DISCLAIMER: los personajes de esta historia pertenecen a la maravillosa Stephanie Meyer, yo solo los tomé prestados.
Los Mayores Cullen.
Bella POV.
En cuanto entramos a la casa, Edward me tomó la mano y me arrastró escaleras arriba, hacia la habitación que compartíamos durante su estancia aquí. Cerró la puerta y me aprisionó contra ella, besándome con desesperación, a la vez que yo lo tomaba del cabello, acercándolo más a mi. Parecía que no podía tener suficiente de su cuerpo. Sentía como tomaba los tirantes del vestido, bajándolo por los hombros, pasando sus labios sobre la piel expuesta, paladeando su sabor y haciéndome estremecer. Desabroché su camisa, acariciando su firme pecho, tan suave y caliente. Lo perdí cuando sentí sus labios sobre mi pezón, lamiendo y chupando con firmeza, una de sus manos ahuecando el otro, apretando; no podía evitar gemir, sintiendo el fuego crecer en mi interior, despacio... Le quité la camisa y él, mi vestido, dejándome solo con la ropa interior y los zapatos. Mientras yo luchaba con el cinturón del vaquero, él pasaba sus manos sobre mi piel. Se agachó y tomó mis bragas entre sus dientes, lamiendo la superficie que dejaba expuesta. Colocó mi pierna derecha sobre su hombro y procedió a lamer mi centro, haciéndome gritar al sentir su suave y húmeda lengua sobre mi, penetrando, jugando con mi control. Uno de sus dedos fue a mi interior, bombeando a la par con su lengua, volviéndome loca.
Suspiré.
- Edward...
- ¿Mmm?
No podía pensar con claridad, viendo la cabeza que tenía entre mis piernas.
- Te necesito... – jadeé.
- ¿De veras?
No estaba para juegos, y mi paciencia la había perdido hacia tiempo.
- ¡Ya!
Sentí su sonrisa a medida que se levantaba y atacaba mis labios. Se quitó sus zapatos y jeans, lanzándolos a alguna parte de la habitación. Me tomó entre sus brazos, haciendo que rodeara su cintura con mis piernas, y me penetró de golpe, ahogando nuestros gritos con su boca. Su miembro entraba y salía de mi, atrapada entre su cuerpo y la pared, gimiendo sin control.
- ¿Te gusta pequeña? – jadeó.
- No tienes idea de cuanto – gemí – Más rápido, por favor.
Aceleró sus movimientos, golpeándome contra la puerta, gruñendo, apretando mi trasero con sus manos, besándome el cuello con desesperación.
- Me vuelves loco. Ya no puedo soportarlo...
- No lo hagas. Estoy tan cerca...
Sentí un gruñido salir de sus labios, a la vez que llenaba mi interior, que se contrajo alrededor de su miembro, exprimiéndolo. Le clavé las uñas en la espalda cuando sentí el orgasmo sacudirme por completo.
Se salió de mi interior, haciendo que sintiera el vacío, y me cargó a la cama, donde nos acostó y tapó con las sábanas. Me acurruqué contra su pecho suspirando.
- Duerme cariño. Te amo – besó mi frente.
- También te amo.
Caí en los brazos de Morfeo, con una sonrisa en los labios. Debía agradecerle a Alice por el vestido...
- ¡Arriba! ¡Es hora de levantarse chicos!
Era un sueño, solo un sueño...
- ¡Día de compras!
Sentí algo chocar contra mi. Bueno, en realidad a alguien.
- ¡Alice! – grité, tratando de tapar mi desnudez con las sábanas - ¡Qué rayos haces aquí!
- Bella, ¿por qué te tapas? No veré nada que no haya visto antes...
- ¡Ese no es el punto! – comenzaba a enfadarme – ¿Qué mosca te picó?
Vi como la puerta del baño se abría y aparecía Edward con una toalla a la cintura y el cabello mojado. Las gotitas de agua caían por su esculpido pecho, perdiéndose por su cadera, lo que hizo que me lamiera los labios con deseo, olvidando la razón por la cual me había despertado.
- Alice... – comenzó con paciencia - ¿No tienes un esposo al cual molestar?
- Él esta abajo, discutiendo con Emmett y no me presta atención – hizo un mohín.
- ¿Y por eso vienes aquí?
- No solo por eso. Ustedes hicieron una apuesta y deben cumplirla – sentenció.
Me levanté, todavía enredada en la sábana.
- Que yo sepa, la apuesta era para quienes perdieran. Y Edward no perdió.
- Eso ya lo se – me miró como si fuera una niña tonta – Pero ustedes no van a ser tan malvados como para dejarme a solas con ese par de tontos.
Aclaración: ese par de tontos eran su esposo y su hermano...
Rodé los ojos.
- De acuerdo, ¿pero podrías dejar que nos pongamos algo de ropa?
- ¡Claro! – dio saltitos a nuestro alrededor – Los espero abajo. No se tarden.
Y salió cerrando la puerta.
- No puedo creerlo – murmuró Ed.
Me acerqué y lamí su cuello, secando el agua que caía de su cabello, y sintiendo como se estremecía bajo mi toque.
- Amor... Debemos apurarnos. Alice realmente esta excitada con la idea de salir.
- También yo lo estoy cariño – bajé a su pecho, acariciando y lamiendo. Tomé la toalla y la aventé a un lado, quedando frente a su gloriosa erección. Lamí mis labios con anticipación, sacando la lengua y tomado la punta rosada de su miembro, para luego meterlo en mi boca de un golpe.
- ¡Dios!
Al parecer, Edward lo estaba disfrutando bastante, a juzgar por sus manos apresando mi cabeza, marcando el ritmo. Subí y baje por toda su longitud, rodeándola con mi lengua, tomando sus testículos entre mis dedos, tirándolos con suavidad hacia abajo. Edward se recargó contra la pared, jadeando cada vez más rápido y fuerte.
- Cariño, ya casi. No pares, por favor.
Puse más empeño en mi placentero trabajo, hasta que lo sentí descargar, tragando toda su esencia.
Me levanté y el me besó con fuerza, para luego abrazarme.
- No tenias que hacerlo, pero gracias. Estuvo increíble.
Yo solo sonreí, feliz de haber logrado mi cometido.
- Creo que ya es hora de que nos arreglemos. Alice podría volver.
- Tienes razón. Ve ahora, antes de que te devuelva el favor.
- ¡Maldición Alice! ¿A dónde estamos yendo? – el gruñido de Emmett se hizo sentir dentro del Jeep (y fuera).
- Ya te lo dije. Apostaste contra mí, ahora no te quejes.
- Pero es que fuimos de compras hace solo unas semanas...
- ¿Y? – esa pregunta sonó peligrosa en labios de la duende.
Rose, Jazz, Edward y yo, intercambiamos una mirada, preparándonos para lo que se venía.
- Pues que alguien como tú no puede tener tanta ropa. Eres demasiado pequeñita y no te alcanzaría la vida para usar todo lo que tienes.
El estallido no se hizo esperar.
- ¿¡Y TU QUE SABES DE MODA? – le gritó, haciendo que se encogiera contra la puerta del vehículo – ¡HABERLO PENSADO ANTES DE USARME EN UNA APUESTA! – se giró a vernos – Niños, pronto llegaremos, pórtense bien y disfrutaremos del paseo como una linda familia feliz.
- Creo que se deschavetó – susurró Edward.
- Ni que lo digas hermano – respondió Jasper.
Gracias a Dios, en menos de media hora llegamos a la ciudad. Como la última vez había comprado ropa para nosotras, Alice argumentó que era hora de los hombres. Rose y yo suspiramos aliviadas, mientras que nuestras respectivas parejas trataban de esconderse detrás de nosotras.
- ¿A dónde iremos primero? – con un dedo sobre su barbilla, la pequeña Cullen (también Hale), pensaba el mejor movimiento posible.
- ¡Ya sé! – dio un salto, que nosotros imitamos a causa del susto – Lo primero son los zapatos. ¡Síganme! – cogió la mano de Jazz y lo aventó hacia delante. Él, en su desesperación, tomó la mía; yo, sin poder evitarlo, agarre a Edward; él a Rosalie; y ella, a Emmett. Total, que éramos seis personas corriendo hacia la zapatería más cercana, esquivando a la gente que teníamos en el camino.
Al llegar, Alice se transformó y entró muy dignamente al local, hablando con la vendedora y explicándole lo que quería. Los chicos se vieron arrastrados en un frenesí de botas, zapatillas, zapatos de vestir, e incluso ojotas (¿quién quiere ojotas para un rancho?) sin poderlo evitar. Media hora después, nos encontrábamos fuera con cinco bolsas cada uno.
- ¡Pantalones! – gritó de nuevo, y nos dirigió hacia otro local. Jeans, bermudas, pantalones de vestir, shorts, desfilaron ante nuestra atónita mirada. Resultado: cinco bolsas mas.
Rosalie y yo nos tomamos de la mano y dimos un paso atrás en cuanto nuestra amiga (y cuñada) pagó.
- ¡Hora de las camisas! – salió disparada, con los chicos siguiéndola arrastrando los pies.
- Mátame – suplicó Ed cuando pasó a mi lado.
Dos horas después, porque las remeras no eran de su agrado y hubo que recorrer varios lados, nos sentamos en unos bancos que había para tal fin junto a una fuente. Los chicos estaban prácticamente muertos, y nosotras asustadas. Alice seguía brincando a nuestro alrededor con cara de maníaca.
- Se que me estoy olvidando de algo – dio vueltas a nuestro alrededor – ¡Pero pues claro! Estamos en Texas – un coro de Sí en respuesta – Y tenemos un rancho – ninguno sabia a dónde pensaba llegar - ¿Qué no lo ven? No hay ranchero que se precie sin un buen sombrero texano.
Mierda. Y aquí vamos otra vez...
- Allie, cariño – la tanteó Jasper – Estamos muy cansados. ¿No podríamos almorzar primero? Ni siquiera pudimos desayunar – ella frunció el ceño.
- Mira a Bella – le dijo Edward – Esta exhausta, necesita reponer energías. No quieres que se enferme, ¿verdad?
Ella me miro.
- De acuerdo. Hagamos esto. Ustedes van a comer y yo por los sombreros, ¿qué les parece?
Casi saltamos de alegría, pero nos contuvimos a tiempo.
- ¿Y ahora qué? – preguntó Rosalie.
- Escapemos – sugirió su esposo.
Jasper soltó un suspiro.
- Sabes que no podemos. Alice nos encontraría.
- Y se enojaría – agregó Edward.
- Aun así, no es justo que le hagamos eso, es nuestra familia. Se sentiría mal si la dejáramos – les dije.
Emmett me miró mal.
- ¿Es que acaso no logras comprender hasta que punto nuestras vidas corren peligro? ¡Está desquiciada!
- Siempre se pone así cada vez que compramos – expuso Jazz.
- No cada vez que compramos, sino cada vez que ustedes apuestan contra ella – contradijo Rose.
Emmett se levantó y tomó a Jasper de la solapa de su camisa.
- Ve con ella y cálmala. Mientras, nosotros nos vamos.
- ¿Y yo por qué?
- Es tu esposa.
- Es tu hermana.
Ay Dios...
- Pues no tiene nada que ver.
- Claro que si. Además, quien puso el precio de la apuesta fuiste tú.
- Y si mal no recuerdo, tu aceptaste.
Mi hermana estaba fastidiándose, y eso era de temer.
- Cariño... – su voz sonó tan acaramelada, que mi cuñado tembló.
- Si amorcito.
- ¡YA DÉJENSE DE ESTUPIDECES! Los únicos que no tendríamos que estar aquí somos nosotros. Ustedes dos fueron los que perdieron.
- Pero Rose... – intentó calmarla Jasper.
- ¡Pero Rose nada!
Edward y yo rodamos los ojos ante la escena. Mientras los tres se enfrascaban en una terrible pelea, mi novio se levantó y tomó mi mano.
- ¿Quieres un helado?
- ¿De chocolate y limón?
Él rió.
- De lo que quieras – lo besé.
- Es por eso que te amo.
Media hora más tarde regresamos a la fuente en la que habíamos dejado a los chicos, donde nos encontramos con Rose sentada sobre Emmett, prácticamente comiéndose, mientras que Jasper y una muy calmada Alice estaban recostados contra el respaldo del banco.
Decidimos, por nuestra salud mental, obviar a los primeros, y nos sentamos al lado de los segundos.
- Que bueno que regresaron – dijo Alice – Ten, este es para ti – agregó, tendiéndole un bonito sombrero texano, en color marrón, a Edward.
- Gracias Allie – se lo puso, y me miró – Combina con tus ojos – yo reí.
- Es por eso que lo elegí – nos comentó la pixie.
Jasper tenía puesto uno claro, que iba perfecto con su rubio cabello, y el que le pertenecía a Emmett (en color negro) estaba sobre la cabeza de mi hermana. Debo decir que le quedaba mejor a ella, que a él.
Alice, como entendiendo lo que pasaba por mi cabeza, se encogió de hombros.
- Supuse que pasaría más tiempo en Rose que en mi hermano, asi que pensé en uno que le fuera bien a ambos.
A pesar de lo desquiciada que se pone en cuanto a la moda, tengo que aceptar lo buena que es para pensar en todo.
De pronto, como si una lamparita se hubiera encendido en su mente, saltó del regazo de su esposo y miró la hora en su celular. Por supuesto, todos nosotros imitamos (de nuevo) su postura, debido al sobresalto que causó.
- Se hizo tarde, debemos regresar a la casa.
- ¿Por qué el apuro? – cuestioné.
- Una pequeña sorpresita está por llegar.
- ¿Disculpa?
- Ya lo verás.
¡Uf! Odio cuando se pone tan misteriosa.
Tardamos más de lo que pensamos en subir al Jeep, debido a la cantidad exorbitante de bolsas que tuvimos que acomodar. Total, que acabé sentada en el regazo de Edward, Rose en el de Emmett, Jasper en el asiento del conductor, y Alice a su lado. Esto significó que los únicos cómodos eran los que estaban adelante, ya que las bolsas fueran detrás.
Llegamos bastante pronto a destino. Jasper estacionó en la entrada, junto a un Mercedes negro. En la puerta, esperándonos sonrientes, se encontraba una pareja, a las que conocía muy bien.
Salté del Jeep y me abalancé sobre la mujer, que enseguida correspondió a mi abrazo.
- ¡Esme!
He regresado! parece mentira, verdad? En mi descargo, debo decir que los últimos meses antes de las tan ansiadas vacaciones de verano, la facultad se pone terrible, parece que los profesores se confabularan para darte más tarea y más exámenes. La buena noticia, es que esta es mi última semana! ¿La mala? Tengo dos exámenes que rendir... =(
Este capítulo lo tenía hecho hace tiempo, solo me faltaba el final. Ojalá les guste, y se diviertan ;)
Espero sus reviews... me los merezco?
Besos!
y gracias por leer!
