Epílogo.
-El resto fue relativamente fácil- continuó explicando Tomoko a Taro, mientras se acurrucaba en el pecho del joven, ambos desnudos y tumbados en la cama de ella-. Mi madre nunca quiso decir a nadie quién la había dejado embarazada. Y al cabo de nueve meses nací yo. Mi madre siempre recibió el apoyo de su familia, pero a causa del embarazo y de tener que cuidar de mí, ya no pudo hacer de canguro de mi padre, pero siguieron viéndose porque él iba muy frecuentemente a su casa a visitarla y ayudarla. Aunque había quienes no lo veían con buenos ojos, empezaron a salir formalmente cuando él cumplió los quince y ella tenía veinte. Y mi padre, como había prometido, se tomó muy en serio sus estudios y consiguió un buen trabajo para poder formar los tres una familia. Se casaron hace seis años, tuvieron a mi hermanita hace tres, y aquí estamos.
-Vaya…- dijo Taro fascinado por la historia. Hubo un pequeño silencio-. Pues ya sé de quien has heredado ese carácter entusiasta y maternal que tienes.
-Calla, tonto…
-¿Y tú crees que aún les queda algo del chaval y la canguro que se liaron?
-Pues no sé, quizás… No digo que no sean adultos responsables, pero me da la sensación de que, a veces, cuando están juntos, recuerdan a un niño y su hermana mayor…
Mientras tanto, en la cocina, la madre de Tomoko se cogía al fregadero, inclinado su torso hacia delante, con su falda subida hasta la cintura y sin bragas, mientras su esposo, con la ropa interior y los pantalones bajados, la penetraba desde atrás cogiéndose a sus nalgas. Ella iba dejando escapar gemidos, mientras él arremetía con energía, ambos con el placer reflejado en sus rostros.
-Hermana…
-Hiro-chan…
FIN
