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Momento doce: Pequeño Huésped

Serial Paternidad


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Cuando a la prodigiosa mentalidad del genio de entre el renombrado clan de la Hoja, llegaban las preguntas de cómo su vida había cambiado luego de unas simples palabras, bajo esa facha de frialdad y seriedad, sus labios enmarcaban una muy pequeña sonrisa del alma. Durante las noches solía pensar mirando hacia el techo de su alcoba —recostado junto a la mujer que en su vida le había dado el mejor de los regalos—, sobre el giro repentino que a su corta edad la vida de ambos había cambiado. Pensaba y sonreía, a su cabeza traía imágenes hermosas de lo que pudiera llegar a suceder, las cosas que debería de aprender, los seguros cuidados que durante el día tendrían que tener y los desvelos que por las noches les esperarían. Su felicidad solía acompañarla con la intriga.

A su lado veía a su bella mujer durmiendo placenteramente, aunque con cierta incomodidad al tener que mantener durante toda la noche la misma posición, que debido a su enorme vientre de seis meses de embarazo, poco podía moverse de lugar. Él la veía dormir y su inquietud se esfumaba, de ella, su bella dama, tomaba aquella seguridad que a él le faltaba.

Su mujer emocionada despertaba por las mañanas, haciendo hasta lo imposible para poder ponerse en pie y caminar al menos de la alcoba a la cocina, entre sus pensamientos resurgía la duda de cómo era que ella podía mantenerse en pie y andar con tremenda barriga que, según las gesticulaciones que realizaba al caminar y la mano en la cadera que solía poner siempre que andaba de aquí para allá, él podía deducir que su mujer llegaba a sufrir al sólo moverse, pero aún así todo lo que de sus labios salían no eran más que palabras de alegría por la próxima llegada de su primogénito y en su rostro la calidez de su sonrisa alumbraba y llenaba de dicha al temeroso hombre que a su lado temía por lo que pudiera suceder.

A su rostro llevó una mano acariciando la mejilla de ella mientras dormía, sus ojos los centraba en su vientre —ese que en un pasado formaba una bella figura y ahora era embargada por un pequeño huésped deseado por ambos—, en donde se hacía un bultito encantador. Al hacer rodar sus opalinos ojos en aquel vientre abultado de su mujer, sus pupilas se inundaban de deseo, anhelaba como nunca antes había hecho a ese fruto que del amor de ambos procrearon y que poco a poco en el vientre de su mujer se hacía notorio ese crecimiento.

Su primer hijo, el ganador de sus suspiros y por quien durante el día hacía que el genio Hyuuga no pudiera pensar en otra cosa que no fuera en la salud de su mujer y de su bebé, a quien sus sueños embargaban con bellas y melosas imágenes reproducidas por su inconsciente sobre cómo sería, a quién se parecería, un sinfín de sensaciones extrañas y únicas eran las que su hijo en él provocaba.

Como un impulso por el momento, delicadamente posó su mano sobre el vientre de Tenten con la intención de que de alguna manera a través de ese contacto, de una forma u otra encontrar las respuestas a sus dudas.

—¿Neji? —preguntó media dormida Tenten. Al sentir como bajo su tacto ella se movía despertando, de inmediato él apartó la mano de su vientre volteando a verla—. ¿Qué pasa, no puedes dormir otra vez?

Neji negó, pasaban de la media noche y él aún no había podido conciliar el sueño ni un instante.

—¿Estás inquieto por lo de mañana, no es así? —preguntó sabiendo la respuesta de sus desvelos. No podía mentirle, estaba nervioso por lo que al día siguiente pasaría. Ella le tomó de la mano haciendo que la colocara sobre su vientre—. Yo también estoy nerviosa, pero mi felicidad por saber qué es lo que será me hace olvidar mis temores y desear que el día de mañana llegue, ¿a ti no?

Cómo decirle un no cuando por dentro se moría por las ganas de saber qué sería su primogénito, cómo negarle a ella una respuesta que era afirmativa cuando sus ojos brillaban de felicidad a raíz de sus palabras. Simplemente no podía mentirle a quien lo conocía a la perfección, sería absurdo decir que no si ella en sus ojos podía leer lo que su alma dictaminaba.

Él sólo le sonrió, en su vientre dio una pequeña palmadita para luego besar la frente de su amada. Ella tenía razón, Neji estaba nervioso y al mismo tiempo feliz de saber cuál sería el futuro de su vástago. Al día siguiente ambos irían al hospital de la aldea en busca de esa respuesta, y eso desde el momento en el que concordaron lo había tenido intranquilo.

Tenten recargó la cabeza en el pecho de él, tomando de sus manos intentó volver a conciliar el sueño, dándole al mismo tiempo las buenas noches a su joven acompañante. Éste en cambio, le acariciaba el cabello mientras veía a través de la ventana de su alcoba el anochecer, tratando de conservar la calma y poder dormir algo de esa noche, su sonrisa de felicidad y nerviosismo no la podía ocultar, la noticia de su hijo lo tenía más que cambiado, diferente, era otro y de eso estaba consciente, su hijo había hecho en él algo que nunca antes había conseguido. Sonreír por la nada era un ejercicio que poco frecuentaba.

—Descansa Tenten... duerme por ambos —decía en un susurro mirando el vientre de ella.

Para cuando los primeros rayos del sol despertaban con pereza a Tenten de su sueño, a su lado la cama brillaba por la ausencia de su pareja. Apenas amanecía y él ya se encontraba haciendo sus ejercicios rutinarios; fue lo primero que pensó ella al no notarlo por ningún lado. Suspirando se puso en pie de la cama amarrando como el cordoncillo de la bata que usaba para dormir, le alcanzara a la cintura; para luego salir de la alcoba.

—Y yo que te hacía dándole la decimocuarta vuelta a la aldea, pero por lo visto me equivoqué, y me agrada saber que así fue —mencionó Tenten entrando a la cocina de donde se escuchaban ruidos, topándose con Neji en su intento por preparar algo digno que almorzar.

Éste al no sentir llegar a su mujer a la cocina, palideció cuando la risa de ella le sorprendió en la mañana en pleno acto imprevisto de darle a conocer a su mujer que al menos podía darle un almuerzo digno; planes que se le vinieron a bajo cuando ella entró. Sin voltear siquiera a verla, tomó un vaso para llenarlo de agua y beber.

—Sólo vine a tomar agua —respondió aparentando indiferencia.

—Ya me había imaginado que mi atento hombre me llevaría a la cama el desayuno. —De la alacena tomó un vaso sirviéndose sólo un poco de leche mordiendo al mismo tiempo un trozo de pan de la mesa, Neji miraba hacia el suelo avergonzado por no poder haberle preparado algo más nutritivo que lo que ella comía—. Pero está mejor así, recuerda que según recomendaciones de Shizune-san, no debo de comer cosas pesadas, algo ligero es lo ideal para la prueba de hoy. Pero no te creas, tengo antojo de unos dangos.

Se excusaba Tenten acabando con el pan que comía. Neji simplemente la veía comer asombrado de la alimentación ligera de la que Tenten le hablaba cayendo en la cuenta de que las burlas de sus compañeros en el escuadrón eran ciertas y no sólo eran exageraciones de su parte, cuando entre pláticas ellos mencionaban frente a él los cambios repentinos que durante un embarazo las mujer solían tener; antojos, altas y bajas de humor, caprichos por cumplir sin importar la hora. Ahora comprendía la posición de algunos de sus colegas, las mujeres embarazadas podrían llegar a ser extremistas y manipuladoras, pero al menos su Tenten conservaba esa chispa embriagante de la cual él se había enamorado. Y más bella a su parecer se veía con su barriguita de seis meses.

—Bien, procura no demorar —advirtió caminando a un lado de ella para salir de la cocina, sin tener nada más que hacer dentro pues como ella misma lo había dicho, no podía comer algo más pesado que lo que comía. Y Neji que en su intento por darle una sorpresa poco usual en él, de prepararle algo para que comiera, en donde la palabra ligero no entraría en su lista de posibilidades a realizar. Tendría que aprender muchas cosas al lado de ella, sin duda alguna, se repetía saliendo resignado de la cocina—. No tardes demasiado, por favor.

Volvía a pedirle, ahora ya como un favor, sabiendo de sobra el tiempo que ella solía tardar en arreglarse para salir, y más aún haciéndosele más complicada la labor de querer entrar en sus ropas cuando ya el embarazo se le interponía.

—¿Quieres que use el vestido que me compraste cuando fuimos de visita a la aldea de la nube? —preguntó ella sonriendo sin mirarlo, sabiendo de sobra que él la escuchaba y permanecía en pie atento a su plática—. Digo, por algo lo dejaste sobre la silla de la alcoba para que lo viera. A mí también me gusta y creo que ahora sí me quedará bien, ya estoy mucho más gorda que hace dos meses, así que ahora sí lo llenaré bien, para mi desgracia. Pero si a ti te agrada no le veo la razón para no usarlo.

—¡No estás... así! Ya, ponte lo que mejor te acomode para salir antes de que el sol se ponga. —Detestaba escucharla hablar de esa forma, para él ella seguía siendo bella, aún y cuando nunca se lo externara.

Ella seguía riendo de él, burlándose de lo repentino en cuanto al cambio humorístico por parte de Neji, parecía que quien estaba más nervioso por lo que vivían era él.

Justo como el Hyuuga se lo había pedido, trató de hacer el menor tiempo posible en el baño, pero ese esfuerzo no había sido suficiente para su pareja, quien aguardaba por ella en la sala del apartamento desesperado por marcharse pronto y, viendo el tiempo que demoraba en salir, a la puerta se acercó para llamarle, escuchando sólo del otro lado, dentro de la alcoba, unos sollozos.

—¿Tenten? ¿Qué tienes, te pasa algo? —Sin esperar por parte de ella el permiso para entrar, él solo lo hizo encontrándose con la novedad de que Tenten permanecía sentada en un extremo de la cama con la cabeza humillada cubriendo el rostro con ambas manos y el vestido a usar esa mañana a medio abrochar en su espalda.

Neji se acercó hasta ella parándose enfrente, en busca de respuestas. —¿Te sientes mal? —cuestionó preocupado por su actitud.

Ella seguía sin responderle, cubriendo su rostro entre sus palmas, mientras que sollozaba y de sus brazos caían las lágrimas que se escapaban de sus ojos. El silencio por parte de ella lo martirizaba, sentirse impotente al no saber qué debería de hacer o qué era lo que le había ocurrido.

—¿Tenten, qué te sucede? Dime.

—El vestido... —susurró en medio de su llanto. Neji sin entender qué era lo que intentaba decirle, se sentó a un lado de ella, intentó preguntarle qué era lo que le decía, pero Tenten dejó de cubrir su rostro para mirarlo a la cara clavando en sus ojos los rojos y cristalizados de ella—. El vestido no me queda.

Decía devastada abrazándose del cuerpo de su pareja para consolarse ella sola en sus brazos, Neji sin saber qué hacer o qué decirle, simplemente permanecía con los brazos a los costados sintiéndose ajeno al pesar de su mujer. ¿Estaba así sólo porque el vestido no le cerraba? Se preguntaba aturdido sin dar crédito a la razón absurda, a su parecer, sobre el comportamiento y las lágrimas innecesarias de Tenten.

—¿Y por qué no te pones otro? —aconsejó haciendo uso simplemente de sentido común que bien podría hacerle faltarle a su pareja ese día.

Ella rápidamente se separó de su cuerpo, girándose aún sentada dándole la espalda a él, cruzándose al mismo tiempo de brazos en forma indignada por su comentario. —¿Es todo lo que dirás, que me ponga otro y ya? Qué fácil ¿no?

Neji estaba más que confundido, de la nada Tenten lloraba por un simple vestido, y ahora cuando él quería a su manera consolarla, ella se molestaba.

—No, Tenten pero si el problema es que este vestido en específico no te cierra, lo más lógico es buscar otro que sí te siente bien, tienes demasiados.

—Bueno... es que no sé si me cierra, aún no me lo pruebo. Pero míralo nada mas, y mírame a mí, estoy hecha una ballena, no cabré en ese vestido ni en ninguno. —Al rostro de su pareja extendió el vestido que él mismo le había pedido indirectamente usar, con ambas manos intentaba extenderlo como si midiera la circunferencia de su vientre en él, haciendo que Neji curveara una ceja por lo infantil y caprichosa que podría llegar a ser en ocasiones su novia.

De las manos de ella tomó el vestido, le hizo ponerse en pie y darse media vuelta quedando de espaldas a él. —Eso no lo sabremos si no te lo pruebas primero —mencionó comenzando a desamarrar el listoncillo de la bata que ella usaba para ayudarla a cambiarse.

—¡Neji, no! Me da vergüenza que me veas así, estoy gorda... y tú no me querrás así. —Poco a poco perdía la fuerza para hablar y mantenerse en pie, pues con ayuda de él su ropa se colocaba en su lugar moldeando su llamativo vientre, lugar en donde Neji no paraba de acariciar, haciéndola suspirar y sonreír dulcemente.

Él podía llegar a ser inclusive una milésima de cariñoso —siempre y cuando estuvieran a solas y de lo que se hablara fuera del destino de los dos, como era el caso de su hijo—, en ocasiones esos repentinos cambios de humor por parte de él le hacían pensar a Tenten que el Neji arrogante y frío con el cual mantenía una larga relación se había derretido y desvanecido por el viento al anuncio del bebé de ambos. Era eso o estaba enloqueciendo.

—Eso no es cierto, Tenten —finalizó él luego de terminarla de arropar para luego besarle el cuello y separarse de ella para salir de la alcoba—. Te espero afuera, ya no demores más.

Ella sonrió acariciando su panza mirándose al espejo de cuerpo completo para hablar con el bultito que cargaba en su vientre. —¿Escuchaste? Papi sí nos quiere.

Afortunada se sentía al tener a su lado a un hombre como el que había elegido formar una familia, amigo de años y conocedor de todos sus gestos, desacuerdos y caprichos; un hombre quizá extraño a vista de muchos otros, poco expresivo inclusive con ella misma, pero todo un caballero y amoroso cuando la situación lo ameritaba. Neji podría hacer algo más sólo con ella, y a la lista se le sumaba ahora su hijo, sin duda alguna el témpano de hielo y prodigio Hyuuga muy en el fondo —escondido entre su caparazón de hierro—, tenía corazón.

De su hogar salieron rumbo al hospital de la aldea, ella sonriente, engalanando con su semblante carismático la bella escena que la pareja representaba en su andar. Neji en cambio, caminaba completamente serio, solamente aportando simples respuestas a las preguntas o comentarios que en el transcurso ella le hacía para calmar el nerviosismo que a su alrededor conforme se acercaban a su destino, se formaba entre los dos.

—Bueno, ya estamos aquí —anunció Tenten parándose frente a Neji una vez encontrándose en la entrada del hospital, en los ojos de él descubrió la plaga de interminables sensaciones que lo invadían, estaba nervioso no lo podía ocultar, al menos no para con ella—. Vamos —pidió tomando de su mano para así caminar dentro.

Bajo su tacto sentía como la siempre helada mano de él temblaba y sudaba, y para cuando se acercaron a recepción, ella a pedir información sobre su cita, pudo sentir como le apretaba la mano con algo de fuerza aún así no le decía nada, solamente permanecía callado expectante a lo que pasara.

—¡Tenten! Pero mira nada más, qué linda te ves así. Amiga el embarazo te ha sentado muy bien —hablaba acercándose a ellos dos la parlanchina de Ino, quien sería la encargada de realizar el examen por el que estaban en ese lugar. Al colocarse frente a la pareja, no dudó como primer saludo acariciar el vientre de la mujer, para luego saludarla de beso en la mejilla y a Neji sólo con un movimiento de cabeza—. Te estaba esperando, síganme —pidió caminando por un pasillo.

Tenten asintió para seguirle, pero apenas dio un paso y la mano de Neji sosteniendo la suya la detuvo en su lugar, él había permanecido estático en su sitio, mirando al frente extrañamente sudando. —¿Neji, pasa algo? —preguntó pues éste no la soltaba. Y es que la misma inhibición se apoderó de él al saber que estaba a pocos minutos de conocer el futuro de su primer hijo.

Era extraño, por un lado todo su ser se moría de ganas por saber el resultado de ese examen, pero sus piernas no le respondían. Ella estaba lista y él aún no, era un fracaso de padre, se repetía maldiciéndose por querer a su hijo pero no saber cómo exactamente tenía que comportarse.

—Si quieres me puedes esperar aquí... —dijo con cierta tristeza Tenten al creer que Neji no quería entrar con ella.

Como respuesta, Neji le soltó la mano para luego tomarla de la cintura para luego caminar siendo él mismo quien le pidiera en silencio seguirle. Tanto Ino, como las demás enfermeras que se encontraban a su alrededor, apreciaban la imagen de la pareja caminar con ojos encogidos por la sensación de ternura que sin ser planeado por ninguno de los dos, representaban a su andar.

—Entonces has recibido un buen cuidado, no es así Tenten. —Más que una pregunta para hacer anotaciones en su expediente, era una indirecta al trato que Neji pudiera tener para con ella, que Ino le hacía mientras que la castaña se colocaba sobre la camilla del consultorio usando una bata especial para el chequeo—. Neji, si gustas puedes... ver junto con Tenten… —intentó sugerirle Ino al impaciente padre, pero para cuando habló él ya se encontraba a un lado de su mujer. Ino rió, jamás imaginó poder apreciar en Neji a un hombre sensible como normalmente veía a los futuros padres que acompañaban a sus mujeres a esa misma revisión, pero después de todo, era una persona con sentimientos, que tenía muy ocultos por cierto, pero no era tan insensible como aparentaba. Eran las explicaciones que la rubia se intentaba dar para entender a la pareja de su amiga—. Bien, comencemos entonces.

Mencionó colocando sobre el vientre de Tenten los utensilios necesarios para el examen, atrayendo al mismo tiempo el nerviosismo en ambos. Tenten sin apartar la mirada del pequeño proyector que comenzaba a reflejar raras líneas, tomó de la mano de su pareja.

—¿Ven esto de aquí? —señaló Ino la pantalla. Ambos asintieron—. Son sus manitas, estas sus piernitas —indicaba con la punta del dedo en la imagen atrayendo la atención de los dos—. Aquí lo pueden apreciar completo. Es un varoncito que viene sano.

Finalizó dejándoles en pantalla la imagen de la silueta de su hijo. Tenten se había llevado una mano a la boca tratando de contener algún gesto de alegría, mas sin poder evitar llorar de felicidad de saber que su hijo se encontraba sano y sabiendo su sexo. Neji miraba sin apartar la vista de la pantalla, sus ojos se centraron en observar con detenimiento cada una de las formas de su pequeño. Con aquellos ojos que infinidad de cosas a lo largo de su vida había apreciado, buenas o malas, hermosas o desagradables, jamás había visualizado una imagen tan encantadora y llena de vida, de su vida. Afortunado se sentía al ser junto con su mujer quien viera la primera imagen de su bebé, afortunado era por tenerla a ella.

—Neji, ese de ahí es nuestro hijo... nuestro niño —habló con voz temblorosa Tenten, apretando con más fuerza la mano de su amado llevándosela a su mejilla mientras que sus ojos seguían humedeciéndose. Éste sonrió, apartando la vista del monitor para mirarla, acarició su mejilla y a su manera le dio las gracias, en silencio y con miradas que decían más que mil palabras, le hizo saber cuan feliz estaba.

Ino se apartó de ellos dejándoles la privacidad que seguramente querían para decirse algo, pero eso no sucedió, el silencio reinó en aquella habitación en donde ambos veían en el reflejo de los ojos del otro la misma imagen, la primera imagen de su primogénito.

Pasados algunos minutos en completo mutismo, él volvió a ayudarle a vestirse con sus ropas iniciales para luego salir del consultorio.

—Muchas gracias, Ino —agradeció Tenten a la rubia cuando ésta regresaba al consultorio.

—Vamos mujer, no hay de que. Aunque no lo creas yo también estaba impaciente por conocer al chiquillo. —La rubia humilló el cuerpo para estar a la altura del vientre de su amiga y hablarle al producto cariñosamente—. Haber nene, dile a mami que se cuide muy bien para que te cuide a ti también, y a tu papi que cuide de los dos. Muchos te esperan, como la tía Ino, y aquí entre nos tu papi también está inquieto por verte de nuevo, que aunque lo veas con cara de ogro muy en el fondo te quiere —bromeó. Tenten rió por su comentario sintiéndolo una simple burla para con Neji y un gesto lindo por parte de su amiga. Aunque Neji en cambio lo tomó como una ofensa, dedicándole una mirada de miedo a Ino para luego voltearle la cara como si estuviera irritado por ella.

—Oh sí, por eso no habrá problemas, él nos cuida día y noche, incluso no me deja sola ni un momento. Será un buen padre —señaló Tenten a favor de su novio, provocando que éste desviara la mirada de ambas mujeres.

—Ya vayamos a casa, Tenten —pidió abriendo la puerta del consultorio, esperándola a que saliera.

—Espera, Tenten —la llamó Ino—. Verás, las chicas y yo estamos planeando algo por eso del embarazo de Hinata y pues nos gustaría que tú también pudieras unirte a ello. Termino mi turno en cinco minutos, si quieres y te dejan, bien podríamos ir a tomar algo y platicar, tenemos tiempo de no hacerlo, ya sabes como en los viejos tiempos. ¿Qué dices? —La propuesta le agradó en demasía a Tenten, asintiendo inmediatamente a su pregunta olvidando por un momento que no andaba sola—. No te preocupes Neji, yo la cuidaré e incluso la acompañaré hasta la puerta de su hogar para que no se vaya a ir por otro lado o le pase algo.

—Ya oíste amor, estaré bien, solamente será un ratito —habló Tenten con voz melosa, la misma que empleaba para que él cumpliera sus caprichos. Detestaba que la usara con él, sabiendo el efecto que siempre tenía al pedirle algo de ese modo, quitándole de un sólo golpe parte de su orgullo y accediendo a lo que ella le pedía.

—Si es lo que quieres —accedió sin más con la simple manera de mirar de ella para con él, con eso tenía para aceptar sus peticiones, maldita su resistencia para con ella. Tenten volvió a sonreírle agradeciendo su permiso, que si bien, no tenía otra opción que dárselo. A la rubia amiga de su novia giró a ver, con su mirada penetrante completamente serio, provocando que ella como respuesta se pusiera en posición de firmes e hiciera una seña con la mano en modo de orden, en su manera de burlarse de él.

En silencio salió del consultorio dejando dentro a las dos mujeres sonrientes por verlo partir, al menos por parte de Ino, a quien le causaba temor en algunas ocasiones la mirada de la pareja de su amiga siendo tan punzante. —Vaya hombre tan especial, ¿segura que ves bien de lejos como de cerca? ¿No te faltarán lentes o cerebro amiga?

—No es tan malo, si es algo especial incluso misterioso, tengo años de conocerlo y tiempo ya viviendo con él y en ocasiones sigo sorprendiéndome por algunos comportamientos que nunca antes había visto por su parte. Como cuando le comuniqué sobre mi embarazo, y ahora que paso a paso ve el crecimiento del mismo, lo siento diferente, es como que más abierto, inclusive cariñoso. No, la verdad no sabría describirte en una palabra su comportamiento. ¡Pero que va! Yo amo a ese hombre de pies a cabeza así que no podría verlo de mala manera, ¿no crees?

—Supongo, por algo dicen que el amor es ciego, y quien ama es un bruto, ciego e idiota, aunque lo último está de más, en este caso yo le incluiría mudo, pues tal parece que en el genio Anbu puedes lograr que acceda a tus peticiones menos que hable —comentó quitándose la bata blanca del hospital para colgarla en el perchero, Tenten afirmó a su comentario, sonrojándose por la conclusión de su amiga al describir su relación—. ¿Te apetece ir al restaurante ese donde el café te lo sirves las veces que quieras con sólo pagarlo una vez? Yo invito —preguntó e inmediatamente Tenten aceptó—. ¿No me digas que el señor modestia no te preparó un buen desayuno? Deja que lo vea y no sabrá la regañiza que le espera —bromeó dándole el pase a su amiga para salir de la habitación y del hospital.

Justo como habían quedado, ambas amigas se dirigieron al restaurante de comida clásica, buffet de exquisitos platillos y postres de mil sabores; sitio en donde hacía tiempo que habían visitado, justo cuando todas, o la mayoría de sus amigas conservaban su "soltería", en donde festejaban justamente el hecho de que Tenten fuera pareja oficial de Neji Hyuuga —pues según sus amigas, era un suceso extraordinario que había que celebrarlo, conociendo el poco tacto que tenía con las personas, especialmente con las mujeres su ahora novio—.

Las dos mujeres conversaban amenamente sobre los últimos hechos en la aldea, chismes, y comentarios sin ningún fin en concreto que se le ocurrían a la rubia. Concordando en organizar algo especial por motivo del nacimiento del hijo de Naruto e Hinata.

—Ya me imagino lo chiflado que ha de estar el abuelo, a la prestigiada familia Hyuuga se le unen dos nuevos miembros, Hiashi-sama debe de estar feliz por ambos lados.

—Ni que lo digas, cuando Neji y yo fuimos a hablar con su tío, hubieras visto la forma en que su semblante cambió. Ya sabes, él un hombre de postura seria y neutra, al saber que sería abuelo, como tú le llamas, de inmediato cambió su gesto por uno inimaginable. Era la primera vez que tenía el privilegio de ver al patriarca Hyuuga sonreír. Sin duda los Hyuuga también tienen su lado sensible, muy en el fondo por cierto —expresó Tenten terminando con su helado.

Ino solamente la miraba sorprendida, sin decir nada más pues mientras ella conversaba de los planes a futuro en su relación con el dibujante chico de piel pálida, Sai; Tenten no paraba de comer, más increíble le resultaba el hecho de que por lo visto su bebé tomaba de ella lo necesario para alimentarse, pues a ella no se le notaba por ningún lado el que estuviera subiendo de peso por el embarazo, seguía conservando su personalidad delgada.

—Lo siento, es que este niño me provoca que me de mucha hambre —se disculpó.

Ino negó a su comentario, sonriendo miraba las manos de su amiga posadas sobre su vientre al tiempo que mandaba pedir a su mesa la cuenta. —Lo mejor será irnos ya que luego para que quieres y tu hombrecito me cuelgue de la punta más alta de la torre del Hokage por tu retraso en casa.

Ambas rieron para luego salir del establecimiento rumbo al hogar de la castaña.

—¿Segura que no quieres entrar? —le preguntó Tenten a Ino una vez estando afuera de su casa, la rubia volvió a negar a su pregunta argumentando que se hacía tarde y tenía que llegar a donde se vería con su actual pareja—. Comprendo, entonces gracias y que te vaya bien, me saludas a Sai y seguimos en contacto por lo de Hinata —se despidió de ella de un beso en la mejilla, abriendo la puerta de su hogar para entrar.

La castaña se sorprendió al encontrar a su alrededor todo silencioso, inclusive ni su cachorro, Golgi, había corrido a recibirla como solía hacer cada vez que llegaba a casa. Su bolso lo dejó encima de la mesa del comedor, creyendo que en la cocina quizá se encontrara su pareja, pero no fue así.

—Neji, amor ya llegué —avisó gritando desde el inicio de las escaleras, mirando hacia arriba esperando encontrarlo.

Como única respuesta escuchó algo caer en la segunda planta de su hogar, pegándole un susto e intriga por saber qué sucedía y dónde se encontraba su novio.

—¿Neji, estás en casa? —preguntaba al tiempo que poco a poco subía las escaleras, esta vez escuchó como la puerta de una de las recámaras de la casa era rasgada desde adentro, seguido de un ladrido de perro—. ¿Golgi? —le nombró y el perro ladró como si le estuviera respondiendo a su dueña.

La puerta de la alcoba abrió siendo recibida por su mascota que desde su lugar movía la cola de un lado a otro feliz por su llegada.

—¿Neji? ¿Pero qué haces así? —interrogó desde el interior a su pareja al verlo dentro de la habitación con una ropa casual, pero en la parte del pecho tenía una enorme mancha de pintura blanca.

—El perro movió la escalera al escucharte hablar y por accidente me cayó —explicó Neji, mientras que al perro miraba molesto siendo el causante de su vergonzoso accidente. Incluso hasta el cachorro conocía el semblante que de momento le dedicó su dueño, que no representaba nada más que peligro para quien esos opalinos ojos veían directamente. El perro dejó de mover la cola de un lado a otro feliz sólo para sentarse y luego salir corriendo de la alcoba.

Tenten rió por ambas partes, al saber que su cachorro podía llegar a ser un amor —según la visión de ella—, pero para Neji el causante de muchos de sus problemas en casa.

—¿Y qué se supone que hacías? —Sin caer aún en la cuenta de lo que su pareja realizaba, a él caminó esperando una respuesta—. ¡No me digas que...! Neji, estás arreglando la habitación del bebé. —Llevó ambas manos en modo de sorpresa al girar a ver la habitación en donde se encontraban, asombrada de que Neji solo y por iniciativa propia, estuviera comenzando a arreglar la alcoba que sería de su futuro heredero.

Mencionó emocionada mirándolo directamente provocando que él se avergonzara y mirara hacia el suelo apenado por tener actitudes que no iban con él.

—Neji esto es un gesto tan encantador para venir de ti —expresó aún sin creerse que fuera Neji, el hombre frío y temperamental, del que hablaba y veía haciendo ese tipo de actividades. Mientras que él sentía la sangre enervarle por la vergüenza de que ella fuera testigo de los actos que por mero gusto hacía.

Embriagada por la conducta indirectamente paternal que Neji podía llegar a tener en ocasiones, Tenten se abalanzó a sus brazos sin importarle el hecho de que su ropa pudiera mancharse.

—Me alegra tanto que tú también estés emocionado por nuestro hijo. Ahora entiendo como es que desde que te conocí, me enamoré de ti, supe que sería contigo con quien veía mi futuro y vida realizados. Eres un gran hombre, no tengo duda alguna, así como tampoco dudo que serás un excelente padre.

En silencio agradeció sus palabras, abrazándola con delicadeza sin ser tan tosco, sintiendo en el contacto como en medio de ambos su hijo se encontraba.

—Tenten... lo siento —dijo en voz baja, como si no quisiera que ella escuchara su disculpa, algo que fue imposible pues ella se apartó de su cuerpo mirándolo interrogante a su comentario, pero él desviaba la mirada observando el suelo de la alcoba. Tenten tomó entre sus manos el rostro de él para que la viera al rostro y así leer en sus ojos lo que sus labios no podían expresar. Descubriendo en ellos la inseguridad de hacer algo de lo cual no sabía si estaba preparado o no. A la perfección ella lo entendió, volvió a abrazarlo y a su oído susurró que no se preocupara—. No sé si seré eso que esperas sea...

Ella lo silenció con un dedo sobre sus labios, de él no quería escuchar lo que de sus ojos pudo descifrar. Al contrario de él, ella no veía en Neji un mal manejo de la situación en cuanto a ser padre. En silencio le pidió que la abrazara de la cintura, ella de espalda a él miraba desde uno de los extremos de la alcoba todo a su alrededor.

—Ahí en esa esquina quiero una cómoda de madera, muy linda —comenzó a hablar y con una mano apuntaba hacia el lugar—, de este lado un juguetero grande, ah porque el pequeño Hyuuga recibirá muchos obsequios por parte de todos sus tíos, de su abuelo y sus papás —reía siendo observada de cerca por Neji, mientras que ella continuaba con su visión de la habitación—. En aquella esquina estaría bien un pequeño librero, y junto a este un escritorio igual pequeño con su silla, aunque aún es temprano para ponerlo a hacer labores escolares, pero sería muy importante que desde niño aprenda a ser un buen estudiante como su padre, el número uno de su clase. En medio estará una pequeña pero hermosa cuna, con forraje azul para resaltar al que descansará dentro.

Sonrió con sus ojos brillosos al sólo imaginar la escena que platicaba.

—Ah, y por último me encantaría adornar la alcoba de una forma única. He pensado en colocar en las paredes diversos dibujitos, sí, sé que es algo cursi, pero quiero que el niño se sienta confortable, que sea niño cuando lo sea y grande a su tiempo. Para eso le pediré de favor a Sai que se explaya aquí dentro. ¿Qué tal? ¿Te parecen mis ideas o quieres agregar algo más o estás inconforme en algo? —preguntó mirando hacia un lado encontrándose con que Neji la veía al rostro extrañamente sonriendo.

—Es perfecto —respondió atrayéndola más a su cuerpo, encontrando en cada una de las palabras que ella segundos atrás le decía, el consuelo y la seguridad que le hacía falta. Sin duda ella sabía de qué manera había que hablar con él, sabiendo que las frases quizá de ánimo con el Hyuuga no iban, sino que empleando como él mismo lo hacía siendo directo y sin dar muchos rodeos más que lo que se espera se diga.

De la misma forma que ella lo estaba, Neji también sentía que había escogido muy bien a la mujer con la cual compartiría su destino.

—Manchaste mi vestido y no se le quitará la pintura, Neji —bromeaba en modo de reproche hacia él, de su cuerpo se separó tomando entre una mano la brocha para pintar, comenzando a aplicarle color a una de las paredes siendo observada por él para que no fuera a hacer gran esfuerzo. De negarle el gusto por hacerlo sabía de sobra que no ganaría nada con ello, cuando algo se le cruzaba por la cabeza a su mujer no había forma alguna para quitarle esa idea—. Que curioso, ¿no crees? —preguntó y se abstuvo de pintar para llevarse una mano al mentón como si estuviera analizando algo mientras veía las cuatro paredes.

—¿Qué es curioso? —cuestionó él dejándose llevar por la curiosidad.

—Que hoy estemos arreglando esta habitación, pintándola para recibir a su huésped y que incluso queramos recurrir a alguien para que adorne las paredes con dibujos, cuando dentro de algunos años estas mismas paredes, incluso las de toda la casa, serán impregnadas por diversos colores y formas ambiguas por el pequeño. Sus manitas se marcarán en cada una de las paredes de la casa, que serán como el vivo manifiesto del crecimiento de nuestro hijo —Sus ojos volvieron a cristalizarse, sonriendo miró a Neji directamente a los ojos—. Ya lo quiero —expresó acariciando su vientre.

De nueva cuenta la tomó entre sus brazos, recargando la cabeza en su hombro acariciando con una mano la delgada de ella por encima de su vientre.

—Deseamos lo mismo entonces.

Ambos guardaron silencio los siguientes minutos mirando hacia el frente cada uno imaginándose la misma alcoba dentro de unos días más, en donde cada uno de los rincones de la misma estaría impregnada del aroma a bebé, y cuya habitación sería propiedad de su primer niño. Estaban felices, no podían negarlo, a pesar de que Neji en especial no diera muestra mayor sobre su estado de dicha.

—Neji, bebé ya tiene hambre —comentó Tenten en forma risueña.

No todo era color de rosa en la vida, dentro de la felicidad que acarreaba no podía pasar por alto sus obligaciones; velar por el cuidado de ambos era su deber, así como el de cumplir los curiosos caprichos de su mujer, le costara lo que le costara, y golpeando su orgullo, tenía que admitir que el rol que en su hogar desempeñaba le agradaba, ella estaba feliz y su sonrisa embelleciendo su rostro le daba a él la seguridad y confianza que le hacía falta al momento de hacer algo que le fuera asignado para el bien de su hijo; pues como ella misma lo había dicho, por quien aguardaban impacientes era por la llegada de su primer hijo. Su pequeño niño.

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A tiempo con otro momento parte del serial de la Paternidad del genio. Esperemos y les agrade y que sigan aportando con muchos muchos comentarios. Comentar no cuesta, no lo olviden. Sus reviews son nuestra mejor paga así como sus lecturas. Háganos felices comentando para así cumplir con nuestras propias espectativas =D

No olviden poner su escudo protector Anti-innombrables. Y nuestro lema llevarlo muy en alto: Neji es un sucio y Tenten su protocolo de mujer perfecta ©

Hasta la próxima.