"Nymphadora Tonks no deja de ser Nymphadora Tonks. Podía ser influenciada por mucha gente, pero Tonks seguía siendo la torpe niña a la cual le gusta hacer cosas raras con su cabello y su nariz. Tonks, aunque lo niegue, no es más que una niña, le fue difícil convencer a la Orden de que la dejara entrar, es muy joven como para formar parte de nuestras filas. Pero por respeto a su madre y al joven espíritu valiente de Nymphadora, la dejaron entrar. Pero ella es infantil, no se adaptará a las batallas que libra la Orden del Fénix. Esta será una masacre, Nymphadora Tonks sucumbirá en esta guerra fría."

Eso pensaba Remus Lupin mientras caminaba por las inhóspitas calles de Londres. Se había desaparecido de Grimmauld Place desde hacía una hora, y le gustaba disfrutar de un paseo nocturno las noches que no había luna llena. Él era un hombre corrompido por su cualidad, luego de tantos años el lobo había ganado espacio en su corazón. No importaba que el lobo fuese una parte completamente distinta a él, no importa cuánto tratase de convencerse de que él no era malo: él sabía que era un monstruo, lo tenía asumido, y nadie lo haría cambiar de opinión.

FLASH BACK

-Remus, no tienes por qué hacer esto.-dijo el anciano de barba plateada. El licántropo alzó la vista y pudo ver una mirada de tristeza en los ojos del viejo director.

-Sí tengo que hacerlo, soy peligroso, para los alumnos, para todos aquí. Además seguramente alguien correrá la voz y los padres me querrán fuera de aquí.-dijo Lupin, con un tono lastimero. No porque quisiese darle pena a Dumbledore, sino porque le dolía en el alma tener que dejar el colegio que tanto amaba. Por otro lado, claro que la sangre le hervía de pensar que gente como Lucius Malfoy se quejaría y haría tal escándalo que podría presentar una demanda no solo contra mí sino contra Dumbledore. El afán de ese arrogante hacía que simplemente quisiese matarlo.

-Tienes razón, los padres no comprenden que un hombre lobo no es peligroso sino en las noches de luna llena: además, los alumnos comenzarán a decir cosas como "El Profesor Lupin me mordió el cuello mientras salía del salón", simplemente para llamar la atención.-dijo Dumbledore dedicándole una cálida sonrisa a su colega.-Pero me ha llamado la atención que hayas dicho "peligroso". Creo que subestimas la capacidad que tienes tú mismo de controlar al animal en tu interior.-Hizo una pausa y Lupin lo miró a los ojos.-Remus, antes de ser un hombre lobo, eres un hombre. Eres un ser humano, no te creas igual que Grayback: tú no matas por placer, tú no disfrutas de tu condición de hombre lobo. Tú sabes bien que puedes controlarte: yendo a la Casa de los Gritos puedes mantenerte al márgen en las noches de luna llena.-

-Albus, no importa cuanta capacidad tenga mi "yo humano" para controlar la bestia dentro de mí: ella siempre será mas fuerte en cuanto salga la luna. Claro que hasta ese momento puedo buscar la forma de aminorar los daños antes de convertirme, pero la bestia sigue siendo parte de mí y sigo sin poder controlarla en lo más mínimo. Soy una amenaza.-refutó Lupin.

-Querido Lupin, la diferencia entre tú y Greyback radica en su condición de presentarse humanos, y en su intención de comportarse como tales. Greyback es una bestia, tú, mi querido amigo, no lo eres. Te he visto desde que ocupabas un lugar en el Gran Salón de Hogwarts, y eres un ser humano. Un ser humano con una cualidad especial, que te hace diferente, sí, pero no menos humano.-sostuvo Dumbledore.

-Profesor Dumbledore, soy peligroso para los estudiantes, soy peligroso para todos a mi alrededor. Si no tengo la capacidad de encerrarme y mantenerme alejado, podría matar a cualquiera. No puede negarme que hay una bestia dentro de mí carcomiendo aquello humano que me queda. ¿Que garantías tiene de que no me convertiré en alguien como Greyback? Yo confío en mí mismo, pero no quiero que usted u otra gente confíe en mí si puedo llegar a defraudarlos y atacarlos cuando no sepa quien soy...

Tomó el respaldo de una de las sillas y se sostuvo sobre él, parecía que fuese a desmayarse.

-Remus, respeto tu decisión.-dijo en un hilo de voz Dumbledore. Junto con su quebrada voz, salió un suspiro.-Deberías saber que tienes mi apoyo incondicional, y si bien los alumnos de Hogwarts para mí son la prioridad para el mundo mágico, yo te apoyaría si una noche de luna llena te presentas en la mansión Malfoy.-esbozó una sonrisa, como si hubiese leído los pensamientos de Lupin, el cual también le sonrió al director.-Podría decir que estabas aquí compartiendo un exquisito té con brandy.-hizo una pausa.-Cuentas con mi apoyo: eres el mejor profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, y dado mi preocupación por los estudiantes deberías notar la confianza que tuve puesta en tí para mandarte a enserñar. Pero si esta es tu decisión, la respeto, y aunque te dejo ir con mucha tristeza como quien pierde algo valioso, te deseo lo mejor.-dijo Dumbledore con una sonrisa.

Lupin se repuso, se acomodo el pelo y suspiró con tristeza.

-Extrañaré Hogwarts.-dijo, mirando el despacho una última vez.

-Lo sé.-dijo Dumbledore, acercándose a Fawkes y acariciándolo. El fénix estaba en sus primeros días de vida, era hermoso ver un espectáculo así. Sin decir una palabra más, el licántropo cruzó la puerta del despacho del anciano director, para no retornar más allí.

FIN FLASH BACK

No importaba cuanta gente se empecinase en convencerlo de que no era peligroso: él era una amenaza, era una bestia incontrolable que podría hacer el mal sin mirar a quién. Era un animal simplemente, la condición de humano se perdía en cuanto salía la luna. Convertido, no había nada de humano en él, como tampoco nada digno de vida. No importa lo que le dijesen, él no podía relacionarse afectuosamente con nadie: cualquiera que le tomase cariño sufriría, por eso quiso mantenerse al margen de cualquier tipo de relación amistosa o amorosa con alguien, a excepción de Sirius, el cual lo conocía desde que tenían 11 años y había acompañado cada transformación de humano a lobo y de lobo a humano por años, como el negro perro en el que se convertía.

Lo que daría por matar a Greyback en ese instante... no había noche que no lo pensase. No había ningún mal en matar a Greyback: se impedirían muertes de inocentes y se le daría fin a la vida de ese animal. Pero Dumbledore sostuvo terminantemente que la parte humana que Lupin tenía y que Greyback no, radicaba en que Greyback era capaz de asesinar conscientemente: Remus no debía serlo, para conservar aquellos vestigios de humanidad que, según él mismo, eran los últimos que le quedaban.

Por más esfuerzos que hubiese puesto Dumbledore, Lupin nunca se convencería a sí mismo que podía ser bueno para el mundo mágico. Aquel rencor que le habían demostrado toda su vida luego de cada luna llena lo había marcado de por vida: se terminó convenciendo a sí mismo de que había más bestia que humano dentro suyo. Estaba destinado a mantenerse al márgen de cualquier tipo de afecto: cuanto más afecto le tomase a alguien, más lo haría sufrir, y más alejado de él debería mantenerse. Lupin llegó a su departamento, abrió la puerta como cualquier muggle. Al llegar al 5to piso, miró la pared. Las machas de humedad habían hecho estragos, provocando que la pared pareciese un mapa físico. Lupin extendió la mano hacia la pared, susurró algo incomprensible, y agarró el picaporte. Éste, al ser tocado, dejó de ser invisible y retornó a su color dorado gastado original. Una puerta se presentó ante él. Él la abrió sin prisa y entró. La puerta volvió a desvanecerse, así como había aparecido.
Remus le echó una ojeada a su apartamento. Era un lugar acogedor, de todos los que había ocupado ése era el más cálido y acogedor. Se sentía cómodo en él; aunque le gustase el aire fresco de la calle, era un placer estar allí y pasar el rato. El licántropo se sentó en el sillón y tiró la cabeza para atrás. Se relajó, trató de ordenar sus pensamientos. Sirius le había dicho que estaba bien, aunque Sirius no entendía que se refería a él y a Tonks... ¿o si? El último comentario que pensó escuchar de Sirius delató que su amigo Canuto sabía que se trataba de él.

A cada momento, Nymphadora le parecía un especimen más interesante. Su forma de hablar, su forma de actuar, todo era propio de casi una adolescente, pero eso no quitaba el hecho de que era brillante, tal como su madre, una gran bruja... Pero claro, todo eso no quería decir que pudiese luchar con el hecho de que él era un hombre lobo: a ella no le convenía, era claro que él sería una carga para cualquiera, además de ser una amenaza. ¿Podría una adulta casi con mente de niña llevar todo eso en su espalda? Era claro que no, o al menos eso pensaba.
¿Lupin había errado en su impresión de Tonks? Él pensaba que la joven era una chiquilla nada más, pero tal vez había algo más que eso. Tal vez era más que una niñita que adoraba cambiar su cabello de color y hacer que su nariz fuera graciosa. Tal vez, solo tal vez, vestigios de un adulto se comenzaban a ver en Nymphadora Tonks... ¿estaba Lupin errado en aquello?