DISCLAIMER: los personajes de esta historia pertenecen a la maravillosa Stephanie Meyer, yo solo los tomé prestados.


Capítulo 7: Rodeo.

Edward POV.

Había sido simplemente perfecto. Aun creía que era irreal, su suavidad, su piel... Ella me ama. ¡Me ama! Nada me podría haber hecho más feliz; el verla desnuda, con su cabeza apoyada en mi pecho, suspirando tranquilamente era la constatación de ese hecho. La tome entre mis brazos y la besé, despacio, y luego profundizando, haciendo que mi lengua saboreara la suya, disfrutando el momento, a la vez que le acariciaba el costado. Comenzó a imitarme, bajando su mano por mi cuerpo, lento, tanteando con las yemas de los dedos mi piel. La dejé hacer hasta que levanté la vista y vi la hora en su mesita de noche. Por un momento no lo tomé en cuenta, pero reaccioné de inmediato.

- Amor... - ¡que bien sonaba esa palabra!

- Mmm... - ¡rayos! Si seguía bajando no iba a poder pensar con claridad.

- Cariño... – volví a intentar – ya son las 10 de la mañana.

Como si algo se hubiera prendido en su cabeza, pegó un salto y se bajó de la cama.

- ¡Dios! ¿Por qué no me lo dijiste antes? – exclamó – Debemos vestirnos pronto o vendrán por nosotros, y no quisiera que nos vieran en este estado.

- Sobre todo a mi – bajé la mirada avergonzado hacia cierta parte que estaba más despierta que Bella y yo juntos. Ella siguió el camino de mis ojos y sonrió con suficiencia.

- ¡Anda, vístete! – se perdió dentro del baño, luego de tomar algo de ropa del armario.

Trate de ponerme mis pantalones, pero mi amigo no cooperaba demasiado. Piensa en algo feo, piensa en algo feo... Emmett en un bikini rojo de Rosalie bailando en un caño... Nada más efectivo.

Bella salió poco después, mientras me abotonaba la camisa, enfundada en unos ajustados jeans gastados, zapatillas, y una remera de Muse. En ese preciso instante mis pantalones comenzaron a quedarme pequeños, y todo mi trabajo de concentración se fue por la borda. La arrinconé contra la pared y la besé con pasión, tratando de quitarle todo lo que traía puesto; me correspondió por un momento hasta que solté sus labios y ella me apartó, yéndose al otro extremo de la habitación.

Hice un puchero, respirando agitadamente.

- Si seguimos no pararemos. Y si no paramos Alice vendrá y nos obligará a bajar sin importarle el estado en el que estemos – razonó.

Pero mi mente no estaba para razonamientos lógicos, y la visión de sus cabellos desordenados, sus labios rojos e hinchados, y su respiración entrecortada, no me ayudaban en lo absoluto.

Emmett en bikini... Emmett en bikini..., me repetía como una letanía. Finalmente conseguí calmarme, a la vez que ella se acomodaba el pelo. La tomé de la mano y nos dirigimos al comedor, a enfrentarnos con la familia.

Caminamos lentamente por el pasillo hacia la escalera, y bajamos al comedor donde todos ya estaban sentados y terminando de comer. Bueno... exceptuando a mi adorable hermano que parecía no tener fin.

- ¡Em! – dije a modo de saludo – tu estómago parece ser un embudo.

El aludido me miró con una sonrisa socarrona, y luego se fijo en nuestras manos, aun entrelazadas.

- ¿¡No pierdes el tiempo, eh hermano? - medio preguntó a la vez que se carcajeaba.

- ¡Felicitaciones! – sonrió Rosalie, golpeando de paso a su esposo por la burla.

- ¡Auch!

Jazz y Alice nos miraban sonrientes y muy tranquilos. Demasiado...

- ¡Bella! – la abrazó la pixie con energía, alejándola de mi. - ¡Por fin! Se estaban tardando...

- ¿Tardando? Pero si nos conocemos hace tres días...

- Precisamente – me miró rodando los ojos – Demasiado tiempo. Ustedes son el uno para el otro, lo sabía hace años.

Mi ángel soltó un sonoro suspiro y trato de alejarse de mi hermana para volver a mi.

- Y si lo sabías hace años ¿por qué nunca dijiste nada? – le preguntó rodeándome la cintura. ¡Qué bien se sentía eso!

- Tiempo al tiempo – le contestó crípticamente. – Y solo por eso – agregó – haré de cuenta que no me entero de lo que te pusiste, obviando la ropa que ya te había preparado. Es más, ni siquiera quiero saber como quedó la ropa, puesto que estaba sobre la cama...

Yo me atraganté con mi propia saliva, Bella se puso completamente roja, Rose y Jazz se sonrieron, y Emmett comenzó a reír de nuevo.

- Ahora – dijo alejándose – ustedes dos siéntense a desayunar antes de que nuestro hermano acabe con todo – nos empujó hacia la mesa.

Bella POV.

Mejor hacerle caso, después de todo, no me hizo ningún escándalo por mi atuendo, y viniendo de ella eso es mucho. Nos sentamos uno al lado del otro, sin dejar de sentir el calor que desprendían nuestros cuerpos, ni el deseo cada vez mayor de repetir lo de hacia un par de horas... Me estoy convirtiendo en ninfómana, pero por supuesto no me quejo. El de esta mañana con Edward fue el mejor sexo de mi vida, y no lo cambiaría por nada.

Tratando de calmar un poco mis alteradas hormonas, le presté atención al plato frente a mi. Luego de tomar un sorbo de mi café y comer unos cereales, escuché la conversación a mi alrededor.

- ¿Aun recuerdan la apuesta que hicimos la otra noche? – preguntó Jazz de pronto.

- ¿Cuál? ¿Esa que decía que yo iba a ser el ganador de la carrera? – le respondió Emmett.

- Nadie dijo que tu ganarías – saltó Edward.

- ¡Claro que si! Siempre fui el mejor para cabalgar. Crecí aquí.

- Todos crecimos aquí hermano – agregó mi amor. – Y tu jamás fuiste mejor que yo.

- No tiene caso discutir – les dijo Jasper. Al fin alguien sensato... – El mejor soy yo. - ¡Hombres!

Las tres suspirábamos y seguíamos la discusión como si fuera un partido de tenis. Faltaban pocos días para el rodeo anual y parecía que esto no iba a tener fin. Alice nos miró, comenzando a recoger las cosas de la mesa, algo en lo cual le ayudamos, todo con tal de no seguir escuchándolos. Caminamos a la cocina y nos recargamos sobre la mesada; Rosalie bufaba y Allie mantenía una sonrisa conciliadora, seguramente pensando que no había forma de cambiarlos.

- ¿Siempre fueron así? – le pregunté a mi amiga.

- Cada año – contestó resignada – Suele ser divertido verlos discutir como chiquillos, pero bastante repetitivo luego de un tiempo. De todos modos siempre gana uno distinto, asi que aguantamos el orgullo del ganador y las caras largas del resto.

- ¿Y quién ganará esta vez?

- Ya lo verás – sonrió – Y ahora cuéntanos lo de esta mañana – brincó a mi alrededor.

Rose se sumó a sus saltos, logrando que comenzara a reír.

- No creas que no se que fuiste tu – le apunté a Alice – Y te lo agradezco.

Me miró sorprendida.

- Si no fuera por tu intervención seguiríamos dando vueltas, ya que tu esposo – miré a mi hermana – siempre se metía en el medio. Pronto te ibas a convertir en viuda, y yo en asesina.

Las tres soltamos una carcajada.

- Estuvo tan dulce... y apasionado... y... ¡wow! – exclamé – jamás me sentí así en toda mi vida. Me encantó y ya lo quiero de nuevo junto a mi. Creo que no soportaré estar alejada de él nunca más.

- ¡Abrazo de grupo! – chilló Rose, saltando hacia mi.

Comenzamos a dar vueltas por toda la habitación, saltando y riendo, hasta que algo me levantó del suelo y me giró sobre si.

- ¡Emmett! Me estas mareando.

- ¡Hermanita! ¡Cuñada! – gritó – somos familia por partida doble Bells.

- Bájala Em, acaba de desayunar.

Pronto sentí otros brazos acogiéndome, y enterré mi cara en el cuello de Edward, aspirando su aroma.

- Tranquila, ya estas a salvo – susurró en tono melodramático, a lo que yo solo pude reír, mientras Emmett nos miraba.

- Ni que fuera tan malo – nos dijo con un puchero – Ven aquí cariño – saltó tomando a Rose y girando con ella en brazos.

Jazz y Alice se encogieron de hombros, imitándolo. Carraspee llamando la atención de Edward y alcé una ceja. Me miró divertido, me alzó, y comenzó a girar.

Si cualquiera entrara en ese momento a la cocina, nos creería locos o drogados, dando vueltas por todo el lugar, riendo a carcajadas.

Cuando nos cansamos, los chicos nos bajaron, tambaleándose por el mareo, tratando de sostenerse a si mismos y a nosotras en el proceso.

Edward me tomo por la nuca y me beso con pasión, logrando que yo jadeara y tomara su cabello por mechones, acariciándolo, devolviéndole el beso con la misma devoción.

Oímos un ruido y nos separamos sin aire. Miramos a nuestro alrededor para encontrarnos con que nuestra familia había desaparecido, dejándonos solos.

Se alejó unos pasos para cerrar las puertas con seguro, me miro dándome una sonrisa torcida, y volvió a besarme. Sus labios eran una adicción, y sabían a gloria. Enredé mis piernas en su cintura, chocando nuestros sexos, gimiendo por el contacto. Caminó conmigo hasta la mesa y me sentó sobre ella, metiendo su mano por debajo de mi remera, acercándola a mis pechos, para masajearlos con ferocidad, de igual manera que atacaba mis labios y mi cuello. La necesidad de sentir su piel fue tal que tome con ambas manos su camisa, abriéndola y arrancándole todos los botones, para luego pasar mis manos por su increíble y bien formado torso, sus musculosos brazos, bajando al cierre del pantalón, sintiendo su duro miembro que necesitaba atención. Metí una de mis manos dentro y comencé a frotarle la punta. Edward soltó un gemido ahogado, y con desesperación bajó mis pantalones, junto a mi ropa interior, y entró en mi de una sola estocada. Comencé a gemir en su cuello, tratando de acallar los gritos de placer que su cuerpo me proporcionaba. Sus dedos se clavaron en mi cadera, acercándome con fuerza hacia él, chocando nuestros sexos con frenesí y brutalidad, como si no tuviéramos suficiente. El orgasmo se encontraba cerca y me estaba volviendo loca por obtener mi liberación. Volvió a besarme con pasión, mirándome a los ojos con lujuria.

- Te amo – susurró, suavizando por un momento su expresión.

- Tanto como yo a ti – le conteste, luchando con su lengua, mezclando nuestra saliva, queriendo mas de él.

Gemimos con fuerza al mismo tiempo, obteniendo nuestra liberación, llenándome con su esencia.

Nos abrazamos jadeantes, nuestros corazones latiendo con fuerza, las sonrisas pintadas en nuestros rostros. Me miró con seriedad, acariciándome el cabello.

- ¿Te hice daño? – me preguntó preocupado.

- Ninguno, al contrario, me has hecho muy feliz.

Me sonrió.

- Te amo tanto Isabella. No tienes idea de cuanto.

- Yo te adoro con el alma, mi amor.

- Dilo de nuevo – me pidió. Yo reí.

- Mi amor, mi amor, mi amor – repetí besándolo.

Luego de tanto desenfreno, tratamos de arreglar el desastre en que se había convertido la ropa, con sonrisas bobas en la cara.

- ¿Crees que nos hayan escuchado? – le pregunté.

- Supongo que no, aunque sabían perfectamente lo que iba a pasar. Gracias a Dios nos dieron privacidad. A pesar de eso, no tengo idea de cómo arreglar esto – me dijo observando su camisa, sin botones por mi arrebato.

Lo mire por un momento, con el dedo índice sobre mi mentón, pensando en una posible solución.

- ¿Qué tal si te pones una de las camisas de Jasper? – le propuse – Luego puedes ir a tu casa a cambiarte. No creo que él se moleste.

- De acuerdo. Iré a su cuarto a ver si encuentro algo. ¿Vienes?

- No lo creo. Si accedo, el resto de tu ropa también desaparecerá y no tendremos una buena explicación para eso... Mientras tú te cambias, buscaré a los chicos, dudo que hayan ido muy lejos.

- Como quieras – concedió – Pero antes...

Dicho esto, se acercó a mí, besándome con suavidad, profundamente, logrando que soltara un jadeo entrecortado.

- Para que no me extrañes cariño.

Sonrió torcidamente y salió de la cocina rumbo a las escaleras.

Con una sonrisa de oreja a oreja, abrí la puerta del jardín y salí al exterior. A lo lejos vi como Emmett escapaba de Jasper, corriendo a lo largo del parque, riendo y gritándole; Rose reía a carcajadas de su cuñado, y Alice alentaba a su esposo con una mirada maligna plasmada en el rostro. Me acerqué a ellas con cuidado de no tropezarme en el camino. En cuanto me vieron, dejaron de prestarle atención a los hombres y se abalanzaron sobre mi, logrando que las tres cayéramos al suelo.

- ¿La pasaste bien cuñadita?

- ¿Dejaron algo en pie allí dentro?

- Debemos pedirle a Edward que venga a pasar un tiempo con nosotros.

- Si, seguro que no puede quitarte las manos de encima, hermana.

Las miraba a cada una, sin saber cuando podría abrir la boca. Finalmente, les chifle, logrando que se callaran y me miraran expectantes, como dos niñas buscando un dulce.

- ¡Tiempo fuera! – exclamé, parándolas con una mano enfrente – Si, la pase MUY bien; la cocina está igual que como la dejaron; me encantaría que Edward viniera al rancho, pero seguro debe tener cosas que hacer en el suyo; y no les importa si puede quitarme o no las manos de encima – terminé, luego de una profunda inspiración. Había logrado contestar a cada uno de sus comentarios casi sin respirar y estaba tratando de recuperar el aire perdido.

Las dos se miraron por un momento, para luego volver a discutir.

- Estoy segura de que a Edward no le molestará venirse para acá, si hay algún pendiente, puede dejar a alguien mas para hacerlo, y listo. – dijo la enana diabólica, mirando fijamente hacia algo en mi espalda. Me di la vuelta y me encontré con mi luz personal caminando hacia nosotras, vestido con sus jeans y una remera negra (de Jasper) que le quedaba de infarto. Creo que estoy empezando a hiperventilar...

- Respira Bella – me susurró cuando llegó junto a mi.

- Estas... Estas... – intenté de nuevo – Te queda muy bien...

El se rió, tomándome de la mano.

- ¿Por qué traes puesta una remera de Jazz? – le preguntó Alice.

- ¿Qué le hiciste a su camisa Bella? – exclamó Rose.

Esto logró que me sonrojara furiosamente.

- Creo que ya tenemos la respuesta Rosie – rió Allie.

Decidí cambiar de tema.

- ¿Qué sucedió con Emmett y Jasper?

Ellas se encogieron de hombros y miraron a sus respectivos esposos, que seguían corriendo, ajenos a todo lo demás.

- Al parecer Emmett volvió a azuzar a Jasper con el resultado de la competencia del año pasado – contestó Alice.

- Em le ganó por solo unos metros, y cada vez que puede lo provoca, diciendo que él es el mejor y que puede volver a ganarle sin problemas.

- ¿Asi que esa es la razón por la cual Jazz desea matar a Emmett?

Edward rió a mi lado.

- Deberías verlos todos los días. Esto no es nada en comparación con lo que pueden hacer.

- Estoy harta de tratar de que tu hermano evite romper cosas – se quejó Rose.

En ese momento, mi cuñado corrió hacia mi, escondiéndose a mi espalda.

- ¡Cúbreme Bells! – gritó dramáticamente - ¡Sálvame del desquiciado adorador de la Guerra Civil!

Vi como el aludido se acercaba lentamente.

- Aléjate de ella, sabes que nada te pasará – dijo con una mirada malévola en sus ojos. Realmente daba miedo.

Edward me tomó despacio de la mano, tratando de que ninguno se diera cuenta, alejándome del campo de batalla en que se había convertido el jardín. Emmett, por su parte, estaba comenzando a relajarse y no se dio cuenta de lo que se le venía encima. De un momento a otro, la mirada malévola de Jasper se convirtió en una asesina.

- ¡Te voy a dar caza como a un oso salvaje! – a lo que siguió un grito de Emmett cuando su cuñado se le tiró encima. Rodaron por el césped en medio de un nido de brazos y piernas, gritos desgarradores, y amenazas de asesinato. Alice, Rosalie, Edward, y yo mirábamos la escena con los ojos abiertos de par en par, sin animarnos a intervenir.

- ¡Por Dios! – exclamó Rose – Se volvieron locos.

- Cariño – intervino Alice – Siempre han estado locos. ¿De qué te sorprendes?

- ¿Cómo puedes estar tan tranquila? Tu esposo va a matar a tu hermano.

Ella se encogió de hombros y rodó los ojos.

- Nada les pasará. Se van a cansar y lo van a dejar – hizo un ademán con la mano.

- ¿Tu crees?

- Claro que si... – y luego susurró – Eso espero...

Suspiramos al unísono y nos fuimos a sentar bajo un árbol. Recargué mi espalda sobre el pecho de Edward, a la vez que ellas se sentaban a nuestro lado, formando un círculo.

- Oye Edward – le preguntó su hermana - ¿Te gustaría venirte unos días? Así pasarías tiempo con Bella, y estaríamos todos juntos. ¿Qué dices?

- Por mi no habría problema. Solo tengo que avisar en el rancho para que se ocupen de los trabajos mientras yo no esté, y listo.

- ¡Perfecto! Nos divertiremos mucho – brincó a nuestro alrededor, riendo.

Jasper y Emmett se nos unieron al rato. Los dos se veían agitados y jadeantes, aunque a Em se lo veía mucho peor. Allie les dijo que ya que habían recuperado su honor perdido podríamos ir todos juntos a cabalgar por el campo. Llevaríamos unos refrescos y haríamos un picnic durante la tarde.


Los días siguientes pasaron muy rápido, entre risas y peleas de hombres en las que nosotras ni siquiera intentábamos intervenir.

El día tan esperado había llegado. Mañana se realizaría el rodea anual del condado, con carreras, doma de toros, e inclusive, una feria. Todos los rancheros estarían ahí; y las apuestas entre Edward, Jasper, y Emmett no se hacían esperar. Los tres estaban seguros de que ganarían, y que los otros dos serían obligados a acompañar a Alice en sus compras, lo que significaba la peor de las torturas.

Durante el desayuno, los tres se notaban tensos, con los nervios a flor de piel.

- Ya verán como logro vencerlos – dijo Emmett de pronto.

Eso es lo que tú crees – le respondió Jasper.

Edward solo se limitaba a sonreír de lado, acariciándome la mano por debajo de la mesa. Eso provocaba escalofríos en cada parte de mi cuerpo, y me hacia desear saltarle encima y comérmelo a besos.

- ¿Podrían dejar de discutir? – dijo exasperada Rose. Jamás había sido una persona que sobresaliera por su paciencia, y en este momento, estaba completamente harta de la dichosa carrera.

- Pero bebe... – intentó su esposo – Jasper debe saber que volveré a ganarle.

- Entonces... – comenzó dulcemente – Ni se te ocurra buscarme cuando pierdas – le gritó, arrojándole una de las tostadas por la cabeza, lanzándose a reír luego.

- ¡Ey! – se quejó. - ¿Por qué hiciste eso?

- Te lo mereces – dijo simplemente.

- ¡Ja! – se burló Jasper.

- Tu no te metas – saltó, arrojándole otra tostada, con tan mala suerte, que le dio a Alice.

- ¡Oye!

Esto originó una guerra de comida de todos contra todos, convirtiendo el comedor en un verdadero desastre.

Minutos después, se escucho un chiflido, proveniente de mi novio.

- ¡Paren! – exclamó – Todo mundo a cambiarse que llegaremos tarde.

- ¡Una carrera! – gritó Emmett.

Nos levantamos y fuimos a nuestras respectivas habitaciones. Edward, para tratar de ganar, me tomó en sus brazos y corrió escaleras arriba, dejando al resto de nuestra familia detrás; se oyeron las quejas de los demás por haber perdido.

- Te amo – dijo besándome, una vez dentro de nuestra habitación.

- También te amo. Y tu les ganarás.

- Claro que sí – me guiñó un ojo.

Minutos más tarde, todos estábamos sobre la camioneta de Jasper, yendo al lugar de la competencia. Los caballos ya estaban allí, dejados por los vaqueros.

Les deseamos suerte, y fuimos a sentarnos a las gradas, desde donde podríamos ver todo el trayecto.

Edward montó sobre Seth, Emmett en Sam, y Jasper tenía a Bree. Se veían realmente concentrados en cuanto el juez dictó la largada, lanzándose hacia delante, espoleando a los caballos para poder ir más rápido. Nosotras los alentábamos a los gritos, haciendo porras como en un partido de fútbol.

Iban los tres a la cabeza, superando al resto de los competidores por varios metros. Seth aceleró el ritmo, yendo a toda velocidad, tratando de superar a sus compañeros. Parecía disfrutar del viento sobre su cara; estaba como poseído, pasando como una sombra negra, cortando el aire con su velocidad. Sam y Bree trataban de alcanzarlo, pero no lo lograban. Se figuraba como el más rápido de la competencia.

Al llegar al límite, giró, regresando al punto de partida, con la yegua de Jasper pisándole los talones, y Emmett detrás; el resto de los caballos había quedado rezagado. Los últimos metros eran los decisivos. Seth, Bree y Sam iban a la par, y nuestros corazones estaba en vilo, esperando por el resultado. De pronto, vi a Edward susurrarle algo a su caballo, mientras le acariciaba el cuello. Zigzagueó, alejándose de Emmett y Jasper, y se lanzó a toda velocidad hacia la meta, como si hubiera cobrado fuerzas de pronto. La sombra había vuelto, y los chicos quedaron a cinco metro de distancia de él. Traspasó la línea sin detenerse, para luego pararse en dos patas y relinchar feliz; se posó sobre el suelo y dio dos giros sobre si mismo, con Edward sujetando firmemente las riendas, riendo.

Jasper y Emmett llegaron poco después, bufando y maldiciendo. Pero aun con su enojo, acariciaron a sus caballos, susurrándoles y tranquilizándolos, felicitándolos por su esfuerzo.

Rose, Alice y yo, bajamos corriendo de nuestros puestos de observación, y fuimos a abrazar a nuestros hombres.

En cuanto Edward desmontó, me arrojé sobre él. Me atrapó en el aire y me plantó un profundo beso, para darme vueltas carcajeándose.

Mi hombre había ganado.


Hola a todas! Se que cada vez que subo un capítulo me disculpo por la tardanza, pero es que no tengo tiempo..! Estoy de vacaciones de invierno, y lo único que hago es estudiar para un exámen que tengo la próxima semana. Lo peor de todo es que la mayoría de los textos hablan de Marx, y ya estoy harta! =/

Tengo muchas ideas para esta historia. Inclusive, otras sueltas para nuevas, pero no puedo escribirlas por culpa del estudio. No se supone que las vacaciones son para relajarse y estudiar? Que les den a los profesores! (risa malévola)

Como siempre, muchísimas gracias por todos sus reviews, alertas, y favoritos. Me hacen muy feliz cuando los veo. Siempre leo cada uno de sus comentarios, discúlpenme si a alguien no le contesto, no es por maldad.

Nos estamos leyendo...!

Bye ! =P