IV.

Ya se había hecho de noche cuando Hiro-chan y sus padres llegaron al punto de encuentro, enfrente de la feria tradicional que se había montado en las afueras del distrito, con motivo del fin de año. Allí se reunieron con Yuu y los padres de ésta, quienes les estaban esperando.

-Hola, hermana- saludó Hiro-chan a Yuu, con una sonrisa.

-Hola, pequeñajo- exclamó ella con entusiasmo, revolviéndole el cabello con la mano.

-Vamos, Yuu, no molestes a Hiro-chan- le regañó la Sra. Tanaka.

-Tranquila, mamá, si a él le gusta que se lo haga.

-Venga, no nos quedemos aquí- dijo el Sr. Kurawa-. Es hora de ir a la feria.

-Ey, ¿os importa si Hiro-chan y yo vamos por nuestra cuenta?- preguntó Yuu a los adultos-. Es que es un poco palo ir con los padres.

-Por mí está bien- dijo la Sra. Kurawa-, pero no nos extravíes a Hiro-chan, ¿eh?

-No se preocupe- exclamó Yuu con decisión-. Le cuidaré a costa de mi vida, si es necesario.

-Vamos, Yuu, no exageres- dijo la Sra. Tanaka.

-Bien, pues hasta luego- se despidió la joven.

-Hasta luego- dijo Hiro-chan.

Las dos parejas les vieron alejarse cogidos de la mano y luego adentrarse entre la muchedumbre de la feria.

-Desde que han de pasar las tardes juntos, esos dos se han hecho uña y carne- comentó el Sr. Kurawa.

-Sí, no estaría mal que esto desencadenara en algo- dijo la Sra. Tanaka, romántica.

-¿En qué tiene que desencadenar?- preguntó el Sr. Tanaka, inflexible- Cuando se hagan más mayores cada uno irá por su lado y ahí se acabará la cosa.

-Bueno, el tiempo lo dirá- concluyó la Sra. Kurawa.

Hiro-chan y Yuu avanzaban entre la gente, mirando las paradas de la feria.

-¿Por qué no has querido que fuéramos con ellos?- preguntó Hiro-chan curioso.

-Me apetecía estar contigo los dos solos- respondió Yuu-. Venga, ahora vamos a divertirnos- exclamó.

La pareja fue haciendo su itinerario por las paradas de juegos: estuvieron en la parada en que había que pescar peces con redecillas de papel, consiguiendo atrapar Hiro-chan un par, aunque Yuu no tuvo suerte. También estuvieron en el tiro al blanco, comieron juntos algodón de azúcar, Yuu le compró a Hiro-chan la careta del protagonista de la serie animada de moda del momento… Estuvieron disfrutando juntos del momento y olvidándose de la realidad cotidiana. Después de un buen rato llegaron al final de la feria, donde se alzaba la pequeña montaña en cuya cima se encontraba el templo sintoísta.

-Ey, ¿quieres que hagamos la primera visita del año al templo?- propuso Yuu.

-Si aún faltan dos horas para medianoche- objetó Hiro-chan consultando su reloj de pulsera.

-Tú siempre tan metódico- dijo Yuu poniendo morros-. Deberías ser más espontáneo de vez en cuando.

Hiro-chan sonrió.

-Pues, venga, vayamos al templo- exclamó decidido.

Juntos subieron la larga escalera que daba al lugar religioso. Allí se encontraron en una explanada con el templo al fondo. No había nadie, y la iluminación artificial era poca, pero la suficiente para que pudieran guiarse. Llegaron al lugar de las ofrendas y cada uno dejó caer una moneda en la rendija. Dieron un par de palmadas y se quedaron en posición de rezo, pensando en sus respectivos deseos para el año nuevo. Luego decidieron quedarse un rato, sentados en el borde del suelo de madera, con las piernas colgando. Ante ellos podían contemplar las luces que formaban la ciudad, extendiéndose hasta la lejanía, y encima un cielo nocturno estrellado que se encontraba presidido por la Luna llena.

-Hoy la noche está preciosa- comentó Hiro-chan contento-. Aunque quizá hace un poco de frío. ¿A ti que te parece?- preguntó girándose hacia Yuu.

El muchacho se sorprendió al ver que la habitual expresión sonriente de su compañera había desaparecido, siendo sustituida por una mirada baja y un semblante de tristeza.

-¿Qué ocurre, hermana?- preguntó alarmado- ¿Por qué pones esa cara?

Yuu le dirigió su mirada triste.

-Hiro-chan, estoy embarazada.

El chaval le miró extrañado, pero en pocos instantes aclaró sus ideas.

-¿Quieres decir que estás esperando un bebé?- preguntó.

-Eso es.

-Entonces, ¿voy a ser papá?- exclamó Hiro-chan sorprendido.

-Sí, vas a ser papá- dijo Yuu formándosele una pequeña sonrisa, pero sin desaparecerle la tristeza del rostro-. Había oído en alguna parte que los chicos de tu edad aún no tenéis espermatozoides. Pero por lo visto no es cierto.

Un par de lágrimas corrieron por sus mejillas.

-Pero, hermana, ¿por qué lloras?- preguntó Hiro-chan. Se arrodilló y la abrazó de costado, presionando su pecho contra el hombro de ella-. ¿No quieres tener el bebé?

-La verdad es que me he dado cuenta que me sentiría feliz de esperar un hijo tuyo, Hiro-chan, pero en otras circunstancias- explicó la joven sin mirarle-. Yo soy una estudiante de instituto. Y no estoy preparada en ningún sentido para encargarme de un hijo.

Yuu bajó de nuevo la mirada, y nuevas lágrimas aparecieron.

Hiro-chan dejó de abrazarla, y la miró confuso. Pero entonces apareció una expresión seria en su cara.

-¡Hermana, te prometo que asumiré mi responsabilidad!- exclamó con decisión- ¡Me pondré a trabajar y cuidaré de ti y el bebé!

Yuu sonrió dulcemente.

-Muchas gracias, Hiro-chan, pero no puedo pedirle eso a un niño de once años- dijo mientras pasaba unos dedos entre los mechones de cabello del pequeño.

-Para ti no soy un niño- dijo él serio, poniendo sus manos sobre los hombros de ella-. Nosotros somos novios, ¿recuerdas? Y los novios se ayudan el uno al otro y comparten las cosas. Es lo que me dijo mi profesora. Y yo quiero hacerlo.

Antes de que Yuu pudiera objetar nada, Hiro-chan la besó en la boca. Fue un beso largo, húmedo, cálido. Él se despegó de ella y durante unos instantes se miraron a los ojos. Luego, ante la sorpresa de Yuu, Hiro-chan le quitó los pantalones tejanos y después las bragas. Ella, sentada en el suelo de madera con las piernas abiertas, vio que Hiro-chan, estirado sobre su vientre, se dedicaba a hacerle sexo oral.

-Hermana, te has puesto colorada- dijo Hiro-chan mirándole al rostro.

-Es que… no esperaba… que tú tomaras la iniciativa- respondió Yuu entre desconcierto y placer-. Hasta ahora siempre había sido yo quien… ¡Ah! Oh, ya veo que has aprendido cuáles son mis puntos débiles…

Después de un rato, Hiro-chan se incorporó y se lanzó sobre Yuu, deslizando un dedo dentro de la vagina de ella y hundiendo su rostro entre los pechos de la joven, poniendo su mano libre sobre uno de ellos.

-Hermana, no puedo controlarme más- exclamó.

-No es necesario que seas impetuoso- comentó ella con una sonrisa y poniendo un dedo índice sobre los labios de él-. No voy a irme…

Ahora Hiro-chan estaba de pie desnudo de cintura para abajo y Yuu se encontraba de rodillas ante el pene erecto del chico. Con el miembro entre las manos, Yuu dio un beso en el glande. Entonces dejó escapar una pequeña risa.

-¿De qué te ríes?- preguntó Hiro-chan extrañado.

-Me acuerdo de cuando tenías cinco años, y yo diez. Siempre te caías y te hacías daño- explicó Yuu mientras se subía el jersey y las copas del sostén, y ponía el miembro de Hiro-chan entre sus pechos-. Entonces te ponías a llorar, y yo sacaba el botiquín y te curaba las heridas. Y te abrazaba hasta que dejabas de llorar.

-Ey, no me trates como un niño otra vez- exclamó Hiro-chan.

-No es que quiera tomarte el pelo- respondió Yuu sonriéndole, mientras presionaba sus pechos contra el pene de Hiro-chan, moviéndolos arriba y abajo-, sólo es que me siento feliz…

Yuu lamía el glande mientras seguía masturbando a Hiro-chan con sus pechos.

-Ah… ¡Ah!

El semen salió disparado y cayó sobre el rostro de Yuu. Hiro-chan respiró un poco entrecortadamente, reflejándose la calma en su rostro.

-Hay tanto y tan caliente…- dijo la joven mientras se lamía un dedo con el que había recogido un poco de esperma.

Hiro-chan vio que Yuu se daba la vuelta, mostrándole su trasero. Inclinó el torso hacia delante y puso cada mano a un lado de su vulva, la cual se encontraba plenamente a la vista del chaval.

-La noche es fría- dijo Yuu mirándole-. Así que te calentaré aquí dentro…

Yuu, situada de lado con una pierna levantada, era penetrada con energía desde atrás por Hiro-chan.

-Oh, Hiro-chan, cómo te siento- exclamaba ella embriagada-. No pares.

-Por favor, llámame Hiroshi- dijo él inmerso en su placer.

-Está bien, pero si tú dejas lo de "hermana" y a partir de ahora me llamas Yuu.

-De acuerdo. Yuu.

Ahora la joven estaba tumbada en el suelo, y el muchacho la penetraba situado de rodillas entre sus piernas. Yuu puso sus palmas de las manos en las mejillas de Hiro-chan y lo llevó hacia ella. Se besaron.

-Hiroshi… Te quiero...

El movimiento frenético continuó, hasta que los dos llegaron al orgasmo.

Hiro-chan se salió lentamente de Yuu, mostrando enseguida una nueva erección.

-Ya la tienes dura otra vez…- dijo Yuu tocando con los dedos el miembro- Parece que los chicos más jóvenes nunca tenéis suficiente, ¿verdad? No pasa nada. Yo puedo seguir tanto tiempo como tú quieras…

-No es eso, Yuu- dijo Hiro-chan sonriendo con emoción-. Es sólo porque estoy contigo que se me pone así…

Yuu se ruborizó.

Hicieron el amor dos o tres veces más, en diferentes posturas, hasta que se quedaron tumbados sobre el suelo de madera de la entrada del templo, el uno al lado del otro, cogiéndose la mano, mirando hacia el cielo.

-Yuu, quiero que el tiempo pase deprisa para convertirme en adulto- dijo Hiro-chan-. Para así convertirme en un hombre en el que puedas confiar. Un hombre que pueda protegerte. En el hombre que te ame…

El cielo estrellado se veía brillante, sumándose a la calma y tranquilidad de la noche.