-¡MALDITOS SANGRE SUCIA INMUNDA, CÓMO SE ATREVEN A ENTRAR A LA NOBLE Y ANCESTRAL CASA DE LOS BLACK...!
-¡TONKS!-gritaron al unísono Sirius y la Sra Weasley. -¡Deberáan correr este maldito paragüero de aquí, rayos!-se excusó ella.
Desde un cuadro, la madre de Sirius vociferaba a los miembros de la Órden del Fénix. Sirius, Molly Weasley y Tonks, con mucho esfuerzo, cerraron la cortina que encerraba a la pintura, las cuales la mantenían callada, o al menos impedían que sus barbáricos gritos molestasen a la gente. Tonks siguió disculpándose hasta llegar al comedor, donde encontró a Lupin.
-Hola Remus.-dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Él la observo, y se sorprendió. En vez de llevar el cabello corto de color rosa chicle, lo que la distinguía y la diferenciaba de los demás, llevaba el pelo largo hasta la mitad de la espalda, de un color castaño oscuro. "Este cambio le sienta bien", pensó Lupin. De repente, pensó en lo que había dicho. Era una tontería, ¿o no? Consideró un poco más su pensamiento y lo admitió: sí le sentaba bien el pelo largo. "Debe dejar de ser una niña", pensó el profesor y auror Lupin, correcto, viejo y respetable. "Se ve realmente atractiva", pensó el Remus, en voz baja en su cabeza, como sin querer que Remus Lupin lo escuchara.
-Hola Tonks.-dijo él.-Veo que tienes un cambio de estilo.
-Si.-dijo ella, con una sonrisa aún más grande.-El rosa me estaba hartando, demasiado estridente, pensé en algo que... atrapara, por así decirlo, algo que llamase la atención pero que la gente no me señale por la calle.
"Lo lograste" pensó Remus. Lupin se sacudió para sacar aquellas ideas de su mente, pero fue bastante inútil. Los ojos de Tonks estaban clavados en él, aparentemente preguntándose qué le ocurría, o por qué estaba tan extraño.
-Te queda bien...-dijo Lupin, mordiéndose la lengua, no porque quisiese decir algo más sino porque sus pensamientos debían concentrarse en el dolor, y no en el ondulado cabello de Tonks que lo llamaba.
-Eso pensé, aunque Molly lo ve un poco largo. Me gusta así, incluso despeinado también se vería bien.-dijo ella. Se sentó, y mirando un costado pícaramente, hizo que su cabello pareciera un poco despeinado.
-Puedes apostarlo.-dijo él con una sonrisa.
Tonks le sonrió. Lupin estaba más ido que de costumbre. ¿Era algo que ella había hecho? ¿Lo estaba poniendo incómodo? Ella no podía pensar una razón por la cual podría estar poniéndolo incómodo, pero simplemente eso parecía. Tal vez a él le desagradaba su cambio de estilo y no quería decírselo. Pero un detalle así no lo afectaría tanto. ¿Debía preguntarle directamente qué lo tenía tan afligido? Había pasado una grata noche con él el otro día. Era un hombre muy interesante, era entretenido hablar con él, aunque pareciese más viejo de lo que era: mientras él disfrutaba de la mitad de sus treinta, su aspecto y su actitud denotaban un hombre de medio siglo. Efectos de transformarse una vez por mes, pensó Tonks. Y claro, él al fin y al cabo era un hombre normal, pero nadie comprendía eso: todo eso lo debía haber llevado a sentirse menos de lo que era. Igualmente, quería preguntarle a Lupin qué lo tenía preocupado.
-Remus...-dijo ella.
Él se sobresaltó por la cálida forma en la que le habló Tonks. Su corazón latió fuerte, ¿qué le iba a decir?
-¿...te ocurre algo?
Él dejó salir el aire de sus pulmones y la observó. Ella estaba seria mirándolo, enserio quería saber qué la pasaba. Su cabeza maquinó y maquinó una respuesta durante varios segundos. Él, mientras, suspiró. No podía decirle que estaba pensando en ella, era estúpido, fuera de lugar e innecesario. Tampoco se lo diría, esa no era su idea.
-Estoy preocupado por las ideas de Sirius de salir de aquí...-dijo él. No sonó convincente, pero ella lo creyó. Ella miró a un costado.
-¿Sabes qué? Entiendo perfectamente a Sirius, debería ser una mierda quedarte aquí si odiaste tanto a tus padres. Yo conocí a los Black, porque aunque mi madre ignoró su sangre Black, viví escuchando las andanzas de mis tías y sus familias. No me parecería grato vivir aquí, ya me da escalofríos entrar aquí y permanecer mucho tiempo, siento que esa "noble y ancestral familia" nada más se enorgullece de haberse bañado en la sangre de muggles y mestizos. Sobre todo la madre de Sirius... eran personas muy cerradas, yo que él odiaría vivir aquí.-e hizo una pausa. Remus no dijo nada, pensaba exactamente lo mismo, entendía a Sirius. Ella tragó saliva. Tenía una pequeña idea rondando en la cabeza desde la primera vez que Sirius dijo de escapar, pero claramente nadie la iba a escuchar si lo decía, sobre todo porque apoyaba en cierto modo a Sirius en su afán de estar libre, ya que no lo vigilarían todo el tiempo. Pero tenía confianza con Remus, y pensó que podía comunicarle la idea-¿Por qué no mudan a Sirius? Podrían preparar bien la operación para evitar fallos, pero al menos así Sirius no sufriría aquí... tal vez encerrado en otro lado, pero al menos no en la casa que tanto odió, y que anteriormente ya fue su prisión.
Remus ya había considerado esa posibilidad, pero claro que no se la contó a nadie. Le sorprendió que Tonks pensase lo mismo que él. Pero, al fin y al cabo, pensó él, él seguía teniendo 17 años para Sirius, por lo tanto cualquier idea descabellada podía pasar por su mente, y por eso él comprendió que Tonks también lo pensara: las ideas descabelladas estaban en el límite de lo posible para los jóvenes soñadores de veintitantos, aunque no para los ya desilusionados hombres camino a sus cuarenta.
-Tal vez no sea tan mala idea.-dijo él, sonriendo. Ella le mostró una sonrisa de oreja a oreja, y su cabello cambió de color a un castaño bastante más claro, casi rubio.
-Me alegro que te guste la idea, Remus. Me gusta poder ayudar, y ser al menos útil aportando una idea.-dijo, y puso su mano sobre la de él. Él se sobresaltó, y rápidamente quitó la mano. ¿Qué acababa de hacer? se preguntaba ella. ¿Qué acababa de hacer ella? se preguntó él. "Un gesto de amistad, cariño, comprensión", pensaron los dos, siendo racionales, tratando de ser realistas.
-Tú siempre puedes ser útil, Nymphadora.-dijo él, tratando de soslayar aquel gesto frío que acababa de tener. Pero, de repente, a él le sorprendió su cambio de actitud.
-¡No me digas Nymphadora!-le gritó ella. Su cabello se tornó rojo oscuro y ella frunció el ceño, y lo miró fijamente esperando una disculpa. Él se tropezaba con su lengua y no podía atinar a decir nada.
-Perdón Tonks, no pensé que te molestase.-se disculpó él. Ella se calmó un poco, aunque él había escuchado que a ella le molestaba eso.-Escuché que te decían así...
-Sí, pero me molesta en demasía.-le refutó ella. Él, por otro lado, se sintió aliviado por aquel gesto hostil de parte de ella, el cual lo tranquilizaba y le confirmaba un poco más que aquel roce de manos había sido algo afectuoso y amigable, nada más. De repente, el pelo de Tonks se aclaró y pasó a un tono rojo tomate. Lupin le sonrió, y ella se dio cuenta.
-Sí, suele hacer eso, también cambia según mi humor. Perdón si me enojé, o te he contestado mal, si te hubiesen puesto un nombre tan horrible...-dijo Tonks.-sabrías lo que es. ¿Te imaginas llamarte Harfang?
Él simplemente escuchando el nombre rió estruendosamente. Ella se alegró de haberlo hecho reír... ¡hacía tanto que no veía cómo se reía! Tiró su cabeza para atrás mientras lanzaba una carcajada, y así su cabello se revolvió mientras volvía a su lugar. Ella se sintió feliz de hacerlo reír, de alegrarlo un momento, viéndolo todo el tiempo tan triste y melancólico. ¿Por qué Lupin le llamaba tanto la atención? ¿Era su aspecto lúgubre y depresivo el que la llamaba a tratar de contagiar un poquito de esa alegría que ella tenía en su interior, para que ese personaje con el corazón marchito volviese a mostrar algo de sonrisas, más allá de mostrar su vitalidad luchando con mortífagos? Definitivamente, Tonks tenía un tipo de interés por Remus Lupin. Nada romántico, sino un interés amistoso y cálido... quería brindarle afecto, quería levantar su vida de los escombros para mostrarle que no todo debe ser gris. Que no debe quedarse en los índices de la sociedad, que le dicen que él es un monstruo peligroso: ella quería enseñarle a rebelarse contra la sociedad, enseñarle a descontracturarse un poco luego de todo lo que había sufrido. Porque, al fin y al cabo, las risas nunca sobran, y menos para un hombre como él que tanto ha sufrido.
-No... los Black nunca tuvieron buen tino para los nombres, ¡pero agradece que no te llamas Walburga!-dijo Lupin riendo.
Tonks rió muy fuerte y su cabello se puso rojo más claro. En ese mismo instante, Lupin recordó a otra muchacha de pelo rojizo. Otra muchacha que también reía mostrando su sonrisa, y se divertía con las bromas de los demás. Una muchacha de pelo largo, casi interminable, el cual caía a lo largo de su espalda. Una muchacha cuyos ojos verdes eran la envidia de cualquiera, y hombre que los miraba caía atrapado a sus pies.
