I.
Era el primer día de septiembre. Yuu, joven de quince años atractiva y de expresión alegre, vestida con su uniforme de marinera y su cartera en la mano, consultó su reloj de pulsera: faltaban cinco minutos para que terminaran las clases de los alumnos de primaria, y aún le quedaba un buen trecho por recorrer, así que empezó a avanzar a toda prisa, consiguiendo llegar un minuto antes de que sonara la campana. Respiró profundamente para tratar de calmar su agitada respiración, y con su habitual expresión sonriente, esperó pacientemente delante de la puerta que daba al patio del colegio. La campana de salida sonó, y, poco después, un considerable grupo de niños entre seis y trece años hicieron su aparición.
-Eh, Hiro-chan- llamó Yuu al descubrir al niño que era de su interés.
El pequeño, de diez años, de rostro agradable y simpático, la saludó con la mano sonriendo, acompañado de otros dos chavales.
-Hola, hermana- saludó Hiro-chan cuando llegaron junto a Yuu.
-Hola, pequeñajo- saludó la joven, revolviéndole amigablemente el cabello con una mano. La coronilla de Hiro-chan le llegaba a la altura del pecho.
-Vaya, Hiro-chan, ¿es tu hermana?- preguntó uno de sus compañeros- ¿No eras hijo único?
-Bueno, en realidad es Yuu, la hija de unos vecinos amigos de mis papás- explicó el chico-. Pero ahora que ellos trabajan por la tarde, y no pueden ocuparse de mí, le han pedido ayuda a ella para que lo haga. Y por eso la considero mi hermana mayor.
-Sí, pero lo de "hermana" me los has dicho siempre. En verdad nos conocemos y hemos jugado juntos desde siempre, y ya te había hecho de canguro alguna vez antes- explicó Yuu con una sonrisa-. Aunque a partir de hoy me tendré que cuidar de ti todos los días, así que no me lo pongas difícil, ¿eh, Hiro-chan?- bromeó.
-¿Yo? No- respondió el chaval, extrañado de que dijera eso.
-Bien, Hiro-chan, hasta mañana- se despidieron sus compañeros.
-Sí, hasta mañana.
Cogidos de la mano, Hiro-chan y Yuu empezaron a realizar su camino, hablando sobre lo que había hecho el primero ese día en la escuela.
A Yuu siempre le había caído bien Hiro-chan. No era como otros niños repelentes de su edad, siempre lo había visto un chaval entusiasta y amable, con un toque de inocencia que le resultaba encantador, por lo que nunca había tenido problema en ocuparse de él cuando era necesario. Por su parte, Hiro-chan siempre había visto a Yuu como una compañera de juegos y una hermana mayor, dándole cierta sensación de estar protegido cuando se hallaba con ella.
Un rato después, la pareja se encontraba en la casa de la familia de él. Merendaron y estuvieron mirando juntos la programación infantil de televisión. Cuando hubieron terminado, Yuu preguntó:
-¿Tienes deberes del colegio, Hiro-chan?
-Sí, me han puesto unos cuantos- respondió él-. ¿Puedo hacerlos contigo?
-Bueno. Si hay algo que no entiendes, puedes consultármelo.
-Gracias.
Cada uno situado a un lado de la mesa de la sala de estar, sentados sobre el tatami, sacaron libros, cuadernos y estuches, y empezaron a realizar sus tareas de la escuela. Debieron pasar unos diez minutos cuando Hiro-chan, concentrado en su trabajo, notó que le estaban observando. Levantó la vista y vio a Yuu que le estaba mirando, con una expresión como embelesada, con los ojos entornados.
-¿Ocurre algo?- le preguntó extrañado.
-No, nada- respondió ella-. Sólo que se te ve tan encantador, concentrado haciendo los deberes…
-¿Tú crees?- preguntó Hiro-chan nervioso.
-Vaya, qué mono…- dijo Yuu- Te has ruborizado.
Hiro-chan regresó su vista a su libro de texto. Pero seguía notando la mirada de su canguro.
-Dime, ¿hay algún problema que no entiendas?- preguntó Yuu.
-Pues… De momento no.
-Entonces veamos si lo estás haciendo bien.
Hiro-chan la vio levantarse, dar la media vuelta a la mesa y llegar junto a él, situándose de rodillas detrás del pequeño.
-A ver, dime, ¿qué es lo que estás haciendo?
Hiro-chan fue explicando los pasos que había realizado para solucionar un problema de matemáticas, pero entonces notó dos bultos blandos presionando contra su espalda. Antes de que pudiera reaccionar, oyó decir a Yuu.
-Ven, ponte sobre mi regazo.
La joven se sentó e Hiro-chan lo hizo sobre el pubis de ella, poniendo sus piernas sobre las de Yuu. Mientras el chico seguía explicando los ejercicios, Yuu notó la firme espalda de él sobre sus pechos, y el trasero presionando sobre sus bragas, contactos que le daban una pequeña sensación agradable. Entonces rodeó la cintura del pequeño con los brazos y empezó a frotar con lentitud sus senos contra Hiro-chan, lo que le hizo que la sensación se hiciera más intensa.
Hiro-chan notaba extrañado los movimientos que estaba haciendo Yuu contra él. No sabía cómo reaccionar, pues la sensación de los pechos de ella contra su espalda era bastante agradable y cálida, pero al mismo tiempo algo le decía que aquello no era algo que estuviera bien. Pero Yuu nunca querría hacerle ningún daño, ¿verdad? Mientras, la joven notaba que el calor y las sensaciones que le otorgaban el cuerpo de aquel niño de diez años la estaban excitando. Pensamientos sobre tocar bajo la ropa de Hiro-chan vinieron a su mente. Se preguntó cómo reaccionaría él si lo hiciera. ¿Se lo tomaría a mal y se lo contaría a sus padres? ¿O por el contrario, se dejaría hacer? Dudó por unos instantes, pero sus dudas desaparecieron como por arte de magia, cuando, sin saber cómo, su mano derecha se posó sobre la entrepierna de Hiro-chan.
-Vaya, vaya, Hiro-chan, tu pito se ha puesto duro…- dijo con una excitante sensación de poder, mientras acariciaba con sus dedos la bragueta del pequeño.
-Her… Hermana, ¿qué haces?- exclamó el pequeño un poco cohibido.
Yuu bajó sin prisa la cremallera del pantalón de Hiro-chan, y luego metió su otra mano debajo de los calzoncillos del chico y sacó fuera su pene erecto. La joven se deleitó por unos segundos con aquel miembro pequeño y precioso. Era el primero que veía tan de cerca.
-Oh, mi pito se me ha puesto grande- exclamó Hiro-chan sorprendido.
-No te preocupes, es algo normal- dijo la joven-. Dime, ¿no sientes una sensación placentera estando así conmigo?
-¿Eh? Pues sí…
-Pues cuando los chicos sienten esa sensación, sus pitos se ponen grandes- aclaró Yuu, contenta en ser la primera en explicarle aquello.
-Ah. ¿Y qué hay que hacer para que vuelva a su forma normal?
Yuu no pudo resistirlo, y decidió jugarse el todo por el todo.
-Lo que hay que hacer es frotar el pito, hasta que salga un líquido blanco- se oyó decir a sí misma, sintiéndose excitada.
-¿Un líquido blanco?- preguntó Hiro-chan sin comprender.
-Sí, déjame ver…
Yuu rodeó con la palma de su mano derecha el miembro del pequeño. Su tacto suave y cálido la excitó más. Empezó a subir y a bajar la palma.
-¿Te gusta, Hiro-chan?
-Yo… Yo… No sé… Me siento extraño…
-No tengas miedo, no voy a hacerte ningún daño. ¿Confías en mí, verdad?
-Sssí…
Mientras masturbaba a Hiro-chan, Yuu metió su mano libre por debajo de la camiseta del chico, y empezó a acariciarle el pecho, centrándose en los pezones.
-Ah… Ah… Hermana…
Al cabo de poco, de repente oyeron abrirse y cerrarse la puerta de la entrada.
-Ya estoy en casa- dijo la voz de la Sra. Kurawa.
Aquello fue todo un susto para Yuu, quien se quedó inmóvil.
-Ey, ¿cómo va todo por aquí?- preguntó la señora en la puerta de la sala. Vio a Yuu sentada delante de la mesa, de espaldas a la puerta.
-Hola, mamá- saludó Hiro-chan sonriente, asomándose por delante de la joven-. Todo está bien. Ahora Yuu me estaba ayudando con los deberes.
-Ah, muy bien- dijo la señora-. Pero que no te los haga ella, ¿eh?
-No, tranquila, mamá.
-Bien- dijo la mujer, y marchó a su dormitorio.
Aún con el pene de Hiro-chan en la mano, Yuu respiró tranquila. Entonces vio que el pequeño empezaba a ocuparse de nuevo de sus tareas. Yuu le miraba extrañada y nerviosa, pero, más calmada, sonrió y rodeó con sus brazos al pequeño.
-Oye, me gustaría que lo que ha pasado fuera un secreto entre nosotros…- le susurró.
-¿Quieres decir lo de frotarme el pito?
-Sí, eso. ¿Me prometes que nunca se lo dirás a nadie?
-Bueno, te lo prometo- dijo Hiro-chan-. No se lo diré a nadie. Tampoco tenía intención de hacerlo.
Continuaron durante un rato en esa posición, él sentado en el regazo de ella, mientras la joven le abrazaba.
