IV
… Aún sentía ese terrible vacío en el cuerpo, casi como nauseas sin serlas del todo. El corazón agitado y el frío en la piel no lo ayudaban a tranquilizarse aunque ya estaban seguros, en la parcela algo inclinada y con el césped bien cortado frente a su cabaña.
Y Nym, yendo detrás de él con su parloteo, no lo mejoraba. En ese momento, necesitaba soledad, silencio, para poder tranquilizarse y no empeorar las cosas. Pero Nym insistía aún más en seguirlo, hablando sin detenerse y demandante, haciéndole cada vez más difícil el autocontrol.
Abrió la puerta de su casa, después de apenas susurrar el Alohomora, como si temiera que si abría más la boca, cualquier tontería saldría de ella. La puerta se abrió con demasiada fuerza, golpeándose en la pared del lado con un sonido que lo hizo tener un respingo y ser más consciente de su alrededor…
—… ¡Vamos, Charlie! —le llegó la voz de Nym al instante— ¡No fue para tanto! Sólo tuve que escapar de esa dragona y su fuego con la escoba y, cuando se puso difícil a la llegada del que debía ser su compañero, allí estuviste para ayudarme. Además, tú mismo dijiste que los Galeses Verdes comunes eran de los dragones más inofensivos.
"¡¿Inofensivos?" pensó él, mordiéndose los labios para no decirlo a gritos. Sintió los lados de su quijada palpitar cuando cerró tan fuerte la boca, que casi se molía los dientes al rechinarlos. "¡Estamos hablando de DRAGONES, por las barbas de Merlín!". Aunque hizo sus manos puños, se mandó a no mover los brazos, caminando hacia su alcoba.
Nym seguía hablando, con tono más serio y algo contrito:
—Está bien, lo admito. Ir a tratar de ver de cerca a uno de los cachorros, no fue lo más inteligente del mundo, aunque no se veía la madre cerca… Lo siento.
—¡No! —autocontrol, inutilizado. Charlie se volvió a ella y antes de darse cuenta, le estaba gritando para sacarse su frustración del cuerpo— ¡Eso no fue lo estúpido! ¡Lo estúpido fue que fueras a un territorio de dragones sin tu varita!
Nym frunció el ceño, tanto, que cuando abrió la boca, Charlie estuvo seguro que ella también le gritaría, pero no lo hizo:
—Creí que era seguro, como me invitaste y sabías que no podía hacer magia…
Y ahí estaba él, gritándole con aún más ahínco.
—¡Pero nunca me dijiste que te habían confiscado la varita! Por más que se suponía que no puedes hacer magia, cualquier ley deja que uno se defienda de los peligros de muerte con ella… ¡Por las Barbas de Merlín! ¡Si hubiera sabido, no te habría dejado ni salir de la cabaña!
—¿No me hubieras dejado? —repitió Nym.
Y otra vez, Charlie lo vio: el cabello rojo oscuro, los ojos gachos. Estaba enojada con él.
Prefirió encerrarse en su cuarto antes de abrir la boca de nuevo y empeorar la situación.
Se tiró a la cama a ver los árboles por la ventana, sus ramas y hojas movidas por el viento, como si danzaran acorde a la sinfonía del mundo. La mayoría de las veces, esa visión lograba tranquilizarlo, transportarlo a un estado de conciencia en que no pensaba en algo y podía pasar tanto cinco minutos como horas de esa manera.
Aún así, no lograba tranquilizarse del todo. Recordaba cómo Nym estuvo a pocos metros de dos dragones que le enviaban a la vez sus ráfagas de fuego. Si él no hubiera llegado, quién sabe cómo, apareciéndose junto a ella y tomándola rápidamente, desapareciendo y apareciendo a varios kilómetros de ahí, Nym habría muerto.
Y lo peor era que él lo había hecho inconscientemente, como si fuera el mismo niño de cinco años que achicó mágicamente la puerta de su habitación para correr al cuarto de sus padres, estando seguro de que había un espectro debajo de la cama… La rescató por puro milagro porque él, él, su cuerpo y su mente, se había quedado de piedra, sintiendo con toda su potencia esa sensación que no se le iba del todo, como una adrenalina oscura que lo hacía sentir terror.
-o-
Tonks se había quedado con la boca abierta y los brazos cruzados frente a la puerta cerrada y ominosa, la misma que había dado un gran golpe por la fuerza que había tenido Charlie al tirársela en la cara.
No entendía qué rayos había pasado.
Se paseó por la sala, sin importarle en nada tratar de tener cuidado con sus extremidades. ¿Si chocaba con algo y esto se rompía? ¡Qué importaba! Charlie sí tenía su varita y bien que debía saber usar el Reparo.
Tonks se dejó caer en un sillón, aún con los brazos cruzados y en medio de un bufido. Por una vez, no había chocado con nada. ¡Bah!... Tonks se mantuvo ahí, sentada muy erguida, rechinando los dientes y moviendo frenéticamente un pie.
Pero, después de varios minutos de airada indignación, se dijo que tal vez Charlie no merecía toda su furia. Al fin y al cabo, que le había salvado de, al menos, una buena chamuscada.
O eso entendía ella. Lo único que recordaba con claridad, es que estaba huyendo de la dragona, yendo hacia donde Charlie le había dicho que terminaba el territorio de la hembra, para que la dejara en paz. Sin embargo, en un momento creyó oír otro aleteo desde un lado y un grito del pelirrojo. Cuando se dio cuenta, sintió calor viniendo hacia ella desde dos frentes con unos poderosos rugidos de fondo, a la vez que el abrazo casi asfixiante, le rodeó el tronco desde atrás (uno de los brazos apretó la cintura, otro cruzó su pecho hacia un hombro), seguido de la inconfundible sensación de que la llevaban hacia una desaparición conjunta.
No supo en dónde había aparecido, porque cayó al suelo desde la altura de menos de un metro, después de que el abrazo la dejara a merced del frío y ella no siguiera ejerciendo el control de su escoba.
Estaba acomodándose para ponerse en pie, cuando una manaza le agarró de la muñeca y la levantó fácilmente. Después de ponerla en pie, Charlie había estado a la par de ella con la escoba bien agarrada en una mano, viendo al suelo y respirando con fuerza, en un movimiento que movía todo su fuerte torso.
Tonks se había quitado alguna suciedad de la ropa, mientras decía, con la voz algo insegura, llena aún de un desasosiego que poco a poco remitía:
—¡Uf! ¡Por poco! ¡Gracias por el rescate, Charlie! Muy Gryffindor de tu parte.
La metamorfomaga, sentada en la sala y recordando los hechos, se dijo que simplemente, había intentado tranquilizarse ella misma con la tonta broma. Y que Charlie reaccionó muy extraño ante ella…
Después del estúpido chiste, lo había vuelto a ver en busca de su complicidad en la mirada o su muy contagiosa sonrisa, empezando a dar una carcajada nerviosa. Pero se quedó muda. Cuando por fin Charlie se volvió, en su rostro lleno de pecas y, la gran mayoría de las veces muy afable, había una expresión de un apenas controlado enojo. Y la miraba como si ella fuera la culpable de eso, como si hubiera acabado de insultar a su familia o algo así.
Tonks le había preguntando qué le pasaba, y Charlie simplemente había tirado la escoba al suelo con fuerza y empezado a caminar hacia la casa. Tonks lo había seguido, después de recoger las escobas e insistiendo en hablarle, mientras él más se empecinaba en permanecer en silencio y huir de ella.
Luego, poco después de que ella dejara las escobas tiradas cerca de una pared, Charlie por fin se había vuelto a gritarle, para luego, tirarle la puerta en la cara.
Tonks, después de subir las piernas en la butaca para sentarse sobre ellas, trató de entender qué había hecho mal en todo el asunto. Y luego, se dijo que nada y se mandó a encogerse de hombros, darle lo que él tanto quería al parecer, (tiempo y espacio), y no acercarse ni a la puerta de su cuarto.
En un arrebato, alistó su equipaje como si se fuera a ir en seguida, pero no lo hizo, diciéndose que iba a esperar a que las cosas se calmaran y todo volviera a la normalidad. Luego, se rió: eso sí era extraño, había terminado varada en Rumanía, en una reserva mágica y en una cabaña donde, al pasar dos días con alguien, ya le parecía que había algo "normal" en ese estilo de vida. Dejó de reírse de sí misma y miró hacia la puerta. Ese deseo casi irrefrenable de arreglar las cosas con él, sí que no era normal.
Tonks se levantó del sofá y miró alrededor, como para buscar en qué entretenerse y pasar el tiempo hasta que las "cosas volvieran a la normalidad". Pensó en hacer el té para los dos; pero de repente se le ocurrió que tal vez había un poco de verdad en las bromas de Charlie sobre su temor de que ella entrara en su cocina, y desechó la idea. Finalmente, después de ocurrírsele avivar un poco el fuego casi extinto de la chimenea se dijo, más emocionada y alegre, que lo mejor era usar un poco de polvos Flu y pasar un buen tiempo hablando con Teddy de la "Dominant".
-o-
Lo que lo hizo despertarse de ese "no hacer algo, sólo mirar", fue la sorpresiva risa femenina que le llegó desde la sala, seguido de un torrente de palabras que no entendió, pero que eran alegres y divertidas.
Nym…
Charlie sonrió y se dio cuenta de nuevo de él mismo, y que se sentía muy bien.
Perezosamente, oyendo con concentración para no perderse nada de lo que ella dijera o alguna otra de sus carcajadas, miró su reloj de muñeca. Se dio cuenta, con gran sorpresa, de que había pasado poco más que una hora acostado, hasta que por fin el ver el mecer de los árboles había hecho su magia. Ya estaba tranquilo, ya podía salir a disculparse y comer algo, como le recordó su estómago con un retortijón.
Cuando salió, casi lo primero que vio fue la maleta de Nym cerca de la puerta, con su escoba voladora encima, como si la bruja estuviera a punto de irse.
Con algo de miedo y muy apenado miró hacia la chimenea, frente a la cual la mujer se había sentado con las piernas cruzadas y los brazos descansando en su regazo. Hablaba con la cabeza de su hijo, hecha de fuego, a pocos centímetros de ella.
Ella le estaba asintiendo y sonriendo, antes de hacerle una pregunta al pequeño.
Definitivamente, tenía que pedirle disculpas y lograr que no se fuera de la cabaña, al menos no enojada con él.
Fue hacia el lugar e iba a empezar a decirle algo, cuando lo asaltó una necesidad que hasta lo hizo parar en seco su camino. Las ganas de sentarse detrás de ella y abrazarla fueron tan grandes, que casi podía imaginar sentir en su pecho la espalda de Nym y en su abrazo, su cintura. O recordar… que ya la había abrazado.
Charlie se mandó a dejar de verla, pero no lo logró.
Las circunstancias no habían sido las mejores, pero al menos ya la había abrazado. Se tenía que reconocer que varias veces a lo largo de esos pocos días, había tenido ganas de simplemente tocarla… o no sólo simplemente tocarla, no al menos después de que en su mente se abriera la verdadera posibilidad de algo más, después de verla a ella celosa por la sirena.
O de creer que estaba celosa por la sirena.
Como fuera, que en ese momento debía dejar de pensar las posibilidades, y ponerle atención en lo que sea que le estuviera diciendo con una sonrisa:
—… ¡Que vengas! —ella se volvió a su niño, diciéndole con ahínco—. Ya verás que se parece en algo a George… —sin verlo, le hizo un ademán fuerte con la mano para que fuera donde ella—. Y él sabe muuuuucho más de lo que yo te estuve contando sobre este lugar.
—¿En serio? —la voz del niño estaba llena de entusiasmo.
Cuando Charlie estuvo junto a ella, Nym lo volvió a ver sonriente y luego palmeó al lado de la alfombra, invitándolo a sentarse. Él lo hizo y, cuando se acomodó, se dio cuenta de que había apoyado uno de sus antebrazos en el muslo de ella...
—Teddy, te presento a Charles Weasley, el mítico hermano mayor dragonalista de los Weasley —decía Nym, con un tono juguetón, como si fuera algún tipo de presentadora de circo y él, su mejor atracción.
… Él no quitó el brazo de su pierna, y ella no hizo ningún ademán de no querer tenerlo así, tan cerca, que sus costados se tocaban al estar sentados uno a la par del otro.
—Mucho gusto en conocerte, Teddy, el famoso metamorfomago de las narices de cerdo —lo saludó con efusividad.
Oyó la risa del niño y pudo ver, en medio de las llamaradas verdes que tenían la forma del rostro del pequeño, que en verdad su nariz se convirtió a una versión porcina, y empezó a gruñir con ella con algarabía. Nym y él le rieron la gracia.
-o-
—Tu niño es tremendamente despierto y curioso —le dijo Charlie, justo después de que terminaran de hablar con Teddy.
Ella asintió, con un aire orgulloso.
—Sí, lo es. Sacó mi energía y la inteligencia de su padre, lo cual es una mezcla perfecta para sacar canas verdes cuando quiere, pero es un niño… —parecía que no encontraba la palabra correcta, pero se decidió por—: es perfecto.
Lo dijo con amor en toda ella, en las palabras, en el tono, en la sonrisa y en la expresión de su cuerpo. Rosa chillón. El amor hacia su hijo en el cabello de Nym era de un rosa chillón y fuerte… ¿Cuál habría sido el color de pelo solo visto en toda su extensión por Remus Lupin? Ese, el del gran sentimiento cuyos restos aun estaba ahí y que parecía a veces ensombrecer a Nym cuando recordaba a su marido o algo que tuviera que ver con la batalla en Hogwarts.
Se imaginó que algo de los pensamientos y sentimientos sobre esa noche se dejó ver en su rostro, porque Nym lo miró con interés y preguntó:
—¿Pasa algo? —más seria aún.
Como si hubiera salido de un trance, Charlie negó con fuerza y la miró, ahí, tan cerca de ella aún, lo cual le hizo más difícil recordar qué podía decir por estar mirando sus labios.
Rápidamente, dio con lo más importante y pudo verla a los ojos con facilidad.
—Nym, lo siento… no debí gritarte. Es que en serio, estaba muy… agitado por lo del ataque de los dragones y ya sabes, me desquité tontamente.
La mirada de ella se suavizó y una leve sonrisa apenada se abrió en su boca, mientras le respondía con cierto nerviosismo:
—Yo lo siento también. Es verdad, ir al territorio de un dragón, acercarse a una cría y sin la varita, no fue lo más inteligente del mundo. Creo que me dejé llevar por la relajación que me hizo sentir el canto de las otras dos dragonas a sus crías…
Charlie estuvo a punto de decir algo así como "te lo dije", pero no lo hizo. Nym lo miraba de cierta forma que… no quería embromarla. No quería decir algo que terminara o arruinara el momento. Y temió haberlo hecho con su silencio, porque ella le quitó la mirada, se sonrojó un poco, sonriéndose de cierta manera que a él le pareció encantador, pero que le decía que ella estaba de cierta forma… ¿avergonzada, tal vez?
—Charlie… ¿puedo…? —él le hizo un ademán amistoso, preguntándole: "¿puedo qué?", pero ella no le respondió, simplemente se dijo—: ¡Oh! ¿Qué diantres?
Y lo abrazó. Sus brazos rodeando su torso a la altura de las costillas, la cabeza por encima de su hombro. Sí, un abrazo. Uno que lo hizo sentir tan cómodo y sutilmente feliz, que se lo contestó al instante, tratando de que sus fuertes brazos fueran eco de la acaricia que eran los de ella en su espalda.
No sabía qué era lo que quería hacer Nym, cuál era la idea que necesitaba de su permiso; pero en ese momento, sintiendo esa emoción y sensación tan placentera, estaba seguro que lo que fuera, él simplemente diría "sí".
Nym subió la cabeza de su hombro y le dio un sonoro beso en la mejilla. Luego lo soltó… Charlie sintió un golpe de frío que lo dejó en estado como de aturdimiento. No entendía lo que pasaba, porqué lo abrazó y lo soltó, y estaba muy contrariado con que el abrazo no estuviera ahí, en su cuerpo, como para siquiera intentar buscar respuestas.
Le costó concentrarse en lo que ella le estaba diciendo sin mirarlo:
—… por lo que gracias, y te diría que fue muy Gryffindor de tu parte, pero la última vez que lo intenté… —se rascó detrás de la oreja, como si necesitara hacer algo más que hablar rápido y nerviosamente.
Fue cuando Charlie sintió que su cerebro por fin volvía a conectarse, y entendió que le había agradecido. Muy bonita forma de agradecer, se dijo con una sonrisa.
Mirarla mientras parecía no saber qué hacer con ella misma, le hizo sentir ganas de volverla a tener en los brazos pero, en vez de eso, le agarró una muñeca de improviso y se levantó, haciendo que ella lo siguiera en el movimiento.
—Ayer dijiste que hacías un excelente puré de papas, y me gustaría que me enseñaras la receta.
En otras condiciones, Charlie creía que Nym habría hecho algún comentario en broma sobre el asunto; pero se dio cuenta de que estaba tan concentrada en no verlo (o en ver el pecho de él), que parecía no ocurrírsele nada para decir. Estaban tan cerca que Charlie se juró, podía sentir el calor corporal de ella en él aún entre sus ropas. Al darse cuenta de que aún no le había soltado la muñeca, hizo uso de ese contacto para jalarla hacia la cocina, caminando de medio lado, para no dejar de verla.
—Tú has el puré, yo haré el acompañamiento.
—No se vale —por fin había dicho ella—. Tienes la magia de tu lado.
Charlie se encogió de hombros.
—Nym, esto no es una competencia y, además: ¿Acaso te crees que no puedo cocinar a lo muggle?
—¿Qué decías de que no se trataba de una competencia?
-o-
Y no, los siguientes minutos en la cocina no se trataron de una competencia, pero había algo ahí, de eso ellos no tenían duda. Aunque a simple vista parecía que sólo eran dos personas en la misma cocina algo pequeña, tratando de cocinar a la vez sus platillos, Charlie y Tonks sentían que no se trataba del cocinar en sí.
Sus cuerpos parecían moverse con la intención de estar, de alguna forma, inmersos en el otro. Más bien era una danza, una coreografía natural de movimientos suaves pero, a la vez, intensos.
Cada vez que él se movía a su alrededor y su mano pasaba por el lado de su cadera o su brazo… El presentir el movimiento del otro tan cerca, y apenas tener conciencia del contacto, pero llegando a la vez hasta su piel para calentarla y de ahí a más, más adentro…
Y además de esa parte puramente de sensación, estaba lo demás. Simplemente, los dos estaban muy bien a la par del otro. Las miradas, las sonrisas, la conversación. Ese calor en el cuerpo de comodidad y seguridad, y un secreto deseo de más… El que pasaran ingredientes, se dijeran algo sobre el otro plato, acercarse para ver, oler, probar algo que estaba preparando el otro…
Estaban flirteando. Así de simple. Los dos lo sabían y, aunque en algún momento Tonks temió cortarse el dedo (cuando Charlie prácticamente la aprisionó con su cuerpo por detrás, cuando intentó conseguirse algún polvo de una encimera) por la sensación que su cercanía estaba teniendo en ella; la verdad era que, de alguna forma, su cerebro había desconectado.
Estaba ahí en Rumanía, haciendo su famoso puré de papas y flirteando con Charlie Weasley en una cabaña alejada de la civilización. Y le encantaba. Tanto que no sólo su cuerpo deseaba llegar a más, en su mente también estaba esa idea. Era como si no recordara quién era ella y su historia y simplemente, fuera la que era estando en esa cabaña con él.
Cuando la comida estuvo lista se dieron cuenta, al ver por la ventana, de que era más noche que día. Allá, detrás de las montañas verdes y nevadas, el cielo de un color azul era más oscuro, estrellado, inmenso y maravilloso de lo que se hubiera dado cuenta en otras noches. Adentro, la luz amarillenta de la chimenea era lo único que no dejaba en oscuridad el lugar, lo suficiente para que ellos hubieran podido servirse los platos e ir hacia la mesa baja de la sala.
Charlie estuvo apunto de sentarse de lado a ella en el piso alfombrado, cuando se puso de nuevo en pie.
—Mi madre me envió hace unas semanas… —no terminó de decírselo, pero se fue hacia su alacena, de donde salió con una botella prácticamente llena con un líquido café a la luz de la hoguera— Espero que te guste el vino de sauco a la Weasley.
Nym asintió con brío.
—¿Vino hecho por Molly? ¡Claro!
A la luz de la hoguera, con un vino, comida, excelente compañía… ¿Acaso la cena podía ser mejor?
No lo sabría entonces… pero la situación sí fue mucho mejor.
Charlie usó el lumos después de sacar la varita de su pantalón, y buscó en sus encimeras de madera lo que buscaba. Tonks lo miraba, deleitándose en saber que pronto él, con su fuerte presencia de cuerpo y su personalidad cálida, estaría junto a ella.
Cuando Charlie se sentó a su lado, sonriéndole a la poca luz amarillenta, Tonks lo vio poner las copas en sus lugares y abrir el vino con un hechizo. Cuando él atrapó el corcho con una mano, Tonks tuvo el impulso de tomarlo, simplemente para tener una excusa de sentir la piel áspera de las manos de Charlie. Lo hizo, pero quedó con ganas de más. ¡Merlín! ¡Como quería sentir su piel, más de su piel!
Como Tonks se había quedado con el corcho en la mano, sin apartarla de la palma de él, Charlie se lo dio después de cubrir con su manaza la de ella por un segundo. Se sonrieron a la luz amarillenta de la hoguera y, luego, él se puso a servir las dos copas. Finalmente, con un aire casual, movió un poco su copa mientras la acercaba a ella, como su rostro.
Tonks no supo qué le dijo, pero imaginó que quería que lo oliera. Ella lo hizo, sin embargo, lo que llegó a ella fue ese aroma que antes había inundado su nariz cuando lo abrazara: la colonia de él junto a su olor natural.
Y simplemente, lo besó. Primero fue una caricia en la boca, como si hubiera esperado para lo que sucedió: él le respondió… luego, las cosas fluyeron de una forma tan cómoda y natural que fue enorme y precioso.
El calor venía desde dentro de sus cuerpos y los rodeó totalmente. Probaron cada vez más de sus pieles, tocaron y sintieron más y más del otro. Cuando empezaron a quitarse la ropa, no hubo segundos pensamientos, no hubo críticas, no hubo conciencias que le dijeran que se detuvieran. Cada uno vio en el otro, y sintió en la boca, y en sus caricias, que estaba bien y que debían seguir.
—Ven —fue lo que le dijo él con una voz gruesa desde su pecho, y acariciando su rostro con su aliento.
Ya antes se había dicho cosas, preguntándose con casi monosílabos qué le gustaba, qué quería, si estaba bien cierta caricia… o se habían dicho simplemente que siguieran. Pero esa palabra, esa sola palabra mientras se levantaba y la hacía levantarse al seguir teniéndola abrazada, la hizo sentir no solo deseada…
Tonks se mandó a oler el cuerpo de Charlie, oír su pulso, acariciarlo con su respiración y la boca y la lengua y los besos de su pecho al cuello mientras iban al cuarto, dejándose guiar por sus pasos y las manos ásperas que le acariciaban la espalda y exaltaban su calor... Quería hundirse en lo que hace años que no sentía ni vivía su cuerpo, no en lo que había querido oír su alma.
Así fue. Llegó a ser más de lo que esperaba, mucho más. No solo el placer al que llegó, la forma en que los dos se daban al otro y recibían con una naturalidad, necesidad y calidez sin paragón; sino que después de terminar, él se quedara de lado a ella y la siguiera acariciando y besando de esa forma tan suave y dulce que parecía casi como si le estuviera rindiendo culto.
Eso fue más y, al pensar eso, cuando él se durmió con un brazo protector aún en su estómago, poco a poco Tonks volvió a ser ella misma y se sintió ahogarse. Por varios minutos intentó poder tranquilizarse, diciéndose que no era nada, que se inventaba cosas. Pero no, estaba segura de que ella no era capaz de sólo tener sexo, y que si fuera, lo que había pasado entre ellos dos no era sólo sexo.
Sintiendo como si estuviera a punto de tener nauseas o de gritar, tuvo que quitarse el brazo de Charlie de su cuerpo y levantarse, buscar sus ropas y… No podía de nuevo dejarse sentir de esa manera. No después de que ese sentimiento fuera el que le dio el dolor más grande de su vida, cuando vio el cuerpo de Remus al final de la batalla de Hogwarts. No, no… no estaba lista para corresponder a lo que sentía que venía desde Charlie, ese más que sobraba, que no era sólo sexo o amistad.
Se fue rápidamente a la posada de la Sat y de ahí, apenas cuando amaneció, a la estación de los aurores rumanos para que le dijeran qué hacer y donde quedarse mientras la necesitaran. Agradeció que la despacharan del lugar antes de ese atardecer de lunes, aunque lo hubieran hecho después de adjudicarse ellos la aprensión de aquel medimago que hizo experimentos con bebés muggles.
Tonks no quiso decirse de nuevo que ya que ella podía vérselas con esa clase de personas, también podía ir donde Charlie y hablar y despedirse de una forma más civilizada. No quería decírselo, porque ella no era una Gryffindor, y, de alguna forma, el solo pensar en verlo de nuevo, le hacía perder el ritmo de la respiración por el miedo.
