III
Muy pocas veces en esos últimos cuatro años y que ella recordara, Tonks había podido dormir de seguido toda la noche. Sin embargo, ahí, en una fría montaña de Rumanía, se había dado el milagro. Se despertó con los rayos del sol inundando la casa, dándoles la pista a las volutas de polvo para que danzaran en su luz. El sonido de al menos dos bandadas de pájaros que ella no sabía reconocer, pero que eran encantadores y fluidos; le dieron la bienvenida a la vigilia.
El leve dolor en la espalda por haber dormido en un colchón improvisado y con irregularidades, no le quitó el buen humor y se puso en pie de un salto. Fue al baño rápidamente y, cuando salió de este, se encontró a Charlie recogiendo su cama. Como eso era lo que ella iba a hacer, lo primero que le dijo fue:
—Déjalo allí, yo puedo hacerlo. —con un tono apenado.
—Buenos días para ti también —le respondió él, sin dejar de recoger las cosas.
Tonks iba a insistir, pero recordó el debate que habían tenido la noche del viernes sobre la cama y el colchón y, como Charlie había ganado esa vez porque en verdad parecía creer que era necesario que ella durmiera en su habitación (como todo caballero Gryffindor hubiera hecho, tal vez); se dio por vencida antes de iniciar la batalla.
—Buenos días y gracias —respondió entonces—. Eso quiere decir que el desayuno me toca a mí.
Y no se sorprendió oírlo reír por lo bajo, con su carcajada profunda y sincera, mientras ella iba hacia la cocina.
—No sé Nym, con la suerte que has tenido, temo que quemes mi casa…
—¡Hombre de poca fe! ¡La tercera es la vencida!
—¿Qué? —le preguntó él, levantándose con mantas y pieles en los brazos y una expresión de incomprensión en el rostro.
Tonks le explicó esos dichos muggles que había aprendido de su padre, aunque Charlie seguía sin comprenderlos del todo, a lo que ella contraatacó:
—Oye, tú explícame más bien, ¿qué de especiales tenían las barbas de Merlín o…? ¿Qué es eso de las Gárgolas Galopantes?
—¡Pero si es obvio!
Estuvieron hablando de las cosas interesantes y extrañas de los muggles y los magos, hasta que se fueron yendo por otros temas. Tonks pronto supo lo tanto que a Charlie le gustaban lo dragones, pues le empezó a contar de ellos con una gran sonrisa, la mirada brillante y efusión y rapidez en sus palabras. Ella le puso una ávida atención al principio pero, mientras él la arrastraba hacia el cuarto de invitados con un caminar hasta saltarín (aunque no habían terminado de desayunar), ya empezaba a pensar que no recordaba nada de lo que él le dijera, con tanta información que le dio en pocos minutos.
Cuando ella revisó la casa de Charlie el día anterior, sólo había visto el huevo ennegrecido en el pedestal de madera con runas alrededor de la base superior. Como eso era todo lo que había en el pequeño cuarto, además de un armario hecho como parte de la pared y una ventana; Tonks había sentido algo parecido a un temor reverencial y cerró rápidamente la puerta. Sus piernas y brazos propensos a los accidentes debían estar lo más lejos posible de ese huevo.
Sin embargo esa vez, al estar detrás de Charlie, se imaginó que él sabía los riesgos de llevarla ahí y entró sin remordimientos… el calor le impactó en la piel como una fuerza física, prácticamente quemante. Se movió hacia atrás instintivamente, ahogando una exclamación. Charlie se volvió hacia ella y le hizo un movimiento de brazo, diciéndole que se acercara, con una mirada que le pedía confianza:
—Hice unos hechizos de temperatura, porque el huevo debe estar muy caliente. No te preocupes, son inocuos… Transparentis cancelli —dijo Charlie y un rayo incoloro salió de su varita hacia el huevo. Su cáscara se hizo transparente, como si el rayo que el Weasley le enviara lo rodeara rápidamente, quitara todo el color y, luego, lo hiciera invisible.
Y Tonks lo vio mientras se acercaba. Dentro de una sustancia amarillenta y rodeado de algo parecido a varios cordones de colores más rojizos: el feto de un dragón. Al parecer, estaba aún en sus primeras etapas de gestación, porque tenía una apariencia parecida a un renacuajo. A Tonks le hubiera gustado sentir algo más que ganas de quitarse su camisa del calor, como la ternura que Charlie demostraba mientras tocaba la barrera invisible del huevo con una mano, y le explicaba:
—La madre era una Colacuerno Húngara algo vieja, que murió a manos de la nueva hembra Alfa de la manada en una batalla por el poder. El huevo iba a ser destruido por la nueva Alfa tarde o temprano, por eso lo rescaté y aquí está… a cuatro meses y catorce días de su nacimiento.
Charlie acarició el huevo con la mano y Tonks sintió ganas de abrazarlo ahí mismo, de la ternura que sentía hacia él. Luego, tuvo una punzada de dolor. Le hubiera encantado que Remus hubiera tocado de esa manera su barriga cuando estaba embarazada de Teddy, con esa tenue sonrisa fascinada que tenía Charlie en su rostro.
Tonks se mandó en seguida a no pensar lo tanto que le encantaría que algunas cosas hubieran sido diferentes mientras que otras, que se suponían debieron haber pasado, nunca lo hicieron. Esa clase de sentimientos le asaltaban así, de la nada, cuando Remus se colaba en sus pensamientos… Al menos, ya no deseaba con todas sus fuerzas su compañía cundo se sentía así, no tanto como antes.
Pero se mandó a no dejarse llevar por esos pensamientos y sentimientos y a decir algo, para que el silencio fuera roto y le hiciera más fácil no pensar.
—Tu madre va a estar encantada de ser de nuevo abuela —comentó, indicando al huevo, bromeando—. Ya está más que feliz con Victorie, el nuevo embarazo de Fleur; el embarazo de Audrey, el próximo casamiento de Ron con Hermione…
Charlie bajó la mano y lo oyó bufar y decir, más para sí que para ella.
—Sí, los Weasley se están reproduciendo… —con mal humor.
Tonks se dio cuenta de que había tocado un punto espinoso y se dio un regaño mental. Ella sabía que, por lo menos Molly, molestaba a Charlie cada que podía con sus insinuaciones a que se buscara esposa y tuviera hijos. Y ella, que tenía a su propia madre pidiéndole que dejara de ser aurora, sabía lo que era esa clase de frustración.
—No todos… la verdad es que últimamente, es más la preocupación para que no lo hagan.
Lo oyó ahogar una risa, mientras la volvía ver.
—Hablas de Ginny y George, ¿eh?
Tonks asintió y los dos se sonrieron con cierta picardía, mientras el sudor empezaba a perlar sus pieles. Pensaron en silencio en Ginny y George, que habían tenido varias relaciones desde que George volvió a… vivir; y Harry y Ginny terminaran su noviazgo hacía unos dos años y medio. En la familia Weasley, los dos eran vistos con preocupación y cierta alarma, aunque en verdad, intentaban no meterse mucho con ellos. Al fin y al cabo, eran adultos y no era como si hicieran cosas inmorales… sólo "tenían mala suerte en el amor", como decían en la familia para zanjar la cuestión.
—Sí, bueno. Los Weasley somos (o éramos) de esas familias que tenían por costumbre salir de Hogwarts, casarse y tener muchos hijos… —comentó Charlie, como para decir algo y encogiéndose de hombros— ante eso, creo que mi madre lo está asumiendo muy bien. Lo de nosotros tres, quiero decir. Sólo nos persigue lo más que puede con sus consejos y preocupaciones, recordándonos a los tíos Filemón y Lucrecia, "solterones tristes que murieron solos en sus casas"… No está acostumbrada a personas como nosotros, más curiosas en sus vivencias, por decirlo de alguna forma.
Trató de reírse, pero solo pudo sonreír de una forma que ella no pudo describir. Era como si recordara tantos acontecimientos, que su rostro no supiera qué expresión terminar de poner y en esa sonrisa se insinuaran muchas emociones.
A Tonks le hubiera encantado preguntar más sobre las vivencias de él, porque algo en esa sonrisa misteriosa de Charlie le hizo pensar que, tal vez, su historia podía ser tan interesante o más que la de sus hermanos. Después de todo, había vivido fuera de casa, en otro país, desde los 18 años…
Esa información le golpeó con la fuerza de esas verdades que siempre están allí, pero nunca había notado del todo. Por alguna razón, al ver a su anfitrión, de repente sentía que no era el Charlie que ella pensaba que era. Sí bueno, era el mismo, pero diferente, aunque no sabía decir qué era lo que no concordaba del Charlie de apenas unos segundos antes. Se dio cuenta de que no era y no podía ser el compañero de clase que ella recordara ni, del todo, el hermano e hijo que los Weasley le bosquejaban.
De repente, sintió unas ganas y deseos irracionales y hasta impropios de conocer a este Charlie, el que abría la puerta de la habitación para invitarla a salir. Cuando lo hizo, llegó hasta ella otro golpe del aire frío natural en ese lugar, que la hizo sentir que el leve sudor producto de haber estado unos instantes en la habitación embrujada, se empezaba a congelar en su piel.
Tanto Charlie como ella se pasaron las mangas de sus camisas abrigadas por su rostro y cuello, mientras Tonks preguntaba:
—¿Cómo estás de la herida?
—Bien. Esa poción sedante me sigue haciendo efecto, gracias.
Charlie la vio sonreír de una manera, que lo hizo pensar que tal vez, habría dicho una estupidez al estar atontado por la poción. No lo recordaba, en serio que esas cosas eran muy potentes para él. Le hubiera gustado preguntar qué hizo o dijo, pero algo le decía que prefería no hacerlo, para no ayudarla en poder embromarlo el tiempo que siguiera ahí. De repente, se cuestionó cuánto exactamente era ese tiempo, no con el deseo de que se fuera sino de… tal vez, darse a la idea.
—Y dime, ¿Cuál es tu plan para hoy?
La mujer la volvió a ver, francamente sorprendida.
—Imagino que te pediré que me digas dónde me pueden dar una habitación donde no vean con extrañeza monedas de oro —dijo finalmente, con la mirada huidiza.
Charlie frunció el ceño, sin entender:
—Pues, yo no tenía pensado pedirte dinero —concluyó él. Hasta Charlie se dio cuenta de que lo dijo en un tono que daba a entender que se sentía despreciado, pero intentó mantener la dignidad al encogerse de hombros después de decirlo, como sino le diera importancia.
El cabello de ella volvió a aclararse un poco a un color más cálido. Charlie se dio cuenta de que le empezaba a encantar verlo cambiar a ese tipo de colores…
—En ese caso: no, no tengo planes. Creo que quedarme aquí y no quemar la casa al cocinar.
… Como le encantaba que lo hiciera tener ganas de sonreír con cualquier tonto comentario que saliera por su boca.
—No quiero tentar mi suerte. Estuvieron muy buenos tus huevos revueltos y té, pero… no gracias.
Ella le dio un medianamente fuerte puñetazo en el antebrazo, con falsa molestia. Luego, se encaminó a la cocina.
—Si logro lavar los trastos a lo muggle sin que nada se me caiga de las manos, ¿prometerás dejar de molestarme con eso?
Charlie sonrió. Sabía que las torpes manos de Nym en contacto con jabón y tratando de manipular algo, eran una apuesta segura a que ese algo no saldría totalmente incólume. Además, él ya había formulado, rápidamente, un plan de acción para ese día.
—¡Trato hecho! Pero si pierdes, tendrás que venir conmigo al mercado y luego, podríamos oír los cantos de arrullo de los Galeses Verdes.
Tonks lo miró y asintió. Por alguna razón, no le importaba mucho perder si ese era su plan.
-o-
Tonks seguía pensando que Charlie le había hecho trampa al insistir en que, el que se le haya zafado sólo un poco uno de los platos, era suficiente para decir que él ganaba. ¡Ni siquiera se había quebrado! Bueno sí, una esquina, pero no era para tanto.
Sin embargo, mientras Charlie iba de allá para acá de su casa y los alrededores, trayendo sacos pesados o bolsas, recogiendo las cosas que iba a vender; ella estaba muy emocionada de ir al mercado. No en sí por el mercado, tal vez era porque no se quedaba sola por horas, y estar con Charlie era… muy agradable, cuanto menos.
Además, después de hablar con su madre y Teddy mientras él se bañaba, lo vio tan entusiasmado con la perspectiva del plan del día, que ella se sintió aun más emocionada, como si fuera una niña pequeña que iba de paseo un domingo.
—Solo es por la mañana. Petra me relevará en la tarde.
—¿Petra?
Charlie siguió ordenando los paquetes, ensimismado, pasando la mirada de uno a otro como si estuviera corroborando y pasando lista de todo lo que debía tener, en contraposición con lo que tenía en frente. Aún así, le contestó:
—Sí, una de nosotros, los dragonalistas —Tonks vio como sonrió un instante, como si se recordara de algo muy agradable.
Sintió una punzada desagradable en el pecho, la cual no quiso analizar y expurgó enseguida de su cuerpo. Además, alguien con ese nombre y siendo dragonalista, no podía ser muy bonita.
Luego recordó que ella se llamaba Nymphadora y era aurora… y después, se hizo recordar que no tenía porqué pensar esas idioteces si Charlie y ella no eran pareja.
—No sabía que vendías productos en los fin de semana —dijo, por decir algo.
—Sí. No es nuestra principal responsabilidad, pero eso de ir recogiendo dientes, pesuñas, escamas… para ir a venderlo, es parte del contrato, se puede decir. Al menos solo tenemos que ir los fin de semana y, como somos varios dragonalistas, nos turnamos. —Charlie negó quedamente y se volvió a ella, como para excusarse—: Ganamos mucho de nuestro salario y de lo que se necesita para el mantenimiento de este lugar, con esas ventas.
Tonks asintió. Se imaginó que eso de comerciar con sustancia provenientes de animales mágicos en peligros de extinción tenía lógica, aunque a Charlie no le gustaba del todo.
En silencio, lo miró hacer un embrujo levitador a todas las bolsas y sacos para que lo rodearan. Ella buscó el saquito de polvos flu que estaba arriba de un banquito a la par de la gran chimenea y se acercó a Charlie, para dárselo.
Él dirigió su cuerpo y mirada a Tonks.
—Vas antes que yo, pero primero tienes que saber a dónde vas ¿no? Repite después de mí, por favor: Piaţă Albastruvale.
Sino hubiera estado acostumbrada a los hechizos desde pequeña, tal vez hubiera pensado que era un trabalenguas. Al cuarto intento, lo logró decir y cuando lo dijo tres veces seguidas bien, mientras ponía los ojos en blanco cuando Charlie le pidió que lo dijera de nuevo, el pelirrojo se dio por contento.
—Bien, ve primero. —hizo un ademán a la bolsita con polvos flu y ella echó el puño al fuego, para que este se alzara con un rugido y se volviera verde.
Con naturalidad, se metió en este, dijo el nombre del lugar al que iba y, cuando llegó al otro lado, se sintió algo mareada, pero no porque el paso de llegada era fuerte como siempre y casi se caía. Era por el lugar… ¡Qué lugar!
Tonks, que estaba acostumbrada al callejón Diagón, le pareció que: Piaţă Albastruvale era más grande, bulliciosa y caótica. A los lados del lugar, cientos de metros más allá, podía ver unos árboles muy altos, frondosos y gruesos, flaqueando un camino de piedra y debajo de un cielo engañosamente despejado, porque el viento frío se colaba hasta su piel.
Se dio cuenta de que estaban rodeados por una enorme construcción circular de un piso, en donde habían muchas chimeneas en una mitad y tiendas de prestigio en la otra. En el medio de todo, sin orden aparente, se encontraban puestos con toldos de diferentes colores como techos, que tenían los nombres de su tienda en un abecedario que ella desconocía.
El sonido de las personas hablando y de algunos de los productos, junto a la sensación de perenne movimiento, eran hasta abrumadores. Una anciana con dos niños en las manos y un bulto amarrado a la espalda iba hacia ella y le decía algo en rumano. Tonks iba a decirle que no entendía, cuando oyó el golpe.
Charlie había tenido un mal "aterrizaje". Simplemente, se lo encontró en el suelo de adoquines junto a varios de los sacos, uno de los cuales (lleno de pezuñas) se había abierto.
La anciana y los niños ayudaron mientras Tonks, por puro impulso, se acercó a él.
—¿Estás bien?
Él la miró, enrojecido y sonriente.
—En mi defensa tengo que decir que no es muy fácil mantener el equilibrio en un aterrizaje de polvos flu con varios bultos a los lados. —luego, Charlie les dijo algo en rumano a los niños y la mujer. Ellos siguieron recogiendo las pezuñas para ponerlas en el saco, aunque parecía que el pelirrojo les había dicho que no era necesario.
Tonks se había agachado al lado de él, Charlie le sonrió como si tal cosa y se puso rápidamente en pie con un saco en cada brazo. Ella se mandó a no acercar las manos a su camisa para no buscar la herida cicatrizante de él, y más bien, se ocupó de un saco que estaba a punto de abrirse.
—¿Estás bien? —volvió a preguntar, cuando aseguró el producto.
Charlie se dio cuenta de que miraba su costado y se encogió de hombros.
—Sí, estoy bien. —dirigió de nuevo sus atenciones amistosas a la señora y los niños, conversando de tal manera, que Tonks dio por hecho que se conocían de antes.
Cuando los sacos estuvieron de nuevo alrededor de Charlie, y después de que la señora se fue haciendo uso de la red flu; él inició el camino, tratando de hablar con ella sobre las tiendas más populares del lugar o las que se encontraran en su recorrido, a la vez que a cada instante era saludado por todo tipo de personas y él les respondía y conversaba un poco con algunas de ellas.
—Casi que te creo una celebridad por estos rumbos —comentó Tonks, divertida.
Charlie hizo que los bultos cayeran al suelo al decir un contrahechizo antes de encogerse de hombros, con modestia:
—Los dragonalistas ayudamos a una villa de magos hace un par de años, cuando un Ironbelly salvaje había querido mudarse de territorio al de ellos y… los quiso expulsar de ahí…
Se quedó callado, prefiriendo ponerse a organizar la pequeña tienda y su mostrador. Tonks no iba a preguntar más del tema. Imaginó que si tuvieron que hacerse cargo de un dragón que atacó a un pueblo, podrían haber habido bajas civiles. Además, supuso que esas personas, al menos algunas, debían saber que él estuvo en la llamada "Batalla de Hogwarts"… como fuera, no quería hablar de esos temas.
—Y dime, ¿A cuánto vendemos… las escamas?
-o-
Las horas transcurrieron más rápido de lo que creyó. Y no que estuvieran ocupados con los clientes: Fueron pocos aunque, cuando llegaban, la mayoría compraban en grandes cantidades.
Se hizo rápido por la conversación, los juegos propios de momentos de espera que se inventaron (como: "¿qué está pensando…" y apuntaban a cualquier transeúnte) y, simplemente, por la deliciosa compañía. Sus sentidos del humor se complementaban, podían seguirse tanto la idea más descabellada ("Piénsalo bien Tonks, creo que soy más moreno que blanco" le había dicho él, enseñándole su antebrazo muy velludo y lleno de pecas. Ella había acariciado el brazo que le había presentado repetidamente, con una sonrisa de niña que le diera cariño a su gato, mientras le decía su teoría sobre que él en verdad era un mestizo cuyos colores de piel no se habían mezclado)… como filosofar con vislumbres de gran profundidad de la diferencias en la discriminación a los squib frente a la que se le daba a los hijos de muggles, por ejemplo.
Cuando llegó Petra, los dos no se creyeron que ya habían pasado 5 horas desde que llegaron ahí. De hecho, habían necesitado ver sus respectivos relojes al unísono para corroborarlo, lo que les hizo oír la risa de la mujer.
Tonks se dijo que, aunque sólo un poco mayor que ellos y tuviera un cuerpo esbelto (tal vez un poco más fuerte de lo necesario), no era muy agraciada; aunque parecía tener una personalidad divertida. Después de que Charlie las presentara, la había visto con una sonrisa, intentó decir "Gusto en conocerte" en un inglés con mucho acento, y se volvió a Charlie. Tonks los vio enzarzarse en lo que, sin lugar a dudas, era un interrogatorio de ella a él, con una sonrisa pícara y cómplice y miradas hacia Tonks, como si deseara giñarle y decirle: "Sí, él puede decir todo lo que quiera, pero tú y yo sabemos que hay más"; mientras Charlie intentaba salir avante de este.
La aurora se dio cuenta de que estaba un poco sonrosada de lo que esa mujer parecía creer de ellos, aunque le divirtiera ver a Charlie en la misma situación que ella misma.
Finalmente, Petra pareció decir algo que sería como un: "Sí, lo que tú digas", encogiéndose de hombros y, en seguida, empezó a preguntar por lo del negocio.
Cuando los dos estaban listos y hambrientos para irse a almorzar a un puesto de comida que Charlie no dejaba de halagar, Petra la miró un instante y, con seriedad, le habló a él. El pelirrojo le asintió, como si le prometiera algo y, luego, la mujer volvió a posar la mirada en la metamorfomaga:
—En serio, gusto conocerte.
Cuando se fueron, entre el mar de gente, uno justo al lado del otro para que ella no se perdiera, Tonks le empezó a preguntar para embromarlo:
—¿Y? Parece que te regañó al final.
Charlie enrojeció.
—Simplemente me recordó que no fuera un bruto contigo.
Tonks enrojeció también, sonriendo, y dijo algo de que ella se podía defender muy bien contra un mago tenebroso, podría con él. Charlie le dio la razón con un encogimiento de hombros. No le dijo que parecía fácil que ella lo tuviera a su merced sin necesidad de recurrir a la violencia, sino todo lo contrario… y se contuvo de tomarle la mano mientras seguían caminando.
-o-
Habían regresado a la cabaña justo después de comer, cuando la sobremesa se había alargado por casi una hora.
Apenas Charlie pasó por la chimenea, una lechuza pequeña, parecida a Pigwidgeon, empezó a picar muy rápido en la ventana. Él tomó el mensaje y le pidió a Tonks que le diera cualquier cosa de recompensa, mientras éste buscaba entre sus papeles un informe sobre el huevo que estaba encubando. Cuando le puso los papeles a la pequeña lechuza en las patas, esta salió volando con una rapidez y fuerza que los sorprendió.
Luego de comprobar que la quemada prácticamente estaba cicatrizada, y de ponerse un poco de pomada; Charlie se volvió a ella, frotándose las manos de gusto y con una sonrisa:
—¡¿Lista para los Galeses Verdes?
Reaccionando a esa felicidad en el rostro de él, de repente Tonks estuvo lista y le asintió con ganas.
Los dos cogieron sus escobas y unos suéteres más gruesos, antes de salir de la cabaña. Cuando él cerró la puerta y Tonks iba a subirse en su escoba para iniciar el viaje, Charlie extendió uno de sus brazos frente a ella, un poco más arriba de su pecho y la volvió a ver, con seriedad y apremio:
—No, primero…
Y la indicó con su varita rápidamente, diciendo algún hechizo que ella no logró entender de la impresión al ver un resplandor amarillento y sentir un hormigueo frío que venía desde su ropa. Siendo una aurora, no le gustaba para nada ser indicada con una varita y, menos, ser hechizada. Pero, aunque su primera reacción fue defenderse, no lo hizo. Tal vez porque el movimiento fue tan rápido que ni pudo hacerlo, o porque Charlie le inspiraba demasiada confianza.
Intentaba abrir la boca para decir algo como: "¿¡Qué rayos te pasa!", cuando no pudo al quedarse aún más estupefacta al verlo indicarse a sí mismo y hacer, al parecer, el mismo hechizo.
Luego, Charlie la volvió a ver y le sonrió, sintiendo como la adrenalina lo empezaba a invadir con la sola idea de dar una visita cualquiera con Nym a esa manada de dragones. Aunque, como la vio con el ceño fruncido, viendo su ropa, entendió que debía explicarle lo que había hecho:
—Ya hechicé tu ropa para que sea más resistente al fuego, por si acaso. ¡Ahora sí! —y ensanchó la sonrisa, los ojos brillantes de emoción—. ¡Los Galeses Verdes nos esperan!
Tonks lo siguió con emoción también, no podía ser de otra forma con ese entusiasmo contagioso de él.
-o-
Bajaron en escoba por el cielo de las montañas como por dos horas. En otros momentos, Charlie podría haber hecho el trayecto hacia el territorio de los Galeses Verdes en menos de veinte minutos. Pero en ese día, con los vientos fuertes y frío, temía que Nym se cayera. Aunque se reconocía que el manejo de la escoba que ella había dejado ver en la mañana del viernes era muy bueno, no se fiaba del todo de una mujer que había visto, durante años en Hogwarts, llevar el desastre a donde fuera, haciendo caer cualquier cosa y hasta a ella misma al chocar con los más extraños obstáculos.
Sin embargo, no sólo se trataba de que no quería cargar en la conciencia con una caída de la escoba por parte de Nym, sino que deseaba enseñarle algo de la reserva. Quería que viera, aunque fuera de pasada, ciertos puntos de la pequeña cordillera, orgullo de cualquiera de las personas que vivían en ella.
Y Nym parecía en verdad interesada, disfrutándolo. Por lo que Charlie decidió dar un poco más de rodeos, con la secreta finalidad de verle cambiar el cabello de un color cálido a otro con cada nueva sorpresa.
Le enseñó, a lo lejos, la más baja de las puntas de las montañas. A diferencia de las demás, esa saliente no tenía colores verdes sino amarillentos y, su cima, no estaba nevada.
—Es un volcán medianamente activo. Ahí viven flora y varios animales de fuego, más que todo Salamandras y Fénix —le había explicado, y el color del cabello de ella se había hecho morado oscuro, por lo que él se mandó a acotar—: No te preocupes, las personas que trabajan en esa reserva son excelentes, lo tienen todo controlado.
Y su cabello clareó más…
Luego, mientras le contaba algunas cosas del volcán y lo que se encontraba ahí, la guió hacia las parcelas de hongos y flores gigantes, donde vivían algunas hadas e insectos mágicos muy interesantes. Nym, con el cabello de un rosa fuerte, se acercó mucho al lugar que parecía multicolor y brillante a la vez, con una sonrisa grande e infantil que a Charlie le encantó.
—No te acerques mucho a los hongos, algunos tiran esporas que te pueden dejar peor de cómo debí estar ayer con tu poción…
Nym dio una carcajada y él sonrió más, feliz, mientras la seguía y trataba de responderle a cuanta cosa se le ocurría formular. Su alegría no se fue, por más que las pocas hadas iluminadas que estaban levantadas en el día (ellas solían tener más actividad en la noche) huían de ella.
Algo a regañadientes, siguieron su camino, mientras Nym le preguntaba:
—Creí que esta era una reserva de Dragones…
—Esta es una reserva mágica, la más grande de Europa —le contestó, con orgullo—. En ella no hay sólo dragones, sino todo tipo de especies animales, seres y flora que estén en peligro de extinción o que hayan tenido que alejarse de sus hábitats, más que todo por la expansión de las sociedades muggles.
—No tenía idea —le dijo ella, frunció las cejas y un rictus apenado en los labios, como si sintiera tonta por eso y lo aumentara para hacerlo una broma.
Charlie se encogió de hombros y miró a Nym. Siguiendo el camino por inercia, vio como las constantes ráfagas de viento frío movían su cabello lacio, y habían empalidecido su piel, aunque tuvieran las mejillas sonrosadas. Otra vez tuvo la certeza de que era muy linda, pero eso no era de lo que hablaba:
—Muchos que no están en el ramo, no saben de la Dominant. Como yo no sé… la mitad de los conjuros defensivos y ofensivos que debes conocer.
—¿ Dominant?
Charlie le asintió.
—Sí, "Dominant din fiecare", "Territorio de todos", así se llama la reserva… y este, el pueblo, se llama "Sat din fiecare", "Pueblo de todos". Nosotros les llamamos Dominat y Sat a secas. Por los nombres, te imaginarás lo épica que fue la discusión por la búsqueda del apelativo que complaciera a todos los involucrados…
Nym lo miraba y le sonrió, luego hizo un ademán con la cabeza, pidiéndole que se explayara con el tema y él, con ese sentimiento muy parecido al patriotismo en el pecho, lo hizo.
—Muchos de los investigadores de todo el mundo que vienen hasta aquí, se refugian en el Sat mientras hacen sus indagaciones. También hay algunos de los Guardabosques y sus familias en él, como unos pocos funcionarios burócratas y comerciantes.
—Vaya… —Charlie creyó ver que le quiso decir algo más, pues había abierto y cerrado la boca unas dos veces. Pero prefirió callárselo y lo miró, como pidiendo más información.
—También está el bar-restaurante-posada —le dijo, algo a regañadientes. Tal vez lo que quería era saber si podía guarnecerse en el pueblo, en vez de en su cabaña.
—¿Al que le encantaría conocer mis galeones? No gracias, estoy bien donde estoy.
Sonrió, pensando que si él fuera también un metamorfo, tal vez se hubiera puesto su cabello de un color chillón (bueno, diferente al que ya tenía), quitándole la mirada para que no viera su rubor entre tantas pecas. Lo complacía que alguien alabara sus dotes de anfitrión… cayó en la cuenta de que nunca lo había sido, no al menos desde que vivía en la montaña. Nym era la primera…
Se aclaró la garganta y siguió diciendo:
—Aquí hay muchas especies de varios lugares, no sólo de Europa, también hay algunas de Asia y América. Claro, se escogen cuidadosamente, para que puedan vivir en este clima y ambiente y no sean rivales entre sí. No tienes idea de la planeación…
Y le siguió hablando, de varias historias de la Dominant, mientras se redirigían hacia las planicies, donde estaban los Galeses Verdes. En medio del camino, le enseñaba o indicaba lugares, territorios de fauna y especies que no se podían vislumbrar desde esa altura. Entre esos, le mostró una pequeña parcela de sauces boxeadores, siempre peleando entre sí, en un movimiento que los había hecho totalmente evitados por la fauna circundante. Iba a decirle eso, pero prefirió no ahondar más en el tema, porque el cabello de Nym se hizo de un color tan oscuro, casi negro, que le dijo que debía cambiar rápido la conversación.
Siguió más al oeste. Ahí, le enseñó algunas de las cuevas y le contó varias curiosidades de sus rocas con habilidades especiales y los Goblins que vivían en ellas. Pero eso no le clareó mucho el cabello, por más que parecía en verdad interesada.
Charlie buscaba en su mapa mental de la Dominant qué enseñarle a continuación, cuando una bandada de Ecos alados (pequeñas aves de color blanco con ribetes negros, parecidos a los pichones) pasaron cerca de ellos. Nym no les puso mayor atención, por eso Charlie decidió meterse en el camino de la bandada logrando que la misma, como un pedido de que se quitaran del camino, cantara en un coro muy melodioso e inteligentemente hecho, algo que parecía salido de gargantas humanas entrenadas por años para ese fin, en un dialecto desconocido, pero dulce. Al regresar Charlie donde Nym se sonrieron, mientras él miraba cómo su cabello se volvía amarillo.
Cuando le enseñó uno de los ríos ya estaban próximos a llegar donde los Galeses Verdes. Pero esa extensión enorme de agua de color entre verduzca y azul oscuro, muy honda y con una corriente tan suave que más bien parecía mar; merecía ser visto. El cabello de Nym se hizo de un verde oscuro, mientras lo veía maravillada y ensimismada. Luego, cambió a un color anaranjado al ver, cerca de una de sus largas y lisas orillas, a dos personas de agua subirse en unas rocas. Eran dos hembras, una unos años mayor que la otra que parecía empezar la pubertad.
Charlie apenas pudo oír el leve rumor de su Canto, pero aún así, creyó sentir un poco los efectos de sus voces mágicamente atrayentes y embargantes. Le hizo un ademán a Nym, diciéndole que se podía acercar un poco más e iniciando él mismo el camino. Ella lo siguió.
Según lo que entendía, la mayor le enseñaba a la menor. Las dos eran muy parecidas: piel blanca sonrosada, cabello acaramelado y colas de pez verdes brillantes (aunque de diferente tono). Eran algo robustas pero aún así, muy hermosas.
Según lo que le contara aquella experta en gente del agua, esa clase de enseñanzas rituales solían hacerse de progenitora a su hija. Los Cantos eran tratados con tanta reverencia y respeto por las familias de la Gente del Agua, que cada una tenía diferentes melodías y se podía saber, si eras un estudioso claro, al oír a alguna sirena de cuál población y familia pertenecía.
Sonrió, congratulándose por recordar eso aunque no fuera sobre su campo de especialización.
Iba a acercarse un poco más, mientras miraba a la madre, que cantaba embelesada ella misma con su voz y se volvió a Nym, listo para darle el detallado informe, cuando se dio cuenta de que ella lo miraba de una forma que no parecía halagüeña: los ojos entornados y el cabello de un color rojo que parecía peligroso.
—¿No están algo lejos de su hábitat natural? —le preguntó entonces, mientras mejoraba la expresión.
—Sí, pero esa familia de sirenas griegas necesitaban asilo, y ellas dijeron que podían vivir en agua dulce, por lo que, aquí están —le explicó, e iba a decirle la información, cuando la vio posar sus ojos en ellas, y preguntar como para sí misma:
—¿No debería ponerse algo de ropa para cuando salen del agua?
En medio de un instante de sorpresa, a Charlie se le ocurrió que antes lo había mirado de esa manera, porque no le gustó que viera a la madre cantar, cuando estaba desnuda. Como si Nym estuviera celosa.
—No. Están en su hábitat, mientras estén en su área y no le hagan daño a otras especies protegidas, pueden hacer lo que quieran…
—Mmmm… —dijo ella, como si pensara que eso no era suficiente para condonar la falta. Charlie la seguía viendo, sonriente y Nym se percató de eso—: ¿Qué?
—Nada —le respondió al instante, encogiendo un hombro y haciendo más ancha la sonrisa. Sin embargo, algo en sus ademanes, pareció hacerla entender lo que él estaba pensando.
Nym cambió de nuevo el color de su cabello, pero Charlie estuvo más consciente de su rubor y cómo no le pudo sostener la mirada mientras una sonrisa la asaltaba. No supo cuanto tiempo la estuvo mirando, hasta que ella tomó valor, subió la cabeza hacia el frente y dijo:
—¿No teníamos que ver a unos dragones?
—Sí, ¡Vamos a ver unos dragones! —le respondió e inició la marcha.
