DISCLAIMER: los personajes de esta historia pertenecen a la maravillosa Stephanie Meyer, yo solo los tomé prestados.



Un Día en Familia

Bella POV

La lluvia repiqueteaba en los cristales. Sentí como Edward me abrazaba desde atrás, con sus manos alrededor de mi cintura, y el mentón apoyado sobre mi hombro. Ambos nos quedamos quietos, mirando la tormenta desde la ventana de la sala. Hacía un par de horas que sus padres habían llegado y, luego de desempacar, estaban en la cocina preparando café para todos.

- Nunca me ha gustado la lluvia – le confesé – pero en estos momentos me agrada. Es extraño.

- Suele suceder... Aquí no llueve muy a menudo, pero cuando pasa, es similar a un diluvio.

- Me he dado cuenta de eso – sonreí. Pero hoy había un sol radiante...

- El tiempo es muy cambiante.

¿Acaso lee mi mente, o qué?

- No, no leo tu mente – besó mi cuello – solo que eres demasiado transparente.

Un ruido a cristales rotos se escuchó de repente, seguido por un grito de Alice y el sonido de algo chocando contra una superficie dura. El quejido de Emmett resonó a lo largo de la casa, más el regaño de Rosalie.

Jasper salió de la cocina, con Carlisle pisándole los talones. El padre de Edward buscaba desesperadamente un lugar donde esconderse, lo que me hizo reír. Detrás de ellos corría Em, seguido muy de cerca por Esme, Allie y Rose, las tres blandiendo una cuchara de madera, una sartén, y un cuchillo, respectivamente. Creo que mi cuñado está en problemas.

- Creo que están en problemas – la risa pugnaba por salir de boca de mi novio, que trataba de contenerla sin mucho éxito.

Mis temores se vieron confirmados cuando las chicas comenzaron a perseguir a sus respectivos esposos a lo largo de la sala, esquivando sillones y mesas que ellos iban arrastrando en la carrera por salvar sus vidas. No pudimos aguantar las carcajadas.

- ¡Mi juego para café! – Alice agitaba la sartén peligrosamente cerca de Jazz.

- ¡La vajilla heredada de mi abuela! – Esme se acercaba a Carlisle.

- ¡Porcelana de Sèvres! – mi hermana era la que más miedo daba, habida cuenta de que llevaba un muy filoso cuchillo en sus malignas manos.

Edward sacó su celular y comenzó a filmar la escena.

- Cariño... No te pongas así... – Jasper siempre conciliador.

Alice gruñía.

- Solo fueron un par de tazas, no es para tanto... – Rosalie lo miró fijamente -. ¿Por qué no bajas ese cuchillo y hablamos? Seguro podemos llegar a un acuerdo – su esposo cambió la táctica, haciendo una pobre imitación de Jasper.

- Era de tu abuela, de acuerdo, pero hay más vajilla que esa – Carlisle lanzó un cojín hacia Esme, tratando de desviar su atención -. Tienes tres más en casa.

Esme siseó. ¡Vaya! Y yo que creía que ella era la más cuerda de todos.

- Ni siquiera te gustaba... – el mayor de los Cullen seguía tratando de alejar a la matriarca de la familia lanzándole revistas que encontró en una mesa ratona. Muy mala idea.

- ¡CARLISLE! – el grito de la duende se escuchó a kilómetros -. ¡Esas son mis revistas Vogue! – desvió la atención de Jasper hacia su padre, el cual se encogió, mientras su yerno trataba de escabullirse por la ventana.

Las lágrimas caían por nuestras mejillas debido a las enormes carcajadas que no podíamos contener. Me alegraba de que Edward estuviera filmando esto.

- ¡AAHHHH! – los tres salieron disparando hacia fuera, seguidos por las mujeres completamente enfurecidas. Tomando en cuenta la lluvia y los gritos de guerra provenientes de las Cullen, no sería extraño que la escena se asemejara a una batalla de la película Braveheart.

Blandiendo sus utensilios de cocina como si fueran armas letales, Esme, Alice y Rosalie perseguían a quienes las habían agraviado en medio de la tormenta. Los hombres tropezaban y se empujaban, agarrándose de las camisas para pasar delante y alejarse lo más que pudieran de aquellas a quienes decían amar, que gritaban enfurecidas como tres terribles banshes.

Corriendo, nos asomamos al porche, para ver mejor. Edward seguía filmando, mientras alentaba a su madre. Yo, por mi parte, alentaba a mi cuñada y hermana.

- Mi vida, por favor – suplicaba Carlisle -. No matarías al hombre que te dio tres hermosos niños, ¿verdad?. Recuerda todos los hermosos momentos vividos juntos – por supuesto, mientras decía esto, seguía huyendo, puesto que no confiaba para nada en su suerte.

Los peones, al oír el alboroto, salieron a ver qué pasaba, y ahora reían sin parar ante la visión.

- ¡Edward! ¡Bella! ¡Ayuda! – Jasper y Emmett gritaban mientras corrían como posesos. Dieron un rodeo y volvieron hacia la casa, seguidos por Carlisle y las furias en persona.

- ¡Córranse, córranse! - Emmett nos apartó de un empujón y entró. Subieron las escaleras a los saltos y oímos una puerta cerrarse con estrépito, muebles siendo arrastrados por el piso, y una que otra maldición.

Mi hermana fue la primera en llegar.

- ¿Dónde...? – comenzó.

- ¡Por ahí! – señaló Alice a los escalones que daban al primer piso.

- Solo sigamos el agua – apuntó Esme, desapareciendo por la izquierda, hacia la habitación de huéspedes.

Ed dejó de filmar, y tomando mi mano, nos guió a uno de los sillones, donde nos sentamos a esperar.

Quince minutos más tarde, ellas bajaban, con nueva ropa y el pelo ligeramente húmedo. Dejaron sus "armas" sobre una mesa esquinera y fueron a la cocina. Antes de desaparecer por la puerta, Esme sonrió.

- Enseguida les traigo sus cappuccinos, mis niños – su voz fue tan escalofriantemente dulce, que ambos temblamos.

Diez minutos pasaron, y Rosalie caminó hacia nosotros portando una bandeja de plata con cinco tazas de humeante café. Detrás, venían Alice y Esme, la cual traía un enorme pastel de chocolate.

Se sentaron a nuestro alrededor, repartiendo las tazas. Rose tomó el tan temido cuchillo y comenzó a cortar rodajas, mientras Allie las ponía en platillos y nos los pasaba, junto con una pequeña cuchara. Las tres tarareaban la canción 'You Can´t Touch This' de Mc Hammer, sonriendo dulcemente.

Pasamos la tarde sin más contratiempos, pero sin atrevernos a mencionar el episodio, para evitar cualquier problema. Ellas sí que eran de temer.

Hacia la noche, los hombres bajaron, despacio, con cautela, sin acercarse demasiado a nosotros.

- ¡Vengan niños! - Esme palmeó uno de los sillones -. Les guardamos pastel.

Se miraron entre sí. Oímos murmullos.

- Ve tú.

- No, ve tú.

- Ni loco.

- Carlisle, tú has vivido más. Si alguien debe morir, ese eres tú.

- ¡Oye, que soy tu padre!

Rosalie rodó los ojos.

- ¿A qué esperan? ¡Rápido!

Obedecieron en silencio, sentándose en el borde del sillón, manteniendo las distancias. Alice les tendió un plato a cada uno.

- Pruébenlo, quedó espectacular.

Volvieron a mirarse.

- No está envenenado – les dije -. Lo que le falta ya nos lo comimos, y seguimos aquí.

Finalmente, se atrevieron, e incluso lo saborearon. En cuanto acabaron, las tres los miraron fijamente, sonriendo como dementes.

- ¡NOOOOOOO!

El grito que los tres emitieron aun se oye por el campo.


¡Por fin un poco de inspiración! Ha pasado tiempo... Lamento haber tardado tanto, se que el capitulo es corto, pero quise dejar el castigo de los chicos para después.

Me reí muchísimo escribiendo la persecución, a la vez que me la imaginaba. ¡Que bueno pasar una tarde así! ¿no les parece? Aunque dudo que Carlisle, Jasper, y Emmett esten de acuerdo conmigo.. jaja.

Ojalá les haya gustado y disfruten con su lectura.

Muchísimas gracias a todos sus reviews, alertas, y favoritos. Me hacen super feliz! =)

Nos leemos!

Besos!