Lupin no importaba en ese momento. Claro que estaba destruido en su interior, claro que había perdido una de las razones que tenía para vivir. Pero ese no era el momento para derrumbarse, llorar y maldecir al mundo. Era el momento para seguir la lucha en la que sus amigos habían muerto.
Cita
—¡Vamos, tú sabes hacerlo mejor! —le gritó Sirius, y su voz resonó por la enorme y tenebrosa habitación. El segundo haz le acertó de lleno en el pecho. Él no había dejado de reír del todo, pero abrió mucho los ojos, sorprendido.
Dio la impresión de que Sirius tardaba una eternidad en caer: su cuerpo se curvó describiendo un majestuoso círculo, y en su caída hacia atrás atravesó el raído velo que colgaba del arco. Entonces Harry oyó el grito de triunfo de Bellatrix Lestrange, pero pensó que no significaba nada: Sirius sólo había caído a través del arco y aparecería al otro lado en cuestión de segundos...
Sin embargo, Sirius no reapareció.
—¡SIRIUS! —gritó Harry—. ¡SIRIUS!
Lupin lo rodeó con los brazos y lo retuvo.
—No puedes hacer nada, Harry...
—¡Vamos a buscarlo, tenemos que ayudarlo, sólo ha caído al otro lado del arco!
—Es demasiado tarde, Harry.
—No, todavía podemos alcanzarlo... —Harry luchó con todas sus fuerzas, pero Lupin no lo soltaba.
—No puedes hacer nada, Harry, nada. Se ha ido.
—¡No se ha ido! —bramó Harry.-¡SIRIUS! —gritó—. ¡SIRIUS!
—No puede volver, Harry —insistió Lupin; la voz se le quebraba mientras intentaba retener al chico—. No puede volver, porque está m...
—¡NO ESTÁ MUERTO! —rugió Harry—. ¡SIRIUS!
Fin de la cita.
Remus miró a su alrededor, ya casi no había gente peleando. Neville ya podía pararse en sus pies, pero salió disparado para recorrer los otros cuartos, para saber dónde estaban Hermione y Ron. Pronto los encontró, Hermione saliendo de su letargo y Ron luchando con el cerebro. Se deshizo de éste ultimo rápidamente y ayudó a los dos a salir, y retornó al auditorio. Vió que Kingsley se llevaba a los mortífagos derrotados, mientras Ojoloco torturaba al que él había atrapado. Sólo quedaba Tonks sin hacer nada, sentada en una de las gradas con la cabeza gacha. Lupin se le fue acercando lentamente. Sus pasos retumbaban por todo el auditorio, asique no tuvo que pasar mucho para que ella levantase la cabeza. Ni siquiera le sonrió como hacía aún en los momentos tristes: ni siquiera trató de ocultar que le dolía en el alma.
-Es curioso que no lo haya llegado a conocer tanto como me gustaría... siendo mi madre su prima favorita.-dijo ella. Lupin se sentó a su lado y le frotó el hombro en señal de afecto.
-Él hubiera querido conocerte mejor, sólo que siendo un prófugo de la justicia... Era difícil visitar a su prima.-dijo Lupin sonriendo. Los dos se quedaron embobados mirando el velo agitándose. Ambos escuchaban las voces, pero ninguno decía nada. En Lupin comenzó a nacer un sentimiento de angustia y depresion infinitas. Vacío, estaba creciendo un vacío dentro de él, mientras caía en todo lo que había ocurrido. Al fin y al cabo, era el primer momento que estaba tranquilo y podía reflexionar lo que había pasado: el único amigo que le quedaba había muerto. Tonks rompió el silencio.
-Lo más triste de todo es que estuvo hasta el último de sus días encerrado en la casa que tanto odiaba... y salió casi sólamente para morir.-dijo ella.
Escuchó lo que había dicho y se enfureció. Soltó el hombro de Tonks y se agarró la cabeza con las manos. Sentado, con los codos sobre las rodillas, agachado, tratando de controlar su ira, su furia interna. No podía pararla, habían matado al segundo Merodeador, habían matado a su último mejor amigo. No podía vivir con eso. No podría, no quería seguir. Ya no tenía nadie en quien apoyarse. Ya no tenía a nadie.
Remus Lupin dejó, por primera vez en su vida desde que James había muerto, que una lágrima se deslizase por su rostro, tocando levemente su bigote para ir a estrellarse contra el piso. No podía soportarlo más, estaba desesperado. Canuto y Cornamenta se habían ido. Siguió permitiendo que las lágrimas surgieran, ¿qué importaba ya lo demás? Se daría el lujo de llorar por su mejor amigo Sirius, que acababa de dejarlo solo, sin intención, pero lo había dejado ahora solo.
-Remus, no...-dijo Tonks poniendo su brazo sobre los hombros del licántropo, a modo de abrazo.-Por favor... debes ser fuerte. Tú mismo lo dijiste. Sirius no querría que estés aquí llorando por él, Sirius te querría dispuesto y listo para seguir pateando traseros de mortífagos, para ayudar a Harry a luchar contra Voldemort. Sirius no querría que te detuvieses ni un segundo a apenarte por su muerte. Él preferiría que lo honres siguiendo aquello en lo que murió luchando.-Él levantó la vista, y ella le sonrió. Lupin lo reflexionó un segundo, sin sacar las manos de su cabeza, pero no desistió. Se sentía debil, indefenso, se sentía herido en el alma, y por eso, sin miedo ni intención de ocultar sus sentimientos, o acallar las cosas que le dolían. Porque, al fin y al cabo, raramente había sentido tanto dolor en toda su vida. Se paró alejándose de Tonks, y gritando dijo:
-¡No me interesa lo que le hubiese gustado a Sirius! Bellatrix nos lo arrebató, y no hay nada que podamos hacer, y no puedo vivir con eso... No puedo vivir sabiendo que Sirius murió, y no ya no tengo a mis amigos a mi lado.-dijo Remus. Ojoloco no se percató de su grito, estaba entretenido haciendo que el mortífago huyese despavorido, y Kingsley ya se había ido. De repente, Lupin se sintió como un niño, un niño solo y desprotegido. Se volvió a sentar casi donde estaba, sólo un poco más lejos de Tonks. Ella se le acercó, y le habló muy cerca, para que nadie pudiese escucharla.
-Remus... me tienes a mí.-dijo Tonks sonriendo. No era una sonrisa de alegría tonta, como ella solía hacerlas. No era una sonrisa triste y compasiva... era una sonrisa cálida y cariñosa. Su sonrisa era una invitación a sonreir tambien, simplemente por la paz que ésta brindaba. Lupin no contestó, esperaba que ella dijese algo más. Que aclarase a qué se refería. Que limpiara su mente de dudas. Que dijese lo que él necesitaba escuchar: NO lo que él quería, sino lo que él necesitaba escuchar: la verdad sobre lo que Tonks sentía hacia él. "Si siente algo por mí" se dijo Lupin para sus adentros. Por un momento, un instante simplemente, se olvidó de Sirius. Debieron ser unos quince segundos. Esperando, expectante, que Tonks dijese aquello que faltaba en la oración, mientras su corazón bombeaba más sangre que palabras su cerebro.-Yo estaré para tí... siempre.
Lupin sintió un baldazo de agua fría. Sintió cómo su corazón prácticamente se paraba. ¿Eso tenía un tinte romántico? De repente se sintió en una novela de niñas, pero no le importó. ¿Tonks había dicho que siempre estaría para él? Él cerró los ojos, ya estaba calmado, estaba en su "lugar feliz". De hecho, se sintió espacialmente en su lugar feliz: junto a Tonks. Ella lo observó con detenimiento mientras él cerraba los ojos y respiraba hondo. No había un ápice de falsedad en aquello que acababa de decir. Ella siempre estaría para él, porque más allá de que ella se sintiese interesada por él, no podía permitir que se sintiese así. Ella nunca permitiría que alguien se sintiese así. Mientras él se tranquilizaba, ella le acarició el cabello. "Conque así es Remus Lupin en su interior", pensó ella. A ella no le molestó que él sacase el "hombre lobo interior" (metafóricamente hablando, claro está). Le gustó que se asincerase. Conoció al Lupin de verdad, aquel que no oculta cuando quiere llorar. Porque al fin y al cabo los hombres sensibles son los que buscan las mujeres... aquellos que no le tienen miedo a llorar. Lupin levantó la cabeza y le sonrió. Ella le devolvió la sonrisa y puso volvió a poner su brazo sobre sus hombros a modo de abrazo.
-Todo estará bien.-dijo ella.-Estoy aquí y no me iré.
Él sonrió. No podría encontrarse más agradecido por el gesto que ella estaba teniendo. Que alguien estuviese a su lado en ese momento de debilidad... no necesitaba nada más para recomponerse. Un hombro en el cual derrumbarse, en el cual no sentirse un idiota por estar llorando por la muerte de uno de sus mejores amigos. Eso era lo que necesitaba en ese instante, y Tonks se lo estaba brindando.
Tonks no podía sentirse mejor con lo que hacía. Que Remus le sonriese le llenó el alma de felicidad: había hecho sonreir a Remus, Y no le importaba nada, no le importaba si él quería seguir llorando, o pataleando, porque ella estaría allí para él. Los dos se quedaron allí, Tonks abrazando a Lupin, sin decir una palabra. De vez en cuando, los dos se dedicaban una sonrisa.
-Gracias.-le dijo Lupin al cabo de un tiempo. Se sentó derecho y miró a Tonks a los ojos.
-No tienes que agradecerme. Estoy para tí.-dijo Tonks con una sonrisa. Al decir esto, tomó la mano de Lupin. "¡RAYOS!" pensó él con rabia. Fuese lo que fuese eso, él siguió el consejo de su amigo. De su reciente difunto Canuto.
Remus Lupin tomó entre sus dos manos la mano de Nymphadora Tonks, y con ternura, le dio un dulce beso en los labios.
Antes de que Nymphadora Tonks pudiese darse cuenta de que eso era real, Remus Lupin ya se había parado, y había salido disparado hacia la salida.
