.
Momento nueve: Espresso sin azúcar.
.
El sonido de las campañillas anunció que la puerta se abría. Esta vez el molesto tintineo informaba de la llegada de un nuevo cliente. Sin importarle en demasía la perturbación que hacía en ese lugar, caminó tranquilamente hasta la mesa del rincón que siempre ocupaba.
Dejó dos pesados libros sobre la mesa, su bolso lo puso sobre una de las sillas, sentándose finalmente en la que quedó desocupada. Recorrió el lugar con la mirada, dándose cuenta que no había mucha gente, algo bastante inusual ya que siempre solía estar abarrotado de personas, más aún cuando el frío reinaba en la cuidad, como en aquel día.
En sí eso no le importaba, a él le gustaban los lugares solitarios en donde la algarabía de la gente era poca. A Neji siempre le gustó el silencio y si iba a ese lugar era porque tenía una razón importante, aunque él tratara de convencerse que era porque el café tenía otro sabor, uno especial. Ignoraba a su inconsciente cuando le recriminaba que no lograría convencerse con excusas baratas.
—¿Lo mismo de siempre? —preguntó una alegre voz femenina, distrayéndolo de sus pensamientos, logrando que centrara su atención en ella.
Él sólo asintió de manera tosca, manteniendo su gesto impasible y serio de siempre, aunque su mirada se centraba en los ojos de ella, sin perder un sólo segundo en regocijarse con ese color chocolate que tanto le gustaba.
La chica le sonrió como siempre lo hacía, retirándose en busca de su pedido.
La vio alejarse por unos segundos, hasta que se obligó a centrar nuevamente la mirada en sus manos juntas que reposaban sobre la mesa. Tomó uno de los libros que con anterioridad había dejado, en búsqueda de una distracción, pero las líneas de ese libro le recordaban cruelmente aquello de lo que trataba de olvidarse.
Tenten Ama, veintiún años, estudiante de tercer año de la carrera de Pedagogía en Historia en la misma universidad a la que asistía él. Trabajaba en sus ratos libres en aquella cafetería ubicada en la zona central de Tokio, sólo para tener algunos ingresos extras. Provenía de China, vivía sola en busca de independencia, aunque sus padres la seguían manteniendo.
No sabía todo esto por ser un psicópata, simplemente era la poca información que uno de sus amigos le había conseguido, luego de que quedara impresionado al verla la primera vez.
—Espresso sin azúcar, como siempre. —La misma voz de antes lo sacó de sus cavilaciones, Tenten dejó el café sobre la mesa. Él levantó la cabeza sorprendido, aunque rápidamente supo ocultarlo.
El mismo asentimiento tosco fue su respuesta, y ella sonrió de la misma manera que siempre lo hacía para luego retirarse.
Centró su mirada en la taza de café que estaba entre sus manos, sintiendo la calidez que traspasaba el envase, recordando la misma sensación de hacía unos meses atrás, cuando acudió por primera vez a esa cafetería.
Se trataba de una reunión con algunos de sus amigos, con los cuales no había podido coincidir mucho debido a los diferentes horarios que todos tenían en la universidad; él estudiaba licenciatura en derecho junto a Sasuke, Kiba veterinaria, Lee educación física, y finalmente Shikamaru —quien era su gloriosa estrategia para recaudar información sobre Tenten—, estudiaba pedagogía en historia. Aquella tarde, cuando decidieron que aquel lugar era el adecuado, entraron en busca de un café y una buena conversación. Cuando ella llegó a tomar la orden, reconoció de inmediato a su compañero, saludándolo cordialmente, devolviéndole éste el saludo.
Fue en ese preciso momento en que Neji quedó cautivado; la sonrisa de la chica lo capturó, el brillo de aquellos ojos poseía una atracción enloquecedora, su interés por ella no lo pudo ocultar con nada.
Sus amigos que bien lo conocían se dieron cuenta de inmediato de ello. Él era un tipo demasiado frívolo, su única preocupación eran sus estudios; lograr ser el mejor. Por lo que nunca le quedaba tiempo para el amor, además que no había conocido una mujer que realmente le gustara; había visto muchas mujeres hermosas, pero la mayoría de ellas eran huecas y a él jamás le gustaron las mujeres así. La verdad era que a Tenten tampoco la conocía, es decir, sólo sabía algunas cosas básicas de ella, pero no más que eso, aún así no pudo evitar deslumbrarse la primera vez que la vio y todas las siguientes también.
Después de aquella primera vez, su visita a la dichosa cafetería se hizo más frecuente, incluso empezó a tomar otra ruta para llegar a su casa con tal de pasar por frente del lugar. Gracias a Shikamaru consiguió el horario de estudios que tenía, por lo cual, trataba que sus visitas fueran siempre que ella tuviera un gran espacio libre, y por supuesto él también.
—Aquí está tu cuenta. —Otra vez ella llegaba a liberarlo de sus pensamientos.
Atolondrado la miró, encontrándose con su sonrisa en el momento en que ella se marchaba.
Suspiró resignado, mientras continuaba bebiendo su café. El sabor amargo de éste se deslizó por su garganta de manera deliciosa. Muchos podían decir que era aborrecible tomar algo tan fuerte y amargo, pero para él, aquel sabor era exquisito. Amaba el café cargado y sin azúcar, y ella ya lo sabía, porque después de tantos meses visitando aquel lugar ya no era necesario dar a conocer su orden, porque Tenten siempre se acercaba con su sonrisa preguntándole si tomaría lo mismo de siempre; al menos se conformaba pensando que ella ya lo ubicaba y reconocía.
Maldijo su cobardía y falta de experiencia en ese momento. No sabía exactamente cómo acercarse a ella, hablarle o al menos pedirle su número telefónico, su cobardía lo superaba. Además el hecho de nunca haber tratado de conquistar o relacionarse con una mujer, tampoco lo favorecía mucho. Sentía miedo de hacer algo incorrecto, o de estar malinterpretando esas sonrisas; se torturaba pensando que ella nunca se fijaría en un tipo como él.
No la conocía, ni ella a él, pero a pesar de eso, quería arriesgarse a hacerlo. El problema se presentaba en no saber cómo, en tener miedo de haberse enamorado como un idiota de una figura, de su imagen… de no saber de ella. Pero le gustaba, era casi su necesidad diaria la de pasar a esa cafetería a tomar el mismo café, sentado en la misma mesa, siendo siempre atendido por la misma chica. Aunque sin querer reconocérselo, era esta la principal razón de su constante visita a ese lugar; verla a ella, porque aquella castaña lo atraía como jamás una mujer lo había hecho, y él no sabía cuáles eran las razones de eso, pero tampoco quería conocerlas, simplemente quería dejarse embargar por esas extrañas emociones que lo invadían cada vez que la veía sonreírle o que la escuchaba dedicarle escasas palabras dirigidas única y exclusivamente a él.
A pesar de todo esto, él prefería ocultar cualquier mirada, cualquier gesto, conservando la máscara de indiferencia y frialdad que siempre había poseído su rostro, para que así ella nunca se diera cuenta de su interés, ni lo que le provocaba. No quería que Tenten supiera que él pensaba en ella y que acudía a ese lugar sólo para verla, aunque constantemente tratara de auto-engañarse anteponiendo patéticas excusas, pero era porque no quería aceptar que esa chica le gustaba, y demasiado.
Bebió lo que le quedaba de su café de un sorbo, dejando el vaso de plumavit encima de la mesa. Se levantó, puso su bolso en el hombro, tomó los gruesos libros poniéndolos bajo su brazo, por ultimo recogió la boleta. Algo en ella llamó su atención; de tantas veces de haberla visto, ya se sabía su estructura completa, pero esta vez tenía algo más.
Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al ver los números escritos con lápiz sobre el trozo de papel. Caminó hasta la caja, y depositó la cantidad de monedas que pagaban su bebida sin siquiera entregar el papel, diciéndole a la cajera lo que había tomado. La chica le sonrió al reconocerlo sin decir nada.
Se dirigió a la salida con pasos lentos sin atreverse a voltear, ya que no quería que aquella chica que tanto lo había perturbado en los últimos meses viera la sonrisa de felicidad que alumbraba su pálido rostro.
El tintineo de las campanillas anunció su retirada, una vez afuera del local se sintió extrañamente decidido; el valor surgió inmediatamente al saber que era Tenten quien daba el primer paso, ahora era él quien tenía que aprovechar ese avance.
Sacó su celular para marcar el número telefónico anotado con picardía en el recibo. Se puso el teléfono cerca de la oreja, escuchando como este daba dos tonos, hasta que alguien contestaba desde el otro lado. Reconoció de inmediato aquella voz.
—¿A qué hora sales? —preguntó, su sonrisa se amplió al escuchar la respuesta—. Entonces vengo en dos horas por ti.
No era necesario intercambiar más palabras, ya todo estaba dicho. Sus gestos de indiferencia al parecer habían causado un efecto adverso y las sonrisas de ella siempre tuvieron el mismo significado porque eran sólo para él.
.
.
Holas querida gente!
He aqui un nuevo momento... trayendoles algo más meloso y romantico... o algo asi :S
Bueno, agradecemos enormemente los reviews, y la cantidad de "fans" que se suman cada día a esta noble causa.
Esperamos muchisimos más, porque nosotras somos felices con cada uno de sus comentarios.
No olviden: diganle NO a las parejas innombrables, y...
¡Neji es un sucio, y Tenten su protocolo de mujer perfecta!©
