DISCLAIMER: los personajes de esta historia pertenecen a la maravillosa Stephanie Meyer, yo solo los tomé prestados.
Preparativos Desesperados.
Bella POV.
Edward y yo nos dirigíamos a su rancho. Como prácticamente vivía con nosotros en casa de su hermana, debía ir de vez en cuando a ver que por sus tierras todo estuviera bien. El Range Rover se deslizaba sin problemas por el camino de grava que se acercaba a la casa. A pesar de que ésta había sido la de sus padres, era más pequeña que la de Alice y Jasper; supongo que porque Alice siempre debe hacer todo a lo grande...
Al llegar, me ayudó a bajar y tomó mi mano antes de entrar. Fuimos hasta su habitación, ya que él necesitaba algunas cosas y luego bajamos las escaleras arrastrando las maletas.
- ¿Qué te parecería hacer un picnic por aquí cerca? Tengo todo lo necesario, y nos alejaríamos de mis hermanos por un buen rato...
Se notaba a leguas que estaba desesperado, asi que pensé que nos vendría bien un poco de tranquilidad para los dos.
- ¡De acuerdo! – él sonrió.
- Muy bien. Deja que hable con los empleados y preparo todo.
- Ve. Yo puedo preparar las cosas y nos podemos ver fuera.
Mientras Edward salía, yo comencé a revolotear por la cocina, tratando de dilucidar qué nos haría falta. En un armario encontré una canasta, que sería perfecta, más una manta. Abrí la heladera y saqué una botella de gaseosa, mayonesa, pan, un poco de jamón, queso, chocolate (no podría faltar); y de la alacena cogí un paquete de galletitas y unos platos. Con todo acomodado en la canasta, salí al exterior, donde Edward me esperaba junto a la camioneta. Tomó mi mano y me ayudó a subir, luego de colocar las cosas en el asiento trasero.
Condujo por un sendero que se perdía en el horizonte, hasta que llegamos a un prado cubierto de flores. A la derecha, una cabaña se alzaba entre los árboles. Era totalmente de madera, con un porche en el cual podían verse dos sillas debajo del balcón de la planta alta, que se abría ante un ventanal. Dos troncos salían entre las tablas del piso.
Estacionó la camioneta y bajamos, aunque mi vista no podía separarse de todo lo que me rodeaba.
- ¿Te gusta? – susurró en mi oído, envolviendo los brazos en mi cintura.
- Es precioso. ¿Es tuya? – señalé la cabaña.
- Si. Vengo aquí cuando quiero estar tranquilo, y cuando necesito escaparme de Alice – rió.
Extendió la manta en el suelo, entre la hierba, y comenzó a extender las cosas que había preparado.
- Ven. Muero de hambre.
Me senté frente a él.
- Ya pareces Emmett...
Me miró con fingido enojo.
- ¡Oye! Yo no me como todo lo que me ponen enfrente.
Reí.
- Lo se – besé sus labios fruncidos hasta que me respondió, tomando mi rostro entre sus manos. Jadeamos cuando nos separamos.
Comenzamos a comer, sin prisas, disfrutando del sabor de lo que teníamos a mano. Cuando terminamos, nos recostamos en la hierba, tomados de la mano.
- Cuéntame algo – demandó.
- ¿Algo cómo que?
- No se... Dime de tu vida, casi no se nada.
- Um.. – pensé -. Mi padre es Charlie, jefe de policía de Forks, y mi madre, Reneé, vive en Phoenix con su marido Phil. Los tres son geniales, y algo locos. Viví con mi padre antes de ir a la universidad, donde estudié Letras. Mi hermana siempre fue mi mejor amiga, hasta que conocí a Alice, luego de que Rose empezara a salir con Emmett. Tuve un novio, Jacob – en ese momento fruncí el ceño, recordando -. Salimos un tiempo, incluso vivimos juntos, hasta que lo encontré con Jessica (una compañera de universidad) sobre él, en nuestra cama – Edward me miró serio, y enojado -. Les lancé todo lo que tenía delante, mientras Jake me pedía que me calmara, que no era lo que yo creía.
- ¡Desgraciado! – Edward no pudo soportarlo mas -. No puedo creer que alguien pudiera engañarte – me besó.
- ¡Oh! Ya logré superarlo – hice un gesto con la mano, para demostrar mi punto -. Coincidió con mi graduación, asi que fue el impulso que me faltaba para aceptar la propuesta de tu hermana de venir un tiempo aquí.
- No sabes lo mucho que me alegro de que vinieras. Sino no te tendría conmigo – me encogí de hombros.
- Nos habríamos conocido en algun momento... ¿Y tú? ¿Qué tienes para contarme?
- Estuve viviendo en Inglaterra un tiempo, por eso no pude estar en la boda de Emmett. Estudié Arquitectura, y me iba bastante bien, pero estaba solo. Toda mi familia estaba aquí, y tampoco tenía una novia que me retuviera.
Lo miré sorprendida.
- No me creo que jamás hayas tenido novia.
- Podría decirse que tuve algunas... Pero ninguna se ganó ese título de verdad. Eran mas bien, chicas con las que salí un tiempo, pero nada serio. Ninguna me convencía – me miró sonriendo -. Hasta que apareciste tu – acarició mi mejilla con el dorso de su mano, haciendo que cerrara los ojos, disfrutando del contacto -. ¿Sabes? A ninguna le dije que la amaba – se levantó y se puso sobre mí, besándome profundo, pero suavemente, sin prisas. Tomé su cabello entre mis dedos y lo apreté contra mi, tratando de que no se alejara. Cuando necesitamos respirar se separó, pero solo un poco, manteniendo nuestros cuerpos juntos.
- ¿Por qué decidiste regresar? – le pregunté.
- Me aburría, extrañaba a mis padres, a mis hermanos (aunque no lo parezca). Terminé la Universidad y conseguí un buen trabajo, pero solo estuve unos meses, luego lo dejé y regresé. Mis padres me dejaron la casa. Dijeron que era hora de tener unas largas vacaciones, ya que sus hijos estaban casados, y habían terminado sus estudios.
Sonreí.
- Me alegro de que hayas regresado.
- Yo también – y volvió a besarme.
Mientras tanto, en el centro de Dallas...
Jasper POV.
Aquí estábamos nosotros. Tres hombres que no entendían absolutamente nada de lo que es la organización de una fiesta de bienvenida. Apoyados al costado de la camioneta, los brazos cruzados, y el ceño fruncido, presentábamos un aspecto totalmente ridículo. En especial porque nuestras bocas se abrían con sorpresa al leer la lista que Alice nos entregó antes de salir. Estábamos frente a un local de decoración, tratando de encontrar la vajilla exacta que estaba en la lista. Aun no puedo creer que nos pidieran esto, si hay de sobra en casa. A menos que quisieran invitar a todos nuestros vecinos...
- Entremos de una buena vez. No podemos quedarnos parados todo el día aquí – Carlisle tomó la palabra. Desde que Esme lo castigara estaba bastante enfurruñado.
Caminamos los tres a la vez. Parecíamos salidos de una película del oeste, a punto de entrar a la taberna en donde nos esperaban hombres jugando a las barajas y unos cuantos vasos de whisky.
El lugar estaba completamente inmaculado. Ridículamente ordenado; parecía milimetrado. Exacto como Alice. Los tres sufrimos un escalofrío. Al parecer, pensábamos lo mismo.
Una dependienta se nos acercó en cuanto nos vio.
- ¡Buenos días! Mi nombre es María, ¿puedo ayudarlos en algo? – nos miró como si quisiera devorarnos vivos. Demoró su mirada en mi, y no pude evitar sentirme asustado, dando un leve paso hacia atrás. Emmett tomó la palabra. Lo primero que oíamos de él desde que salimos del rancho.
- Necesitamos vajilla fina con arabescos en azul ultramar – miraba la lista cada vez más desconcertado -, vasos de cristal ondulado, y copas a juego con los platos – se notaba a leguas que ninguno de nosotros entendía nada, pero María asentía con la cabeza, mostrándonos que ella sí.
- Síganme por aquí, por favor. Tengo exactamente lo que necesitan.
La seguimos hacia el centro del lugar. A la derecha, sobre unos estantes, estaban las tres cosas que habíamos pedido.
- ¿Cuántos necesitan de cada uno?
Nos miramos, y a la vez bajamos la cabeza a la lista.
- Cien de cada uno.
- ¿Habrá fiesta? – preguntó.
- Si – Carlisle al mando de nuevo -. Nuestras esposas nos pidieron que viniéramos por algunas cosas.
- Perfecto – sonrió forzadamente -. Vengan por aquí. Enseguida les traeré su pedido.
Media hora después, y con unos cuantos dólares menos en mi cuenta (ni quería pensar en cuántos dólares menos tenía), nos dirigimos hacia nuestro siguiente destino: comida.
Nos acercamos al restaurante de cocina internacional que Esme nos apuntó. "El Bistro Latino" se alzaba imponente ante nosotros. No era enorme, pero si elegante. Por dentro, el ambiente era cálido, ordenado y luminoso. La cocina estaba a la vista, justo detrás de la barra, donde un hombre nos saludó amablemente.
- ¿En qué puedo ayudarlos?
Carlisle se le acercó. Era su turno.
- Mi esposa nos recomendó venir aquí. Haremos una fiesta el sábado y quisiéramos saber si podría proveernos de la comida.
El hombre lo pensó.
- Es gratificante que alguien nos recomiende tan amablemente. ¿Quién es su esposa?
- Esme Cullen. Estos son Emmett, nuestro hijo, y Jasper, nuestro cuñado – nos señaló.
- ¡Oh! – su rostro se iluminó -. ¡Bienvenidos, bienvenidos! ¡La familia de Esme! Es un placer tenerlos por aquí. No se preocupen. Se exactamente que prepararles para el sábado – sonrió complacido -. ¿A qué hora será?
- A las ocho de la noche – le respondí.
- Perfecto. Estaremos allí a las siete, para dejarlo todo listo.
Le apuntamos la dirección, Carlisle pagó (obtuvo un descuento, ¡vaya suertudo!), y nos despedimos.
- De acuerdo – dije cuando estuvimos sobre la camioneta, manejando hacia nuestro próximo destino – es tu turno Emmett. ¿Cuál es la dirección que te anotó Rosalie? – suspiró.
- Tenemos dos lugares. El primero esta cerca. Es un club, "Lizard Lounge". Debemos conseguir al Dj.
Conduje hacia donde me indicaba Emmett, y estacioné frente al local. La puerta estaba abierta y entramos. Al ser de día, el club no estaba funcionando, solo había personas acomodando las cosas para esa noche. Fuimos hacia la barra.
- Disculpa – inició Emmett -. Estamos buscando al Dj.
- Suban las escaleras. Es el que esta haciendo las pruebas de sonido.
Nuestra primera impresión fue habernos equivocado. El chico que estaba frente a nosotros, cambiando canciones, era un joven bastante normal, de pelo oscuro, musculoso, pero sin exagerar, con unos jeans y remera con inscripciones.
- ¡Hola! – saludó en cuanto reparó en nuestra presencia -. ¿Me buscaban?
- Si – Em lo saludó -. Queríamos saber si tocarías en nuestra fiesta el sábado. Necesitamos música para amenizar el ambiente, ya sabes...
Dudó.
- ¿Qué clase de fiesta?
- De bienvenida – me adelanté, antes de que mi cuñado metiera la pata -. Mis suegros – señalé a Carlisle – han regresado de unas vacaciones, y mi esposa decidió que sería bueno celebrarlo – no parecía muy convencido -. Nos envió Rosalie, es su esposa – señalé a Emmett – el rostro del joven se suavizo, y sonrió mostrando todos los dientes.
- ¿Asi que Rosalie? Estaré encantado de ir a su fiesta – nos tendió la mano -. Por cierto, mi nombre es Quil. Quil Ateara.
Salimos y volvimos a la camioneta. El sol ya estaba en lo alto del cielo, lo que me hizo suponer que nos habíamos perdido el almuerzo, asi que decidí que sería mejor ir a comer algo antes de seguir. Era increíble que Emmett no se hubiera quejado todavía, por la falta de alimento.
Dos horas después, y bastante llenos, volvimos a ponernos en camino. Esta vez, Carlisle estaba tras el volante.
- ¿Cuál es el último lugar que te escribió Rose?
- Esta a las afueras – le respondió su hijo -, de camino a casa, por suerte.
Era verdad. La dirección que nos pasó estaba en el camino que siempre tomábamos. Lo raro es que no lo hubiésemos visto antes.
En cuanto estacionamos, nos dimos cuenta del por qué jamás reparamos en aquella casa. Tenía un aspecto acogedor, a primera vista. El problema era lo que se vendía allí. Parecía salido de una película de terror. ¿Por qué nos castigaban tan terriblemente?
- ¿¡Una florería!
Hola a todas! No tengo perdón por no haber actualizado en más de un mes, pero no había inspiración... Además empezó un nuevo fic, y me volqué totalmente a ese. Si hay no se pasaron, las invito a conocerlo, y de paso me dicen qué opinan. Se llama Vino y Rosas.
Por otro lado, aquí les dejo el capítulo. Espero que se diviertan leyéndolo.
Muchas gracias por sus reviews, alertas, y favoritos! :)
Besos!
