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Momento cuatro: A los 17


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El sonido producido por el soplar del viento aullaba ferozmente, colándose por entre los gruesos troncos de los árboles del bosque, azotando sus ramajes despojados de hojas. El sol, que esplendoroso brillaba en lo alto, no entregaba ninguna sensación de calor.

La soledad de aquel lugar se veía irrumpida por dos figuras a las que parecía no importarles el furioso soplar del viento, ni el frío que éste poseía; parecía no importarles nada más que estar juntos. Sus gemidos se propagaban por la inmensidad del bosque, confundiéndose con los silbidos del viento, el cual se los llevaba lejos, muy lejos, divulgando su placer.

Él la mantenía acorralada contra uno de los gruesos troncos que colindaban el campo de entrenamiento, mientras que ella se sostenía del fibroso cuerpo del shinobi con sus piernas, las cuales rodeaban las caderas de él, y sus brazos que se cruzaban tras el cuello.

Se besaban con pasión mientras Neji mantenía un ritmo de penetración regular, provocando una deliciosa tortura en la chica, quien gemía cada vez más fuerte y enredaba sus manos en el cabello de él jalándolo al mismo tiempo que se separaba de sus labios y lo miraba con sus ojos nublados por el deseo. Tenten no pudo reprimir un grito al sentir cómo su compañero empezaba un ritmo más profundo y acelerado, llevándola instantes después a un gratificante orgasmo.

Neji sentía que su propio clímax estaba a punto de llegar, por lo que empezó a embestir más fuerte, provocando que ella gritara su nombre. Sabía que sus piernas empezaban a pasarle la cuenta por estar de pie tanto rato, pero no se arrepentía, esa posición le gustaba bastante; en sí era más agotadora que cualquier otra, ya que tenía que mantenerse de pie y más encima sostener el peso de su pareja. Pero la satisfacción que le producía saber que la tenía sometida y dominada, que ella dependía completamente de él, aumentaba aún más su libido. Tenten mordió el cuello del chico, logrando que finalmente él alcanzara su orgasmo en el interior de ella, deleitándose enormemente con el ronco gemido que Neji le dedicó al oído.

Se mantuvieron en la misma posición un rato, hasta que él delicadamente la bajo, dejándola de pie en el suelo, arreglando el lindo vestidito chinesco que ella llevaba, el cual, producto de la excitación, ni siquiera le había quitado, sólo lo corrió un poco para dejar visibles las partes que él quería acariciar. La chica le sonrió en señal de agradecimiento, viendo como Neji le dedicaba uno de sus particulares sonidos y proseguía a acomodarse sus propias ropas.

Tenten sintió de pronto que sus piernas temblaron ligeramente, viendo que a su alrededor las cosas parecía dar vueltas y el suelo temblaba. Incapaz de seguir manteniéndose en pie, cayó estrepitosamente al suelo, quedando adolorida por la fuerte caída.

—¡Tenten! —exclamó Neji, viendo como de un momento a otro la chica que estaba parada frente a él, caía al suelo sin ningún impedimento. Junto a ella se arrodilló—. ¿Qué pasó?

—No lo sé —respondió—, me sentí mareada —comentó, apretando los ojos y arrugando el ceño, llevándose una mano a la cabeza, gesto que demostraba que aún seguía mareada—. Estragos de la lujuria —bromeó.

—Eso no es normal —dijo él con su usual tono de voz, mirándola seriamente—. ¿Has comido algo?

—Sí —contestó sencillamente—, aunque quizás esté algo enferma —supuso, mientras lo miraba y sacaba conclusiones—. En la mañana no me sentía muy bien, comí algo y vomité todo, pero ya más adentrado el día pude comer algo más —agregó sonriendo nerviosa al ver el gesto de terror en el rostro de su compañero.

—¿Desde hace cuántos días te sientes así? —preguntó en un susurro Neji. Los hechos recién ocurridos podían ser producto de lo que venía ocurriendo hace algunos meses entre ellos. Su razonamiento lógico y racional de genio, a veces lo abrumaba.

—No lo sé. —Entornó los ojos en símbolo de meditación—. Hay algunas mañana en las que me siento mal, mi estómago parece estar revuelto, por lo que no puedo comer nada, pero al rato se me pasa. De esto hace como dos semanas, pero como te digo, son sólo algunos días…

—¿Cuándo fue tu última menstruación? —Alarmado, Neji preguntó. Las palabras de ella daban fundamentos a su razonamiento.

—¡Neji! —clamó ella sonrojándose violentamente. Podían conocerse de muchos años, mantener una relación, pero esas seguían siendo cosas privadas—. ¡No te diré eso!

—Sólo dímelo —exigió impaciente, mirándola ansioso. Necesitaba esa respuesta.

—Pues —comenzó ella a recordar, sometida a la mirada penetrante de él. Luego cayó en cuenta de algo, abriendo los ojos sorprendida—. No lo recuerdo.

—¡Mierda! —exclamó Neji, levantándose y llevándose las manos a la cabeza, revolviéndose el pelo mientras caminaba. Esa simple respuesta pareció confirmar sus sospechas.

Tenten se quedó en la misma posición desde que había caído, sacando rápidas conclusiones de acuerdo a lo que le sucedió, así como lo que había pasado entre Neji y ella en los últimos meses, sumándole las preguntas de él y sus respuestas. —¿Tú crees que…? —empezó, pero no se atrevió a terminar la pregunta.

Neji le miró fijamente sin responder. De pronto se le había venido el mundo encima con tales pensamientos; eso no podía ocurrir, no a él. Tenten parecía mucho más perdida que Neji, seguía sentada en el suelo, con la mirada perdida en un punto fijo muy lejos de allí, su cuerpo temblaba ligeramente producto del frío que hacía, pero ella parecía no darse cuenta.

—Vamos —dijo él acercándose a ella para ayudarla a levantarse, la castaña reaccionó al sentir que él la tomaba de la cintura y la alzaba—. Sólo lo sabremos si lo confirmamos.

Ella no fue capaz de responder, limitándose a apegarse a él para mermar el frío.

Pronto el hospital de Konoha apareció ante ellos. La verdad era que ese lugar parecía desolado, como si nunca nadie se enfermara en la aldea, y el edificio estaba ahí de puro gusto. Entraron y se encontraron con el vestíbulo completamente vacío, miraron a ambos lados del pasillo. No había nadie.

Tenten miró a Neji queriendo decirle a través de sus ojos que lo mejor era que se fueran, que otro día ella iría sola, pues en esos momentos tenía miedo y no quería entrar a confirmar lo que ya resultaba casi certero.

—¡Tenten! —exclamó una voz conocida, en el preciso momento que la aludida iba a abrir la boca—. ¡Neji! ¿Qué hacen aquí?

—Ino —contestó la castaña sorprendida por encontrarse con la chica justo en el momento en que planeaba su operación fuga.

—Tenten viene por una revisión —interrumpió Neji a su compañera, antes que ella dijera que sólo estaba de pasada. La castaña lo vio sorprendida y asustada. ¿Acaso él no tenía miedo de confirmarlo?

—Está bien. Tenten, acompáñame. —La castaña maestra de armas hizo un asentimiento, le dedicó una última mirada a su compañero, y finalmente siguió a la Yamanaka por uno de los pasillos del hospital, hasta que la primera entró en una habitación—. ¿Qué es lo que te aqueja? —preguntó Ino una vez que ambas entraron a la sala de atención, mientras se ponía una bata blanca.

—Creo que estoy embarazada.

Los azules ojos de la chica parecían a punto de salirse de sus órbitas, la castaña escabulló su mirada sentándose sobre la camilla que había junto a la pared. —Tenten —musitó la rubia aún impactada por lo que su paciente acababa de decir—. Pero…

—¿Vas a preguntar, cómo? —dijo en tono ácido la kunouchi de las armas—. Sabes bien cómo se hacen los bebés, Ino.

—Sí, sí, lo siento. —Movió la cabeza para despejarse—. ¿Hace cuántos meses que mantienes relaciones sexuales? —inició ella con voz más profesional, mientras le indicaba a la chica que se recostara sobre la camilla.

—Seis meses —respondió sencillamente, sintiendo como la rubia le subía un poco el vestidito que con tanto esmero se había puesto esa mañana sólo para sorprender a Neji.

—¿Has usado protección? —preguntó nuevamente Ino, acumulando el chakra verdoso en sus manos. El silencio de Tenten le otorgó la respuesta. No hubo más preguntas, sólo se conservó la expectación de Tenten quien rogaba por una respuesta negativa, y la ninja medico que continuaba recorriendo la pelvis de su paciente, con absoluta concentración—. En esto soy mucho mejor que Sakura —comentó la Yamanaka con una sonrisa, rompiendo abruptamente el silencio molesto en el que se habían mantenido.

—Confió más en ti que en ella —aclaró Tenten sin saber exactamente qué decir.

—Me halagan tus palabras —sonrió nuevamente la rubia y, completó una vez que el chakra verde acabó—: Muy bien, ¿cómo reaccionarías con una felicitación?

—¿Eso significa: No estás embarazada, Tenten? —Ino negó—. ¡Mierda! —Se llevó ambas manos al rostro para ocultarlo tras ellas.

Sin poder evitarlo, las lágrimas empezaron a deslizarse por los costados de su rostro.

¿Qué iba a hacer? Tenía diecisiete años, era una kunoichi activa recién ascendida a jounin, aún ni siquiera cumplía la mayoría de edad. ¿Qué le diría su padre? ¿Qué dirían todos? ¿Cómo reaccionaría Neji al saber que sus sospechas eran ciertas?

—No llores, Tenten. —La consoló Ino acariciándole con ternura la cabeza—. No es tan malo como lo vez…

—¿Cómo quieres que no llore? —sollozó amargamente—. Recién tengo diecisiete años y me acabo de arruinar la vida…

—Jamás digas que un bebé viene a arruinarte la vida —reprochó con enojo la ninja médico—, puede ser que haya venido antes de tiempo, pero a la edad que sea un hijo siempre va a ser algo completamente maravilloso.

—Lo sé —respondió entre llantos Tenten—. Es que aún no asimilo bien la noticia, es algo que no me esperaba.

—Nadie se espera un hijo a esta edad —sonrió Ino tratando de calmarla—. Pero, ¿qué harás ahora? No creo que quieras…

—¡No! —negó tajante a sabiendas de los pensamientos de la kunoichi—. No soy capaz de hacer algo así. Realmente no sé lo que haré…

—¿Se lo dirás al padre?

―Creo que ya lo sabe —susurró mirando el suelo, sin poder evitar que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas.

—¿Neji? —sugirió la rubia, buscando confirmar sus sospechas. Tenten asintió. Sin poder evitar su naturaleza, Ino lanzó un grito eufórico, abrazando sorpresiva a la castaña—. ¿Cuándo fue que tú y él empezaron a hacer cosas sucias, y yo no pude darme cuenta?

—En su cumpleaños —respondió la aludida, sintiendo sus mejillas enrojecer. El segundo grito de Ino la hizo sonrojar aún más—. La primera vez fue la noche de su cumpleaños.

Ino estaba dispuesta a seguir el interrogatorio, cuando los golpes en la puerta la distrajeron. La Yamanaka caminó hasta el lugar para abrir la puerta, encontrándose al otro lado con un Neji que no expresaba nada, al menos para ella, ya que Tenten pudo ver en sus ojos la desesperación y las ansias de una respuesta.

Ino se despidió de su amiga entendiendo a la perfección que ellos necesitaban estar solos. El Hyuuga se hizo a un lado dándole el espacio para salir, acto seguido entró en la sala cerrando tras él la puerta, se volteó para ver a la chica, encontrándose con que ella apretaba fuertemente sus rodillas y su mirada estaba clavada en el suelo. —Entonces… —comenzó a hablar él, como pocas veces lo hacía—. ¿Qué te dijo?

—Confirmó lo que sospechábamos. —No se atrevió a mirarlo, una sonrisa amarga pintaba su rostro.

Neji se quedó estático en su posición, apretando los puños y sintiendo el temblar de sus piernas. ¿Qué haría ahora? Apenas tenía diecisiete años. ¿Qué diría Hiashi-sama? ¿Cómo reaccionaría su clan?

Sentía miedo, mucho miedo. Lo que estaba sucediendo era algo que no estaba en sus planes, era algo que él no había elegido para su vida, al menos no aún. Todavía era muy joven, ni siquiera había dado la prueba para entrar a Anbu, no estaba preparado para ser padre, no en esa etapa de su vida.

Tenten seguía con la mirada clavada al suelo, sin atrever a enfrentarse al chico. Tenía miedo, tenía más miedo de las palabras de él, que de enfrentar su embarazo.

—Creo que debemos hablar con la Hokage —sugirió Neji, atrayendo la mirada confusa de ella—. Tsunade-sama sabrá qué hacer.

—¿Insinúas que ella decidirá si debo hacerme un aborto, o no? —preguntó ella alzando la voz, sintiéndose de pronto completamente enfurecida por la actitud y las palabras del Hyuuga.

—No —respondió él—, no lo sé.

—¡Eres una mierda, Neji! —gritó encolerizada, jamás imaginó que él sería capaz de decir algo como eso. Sin darle tiempo al Hyuuga para reaccionar, salió corriendo del lugar, con los ojos bañados en lágrimas, y el sonido de su nombre clavándose en sus oídos al ser llamada por él.

Se sentía completamente decepcionada del hombre que más había querido en su vida, el chico con el que siempre había compartido, y con el cual mantenía una extraña relación. Se repudió a sí misma por querer tanto a un imbécil como él, quien nunca le había demostrado con hechos que sentía lo mismo que ella. Se maldijo por haberlo besado aquel 3 de julio y luego entregarse a él sin siquiera tener una relación más allá del compañerismo y amistad. Odió enormemente todas las veces que compartieron encuentros furtivos y casuales de sexo. Maldijo amarlo tanto que se dejó embarazar como una idiota, una adolescente que no sabía las consecuencias de sus actos sexuales; en verdad lo sabía, pero nunca creyó que le pasaría a ella.

Llegó rápidamente a su casa, sin pensar que tendría que dar explicaciones a su padre por llegar de esa manera y más encima llorando, afortunadamente sólo se encontró con una cariñosa nota que le había dejado su papá diciéndole que había salido de misión y que regresaría en unos días.

Encontró sobre la encimera un plato con dangos que le había dejado su padre, se los comió con hambre, sin ser capaz de detener las lágrimas. Los pensamientos le carcomían la cabeza, pero no por eso no podría comer. Una vez satisfecha, subió a su habitación, se despojó de su lindo vestidito cambiándolo por su pijama, para finalmente cobijarse bajo todas las mantas que tenía su cama.

Sus ojos ya estaban bastante enrojecidos e hinchados, pero el llanto no se detenía. Estaba tan confundida, tan dolida, tan decepcionada. No sabía qué iba a hacer, todavía ni siquiera era capaz de asimilar su embarazo, lo que consumía sus pensamientos era la dolorosa repetición incesante de las palabras de él, la decepción que la embargaba al saber que Neji no quería ese hijo, el dolor de estar sola. No le importaba lo que las personas de la aldea dijeran sobre ella, estaba segura que su padre la apoyaría siempre, lo que le importaba era aprender a ser madre, pues ella nunca tuvo una que le enseñara con el ejemplo.

Mientras en la mansión Hyuuga, el genio de la familia trataba de ordenar sus pensamientos. No estaba preparado para ser padre, nunca lo estuvo; sus pensamientos futuristas le decían que algún día aprendería a serlo y recién ahí podría tener la dicha de ser padre, pero esos pensamientos se abocaban a unos cuantos años más adelante. No ahora.

Las palabras que le había dicho a Tenten al confirmar el embarazo, habían sido crueles, no precisamente las adecuadas para ese momento y eso lo afectaba demasiado, pero ¿qué podía decir? Su mente aún no analizaba completamente lo ocurrido, no era capaz de entender, cómo siendo un genio que conocía y entendía todo, alguien precavido y analítico, ¿cómo la había dejado embarazada?

Se recriminó el hecho de no haber usado protección, de haberse sometido a sus hormonas dejándose guiar por ellas; no haber pensado antes de actuar, dominado por la lujuria y el placer que su cuerpo le demandaba. No se arrepentía de haber estado con Tenten, nunca lo haría, lo que se recriminaba era no haber sido capaz de pensar responsablemente a sabiendas de lo que entre los dos y sus encuentros sexuales, podían producir.

Cerró los ojos intentando dormirse sin querer pensar más en lo que estaba sucediendo.

Despertó como era su costumbre, a las seis de la mañana; se duchó y bajó a tomar desayuno junto a los demás miembros de su familia. Al único que encontró en la mesa fue a Hiashi-sama ya que Hinata estaba de misión y Hanabi se levantaba a la hora que quería, esa niña era una completa rebelde contra las estrictas normas del clan.

Se sentó en el puesto que siempre utilizaba en la mesa, manteniendo su semblante inexpresivo de siempre.

—¿Ocurre algo? —La profunda voz del patriarca de la familia, lo asustó, aunque él supo disimularlo a la perfección.

—No —negó tajante, manteniendo la tranquilidad, pero por dentro todo se le removía. Sentía como si su tío leyera sus pensamientos, como si ya estuviera enterado de todo. Tenía miedo, debía enfrentarse a su familia, mejor temprano que tarde, quería ser él mismo quien le comunicara a su clan que había dejado a su novia embarazada. Aunque por otro lado, no podía asegurar que Tenten era su novia, nunca se lo pidió formalmente, porque creía que no era necesario; la relación que ellos mantenían había superado las barreras de la amistad desde su cumpleaños, así que él simplemente creía que se habían hecho novios desde la primera vez que se besaron.

Las imágenes y recuerdos del cumpleaños más feliz de su existencia, en el que descubrió cómo era el cuerpo femenino y todo el placer que éste podía provocarle, llegaron a invadir rápidamente sus pensamientos, por lo que con toda su fuerza de voluntad tuvo que reprimirlos y encerrarlos en la parte de su cabeza que tenía especialmente dedicada a Tenten, para así continuar razonando coherentemente.

Decidió que lo mejor era decirle de inmediato a su tío, y así recibir el castigo merecido por sus actos, además de los sermones necesarios, pero en el preciso momento que el discurso saldría de su boca, una sirvienta interrumpió el lugar, avisando que lo buscaban.

Se levantó rápidamente, dirigiéndose a la puerta en donde se encontró con Lee y Gai-sensei, quienes lo esperaban para comunicarle que saldrían en ese preciso momento de misión. Dándole el tiempo exacto sólo para arreglar su equipaje, tuvo que salir de la casa sin encontrarse de nuevo con su tío para decirle lo que ocurría.

Temeroso que a su regreso todos supieran la verdad, abandonó la aldea en compañía de su maestro y su fiel amigo, rumbo a una misión de la cual no sabía nada, ni tampoco por qué Tenten no había sido convocada, aunque eso era lo mejor.

Aquella mañana Tenten se levantó mucho más tarde de lo habitual, el reloj marcaba las diez y veinte cuando abrió los ojos; se sentía realmente cansada a pesar de haber dormido varias horas. Perezosa y somnolienta se levantó a comer algo. Preparó algo liviano, consciente ahora de por qué su estómago amanecía tan revuelto algunos días. Comió con absoluta calma, disfrutando de la soledad y el silencio de su casa vacía, sin querer pensar en Neji, limitándose a imaginar a un pequeño corriendo por la sala y por todos lados; sonriendo ensoñadoramente al escuchar una dulce voz decirle: mamá.

El sonido de alguien llamando a la puerta la hizo despertar abruptamente de sus sueños, levantándose rauda para atender a quien llamaba, al parecer bastante apurado. Del otro lado de la puerta se encontró con una sonriente Ino, la cual le saludó apenas le miró. —Vine a buscarte.

—¿Buscarme? —repitió la castaña confusa—. ¿Para qué?

—Pues verás —comenzó ella entrando al recibir el pase de su amiga—, mi deber como ninja médico es informar a la Hokage de las kunoichis que se encuentran en tu estado… por lo cual, esta mañana le hice una visita, comunicándole la buena nueva, y ahora quiere verte.

—¿Tsunade-sama? —preguntó tímidamente, como si el sólo nombre le infundiera pavor.

—¿Quién es la Hokage? —dijo la rubia con sarcasmo—. Así que ahora debes vestirte, para ir a verle.

Tenten asintió levemente, subiendo las escaleras y dirigiéndose al baño para bañarse. En unos minutos salía de su casa en compañía de Ino, con dirección a la torre de la Hokage. La reunión no fue algo tan terrible como ella lo figuraba, la Hokage sólo le informó que desde ese momento ella quedaba suspendida de sus labores como ninja ya que lo más importante de todo era su bienestar y el de su hijo. Además, nombró a Ino como la encargada médica del desarrollo de su embarazo. La castaña se sintió aliviada al no recibir ningún reproche ni nada por parte de Tsunade; ella sólo le dedicó una sonrisa sincera al momento de retirarse, haciéndola sentirse apoyada.

Salió del edificio en compañía de Ino, la que parecía mil veces más emocionada con el embarazo que ella misma, más aún agregándole el hecho que durante toda la gestación ella sería la que estuviera a cargo. Eso la tenía muy emocionada.

En el recorrido por las calles de Konoha, conversaron y soñaron sobre lo que podía ser aquel bebé, las cosas que haría y mucho más sobre un pequeño embrión que apenas tenía mes y medio de desarrollo. Esa tarde se distrajo y rió bastante en compañía de la rubia kunoichi, quien la hizo disfrutar enormemente de la idea de tener a un pequeño ser creciendo en su interior, viéndole todo el lado positivo al hecho de ser madre a tan temprana edad. Ino logró que sonriera feliz por su embarazo, y que no recordara a Neji, ni sus palabras, ni el hecho de no haberlo visto en todo el día.

Cuando regresó a su casa en la noche, la recibió el exquisito aroma de la cena que preparaba su padre, quien le dedicó una gran sonrisa al verla entrar. Ella le devolvió la sonrisa, contenta de verlo de nuevo, sin recordar que tenía que comunicarle una gran noticia, simplemente se dejó llevar por la alegría de estar con él, como pocas veces lo estaban, dedicándose a ayudarlo a terminar la cena.

Se sentó a cenar junto a su padre, aún con la sonrisa pintada en el rostro. Escuchando atentamente como él le contaba de su misión y de las cosas extrañas que la desencadenaron. Fue cuando él le preguntó por su día, que la sonrisa se le borró inmediatamente, viéndose invadida por todos los hechos que acababan de suceder en los últimos dos días. —Tengo algo que contarte —anunció ella en voz baja, dejando el tenedor sobre el plato, sin atreverse a mirar a su padre a la cara—. Algo importante.

—¿Qué pasa, Tenten? —Sus palabras lo consternaron un poco, viendo la desoladora imagen que proyectaba su hija.

—Papá… —susurró sin evitar que las lágrimas se acumularan en sus ojos—. Papá… estoy embarazada.

El ruidoso caer del tenedor sobre el plato, fue lo que antecedió al silencio más incómodo que había pasado en su vida. El hombre la miraba con los ojos desorbitados, petrificado en la misma posición desde que recibió la noticia. Tenten no fue capaz de reprimir más el llanto que la azotó. Por momentos se había olvidado de la situación en la que se encontraba, dedicándose a disfrutar de la idea de ser madre. El problema estaba en que la noticia sólo la había confirmado el día anterior, y aún faltaba mucho que enfrentar y otras tantas cosas que resolver. Adelantó su felicidad a los problemas, y eso era un error.

—Yo… lo siento, papá, de verdad lo siento mucho… —pedía perdón entre sollozos—. Nunca lo quise, fue algo que realmente no me esperaba, yo no quería papá… perdóname por favor.

Ella continuaba llorando desconsoladamente, mientras fuertes convulsiones atacaban su cuerpo; realmente estaba destrozada, momentos antes se había sentido tan bien, y de pronto el dolor volvió a embargarla. Era difícil, demasiado difícil, y ahora caía en cuenta de lo que se le venía.

Su padre continuaba estático, sin siquiera pestañear, mirándola fijamente sin verla realmente, parecía completamente sumido en su mundo, intentado que las palabras que su única hija acababa de decir fueran debidamente procesadas por su cerebro.

—¿Quién es el padre? —preguntó de pronto, sorprendiendo a Tenten, quien, con sus ojos nublados por las lágrimas, lo miró. Él seguía perdido en su mente.

—Neji… —respondió sencillamente, sin querer mentirle—. Mi compañero de equipo.

—¿Se hará responsable? —interrogó nuevamente, mientras su cabeza intentaba procesar toda la información, figurando el rostro del Hyuuga como el responsable del estado de su pequeña hija.

—No lo sé —sollozó fuertemente Tenten, rompiendo en un fuerte llanto nuevamente, completamente dolida de no saber qué ocurriría. Los hechos y las palabras del genio no eran claras, pero todo indicaba que no—. Realmente no sé nada de él desde ayer —hablaba como podía.

El dolor en las palabras de su hija lo hicieron reaccionar. Tenten derramaba tristeza en cada una de sus lágrimas. Se sintió desconsolado, de seguro su princesa no la estaba pasando bien, nadie podía disfrutar de la idea de estar embarazada a los diecisiete años, menos aún si se estaba sola ya que el padre no se haría responsable. Se acercó con cuidado, cobijando a su pequeña entre sus fuertes brazos, amparándola y dándole el apoyo que ella necesitaba en ese caluroso abrazo. Le besó la frente susurrándole al oído—: Tranquila mi princesa… yo jamás te dejaré sola.

Tenten sonrió entre llanto, sintiéndose un poco más aliviada.

Entre tanto, Neji nunca pensó que aquella misión duraría tanto. Casi un mes fuera de la aldea, por unos estúpidos problemas que tenía un empresario del país del rayo. ¿Qué acaso no podían encomendarle esa misión a alguien de su misma aldea?

Estaba ansioso por llegar, y su corazón empezó a latir más rápido al ver las puertas de Konoha sin ocupar su visión pura, estaban a unos metros de regresar a su hogar. Él estaba a unos metros de enfrentar su realidad.

Durante cada uno de los días de esa misión recordó todo lo que había sucedido el día anterior a que él tuviera que salir para cumplir su tarea de ninja, angustiándose enormemente por no haber podido disculparse con Tenten por las crueles palabras que le había dicho, por no haber tenido la oportunidad de contarle a su tío la verdad, quizás ahora toda la aldea supiera del estado de su compañera, y él estuviera tachado como un poco hombre.

El miedo seguía latente, eso no lo podía negar, pero él se haría responsable de sus actos, jamás dejaría de reconocer a un hijo, por muy joven que él fuera; ese niño llevaría su apellido, así como sus ojos.

Caminaba hacia la torre de la Hokage con nerviosismo mirando a todas las personas que se encontraban en el camino. Alargó un suspiro disimulado, nadie lo miraba, todos seguían con sus vidas, sin inmutarse porque él caminaba por las calles de la aldea.

Entregaron sin mayores preámbulos el informe a Tsunade-sama, quien estaba un poco irritada, ella no imaginaba que esa misión tomaría tanto tiempo, aún así quedó conforme con los resultados y les dijo, sin darle demasiada importancia, que estaban libres, por el momento.

Neji sentía la tensión acumulada en sus hombros aumentar a cada paso que daba. Exactamente no sabía cómo enfrentar la situación, quería hablar con Tenten, pero también quería hacerlo con su tío; su situación no era la mejor del mundo, quería solucionar pronto todo. Al salir de la torre, los rayos del extraño sol de invierno lo cegaron unos segundos. Comenzó a caminar por las calles abarrotadas de gente. Había decidido hablar primero con su tío, pero no tenía las palabras exactas para hacerlo, por lo que trató de demorar el mayor tiempo posible en llegar a la mansión.

Se acercaba al puesto de rammen, cuando una risa divertida y alegre que él conocía muy bien, llamó su atención. Levantó la vista encontrándose con Tenten, quien estaba a unos metros por delante en compañía de Naruto, Kiba y Akamaru, riendo contagiosamente de algo que discutían los chicos. Se quedó maravillado al verla; llevaba un pantaloncito holgado de color negro, mientras que su camiseta de mangas largas, con acabado chinesco, era de color lavanda, su cabello castaño caía libre, y la banda de Konoha estaba ausente. Parecía poseer un aura radiante, haciéndola ver más feliz de lo que su sonrisa aparentaba.

—Está hermosa, ¿cierto? —Una voz lo hizo reaccionar. Despertó de su visión, mirando a quien lo acompañaba.

—Yamanaka —susurró levemente sorprendido.

—Me sorprende verte aquí, Neji —sonrió ella gentilmente—, después de tanto tiempo.

—Estaba de misión —contestó levemente fastidiado, mirando nuevamente a la castaña, quien continuaba de espaldas a él, justo en la puertas del Ichiraku.

—Tenten ha estado muy bien por cierto —comentó sólo para enfurruñarlo más—. Ha estado muy feliz.

—Sí, puedo verlo —dijo con cierta amargura, viendo como la castaña ingresaba al local en compañía de los shinobis—. ¿Ya lo saben muchos? —cuestionó finalmente, para lograr terminar con la incertidumbre que lo carcomía.

—Su padre, Tsunade-sama, yo… —respondió mirando en la misma dirección que el Hyuuga—. Ah, y Kiba.

—¿Kiba? —repitió sorprendido, mirándola nuevamente.

—Ya sabes. —Frunció la nariz—. Su particular olfato.

Neji hizo un leve asentimiento. —Si no te molesta, me retiro, aún tengo algunas cosas que solucionar.

—Creo que deberías intentar hablar con ella —sugirió la rubia, viéndolo alejarse.

Él no respondió, eso lo tenía más que claro.

Al poner un pie dentro de los terrenos Hyuuga, sus piernas comenzaron a temblar ligeramente, y sus palmas a sudar descontroladas; el momento de la verdad había llegado. Al entrar, lo recibió amablemente una de las sirvientas, a la cual le preguntó por su tío, obteniendo como respuesta que se encontraba en su despacho. El pasillo hasta el lugar señalado se le hizo extenso, como si se tratara del camino a seguir para llegar al punto final de su vida. Tragó en seco antes de golpear.

—Adelante —escuchó la potente voz del cabecilla del clan. Neji corrió la puerta para entrar, cerrándola una vez dentro.

—Hiashi-sama —saludó respetuosamente, haciendo una leve inclinación.

—¡Neji! —exclamó el mayor con debida sorpresa—. Tanto tiempo, ¿cómo has regresado?

—Bastante bien —respondió, tomando posesión frente a su tío—. Pero mi motivo de estar aquí, es otro.

—¿Qué ocurre? —preguntó Hiashi arqueando una ceja, en señal de confusión.

—Voy a ser padre —dijo directamente, a él nunca le gustó darle vueltas a un asunto, así que decidió soltarlo de inmediato para hacer más fácil el momento, o al menos eso creía él—. He dejado a Tenten embarazada.

—¿Qué? —cuestionó alarmado el Hyuuga mayor, sin ser capaz de entender las palabras de su sobrino—. Pero cómo Neji, tú siempre tan responsable, tan centrado. ¿Cómo pudo ocurrirte algo así?

—Me dejé llevar… —respondió sencillamente, encogiéndose a cada palabra del mayor, sintiéndose completamente indefenso.

—¡¿Te dejaste llevar? —gritó Hiashi encolerizado haciendo burla de las palabras del chico, levantándose y caminando de un lado a otro, lanzando miradas reprobatorias a su sobrino—. ¡Tú nunca te dejas llevar! ¡Maldita sea, Neji! Eres el que más respeta las reglas del clan. Jamás imaginé que hicieras algo que manchara nuestro orgullo. —Llevó las manos a la cabeza tratando de tranquilizarse.

—Simplemente ocurrió —defendió Neji alzando la voz al mismo tiempo que se levantaba—. Ahora ya es tarde para arrepentirse.

Hiashi Hyuuga guardó silencio dándole razón a las palabras de su sobrino, por muy desaprobatoria que encontrara la situación, era bastante tarde para arrepentirse. En sus ideales y posturas, jamás le pasó por la mente someter a la chiquilla en cuestión a un aborto, eso no era un ejemplo digno de seguir, además, se trataba de un nuevo Hyuuga que llegaba a la familia. Por muy adolescente que fuera el padre de este, era un miembro más para el respetado clan de Konoha.

—¿Qué harás ahora? —interrogó Hiashi luego de un largo rato de silencio, en el que buscó la mejor manera de entender todo lo que estaba sucediendo, mientras Neji seguía cada uno de sus pasos, atento a su decisión.

—Hacerme responsable, por supuesto —respondió el genio confiado—. Jamás dejaría a un hijo mío botado.

—¿Estás decidido? —Neji asintió—. Está bien. Pero, ¿y ella?

—No he hablado con Tenten. —Bajó la mirada—. No he tenido la oportunidad de decirle que me haré cargo.

—Entiendo —susurró el mayor en un gesto de comprensión—, cuando estés listo cuenta conmigo para hablar con la familia de ella. —Una sonrisa pequeña, pero sincera se dibujo en su rostro—. Aún eres demasiado joven, pero estoy seguro que si Hizashi estuviese aquí, te apoyaría, además… yo también tengo hijas —suspiró con una sonrisa nostálgica.

—Gracias —musitó Neji aliviado, sintiendo como el peso de sus hombros se hacía menor—. Gracias, tío.

El heredero del Bouke se sentía un poco más reconfortado al saber que contaba con el apoyo de su tío, y por ende todo el clan. Ahora sólo le quedaba enfrentar a Tenten para arreglar las cosas con ella, y comunicarle que no la dejaría sola, que se haría responsable del hijo que juntos habían engendrado.

Entre tanto, Tenten salió sonriente del edificio de salud de Konoha, abrigándose rápidamente al sentir el viento frío de aquel día. Era el control de su tercer mes de embarazo, en el cual Ino le había dicho que todo marchaba a la perfección y con ello, ella estaba feliz. Estar embarazada era un hecho que ya había asumido completamente, además, contar con el apoyo de su padre era fundamental.

De pronto su sonrisa se apagó al recordar a Neji. Por comentarios de Ino se había enterado que estaba de misión hacía bastante tiempo, pero exactamente no sabía si había regresado o no.

Aunque tratara, siempre terminaba recordándolo. Por las noches solía llorar en silencio al pensar, una vez más, en la reacción que él tuvo cuando le confirmó el embarazo, sintiéndose cada vez más dolida por el hecho de estar sola, de no saber si él sería tan hombrecito como para hacerse responsable, de recordar que él no la quería como ella lo hacía, de saber que su hijo era producto de la calentura de dos adolescentes que no pensaron en las consecuencias de sus actos.

Siguió caminando para dejar de pensar en eso, apurando el paso para llegar pronto a su casa y refugiarse del frío; no le importaba si Neji no la quería, como tampoco si no se hacía cargo de su hijo, ella sabría cómo arreglárselas sola, seguiría adelante, por ella y por ese pequeño, que aún no había nacido, pero que ya amaba.

—¡Ya llegué! —anunció con un grito, al momento de entrar a su casa—. Papá, ¿estás?

—Aquí cariño —respondió su padre desde la sala, la voz de él se escuchaba demasiado seria. Tenten caminó sonriente hasta la sala, borrando su sonrisa de inmediato al reconocer a quien acompañaba a su padre.

—Neji… —susurró al verlo, quedando impactada por encontrárselo después de tanto tiempo. Parecía tranquilo, pues sólo la miraba fijamente.

—El joven Hyuuga vino a hablar conmigo —relató el mayor, interrumpiendo las miradas—. Me ha dicho que se hará responsable del niño que esperas…

—¡Te costó más de un mes decidirlo! —Le enfrentó con sarcasmo, en sí la presencia de Neji en su casa la perturbaba, pero el hecho de saber las razones de su visita, la enfurecían—. Una tarea difícil, ¿no?

—Estuve un mes de misión. —Se defendió él levantándose levemente malhumorado, las palabras de ella le molestaban—. Regresé hace poco más de dos semanas… es sólo que tenía que buscar el momento indicado para hablar con tu padre y contigo.

—Podrías haber esperado a que naciera para decidir si te harías cargo —contestó enojada—. Pues bien, ahora que ya has decidido, puedes irte… no te necesitamos.

—¡¿Qué? —exclamó más fuerte Neji, incapaz de creer lo que ella decía—. No puedes quitarme a mi hijo.

—No quiero que te hagas cargo por obligación. —Tenten estaba muy enojada, su padre sólo los miraba intercaladamente—. Así que es mejor que te vayas por donde viniste, no quiero que mi hijo tenga un padre que no lo quiere.

—No sabes de lo que hablas. —Cada vez estaba más cerca de la castaña, pero su rabia lo cegaba.

—Vete, Neji, ¿quieres? —Esta vez fue el padre de Tenten el que intercedió antes de que las cosas empeoraran—. El hecho de presentarte aquí y asumir tu responsabilidad, ya es un gran paso —condujo al Hyuuga hasta la puerta—, hablaran cuando estén más calmados.

Neji se retiró muy molesto de la casa de la kunoichi. Él sólo quería arreglar las cosas, hacerse responsable, y qué mejor que hablando con el padre de ella directamente para decirle que jamás dejaría a su hijo botado, pero tenía que llegar Tenten y sacarlo de sus casillas con un par de palabras. Aunque eso a él no le afectaría, no se rendiría tan fácilmente.

El tiempo fue pasando, la noticia del embarazo de la joven kunoichi maestra de armas se expandió rápidamente, así también la noticia de que Neji era el padre de ese bebé. Pero así como fue el chisme del momento, pronto se fue disipando, y ya todos lo asumieron; dejaron ser el punto central de las conversaciones de la aldea.

Tenten seguía con su actitud de no querer hablarle a Neji. Aún seguía molesta por la repentina aparición de él en su hogar, tomando la responsabilidad del hijo que ella esperaba, sin siquiera haberle hablado primero, sin decirle lo que pensaba ni lo que haría, ignorando olímpicamente lo que ella quería. Lo seguía queriendo, y todavía existía la parte de ella que se regocijaba de alegría al saber que Neji se haría responsable y asumiría su paternidad, su corazón latía desbocado al pensar en un futuro no muy lejano en donde ellos cuidarían a su hijo, pero todo pensamiento y utopía se veía terriblemente opacado por el hecho de saber que él no la quería, y sólo se hacía responsable porque su correcta actitud se lo dictaba.

Neji por su parte, había adquirido la misma terquedad que caracterizaba a la madre de su hijo, arreglándoselas para acompañarla a cada control que tenía —a pesar de su resistencia—, en cada momento que le fuera posible. Por alguna extraña razón nació en él ese instinto de protección paternal, y la agradable sensación de estar presente en cada momento del desarrollo de su hijo.

Por su parte Tenten estaba cada vez más desesperada. Le costaba enormemente conservar su actitud antipática con el Hyuuga, no podía evitar ilusionarse al ver como él, a pesar de sus negativas, se esforzaba en acompañarla a cada control, o de pasar la mayor cantidad de tiempo con ella, intentado que sus misiones le tomaran el menor tiempo posible sólo para regresar a la aldea y estar con ella. La castaña quería odiarlo, realmente lo quería hacer, pero las extrañas y particulares actitudes del Hyuuga, sólo conseguían enamorarla más de él. Y ella sabía que eso le hacía mal, pero prefería refugiarse en una mentira y disfrutar de los momentos con él, antes de pensar que sólo lo hacía por obligación. Cada vez cedía más a los actos de él, sintiéndose tontamente enamorada, por no poder evitar sonreírle cuando él llegaba a su casa y después de muchos intentos, lograba convencerla de dar un paseo. ¿Acaso Neji no se daba cuenta que eso le hacía daño? Aún así, siempre terminaba saliendo con él.

Fue después del control de su sexto mes —en el que le confirmaron que su bebé sería un hombrecito—, cuando Neji la invitó, nuevamente, a dar un paseo por la aldea. Caminaron a la velocidad que la crecida barriga de Tenten le permitía, sin mediar palabra, aunque el silencio entre ellos no era incómodo; la castaña sólo se conformaba con saber que él caminaba a su lado.

Luego de un rato caminando, llegaron a la zona de entrenamiento que ellos solían ocupar, deteniéndose precisamente junto al árbol que un día fue testigo de su lujuria y las consecuencias de esta.

Ver aquella zona después de tanto tiempo, le produjo una sincera alegría. Cerró los ojos deleitándose con el cantar de los pájaros y de la brisa tibia de primavera. Al abrirlos se encontró con que Neji la miraba fijamente.

—¿Qué? —exclamó intentado parecer tosca. El genio se encogió de hombros, desinteresado.

—¿Vas a sentarse? —preguntó.

—Si me ayudas —respondió con cierta acidez, su abultado vientre no la ayudaba mucho.

El Hyuuga la ayudó con absoluta delicadeza a tomar asiento sobre el verde pasto, cobijándose del sol bajo la sombra del álamo en el cual se habían detenido. Acto seguido, se situó detrás de ella, y, en un acto que la sorprendió de sobremanera, se sentó a su espalda pasando sus piernas una a cada lado de su cuerpo.

La castaña intentó no demostrar su nerviosismo al sentirlo tan cerca, pero no pudo evitar un estremecimiento al sentir como las manos de él se deslizaban por el contorno de su vientre, entrelazándolas una vez que se hubieron juntado, en un gesto que jamás había hecho. Neji nunca le había tocado su vientre.

—Sabes —susurró a su oído, Tenten volvió a estremecerse al sentir la voz profunda de él—. Siempre soñé con estar así…

—Así, ¿cómo? —cuestionó ella, intentando estabilizar los latidos de su corazón.

—Aquí, así como estamos ahora —continuó él. La castaña sentía que la estaba mirando, pero ella no se atrevía a hacerlo—. Juntos, solos los dos, con nuestro hijo…

—Neji… —susurró confundida por las palabras de él.

—Siempre quise que fueras tú —continuó el genio, sintiéndose levemente dichoso al verla a ella con las mejillas sonrojadas—, siempre quise que fueras tú la madre de mis hijos.

—¿De qué hablas? —Se sintió completamente confundida.

—Soñé mi vida contigo —sonrió—, en unos años más, pero siempre a tu lado.

—¿Por qué sonríes? —consultó, atreviéndose a mirarlo completamente conmovida por las palabras que él decía. Jamás imaginó que podría decirle algo así. Recostó su cabeza sobre el hombro de él, para tener una mejor visión de su semblante—. Nunca te había visto hacerlo de esa manera.

—Se está moviendo —respondió él ampliando su sonrisa, mirándola y encontrándola más hermosa que nunca; con sus ojos brillantes y esa sonrisa que tanto le gustaba.

—Lo sé, yo lo siento mejor que tú. —Sintió perderse en los ojos del chico—. Pero volviendo al tema anterior, explícame, aún no entiendo tus palabras.

—Más de alguna vez la idea de tener hijos se pasó por la cabeza —contó sin dejar de mirarla—, aunque no a tan temprana edad, pero el caso es que siempre que pensé en ser padre, te veía a ti como la madre de mis hijos. Por eso te digo que siempre quise estar así, porque en mis sueños, ambos disfrutábamos al ver crecer a nuestro hijo.

—Neji… yo…

—Perdóname por haber reaccionado mal —interrumpió—, es sólo que tenía miedo, no me sentía preparado. Pero créeme cuando te digo que jamás se me pasó por la cabeza dejarte sola.

—Yo pensé que no me querías —dijo la castaña, al borde de las lágrimas—, que estabas conmigo por obligación.

—Me conoces, sabes que me cuesta expresar lo que siento —argumentó el Hyuuga—, pero por favor, que nunca se te olvide que te amo.

La castaña se limitó a atrapar los labios de él con los propios, en un beso dulce y tierno, un beso de entrega, en el que finalmente se solucionaban todos los problemas.

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Anticipándonos al desarrollo de la historia... ufff nosotras creemos que para la próxima vez que estos dos aparezcan en la serie, Tenten ya tendrá una panzota gigante (para las que leen el manga, deben haberse dado cuenta que en la última entrega ya se veía más gordita xD) ok, así que nosotras nos adelantamos a Kishimoto u.u

Agradecidas totalmente de los reviews les dejamos un nuevo capitulo, espero les haya gustado

Esperamos muchos más revies, para así saber que los momentos causan sensación y que son realmente acogidos por las fanaticas (y fanaticos también) de esta sensacional pareja.

Comentamos también, que nos hemos casado, así es, por fin hicimos nuestra unión aún más irrompible, contamos con la bendición de San Neji Sucio u.u y Facebook xD. Así que Las Migas ya son Marida y Marida. ^-^

Finalmente, diganle NO a las aberraciones que involucren a estos dos personajes con otras y otros también.

Se despiden: Las migas. Neji es un sucio©