DISCLAIMER: los personajes de esta historia pertenecen a la maravillosa Stephanie Meyer, yo solo los tomé prestados.
Cambio de imagen.
No se cuanto tiempo pasó, pero aun cuando el jinete ya no se veía, yo seguía con la vista fija en el horizonte, atrapada en mis cavilaciones, pensando... Tratando de dilucidar si lo que había visto era real o solo una mala pasada de mi extremadamente fantasiosa mente.
- ¡BELLA! – gritaron Alice y Rose.
Valla, había olvidado que estaban aquí.
- ¿A dónde te fuiste? – preguntó mi amiga – Parecías a kilómetros de distancia de aquí.
- Creí ver... Olvídenlo, no es nada – aun seguía dudando, y no quería preocuparlas con mis ideas tontas.
Ambas intercambiaron una mirada que no supe interpretar, como si hubiesen adivinado lo que pasaba por mi mente.
- Muy bien. Hora de cambiarse. – sentenció Alice con mirada crítica sobre mi atuendo.
Rosalie también me observaba, y debo admitir que me daban miedo cuando se comportaban así. Abrieron el amplio armario y comenzaron a sacar prendas, ante mi atónita mirada.
- Pruébatelo.
Me pasaron unos jeans oscuros de tiro bajo, con una blusa ajustada de color azul, y unas botas negras de taco también bajo (gracias a Dios). Con mi tendencia innata a la torpeza, era un peligro tanto para mi como para los que estuvieran cerca.
Pero lo que me preocupó de verdad fue el conjunto de ropa interior de encaje, a tono con la blusa, que vi sobre la cama.
- Rose, no pienso ponerme esto – me horrorice.
- Anda Bella, no seas puritana.
- ¿Cuál es el caso de que me lo ponga? Nadie me lo va a ver. – razoné.
- Una nunca sabe – dijo enigmáticamente Alice – siempre se debe estar preparada.
De acuerdo. Estas dos me estaban asustando. Si seguían mirándome así me comenzaría a replantear el haber aceptado la invitación.
Salí del baño de mi habitación completamente vestida y me dirigí al espejo que se encontraba junto a la ventana. Realmente se me veía muy bien; tuve que aceptar que el buen gusto de Alice y Rosalie era envidiable.
- Ven Bella, siéntate.
Entre las dos me peinaron y me maquillaron, sin exagerar, los párpados con una sombra verde, un poco de rubor en las mejillas, y brillo en los labios. En verdad parecía otra persona, mucho más femenina.
- Estas lista. – dijeron ambas - ¿Qué te parece?
- Debo admitir que me gusta – dije, logrando una gran sonrisa de su parte.
- Perfecto. Bajemos que ya es hora de almorzar.
Alice nos guió hacia la puerta, y escaleras abajo al comedor. Nos encontramos con Jasper y Emmett ya sentados en la mesa esperándonos.
- ¿Qué le hicieron a Bella? Se ve diferente. – dijo Emmett.
- Siempre tan observador Emmett – Rosalie rodó los ojos.
- Claro que esta diferente – exclamó la duende - ¿Cómo podías esperar otra cosa después de que nosotras la asesoramos?
Jasper solo sonrió al ver el entusiasmo y el enojo de su esposa por el comentario de su cuñado.
- ¿Qué les parece si comemos? – preguntó, tratando de aligerar la tensión.
- ¡De acuerdo! ¡Muero de hambre! – Emmett, como no...
La comida pasaba sin problemas, hasta que...
- Bella, ¿cómo está tu novio? – preguntó Emmett.
Yo me atraganté con la comida, mientras que Rosalie le daba una mirada de advertencia.
- Ya no salgo con él Em, terminamos hace unos meses.
- ¿Y por qué? ¿No te atendía como debía? – dijo burlón.
Rose no lo aguantó más y le propinó un golpe en la cabeza.
- ¡Auch! ¿Pero qué dije? – se quejó.
- El me engañó Emmett. Lo encontré en nuestra cama con Jessica, una compañera suya de la Universidad. – dije bajito, tratando de no recordar el momento (y las cosas que le arrojé cuando pude reaccionar).
Mi hermana y mi amiga se sintieron muy orgullosas cuando les conté como lo había dejado. Aunque si se hubiera encontrado con ellas le habría ido peor, mucho peor...
- Lo siento Bella – se disculpó – No lo sabía.
- No hay problema.
La mesa quedó sumida en el silencio por unos momentos. Solo se escuchaban los cubiertos chocando con la vajilla.
- Bueno... – dijo Jazz de pronto - ¿Qué les parece si cuando terminamos vamos a cabalgar un rato? Podríamos mostrarte todo el lugar Bella.
- Claro – dije sin mucho entusiasmo. La cabalgata no se me daba muy bien, pero aun así me encantaba. Me sentía libre, de cierta manera.
- Tal vez nos encontremos con Ed... – se cayó de pronto. Por la cara de dolor que puso y la mirada, aparentemente inocente, de Alice, supuse que lo había pateado por debajo de la mesa.
- ¿Encontrarnos con quién? – Emmett parecía no haber captado la indirecta, ya que observaba a Jasper con gran interés.
- Con nadie Emmett. – dijo rápidamente – Bella, ¿me pasas la sal?
¿Qué me estarían ocultando mis amigos? ¿Tendría algo que ver el jinete misterioso de esta mañana? Creo que he leído demasiado libros durante mi vida, ya estaba pensando cosas raras.
Gracias a quienes empezaron a leer esta historia y me dejan sus reviews. Recuerden que son mi recompensa y mi manera de saber si les gusta lo que escribo.
Besos!!
