Fin de semana en Rumanía

I

Aunque Charlie estuvo en Inglaterra un par de semanas más, (ayudando en lo que podía con la reconstrucción de Hogwarts y acompañando a su familia), no vio de nuevo a Tonks. Su mente tampoco estaba para analizar el hecho de que fuera consciente de eso, pero sí para quedarse por varios segundos al día recordando la cabellera tan negra de ella. Jamás la había visto de ese color. Por alguna razón, eso lo hacía pensar que Nym debería estar ahí, reconstruyendo Hogwarts, como muchos otros que pelearon en la guerra, porque sino estaba… le preocupaba, como lo hacía el ver que George comía a regañadientes y gracias a los esfuerzos de su madre.

Sin embargo esa mañana en que se encontraba con la maleta en un parque, en busca de una chaqueta roja con naranja (el Traslador diario a Rumanía), Charlie se dio cuenta de que estaba más tranquilo al irse.

Muchas veces se había cuestionado si en verdad el Sombrero Seleccionador debió haberlo puesto en la casa Gryffindor. Había llegado a pensar que parecía que para éste, alguien pelirrojo con pecas que se pusiera debajo de él, iba a esa casa.

Charlie siempre se había cuestionado si era lo suficientemente valiente, y en esa situación, no pudo más que recordar esa vieja espinita en su fuero interno. Él sabía que cuando las cosas se ponían difíciles, después de que algo pasaba y se tenía que ver a la gente levantarse, pedir disculpas, poner las cosas en su lugar… él tendía a buscar la soledad. Podía decirse que trataba de esperar a que la situación se calmara, pero sabía que para él, se trataba de que no podía lidiar con eso... ¿Buscar la snitch? ¿Quitarle a una madre dragón su huevo para ver si crecía bien el feto? Eso no era nada en comparación con lo difícil que podía ser para él el, simplemente, estar y tratar de reconfortar a una madre o un hermano por la muerte de uno de los suyos.

La gente creía que él era jovial, amistoso, un buen ejemplar de Weasley: leal a sus creencias y amigos. Pero Charlie sabía que sí, podía hablar con las personas, seguir las bromas, ser amable, pelear en la guerra contra el que no debía ser nombrado para salvar vidas… pero en verdad estar con las personas, con todo lo que eso podía conllevar, como tratar de estar con sus padres y hermanos y hacer todos los intentos por ver a George y no ponerse a pensar en Fred, eso no lo podía hacer.

Prefería lidiar con los animales y, en especial, los dragones. Ellos eran simples, sabías qué hacer cuando reaccionaban de cualquier manera. Con los humanos, él no había desarrollado esa habilidad.

Por eso mismo, por esa inhabilidad y esa cobardía a la que no quería ni podía combatir, era la verdadera razón por la que no fue por más de cuatro años a Inglaterra; poniendo de excusa el trabajo que sabía que, si quería, podía escabullirse de alguna forma de él. Al menos se hizo un más asiduo escritor a su familia. Sabía que no era lo mismo, pero era mejor que nada.

Aún así, extrañaba ver gente que no se quedara sin entender algunos modismos o que supieran quiénes eran los Chudley Cannons, aunque fuera para burlarse de ellos… tal vez por eso, cuando ella apareció en su bosque, a pesar de todo, sintió gran alegría.

No sabía bien cuándo se habían aparecido en el lugar. Jamás se le habría pasado por la cabeza que, al ir a ese territorio, preguntándose qué pasaba que había hecho rugir y echar fuego a Norberta (literalmente); se encontraría con una mujer de cabello café oscuro y lacio, encima de una escoba voladora y tirándose a maldiciones con otro tipo, mientras eludían los disparos de fuego de la dragona y los rugidos de la misma eran un telón de fondo a su actuar.

Sino hubiera sabido de antemano que dos magos se batían en duelo, tanto por los destellos repentinos y de diferentes colores en el cielo, como por las voces de las dos personas diciendo los conjuros; Charlie hubiera tenido una gran sorpresa cuando llegó con su escoba voladora al lugar y se encontró con los dos contendientes. Por eso, lo primero que sintió fue un gran enojo: ¡Qué inconscientes! ¿¡Aparecer así, de la nada, en el territorio de un dragón! Los dos se habían salvado de un terrible ataque solo porque Norberta no se había alejado del nido donde estaba su cría recién nacida.

… Cuando vio de quién se trataba, al menos la mujer, no supo ni qué fue esa gran emoción dentro de él.

—¿Qué rayos? —apenas pudo decir Charlie, quitándose de un maleficio aturdidor que iba hacia él, haciendo gala de sus afinados reflejos en el vuelo.

La mujer estaba haciendo recular al otro hombre, mucho más alto, fiero, adulto y grueso que ella, pero visiblemente asustado. Por lo que Charlie no tuvo reparos en dejarla en medio del cielo con vientos helados y nubosidad blanca, para bajar y tratar de distraer a Norberta, que empezaba a levantarse, con la mirada y las fauces fijas en aquellas cosas en el cielo que habían osado meterse en su territorio.

¡Petrificus Totalus! —exclamaba ella.

Por el sonido que oyó, Charlie supo que esa vez el hechizo sí había impactado y, casi por instinto, se volvió hacia donde estaban ellos. Pudo ver como el hombre, sujeto a su escoba y totalmente inmovilizado, iba a empezar a caer al suelo. El Weasley sintió como el miedo invadía su cuerpo, mientras se redirigía a tratar de seguir al tipo y salvarle la vida… en su mente, se abría algo muy parecido a una incomprensión llena de desasosiego. Un algo que era el sentimiento de lo que se podría pensar como: "¿¡Nym fue capaz de matarlo!".

Sabía que jamás podría lograrlo, que su intento por alcanzarlo con una escoba iba a ser en vano pero, mientras las ráfagas de viento frío eran tan fuertes que casi las sentía cortarle la piel y le hacía difícil mantener los ojos abiertos; intentó coger su varita (que la tenía en un bolsillo posterior) y decir un conjuro que le salvara la vida al tipo…

¡Giga Bullae!

Fue el hechizo expedido por una varita. Siendo celeste y casi incoloro, impactó como un rayo en el suelo y se expandió a unos cinco metros a la redonda, como si fuera una sustancia de forma ovalada, gelatinosa y de unos dos metros de profundidad. Charlie paró su bajada, sintiendo como el alivio le quitaba todo el rastro de la subida de adrenalina que había tenido antes.

El hombre petrificado y su escoba cayeron en esa sustancia. Eso redujo muy notablemente la velocidad de su caída, mientras esa especie de burbuja gelatinosa se movió con un movimiento coloide, siguiendo el cuerpo que depositó en el suelo. Luego ésta desapareció, dejando al hombre totalmente mojado e ileso en la tierra… claro, después de que Charlie lograra hacer que Norberta lo quisiera atacar a él, ayudando a que Nym y el hombre (porque ella usó en él un hechizo para que levitara a la par de su escoba) pudieran alejarse rápidamente.

Finalmente, Charlie desapareció, desmotando de la escoba que se carbonizaba y aguantando el dolor de las llamas en su camisa.

Cuando apareció en su cabaña, creyó que se iba a encontrar muy pronto a Nym llegando al claro de su casa. No había más "civilización" que su hogar en varios kilómetros a la redonda, por lo que se imaginó que ella se guarnecería ahí.

Pero, varios minutos después, se dio a la idea de que Nym no pasó por ahí. Eso lo hizo sentir mucho más desazón de la que hubiera imaginado. Pero, como estaba sangrando y sintiendo mucho dolor en un costado (a lo cual estaba algo acostumbrado, aunque eso no quitaba el hecho de que era una quemada producida por fuego de dragón), saber el paradero de Nym no fue su prioridad en esos momentos.

Él no podía saber que pocos minutos antes, a unos cientos de metros de distancia, la aurora estaba siendo rodeada por cuatro hombres malcarados, que había aparecido con sus escobas en el aire, al parecer buscándola a ella.

-o-

Varias horas después en ese mismo día, justo cuando Charlie estaba preparándose para cocinar algo, unos golpes en la puerta lo hicieron volver a ver hacia ésta.

Como él vivía en medio del bosque con altos y frondosos árboles rodeándolo, en una cabaña de madera, alejado de todo y todos; se extrañó mucho de que se dieran esos golpes. Por un instante, tuvo la idea de que sería Nym, aunque cuando abrió la puerta ya la había desechado. Por eso fue que se sorprendió.

La mujer se le quedó viendo, al parecer sin saber qué decir. Él menos que sabía…

—Charlie… —pareció un poco tímida, pero siguió, con una sonrisa divertida—: eh, creo que no tuvimos tiempo de saludarnos como era debido hace unas horas: Hola.

—Hola —dijo él, entre sorprendido y divertido.

Nym aumentó la sonrisa. Charlie creyó ver que su cabello adquiría un color más rojizo o anaranjado, aunque tal vez podía ser la luz del atardecer que estaba detrás de ella, la que jugara con su percepción.

—Y gracias por tu ayuda con el dragón…

—Dragona. De nada. —segundos de silencio. Luego, él recordó las buenas maneras, se movió a un lado y dijo—: ¿Quieres pasar?

Ella dio un suspiro de alivio, pareció dar a entender que estaba cansada al encorvarse por un instante y, finalmente, dijo con gran sinceridad:

—Sí, gracias.

Y entró con ahínco.

Mientras Charlie se sentía estúpido por ser un hombre adulto que se pusiera nervioso al darle la entrada a su casa a una conocida de hace años, y se preguntaba si le quedaría algo además de té que sí fuera rico de comer; Tonks miraba la estancia. Espaciosa, con dos grandes y mullidos sofás, una mesa, varias pieles de animales como decoración y alfombras y el menaje terminaba con dos mesitas bajas con varios objetos del trabajo de Charlie. Una luz amarillenta confortable desde los candelabros iluminaban el sala-comedor-cocina y, al frente, entre dos puertas, lo que buscaba: la gran chimenea.

—¿No quieres…

Ella, al parecer sin haberlo oírlo, dio un giro para mirarlo. Habló con energía y una sonrisa que denotaban cierto nerviosismo.

—Charlie, lo siento por venir aquí y seguir incomodándote de esta manera, pero eres la única persona que conozco en Rumanía y para cuando los rumanos me dejaron salir de sus interrogatorios, ya la sucursal de Gringotts estaba cerrada y...

—No te preocupes —fue lo que le dijo, sin más.

La mujer, que había empezado a dejar ver en su expresión lo que un muy mal día había hecho con su humor, le sonrió y dio un paso hacia él. Por un momento Charlie creyó que lo abrazaría o algo así, pero no, más bien lo miró como analizándolo y dijo:

—¡Vaya que sigues siendo amable, Charlie!

Eso lo hizo dar una leve carcajada.

—Tengo que mantener orgullosa a mi madre.

Ella lo miró divertida y, de pronto, él dio otra pequeña carcajada de autoburla.

—Sí, la próxima vez que la vea le haré un informe para ayudarte en la causa —siguió la broma Tonks

—Te estaría muy agradecido... —un silencio agradable y luego, recordó lo que iba a decir—: ¿Quieres algún té con… lo que sea que se me ocurra hacer?

—Sí gracias.

Mientras él iba hacia la cocina y sacaba la varita de su pantalón, Tonks miró un poco más el lugar. Era extrañamente acogedor. Aunque se echaba de ver que le hacía falta el "toque femenino", daba la sensación de refugio y calor; además, estaba lo suficientemente ordenado y muy limpio. Sí, se dijo ella, se veía que era el hogar de Charlie. Por alguna razón, siempre la había hecho sentir bien, en confianza, de buen humor y acogida, por eso había estado secretamente enamorada de él en los tiempos de Hogwarts, más o menos desde segundo hasta sexto año.

Tonks sonrió y negó para sí misma, como si sintiera ternura por aquella niña de Hufflepuff que fue.

Claro que Charlie no tuvo ni idea de su ingenuo enamoramiento por él. Tonks hizo todo lo posible para que no fuera así, como cambiar mucho el color de su cabello y la forma de sus facciones, para diversión de los Gryffindor, pero con el verdadero fin de que Charlie no se diera cuenta que, al menos su pelo, cambiaba de color siempre que él aparecía en su visión o interactuaba con ella. Además de eso, no hizo algo con ese sentimiento. Charlie fue algo así como un amor platónico, diría su padre; de esos que no quieres tocar por miedo a perder la fantasía. Con él, era feliz de simplemente tenerlo cerca.

Y parecía que mucho de aquella muchachita de Hogwarts aún sobrevivía en ella, porque, de alguna forma, el estar en la casa de Charlie y sentir su presencia; logró que ella recobrara rápidamente su buen humor.

Iba a sentarse en uno de los sillones, totalmente invadida por esa sensación de bienestar, cuando recordó qué estaba haciendo ahí. No, no estaba viéndose con alguna clase de antiguo amor, estaba ahí porque… no tenía de otra. Los aurores rumanos, en vez de vitorearle que ella diera con uno de los brujos más buscados de Europa, la fueron a buscar como si se tratara de otra criminal porque, según ellos, había traspasado su frontera y hecho magia ilegalmente.

Después de que toda la mañana y tarde hubiera estado en el cuartel, repitiendo como cinco veces su historia y siendo pobremente ayudada por un diplomático, por fin la habían dejado ir. No sin antes, amenazarla con que no podía irse del territorio ni hacer magia, hasta que todo estuviera resuelto.

Tonks, que casi no entendía de política y tenía totalmente colmada su paciencia después de unas siete horas tan poco hospitalariamente tratada; se fue de muy mal humor, pensando que era totalmente idiota que los rumanos estuvieran dando el grito al cielo por haberse aparecido en su país y ahora ¿Querían que se quedaran en él quién sabe hasta cuando? ¡Qué estupidez!

Lo peor de todo es que le habían confiscado la varita, no tenía ni su equipaje, dinero, siquiera un pinche diccionario inglés-rumano y, menos, alguna idea de cómo moverse en la comunidad mágica de ese país.

Pensó en hacer las cosas a lo muggle y para eso necesitaba dinero muggle. Por lo tanto debía sacar, de su cuenta de Gringotts, algunos galeones y cambiarlos a… la que fuera la moneda rumana. Pero, para cuando logró que uno de los guardias le explicara, después de muchas dificultades idiomáticas, dónde y como se llegaba a la sucursal de Gringotts, ya era demasiado tarde: habían cerrado.

De esa manera, se había encontrado estancada un viernes en la tarde en un lugar que desconocía, sin dinero, con la imagen en la cabeza de un fin de semana de espera para poder hacer algo y la escoba voladora en la mano, imposibilitada de hacer magia…

La idea de ir donde Charlie era mucho más que tentadora.

Y así fue como, después de recordar la dirección del lugar donde había ido a aparecer al perseguir a aquel brujo, y de donde se la llevaron hacia la comisaría volando, se montó en la escoba e inició el camino.

Una hora después, se encontraba viendo la gran montaña, tan cerca que parecía un mar de árboles de un lado, y la planicie de hierba alta por el otro. Pudo ver que en medio de ésta, muchas "cosas" debían estar corriendo de allá para acá, provocando sorpresivos y serpenteantes canales entre las hojas, junto el sonido de la fricción de las ramas en constante movimiento. Ella se mandó a dejar de mirar aquello con curiosidad, y se encaminó hacia el lugar que había estado buscando. Pronto encontró el territorio de aquel dragón, que en ese momento dormía plácidamente junto a su cría.

Tonks sintió grandes deseos de llegar a casa y abrazar a su Teddy, y esas ganas de al menos hablar con él, tal vez fueron las que lograron orientarla rápidamente hacia la dirección de donde había visto venir a Charlie en la mañana. Unos segundos después, dio con un claro donde había una casa de madera pequeña junto a una gran huerta de tubérculos. Bajó a tocar la puerta, esperando que sino era él quien le abría, al menos fuera alguien que le podría dar razón de su paradero.

Pero fue él y, de repente, la idea de estar estancada en Rumanía le pareció transformarse de una experiencia de muy mala suerte, a algo parecido a una anécdota divertida. Sin embargo, se regañó ella, lo que debía hacer era pedir prestada la chimenea para hablar con su madre y Teddy, su compañero Frank Whitmore, veterano auror que había dejado en Ucrania, gritándole que no fuera detrás del medimago loco y; luego, a su jefe.

Pocos segundos después, se había quedado viendo a la gran chimenea encendida, como si estuviera tomando valor para la regañina de su madre por embeberse tanto en el trabajo de nuevo. Luego sería la cara de su niño de apenas cuatro años, tratando de ser valiente y no dejar ver que la noticia de su ausencia lo desilusionaba. Seguiría con la cruda indiferencia de Whitmore, que parecía que era su compañero porque sólo le quedaba un año en la fuerza y, por eso, no le preocupaba que la excesiva pasión y obstinación en ella, que la ponía en problemas en el trabajo, llegara hasta él. Y finalmente, debía darse fuerza para ver de nuevo al jefe. Creía que esa vez sí la suspendería por un tiempo, por más que fuera de las mejores del departamento.

—Tu té. No sé cómo lo tomas, por lo que te traje leche, miel, limón, azúcar…

Tonks sabía que su cabello estaba cambiando a un color más cálido, tal vez rojizo o anaranjado. Ese calor en el pecho parecido al alivio y las ganas de sonreír, siempre tenían ese efecto en su cabello:

—Gracias, Charlie —y supo que él no entendió que era más que por el té.

Él le asintió y puso la bandeja en la mesita baja más cercana, la que sí tenía espacio para poner algo. Luego, se sentó en el suelo y, mientras le hacía un ademán con la mano para que se sentara de lado a él, empezó a hacer plática:

—Dime —dijo él, totalmente serio—: ¿Supiste de la vapuleada que nos dieron las Arpías de Holyhead a los Chudley Cannons? ¿No crees que no era necesario que Ginny nos hiciera cuatro golpes consecutivos en apenas 7 minutos? —la sonrisa de Tonks cada vez se fue abriendo más y más, hasta que se hizo una carcajada mientras Charlie seguía diciendo, sonriendo a su vez, brillando sus ojos de diversión—: Digo, esperaba un poco más de lealtad de su parte…

Siguieron conversando de todo y nada, él feliz de poder hablar con una persona de su mismo país y hasta de defender a su querido equipo de alguien que sí tenía bases para poder burlarse de éste. Y ella, con el cabello entre naranja y rosado, simplemente estaba divertida y encantada, olvidando entre tés, unas deliciosas galletas recién salidas del horno, risas, recuerdos y tonterías; que tenía gente esperando por recordarle esa vida, la mayoría del tiempo café, que había dejado en Gran Bretaña.

-o-

—… pero señor, usted me dio permiso de hacer todo lo necesario para aprenderlo, y eso fue lo que hice —decía Tonks a una cabeza en llamas verdes que sobresalía del fuego de la chimenea, totalmente seria en su pose de ingenua mansedumbre.

Pero su interlocutor no se creyó el papel:

—¡Maldición, Tonks! ¡Sabes muy bien que ese permiso nos lo habían dado para el territorio de Ucrania! Pero no, es que para ti eso no fue suficiente —siguió él la regañina, hastiado y con una mordacidad palpable—: Tú lo seguiste hasta Rumanía, ¡Cuando sabes que son uno de los países con más impedimentos a la hora de compartir jurisdicción!

—Con todo respeto, señor, cuando decidí seguir su desaparición, no sabía que iba a Rumanía…

—¡Ah! ¿No sabías? ¡Pero si estaban a menos de un kilómetro de la frontera!

—Y lo arresté por fin al seguirlo. El tipo está en la cárcel de los Aurores rumanos. Dimos con el loco medimago que experimentaba con bebes muggles, jefe —dijo ella, totalmente segura de que había hecho lo correcto, quitándose la máscara complaciente que había tenido hasta ese momento.

Charlie, que terminaba de revisarse la quemada del costado que Norberta le había regalado esa mañana; subió la mirada, sorprendido e indignado por saber qué había hecho aquel hombre por el que se había preocupado antes. De repente, que Tonks le hubiera mandado un Petrificus en pleno aire, no le parecía para nada malo…

Pero, mientras los interlocutores se veían como si analizaran al otro buscando su punto débil, Charlie prefirió irse concentrar en la sopa que estaba en el fogón en ese momento, aunque eso no logró que dejara de oír el:

—¡Estás suspendida por dos semanas, Tonks!

—Entendido. Nos vemos en dos semanas, jefe —le respondió ella, tan digna que parecía no importarle lo que él le había dicho.

La comunicación se terminó en ese instante y Nym, tratando de no dejar ver la indignación y rabia que sentía en ese momento, caminó con fuerza hacia el desayunador que dividía la cocina de sala.

Charlie prefirió no decir algo, temiendo empeorar lo que pasaba. Simplemente le sirvió la cena. Comieron en un silencio sólo roto por un elogio de ella a su habilidad culinaria, que lo hizo sonreírse mientras seguían atentos en sus platos.

Después de un extenso debate entre los dos, logró que Nym tomara su cama mientras él dormiría en una de las pequeñas mesas convertida en colchón, en el suelo de la sala.

OoOoO

Como les dije, aquí estoy con el nuevo capítulo. Espero que les haya gustado en algo y si lees, nada te cuesta comentarme aunque sea con un "lo leí"

Chau, gente! Que la pasen muy bien!