Tonto, tonto corazón
¿Cuántas veces maldecimos a nuestro corazón? Es de lo más común, digo muchas veces nuestra mente va hacia a un lugar y te dice que hagas o no hagas ciertas cosas y parecemos tener todo controlado, pero ahí se entremete él, que empieza a golpear en tu pecho anunciando que no te olvides de que existe, que es rojo y único, que es tuyo y es tonto.
¿Cuánto tarda en sanar un corazón roto? ¿Tiene que ver quién lo rompa? ¿Sólo el amor lo rompe? ¿Qué pasa cuando nos enamoramos de ese vestido que nos queda fantástico y lo vemos en otra? ¿También se rompe nuestro corazón?
La frase más común y trillada es "no rompas mi corazón" ¿de verdad puede romperse? Las personas comenten locuras en nombre del amor y por ende, solo escuchan a su corazón, desde hacer el ridículo quedando expuesto hasta llorar en silencio bajo la ducha, contra esa almohada que es la única testigo de cuánto duele tu corazón. Porque el corazón nos duele, el corazón grita, el corazón llora y solo hay una verdad: no podrás calmarlo con tu mente, déjalo ser.
Los días pasaron volando luego del Gran Día de la pareja preferida de Osaka, la ceremonia se había llevado a cabo hacía ya poco más de una semana, semana en la cual increíblemente no había cruzado palabra con ella. Los diseños de Rei tuvieron gran éxito en la boda lo cual derivaron en pedidos, trabajo exhaustivo y poco tiempo para hacer cualquier otra cosa, incluso no pudo ayudar con la mudanza de Makoto.
Ya todo estaba arreglado, Makoto viviría junto a Andrew y el departamento que pertenece a ella se lo arrendaría a Darien, así se evitaba el hecho de dejarlo cerrado hasta encontrar inquilino y el pelinegro dejaría de ser mal tercio pronto, aunque claro ni a Andrew ni a su esposa le molestaba su presencia, menos aún porque lo veían algo desanimado y aunque no dijera abiertamente qué es lo que ocurría, era obvio: Rei.
La estuvo evitando los últimos días, incluso en una oportunidad ella llamó y luego de hablar con los dueños de casa pidió que le pasen con Darien y éste que hasta ese momento estaba oyendo la conversación se puso de pie abruptamente mencionando una excusa poco creíble para irse. El hecho de haber empezado a trabajar en la empresa donde el mismo Andrew lo hacía lo mantenía ocupado, había mucho que hacer, podía pasar tiempo con su amigo y claro que ya tenía un séquito de compañeras de trabajo que morían por él, le venía bien el distraerse, hacer chistes tontos para que ellas rían y le envíen miradas coquetas, toda la atención por parte del sexo opuesto era bien recibida, pero la realidad era que no le importaba, solo le importaba ella, la mujer por la cual hizo el ridículo. Se juró a sí mismo dejar esa estúpida fijación por Rei Hino, pero mientras más se proponía olvidarla, más la recordaba, más la extrañaba, hasta sus peleas y contestaciones fastidiosas. Era simple tenía fuertes sentimientos hacia ella, tal vez… solo tal vez… se había enamorado.
-¿Qué me hiciste?- murmuró para sí con voz ronca al tiempo que hundía su cabeza entre sus manos en un gesto desesperado.
Cloth's on fire
El lugar se encontraba atestado de mujeres probándose ropa, pidiendo por mas talles, colores, qué parte de "estos son los colores que tenemos" no entienden. Nunca faltaba la que preguntara "¿la tiene en amarillo?" No, simplemente esos son los colores, a pesar de tener buenas ventas la sonrisa y paciencia en Mina y Rei se estaba agotando, pero trataban de suspirar y resistir, después de todo es de lo que se trata tener un negocio y más de ropa femenina.
Cuando al fin la última persona salió, repleta de bolsas lo cual era genial, las dos mujeres se dejaron caer en uno de los sillones.
-Ay amiga te digo que creí que las suicidaría- dijo la rubia mientras se llevaba una mano sobre la cabeza.- Me desquiciaron…- la pelinegra solo la miró de reojo, no había caso ni fuerzas para corregirla tenía, el trabajo combinado con las pocas horas de sueño la tenían agotada, y es que con tanto trabajo llegaba exhausta a su casa, pero simplemente no podía dormir, no sin pensar en él.
-Lo sé- suspiró profundamente y posó su mirada en el vacío, debería estar más animada al fin su negocio le daba frutos, al fin las cosas con Seiya se habían aclarado, sus amigos eran felices y tendrían a sus bebes pronto y sin embargo esa angustia en el pecho no la dejaba en paz. Desde la noche del casamiento de sus mejores amigos se sentía así, desde que Darien la había invitado a salir. Al principio sintió ansiedad pues no había podido responderle y ya se sentía libre para poder gritarle "si", pero luego él la empezó a evitar, esa ansiedad se transformo en confusión que la llevo a pensar que tal vez estaba ocupado y lo había olvidado, pero luego cuando fue evidente que no quería verla esa confusión se convirtió en enojo, enojo con él con ella misma, era obvio que él se había arrepentido, que tal vez se dejó llevar por unas copas de más y ella muy estúpida le había creído, y ahí el enojo se convirtió en angustia, angustia al descubrir que verdaderamente le había entusiasmado aquella cita, porque eso era para ella, una cita con el hombre que comenzaba a interesarle, con el hombre que comenzaba a querer…. O ya quería.
-Oye Rei- la voz de su asistente la sacó de sus pensamientos posando la mirada en una muy sonriente blonda. –Hoy en la noche tengo una linda sorpresa para Malakito osito bombón, es que cumplimos no sé cuantas semanas- exclamó feliz, con sus ojos en forma de corazón, no pudo evitar sonreír, al menos con Mina a su lado los días eran mejores, siempre la hacía reír y es que tenía un payasito nato dentro.
-¿Y de qué se trata esta vez?-
-Ay no te diré aún, pero puedo adelantarte que será infartante…- dijo al tiempo de llevarse una mano hacia su pecho y estrujarlo, últimamente tenía esa costumbre, con Mako creían que era una manera de despedirse de sus viejas bubis para recibir a las muy aumentadas nuevas.
-¿Infartante? ¿Como la vez que pusiste pasta dentífrica en sus partes, intentando imitar alguna escena de 9 semanas y media y le quemaste la piel?- lanzó la pelinegra con una ceja en alto recordando lo vergonzoso que fue ir ella misma a la farmacia por ungüento y explicar para qué era, el Sr. Yamazaki ya no la vería igual.
-Ehhh yo lo soplé…..-
-O infartante como la vez que, accidentalmente claro disparaste su arma jugando a "policías y ladrones" y le rozaste el brazo… o como la vez que intentaste cocinarle volcando el entero frasco de pimienta, fusionando pastel de carne con cerezas y crema inglesa- que buena memoria la de Rei ¿verdad?
-Ay es que las paginas se pegaron que iba a saber yo que estaba combinando postre con plato principal, igual lo comió y a Andrew le gusto.- se defendió haciendo un lindo puchero.
-Es que Andrew como lo que sea, por algo tolera la comida de Makoto- dijo riendo maliciosa mientras su asistente la imitaba ya era una broma recurrente a sus espaldas, puesto que si lo hacían frente a ella comenzaría a jurar que en alguna vida fue buena en la cocina.
-Es que le falta práctica- soltó Minako pensativa. –Y paciencia, porque no es paciente, es terca y algo explosiva cuando las cosas no le salen bien- enumeraba la chica.
-Gracias amas de casa por excelencia- se oyó la voz desde la puerta, nota: cambiar la maldita campañilla que ya no anuncia a nadie. Ambas chicas voltearon para encontrarse con su amiga y su tan conocido gesto "la cara", más atrás se encontraba otra mujer, hermosa con cabello azulado y hermosos ojos azules.
-Srita. Mizuno- saludó la pelinegra poniéndose de pie mientras le guiñaba el ojo a Mako en señal de tregua. –Bienvenida- ambas mujeres se saludaron y no tardó en unirse Minako.
-Por favor llámenme Amy- dijo con voz suave, realmente de las todas las mujeres allí era la más femenina y delicada.
-Entonces llámeme Rei, pasen- hizo un gesto para que se acerquen hasta los sillones.
-Yo soy Minako, pero llámeme Mina- saludó con una gran sonrisa la rubia- Ayyyy- chilló feliz. – Usted es la chica que mejor he visto hacer "el paso del perrito rengo" – comenzó a saltar y a hacer el pasito, lo cual sin música era gracioso.
-Y bien- comenzó Rei, ¿buscas algo en especial? Digo no sé para su novio- guiñó el ojo divertida hasta que su cara se transformó en incomodidad. –Ay Kami, es el papa de Andrew no puedo pensar en cosas sucias- el comentario hizo reír a las presentes excepto para la aludida que se limitó a sonreír y a sonrojarse.
-A decir verdad me estaba acompañando a casa luego de la consulta ya que terminó su turno. –Explicó la pelicastaña.- Estábamos hablando acerca de las opciones de parto, ya saben natural o por cesárea y las además variables.-
-¿Natural?- interrogó la rubia con algo de miedo, es que a decir verdad no entendía aún como hacían para salir los bebes, cuestión que la hacía usar protección triple para no tener que averiguarlo.
-Ay Mako- la pelinegra alzó la voz. –Nunca entenderé como un melón puede pasar por el agujero del tamaño de un limón, piénsalo- y aquí tenemos a la que el tema más la enloquecía, no era un secreto que el gran sueño de Rei era tener una familia y muchos hijos, con un marido estilo Charles Ingalls y ser su Caroline, pero el parto…
-¿Melón? ¿Limón? ¿Que estábamos hablando de una ensalada de frutas? ¡Ayy chicas terminen un tema antes de empezar otro por Malakito!- exclamó, es que eso era nuevo, ya no existía un Dios o un Kami, ahora ella llamaba a su único dios, un dios sexual, Malakito "osito bombón" no sabemos su apellido.
Y ahí las cuatro mujeres comenzaron una charla algo peligrosa, es que conocían a los mismos hombres y contar intimidades era inevitable. La ojiverde notó casi inmediatamente el estado de su mejor amiga, Rei ya no era la misma por más que lo intentara y su aspecto la delataba, sin bien siempre ha sido hermosa, los círculos negros bajo sus ojos, la palidez de su piel, incluso en su vestuario se notaba que no estaba de humor, aunque impecable no era como siempre.
-Amiga Hino- la llamó posando una mano sobre el hombro de la diseñadora, mientras Amy y Mina se probaban unos diseños exclusivos. -¿Qué ocurre?- su voz fue suave y su mirada se clavó en las amatistas que la miraban sin poder ocultar más su incertidumbre.
-No lo sé Mako- suspiró largamente.- Es que ni yo lo sé….- murmuró al tiempo que bajaba sus hombros.
-¿Es por Seiya?- se atrevió a mencionarlo, no era un secreto que tanto ella como Mina saltaron de un lugar a otro felices cuando se enteraron que Rei lo había dejado, pero si esa decisión le hacía mal a su amiga, hasta aceptaría hablar con él y lograr que se reconcilien. La pelinegra negó con su cabeza, y bajo su cabeza, luego de unos segundos de morder su labio inferior, tragó saliva.
-Darien me invitó a salir- dijo apenas levantando la mirada sin erguir su cabeza, la sonrisa en el rostro de su amiga hizo visible lo feliz que la hacía esto, pero no dijo nada y la pelinegra siguió hablando. –Pero creo que se arrepintió, a decir verdad estoy segura porque no volvió a hablarme…-
-¿Cómo?- ese dato confundió a Makoto, y era cierto que últimamente estaba extraño. -¿Tú que le dijiste?-
-Me invito en la boda y no pude responderle porque fue cuando arrojaste el ramo, y luego al día siguiente él actuó como si yo no existiera- explicó afligida, Makoto no podía creer lo que oía, sabía muy bien que Darien moría por su amiga, alguna explicación debía haber y ella misma la averiguaría.
-No te preocupes es que ha estado con mucho últimamente entre la mudanza, el nuevo trabajo, relájate y no seas negativa.- habló su amiga mientras acariciaba su cabello.
-Serás una estupenda madre amiga Kino- Rei esbozó una linda sonrisa que contagio a su amiga.
Departamento de Malakito "osito bombón" esa misma noche
Llegó exhausto, la rutina lo agobiaba, pero al menos ya estaba en su casa, buscó sus llaves que guardaba dentro del bolsillo interno de su campera de cuero que combinaba a la perfección con su Harley, le costó un poco encontrarlas como siempre ocurría cuando estaba ansioso por entrar, tiró la cajetilla de cigarrillos vacía y al fin tomo el llavero, encontró el osito rechoncho color rosa, regalo de su hermosa novia, sonrió para sí. Coloco la llave en la cerradura, pero para su sorpresa estaba abierta, al instante se alertó estaba seguro que él había cerrado su casa, sacó su arma y abrió la puerta con sigilo, logró diferenciar una luz tenue, al entrar por completo y aun en guardia se permitió relajarse un instante, miles de velas decoraban el lugar, flores y pétalos estaban esparcidos por el piso, definitivamente un ladrón no sería tan romántico.
-Hola amor- una melodiosa voz lo sorprendió, ya dejando el arma a un lado. –Feliz semanario- gritó divertida aun sin dejarse ver. –Ponte cómodo osito bombón- más que una sugerencia sonó a orden y él amaba que le dieran órdenes.
-Hola muñeca, claro que si- accedió sin protestas, ya que no tenía sentido preguntar mucho, comenzó a quitarse la ropa, colgó a un lado de la puerta su pesada campera, aflojo su corbata, remango su camisa y la desabotono, se quito los zapatos y las medias, y caminó tranquilamente hacia una silla que parecía estar esperando por él. –Auuucchh- gritó de repente para levantar el pie con urgencia y renguear.
-Ayy Malakito no pude sacarle las espinas a las rosas ten cuidado osito- gritó del otro lado la rubia.
-Si- única respuesta, siempre le avisaba tarde, como la vez que olvido decirle que ella cargo su arma nuevamente y le disparó por accidente, dejándolo con el brazo vendado y sin indemnización ya que fue un accidente fuera del horario del trabajo.
Tomó asiento al fin y pudo ver la botella de champaña reposando justo a dos copas, sonrió y pensó en servirse un poco, pero luego recordó que tendría que caminar y enfrentarse a las rosas que su linda novia había arrojado, porque lo que decidió esperarla y ahí sintió la melodía. Volteó a verla y no podía creerlo, su hermosa rubia estaba parada frente a él con un sexy, transparente y muy pequeño camisón color blanco, portaligas del mismo color decorado con alguna pequeñas flores rococó rosas, altos zapatos de tacón, su cabello suelto y esa expresión tan característica que mezclaba lo sexy con lo aniñado, todo desapareció para él, solo estaba ella, ella y el halo de luz detrás.
-Hola amor- saludó caminando sexy hacia él, meneando las caderas, llevando un dedo a su boca provocándola, y el halo de luz detrás.
-Mina….- trago saliva.- Dios hermosa te ves… fabulosa- fue lo único que pudo articular ya que la chica se movía al son de la música hipnotizándolo, bajó su tronco para luego levantarse rápidamente y llevar todo su cabello hacia atrás dejándolo boquiabierto y ese halo de luz que…. ¿crecía?
-Que calor- dijo en tono seductor la mujer, y lógico refiriéndose a lo candente de la situación, pero él si tenía calor, ya saben ese que uno se sofoca y comienza sentir olor a plástico quemado… mezclado con el inconfundible y desagradable olor a… cabello prendiéndose fuego.
-¡Mina!- gritó poniéndose de pie al notar que las llamas de las velas habían alcanzado sus cortinas expandiéndose peligrosamente hacia su Dvd y tomando el cabello de la chica cuando esta avivo el fuego dándole aire, ¿con que? Pues con su cabello. –Linda estas en llamas-
-Ay lo sé, ven aquí- rugió la chica con lujuria, lo que no comprendió es que estaba literalmente en llamas…. –¡Ayyyyy apágame!- exclamaba al tiempo que comenzó a correr en círculos y agitar los brazos.
-No lo esparzas Minako-
Departamento de Darien
Terminó de cenar y se dispuso a lavar los trastos, suspiró largamente, hizo la misma receta que aquella vez en casa de la pelinegra esta vez lavar sería mucho más aburrido y solitario, si tuviera que recriminarse algo sería su orgullo y cobardía que se conjugaban en la dosis juntas para hacerlo un imbécil, como ella solía llamarlo. Estaba ese orgullo masculino herido por verlo con otro justo después que él le pidió una cita, y esa cobardía de no enfrentarla, de no atender ni devolver sus llamadas, pero desde hacía unos días Rei había cesado con ellas, tal vez se canso, tal vez quería disculparse por romperle el corazón o solo tal vez quería reírse de él.
El timbre sonó haciendo que volviera a la Tierra, se secó las manos con un trapo color rojo de grandes flores negras y se acercó a la puerta.
-¿Quién?-
-Somos nosotros- una voz masculina respondió no dando muchas indicaciones.
-¿Quiénes son nosotros?- interrogó levantando una ceja.
-Nosotros Andrew y Makoto- ¿quién más?
Les abrió con una sonrisa en su rostro, aunque sus amigos se notaban más tranquilos que lo habitual, los invitó a pasar, ofreció café y pronto estuvieron los tres alrededor de la mesa de la sala, definitivamente faltaba alguien y ese era el pensamiento que el pelinegro tenía en su mente.
-¿Te gusta vivir aquí Darien?- rompió al fin el silencio la pelicastaña mirando con nostalgia su viejo hogar, ese que le había traído tantas satisfacciones.
-Sí Makoto, es perfecto a decir verdad muy cómodo y no tan grande por lo que asearlo se hace menos engorroso.- dijo sonriendo de lado.
-Sí mas para un obsesivo como tu- rio el rubio tomando un sorbo de su café, al que ya le había puesto más de cinco cucharadas de azúcar. –Uyyyy- exclamó- le falta azúcar- las famosas gotitas no tardaron de inundar la frente de los presentes, a excepción de un dulce oxigenado.
-Por cierto ¿descubriste el secreto de la puerta del baño?- interrogó Makoto. –Levantas un poco y empujas, son manías- finalizó.
-Sí, eso y la puerta falsa del armario me tuvieron entretenido anoche- sonrió divertido.
-Supongo que ya tienes casa, trabajo, solo te falta una… novia y ya estas hecho- habló Makoto intentando ir al tema que le interesaba, pero la realidad es que nunca fue buena para eso, no sabía sacar información sutilmente, eso por lo general lo hacia la pelinegra.
-Aja- asintió el aludido ante el comentario.
-Darien- lo llamó la ojiverde tomando aire.- ¿Qué pasó con Rei?- está bien la idea no era lanzarlo así, pero ese hombre era todo un experto en el arte de la evasión.
-¿Perdón?- de acuerdo era lo último que esperaba, de verdad era así.
-Darien vamos, tú la evitas, ella esta triste…-
-¿Qué? ¿Triste? ¿Ocurrió algo?- por un segundo ese sentimiento de posesión que despertaba cada vez que la veía nació en él renovado, no quería que nada le pase, porque simplemente él solo la quería ver reír.
-Terminó con Seiya- acotó el rubio mientras… ¡Ponía más azúcar al café!
-Oh, claro debe ser difícil, aunque se arreglarán- dijo con soltura el publicista- al menos la última vez que los vi se veían bastante bien- comentó con irónica sonrisa, esas que esconden el desagrado.
-No sé de que hablas, pero Rei lo dejó el día de nuestra boda, al parecer cuando él la llevó a su casa- explicó Makoto desconociendo lo que el pelinegro había presenciado.
Las imágenes vinieron a la mente de Darien como si se tratara de una secuencia de alguna película de bajo presupuesto, si bien los vio besándose no fue de esos besos apasionados o del tipo de besos que le gustaría compartir con la diseñadora, por su mente paso la fugaz posibilidad de que tal vez haya sido un beso de despedida o tal vez esos de costumbre, pero jamás lo sabría.
-Tú la invitaste a salir- soltó la pelicastaña con semblante serio. -¿Por qué te arrepentiste después?- dicha frase hizo que el rubio se atragantara con el liquido espeso, espeso porque de tanta azúcar parecía más bien parecía una jalea.
-¿Tu qué?- gritó aclarando la garganta. –Mira Darien lo diré una vez eres mi amigo, pero si lastimas a Rei te juro que lo lamentaras- nunca mejor dicho, nunca más serio.
-Yo…. Yo…esperen- de acuerdo debía defenderse.- Yo sí la invite a salir, pero luego la vi con ese lacio definitivo, besándose fuera de su casa- los jóvenes delante de él solo lo escuchaban atentamente. –Y solo sentí que yo….-
-Hiciste el papel de tonto- finalizó la frase de su amigo un comprensible Andrew.
-Exacto- suspiró el pelinegro agachando su mirada.
-¿Cuándo los viste?- interrogó la chica tratando de atar cabos.
-El día de su boda, esa misma noche….- y él también había atado cabos.
-Bueno no es así Darien no eres un tonto, ella siente lo mismo, ella dejo a Seiya y quiso hablar contigo y tú la evitaste y piensa que te arrepentiste…- explicó la pelicastaña.
-Jamás me arrepentiría… bueno no de invitarla, solo me sentí mal es eso- al decirlo en voz alta sonaba tan estúpido como lo era.
-Bueno, soluciónalo- animó la esposa de su amigo.
-Ya mismo- declaró y se puso de pie.
Departamento de Malakito osito bombón
Luego del pequeño incidente que costó utilizar dos matafuegos pequeños, un par de tijeras y definitivamente la compra de unas nuevas cortinas, la feliz pareja se había calmado, el hombre peliplateado se encontraba sentado en la misma silla, solo que esta vez no había velas que iluminaran el lugar, si nomás bien la tenue luz que se filtraba desde el cuarto del hombre, ya nunca más habría velas en esa casa.
La música empezó a sonar, ahora esa típica melodía perfecta para un baile erótico lo hizo entrar en ambiente, la chica se seguía moviendo de manera sensual, se subió a la mesa que los separaba y avanzó a él de manera gatuna, se notaba su mirada brillosa, a causa claro del alcohol consumido luego del "incidente", su cabello caía sensualmente enmarcando su bello rostro, su profundo escote dejaba ver tanto como él quería, era Afrodita, la diosa del amor, sin duda una mujer espectacular, Minako se seguía acercando con esa sonrisa en los labios, y se seguía acercando, gateaba al filo de la mesa…. Y su mano no encontró jamás el mueble, lo último que vio fueron las piernas de la chica al momento que caía y se desplomaba como un saco de papas y como su taco aguja salía volando al tiempo que él se ponía de pie para ayudarla cayendo con una puntería increíble en los bajos del peliplateado, no aguantando el grito de dolor llevándose ambas manos donde su "amigo" latía adolorido.
-Kamiiiiiiii- con dientes apretados formulo.
-Ay Malakito….- la voz de la asistente se oía algo apagada y como pudo se puso de pie, no tardó su ojo en hincharse y ponerse morado puesto que cuando cayó golpeó directamente con el borde de la silla, ahora su bello ojo color azul, resaltaba más con el contraste rojo que lo envolvía. –El Kami nos odia, ¡solo quiero poder seducirte para que me hagas el amor de la manera más salvaje y vivir en pecado!- de acuerdo se enfureció para luego comenzar a llorar, el hombre se acercó como pudo aun algo encorvado y la abrazó fueron por hielo clavándose algunas de las espinas que las rosas conservaban hasta la nevera al tiempo que la luz se cortaba dejándolos a oscuras.
-Olvide pagar….- murmuro el hombre. –otra vez….-
-Enciende una vela…-
Casa de Rei
Llegó lo más rápido que puso, ni siquiera dejo que sus amigos lo trajeran viviendo aún al lado, corrió como nunca hasta que se dio cuenta que sería inútil y tomó un taxi que le cobró como si hubiese ido a China ida y vuelta, sin contar claro el océano que los separa. Confiaba en que Makoto y Andrew llegarían un poco más tarde, lo cual era bueno ya que la ventana de junto estaría cerrada y ella no podría escaparse, además del hecho de no volver a ser interrumpidos, ya no toleraba eso. Todo lo que giraba en torno a Rei y a él eran puros malentendidos, desde el primer encuentro, hasta el último y eso debía cambiar, se hartó del juego de "me acercó un poco y tu otro poco" ya había pasado demasiados meses pensando en ella, en sus labios, en cómo sería si la pelinegra lo correspondiera, como sería hacerle el amor, escucharla repetir su nombre, bien era hora de averiguarlo.
Tocó a la puerta decidido esperando por ella, era algo tarde ya, pero vio luces encendidas dentro por lo que confiaba en que no estuviera dormida, insistió por segunda vez y la luz de la entrada se encendió, escuchó perfectamente como corría la mirilla, levantó la cabeza para que lo viera, pasó un tiempo en silencio hasta que oyó las múltiples cerraduras y la puerta se abrió lentamente. Si bien la imagen lo dejó sin palabras había ido para hablar con ella, pero parecía ser que esa mujer cada día se ponía más hermosa, su largo cabello ébano cayendo sobre su espalda, lo llevaba suelto, así le gustaba a él, su indumentaria era cómoda, pantalones holgados y una blusa blanca también holgada, que si bien no se apegaba a sus curvas, le daba un toque de frescura única, y por último bajo esas tupidas pestañas esos ojos…
-Buenas noches Rei- fue él el primero en hablar, ya que ella se veía ¿confundida?
-Hola… bue… buenas noches Darien- saludó al fin luego de tartamudear unos segundos. – ¿Qué… qué haces aquí?-
-Necesito hablar contigo, ¿puedo….- hizo un gesto y la chica lo entendió, se movió a un lado y el pelinegro entró, la siguió hasta la sala, donde habían compartido esas rosetas aquella vez, ella le indicó que tome asiento y lo imitó luego, en el mismo sillón.
-Dime- lo animó la chica que se sentía extrañamente nerviosa, tal vez esperando algo.
-Rei… seré directo, lo que pasó en la boda, mira yo…- la chica lo interrumpió con un gesto de su mano.
-Está bien Darien, no te sientas mal. –decía mientras él la miraba confundido, agradecía poder tener al fin esta charla. –Tal vez te pareció buena idea invitarme en ese momento, pero si cambiaste de parecer no tienes que disculparte, solo te pido que no me ignores…- el pelinegro no sabía qué hacer, si abrazarla con todas sus fuerzas o golpearse por ser tan estúpido, todo este tiempo creyendo que ella era quien lo ignoraba, o tal vez se burlaba de él, dibujó media sonrisa en sus labios, logrando una mirada molesta por parte de la chica. –Tampoco creo que sea gracioso- finalizó ella cruzando sus brazos a la altura de su pecho.
-Rei, no cambié de parecer- comenzó ante la mirada atenta de la chica, se acercó un poco a ella quedando a escasos centímetros de su rostro, alzó una mano y enredo su dedo en el largo mechón negro que caía sobre el bello rostro. –Mataría por una cita contigo Rei Hino.- susurró haciendo que su piel se erice. –Yo a decir verdad me escondía de ti, creí que te había incomodado con mi propuesta y además te vi….- no sabía si continuar, pero prefería aclararlo todo. –Te vi con Seiya, ese día besándose.- eso ultimo tomo por sorpresa a la chica maldiciendo interiormente. –Makoto me explicó que terminaron el día de la boda y fue ese mismo día que te vi en la entrada de tu casa, en su auto, ¡no te espiaba!- se defendió antes de quedar como un depravado, cuestión que hizo a la chica sonreír encantanda. –Solo quería saber tu respuesta y por eso te esperaba en el jardín….-
-Yo dejé a Seiya Darien- explicó el chico hizo un gesto de incomodidad, realmente no le interesaba los pormenores de su relación con el basquetbolista, pero la chica continuo. –Hace mucho que la relación se desgasto, pero lo que me dio fuerzas para cortar definidamente fue la entrada de alguien en mi vida…- el pelinegro no sabía si reír o llorar, rogaba que ese sea él, pero ¿y si no?
-Yo….- fue interrumpido por un delgado dedo sobre su boca.
-Lo dejé porque me di cuenta que no era él con quien quería estar… si no… con… con otra persona…-
-Rei me gustas- soltó de una buena vez, era ese el momento o nunca, si había otro hombre que las condiciones por luchar por su amor sean justas. –Siento cosas por ti, no duermo, solo pienso en ti, en tu risa, en tus labios, me has hecho algo, no me reconozco porque jamás me sentí así con alguien, fuiste el principal motivo para que me quede definitivamente en esta ciudad, porque no puedo ni quiero estar alejado de ti, te necesito, necesito tu risa, te necesito cerca de mi porque simplemente….- era el momento para decirle que la quería, ¿que la amaba?, no definitivamente la asustaría.
-Darien… yo también… a mí también me gustas…- dijo sonrojándose y bajando la mirada, con la mano libre tomo la barbilla de la chica para mirarla, esos ojos amatistas estaban llenos de lagrimas no quería verla llorar, no quería verla sufrir, fue en el momento que se juro que solo la haría feliz.
-Muero por hacer esto…- susurró él con voz aterciopelada, se acercó tímidamente a sus labios, sintiendo su aliento caliente rozar su rostro, la pelinegra sentía como sus piernas se aflojaban, se sentía una niña por dar su primer beso gracias al Kami estaba sentada, poco a poco el ojiazul ladeo su cabeza y sus labios se encontraron en un suave beso, los labios rojos en forma de corazón temblaban y esto lo hizo sonreír internamente, pues él aunque ella no lo notara estaba temblando también, rozó su lengua con los labios de la chica, pidiendo permiso para conocerla, la amatista abrió su boca entrelazando sus lenguas húmedas, el beso duro mucho tiempo, solo se separaron para tomar aire y contemplarse.
-Tengo miedo- soltó de repente.- no quiero salir lastimada.- murmuró con lágrimas en sus hermosos ojos, realmente esto era un reto y estaba aterrada, por primera vez quedaba al descubierto frente a Darien, su puesta en escena cayó con sus barreras.
-No voy a lastimarte- dijo acercándose a ella, entrelazando la blanca mano con la de él, mientras que con la otra la tomaba suavemente de la barbilla obligándola a sostenerle la mirada.
-No lo sabes, no sabes eso- dos lágrimas cayeron por sus rosadas mejillas, era la primera vez que la veía llorar y su corazón se encogió ante tal cosa, esos ojos eran demasiados hermosos para ser empañados por agua salada.
-Tienes razón, no lo sé- admitió con una hermosa sonrisa en sus labios, la sonrisa galante que tanto suspiros le había arrancado ya.-porque la vida puede llevarnos por varios caminos, pero sí se una cosa Rei, no quiero recorrerlos sin ti a mi lado, me haces querer experimentar todo contigo, quiero todo, quiero amarte, quiero que me ames, quiero casarme, quiero una familia, quiero estar por siempre contigo y hacerte feliz y ver esa hermosa sonrisa en tus labios para siempre, quiero ser el causante de esa sonrisa, de esa felicidad…-
-Darien…-
-Shh- la calló son un suave murmulló mientras acariciaba sus encendidas mejillas. –Déjame llevarte a esa cita, porque nada me haría más feliz, dame una oportunidad y te juro no desaprovecharla. – hablaba rozando sus labios a los de ella.
-Sí, sí saldré contigo Darien Shields- sonrió sensualmente y se mordió su labio inferior, demasiada tentación para el pelinegro que capturó su boca en un beso más apasionado que el anterior, posando ambas manos en el rostro de la chica y así siguieron un tercer beso, un cuarto, un quinto, definitivamente le tomaría cariño a ese sillón. Las caricias se hicieron más intimas, más suaves y lentas, él solo quería memorizar las curvas femeninas, era increíble lo bien que se acoplaban sus brazos a la pequeña cintura de Rei, parece ser que sí hay alguien hecho a su medida, su corazón se agolpaba en su pecho, nunca había estado más feliz, después de todo su tonto, tonto corazón no se equivocó.
N/A: Hola! Al fin no? Jajaja ayyy espero les haya gustado chicas, lo hice con mucho amor y con mi tonto, tonto corazón embelesado! La verdad no queda mucho para el final, tal vez dos capítulos más, como ven este fic esta cocinado, prometo mostrar la cita de Rei y Darien, la tan esperada… la verdad sigo en duda si hacer o no un lemon creo que el fic no lo requiere, pero tal vez les regale un one shot de esta parejita.
Les mando un beso grande y por si acaso, aunque creo que actualizare antes MUY FELICICES FIESTAS HERMOSAS! Saludos a todas y mis mejores deseos… Leonor, ya te di ese "algo mas" ojala haya sido de tu agrado, Kimmy…. Acá tienes a tus corazones juntos! jaja saludos afectuosos a todos…
Made, Hotaru no Hikaru, Leonor de Eboli, Rouge Passion, Marissa, Bermellon, MichiruSea, Dianarr07, Rei-Videl3, Hika-chan, Starmaker89, gracias por sus reviews y comentarios tan cálidos.
Nicky
