II
Increíblemente para Charlie, Nym fue la que lo despertó. Bueno, en verdad, se trató del sonido del sartén cayendo al suelo y una maldición dicha por ella, aunque susurrada.
Por un instante, se encontró totalmente desorientado. Luego, recordó rápidamente lo que había pasado el día anterior y se sentó lentamente.
—Oh, lo siento, ¿te desperté? ¡Y yo que quería darte una sorpresa! Lo siento es que sigo siendo torpe y…
La mujer hablaba sin que Charlie la pudiera ver, porque se había agachado por debajo del desayunador para recoger los huevos revueltos a medio hacer que habían terminado en el suelo junto la sartén. Pero, aún así, Charlie ni había intentado verla, porque lo que se dio cuenta por medio de la ventana, fue que apenas empezaba a clarear.
—¿Qué haces levantada? —trató de decir Charlie, con su lengua aún medio dormida.
Ella se quedó en silencio. No le quería decir que casi no había dormido, como le pasaba muchas veces desde hacía poco más de cuatro años.
Al principio, le fue útil por el cuidado que debía tener con Teddy cuando bebé pero, luego, las pesadillas y el simple insomnio fueron minando más sus fuerzas y buen ánimo. Por lo que Tonks se había acostumbrado a hacerse pociones o hechizos para dormirse cuando lo necesitaba. Pero, como en ese momento no tenía su varita para hacerlo, había terminado levantándose con el plan de hacer el desayuno. Sin embargo, eso no se lo quería explicar a Charlie, porque la mayoría de las personas que sabían de sus problemas de sueño, insistían en sermonearla. Prefirió ignorar el tema, preguntándole cómo le gustaban los huevos; cuando se dio cuenta, al tercer intento y al acercarse a él, que el pelirrojo había caído dormido nuevamente.
La sonrisa y ternura la invadieron enseguida mientras se sentaba en una cómoda butaca, con la mirada puesta en él. Era como un oxímoron en sí mismo: tan fuerte y varonil pero dormido como un bebé, con esa expresión de placidez y tranquilidad en su rostro, como si la dulzura e ingenuidad se hubieran decidido por pasarse un buen tiempo en su cara de piel curtida y con sombras de barba… No supo bien cuándo empezó a sentir a su cuerpo abrazándolo y besándolo, aunque seguía estando a un metro de él. Subió las piernas a la butaca, sintiendo como el rubor llegaban a su rostro y pulsaba al son de la fuerza de su desbocado corazón. Fue como si fuera de nuevo aquella Nym del colegio, o la joven enamorada a tal punto que su Patronus cambiaría de forma a la de un lobo. Pero, lo más extraño de ese momento, fue que no sintió deseos de negar esa sensación, sino de regodearse en ella o, menos, culpa al recordar a su esposo mientras seguía mirando extasiada el rostro pecoso y muy atractivo de Charlie.
Cuando se dio cuenta, empezó a relajarse, a pensar más incoherentemente y, al instante siguiente, estuvo despertando en un día tan soleado, que los rayos del sol prácticamente golpearon sus ojos por la fuerza con la que entraban en la sala. Al desperezarse, tratando de quitarse un poco del dolor en el cuerpo producto de la posición en que se había dormido, se dio cuenta de que tenía una cobija abrigándola. Sonrió como una niña, pensó ella, mientras se mandaba a no arrebujarse en la tela. Se había imaginado a Charlie cobijándola.
Lastimosamente, su buen humor se fue pronto cuando encontró una nota de Charlie en la mesa, que le decía que fue al pueblo por algunas provisiones y que él sí logró cocinar algo de desayuno, de lo cual le había dejado.
"Pudo haberme despertado, con lo que necesito al menos conseguir una muda de ropa…", se dijo Tonks, mientras se daba un baño más helado de lo que hubiera deseado.
-o-
Tonks dio un pequeño paseo por la cabaña, en la que no encontró nada que no hubiera imaginado ver en el hogar de un dragonolista, como escamas y restos de garras, un huevo que parecía ser incubado por varios hechizos en la habitación que, en buena teoría, debió haber sido la de invitados. En el cuarto de las conservas, había varios ingredientes para hacer pociones que contrarrestaran los efectos que esos animales podían acarrear, mientras que sus conservas de comida en sí, parecían ser muy escasas.
Después, fue de nuevo a la habitación de él y, mandándose a no ver en el gran armario de madera, sí se detuvo a mirar la pequeña biblioteca que le servía a la vez de mesita de noche. No había libros sólo de dragones, también de otros animales y de varios temas interesantes, hasta uno que otro de ficción.
Pero, aunque mirar por ahí le pareció entretenido, la verdad fue que en menos de dos horas ya estaba totalmente aburrida y, para hacer algo, (después de hablar de nuevo con su madre e hijo) empezó a trabajar a lo muggle en la huerta.
Cuando se levantó de estar agachada por casi una hora, quitando la mala hierba, no quería ni acercar sus manos a su rostro. Se imaginaba el olor a fertilizante de dragón que la tierra tenía, viniendo justo de debajo de sus uñas. Hasta ese momento fue que recordó qué no le hacía gracia de Herbología.
—¡Ay, Merlín! ¡Como apesta!
—¡Como los viejos tiempos!
—¡Maldición, Charlie! —la mujer se contuvo de darle una palmada en el brazo—. ¡Es de mala educación aparecerse en un lugar donde otra persona no lo oiga!
—Por eso me aparecí en la casa, pero pasa que estabas en la huerta, quejándote del olor del fertilizante como en los viejos tiempos… —le respondió, encogiéndose de hombros. Luego, pareció darse cuenta de lo que pasaba, e insistió—: Gracias por la ayuda, pero no era necesario que…
—Créeme, prefieres que te ayude en la huerta a que intentara cocinar de nuevo.
—Para que creas que tu comida huele peor que el fertilizante de dragón, te debo creer —la bromeó.
Y después de fruncir la nariz para embromarla, se metió de nuevo en la casa.
En ese instante, Tonks se sintió como una tonta al darse cuenta de que su única muda de ropa estaba oliendo a excremento. Luego, deseando que pronto llegara la maleta que le pidió a su compañero auror, prefirió seguir en la huerta antes de volver a estar cerca de él con las pintas y el olor que tenía.
La maleta llegó llevada por cuatro lechuzas, pocos minutos después de que Charlie se fue a atender sus obligaciones, dejándole comida en la olla…
-o-
Cuando regresó a la casa, siendo más de noche que de día, Charlie se estaba regañando a sí mismo por insistirse en revisar a los Ironbelly Ucranianos. No, no tenía excusa: por más que fueran un par de dragones hermanos mellizos, hembra y macho, en su primer celo, (por lo que eran vigilados por todos los dragonalistas de la reserva, en espera de documentar su reacción: ¿sucumbirían al deseo de reproducción, por más que fueran una especie muy exogámica?); él no debió acercarse estando aún en recuperación de una herida. Sí, se trataba una quemada pequeña comparada con otras, pero con lo peligrosos que eran esos dragones, no debió ir sin estar totalmente recuperado.
Si Petra y Augustus no hubieran estado ahí cuando la hembra se dio cuenta de su presencia y decidió ir mucho más allá con su territorialidad, la verdad era que tal vez hubiera tenido más problemas que el pequeño desgarre en la cicatrización de su herida del día anterior.
En ese momento, lo que quería era hacer lo posible para evitar una infección… y fue tanta su ensimismamiento en los acontecimientos del día que, al llegar y oler algo desde la cocina, mientras una voz le decía algo como:
—¿Qué decías del excremento de dragón…?
Fue que recordó que Nym estaba en su casa… ¿¡Cómo pudo haberlo olvidado! Se sonrojó y le iba a decir algo, cuando ella no lo dejó, al acercarse con preocupación hacia él.
—¿Qué te pasó? ¡Estás sangrando!
Charlie iba a contestarle, cuando, al mirarla, se dio cuenta de que Nym era linda. No que no había tenido conciencia de eso desde los tiempos de colegio. Él sabía que no era despampanante, pero siempre había tenido un no se qué en su aura de alegría, que encantaba. Como en ese momento, cuando se dio cuenta de lo mejor que se veía peinada, con el cabello lila y rizado, ropa que no olía a fertilizante y hasta con su genuina preocupación, que la había hecho intentar quitarle la camisa para ver mejor la herida.
Lo cual Charlie no iba a dejarla hacer, no sólo porque él estaba bastante mayor para curarse por sí solo, sino también porque la mujer tenía poco tacto y le había tocado de pleno la herida. Se alejó de Nym dos pasos, mordiéndose los labios para no decir ninguna mala palabra, mientras ella lo seguía:
—Ese vendaje no huele muy bien, se te está infeccionando.
—Lo sé.
—Déjame verlo, tengo experiencia en...
—Yo también, me he sanado solo —"la mayoría del tiempo"— desde hace años.
—Y se ve, por las cicatrices que se te hicieron, que no les pones especial atención…
Charlie estuvo a punto de decirle algo como "no eres mi madre", pero se mordió de nuevo los labios mientras ella, sin importarle que él siguiera diciéndole con el lenguaje corporal que no se acercara a la herida; lograba subirle la falda de la camisa y quitarle a medias el vendeja. Frunció el ceño y olió la herida sangrante, con una pomada verdusca a los lados.
—Creo que es hora de cambiar la pomada antibiótica, después de lavarlo y ponerle un poco de una poción cicatrizante.
"¿En serio?", pensó él, con ironía. Sin embargo, estaba muy concentrado en dejarse guiar por ella, que lo había agarrado de uno de sus brazos con sus dos manitas y, más fuerte de lo que hubiera creído, lo acarreaba hacia la habitación con los ingredientes para curarlo, diciéndole:
—No sé si los aurores —porque lo dijo con una ironía tal, que parecía poner en tela de juicio si lo eran o no— rumanos dicen que hacer una poción es hacer magia, por lo que te diré cómo hacer una poción sedante para antes de cuando lavemos esa herida…
Charlie le iba a decir que no le gustaban las pociones sedantes, porque lo dejaban mucho más atontado de lo que le gustaba, pero siguió en silencio. Por alguna razón, mientras veía que el cabello de Nym cambiaba a un color más oscuro y su necedad le empezaba a parecer hasta adorable, había empezado a írsele su irritación y verle el lado gracioso al asunto.
Pocos minutos después, mientras ella le quitaba la camisa del todo y él sentía que la poción sedante que se había hecho con las instrucciones de Nym, le empezaban a hacer efecto; simplemente, se echó a reír.
—¿Qué te pasa? —se volvió ella a mirarlo, mientras se ponía al hombro la camisa de él y fruncía el ceño, lo que hizo que Charlie se carcajeara aún más.
Sentía pequeños pinchazos de dolor en el abdomen por el movimiento que hacía al reír, pero eso no hizo que terminarla de hacerlo.
Nym empezó a sonreírse, por pura empatía.
—Eres la primer persona que conozco que se ríe justo antes de que le laven una quemada infectada.
—Y tú eres la primera esposa que conozco… —le replicó Charlie a bocajarro, aún entre risas.
Nym se quedó como de piedra y, luego de que se miraron sólo un instante, y ella se volvió todo roja (su piel y su cabello) los dos rompieron en risas a la vez.
Luego, cuando Nym empezó la curación, ya no se rio más. Aunque sí lo hizo, mientras ya sentía ganas de dormirse ahí mismo por el efecto de la poción, cuando la oyó maldecir y correr hacia la cocina al oler la comida quemada en el fogón… ¿A quién se le quema una sopa?
Tonks regresó poco después al cuarto de Charlie, donde habían iniciado la curación luego de recoger las pociones en las conservas y hacer con rapidez el sedante. Ahí estaba él, el torso casi denudo (sino fuera por el vendaje), piel tostada y pecosa; fuerte y varonil; tirado en la cama postrado.
No, se mandó ella, no iba a ver hacia cierto cabello pelirrojo en la parte baja de su abdomen, que presagiaban acontecimientos que se hacen en la cama entre verdaderos esposo y esposa.
Para dejar de mirarlo y pensar, imaginar y desear; se fue hacia el armario y pronto regresó con una cobija. Iba a empezar a intentar subirlo del todo en la cama, cuando sintió de repente un tacto rasposo en su pómulo. Al mirar hacia el lado para saber de qué se trataba, muy sorprendida, volvió a sonrojarse rápidamente. Era Charlie, aún medio dormido, que le acariciaba con torpeza con las yemas de los dedos callosos.
—Gracias… —le dijo y sonrió a medias— pero no quiero cenar.
—Tonto —le contestó en plan jocoso y en broma, devolviéndole la sonrisa al instante.
Él acercó más su mano en su pómulo y, aunque el tacto fuera tan rasposo y el movimiento algo brusco, ella lo agradeció sonrojándose aún más. Luego, Charlie dejó de hacerlo, cerró los ojos de nuevo, se arrebujó en la cama y trató de dormirse, no sin antes decir, seriamente:
—Gracias.
Tonks tuvo más dificultad de no imaginar ciertas cosas cuando ya sabía cómo se sentiría sus manos en su piel. Sin embargo, las que más le chocaron, fueron sus tonterías al imaginarse la historia de su vida si en verdad hubiera sido la esposa de Charlie. Lo que la hizo olvidarse totalmente de elucubrar por esa dirección, fue el decirse que, aunque sí hubieran tenido dificultades, al parecer habrían sido felices. En serio, Tonks, debes ir a dormir ya, que después de solo cuatro horas de sueño en dos días, empiezas a pensar tonterías.
Esa noche de sábado, y maldiciendo el hecho de que los aurores rumanos le quitaran su varita, se hizo un colchón improvisado con mantas y pieles, y durmió en la sala.
