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.:. Advertencia del momento: Lemon y lenguaje vulgar .:.


Momento seis: Subyugada

Serial Fantasías


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Las enormes goteras del pasillo hacían eco en toda la mansión, caían como un cuentagotas armonizando mi maravillosa labor. Caminando por el largo pasillo con una sonrisa enmarcando mi blanco rostro, sonreía solo, sonreía porque me sentía sumamente feliz, esa sonrisa que me devolvía uno de los vidrios del ventanal que adorna el corredor, me indicaba que mi sonrisa era de victoria, es esa la que me hace sentir superior; mi pecho se enorgullece al saberse poseedor del mayor de los ingenios.

No por nada he sido conocido como un genio, no por nada las personas que me conocen me admiran. Me parece un desperdicio de neuronas, el no aprovechar mi intelecto en algo más allá que el razonamiento.

Soy hombre y como tal hay cosas que no se pueden evitar, por mucho tiempo me había refugiado en las fantasías sexuales, en las que me permitía desahogar mis apetitos, quizá, más perversos, todo mediante masturbaciones, las cuales se hicieron cada vez más frecuentes. Pero creo que fue la maldita monotonía, eso, y que parecía que a mi mano derecha le comenzaban a salir ampollas, así es que dejé de hacerlo. Pero continuaba fantaseando. Mi mano recargada sobre mi sexo ya no me calmaba, me sentía sediento, sentía que algo me faltaba. Es por eso que he adoptado el comportamiento quizá de un esquizofrénico, mis fantasías aumentan, y ya la manera de pensar coherentemente se me ha olvidado, mi memoria almacena escenas de series que quiero revivir; me he convertido en un maldito pervertido que no piensa en otra cosa que no sea en el sexo.

Claro que dicho secreto lo tengo oculto, a vista de todos sigo siendo el mismo frío y desinteresado genio Hyuuga.

De la misma manera que en esa noche estaba mi garganta, incluso mi miembro, secos. Y no por nada soy un genio y es que de noches en vela encontré la mejor manera para refrescarlo; ya las pajas han quedado atrás; creo que soy como un ser salvaje, me agrada la idea del sexo duro, me envenena las venas al sólo imaginar a mi cadera siendo sonada fuertemente en el trasero de una buena mujer, tal y como me gustan, tal y como me la imaginé; con dos grandes y aventureros senos, con una cadera bien formada y unas curvas que me hagan perderme en la gloria; con un trasero trabajado y moldeado.

Esa por mucho tiempo ha sido la mujer ideal para satisfacer mis necesidades, con una mujer así soy capaz de hacerlo día y noche, y si mis piernas ni mi cuerpo ni mi sexo quisieran funcionar, estoy seguro que con sólo verla mover un poco las caderas mi miembro pediría una segunda ronda y con fervor le daría la bienvenida a la susodicha.

Mis hormonas le han ganado batalla a mis razonamientos, intenté por mucho tiempo reprimir mis deseos, pero por más que trataba, más mi entrepierna dolía. Así que sin remedio me entregué a los brazos del deseo.

Luego de fantasear por largas noches, solo en mi habitación, luego de inventarme una nueva manera de tener sexo; me dediqué a encontrar a la mujer que cumpliera mis fantasías, a esa que quisiera ser capaz de obedecer mis órdenes, que por más guarras o asquerosas que le resultaran ser, aún así aceptara gustosa a complacerme. He perdido la cuenta de la cantidad de mujeres con las que he estado, perdí la cuenta de las veces que entre sueños húmedos y pláticas entre amigos, todas las mujeres sólo las imaginé. Todas unas zorras de profesión, pero por alguna razón sumamente inaceptable, cuando en sueños les pido que se tiren en la cama, boca arriba y con la cabeza colgando de uno de los extremos para así yo acercarme y con una mano hacerles tragar todo mi sexo, las muy desvergonzadas no quieren: me da asco, me dicen. O cuando les pido se corran frente a mí, el pudor las acorrala y salen corriendo al baño a dejarle al retrete el orgasmo que me pertenecía.

Muchas mujeres se inhiben de sus placeres, no quieren probar cosas nuevas, no quieren conocer posturas novedosas; parece que su recóndita hendidura sólo responde a los azotes que les provoco —en sueños—, con mi lengua. Cierran los ojos al momento de llegar a su orgasmo, en lugar de disfrutar de él; piden les muerda los pechos cuando no los sueltan, dicen que su sueño es algún día ser penetradas por detrás, pero para cuando yo obediente quiero complacerlas, las muy malditas se hacen a un lado y dicen: me va a doler, mejor no. Claro que les dolerá, claro que gritarán, ¿pero qué es el placer sin el dolor?

Tiempo me costó encontrar a la mujer con la que pudiera darle rienda suelta a mis fantasías. Ella fue sacada desde el estante de las muñecas de porcelana, ya que su piel es tan delicada y sus mejillas siempre están sonrojadas. Cuando la miré por primera vez, luché para convencer a mi consciente de que ella era la mujer perfecta para mí. Pero claro que nunca se lo diría, jamás aceptaría la idea de que una blanca palomita y dulce niña me agradara. Creo que esa fue la razón por la cual ella me agradó, su carita de inocencia me impactó al grado que me daban ganas de lamer su rostro una y otra vez; sus ojos color chocolate me derretían, y más cuando al momento de sonreír se hacían pequeños, verla hacer muecas de disgusto me fascinaba, pensaba que si así como torcía la pequeña boca que tenía y arrugaba el ceño, quizá cuando la viera haciéndolo su mueca de dolor me enloquecería aún más.

Convencido de que en el mundo no conseguiría a una presa como ella, mi astuto razonamiento comenzó a maniobrar una estructurada estrategia para llegar a ella. Recordar el inicio de mi casería me agrada, como lobo en asecho de un sólo aullido obtuve a Tenten.

Cuando la vi en el restaurante Ichiraku y me senté al lado de ella para verla mejor, ella se giró a verme y me sonrió. Yo como el caballero que aparento ser, me acerqué más para quedar pierna con pierna. De igual manera le sonreí. He de aceptar que con las palabras nunca he sido bueno, así que tenía que actuar en lugar de hablar.

De la barra frente a nosotros hice que se cayera un par de palillos, a lo que ella reaccionó e intentó recogerlos, apenas se giró y de inmediato tomé una fotografía con mis ojos, al escote que se le abrió en el momento que se movió. Le dije que no era necesario que ella lo hiciera, que para eso estaba yo, así que me agaché y ella regresó a su lugar. Se distinguía que debajo del ajustado pantalón, usaba una tanga, ya que una parte de la misma salía, era roja, mi favorita. Hasta parecía que anteriormente ya nos hubiéramos topado, pues todos mis gustos los encontraba en ella.

Volví a sentarme feliz por la información que acababa de recopilar. La saludé y le dije que era un fotógrafo, que mi trabajo consistía en apreciar la belleza del ser, tal cual es. Ella se impactó de mi plática y para rematar y que se impactara más, le dije que mis ojos tenían un efecto de rayos X, a lo que ella no se lo creyó y haciendo mueca de desacuerdo me retó.

—Enserio —le dije—. Es más si te digo lo que llevas puesto bajo esas ropas, ¿qué me darías a cambio?

Ella sonrió diciéndome—: No te creo, pero si así fuera, haré lo que tú me pidas. —Sonreí victorioso.

Hice gesto de verla con mis ojos visión X, hice como que me concentraba y la recorría con la mirada.

—Debajo de esa blusa blanca llevas un lindo sujetador de encaje, rojo, sumamente provocativo, en donde alojas a los dos más hermosos y respingados pechos que jamás había visto, creo que es una talla 36 B, quizá. Es el tamaño perfecto. —Ella me miró asombrada, yo tomé un poco de agua como tratando de relajarme—. Ahora qué tenemos por acá. Ya, una linda tanga, a juego con tu sujetador. Lindo conjunto —la elogié.

Ella miraba hacia otro lado y con una ceja levantada me dijo. —¿Y qué se supone que me pedirás que haga por eso, señor X? —Esa voz me agradó.

—Como te dije, soy fotógrafo, y planeo hacer una galería de mis más hermosas muestras, y me has agradado para ello, tienes la gracia que me gusta captar en mis fotografías.

Ella aceptó la idea de inmediato, se sintió halagada al saberse ser apreciada por un artista como lo simulaba ser yo. Qué idiota, además de fácil me resultó ser la chica. La llevé hasta mi casa, y antes de hacer otra cosa le recordé que yo era el artista y ella mi musa, así que tenía que hacer todo lo que yo le pidiera. Ella aceptó con la convicción de que yo sabía lo que hacía.

Durante esa cacería actué como nunca antes lo había hecho, me inventé un oficio diferente al que solía desempeñar en la aldea, por primera vez en mi vida usé mi ingenio para algo más que batallas, elogié a una mujer teniendo la convicción de que a mis absurdas palabras ella no se resistiría.

Caminaba por el pasillo que iba desde la cocina hasta el sótano y, conforme me acercaba, comenzaba a escuchar sollozos. Era ella, la chica, Tenten quien solloza en el sótano. En mi izquierda cargaba una bolsa con hielos, y en la derecha un látigo de importación. Mis pies conservaba descalzos para tratar de hacer el menor ruido posible. Entré en el sótano el cual estaba completamente oscuro, y sólo la luz de la noche era la que le brindaba un poco de luz a la habitación, y que justo caía sobre el cuerpo desnudo de mi bella presa.

Ella permanecía postrada en el suelo y con ambas manos amarradas una con la otra. Creo, hasta ese momento no me había sentido entrar ya que aún permanecía mirando hacia el suelo. Di un azote con el látigo en uno de los barrotes del sótano. Ella levantó la cabeza y me miró, su mirada se notaba asustada, como preocupada por lo que pasaría. Me acerqué a ella y le hice la seña de que se pusiera en pie. Inmediatamente lo hizo, y yo me enorgullecí. Seguía mirándome angustiada, y con su propio cuerpo buscaba alguna posición para cubrir su desnudez hacia mí.

Llevé la mano derecha hasta su mejilla y la acaricié para luego darle tres palmadas en ella. Me acerqué a ella, y por inercia, Tenten retrocedió un paso, y ahí era justo donde la quería tener, recargada en la helada pared. Ella encorvó la espalda al sentir el frígido de la pared tras de sí mostrándome sin querer sus voluptuosos pechos. Sin pudor alguno los miré frente a mí. Redondos y bronceados como toda su piel, con esas aureolas espléndidas que, como flores en primavera hermosas se abrían mostrando sus bellos botones rozados, erguidos mirando hacia mí.

Tenten parecía nerviosa por mi mirada puesta en ella, con inocencia trataba de cubrirse el cuerpo con los brazos, pero el amarre que tenía en sus muñecas impedía cualquier movimiento.

—Te dije que tú serías mi inspiración. Sólo estoy estudiando con detenimiento el espacio de mi arte —hablé con seguridad de que realmente mis intenciones para con ella fueron esas. Tenten me miró apenada y retiró de su pecho los brazos. No quería interferir en mi observación, que prudente.

No resistí la invitación que me hacía su cuerpo, y como un demente tomé uno de esos redondos senos en mi mano. Ella suspiró, cerró sus ojos en segundos y volvió a abrirlos mirándome directamente, sus labios entreabiertos expiraban agitadamente aire. A pesar de que mis labios internamente se saboreaban de ellos, mi reacción fue meramente profesional. Con mis dedos los amasé, como si estuviera comprobando la firmeza del mismo, su otro pecho de igual modo lo toqué.

—Perfectos —terminé diciéndole apartándome de ella, dejando su piel erizada debido a mi tacto.

Levanté la izquierda y le hice ver la bolsa que llevaba, ella la miró y de forma ingenua preguntó:

—¿Ahí trae su cámara? —dijo de una manera dulce, como siendo inocente de mis intenciones para con ella.

Con arrogancia reía, me resultaba graciosa su inocencia, moví la cabeza en negativa y le respondí—: No hay mejor lente que mis ojos. —Volví a acercarme a ella, y Tenten por reflejo giró la cabeza de lado contrario, me molestó su actitud poco cooperativa y, sujetando de su mentón, le hice voltear a donde yo me encontraba—. Te recuerdo que si no cooperas mi trabajo para contigo no funcionará.

La miré directamente a los ojos, dándole a través de ellos el lenguaje de mi cuerpo, el cual decía a gritos: quiero cogerte. Mordí su labio inferior, ella lanzó un quejido, así que con mi mano libre le hice acercarse más a mi cuerpo. Le pedí que abriera las piernas, en actos le dije que colocara cada una hacia ambos lados de mi derecha, para así que mi pierna quedara en medio de las suyas.

Volví a acercarla hasta pegarla en mi cuerpo. Sentí sus senos desnudos en mi pecho, sus pezones completamente erguidos parecían querer taladrar mi torso. Sujeté su espalda y de un rápido movimiento la pegué más a mi cuerpo, ella lanzó un suspiro al sentir mi muslo entre sus piernas. Manteniéndola aún con las manos atadas, le pedí en silencio que colocara ambos brazos en mis hombros, ella me obedeció, y yo me seguí acercando.

Solté las cosas que llevaba en las manos, las dejé caer para así dedicarle la debida atención que me exigía su cuerpo. Llevé la derecha hasta su trasero, y comencé a masajearlo, ella suspiraba en mi oído, y eso me aceleraba más. Extendí más la mano como tratando que sus dos glúteos pudieran caber en ella, y lo estrujé, lo apreté mientras mordía el lóbulo de su oreja izquierda. Tenten lanzaba suspiros de dolor en mi oído, y eso me excitaba. —Tienes un trasero delicioso —le dije en la oreja—, me gusta.

Sentí que bajo mi cuerpo se estremeció, creo que por la manera grave en la que hablé. Poco a poco abría más las piernas. La acorralé por completo en la pared haciendo que mi pierna frotara su humedad. —Mhm —dijo cuando mi pantalón raspó su entrepierna. Su cuerpo me enloquecía, saber que la tenía totalmente a mi disposición me hacía delirar más de placer. Con mi mano continué acariciando sus glúteos, lo frotaba con enjundia, con unas ganas de querer devorarlo. Le metí mano entre las piernas, a lo que ella las abrió más. Con el índice y el medio acariciaba el trazado camino que me llevaría a la gloria de su placer, y aún sin llegar hasta su clítoris, ella se retorcía de gozo.

Continuaba restregándome sus senos en el pecho, acercaba más mi torso para sentir lo duros que se ponían; seguía acariciando su hendidura y ella suspiraba. —¿Te gusta ahí? —pregunté al tiempo que con el pulgar frotaba superficialmente su orificio; Tenten abrió más las piernas dándome la libertad de llegar con mi mano hasta su humedad—. Te gusta aquí, ¿verdad? —dije tocando su vagina.

Ella comenzaba a subir y bajar en mi cuerpo, sola restregaba la espalda en la pared y me marcaba un ritmo para con mis caricias. Le gustaba que lo hiciera fuerte, que le tocara de principio a fin en esa parte, y yo gustoso lo hacía, sentía como mis dedos eran bañados por sus jugos, dándome a conocer la manera en la que disfrutaba de mis caricias. Retiré mi mano de su húmedo sexo y le hice retirar los brazos de sobre mis hombros. Sujeté con una mano sus brazos y los coloqué por encima de su cabeza, para así tener total libertad de hacer con ella.

Ella era mi presa, y yo sería su amo. Mis órdenes serían acatadas por ella y sus ruegos para mí serían la mejor de las alabanzas.

Tenten me miraba con ojos borrosos, tenía la boca media abierta, como tratando de tomar suficiente aire. Y esa escena me encendía. La besé de una manera salvaje, recorrí con mi lengua toda su boca, a ella le faltaba aire y a mí me complacía robárselo. El beso se intensificaba, ella también jugaba con mi lengua, parecía querer librarse del amarre que le hacían mis manos, pero yo aplicaba más presión, quizá le hacía daño, pero eso no me importaba. Ella sería mía, a mi manera, la haría gritar mi nombre, la haría pedir por más, Tenten sería mía por la fuerza.

Aunque viendo sus movimientos frenéticos en una manera de rozar nuestros cuerpos, parecía que la idea a ella también le agradaba.

Sola comenzó a frotar su entrepierna en mi muslo, sentía como mi pantalón se humedecía. Sonreí para mí al notar la urgencia que tenía porque me la cogiera de una buena vez, pero esos no eran mis planes, al menos no por el momento. Dejé de besarla y la miré, sus ojos me decían que estaba excitada, que necesitaba que mi mástil estuviera taladrando su interior. Saqué la punta de la lengua, ella hizo lo mismo, continuaba desesperada, hambrienta; pero mi lengua fue a parar a su pecho izquierdo, lo lamí, degusté como un niño en plena lactancia de él. Sabía a dioses, su pezón lo movía de un lado a otro con la punta de la lengua, me divertía viendo la manera en que endurecido regresaba a su lugar. Tenten gemía, apretaba mi pierna entre las suyas, seguía frotándose en ella; indicándome así que su clítoris pedía atención.

Dejé de hacer en su cuerpo y sin tener cuidado me separé de ella. Tenten cayó de lleno al piso, seguro las piernas no le respondían como deberían. Desde el piso me miraba, sus ojos estaban dilatados, parecía como una loba en busca de alimento. La tenía excitada y ardiendo de placer por mí.

—¿Se te antoja? —cuestioné parándome frente a ella y dejándole a la vista el bulto que se me formaba en las piernas. Ella no dijo nada, desvió la mirada hacia otro lado. La tomé del cabello y a la fuerza le hice girar a ver mi hinchazón aún sobre el pantalón—. Se te antoja, ¿verdad…? —volví a preguntarle acercando su rostro hasta mi ya creciente erección, sumergí su cabeza entre mis piernas, ella quiso moverse, seguramente no podía respirar, pero al sentir su cabeza en mi ingle me hacía vibrar de placer que me olvidaba de su propio gusto, ella sería mía y mi placer ella me lo cumpliría a mi antojo—. ¡Admítelo, te mueres por chuparlo! —le dije hundiéndola aún más.

Eché la cabeza un poco hacia atrás, y cerré un momento los ojos. Tenten pasaba su lengua por mi erección, aún sobre el pantalón ella lo chupaba, sentía el pantalón húmedo, ella lo estaba ensalivando.

—¡¿Quieres tragártelo, no es así?

Y sí que lo deseaba, pues abrió más la boca e intentó morderlo. Del cabello la alejé rápidamente, Tenten me miraba de una forma sucia, abría su boca y con la lengua se tocaba los labios, al tiempo que me miraba la entrepierna. Parecía saborearlo, quería que cayera en su juego sucio, pero el juego apenas comenzaba y era yo quien tenía las riendas del mismo. Me burlé de ella, en ocasiones me llegaba a dar lástima verla tirada en el suelo, amarrada y con un su vagina chorreando para mí. Pero así era como la quería ver, esa era mi fantasía, ver a una mujer postrada ante mí, y dispuesta a complacerme. Y Tenten era esa mujer, mi presa.

Haciéndome el molesto por su mal trato, la tomé del brazo sin preocuparme por si la lastimaba o no, le hice ponerse en pie. La giré quedando mirando hacia la pared, me acerqué a ella pegando mi cuerpo al suyo.

—Que no se te olvide que quien da las órdenes soy yo —advertí juntando mi cuerpo al suyo. Hablaba a su oído al tiempo que besaba su cuello, y movía la cadera haciéndole sentir muy cerca las palpitaciones de mi miembro restregándose en su trasero—. ¿Lo entiendes?

Mi voz agitada producto de la satisfacción que me provocaba los toqueteos involuntarios que me hacían sus glúteos en mi potente excitación.

Tenten empinaba su cuerpo moviendo su trasero de un lado a otro embarrándose en mi pelvis. —¿Y qué si no hago lo que me pide, señor fotógrafo?

Se burlaba la muy condenada. Pero no podré negar que su rebeldía me agradaba, aún más saber que al igual que yo lo estaba, ella ardía de calentura. —Si no lo haces te irá mal.

—Veremos quién la pasa más mal de los dos —me retaba. Su trasero restregaba como una ofrenda para que mi sexo se endureciera más de lo que ya estaba, y lo disfrutaba. Su risilla de niña haciendo travesuras me daba a entender que era feliz por mi situación, pues mientras ella recibía gustosa, yo luchaba para no perder la razón. Una deliciosa tortura era la que me hacía pasar. Pero el juego era mío, y ella, ella sólo formaba parte de mi fantasía.

Volví a separarme de ella, con algo de brusquedad le hice sentarse en el suelo. Tomé la bolsa que minutos atrás había dejado de lado; saqué un cubo de hielo de adentro y me arrodillé para quedar a la altura de Tenten. Ella al sentirme cerca quiso besarme, a lo que me alejé y la aparté. Buscaba la manera de provocarme, pero en su trampa no caería. Consciente de la ardiente necesidad que tenía de mí, frente a su mirada de mi camisa me despojé. Ella lanzó un quejido, reprimió sus labios evitando que algún otro sonido saliera de ellos.

Le pedí se recargara en la pared. Revolcándose en el suelo como un gusano, así lo hizo. Me acerqué hasta ella, a lo que reaccionó abriéndome las piernas, flexionó la izquierda y la derecha la colocó sobre mi hombro; dejándome a la vista toda su sonrosada flor. —A ver, qué tenemos por aquí —dije acercando la cara hacia su sexo. Ella llevó ambas manos amarradas hasta mi nuca para acercarme más a su entrepierna—. Estás empapada.

Miré su expresión, ella cerraba los ojos y continuaba con su lengua acariciándose los labios. —Pruébala, es tiernita —contestó agitada.

—Que rico olor a hembra —aspiré. Ella aplicó más presión a sus brazos para acercarme, quería que la atendiera. Pasé la punta de la lengua por su clítoris, ella suspiró fuertemente, yo sonreí y sin tener cuidado aparté su pierna de mi hombro. Volviendo a dejarla estúpidamente excitada en el suelo pidiendo por más. El hielo que llevaba en la mano ya se había evaporado, sí, la muy condenada de Tenten me tenía ardiendo. Con lo frío que tenía la mano rápidamente acaricié su vagina, ella se estremeció al sentir el frígido de mi mano sobre su caliente hendidura, vibró de placer y yo moría de la risa.

Volví a tomar otro hielo de la bolsa, esta vez sin esperar a que se derritiera en mi mano. Primero lo llevé a mis labios, Tenten miraba atenta los movimientos que hacía, se saboreaba la manera en que mi boca chupaba de ese pequeño cubo; quiso acercarse a mí pero de nuevo la aparté. Me senté a su lado y con una mano volví a sostener las suyas sobre su cabeza. Acerqué el hielo a su cuerpo, ella al sentirlo se removió. —Sshh, no te quejes que luego no lo disfrutarás —hablé en su oído. Ella se relajó. Pasé el hielo por sus senos, sus pezones tomaron una dureza excepcional, sus aureolas rosadas se veían hermosas. Se removía de un lado a otro buscando la manera de evitar que ese hielo pasara por su cuerpo, pero parecía que en lugar de enfriarla, la calentaba aún más, ya que cerraba los ojos y empezaba a suspirar.

Intenté ponerme en pie, pero ella rápidamente reaccionó, como pudo me tomó del pantalón y frotaba como le fuera posible sus manos en mi ya potente erección. Me nubló los sentidos el verla de esa manera, tan urgida, tan desesperada; y yo no era la excepción, debajo de mi pantalón mi miembro amenazaba con romper mi ropa sino lo dejaba salir a respirar. Tenten sacaba la lengua, volvía a querer chuparlo, y mi miembro respondía a sus maniobras.

Si seguía así, mi juego terminaría en ese instante.

Empleando mi propia camisa, vendé sus ojos, Tenten se quejó pero sus reproches los omití. Divertido al verla postrada ante mí con dos de sus sentidos inhabilitados, me hacía sentir orgulloso. Con mis manos recorrí su cuerpo, con total detenimiento a no perderme ni una sola parte de él sin tocar, mordí sus carnosos labios, ella respondía a mis besos y caricias de la mejor manera, suspiraba y se dejaba hacer. Por algunos segundos me entretuve en sus pechos, les dediqué la debida atención que minutos atrás no les había brindado. Mi mano descendí hasta llegar a mi objetivo, su pecho subía y bajaba al sentir mi tacto trabajar en su cavidad. Sin dejar sus senos, con mi mano hurgué en ella, jugué con dos dedos en su excitación. Su cuerpo movía de un lado a otro, subía y bajaba la espalda del suelo. Echaba la cabeza atrás y jadeaba al paso de mi tacto.

Con mi boca degusté de su sabor, pues de sus piernas mi alimento descendía. Separé más ambas piernas, quedando en medio de ellas, con la punta de la lengua saboreaba su entrepierna, dos de mis dedos introduje en ella y con los dientes levemente mordía su exaltado botón.

—¡Oh...Oh! Pero qué me haces. —Su vagina sonrosada contraía bañando de su néctar mis dedos—. ¡Qué es eso que me haces..! ¡Oh...!

—¿De verdad quieres saber? —El morbo por ver en sus ojos la forma en la que yo jugaba en ella, era lo que me impulsaba. Tenten asintió respirando como podía, halando suficiente aire para no desfallecer de placer.

Retiré de sus ojos el objeto que le impedía ver con claridad, al cruzar miradas, en sus ojos achocolatados pude ver la necesidad que tenía porque la poseyera, sin apartar los dedos de su hendidura con la otra mano le hice llevar las suyas amarradas hasta mi bulto.

—Tócalo.

Yo también necesitaba de su atención.

—Así que ya no puedes más.

Se burló frotando ambas manos en mi erección.

Sus palabras, aunque me costara aceptarlas, eran ciertas. O hacía algo de inmediato o moriría. Como pudo se acercó hasta mí, yo de rodillas frente a ella no podía resistir más. No soporté su acercamiento, así que frente al rostro de Tenten me desabroché el pantalón y mi sexo salió. Tenten la miraba con ojos brillosos, se notaba a simple vista que le encantaba lo que veía, y bueno, yo no era la excepción, a mí también me fascinaba verla mirar la punta de mi excitación como deseándola.

De un rápido movimiento ya tenía a Tenten acorralada entre la pared y mi cuerpo, ella aún sentada en el suelo, veía deseosa mi miembro. Acaricié su cabello y, aplicando presión, le hice abrir la boca para que lo tragara. Sentía como dentro de su húmeda boca mi sexo crecía; la muy condenada era una experta, sabía como mover la lengua para darme un exquisito placer. Yo movía las caderas con la intención de que la punta le tocara la garganta. Ella tragaba gustosa. Se la retiré rápidamente y ella miraba mi miembro todo ensalivado. De su boca lo introducía y sacaba, Tenten en cada intromisión me recibía encantada. Acariciando su mejilla la atraía a mi cuerpo. —La punta… así… chúpame la puntita —le pedí entre jadeos.

Ella hacía ruidos con su boca absorbiendo de mi miembro, y las vibraciones que hacían las paredes de su boca me hacían delirar de placer.

—Ah, eres tan buena, sigue así, traga bien que luego tendrás una recompensa. —Ella aceleraba el ritmo, movía su cabeza hacia delante y hacia atrás, con una mano acariciaba mis piernas y con la otra me tocaba los testículos; los apretaba un poco sin llegar a hacerme daño, los frotaba y yo deliraba. Por un momento pensé que me correría ahí mismo, y la idea me agradó, pero de alguna manera quería que mi corrida fuera en su interior.

Volví a apartarme de ella, le hice ponerse en pie, y la acorralé en la pared. Recargué mi frente en la suya, besé su boca salvajemente, ella aún amarrada llevó los brazos a la altura de mis hombros para darse soporte; yo la tomé del trasero y la pegué más a la pared. Ella abrió las piernas y con ellas abrazó mi cadera. Tomé con una mano mi sexo, el cual apuntaba directamente hacia su monte, como ya sabiendo lo que vendría. Lo hice frotar en su humedad, a lo que Tenten se movía, ella sola elevaba la cadera para que la recorriera completamente la vagina. Mi sexo respondía solo, comenzaba a soltar unas pequeñas gotas del interior.

—Cógeme, demuéstrame qué tan bueno eres —me retaba la muy desgraciada. Yo sonreí de forma altanera, mordí su pezón derecho y le dejé caer toda mi potencia. Se la metí de un solo golpe, no di tiempo siquiera para que se preparara. Ella gritó de placer, con sus manos en mi espalda comenzaba a rasguñarme, sus uñas las enterraba cada vez más en mi piel, de la misma manera que yo me enterraba en su interior.

Tenten empezó a moverse, movía su cadera para que mi miembro le llegara hasta el fondo. Y yo gustoso lo hacía, le complacía, le hacía daño, pues ella gritaba, pero me pedía que no parara, me decía malas palabras, me llamó impotente, me dijo: un niño lo hace mejor que tú. Y eso me enfureció, yo no era un impotente, tenía mi virilidad bien definida y más caliente que cualquiera que conocía, mucho menos se me podía igualar con un niño. Un niño no tiene esas fantasías como yo las tengo. Un niño no puede coger como yo cojo, y un niño no la hacía gritar de placer como yo la tenía.

—Más adentro, más, Neji, dame duro —pedía entre gritos y gritos. Empujé más la cadera para complacerla—. Ah… me estás partiendo… me encanta

¿Y el niño, dónde quedó? Me enorgullecí al escucharla gritar de esa manera. Mi sexo palpitaba deliciosamente en su interior, y veía la manera en que su vagina se tragaba gran parte.

—Después de todo no eres tan inocente como creí —dije mientras me acercaba a su oído y le jadeaba, eso siempre hacía vibrar de placer a una mujer, al menos lo era en Tenten. Sentía como su cuerpo convulsionaba, como su cavidad apretaba más y más mi virilidad—. Ah, no dejes de moverte. ¡Aprieta, Tenten! Déjame empujar. ¡Entra de nuevo... Oh!

Hablaba sucio, y ella en lugar de ofenderse se movía más, era como la técnica perfecta para que abriera más las piernas.

—¿Te gusta, te gusta así…? —Como podía hablaba, como mi excitación me dejaba—. Dime qué es lo que sientes adentro, dime.

Tenten mordió mi oreja izquierda, con su lengua recorría el camino de mi oído, resoplando de vez en cuando en él. —Una enorme polla. ¡Ah… me encanta! Por favor dame más fuerte. —Si ella lo pedía yo se lo daba—. ¡Ah… Neji, eres tan delicioso!

Algo así había escuchado antes. No por nada decían que mis manos eran como dos divinidades de los dioses, y mi miembro la viva imagen del amor. Y yo le daba todo mi amor a esa mujer bajo mi cuerpo.

—¡Quiero que me cojas por detrás! —me pidió más como una súplica. No lo pensé dos veces y rápidamente retiré mi sexo lubricado de su interior. La hice recostar en el suelo a cuatro patas, y sin hacerla esperar volví a dejársela caer. Ella gritó, con sus puños y las manos amarradas golpeó el piso, removía su cuerpo, me pedía que me moviera, me suplicaba que lo hiciera, y yo lo hice, me moví, sujeté su cadera con mis manos y comencé con el mete y saca—. ¡Dios…! Neji, eres grandioso —gritaba desesperada.

—¿Te gusta?

—Me fascina, es delicioso… mételo y sácalo.

Su voz era un vivo manifiesto del placer que suelo ofrecer, y escucharla jadear me encantaba. —Acá lo tienes… enterito, sólo para ti —dije metiéndome hasta el fondo. Ella volvió a gritar, su cuerpo comenzaba a convulsionar, inevitablemente llegaría a su orgasmo, y yo de igual manera, sentía que mi sexo estallaría. Llevé una mano hasta su entrepierna y comencé a estimular su clítoris.

Su orificio aprisionó de una manera excepcional mi miembro, no soporté más ese contacto y en un segundo me corrí en su interior. —¡Ah, Tenten eres maravillosa! —lo expresé porque realmente lo pensaba. Ella era la única y la mejor de todas, y la más zorra, pero porque era la única mujer con la que había estado. Mi cuerpo sólo era de ella, de la misma manera que lo eran mis pensamientos, mis fantasías, todo en mí era y es sólo para ella.

Y Tenten lo sabe, y me complace, me satisface en mis caprichos, me entiende, y quiere mantenerme contento.

Tenten descansaba la mejilla sobre el suelo, con ambas manos se detenía del mismo tratando de conservar el poco equilibrio. Su respiración agitada llegaba hasta mis oídos, conseguía aire a sus pulmones por el que el orgasmo le había arrebatado.

Me separé de su cuerpo, ella se recostó en el suelo, yo hice lo mismo a su lado, y con un brazo la sujeté por la cintura atrayéndola a mí. Al tiempo que ambos así recobrábamos la calma después de un sexo exagerado.

—¿Y mi fotografía? —preguntó pasados algunos minutos.

—¿Te parece si mañana la tomamos? —respondí besando dulcemente su cuello. Ella comenzó a reír y, tomando el látigo que llevaba, que por cierto nunca lo usé, comenzó a sonarlo en el suelo.

—No, para mañana ahora serás tú quien cumpla una de mis fantasías.

Su voz me agradaba. Tenten conocía a la perfección mis gustos, consciente de lo que provocaba en mí desde hacía algunos años que habíamos comenzado una relación. Su rostro de satisfacción hasta cierto punto me llegó a preocupar, después de todo ahora sería su turno para vengarse de lo pasado.

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Lo prometido es deuda. Gracias chicos y chicas por sus comentarios y por hacernos pasar de nuestra propia meta, las Migas estamos muy agradecidas por sus respuestas.

Y si, como podrán notar al inicio y al final del presente momento, la dulce venganza por parte de Tenten será lo siguiente.

Ahora me dirigiré hacia una persona en particular. Según el tráfico de internet, contador de Fanfiction, nos ha devuelto una novedad que a las Migas nos ha impactado. Los momentos tienen visitantes de JAPON..! =) Tontamente creemos que se trata de Kishimoto que anda en busca de ideas, esperamos y que lo que llevamos de momentos le sirvan para poner algo de accion (sin sarcasmo) entre esta linda pareja ^-^'

Nos despedimos de ustedes fieles lectores: Las Migas.

Neji es un Sucio ©