Flotando en el Viento

Cuando no sabes a dónde vas, cualquier camino puede servir.
Dan miedo los cruces de camino, da miedo partir, da miedo volver.
Las preguntas, las respuestas, dan miedo.
Si no sabes hacia a dónde vas, lo mejor es dejarte llevar, como flotando en el viento
A veces hay que desprenderse del equipaje, y como una pluma, dejarse llevar por el viento, como decía el poeta González Tuñón, para que cada paso, un paisaje, una emoción, o una contrariedad, nos recoinciden con la vida pequeña y su muerte pequeña.
Para que un día nos quede unos cuantos recuerdos, para poder decir, estuve en un par recodo. Para poder decir, estuve en tal pasión. Para decir estuve en tal pueblo fantasma en tal amistad, diciendo tal cosa. Para poder decir, yo estuve ahí.

Flash Back 2 años atrás.

El salón se encontraba en silencio, solo el chasquido de la madera se oía, mientras que dos miradas, igualmente hermosas, igualmente fuertes e igualmente dolidas se debatían en batalla, no darían el brazo a torcer, porque a pesar de sentirse tan diferentes, ellas dos eran increíblemente iguales.

-¿Qué pretendes Mika? ¿Destrozarme? ¿Hundir mi negocio? He trabajado mucho para esto como para que vengas a exigir que parte de él te pertenezca.- la voz de la pelinegra denotaba dureza, esta vez conocería la severidad y el fuego que de ella emanaba.

-No pretendo sacarte nada Rei, porque no tienes nada- aclaró con gesto ilegible la mujer frente a ella. -apenas puedes sostenerte, sólo te propuse hacer una sociedad, creí que nos favorecería a ambas, pero veo que no tienes madera para los negocios- dijo Mika con el mismo tono que hablaba con sus inversionistas.

-Detrás de tu oferta hay otras intenciones lo sé-

-No sabes nada Rei-

-¿Qué mierda te pasa?- vociferó molesta al tiempo que golpeaba sus manos contra sus caderas, ella solía poder manejar sus emociones, pero frente a su madre todo quedaba atrás porque realmente le dolía.

-No te eduque para que me hables así Rei Hino- regañó la mujer con enfado.

-Tú no me educaste, papá lo hizo- replicó molesta.

-¿Tu padre?- dijo con tono irónico, una pequeña sonrisa cruzó su rostro, una sonrisa helada.- ¿Crees que él se quedaba en casa cuidando de ti cuando enfermabas? Eso ocurría todo el maldito tiempo y yo debía quedarme contigo- rebatió con enojo.

-¿Tanto te pesó tenerme Mika?- a este punto no podía controlar que su voz se quiebre, esa pregunta que tantas veces se hizo hoy podía hacérsela a ella, a la mujer que estuvo ausente aún estando a su lado, a la mujer que de tantas citas tenía había olvidado que su hija la esperaba en casa.

-¿Pesar?- interrogó más para ella que para su hija, una pausa significativa devolvió el silencio a la sala de la impactante casa de estilo victoriano que su cuarto marido le había obsequiado, porque lo que Mika quería ella lo tenía.- Tú fuiste un maldito accidente- soltó al fin endureciendo su mirada clavándola en la amatista frente a ella, Rei pudo jurar que escuchó a su corazón quebrarse.-Por tu culpa me ate a un hombre que fue un gran conformista, renuncie a mis sueños por tu causa, arruinaste mi vida Rei.- sabía que no era así, que amaba a su hija, pero sin embargo algo en ella impedía expresarlo, y tal vez lo que dijo era cierto, tantos años perdidos en una vida vacía, cuando la única culpable es ella misma, es más fácil echar culpas a otros y ahí estaba su hija parada.

La pelinegra no habló, no se movió, su respiración era tan calma que apenas era perceptible, analizaba las palabras de su progenitora una y otra vez, hasta que estas perdieron sentido, ¿acaso alguna vez lo tuvieron?

-Bien…. Si así fue ya no te molestaré Mika, lamento que hayas tenido que postergar tu vida para dármela a mi…- con esa simple frase la pelinegra salió de su vida, y ya no volverían a hablar, no hasta después de mucho tiempo.

Fin del Flash Back

-Vine a verte hija- dijo con voz tranquila, demasiada para gusto de quienes la conocían, la delgada y alta mujer no dejaba de mirarla, su cabello negro cual ébano lo llevaba largo hasta la altura de los hombros, piel blanca, boca en forma de corazón y esos ojos amatistas. El costoso raje de sastre color azul noche se amoldaba a la perfecta figura que a pesar de la edad no variaba con los años.

-¿Necesitas algo?- soltó Rei con evidente rechazo y molestia, antes de que su madre respondiera continuo.- ¿Acaso estás enferma Mika y quieres redimirte antes de que ocurra lo inevitable?- sabía que con aquello no se jugaba, no debía hablar de ese modo, pero sin embargo la ira la controlaba en ese momento.

-Gozo de perfecta salud hija, y si estoy aquí es porque….- suspiró mirando el suelo, no le era fácil hacer lo que la llevó allí. –Rei, eres mi hija, mi única hija y…- la pelinegra alzó una mano en señal de que era hora de callarse, Mika a pesar de sentirse sumisa, no era suicida y sabia que cuando Rei decía basta, era basta, porque ella era así.

-Basta- ambas se quedaron en silencio observándose, parecía un reto silencioso alguna de las miradas amatistas debía desviarse, pero sin embargo ambas sabían que ninguna daría el brazo a torcer. Rei se sentía incómoda, molesta, y sobre todo sorprendida porque creyó que no volvería a ver a su progenitora, no luego de esa última charla hace ya dos años en la mansión de campo que su nuevo esposo le había obsequiado. Por su lado Mika se encontraba expectante, esperaba que su hija explotara en cualquier momento, que le gritara, la insultara incluso intentara echarla del lugar usando la fuerza, después de todo se lo merecía, fue una madre ausente, que no supo acompañar a Rei, pero largo tiempo le llevó darse cuenta que la razón de esas acciones para con su hija más que un castigo para Rei, era un castigo para ella misma. Largo tiempo le llevó darse cuenta que las fallas en su vida no eran a causa de su pequeña hija, si no de una mujer que no supo cómo afrontar las sorpresas que la vida te depara. No supo amarla, no supo valorarla y luego de batallar contra ella misma se encontró sola mirando viejas fotografías añorando el pasado cuando tampoco pudo abrirse al presente y ahí estaba.

-¿Tu padre…- al fin rompió el silencio la elegante mujer, pero se arrepintió de mencionarlo, porque sabía que estaba en desventaja con él ante su hija.

-Llamó hace unas semanas y luego escribió- respondió la diseñadora de manera automática.

-El lugar te quedó realmente perfecto Rei.- dijo mirando a su alrededor, la tienda era impecable, el agradable aroma a rosas y vainilla volaba en el aire. –De seguro a tu padre le ha encantado también, en especial por la fragancia.- la pelinegra frente a ella se quedó estática, sus músculos se tensaron al instante y su mirada, esa mirada perdió brillo. –Nunca vino…- sentenció su madre más para ella que para la joven. –Él no conoce el lugar.- y otra vez el sentimiento de culpa, si ella estuviese presente en la vida de su hija jamás hubiese permitido que Tomoe se pierda ningún momento importante, insistiría, llamaría e incluso iría a buscarlo si fuese necesario aunque tuviera que enfrentarse a su actual esposa, bastante conocida por la poca paciencia que tenía.

-Debo cerrar- susurró la diseñadora.

-¿Alguien te espera?- no quiso sonar entrometida, pero no lo logró, de verdad le ponía feliz que alguien estuviera esperando por su hija. -¿Es ese novio tuyo… el basquetbolista?- interrogó con mirada suave, no quería que el encuentro terminara aun.

-No- fue la respuesta que obtuvo. –Me voy-

-Te llevo- se ofreció casi desesperada, no veía a su hija por dos años y no quería alejarse.

-Me voy caminando-

-Rei está helando afuera…- tal vez conseguiría persuadirla mencionando el clima frió que azotaba a la ciudad en esta época.

-Mika, no puedes pretender que todo sea como tú quieres, sinceramente no sé cuáles sean tus verdaderas intenciones, pero las cosas no funcionan siempre como queremos.- fue la seca y madura respuesta de su primogénita, la seca y madura respuesta que fue un baldazo de agua fría.

Cafetería Central de Osaka, día siguiente

La quinta servilleta color rosa había sido enrolladla entre sus manos nerviosas, es que había esperado por este momento toda su vida, porque para ella no había algo que le inquietara más que conocer de donde venia. Comúnmente todos sabemos de dónde venimos lo que desconocemos es hacia dónde vamos y eso es lo divertido de la vida, del viaje, porque nuestras raíces están ahí, en esa casa en la que crecimos, con esas personas que llamamos familia, y ahí emprendemos un viaje que no sabemos a dónde nos llevara, pero para Makoto Kino su problema no era lo que le deparaba el futuro si no de donde partió ella para emprender el viaje, cuál fue esa casa, esas personas que pudo o no llamar familia y sobre todo quién era Lita.

Makoto se crió en un hogar, que aunque carente en muchos aspectos, no lo era de amor, la mujer que la crió a la que ella llamaba simplemente "mami" hizo todo lo posible por hacerla feliz y lo había logrado, fue una niña alegre a la que su madre jamás cohibió, incentivó su amor a la música, aunque no tocara ningún instrumento y solo cantara en la ducha provocando que hasta su perro saltara por la ventana no era impedimento porque ella sentía la música y por eso se dedicó a su disquera a cumplir el sueño de pequeños artistas y con ellos el de ella misma. Siempre supo el nombre de su madre biológica, Lita, Lita Kino, conservaba su apellido porque en verdad Chiharu, la mujer que la crió no tenía la adopción plena de ella, problemas legales que jamás se interesó por entender. Chiharu pasaba horas contándole cómo había llegado hasta ella y con el amor con el que la recibió, pero aun así quedaban preguntas, no sabía si tenía otra familia, Lita era huérfana, pero nunca supo si ella tuvo más hijos, solo tenía un número telefónico y luego de años dándose fuerzas para discar el numero, luego de meses sin respuesta al fin lo consiguió la voz de una mujer del otro lado de la línea. Hoy se contraría con ella y pondría fin a todas esas interrogantes, decidió hacerlo sola, aunque Andrew la esperaba dentro del auto, eso la reconfortaba, pasó su delicada mano por su abultado vientre y se dio valor, al menos lo haría por ellas, por sus hijas quería dejarles un verdadero legado.

Tan absorta estaba en sus pensamientos que no notó cuando una mujer de edad madura, de contextura mediana se acercó, sus cabellos rubios atados en una trenza de costado, tez blanca y lindas pecas adornaban sus mejillas, era extranjera, eso sin duda.

-¿Makoto Kino?- oyó que la llamaba con voz dulce aunque algo tosca en su acento.

-Si…- respondió mirándola, analizándola aunque trató de no ser grosera con aquél estudio. –Soy yo.- la mujer sonrió amable.

-Como no, te reconocería en cualquier lugar, mi nombre es Bianca, Bianca Katz- se presentó.- Hablamos ayer…- intentó explicarse, pero la voz de la pelicastaña la interrumpió.

-Tome asiento- fue lo único que pudo articular. –Por favor….-

Casa de Rei

La diseñadora no se levantó ese día de su cama, no iría a trabajar y había dejado encargada a Minako, que sin preguntar demasiado aceptó a sabiendas que algo había ocurrido con su amiga, porque nada detiene a Rei Hino ni siquiera un resfriado. Se removió molesta entre las sábanas, para luego incorporarse de un golpe, miró su reflejo en el espejo frente a ella, frunció su seño, ella no se dejaba amedrentar por nada ni nadie y mucho menos por Mika.

-No otra vez, no me dejaré espantar. –Comenzó a decir sin dejar de mirar su reflejo.- Debo ser fuerte porque yo soy Rei Hino- gritó levantando un puño al aire.

-Eso lo sé linda, acaso intentas convertirte en "súper diseñadora"- oyó la grave voz que tanto adoraba.

-Darien- gritó avergonzada mientras miraba hacia la puerta de su cuarto donde el americano estaba apoyado con ambos brazos cruzados sobre su pecho apoyado en el umbral de la puerta.- ¿Desde cuándo estas ahí?-

-Lo suficiente para saber que salgo con una heroína encubierta, ya sabía yo que verse como una súper modelo durante todo el día tenía una magia detrás- bromeó mientras entraba y se ponían frente a ella. -¿Cómo estas hermosa?- suavizó su tono desde la noche anterior que Rei se apreció en su trabajo visiblemente aturdida contándole después de varios intentos que la causante era su madre, se quedó preocupado, no le gustaba ver a su novia sufrir por nada y luego de largas horas tratando de sacar algo de información lo poco que dijo Rei lo sacó de quicio, no podía creer por todas las cosas que su "pequeña" como la llamaba de cariño había tenido que pasar, maldijo interiormente a esa mujer que solo conseguí desbalancear la vida de su hija.

-Estoy bien…. Aunque…-

-Aunque no fuiste a trabajar hoy- terminó la frase el pelinegro la chica solo asintió. -¿Qué tal si te tomas el día y me quedo contigo?-

-Pero y tu trabajo…-

-No te preocupes por eso, traje todo el trabajo para hacerlo en casa, así que soy todo tuyo.-

-¿Y tus proyectos?-

-Que esperen… tengo que ocuparme de los mas importante para mí- sonrió encantando mientras depositaba un tierno beso en la frente de la chica y la atraía hacia él rodeándola con el abrigo que llevaba. –Hace frío afuera- murmuró.

-Ven conmigo a la cama…- solo se alejó de él y extendió su mano que él aceptó gustoso con una sonrisa.

Cafetería Central de Osaka

-Bueno Makoto, básicamente así es, Lita no tuvo más hijos, jamás se casó y como te dije sus padres murieron cuando ella era pequeña la crió un tío que luego falleció.

-Eso veo, pero...- quería formular esa pregunta, pero temía por la respuesta.

-¿Tu padre?- la mujer frente a ella la había descifrado hace rato, la pelicastaña solo asintió.

-No sé quién es él cariño, solo sé que era mucho mayor que tu madre y que lo conoció en una gira.-

-Entonces era músico- soltó la pelicastaña clavando sus verdes ojos en la rubia que solo se encogió de hombros haciendo un gesto de ignorancia.

-No lo sé, tal vez… sí puedo decirte que él la adoraba y dudo que sepa de tu existencia linda. - dijo mirando a su taza de café.- lamento de no ser de mucha ayuda…-

-No, no diga eso- dijo Makoto con una cálida sonrisa.- Muchas gracias por reunirse conmigo es de mucho valor para mi.-

-Sin duda eres su hija, eres idéntica- exclamó feliz.- Lamento no haber respondido tus llamadas antes, es solo que hacía años que no pasaba por esa casa, la había rentado a un hombre que al parecer trabaja todo el día y justo esa tarde cuando volví a la ciudad pasé por el vecindario y fui a saludarlo, fue cuando me dijo que nunca había cambiando el numero y que una mujer había llamado un par de veces buscando a la antigua propietaria.-

-Esa tarde llamé-

-Y esa tarde respondí yo cuando el hombre reconoció el número en el identificador de llamadas.-

El silencio las envolvió unos segundos, era curioso como la vida nos juega bromas y nos recompensa cuando es necesario.

-¿Cómo era ella?- interrogó la ojiverde tomando aire, Bianca sonrió y pareció pensarlo unos instantes.

-Ella era increíble, muy graciosa, excelente cocinera, algo agresiva cuando se metían en sus asuntos.- este último comentario lo soltó con una risita divertida que contagió a Makoto. –Amaba la música, ella seguía en giras a grandes y pequeñas bandas por el mundo y ahí fue cuando la conocí.-

-¿Los seguía?... ¿Cómo una groopie?- interrogó con algo de confusión, el comentario hizo que su acompañante soltara una carcajada sonora.

-No ese tipo de groopie, ella si bien era fanática más que nada conseguía exclusivas de los artistas y luego vendía la información, o tal vez conseguía presenciar las sesiones de grabación oyendo temas inéditos que le permitían que ella publicara, había revistas que le pagaban por ello-

La mirada de la pelicastaña se iluminaba cada vez más, era increíble lo que se parecían, solo por detalles claro ella no sabía cocinar, pero sí su madre, siguieron hablando por horas y por en ese momento le ocurrió lo que no ocurría hace mucho, se sintió flotar, flotar en el viento y esta vez él la llevó al lugar exacto.

Casa de Rei esa misma noche

La insistencia del timbre lo sacó de su tarea: la cena. Tenían por costumbre que fuera él el que cocinara y no le molestaba en lo mas mínimo, bueno si le molestaba el delantal color violeta con cerditos rosas saltando de la mano que llevaba puesto, pero al parecer su novia no tenía otro en toda la casa, se acercó a la puerta con una sonrisa.

-Parece que alguien olvidó sus llaves…- pero su voz se apagó cuando parada en el lugar donde creía estaría Rei estaba una mujer de edad madura muy atractiva, que reconoció al instante.- Esos ojos…- murmuró.

-Buenas noches- saludó la mujer con voz seca que lo hizo erguirse molesto.-¿Se encuentra Rei…. mi hija?- pronunció corrigiéndose con desdén en su voz mientras lo miraba de arriba hacia debajo de manera analítica, recordó entonces que llevaba el estúpido delantal que se quitó de prisa haciendo un bollo y tirándolo hacia adentro.

-Buenas noches- respondió secamente sin dejar ver que sentía nerviosismo, no era un secreto que era una persona con poca paciencia, pero recordó que esa casa donde se encontraba también era de aquella mujer.

-No me presenté debidamente- dijo la mujer suavizando su rostro y mostrando una pequeña sonrisa al tiempo que extendía su mano. –Mi nombre es Mika, Mika Hino… bueno- se rectificó al instante. –ese era mi apellido, ahora llevo otro, soy la madre de Rei, supongo tú debes ser su…- miró la mano del pelinegro como buscando algo.

-Novio…- completó Darien adivinando que buscaba algún tipo de alianza. –Soy Darien Shields- se presentó estrechando la mano de la mujer que estaba helada, eso lo hizo reaccionar que aún se encontraban en la puerta. –Pase por favor- reacciono torpemente mientras se hacía a un lado la mujer solo se inclinó y entró a la cálida sala observándolo todo a su alrededor. –Tome asiento- dijo el pelinegro pasando delante de ella. -¿Desea algo de beber?-

-¿Dónde está Rei?- preguntó con evidente ansiedad, clavando su mirada amatista en el joven que solo se mostraba con semblante serio.

-Ella salió- respondió con voz gruesa, notó la desilusión en la mirada de la mujer y se animó a completar la frase. -Está aquí junto.-

-Oh- la mujer se sorprendió visiblemente por la información, no era un secreto que aquél hombre conocía de la tormentosa relación con su hija, recordó entonces al rubio vecino -¿Andrew continua viviendo allí?- interrogó mientras tomaba asiento en el amplio sillón, Darien la estudió por unos segundos para luego responder.

-Sí, ahora lo hace con su esposa-

-¿Esposa? – era evidente que hacía mucho no hablaba con Rei, y que realmente estaba fuera de su vida. -Que agradable noticia, acaso se casó con…-

-Makoto, si con ella.- completó el americano mientras se acercaba con una taza de humeante café. –Sólo había esto Rei olvidó ir al mercado.- informó al tiempo que ponía la taza de café sobre la mesa de la sala, a lo que la mujer agradeció con un gesto de su cabeza.

-Que alegría lo del matrimonio de Andrew, esa chica es especial- continuó con el tema anterior refiriéndose a Makoto. -Solo resta esperar a que tengan niños-

-Bueno a decir verdad… –dudó si hablar del tema, pero ya había abierto su gran bocota.-Makoto está embarazada, espera para dentro de unos dos meses creo.- Mika sonrió ampliamente parecía una sonrisa sincera, sin embargo dudó por unos segundos si dejar que su personalidad saliera a flote, pero fue tarde, puesto que ya estaba hablando luego del silencio incómodo.

-¿Qué pretende con Rei? ¿Qué es lo que busca señora?- dijo con una soltura despreocupada y clavando su azul mirada en ella.

-No creo que eso le incumba- fue la escueta y altanera respuesta.

-Claro que sí, porque todo lo que concierne a Rei me importa, amo a esa mujer y no dejaré que nada ni nadie, ni siquiera su madre le haga daño ¿me ha entendido?- el tono imperativo retumbo en la sala, si bien Darien intentó ser protocolarmente correcto perdió los estribos cuando esa mujer intentó excluirlo, como si aquello no fuera su asunto, tal vez parecía no serlo pero para él todo lo que rodeara a la pelinegra le importaba.

La mujer suspiró largamente, desvió su mirada hacia el suelo entrecerrando sus ojos, entreabrió su boca dejando escapar las palabras.

-Hay polvo en el suelo- informó.

-¿Eh?- el comentario lo sacó de clima tan rápido como Andrew aquél día él interrumpiendo su jugada monumental en aquel sillón donde la mujer que dio a luz a su novia lo miraba curiosa seguramente por su cara de pervertido. -¿Cómo?- trató de reponerse.

La mujer volvió a suspirar y esta vez clavó su mirada amatista en el publicista frente a ella. –Cometí muchos errores, perdí a mi esposo, aunque no era de lo mejor- aclaró con una mueca de desagrado. –Pero perder a mi hija es algo de lo que no estoy dispuesta, ayúdeme Darien- lo sorprendió con lo último.

-¿Yo?-

-Usted conoce a mi hija, la quiere, estoy segura que lo escuchará, solo quiero hablar con ella.

-No creo que deba entrometerme…-

-¿Ahora lo dice?- levantó una ceja incrédula.

o – o – o – o – o

Mientras tanto fuera de la casa, una chica de largo pelo color ébano se encontraba sentada bajo el gran árbol frondoso, tenía sus rodillas cerca de su pecho y las abrazaba con sus brazos, intentaba no temblar, pero las bajas temperaturas no ayudaban, rogaba que no nevara en ese instante porque moriría congelada, ya que luego de ver aquél auto estacionado frente a su hogar decidió que no entraría, no con ella ahí y conociéndola no se iría pronto.

Lo que más le preocupara es que su madre esté a solas con Darien, había dos variables, o Mika lo había asesinado o Darien la correteaba con un filoso cuchillo, luego había otra menos probable y excesivamente molesta ¿qué hay si se llevaban bien? Al menos sabia que a su madre no le gustaban los hombres menores. Suspiró largamente, ya su mente le jugaba malas pasadas, hubiese deseado haber tardado más en la tienda pero al parecer Minako tenía todo bajo control, bueno al menos eso parecía, desde que decidió postergar su operación de aumento de senos para no ser "excesivamente bella" según palabras de la chica, estaba más animada, como si toda su concentración estuviese en el trabajo y no en sostenes más grandes.

Sentía el viento golpear su rostro, "el viento" susurró, de niña creía que el viento traía las buenas noticas y las malas, que toda la energía flota en el viento y sin embargo esta vez el viento no tenía nada para ella, como si se hubiese detenido flotando en él, dejándose llevar, pero ¿hacia dónde?

-Me encontré una muñequita de nieve- oyó de repente sacándola de sus pensamientos, frente a ella el muchacho le sonreía divertido al tiempo que le entregaba un abrigo más grueso. –Debes tener helado el trasero-

-Andy…- exclamó ella con desgano. -¿Qué haces aquí?-

-Ay Reicita- le dijo mientras se sentaba junto a ella con evidente esfuerzo. –Es imposible no verte.- exclamó sonriente. –verás la ventana de mi baño da hacia aquí y te vi hace un rato…- explicó a lo que su amiga puso cara de evidente y literal asco.

-Andrew cierra la ventana cuando vas a hacer tus cosas- pronunció con desagrado.

-No tonta, fui a lavarme las manos, es que estoy construyendo las camas de mis Makitos.- dijo con una gran sonrisa que contagió leventemente a su amiga. -¿Qué haces aquí afuera?- su tono se tornó más serio, pero la sonrisa amable no desapareció, al parecer la pelinegra no iba a responder así que continuó. -¿Es por tu madre?- soltó sorprendiéndola.

-¿Cómo…. Cómo sabes eso?-

-Trabajo con Darien y no se caracteriza por llevar un buen control de su humor.- explicó con una sonrisa. -¿Qué ocurre Rei? ¿Qué te hizo esa mujer para que estés así? Mira debes decírmelo y te aseguro que la pondré en su lugar o llamo a papá para que lo haga.- la pelinegra dudó antes de hablar y definitivamente no iba a contarlo todo.

-Son muchas cosas Andy, pero yo…- su voz comenzaba a quebrarse. –Yo lo solucionaré- dijo tratándose de armarse.

-No hagas eso- advirtió su amigo descolocándola.

-¿Qué?-

-Eso, fingir, no tienes que hacerlo está bien estar mal Rei está bien sentirse triste, está bien, porque yo estoy aquí…. ¿sabes por qué vine hasta aquí amiga?- la chica solo negó con su cabeza.

-Porque este lugar es nuestro, es donde nos refugiamos y eso fue desde siempre, debajo de este árbol vivimos los años más felices y las experiencias más duras, y Rei no cambió eso, seguimos siendo los mismos, y no sé por qué te empeñas en encerrarte, no lo hagas.- finalizó tomando la mano de la diseñadora y estrechándola, el silencio los envolvió y las lagrimas se formaron en la mirada de su amiga.

-No puedo odiarla Andrew, no puedo es mi madre y lo intento, pero….. pero…. No puedo- y al fin ese llanto contenido por dos años salió, justo ahí bajo el árbol, junto a su amigo, es que algo flotaba en el aire, era el cariño fraternal que se tenían, y por fin el viento le trajo alivio. Andrew la refugió en sus brazos y sonrió, al fin su amiga se había liberado.

Mika decidió irse esa noche, no había caso hablaría con Rei en la mañana, y al fin la pelinegra pudo entrar a su hogar para cenar con su novio, darse un baño y llamar a un médico: había pescado el peor resfriado del año.

Cloth's on Fire, día siguiente

-Ayyy Rei luces terriblemente horrible- exclamó la rubia asistente al tiempo que la diseñadora llegaba al lugar.

-Glacias Midako- respondía con su voz totalmente nasal. –Es mi negocio y necesito encalgalme de él.-

-Ay nos vas a apestar, pero bueno…- se resigno la rubia mientras roseaba con un aerosol desinfectante el ambiente al igual que a la misma Rei que solo tosía molesta. –Me dijo Mako algo terrible- soltó de repente como si algo mágicamente hubiese aparecido en su mente.

-¿Qué?-

-La tienda esta embrujada Rei… - dijo haciendo movimientos con sus brazos imitando a un fantasma.

-Ay Kami…- se llevó una mano hacia su frente en un gesto frustrante.

-Es en serio, hay algo flotando en el aire…- hablaba con toque misterioso.

-Sí, al padecer algo toxico, que te hace alucinal Midako- exclamó la pelinegra.

-Dilo de nuevo- dijo divertida.

-¿Qué cosa?-

-Mi nombre es sumamente gracioso, lo pronuncias raro- feliz la rubia.

-¡Midako!- regañó Rei molesta, no estaba para bromas.

-Ayyyyy que emoción pareces que hablas desde el fondo de las catatumbas…- al decir la palabra su gesto se tornó serio.- Rei esto es importante- la llamó con gesto ilegible. –Tu madre ha vuelto- susurró con misterio y rotundidad.

-¿Y?- hasta ese momento no había novedad.

-Y por eso traje la aspiradora….- comenzó a decir.

-Mida no puedo seguidte.-

-Para aspirarla cuando aparezca, la encerraremos aquí- informó señalando su aspiradora de mano, regalo de su tía Amelia para aspirar las bolas de pelo de su gatita Luna, lástima que terminó aspirando al pobre animalito matándola en el acto, el caso se cerró en "negligencia a la Mina".

-¿Pod qué quedía aspidar a mi madle?-

-Rei lo vi en los caza fantasmas….- explicó su amiga con gesto obvio, la verdad que a veces su jefa la desquiciaba, no podía ser tan corta, pero al parecer tendría que tener paciencia.

-Mida…-

-Rei acéptalo tu madre está muerta y su alma en pena deambula por el último lugar que estuvo… el negocio- exclamó descendiendo su cabeza en señal de respeto.

-Mida…- para este punto los ojos de Rei eran pequeños puntos y miles de gotas se dibujaban a su alrededor.

La campañilla de la puerta sonó atrayendo ambas miradas, y ahí parada frente a ellas la mujer de cabello ébano corto, ojos amatistas, tez blanca y semblante serio.

-Kami el fantasma- gritó literalmente Minako para abalanzarse sobre la madre de su jefa que solo la esquivó al tiempo que la rubia se estrellaba con el vidrio.

-Veo que sigue como siempre- soltó Mika mientras se acercaba.-Bueno Rei no te rogaré, solo te lo diré una vez y seré directa.- dijo a su lado al tiempo que la pelinegra se incorporaba que gesto desafiante. –Primero, te ves terrible por Kami-

-Estoy enfedma- en su defensa.

-Lo sé, pero el tono de labial te pone pálida linda- en su lenguaje quería decir "me preocupo por ti".

-No tenía otro- lo que se traduce como "no se nota mala madre".

-Puedo comprarte uno si gustas. – o sea "perdóname por favor". –te compraré los que quieras. –traducido como "dame una oportunidad hija".

La pelinegra pareció pensarlo unos instantes levantando su ceja. –Puede ser que tenga algunos en mente. – o sea "tal vez te la dé Mika".

-Te daré el carmín. – traducción: "te amor Rei".

-Me quedo con el brillo- o sea "no tan rápido dame tiempo".

-¿Necesitas ayuda aquí?- ofreció con su típico tono serio, ese que utilizaba para los negocios.

-Lo tengo bajo control- respondió la pelinegra aunque con un gesto de duda. –Las declaraciones judadas… mi contadoda murió o algo así no sé de ella hace algunos meses.-

-Hhhmmp, bien tráeme eso- exclamó la mujer tomando asiento frente al mostrador. - y un café también Rei.- concluyó haciendo un gesto con su mano.

-Mika- le advirtió en tono de ofensa.

-Lo haré yo- sonrió su madre. -Pero al menos levantemos a Mina no queda bien eso en una boutique.-

-Mika- la llamó nuevamente. -¿qué te trajo hasta aquí?-

Su madre pareció dudarlo un momento como buscando la respuesta hasta que al fin habló con una enigmática sonrisa.

-El viento, vine flotando en él.-

-Estás mal mamá-

-Te oí-

Para poder hacer todo eso, es necesario, no temerle a partir, ni a volver. Porque estamos en una encrucijada de caminos que parten y que vuelven, si no sabemos a dónde ir, hay que dejarse llevar por el viento.
El viento lleva, y a la vez trae. El viento nos puede llevar a lugares insospechados flotando en aire, están todas las preguntas y todas las respuestas. Y flotando en el viento, iremos a donde debemos ir.

N/A: Holaaaaaa al fin después de una larga ausencia aquí estoy! Perdón por la demora chicas, es que con esto de las fiestas ayyy es como que todo se complica.

Bueno sé que esta nueva entrega no tuvo mucho de lo que acostumbro que es humor, pero creí que este capítulo era necesario, debo decir que la relación de Rei y su madre no sé donde las llevará, porque para mí no hay verdaderos finales, si no evoluciones, las dejaremos trabajar en eso.

Por otro lado me cuesta mucho escribir acerca del frio jajaja, acá en mi país hace MUCHO calor, incluso estuve éstos días bronceándome, aunque me arrebate el domingo pasado y bueno parecía un camarón… uufff.

Pero acá estoy, bueno chicas creo que en el próximo capítulo cerraré esto o si no en dos capítulos más, no olvidé la escena del coco Made, no te preocupes.

Una aclaración, la frase no es mía nuevamente la tomé de "casi ángeles" está linda ¿no? El resto sí eran mías jaja, pero al parecer la inspiración para ellas decayó.

Bueno ojala puedan dejarme review para saber que les pareció y a demás saber de ustedes, ¿cómo la pasaron en las fiestas? Papa Noel fue bueno?

Y yo les dejo mis felicidades y UN MUY FELIZ DIA DE REYES!

Con cariño Nick Rivers.