DISCLAIMER: los personajes de esta historia pertenecen a la maravillosa Stephanie Meyer, yo solo los tomé prestados.
Viaje de Compras.
Bella POV.
Edward había logrado sostenerme antes de que llegara al piso, gracias a mi torpeza innata. Siempre me lamenté por ella, pero en este momento la bendecía. Nuestros rostros estaban muy cerca, tanto como en el jardín, y sentía el innegable deseo de besarlo; un deseo que también podía ver en sus ojos. Mis labios se acercaron como un imán a los suyos, mientras que sus manos apretaron más mi cintura.
Una bocina sonó a lo lejos, sin que les prestáramos atención, siguiendo en nuestra burbuja personal. El sonido se volvió insistente, hasta que ambos nos giramos hacia el lugar del que provenía. Edward masculló una maldición mientras que yo fulminé con la mirada a Emmett, culpable de la interrupción.
- ¡Emmett! ¡Ya cállate idiota! – lo golpeó Rosalie.
- Mira lo que haz hecho – le reprochó Alice.
- ¿Qué? ¿Qué hice? – preguntó desconcertado – se estaban tardando...
- Eres tonto realmente Emmett – suspiró Jasper.
Sentí la mano de Edward sostener la mía, mientras nos dirigíamos al auto.
Alice, Jasper, y Rose nos miraban con cara de disculpa, mientras que Emmett seguía intentando comprender qué había hecho mal.
Emmett, de no ser porque hay fotos de mamá embarazada de ti, creería que eres adoptado – farfulló Edward entornando los ojos.
Una lamparita se encendió en su mente, ya que comenzó a reírse estrepitosamente mientras nos miraba. Esto hizo que Edward se enojara mas aun, y que yo me pusiese igual que un tomate.
- ¡Cállate! – le espeto mi hermana (a la cual en este momento adoraba). Luego suavizó el tono y me miró – Sube Bella, solo te separaremos de tu príncipe azul por esta noche – finalizó riendo.
Ok. Olviden lo que dije antes de adorar.
Mi príncipe, ejem... Edward... suspiró y me ayudó a subir a la enorme camioneta, no sin antes besarme la mano como todo un caballero, y sonreírme de lado.
Mi mirada vagaba en el paisaje durante el trayecto, mientras que mi mente se perdía en recuerdos. Sus ojos centelleantes, su broncíneo cabello, sus manos de largos y finos dedos, y sus labios. Aquellos labios carnosos y suaves que me hicieron estremecer al posarse sobre mi piel, logrando que mi cuerpo comenzara a hervir de necesidad.
Al llegar a la casa de mis amigos, corrí a mi habitación y me tiré sobre la cama, no sin antes cerrar la puerta con llave (ya que de no hacerlo, Alice y Rose me atacarían a preguntas). Luego de suspirar un rato, me cambie de ropa por un cómodo pijama (que había logrado colar, junto con otras prendas, en el inmenso armario), y caí profundamente dormida.
Por la mañana, unos murmullos me despertaron, y antes de que tuviera tiempo de adivinar de donde provenían, un fuerte golpe a mi costado me hizo gritar. Al abrir los ojos, me encontré a Alice dando saltitos sobre la cama, y a la mitad del cuerpo de Rosalie metido en el armario, revolviendo mi ropa y arrojando a un lado.
- No, esto no sirve... Esto esta pasado de moda... ¡¿Cuándo rayos te compraste esto Bella? – gritó de la nada, mientras arrojaba un cullotte con el logo de Superman en la parte delantera. Este aterrizó junto a Alice, que paró con su ataque de hiperactividad, pegó un chillido, y me miró con los ojos entrecerrados.
- Creí que el haber convivido con nosotras por tanto tiempo te enseñaría lo que es la moda – susurró mi amiga tranquilamente. Muy tranquilamente... ¡Dios! Esto no presagiaba nada bueno. – Sabes lo que significa ¿verdad? – me miró con una sonrisa maligna plantada en su cara de duende.
- ¡Compras! – gritó Rosalie saliendo de adentro del armario con una remera de tirantes en color violeta en una mano, y en la otra una minifalda que no recordaba haber traído.
Gemí. Ya se estaban tardando... Solo me quedaba tratar de razonar con ellas.
- Rose, cariño, ¿para qué vamos a ir de compras si ya tengo ropa suficiente para toda una vida ahí dentro? – señale sus manos para darle más énfasis a mis palabras – Esa minifalda, por ejemplo, ya estaba aquí cuando yo llegué, lo que significa que alguien fue de compras y la trajo. Y las únicas personas que pudieron hacer eso están en esta habitación. – en ese momento recordé algo – Un momento, ¿cómo entraron? Recuerdo que anoche cerré la puerta. – las miré esperando una respuesta.
- Responderé a tu última pregunta en primer lugar – me dijo Alice rodando los ojos – Por si te has olvidado, este es mi rancho, por lo tanto tengo llave de cada cuarto. – suspiré – En segundo lugar, al parecer no te alcanza la vestimenta que te conseguimos tan amablemente, ya que esta visto que no nos haces caso. ¿En qué cabeza cabe ponerse eso a modo de pijama?
- ¡Oye! Amo este pijama – le reclamé.
- Ahí esta, nunca mejor ejemplificado – completó Rose amablemente. – Te queremos, pero no tienes idea de lo que es el sentido de la moda.
- Además – completó Alice – esa minifalda te quedará de lujo, ya verás. Si nos acompañas sin rezongar, haremos de cuenta que no vimos todas esas ropas tuyas mezcladas en el armario. – terminó dándose vuelta para buscar unos zapatos.
¿Acaso dijo algo de razonar?
Una nueva pelea por la minifalda que no me animaba a usar, otro conjunto interior escandaloso en color bordó, una rápida ducha, y una sesión de maquillaje después, bajamos a la cocina para desayunar con los chicos.
- Buenos días Bells – me saludó tan dulce como siempre, Jazz.
- ¡Guau Bellita, que bien luces! ¿Buscas impresionar a alguien? – se carcajeó Emmett.
Como siempre me sonrojé, y traté de bajar un poco más (inútilmente, debo añadir) la minifalda que las dos brujas... perdón, amigas... me habían puesto.
- ¿Quieres dejarla en paz? – pregunto Allie – Iremos de compras a la ciudad en cuanto terminemos el desayuno.
- Yo que tu no estaría tan feliz – sonrió con maldad Rose – tu nos acompañarás por supuesto.
- ¿Y yo por qué? – tronó mi cuñado.
Mala idea...
- Porque si no lo haces dormirás en los establos con los caballos el resto de las vacaciones.
- ¡Amo las compras! – exclamó con falsa alegría.
- Así me gusta.
Jazz, Alice y yo tratamos, con mucho esfuerzo, no reírnos de la situación, mientras que mi hermana se sentaba con toda la dignidad de que era capaz, y se servía un café.
Dos horas más tarde, nos dirigíamos al centro de Dallas montadas en el BMW de Rosalie. Ustedes se preguntaran qué hacíamos con tan ostentoso coche en el medio del campo, pero lo único que puedo contestarles es: mi familia es asi...
En cuanto estacionamos, Alice saltó hacia la vereda y corrió al centro comercial. Emmett se bajó resoplando, mientras mi hermana me cogía la mano y me guiaba hacia adentro. El primer local que visitamos fue una boutique bastante bonita y sencilla, pero no por eso menos cara, donde vimos a nuestra amiga frente a un probador con un montón de ropa sobre sus pequeños brazos, esperándonos impaciente.
¿A qué están esperando? ¡Vamos que no tenemos todo el día! – exclamó moviendo sus brazos, mientras nos miraba alternativamente a Rose y a mi; Emmett solo se mantenía a una distancia prudente. – Anda Bells, pruébate esto, y esto también – me dijo empujándome hacia el probador que se encontraba a su espalda.
Suspiré y miré fijamente las prendas que me había entregado. No estaban tan mal... Empecé por calzarme unos jeans de tiro bajo en color oscuro, que se amoldaban a mi figura, junto a una remera de cuello bote, holgada en los hombros y algo mas ajustada llegando a la cintura. Increíblemente me gustó, era simple pero elegante. Salí para que me vieran y escuché como ahogaban una exclamación.
- ¡Bravo amiga! Ese seguro le gustará – dijo Allie con una sonrisa.
- ¿A quién debería gustarle? – pregunté alzando una ceja.
- ¡Olvídalo! Sigue con el resto – mandó – Ese lo llevamos.
Media hora más tarde y diez bolsas cargadas por mi cuñado después, paramos frente a un local de Victoria`s Secret.
- ¿Están de broma verdad? No pienso entrar ahí – refunfuñé cruzándome de brazos.
- ¿Cuánto me quieres Bells? – preguntó la duende con una expresión digna del Gato con Botas de Shrek.
- A ver, ¿para qué voy a necesitar de todo eso?
Me miró como si me hubieran salido tres cabezas.
- Nos lo agradecerás después – saltó Rose empujándome hacia dentro y dándome unos cuantos conjuntos de encaje en distintos tonos bastante provocativos.
Mientras tanto, Emmett se reía por lo bajo ante mi desconcierto, y yo me sonrojaba cada vez más.
- Mira – empezó Rose con fingida paciencia – Cuanto más rápido te decidas, más rápido saldremos de aquí y no tendrás que soportar las bromas pesadas de Em.
- Ok – suspiré. Creo que últimamente estoy suspirando demasiado seguido.
Tiempo después salíamos del lugar con otras diez bolsas (ninguna de las cuales fue cargada por nosotras), y nos acercamos a una zapatería. A pesar de estar cansada me entusiasmé, ya que los zapatos siempre me han gustado, aunque prefiera usar una cómodas zapatillas...
Elegimos botas, zapatos de taco, chatitas, y algunas zapatillas que logré comprar a pesar de las caras de mi hermana y amiga, pero lo dejaron pasar.
Por fin llegamos al auto. Mi cuñado se arrastraba detrás de nosotras con más de cuarenta bolsas, entre cajas de zapatos, lencería y ropa de todo tipo, resoplando por lo bajo.
- ¿Se puede saber cómo haremos para que todo esto entre en tu auto? – le preguntó a su esposa. Esta lo miro con una sonrisa ladina, y quince minutos después salíamos de la ciudad, con el baúl cargado y el resto de las bolsas sobre el pobre de Emmett, que a duras penas podía respirar.
- Díganme de nuevo por qué Jasper se salvó de venir – dijo.
- Simple – le contestó su hermana – A diferencia de ti, él debía trabajar. Además – agregó – todos no entrábamos en el auto, y no quería tener que traer dos.
Bastante rápido llegamos al rancho, y nos encontramos a Jasper junto con Edward en la entrada. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, al igual que apareció mi característico sonrojo en cuanto él me miró. Se acercó al auto y me ayudó a bajar, mientras Jazz hacía lo propio con Alice y Rose.
- Te he extrañado – me susurró al darme un beso en la mejilla – Estas preciosa – agregó.
Comencé a agradecer por la manera en que me había arreglado esta mañana.
- También yo – le dije, mirando hacia el piso.
Me levantó el mentón con una de sus manos, mientras la otra se afianzaba en mi cintura.
- No me prives de ver esos hermosos ojos – se acercó más a mi – son mi faro en la oscuridad.
Creo que estoy empezando a hiperventilar... no podía ser real, apenas nos habíamos conocido ayer, no era posible que despertara esto en mi. Además, él era la perfección personificada, y yo... Bueno, yo era lo opuesto, una más del montón. No tenía nada que me hiciera resaltar. Mis pasatiempos eran leer uno de los tantos libros que llevaba conmigo a todas partes, y escribir. En la Universidad jamás asistía a fiestas, a pesar de que Jake no se perdía ninguna, y prefería quedarme estudiando en la biblioteca.
Jake... Cuando lo conocí creí que era todo lo que yo podía soñar, era el capitán del equipo, el chico popular, el único que me prestó atención, que se fijó en mí. Todo fue nada más que una ilusión pasajera, y dolorosa. Me enorgullezco de tener el carácter suficiente como para haberle demostrado que no era ninguna idiota, en cuanto vi como me engañaba y le canté sus verdades. A él, y a Jessica. Maldita zorra. Pero a pesar de todo lo agradezco, porque sino, yo no estaría aquí con mis amigos, y no habría conocido a Edward.
Edward POV
Estaba bellísima. Era increíble lo que me hacía sentir. En cuanto la vi en el auto de Rosalie, no pude evitar acercarme y ayudarla a bajar, tenía que tocarla, volver a sentir su suave piel entre mis dedos, en mis labios... Anoche tarde horas en dormirme, y cuando lo logré solo soñé con ella. Mis labios sobre los suyos, el ritmo de su corazón palpitando por mí, acariciándola y haciéndola delirar mientras la desnudaba y le hacía el amor.
¡Dios! Tengo que para, o pronto no podré ocultar mi excitación. Jamás me perdonaría asustarla, no quiero que crea que soy un pervertido sexual, o un psicópata.
No me resistí a besarla en la mejilla, diciéndole lo mucho que la había extrañado, y lo hermosa que estaba.
Mi corazón comenzó a bailar la conga en cuanto ella me dijo que también me extrañó. ¡Como necesitaba sentir sus labios! El deseo cada vez era más fuerte y estaba empezando a caer en la tentación cuando algo me distrajo. Unos gritos ahogados y un leve forcejeo me obligaron a apartar la mirada de mi ángel y concentrarme en el ruido. Emmett trataba de salir de debajo de un mar de bolsas que parecían atraparlo dentro del auto de mi cuñada. De no ser por lo ridículo de la situación, de seguro lo habría matado; cada vez que intentaba besar a Bella, él se interponía en mi camino.
Tome su mano y me relajé al sentir su calor; respiré profundo y me acerqué a ayudar a mi hermano.
- ¡Me ahogo, me ahogo! – gritaba, braceando para escapar.
No pudimos soportarlo más y estallamos en carcajadas. Alice brincó a su lado tomando algunas bolsas, ayudada por Jasper, mientras Rosalie lo miraba entre divertida y enfadada por el escándalo que su esposo hacía por tamaña tontería.
- ¡Ya para Emmett! Ni que fuera para tanto – le dijo rodando los ojos.
- Eso lo dices tú, que no estas aquí abajo – gritó desesperado.
- Quédate quieto, que sino no pudo sacar las cosas – le dijo Jasper divertido.
- La próxima las acompañas tú, y yo me quedo a trabajar.
- Ya quisieras...
- Apuesto lo que quieras.
Y vamos otra vez. Parecía que no podían pasar 24 horas sin apostar y tratar de demostrar quien era el mejor. Por supuesto, Emmett siempre perdía...
Ajena a la discusión que se había formado entre su esposo y nuestro hermano, Alice corría hacia adentro cargada de bolsas, al tiempo que mi Bella la miraba perpleja y fastidiada.
- Por tu cara debo suponer que mi hermana te compró todo eso ¿verdad? – le pregunté mirándola a los ojos.
- Supones bien – me respondió mordiéndose el labio inferior. Me estoy volviendo loco... Como me gustaría capturarlo entre mis dientes y chupárselo hasta perder la razón. ¡Alto, Alto , Alto!
Estaba a punto de capitular cuando...
- ¡Ven Bells! Tienes que ayudarnos a organizar todo esto – salvado por la campana.
Isabella bufó, y se soltó de mi agarre despacio, como deseando poder quedarse. Me miró por sobre su hombro y entró en la casa. Frente a mí, Emmett y Jasper seguían discutiendo, ajenos al resto del mundo. Suspiré, y caminé arrastrando los pies hasta llegar al establo; busqué a Seth y salí al galope por la pradera, tratando de aliviar mi frustración sin necesidad de acudir a una ducha de agua fría. Otra vez...
Lo se, lo se.. Perdón por haber tardado tanto, pero empece la facultad y no he tenido tiempo de escribir.
Las cosas se estan empezando a calentar... veremos que tal se viene el proximo capitulo..
Dejenme sus reviews, please! es la unica manera que tengo de saber si les gusta.
Muchas gracias a aquellas que me han agregado a sus favoritos! =P
Nos seguiremos leyendo
Besos!
