DISCLAIMER: los personajes de esta historia pertenecen a la maravillosa Stephanie Meyer, yo solo los tomé prestados.


Desearan la Muerte.

Carlisle POV.

La noche había llegado. El día comenzó de manera perfecta. Esme y yo decidimos darles una sorpresa a los chicos yendo a visitarlos al campo. Llevábamos bastante tiempo viajando, por lo que pensamos que era un buen momento. Alice, por supuesto, lo supo ni bien mi esposa le dijo "hola" al otro lado del teléfono. Aun no sabemos cómo se dio cuenta. En fin, llegamos y los esperamos frente a la puerta del rancho que nuestra hija compartía con Jasper. Bella fue la primera en reaccionar en cuanto nos vio, abrazando a Esme y luego a mi. La habíamos conocido cerca de la boda de nuestro hijo mayor, Emmett, con Rosalie. Nos cayó bien enseguida, y la adoptamos como a una hija mas.

El desastre se produjo unas horas más tarde a nuestra llegada.

Mientras Bella y Edward se quedaban en la sala, todos los demás fuimos a la cocina por un poco de café. La lluvia había comenzado, por lo que parecía un idilio perfecto. Es un lugar acogedor. Toda la casa lo es. Debido a la manía de mi pequeña hija por la decoración, cada habitación es diferente a la anterior, y aunque no combinan, el estilo esta marcado y quienes la visitan desean copiarlo. Pero me estoy yendo del tema. Alice decidió que era una buena ocasión para utilizar la vajilla que su madre le regaló el día de su boda, asi que me pidió que la sacara de la alacena. Con lo que nadie contaba era con que Emmett decidiera tomar algo de comer de la puerta junto a la que yo estaba, tomando como resultado que me empujara en el momento en el que yo bajaba un par de tazas. Me asusté y las solté. Grave error. Lo único que se oyó en la cocina fue el sonido de la porcelana haciéndose añicos en el suelo. Rose le gritó a mi hijo por su torpeza y tomó un cuchillo de la mesada. Alice se parecía a los dibujos cuando les sale humo por las orejas debido al enojo, y agarró una sartén. Mi esposa tenía los ojos desencajados y apretó con fuerza el mango de un cucharón.

Jasper fue el primero en reaccionar. Alejándose de los restos que sus zapatos habían pisado, salió corriendo. Lo seguí, con Emmett detrás de mi gritando de miedo. Por supuesto las chicas no se quedaron quietas y nos siguieron. Puedo recordar las carcajadas de Edward y Bella mientras nos veían, sin hacer ninguna amague de ayudarnos. Tener hijos para esto. Cuando creímos que todo se había calmado nos dimos cuenta de cuan equivocados estábamos. Los rostros de Esme, Alice, y Rosalie nos dejaron bien en claro lo mal que nos iría en nuestro futuro próximo.

Esme POV.

¡Mi porcelana! ¡Heredada de mi abuela! ¿¡Como se atreve Carlisle a decirme que tengo más! Rompieron dos tazas. ¡Dos! El juego se arruinó. Una colección impecable de porcelana de Sèvres arruinada.

Pero esto no va a quedar así. Tampoco Emmett y Jasper la pasaran bien, por más hijo y yerno que sean. Ya mis niñas me contaron lo que Em le hizo a la blusa de Rosalie el día de la feria. ¡Una blusa de diseñador!

Ahora, van a saber de lo que son capaces unas muy furiosas mujeres Cullen.

Alice POV.

Estábamos listas para poner en práctica nuestro plan, comenzando por esta misma noche. Ustedes se preguntaran ¿qué diabólico plan maestro habrán encontrado estas inteligentes mujeres? Pues yo les contesto con otra pregunta ¿qué mueve el mundo de los hombres? El sexo. La primera fase del plan esta a punto de ser puesta en marcha.


Luego de darme una ducha bien caliente, para relajar mis músculos, abrí el armario y busqué dentro. Entre mis manos tenía la prenda perfecta. Un babydoll de encaje violeta, transparente, con una tanga a juego. Esto volvería loco a Jasper.

Me vestí y recosté en la cama, tomando una pose provocativa. Escuché la puerta de la habitación, y vi a mi amado esposo entrar. Se quedó estupefacto en cuanto me vio. Me le acerqué, moviéndome sensualmente a cada paso, sosteniéndome sobre los tacos, como a él le gusta. Lo besé, al tiempo que le quitaba su camisa, acariciando su bien formado pecho. Besé su cuello, sus hombros, bajando hasta llegar a la cintura del vaquero, desabrochándolo lentamente. Él me acariciaba el pelo y gemía despacio. Me obligué a pensar en otra cosa, o todo se iría al diablo.

En cuanto lo tuve desnudo, lo guié a la cama, empujándolo para que quedara recostado.

- Alice...

Saboreé sus labios, de manera demandante, bajando mi mano a la vez para tomar su miembro entre mis dedos. Arriba, abajo... dejé que nuestros sexos se rozaran, sintiendo su calor. Podía ver (y notar) lo desesperado que estaba. Intentó tomar mis pechos, pero lo agarré de las muñecas, llevándolas a la cabecera de la cama. Me seguí moviendo al tiempo que tomaba las esposas de la mesa de luz. Aproveché su desconcierto para atarlo. Luego bajé, lamiendo toda su longitud desde la base hasta la punta, masajeando sus testículos al tiempo que lo tomaba en mi boca.

- ¡Dios! Allie, cariño, no pares... – un gemido ronco -. Estoy tan cerca...

Esa fue la señal que esperaba. Me levanté de golpe, alejándome de la cama, y yendo hacia la puerta. Tomé una bata para taparme.

- ¿Alice? ¿A dónde vas?

Sonreí.

- Lo siento cariño. Pero le prometí a las chicas que veríamos películas toda la noche – me miró como si me hubieran salido tres cabezas -. ¡Que duermas bien! – Salí, cerrando la puerta a mi espalda, tratando de contener la risa.

- ¡ALICE!

Rosalie POV.

Estaba lista para actuar. Mi babydoll de seda roja, con la espalda descubierta, era la prenda perfecta para desquitarme con Emmett. Siempre hemos sido muy activos, por decirlo de alguna manera, y pensé que este sería un buen castigo por el... error... que había cometido esta tarde.

La puerta se cerró y sentí la pesada respiración de mi marido.

- Rose, bebe... Me vuelves loco.

Me estrechó entre sus brazos desde atrás, apartando mi cabello y besando mi cuello. Sentí como sus manos apretaban mis senos y bajaban a mis glúteos. Necesito pensar en otra cosa. Su miembro estaba más que dispuesto a tener acción, y embestía contra mi a pesar de la ropa que lo cubría. Me giré entre sus brazos y lo besé, chupando su lengua, envolviéndola con la mía, mordiendo sus labios.

Cuando me tomó una pierna y comenzó a subirla para que envolviera su cintura, me aparté de él. Empieza la actuación. Puse mi mejor cara de sufrimiento y lo miré.

- Lo lamento cariño, pero hoy no podemos – a medida que lo decía, tomaba una bata y me acercaba a la puerta.

- ¿No podemos?

- Nop.

- ¿Y por qué? – me miró lastimeramente.

- Me duele la cabeza – salí corriendo.

En el pasillo me encontré con Alice conteniendo la risa, y con Esme que salía de otra habitación, con su camisón rosa y la bata a medio abrochar. Nos miramos, y enseguida oímos tres gritos iracundos.

- ¡ALICE!

- ¡ROSALIE!

- ¡ESME!

Comenzamos a reírnos a carcajadas, agarrándonos de las manos, y corriendo hacia la sala de juegos, donde cerramos la puerta con llave.

- ¿Y bien? – preguntó mi suegra - ¿Qué tal si vemos unas películas y comemos chocolate?


Bella POV.

Edward y yo estábamos recostados en la cama, abrazados y listos para dormir, cuando escuchamos tres gritos, seguidos de las carcajadas de las chicas.

- ¿Quiero saber? – preguntó Ed.

- Definitivamente no.

Se encogió de hombros.

- Buenas noches, cariño. Que descanses.


Al día siguiente, nos encontrábamos desayunando en el comedor, cuando las chicas entraron danzando, muy sonrientes, y se sentaron a nuestro lado. Esme tomó la jarra y se sirvió un poco de café, mientras Rose tomaba una tostada, y Alice me robaba un panqueque del plato.

- ¿No pasaron una noche maravillosa? – me sonrió, mostrando todos sus dientes.

Edward y yo nos miramos.

- Parece que no tan buena como la que pasaron ustedes. ¿Qué las tiene tan contentas? – le preguntó Ed.

- Oh, nada...

Esme tomó un sorbo de su café.

- Vimos unas películas y suspiramos por Daniel Craig.

Rose comenzó a reír.

- Al parecer los chicos no la pasaron tan bien – susurró.

Y era verdad. Por el pasillo que provenía de las escaleras, venían caminando Jasper, Carlisle, y Emmett, con cara de pocos amigos y arrastrando los pies. Las ojeras enmarcaban la parte baja de sus ojos, y bostezaban cada vez que respiraban.

- ¿Quieren café? – les ofrecí.

- ¡Buenos días! – saludaron las chicas.

Gruñeron.

- ¿Qué rayos tienen de buenos?

Me encogí de hombros.

- Pues con ese humor...

Se sentaron, luego de arrastrar las sillas y tomaron las tazas de humeante brebaje que Edward les extendía.


Una hora después...

- ¿Qué haremos el día de hoy? – preguntó Esme.

- Pues... Había pensado en realizar una fiesta. ¡Sería genial! – saltó Alice.

- ¿Y por qué razón haríamos una fiesta? – le pregunté.

Me miró.

- No necesitamos una razón en especial.

Rose saltó a su lado.

- El próximo sábado sería genial. Decoraríamos la casa al completo.

- Habría luces, música, buena comida – Esme se sumó -. Podríamos invitar a nuestros vecinos. Hay gente a la que hace mucho que no vemos.

Me entusiasmé con la idea, viendo hacia dónde estaban yendo con todo esto.

- ¡Sería como una fiesta de bienvenida para Esme y Carlisle!

- ¡Ese es el espíritu! – aplaudió Allie.

Edward sonrió a mi lado.

- Pero existe un problema.

Todos lo miramos.

- ¿Cuál?

- Es simple, ¿cómo haremos para organizar todo en tan poco tiempo? – expuso su caso -. Tendríamos que ir a la ciudad a buscar la decoración, sin contar en contratar la música, además de ocuparse de ambos ranchos.

- Lo tengo todo arreglado – dijo Alice -. Bella, Rose, mamá, y Edward, nos encargaremos de administrar las cosas aquí. No puede ser tan difícil. Por otro lado – miró a Jasper – ustedes podrían encargarse de la organización de la fiesta.

- ¿Disculpa? – Emmett la miró con los ojos entornados.

Mi hermana tomó la palabra.

- No es tan complicado de entender, cariño – le dijo -. Tu, Jasper, y Carlisle deberán ir a Dallas a buscar todas las cosas que nosotras consideremos necesarias para que la fiesta sea perfecta.

- Después de todo – continuó la explicación Esme -, se necesitan hombres fuertes y bien dispuestos para conseguir lo necesario – los miró como si fuese lo más normal del mundo.

- ¿Están de broma, verdad? – Carlisle tomó la palabra.

- ¿Tu qué crees? – contestó su esposa.

Por la mirada que les dirigieron a sus esposos, estos se dieron cuenta que el castigo aun no terminaba. Los ojos de Alice, Esme, y Rose dejaban bien en claro lo que pensaban: "desearan la muerte".


Hola a todas! Aquí me tienen con un nuevo capítulo =)

Parece que la venganza de las chicas aun no termina.. jaja

Ojalá les guste como me quedó..

Como siempre, les agradezco sus reviews, alertas y favoritos, que me ponen muy feliz.

Nos seguimos leyendo prontito...!

Besos!