.:. Advertencia del Momento: Lemmon y Universo Alterno .:.


Momento dos: Reprimido


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Respondí a la interrogante con confianza y sabiduría. El maestro alabó mi respuesta y continuó explayándose sobre el tema que había tratado durante toda la clase. Permanecí atento al resto de sus palabras, aunque se trataba de algo que yo dominaba completamente.

El timbre sonó dando por finalizado el periodo. El profesor tomó sus cosas y se retiró, mientras todos mis compañeros se ponían de pie y comenzaban con sus habituales pláticas, terminando abruptamente con el silencio que había reinado en la sala por dos horas.

Permanecí sentado en mi lugar esperando pacientemente que el receso terminara y la nueva clase empezase. Realmente siempre fui un tipo bastante solitario, a diferencia del resto, yo no ansiaba que las clases terminaran sólo para levantarme y empezar a conversar y reír con mis amigos de cosas sin sentido, yo simplemente optaba por la soledad, aunque a mi alrededor estuviesen todos mis compañeros. Me gustaba estar solo simplemente porque toda mi vida así había estado.

Centré mi mirada con aburrimiento en el pizarrón, en donde aún estaban los apuntes sobre lo que antes había hablado el profesor. Fruncí los labios, recordando las palabras del maestro ante mi respuesta tan certera, últimamente esas palabras de felicitaciones por mi inteligencia que todos siempre me han dedicado, ya no me producen nada. Antes, mi pecho se hinchaba de orgullo y recorría el salón con una mirada de superioridad, viendo a todos como inferiores a mí, y con eso me sentía satisfecho. Ahora, ya ni siquiera me dan ganas de responder, mi vida se ha vuelto una rutina demasiado aburrida, y aunque quiero hacer algo para cambiarlo, no sé cómo, y aún si lo supiera, sé que no lo haría.

—Hola, Neji. —La siempre alegre voz de Lee, el único al que consideraba mi amigo, me sacó de mis pensamientos.

—Hola —respondí monótonamente centrando mi mirada en él—. ¿Qué ocurre?

—Nada —contestó simplemente mientras se encogía de hombros—, sólo quería saludarte, te vi aquí tan solo pensando quizás…

—No me engañas Lee, te conozco hace muchos años —interrumpí con arrogancia, enarcando una ceja. Él sonrió nerviosamente rascándose la nuca—. ¿Qué ocurre?

—Bueno… —titubeó, pero antes que continuase, una sonora carcajada muy cercana a nosotros interrumpió las palabras de mi compañero.

Ambos centramos la mirada en quien nos había distraído, encontrándonos con un grupo de compañeros que hablaban y reían de las palabras y los entusiastas gestos de Tenten, una chica que había sido compañera mía desde que entré al colegio, pero con la que nunca había intercambiado demasiadas palabras.

—Bueno —continuó Lee logrando que yo centrara nuevamente mi atención en él, aunque tardé unos segundos en dejar de ver a la chica que seguía riendo escandalosamente—, hay una fiesta este viernes —soltó rápidamente, aunque parecía más confiado en sus palabras, incluso me sonreía como si de pronto se sintiera superior.

—Sabes que yo no voy a fiestas —respondí sin interés a su propuesta—. No me gustan.

—Tu amor platónico también va —dijo de pronto, yo lo miré sorprendido, él rió divertido—, no lo niegues, Neji —rió nuevamente, yo comenzaba a ofuscarme—. Tenten ha sido tu amorcito platónico desde siempre.

—Eso no es verdad. —Fruncí el ceño.

Las palabras de Lee en sí no me molestaban demasiado, porque yo sabía que él sólo me estaba fastidiando, lo decía para que yo me saliera de mis cabales y comenzara a enrabiarme, contradiciéndome en mis palabras, con las que él lograba hacerme molestar aún más, y al final yo terminara muy enojado y él muy divertido, por lo que esa vez opté por ignorarlo.

Miré nuevamente a la chica a la que mi amigo me hacía alusión, esta vez, era ella quien escuchaba atentamente las palabras de uno de sus amigos con una sonrisa divertida pintada en el rostro.

Soy capaz de reconocer que Tenten es una chica bastante atractiva, pero no por ello se iba a convertir en mi amor platónico, no, no era para tanto. Había algo en ella que siempre me llamó la atención; quizás era esa alegría tan espontánea que siempre la caracterizaba, o su risa extremadamente sonora —que a veces incluso resultaba contagiosa—, también podría incluir ese espíritu rebelde de ella y su facilidad para meterse en problemas. Podría resumir que lo que me atraía de Tenten Ama, era que siempre había sido completamente diferente a mí.

—¿Irás? —cuestionó nuevamente mi amigo sacándome de mis cavilaciones. Lo volví a mirar, y él me sonreía con satisfacción. Fruncí el ceño, se había dado cuenta de que estaba mirando a Tenten.

—No creo —finalicé mientras me acomodaba en el asiento, la campana acababa de sonar por lo que el profesor estaba pronto a llegar.

—Está bien —dejó de insistir—, sólo recuerda que es mañana. —Volvió a su asiento.

Lee realmente era un desgraciado.

A pesar que intenté no darle ningún valor a sus palabras, no lo logré. Estuve todo lo que restó del día pensando, dándole vueltas al asunto, cuestionándome en si ir o no a la dichosa fiesta. Realmente ese tipo de eventos nunca me han llamado la atención; no me gusta estar en lugares cerrados, abarrotados de gente, de ruido, de humo de cigarrillo y de gente borracha que hace escándalos. Además, que como me cuesta mucho relacionarme con las personas, suelo aburrirme demasiado en las dichosas fiestas, aunque sólo había ido a una.

Al día siguiente fue lo mismo. Escuchaba por todos lados cuchichear con respecto a la famosa fiesta, la que según todos: "Prometía ser la mejor fiesta de ese año". La tentación de ir se me hacía cada vez más grande, aunque las verdaderas razones de mi asistencia prefería taparlas convenciéndome que como ese sería mi último año en el Instituto, debía al menos acudir a una fiesta antes de finalizar el año e irme a estudiar lejos, o tal vez, no tan lejos, pero en definitiva irme de ese lugar.

Finalmente acepté, es decir, me auto-convencí de ir, al repetir incesantemente la idea de ser mi último año, que en dos meses más abandonaría la escuela, y que después de todos esos años merecía distraerme un poco, aunque fuese una sola vez. Ni siquiera quería pensar que la razón principal de mi interés en la fiesta era saber qué hacía Tenten. No era que estuviese obsesionado con ella, simplemente quería ver y saber cómo se comportaba en las fiestas, no existía más interés que ese, y quería creer que no era la razón más importante, por eso buscaba otras excusas para presentarme al evento.

No fue difícil dar con el lugar en donde se realizaría, aquel día todos habían comentado sobre la fiesta. Cosas como: dónde era, a qué hora llegarían, qué se pondrían y miles de cosas sin sentido, pero yo sólo tomé lo que me sirvió y el resto lo ignoré.

Me presenté en el lugar a una hora prudente, es decir, no muy temprano, pero tampoco se trataba de llegar cuando la fiesta estuviese acabando, así que calculé una hora determinada para que nadie se diese cuenta de inmediato que yo estaba allí.

Tal cual lo imaginé, el lugar entero estaba hasta las masas de jóvenes, algunos ya bastante pasaditos de tragos, otros bailando alegremente en la enorme pista del centro, unos pocos sentados en alguna de las mesas charlando mientras compartían algún trago y un cigarrillo. Realmente en aquella fiesta todos la estaban pasando bien, tal cual estimaban.

Inconscientemente buscaba a alguien con la mirada, y cuando me daba cuenta de lo que hacía, me recriminaba mentalmente, pero luego salía una parte en defensa de mis actos y convencía a mi cerebro que sólo era para saber si ella estaba ahí, con quién estaba, o si fuese el caso, si ya se había marchado.

Me ubiqué en un lugar en donde pudiese tener una visión más general de quiénes se encontraban allí, buscando insistentemente hasta encontrar algún cabello castaño, tomado en dos moñitos —a mi parecer ridículos—, pero sin tener resultados concretos.

—Hyuuga. —La voz femenina me sobresaltó. Rápidamente volteé a ver a mi locutora, sorprendiéndome al reconocerla. De seguro si seguía buscándola no la encontraría, aquella noche llevaba el cabello suelto—. Me sorprende verte aquí —sonrió de manera ciertamente burlona.

—Ama —contesté a modo de saludo—. Sólo estoy de pasada —respondí manteniéndome sereno, sin atreverme a ver más que su rostro.

—Es una lastima —rió, y por momentos creí que sus palabras eran sinceras—, la fiesta está muy buena.

—Así veo —dije mientras, sin poder evitarlo, mis ojos la recorrían entera. Vestía una sencilla camiseta sin mangas de color negro y una falda azul bastante corta que dejaba a la vista sus piernas. Me vi obligado a reconocerle a mi consiente que se veía muy bien, era eso, o quedarme mirándola con cara de idiota.

—Realmente es raro tenerte aquí —acotó nuevamente ella acercándose un paso hacia mó, yo retrocedí y choqué contra la barra de contención que había en el segundo nivel—, mas aún cuando he esperado tanto tiempo para encontrarte en un lugar como este.

Susurré su nombre confundido, sus palabras decían demasiado. De seguro era el alcohol ingerido el que la llevaba a decir todas aquellas cosas sin razón. No podía ser verdad que ella quería encontrarme. —De seguro no sabes lo que dices.

—Soy completamente consciente de lo que digo —desafío acercándose un paso más—, y de lo que hago. —En ese momento yo no sabía qué hacer, por alguna extraña razón estaba completamente nervioso ante su cercanía y no sabía cómo reaccionar.

Sin darme tiempo de pensar ni reaccionar, ella me besó y yo fui débil porque no tardé ni dos segundos en corresponderle aquel beso. A la mierda se fueron mis pensamientos en los que me convencía que ella sólo me llamaba la atención, pero que no tenía deseos de besarla ni tocarla. En aquel momento todas aquellas absurdas teorías se desvanecieron.

Me reconocí torpe tratando de seguir el ritmo de aquel beso. La manera en que ella deslizaba sus labios carnosos sobre los míos me hacía perder la razón. Estaba embriagado a pesar de no haber ingerido una gota de alcohol, las manos de ella se entrelazaron tras mi cuello profundizando aún más aquel beso, de manera automática la tomé con fuerza de la cintura.

Un pequeño gemido escapó de sus labios al sentir el choque de nuestros cuerpos, pero siguió besándome con el mismo ímpetu, con la misma destreza, como si tuviese la necesidad angustiosa de devorarse mis labios. Como si hubiese esperado demasiado tiempo aquel momento.

Yo sólo me dedicaba a seguirle el ritmo, sin querer pensar que lo que hacía no tenía razón, pero, aún embriagado por sus labios, era capaz de darme cuenta que estaba besando a la chica que había sido mi compañera muchos años, con la cual nunca establecí una relación más allá de un saludo, esa misma chica era la que se había acercado a mí, se había burlado, insinuado y después me besaba con ansias, mientras estúpidamente yo le respondía sin ser capaz de negarme a nada simplemente porque no lo quería.

Sentí cómo una de sus manos se deslizaba por mi espalda lentamente, traspasando con su calor la tela de mi camisa, erizando a su paso los vellos de mi nuca. Una sensación en extremo agradable. Finalmente ésta se detuvo en mi cadera y en un ágil movimiento se inmiscuyó por bajo la prenda.

No pude evitar reprimir el gemido al sentir aquella tibia mano en contacto con mi piel, acariciando con lentitud mi espalda, deslizando los dedos por todo el largo de mi columna, mientras sus labios se adueñaban de los míos como si siempre le hubiesen pertenecido, como si los conociera de toda la vida, y de pronto los exigiera.

La mano de ella, que aún continuaba en mi nuca, realizó rápidamente el mismo recorrido que su compañera, y en unos segundos también acariciaba la piel de mi espalda. Gemí quedamente sobre sus labios, disfrutando del contacto con los ojos cerrados. Ella se separó escasos milímetros de mis labios sonriendo satisfecha.

—¿Te gusta, Hyuuga? —preguntó en voz baja sobre mis labios, no fui capaz de responder, la agitación que sentía me inhabilitaba para pensar con coherencia, así que opté por tomar con fuerza su nuca y atraerla a mí en un movimiento rápido. Volvimos a besarnos, esta vez con más desenfreno.

Las caricias de ella se empezaron a hacer cada vez más desesperantes sobre mi piel, sus manos recorrieran con lentitud mi espalda y mi torso, acariciándolo con maestría, logrando que mis latidos aumentaran y mi respiración se agitara cada vez más. Ella me estaba excitando.

Yo continuaba con una de mis manos tras su nuca y la otra rodeando su cintura, sin atreverme a más. Sabía perfectamente que no podía estar permitiendo eso, que las cosas estaban dándose muy rápido, que dejaba que ella me acariciara y me besara como nunca nadie lo había hecho, eso estaba mal, sin embargo, me gustaba porque por primera vez hacía algo incorrecto. Por primera vez me dejaba llevar.

Aventuré la mano que antes rodeaba su cintura, un poco más abajo, descendiendo lentamente, hasta detenerla en su trasero. Junté más nuestros cuerpos logrando un suspiro gratificante por parte de ella.

Se separó nuevamente de mis labios, pero no de mi cuerpo. Me vi obligado a devolverle esa mirada penetrante con la que insistía. Sus ojos color chocolate brillaban extraordinariamente viéndome fijamente, por momentos me vi reducido ante su mirada.

—Realmente lo deseas, Hyuuga. —No fue una pregunta, fue una afirmación. Estaba convencido que ella podía leer en mis ojos el deseo que me embargaba. No fui capaz de responder, seguía mirándola atentamente pidiendo que continuase con sus caricias. Ella se acercó más a mis labios y tomó el inferior entre sus dientes—. Yo te haré desearlo aún más —susurró antes de besarme nuevamente.

Perdido. Simplemente estaba perdido. Ya no había cordura que me ayudase a negarme a sus besos y sus caricias. Me condenaba a ella y a la maldita atracción que provocaba sobre mí. No quería buscar las razones de por qué no podía negarme a ella, y aunque las tuviera sabía que no las aceptaría.

El gemido que lancé fue mucho más sonoro que los anteriores. Tenten había irrumpido bajo mi pantalón, y sentía cómo sus dedos se deslizaban con lentitud buscando un objetivo. Me separé de sus labios bruscamente al sentir cómo su mano rodeaba mi hombría que ya comenzaba a despertar. Mis gemidos se hicieron más sonoros y seguidos, ella parecía disfrutar del efecto que me provocaban sus caricias. Sinceramente yo ya no sabía cómo controlarme.

—¿Vamos al baño? —propuso en un susurro a mi oído. Asentí débilmente, me encontraba excitadísimo, lo único que deseaba era que ella continuase y prolongase sus caricias. Volvió a morder mi labio mientras quitaba su mano de mi entrepierna.

Me tomó de la mano y me guió por un pasillo en el que había muchas parejas besándose y toqueteándose. Al final apareció una puerta por la que entró seguida por mí.

El foco tintineaba y el piso estaba mojado, el cuarto era pequeño y estaba vacío. Por la ventanilla entraba una pequeña brisa. Ella cerró la puerta y le puso pestillo, acto seguido se volteó hacia mí sonriendo con picardía.

—Ahora tú y yo estamos solos —dijo antes de atraparme con sus labios y sus brazos nuevamente.

La pasión entre ambos aumentaba a cada segundo, yo la aferraba a mi cuerpo con fuerza intentando contagiarla con la excitación que me producía. Con movimientos torpes nos fuimos moviendo hasta que ella chocó con algo que nos hizo detenernos.

Sin dejar de besarme, fue desabotonando lentamente mi camisa hasta dejarme con el torso descubierto. Se separó de mis labios respirando agitadamente. La miré a los ojos y pude ver en ellos el mismo deseo que sentía yo. Ella me devolvió la mirada y sonrió antes de besar mi cuello y descender con besos húmedos hasta alcanzar mi torso.

Yo gemía ante cada contacto de sus labios y sus manos con mi piel, acariciando frenéticamente su espalda, logrando que su camiseta se levantara ante el contacto. Finalmente en un acto desesperado la alejé y con brusquedad quité la prenda que me estorbaba, siendo completamente libres aquellos senos femeninos que tanto deseaba. No le di tiempo de acariciarme nuevamente, esta vez quería ser yo el que la tocara, quería recorrer sus formas y aprendérmelas de memoria. Era la primera mujer que veía de esa manera, la primera a la que tocaba, así que debía aprovecharlo al máximo.

Mis oídos se extasiaron al escuchar sus gemidos. Si bien, mis caricias no eran expertas, trataba de hacerlas con suavidad, para no parecer un bruto desesperado, y al escuchar su reacción, lo estaba logrando.

Besé sus senos con adoración, atrapándolos con mi boca y mis manos, acariciándolos y admirándolos, disfrutando de la textura suave y delicada de su piel, mordiendo aquellos pezones erectos producto de la excitación que yo le producía. Abandoné sus senos y subí hasta sus labios nuevamente, ella sonrió mientras deslizaba sus manos por mi pecho lánguidamente, alcanzando el botón de mi pantalón —el cual abrió con facilidad—, continuando con la bragueta, hasta que finalmente el pantalón cayó a mis pies. Se separó de mis labios al sentirlo y miró con descaro el bulto que se formaba entre mis piernas. Me sonrió con picardía para luego volver a entrometer su mano bajo la tela, esta vez de mi bóxer. Mi gemido de satisfacción quedó ahogado en sus labios y mis manos se fueron aventurando bajo su falda, acariciando sus muslos, su trasero y finalmente tomando la tela de su braga para hacerla descender por sus piernas. Apreté sus glúteos con salvajismo, logrando que mi erección golpease contra su vientre. Ella gimió entre mis labios apretando con más fuerza mi miembro erecto.

Las diferencias de estatura se estaban convirtiendo en un problema para que nuestros sexos pudieran entrar en contacto. Ansioso y desesperado la tomé subiéndola sobre el lavabo. Ella abrió las piernas y yo rápidamente me encajé en el hueco que formaron. El primer roce de nuestros sexos produjo que ella gimiera fuertemente. La miré buscando en sus ojos la misma necesidad que sentía yo. Aquellos ojos oscurecidos por el deseo brillaban anhelantes, sus labios entreabiertos estaban rojos e hinchados producto de la ferocidad de nuestros besos.

Volvió a besarme, mientras su mano bajaba la última prenda, quedando mi miembro finalmente libre e inhiesto para dar el siguiente paso.

Sus besos cada vez más anhelantes me decían que ella también lo necesitaba tanto como yo, así que sin poder resistir un minuto más, me dispuse a entrar en aquella cavidad húmeda, que parecía ansiosa por continuar. Me hundí lentamente, siendo invadido de pronto por el terror de estar haciéndolo mal, tranquilizándome lentamente y a medida que avanzaba, ya que sus gemidos se hicieron más fuertes e incontrolables. Una vez que me sentí completamente dentro, empecé un movimiento lento y acompasado con mis caderas, haciendo uso de lo que había aprendido con la única película pornográfica que vi en mi vida.

Mi satisfacción era plena, sentía cómo mi miembro era rodeado y aprehendido por aquella cavidad tan mojada, la presión que ejercía sobre mi palpitante erección sólo lograba aumentar mi placer.

—Más rápido —pidió ella con voz entrecortada.

Hice caso a sus súplicas y lentamente fui aumentando mis embestidas, consiguiendo un ritmo primitivo, que jamás imaginé ser capaz de lograr y menos en mi primera vez. Definitivamente esa chica tenía un efecto devastador en mi siempre correcta actitud. La fuerza de mis embistes era tal, que tuve que sostenerla de la cintura para evitar que se resbalara del lavabo. Ella sólo se limitó a recargar la espalda contra la pared, curvándola a medida que el placer y sus gemidos aumentaban. Cuando yo mismo sentía que el orgasmo estaba por llegar, la escuché gemir aún más fuerte y agitada, muestra clara que su satisfacción había llegado y me sentí conforme, permitiéndome disfrutar de mi propio placer.

Unos minutos después mi orgasmo llegó liberando todo mi semen en el interior de ella, el cual empezó a correr por sus piernas cuando me retiré. Aún bastante agitado y satisfecho volví a besarla, ella me devolvió el gesto, aunque claramente con menos entusiasmo, nuestras respiraciones seguían agitadas, y los rastros de placer continuaban en nuestro torrente sanguíneo.

Dejó de besarme y luego se bajó del lavabo, tomando su camiseta que estaba metida dentro de éste colocándosela y arreglando un poco su ropa. Yo subí mis pantalones y abotoné mi camisa. Una vez que ambos estuvimos listos salimos del baño.

Nos quedamos un rato más en aquella fiesta, besándonos y acariciándonos en algún lugar oscuro, hasta que se hizo más tarde. Me ofrecí a acompañarla a su casa y ella aceptó. Esa noche nos despedimos con un apasionado beso y caricias que buscaban ir más allá, prometiéndonos que alguna vez se repetiría.

Lo que no ocurrió.

Al lunes siguiente tenía planeado acercarme para poder iniciar algo, pero cual fue mi sorpresa al darme cuenta que ella actuaba como si nada hubiese sucedido, como si no hubiese estado toda la noche conmigo, ni me hubiera besado ni acariciado. Como si nada hubiera ocurrido en ese baño.

Furioso y decepcionado no quise acercarme a ella, ni hablarle, ni nada relacionado con esa mujer. Me sentía usado, como si sólo hubiera sido la aventura de una noche, pero por muy enojado que estaba, no lograba sentirme arrepentido.

Hubo un día en que la encaré completamente enojado, y ella con confianza, respondió que yo desvariaba, que nunca me vio en esa fiesta, y que no recordaba haber estado conmigo.

Me había humillado, ella simplemente me había utilizado. Se había metido conmigo porque el alcohol que tenía en el cuerpo no la dejó razonar con claridad, y yo, como idiota, no me había dado cuenta que estaba borracha. Creí en sus palabras cuando me dijo que ella sabía lo que hacía, y ese fue mi más grande error.

Pasaron dos semanas desde aquel encuentro en el baño. Mi enojo no disminuía ni un día, y más aún cuando debía verla a diario. Ver como ella se comportaba igual que siempre, seguía metiéndose en problemas a diario, compartiendo con sus amigos e ignorándome como siempre lo había hecho, y aunque no quería reconocerlo, eso me hacía daño.

Tenten no era mi amor platónico, ni siquiera estaba perdidamente enamorado de ella, solamente era la chica que me gustaba desde hacía muchos años atrás, y con la que había tenido mi primera vez; a la primera que besé y toqué. Por eso no podía evitar sentirme decepcionado de su actitud, porque como un jovencito primerizo, me había ilusionado y desde aquella noche no podía sacarla de mi cabeza; no dejaba de recordar sus labios, sus caricias, las formas de su cuerpo. Cada noche mi cabeza se veía invadida por los recuerdos de nuestros actos, mis oídos inundados de sus gemidos y mis labios que aún tenían el sabor de los de ella.

El viernes en que se cumplían dos semanas de la fiesta, tuve que quedarme un rato más en el Instituto, preparando algo para la graduación, fue ahí cuando la encontré justo a la salida del edificio. La primera vez solos. La miré fijamente con cierto rencor en mis ojos, ella me devolvió la mirada pero no con rencor, sino que con burla. Me sonrió divertida y se acercó a mí, yo bajé un escalón dispuesto a irme, cuando ella me llamó. Me quedé estático en mi posición, dándole la espalda. Ella se detuvo justo atrás mío, apoyando un brazo sobre mi hombro.

—Recuerdo todo lo que ocurrió aquella noche —susurró a mi oído—, yo sé lo que hice, hago y haré.

Abrí los ojos sorprendido de sus palabras, paralizado en mi posición, sintiendo como ella pasaba junto a mí rozando mi brazo, sin ser capaz de reaccionar. ¿Ella me había engañado? ¿Recordaba todo y me había dicho que no engañándome sin compasión? ¿Por qué?

Reaccioné en el momento justo en que ella salía por la puerta del Instituto, corrí para alcanzarla, y cuando lo logré, le interrumpí el andar acorralándola contra la muralla de cemento, presionando su cuerpo con el mío.

—¿Por qué? —pregunté con furia manteniendo mi rostro a unos centímetros del suyo. Ella me miraba fijamente mientras sonreía—. ¿Por qué me mentiste?

—¿Me habrías aceptado? —cuestionó ella manteniéndome la mirada—. Tú siempre correcto, ¿habrías reconocido que tu primera vez fue conmigo?

—No imaginas las intenciones que tenía —respondí entre dientes mirando sus labios—, realmente no sabes.

—Te gustó, ¿cierto? —desafió acercándose más a mis labios—. Te gustó mucho lo que hicimos en ese baño, ¿cierto?

—¡Zorra! —atiné a responder al saberme derrotado por sus palabras.

Ella sonrió acercándose aún más, mordiendo mi labio inferior suave y sensualmente. Suspiré agitado cerrando los ojos ante aquel atrevido gesto. —Así es como te gusto, ¿verdad? —susurró sobre mis labios—. Cuando soy tu zorra es cuando más te gusto, Hyuuga —afirmó convencida.

La besé con delirio y ella me respondió de la misma forma. Le perdonaba cualquier cosa porque sabía que desde ese momento sería sólo mía.

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Gracias por sus comentarios, y por favor sigan apoyando esta causa. El fandom tiene que arder con esta pareja, omitamos las abominaciones innombrables por favor.

Sin más. Se despiden de ustedes y agradeciendo sus lecturas: "Las Migas" Y Recuerden nuestro lema: Neji es un sucio

¡Hasta el próximo momento!