a la cárcel por esto —
— ¿Y? — Kanon se encogió de hombros — ¿No eres abogado? —
— No, idiota — Saga le miró — Estoy estudiando leyes, que no es la misma cosa… y tú, pendejo — Se refería al castaño — ¿Se puede saber que carajos pasó para que nos trajeras a golpear a este pinche infeliz? —
Kanon ahogó una risa, cuando Saga se enojaba perdía toda esa falsa y estúpida educación de etiqueta con la que siempre se comportaba, entonces sacaba a su verdadero y violento "yo", el cual, por cierto, le caía mucho mejor, ya que no era petulante, estirado, ni mucho menos metrosexual… incluso usaba majaderías.
— Bah, puras estupideces, los tipos como este solo hacen estupideces — Aioros se limpió una vez más el sudor de la frente — El muy idiota terminó entambado, y allí debió quedarse… creo que por su culpa mi hermano se puso como está ahora… —
— Suena a una historia interesante —
— Si bueno, la verdad no lo es. —
— Bueno, ya vinimos, ya lo golpeamos y nos metimos en un jodido problema… así que dime, por favor, que previste todo esto y sabes que vamos a hacer ahora. —
— La verdad no — Soltó una pequeña carcajada — Ni siquiera estaba muy seguro de que realmente hubiera salido — Se encogió de hombros — Es solo que cuando lo vi no me pude aguantar las ganas de golpearlo… las cosas que este infeliz hizo — Apretó los puños — Pero bueno… supongo que tendremos que esperar a que despierte… quiero hacerle unas preguntas. —
— ¡Genial! — Estalló el mayor de los gemelos — ¿Y no te pareció una buena idea golpearlo luego de hacerle las preguntas?, eres un estúpido… —
— Saga, cálmate… —
— Cierra el hocico, Kanon —
— ¡No me hables así! —
— Entonces no te metas en lo que no te importa —
— Bueno, ¡Basta ya con los dos! — Estalló el castaño — parecen un par de viejas histéricas y la verdad no estoy de humor para esto… este maldito desgraciado es el causante de que mi hermana tenga el cerebro frito y sea más un cadáver que una persona, y también de que ahora mi hermanito ande como… pues como está… así que, como comprenderás, Saga, no tuve mucha cabeza fría para ponerme a hacer las preguntas… — Soltó un suspiro y ambos peliazules bajaron sus semblantes avergonzados — Vamos, tampoco pongan esas caras. Tienes razón, Saga, debí pensar antes de saltar como un idiota… pero no pude — Se encogió de hombros — Así que ahora solo nos queda esperar. —
— Bueno, — Kanon rompió el solemne silencio con una sonrisa, acercándose a Aioros con un semblante sonriente, como siempre — Yo soy muy bueno en eso… —
Omitió soberanamente el resplandor colérico en los ojos de su gemelo y sacó un pañuelo para limpiar la sangre que resbalaba por la comisura de los labios del moreno, por un segundo sus miradas se comunicaron y el castaño no pudo menos que tragar pesado… había un brillo taimado en las coquetas esmeraldas que le gritaba que nada bueno se tramaba ese mimo.
— ¿Qué pasa Aioros? ¿Me tienes miedo? —
La diestra de saga se cerró alrededor del brazo de su hermano jalándolo en un movimiento violento… la comunicación entre ambos fue meramente ocular, parca, pero determinante… el dolor de las esmeraldas habitualmente serenasse clavó en Kanon como una punzada de culpa. Aioros no supo reaccionar a tiempo, y cuando regresó a la realidad desprovista del lindo resplandor de aquellos ojos, se encontró de frente con Saga que se mordía un labio inferior en gesto de reproche…
— Eres un completo imbécil —
Y al decir esto el peliazul dio la media vuelta para alejarse por el callejón con rumbo al destartalado auto que era propiedad del castaño, sin especificar en ningún momento al cual de los dos se refería.
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Masculló una maldición cuando cerró la puerta de su auto. No. Cerrar es una palabra suave para describir el azote colérico que resultó un ataque para el suntuoso convertible, lo que sí es verídico es el adjetivo altisonante y por demás grosero que abandonó sus labios como descripción de su inútil cuñado.
Farfulló algo parecido a un gruñido y sacó de entre sus bolsillos una cigarrera metálica, al abrirla extrajo un delgado puro italiano que era el balance perfecto entre el habano y el cigarro, lo encendió para permitir que el humo inundara suave y lentamente su aparato respiratorio, un aumento en los números estadísticos, quizá moriría pronto, pero realmente en esos momentos no le interesaba demasiado.
Alzó el rostro al cielo nocturno, recordaba su niñez, en esos días podían observarse las estrellas, ahora no era así, en el cielo solo se veían algunas nubes purpureas y un cielo oscuro… nada de estrellas… demasiada contaminación como para contemplarlas, eso era gracioso, es decir, el imaginarse inundando de smog al tripe sus pulmones, el Distrito, la ciudad más grande, también la más contaminada, una espesa capa de suciedad aérea cubriéndoles las cabezas.
Aspiró nuevamente permitiendo que se inundasen sus papilas del amargo sabor procedente de su vicio. Se trazó círculos con su medio e índice izquierdos sobre la sien tratando de relajarse, todo él era un cúmulo de tensiones acumuladas groseramente. Acomodar los pensamientos no le estaba resultando nada sencillo.
— ¿Vas a entrar o no? —
Abrió los ojos sorprendido ante la aguda voz que le recibía, no se percató en qué momento había abierto la puerta, ni mucho menos del instante cuando caminó para postrarse frente a él, pero parecía divertido, seguramente adivinaba las preocupaciones que aquejaban a un hombre mucho mayor y bastante menos paciente… era por demás inteligente, y aquella sonrisilla de superioridad no hacía sino incrementar el respeto y simpatía que despertaba en el ánimo del de ojos rojos. Seguramente para ese chiquillo todas sus preocupaciones serían menos que patetismos inocuos.
— Bueno, no estoy muy seguro… ¿hay algo de cenar? —
— Eso depende, ¿quieres cenar? —
— Realmente no lo he pensado, ¿Cuáles son mis opciones? —
— Deberías preguntar al cocinero. —
— Nah, no me gusta meterme en ese infiernillo de estufas — Soltó una risa divertida mientras tiraba en el suelo lo que quedaba de su delgado purillo y se acomodó el saco — Prefiero preguntarle a una dama hermosa o a un chiquillo maleducado —
— La última vez que pregunté, nadie tenía quejas sobre mi correcto comportamiento — Bajó unos cuantos peldaños más recargándose sobre el cofre del convertible — ¿Y qué hacías? ¿Mirando las estrellas? —
— No seas sarcástico — Rió por lo bajo — Quizá me las imaginaba, porque eso de ver… —
— Deberíamos ir al campo. —
— ¿Al campo? — Enarcó una ceja
— ¡Sí!, o a la playa… realmente tengo ganas de salir… tu sabes, vacaciones —
— Cierto, los niños tienen de esas — Rió ante el puchero del chiquillo — Bueno… creo que Saori mandará a Mü a un campamento de algo… creo que del catecismo —
— ¿Y tú se lo vas a permitir? — Soltó una sonora carcajada
— No te burles de tu tía. —
— Perdón —
— Pues si él quiere ir, que vaya, con suerte le enseñan algo que valga la pena, como encender una fogata, que se yo — Se encogió de hombros — Si quieres puedo mandarte a ti también, hijo —
— No gracias, yo paso de viejas beatas y aspirantes a sacerdotes — Parecía asqueado — Pero si mi primo se va de campamento… ¡Podrías llevarnos a mamá y a mí de viaje!, algo divertido… siempre he querido ir al Caribe de Belice. —
— Siempre es una palabra muy grande para alguien tan joven. — Se rió — Además ¿no te parece que es tu padre quien debería llevarlos? —
— Tío Aiacos… —
— Shaka, escucha, por mucho que adore pasar tiempo contigo, no soy tu padre… — Se reprendió a sí mismo por ser tan claro con su sobrino — Me gustaría serlo… aunque eso sería… — Se estremeció al pensar siquiera en la idea de él y su hermana… era asqueroso. — El punto es… que me gustaría mucho llevarlos de viaje, pero no sé si tu padre estará de acuerdo, y en todo caso, deberías preguntárselo a él primero —
— Claro, si lo vuelvo a ver. — Se encogió de hombros y retiró la mirada — Es decir, cuando lo vuelva a ver, tu sabes, un día de estos en que considere una buena idea venir a cenar, o comer, o dormir, o desayunar, o contestar mis llamadas. —
— Diantres — Aiacos se retiró el cabello de la frente con visible preocupación — ¿No ha llegado? — Shaka sacudió la cabeza en un gesto negativo — ¿Y tu mamá? ¿Está bien? —
— Acostumbrada. —
— Escucha, Shaka, te prometo que voy a hablar con tu padre, ¿Estamos? —
— Creí que ibas a hacerlo hoy. — Aiacos soltó un suspiro derrotado y tenso — Eso escuché que le dijiste a mi mamá. —
— Sí, hoy, mañana, pasado, cuando lo encuentre… — Sacudió la cabeza, la maldita migraña regresaba — Él ha estado ocupado, y yo también tengo algunos problemas. —
— Entiendo… cada quien tiene su vida… —
— No, no digas eso, te prometo que mañana hablaré con él… — Le sonrió — Yo nunca te he fallado, ¿o sí? —
— No… —
— Entonces créeme, mañana lo haré… ahora dime, ¿tu tía ya está allí? —
— ¿La bruja? — Así se refería el rubio a Saori
— Shaka… — Le miró con falso enojo
— Lo siento, si, tío, aquí ya están Saori y Mü. —
— Bien, entonces supongo que tengo que entrar. —El menor asintió mientras iba adelantándose a la puerta — ¿Y qué hay de cenar? —
— ¡Ya te dije que preguntes en la cocina! —
Shaka se metió corriendo casi riendo, siendo seguido por Aiacos, que nuevamente sentía deseos de matar a su amigo, mezclados con las preocupaciones que le aquejaban. A veces odiaba su trabajo, otras le divertía, pero definitivamente él no había nacido para las presiones… la política, los negocios blancos, los negocios negros, los negocios rojos… todo un abanico de colores y dedicaciones bien dispersas.
Debía esconder sus huellas del golfo, el ejército comenzaba la caza de brujas de los grandes cárteles, y su nombre no debía figurar… siendo parte del congreso no sería tan complicado, pero igualmente los favores hechos y pedidos ya comenzaban a fastidiarle.
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Finalmente cerró la última carpeta de metal, sus ojos martilleaban insistentemente… los sentía irritados, seguramente era debido a largas lecturas de expedientes y casi nulas horas de sueño… soltó un suspiro mientras recargaba la cabeza en la enorme silla, permitió que el silencio le inundase un instante, pero más que eso, la soledad nocturna, nada de enfermeras que le buscasen presurosas por cada pasillo, nada de llamadas, simplemente él.
Apagó la delgada lamparilla que reposaba inerte sobre su escritorio, oscuridad. Era relajante, su respiración se acompasaba con los latidos que le llegaban apenas al sistema auditivo interno, sonrió. Esa tarde había recibido otra llamada de Shaka, no había podido contestarla… no lo había visto desde hacía casi una semana. Chasqueó la lengua y se acomodó nuevamente reposando los codos sobre el escritorio, se acomodó los lentes y extrajo el minúsculo aparado de su bata blanca… buscó el número. Efectivamente. A las cuatro.
Sacudió la cabeza mientras pensaba en una nueva excusa, las cosas se precipitaban con mayor rapidez cada día… no sabía cuánto tiempo más podrían aguantar la maldita situación, era como si los tres representaran una patética comedia fársica. Y ahora Aiacos también se metía… siempre habían conseguido mantener visible la línea de la concordia. Finalmente era el hermano mayor de Pandora, y pese a eso nunca había intervenido de más. Hasta ahora, el ir a buscarlo al consultorio con una actitud agresiva (según le dijeron las enfermeras) e incluso con la compañía de su hermanito le daba mala espina… seguramente quería hacer alguna ridiculez, como imponer un ultimátum.
Pandora había hecho muy mal al meterlo en su melodrama. Muy mal.
La puerta se abrió lentamente y una luz tenue, proveniente del pasillo, marcó una figura poligonal sobre el suelo, casi soltó una risa complacida mientras iba alzando el rostro para descubrir una mano blanca alrededor de cristales. Copas. Dos. Y en la diestra (otra palma), vino espumoso de italiana procedencia. Se recargó sobre la silla frotando las manos con visible anticipación de deleite, el pelirrojo sonrió y penetró la pieza con armoniosa lentitud, no dijo una sola palabra, colocó las copas sobre el escritorio y quitó el aluminio que cubría el corcho… su sonrisa se hizo taimada. Radamanthys la compartió… presionaba con fuerza con sus pulgares sobre el corcho, para contenerlo unos instantes, ladeó el cuello de la botella, casi apuntando a Radamanthys… este se hizo hacia atrás con un gesto divertido en la cara.
— Hay gente que ha muerto de eso, ¿sabes? —
— Bien, porque hoy vine a matarte. —
— ¿En serio?
— Si… —
— Genial, no puedo esperar… —
Ambos sonrieron cómplices mientras giraba la botella para apuntar en un ángulo superior, soltó la presión y el corcho salió disparado con un sonido sordo y corto, la espuma decoró el escritorio y algunos documentos, el vapor gélido acompañó al líquido que comenzó a derramarse sobre la primera copa. Ambarino. Como los ojos del rubio.
Radamanthys aventó los papeles al suelo cuando se sirvió la segunda copa, tomó la suya con una mano y rodeó el mentón del pelirrojo con la otra, le atrajo suavemente hasta juntar sus labios y lenguas en un beso posesivo y liberador…
Le tomó por el cuello, le acercó con fuerza… dio cuenta del contenido de la copa y la aventó, escuchando tras un segundo como se estrellaba el cristal contra la duela.
— Las copas eran caras. —
— También mi escritorio, y mi piso. —
— Bien, entonces supongo que no importa —
Sonrieron antes de besarse y beber los dos el dulce líquido e la copa de Kamus, compartiéndolo luego en un beso apasionado que culminó solo hasta que la delgada figura del pelirrojo descansaba sobre el escritorio, y las manos presurosas de Radamanthys comenzaron a hacerse camino entre la tela, sus labios no cesaban de apasionados contactos, y sus lenguas establecían batalla y tango la una con la otra, los dientes de Kamus dejaron una marca sobre el cuello del otro, y luego lamió el contorno mientras le arrancaba con visible ansia la corbata… quedando prontamente ambos sin pantalones y con la ropa desajustada.
Respiraban con fuerza, ambos, sintiendo el contacto de sus pechos hacer fricción con los pezones, soltaban jadeos al unísono mientras los dedos sudorosos se enredaban entre cabelleras rubia y roja respectivamente, un hondo gemido escapó de la garganta de Kamus cuando Radamanthys comenzó a acariciar su intimidad con visible gula, y la lengua bajó codiciosa por el pecho y abdomen, hasta hacer un círculo perfecto sobre y dentro del ombligo, teniendo como recompensa los gemidos agudos de aquella ansiada garganta.
Arrancaron también sus prendas inferiores mientras luchaban sobre la caoba, intentando culminar su arranque apasionado con intensos intercambios del uno contra el otro, el uno dentro del otro, fricción de las pieles cuando gemían y gritaban frases lascivas pre compuestas, los gruesos dedos de Radamanthys haciéndole por la cadera mientras presionaba su estrecha entrada, y Kamus se arqueó aferrándose a sus brazos con las uñas… mientras el tango daba inicio con su necesitado contacto.
Teniendo el más apasionado y grosero sexo en la oscuridad plena de una noche carente de destellos. La oficina sudaba… las paredes palpitaban. Y ellos jadeaban como animales encima de la madera, buscando satisfacerse con perversión, haciendo caso omiso del intermitente sonido a sus espaldas. Uno que era otra llamada necesitada de alguien que buscaba escuchar una voz, una razón y una respuesta.
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Otra ronda.
Estaba cansado.
Soltó un profundo suspiro cuando pasó frente a otra de las habitaciones, la abrió con desgano, allí estaba, despierto, parado contra el vidrio de la ventana, como si pudiera observar algo… a alguien…
Milo se acercó en silencio hasta la pequeña figura que casi parecía sollozar en silencio, se asomó cuidadosamente sobre su hombro, buscando ese algo en el jardín.
— Allí no hay nada. —
No hubo la más mínima respuesta… soltó un suspiro y sacudió la cabeza, claro que no iba a haberla, él estaba somnoliento y a todas luces desesperado… entonces el chiquillo dejó salir su aliento sobre el vidrio marcando un círculo de vapor… trazó unas líneas con sus dedos.
D
M
Milo enarcó una ceja y anotó rápidamente aquellas iníciales, entonces Aioria dijo alguna palabra inentendible y se dio la media vuelta, caminando con increíble indiferencia hasta la cama, donde se recostó cerrando los ojos, pero sin quedar dormido.
El peliazul soltó un suspiro, quizá no significara nada, pero Radamanthys le mataría si no se lo notificaba la siguiente mañana.
Tres cervezas choraron justo en las escaleras de la casa, empinaron los envases bebiendo lentamente el contenido ambarino de tan simples envases. El peligris permanecía sentado en silencio, con una bolsa de hielo sobre la cabeza.
— Así que Dónovan Martínez — Soltó una risa divertida — Apa nombrecito, —
— Si, es una ridiculez. — Se encogió de hombros — Pero es el mío. —Sonrió mientras seguía los movimientos de las botellas — Realmente debería estarlos golpeando en estos momentos… trío de niñitos pendejos… —
— Bueno… yo no participé en el encuentro bélico —
Kanon rió y el otro concedió eso con una inclinación de cabeza, actitud que no hizo sino molestar a Aioros, haciendo que se pusiera rápidamente de pie, plantándose frente a la figura del peligris, su rostro aún mostraba cierta rabia que no le interesaba camuflajear.
— Aioros, quita ya esa cara… ya no estoy enojado contigo, niño —
— Vete al demonio, debí haberte matado mientras pude. —
— No digas estupideces, no eres más que un chamaco —
— Te apareciste por la escuela de Aioria ¿no es cierto? —
— ¡¿Y qué si lo hice? — Le enfrentó — Es mi maldito hijo, estoy en mi puto derecho y tú no tienes por qué meterte, ese es el problema contigo y tus padres, son unos metiches que andan metiendo sus enormes narices donde nadie los quiere, si no se hubieran metido Seika y yo estaríamos felices viviendo con ese muchacho. —
— Ese muchacho se llama Aioria… y para que lo sepas mi hermana tiene el cerebro frito en un hospital a causa de tus malditas idioteces. —
— No me vengas con que sigues culpándome de todo, vamos, Aioros, te creí más inteligente, y maduro —
— ¡Vete al cuerno! —
— Aioros — Saga interrumpió — Cálmate —
— ¡¿Fuiste o no a la escuela de Aioria? —
— ¡CLARO QUE FUI! — Estalló de pronto — El muy idiota no ha ido a verme una sola vez en estos diez años, y estoy seguro de que es culpa de tus estúpidos padres… así que fui con toda la intención de plantarme frente a él… y decirle un par de cosas —
— Estúpido… ni siquiera te recuerda… ¡lo único que hiciste fue hacer que… que…! — Sacudió la cabeza — Lo único que conseguiste fue terminar de arruinarle la maldita vida… para que lo sepas Aioria ni siquiera sabe que existes, él cree que es hijo de mis padres… no los recuerda, a ninguno de los dos, apenas sabe un par de cosas de Seika, y el verte le trajo de golpe esa maldita noche en el closet, así que pregúntate que fue eso tan bueno o necesario que hiciste… —
No hubo respuesta, los ojos rojos de Dónovan se abrieron al escucharle… ahora sí que no comprendía nada… pero definitivamente no le gustaba lo que estaba escuchando… había sabido algo, acerca de que Aioria no iba a la escuela, que estaba enfermo… pero… ¿ni siquiera lo recordaba?, fue como si súbitamente algo se rompiera dentro de él…
Soltó una risa amarga mientras bajaba el semblante. Ni siquiera lo recordaba…
Entonces… quizá ya no había nada que hacer.
Cap 5 listo =D, a ver si a la noche traigo el 6 :).
Hope iu like it guys :D
